viernes, octubre 29, 2010

Como han cambiado las tornas en el s. XXI

Además de la premura con la que pasa el tiempo a medida que uno carga años a sus espaldas, parece que la evolución social le convierte a uno en mayor si cabe cuando se molesta en comparar y buscar referencias con barbilampiños adolescentes. Es posible que hace varias decenas de años, alguien de cuarenta no resultaba tan lejano a alguien de veinte y ya no digamos de treinta. A día de hoy, los años parecen contar como lustros a la hora de medirse con generaciones precedentes. No, desde luego por la facha o el aspecto, que puede llegar a salir airoso en el embite, sino por la necesaria actualización que el homínido requiere de su software mental para no verse superado por los acontecimientos.

¿La diferencia sustancial? El mundo actual es de los jóvenes mucho más que lo era antes.

En un mundo mediático y globalizado, todo es un vaivén de bienes de consumo: bienes materiales, información, ideologías, emociones, religiones, etc. El precio lo pone el mercado de oferta y demanda sin límite donde mayor audiencia supone más ingresos, pero al invertirse la pirámide de los que marcan la pauta, los principios dictados, además de seguir la pauta antes descrita, caen o incluso se desbordan desde los más jovenes hacia los demás. Así, las inquietudes juveniles suelen copar las temáticas de cualquier producto de consumo para tratar de satisfacer al cliente principal sin reparar que consecuencias tendrá ello.

Se puede decir que desde el principio de la Historia, ha existido permanentemente una revolución juvenil denominada rebeldía que pretendía transgredir o quebrar el dominio adulto de la disciplina o las reglas inquebrantables que imponían los adultos. Eso ha sido tan natural como el fluir del agua en el cauce de un río. El caso es que esa constante en los timpos que corren tiene un efecto diferente como lo tiene un material irregular al reflejar los rayos del sol.

Se puede decir que la humanidad es un compendio de combinaciones cuasi infinita de errores que generarn más errores. En la actualidad, podemos sentar los errores como ejemplos y erigirlos en principios y consecuencias de ellos mismos.

El lamento de los incomprendidos, de los rebeldes hacia sus padres no suele tener fácil acomodo. Siempre los que sufren o necesitan trasladar su problemática al exterior son los que cambian las cosas por empeño y dinámica de los hechos. El que está bien consigo mismo, suele estar relajado y satisfecho sin una necesidad de movimiento que sí tienen los que buscan bálsamo de su desgracia. De ahí que la punta de lanza de los que llegan a la cumbre, haya sido tradicionalmente feudo de los que saldaban cuentas consigo mismo y sus conflictos personales.

En el pasado, se podían glosar sus hechos e incluso heroicidades, salpicándolas de épica y algo de leyenda, pero en la actualidad, la imagen y el sonido no esconde nada que la boca no pronuncie y los gestos no enseñen.

jueves, octubre 07, 2010

La auténtica "lacra" que supone Zapatero para España

No voy a recrearme en cuestiones económicas ni puramente políticas. Los diarios de diferente signo ya retratan a su manera lo que parece suceder por estos lares. Aunque disten mucho en sus interpretaciones.

El centro de esta reflexión es uno que para mi resulta fundamental y clave para comprender lo que ciertamente supone y ha supuesto para España la acción de José Luis Rodríguez Zapatero. El factor que hace lógicas las consecuencias y, por tanto, aquello que nos sucede inexorablemente y que no se puede negar por tristemente empírico y gráfico.

Lo penoso no es tanto las consecuencias materiales personificadas en el señor dinero, lo dramático es el momento convulso y las expectativas que se ciñen en nuestro país desde perspectivas humanísticas y éticas. No creo descabellado afirmar que todas las heridas cicatrizadas, atávicas en nuestro país, vuelven a sangrar cada vez con más fuerza y, a eso, se le superpone un modelo de "valores" imperante centrado en la supervivencia y el placer personal inmediato. Desolador panorama.

Muchos se pueden preguntar qué tiene que ver Zapatero en todo ello. Demasiado.

Como un padre separado, nuestro presidente pretendió malcriar a la sociedad polítizándola a base de muchas más prebendas de las que solicitaba con cláusulas de letra pequeña. Desde ahí, los grupos políticos beneficiados han dejado caer la fuente de obsequios como logros propios robados al gran hacedor, un feo papá Noel coyuntural que despedaza lo existente para engordar más su barriga.

Un complejo personal manifiesto que rechaza radicalmente una imagen negativa de sí mismo en cualquier otro, propició en nuestro "responsable" todo lo posible por satisfacer a todos sin precisamente abonar el elemento fundamental que debe vestir a todo dirigente: la responsabilidad.

Cual tutor que desea la satisfacción a corto plazo de sus tutelados, se propuso regalar dádivas y ofrecimientos por doquier en espera de agradecimientos continuados, loas y halagos que, en la lógica del receptor consentido, no se han producido sino todo lo contrario.

A costa de buscar la veneración hacia su persona, Zapatero ha abierto incontables frentes allá donde antes no existía trifulca y cuando ha entrado a acometerlos, los ha dirimido sin tacto y de una manera dictatorial que sólo puede realizar la izquierda, ajena a prejuicios pasados de asociación de ideas. Ha abierto todos los melones sin tan siquiera calibrar si podrían estar podridos o esconder bombas de relojería que estallaran en el corazón de la ciudadanía.

