martes, marzo 30, 2010

Lección aprendida

Es cierto que para mi, desde que Fernando está en la fórmula 1, ésta ha adquirido una dimensión diferente. Una perspectiva que nos ha sido concedida a sus paisanos y que difícilmente volverá a repetirse al menos, en bastante tiempo. Disponer de un superclase, que para colmo puede que sea el piloto más completo ahora mismo del mundial, es una prerrogativa que hay que valorar como inédita atendiendo a nuestra nacionalidad y un bagaje histórico en la máxima disciplina que no puede presumir de ser muy holgado.

Fernando Alonso, sin añadir ni quitar nada, ha supuesto un Everest en la gráfica de estadísticas de insignes pilotos en la F1, ya a nivel internacional, imaginad en la puramente española. Algo como fue Carlos Sainz en los rallies y que, como vemos, no parece abundar en similar tesitura.

Es por ello que, como muchos seguidores de la F1, cuando sobrevino su influjo en las carreras y empezó el ovetense a hacerse notar, reconozco me quedé enganchado por observar en él unas dotes y facultades poco corrientes.

Siempre me ha encantado la vertiente psicológica del deporte y en concreto la mentalidad que puede denominarse "ganadora". Recuerdo que al leer la primera entrevista al asturiano, por entonces barbilampiño, quedé como mínimo sorprendido por una desacostumbrada determinación implícita en las respuestas y una claridad mental de principios que pareciera indestructible a simple vista.

Como reza el dicho, el tiempo pone a cada cual en su sitio, pero en esta ocasión, mi escrito no se refiere al bicampeón o a alguno de sus rivales, sino a mi persona. A la lección que he recibido de Fernando y que muy posiblemente haya sido impartida sin reflexión ni intencionalidad, únicamente siendo de una manera que conecta directamente con la actitud en la entrevista que leí en su día.

Recuerdo el año 2007 con el español en McLaren o Ron Dennis Team y lo sucedido por entonces con la llegada de Lewis Hamilton. Al conocer que el inglés iba a disponer de plaza en el garaje junto a Fernando, me sobrecogió la idea de que iban a surgir problemas y lo escribí con todo lujo de detalles en un foro advirtiendo lo que a posteriori sucedió.

La F1 es a fin de cuentas, un gran negocio que, como muchos otros deportes, se encarga de manipular los corazones de sus seguidores para que consumamos directa o indirectamente productos de sus creadores y patrocinadores. Es coherente pues, que las preferencias personales nos otorguen la atribución de convertirnos en abogados defensores de nuestros escogidos. Más consciente o inconscientemente, elegimos a aquellos deportistas que por razones cualesquiera, encajan en nuestro propio esquema personal y de igual modo también rechazamos otros patrones. Las personas, sólo venimos a justificar superficialmente nuestras preferencias de lo que ciertamente la mayoría ignoramos y negamos a ultranza en pos de una ingenua y pretenciosa neutralidad que suele ser proporcional al grado de implicación sentimental existente. Por tanto, es conveniente a mi entender tener claros dichos presupuestos para no enredarse en disputas emocionales que sólo ponene de manifiesto nuestro apego por un deporte o una afición. "Conveniente" si pretendemos lograr algo de rigor en nuestras aseveraciones, nada más. Si uno sólo quiere disfrutar de su afición, pasión o entretenimiento de un modo puramente emotivo implicado con otros cientos o miles de almas, pues sea a su manera. Cada cual participa a su modo.

Así, la neutralidad no consiste en pretender un escrutinio virgen de implicaciones, sino de asumir las mismas con meridiana claridad y centrarse en la argumentación de modo aislado y pormenorizado en combinación con el criterio racional de cada uno. La pretensión de la independencia y la razón invisible de la estúpida e imposible objetividad humana, es una quimera de los necios que por desgracia es tabla rasa en el mundo mediático "informativo" referido a cualquier disciplina.

Para acometer juicios de valor justos, debemos disponer de un criterio lo suficientemente holgado como para conocer los presupuestos mentados. De lo contrario, podremos presumir de independencia nada más que por desconocimiento consciente de las razones que nos mueven a mover la boca empujando en una dirección u otra. Unas entelequias que muy posiblemente se antojarán absurdas para la mayoría de las personas y que no puedo defender más que como una búsqueda de la honradez por la justicia.

En éstas me hallo, que la lección regalada debe ser agradecida por extraordinaria. El valor de la misma es grande para mi y mi idiosincrasia, lo cual no la hace importante para todos por igual. Al contrario, habrá quien ni la halle ni la considere siquiera una lección.

Retornando al conflicto de Fernando Alonso en el equipo McLaren en 2007 y relacionándolo con el actual momento, observo que empiezan a mostrarse muchas de las respuestas que pueden ser recogidas a voluntad para aportar luz sobre lo que cada cual merece en todo este asunto y por tanto, observar en la recogida de lo anteriormente sembrado, los frutos recibidos.

De ese modo, podremos discernir como normales o, al menos consecuentes, toda una serie de actitudes con sus protagonistas.

La lección inicial me la ha impartido Fernando. Es cierto que no alberga mérito por ser consustancial a su manera de ser, pero ésta existe si la buscas y yo la he encontrado.

Cual película de Clint Eastwood, el protagonista de esta película ha permanecido por dos largos años impasible, estoico incluso, a la espera de una oportunidad de resarcimiento que se sabía llegaría.

Yo que soy algo menos que una máquina de hablar y pensar, no podía concebir la idea de que el conflicto 2007 quedara sin epílogo y no resuelta la justicia, cualesquiera que esta fuera, en advenimiento de la verdad de los hechos. Más por mi ansia de zanjar la cuestión, que realmente por beneficio o perjuicio de sus protagonistas. El silencio del que dispone la capacidad de otorgar de manera incluso paternalista, no es una de mis virtudes. Advertir rostros impasibles como mueca pretendida de tipo duro es tradicionalmente una de mis especialidades como todo lo referido a fisonomías y psicologías del comportamiento por mera observación. Una pasión inserida en mi cerebro imposible de eliminar. Así, se separa lo forzado de lo real, sin otorgar mérito por ello, pero advirtiendo maneras, que para los estudiosos del comportamiento, son lecciones magistrales que ayudan a la mejora personal en el día a día.

Para mi, al observar el equipo McLaren y a Fernando, la lección está muy clara. Una lección de vida que nos enseña que no hay que pretender dilucidar la aspirada razón más que con los hechos y el esfuerzo y no con la mera palabra que queda huérfana si no se soporta con la realidad de alguna manera. Cuando no hace falta hablar y son los gestos y las actitudes las que lo hacen, entonces es como cuando estamos viendo una película de un héroe impasible que personifica algo más que una mueca. Sus hechos le preceden y éstos no navegan o no deben hacerlo en pos del resarcimiento, sino del propio crecimiento, al margen de los obstáculos que son atrezzo de normalidad imprescindible en nuestro devenir.

La vida es familia, es trabajo, es aficiones, es un libro o la tele o cualquier cosa que nos sucede y sobre la cual podremos extraer consciente o inconscientemente cualquier tipo de conclusión o no y demostrar algo positivo o negativo con ello. De ahí que nada es en vano o trivial más que nuestra disposición a hacerlo tal. Todo es lo que nosotros queramos que sea y mi lección es una lección acogida con agradecimiento. Una más entre las miles que recibo a diario, pero ésta es mediática y para colmo viene empaquetada como regalo al ser de resultas de una afción que también hace disfrutar a mis emociones.