El paradigma de nuestra sociedad es la "buena intención", la cual siempre puede ser discutible en muchas personas que la anexionan a la justificación de sus desmanes y, el problema derivado de esa apuesta es la muerte de la responsabilidad de los propios actos y decisiones.

Desde muchos sectores sociales y territoriales escuchamos, no ya peticiones de cambio en un sentido u otro, ahora asumimos como normal "exigencias" continuas como si los subordinados se insubordinaran y ya no entendieran tales conceptos como adecuados a su condición.

Cual mentor que se dedica todo el día a intentar agradar a su prole con continuas dádivas, nuestro escenario nacional es tan desolador como el símil familiar. El padre separado regala de todo al hijo como recurso sencillo que le hace creer el éxito en su relación, le promete mil cosas y no modula el "no", llegando a hecer gratis el "sí". Sin saberlo o sabiéndolo, está anulando la responsabilidad de los suyos por no aparejar esfuerzo alguno a los logros conseguidos. El premio se ofrece por una cuestión de mera afinidad o interés recíproco. Pero igualmente, el padre que actúa de ese modo, pronto observa como sus protegidos, en vez de manifestar agradecimiento, hacen justamente lo contrario, se acoplan con facilidad a un estado de recepción constante que resulta en niños tiranos que no cejan de exigir en el convencimiento de que deben ser satisfechos por costumbre.

La sociedad española actual desprecia el mérito personal. Las políticas en un sentido u otro son importantes, no tanto por las consecuencias a corto plazo, sino por la formación y enseñanza aparejada que de ellas se desprenden sobre la sociedad. En esa línea, es lógico que muchos miren siempre a otro lado a la hora de buscar responsables, ya que como culmen del ejemplo ni las adolescentes menores deben responsabilizarse de sus actos a la hora de quedarse embarazadas pasando incluso por encima de sus progenitores. Las consecuencias "molestas" de los propios actos son borradas y apartadas como estorbos achacables a terceras consideraciones.

El mal perpetrado es enorme, principalmente porque pasa inadvertido para gran parte de la sociedad....mediática, que sólo consigna entre sus titulares razones tangibles con las que acumular armamento para atacar al otro bando montados en sus tiendas ideológicas y manipuladoras.

Zapatero ha creado tiranías que miran hacia afuera y hacia él mismo las mil causas de su desgracia e incluso posible desmembramiento. El panorama es un virus pegado a nuestras carnes que de manera invisible decide por nosotros con muy pocas opciones y encima compradas en medios de comunicación. El hombre o mujer íntegros, comienzan a ser rara avis, asistimos a un mercado de bienes partidistas apoyados en supuestos informadores que responden a su definición igual de bien que los piquetes informativos a la suya.

Así Cataluña, en buena lógica ya es independiente. Sólo resta la oficialidad y els diners. La separación de clase y las dos Españas, son otra realidad que produce sistemáticamente un odio visceral hacia entidades financieras y empresariado como ejecutores de sus desgracias. Aunque en algunos casos, racionalidad y sentimentalidad puedan coincidir, los conceptos no reparan en la verdad de las razones y todos a una ya se han configurado bandos cohesionados en pos de vencer como sea al otro. Así el vendedor-aglutinador, aunque siga la senda de la autodestrucción (del país) al menos dispondrá de un generoso ejército, su guardia republicana.

La emotividad siempre juega un papel fundamental en todo lo que afecta al ser humano. Zapatero ha crecido políticamente con una población acostumbrada a sus maneras. Una población desorientada que debe acogerse a nuevos eslóganes constantemente para no mirar hacia sí mismos y culparse de nada. De ahí que mejor recolocar el odio hacia enemigos objetivos de clase o territorio, de manera que repitamos de la historia sus ciclos.

Zapatero, en uso de sus prerrogativas y con la lógica piramidal del ejemplo, ha diezmado los principios y valores de un país todo lo que puede hacerlo un presidente del Gobierno. Confío que sea lo menos posible, pero me da que las evidencias mediáticas que ofrece un simple televisor o demás medios gráficos, dicen todo lo contrario. Esa es la principal lacra de nuestra sociedad, que lo obtenido no sea ciertamente caído del cielo por señores malísimos que sólo buscan su beneficio, sino por ser todos parte de esas redes de nula responsabilidad en las que la opulencia y las cortinas de humo publicitarias nos han hecho creer que todo lo que vivíamos no iba a tener consecuencias.

Dudo que nuestro Presidente piense por un momento en su responsabilidad y eso abona la tesis de que la lección queda todavía por aprenderse, algo que hará que sigamos pagando los ciudadanos.

No en vano, quien sí lo saben son sus hijos putativos, los partidos bisagra que se nutren como carroñeros de la oportunidad que les brinda el mayor dador de ofrendas de nuestra democrática historia a cambio de concederle más oxígeno en el candelero. No hay moral que no se pueda tergiversar en palabras biensonantes aderezadas de emotividad que logra encajar lo que sea como aceite o mantequilla.

Datos personales

Un excéntrico pensador que emplea este blog sin concesiones a la mesura ni a la inteligibilidad