sábado, junio 29, 2013

Emocionalidad, el talón de Aquiles y la fortaleza de Vettel

Me suelo fijar más de lo normal en los detalles sobre los rasgos psicológicos de las personas; en todas aquellas situaciones que aportan indicios que afectan a las conductas de los individuos. En el caso del campeón germano ha existido una constante diluida en pequeñas dosis que me han hecho sospechar hasta el punto de asignarle una debilidad marcada que tanto él como su equipo han sabido manejar a la perfección. Hablo de una inferencia, lo que vendría a ser una conjetura o un juicio de valor con una lógica determinada que por tanto se mueve en el rango de la opinión.

La base es puramente emocional. El automovilismo y particularmente la F1 exigen un control del estrés y de la presión muy por encima de lo que es normal en otro tipo de actividades y competiciones. Para partir de una base de mínimos con un deportista en cualquier competición resulta imprescindible disponer de un cierto equilibrio emocional que incluso algunos podrían tildar de madurez, pero a ello debe contribuir el aspecto puramente biológico (algo discutible para quienes conceden poco peso a dicho factor en el desarrollo personal), es decir, la morfología cerebral en el momento de nacer que posibilitará unas posibilidades concretas y determinadas y no otras dentro de un espectro desde un punto de vista cualitativo y cuantitativo.

Entiendo a Vettel como un tipo con una emocionalidad relativamente alta (más de lo que suele ser común en sus colegas) que lejos de suponerle un obstáculo, le faculta una sensibilidad y atención sobre muchos aspectos que otros pasan por alto, pero por contra, debe domar y controlar para que no se superpongan a la tarea en la que pretende focalizarse. Así como en el caso de otros pilotos como Alonso, Button, Raikkonen, no necesitan de un proceso activo de control porque "de natural" sus mentalidades se manifiestan atemperadas y capaces de manejar la presión, en el caso de Sebastian vendría a ser un poco al contrario, su proceso está basado en una necesaria concentración que domina a la perfección que está sustentada en  una seguridad que, a diferencia de otros pilotos mencionados, parte de una base más racional que irracional. Me explico: el ideal de un ganador debe tener tal fe en sí mismo y en sus posibilidades que inevitablemente llega a distorsionar la visión de la realidad concediéndose unas capacidades en las que cree irracionalmente. Eso lleva que no se plantee alternativas de fracaso dado que al ser "el mejor" y asumirlo como parte de la personalidad, las dudas queden erradicadas. Hablo de un ganador que lo es por mentalidad; puede existir una persona con unas dotes extraordinarias en un terreno físico y disponer de la madurez suficiente para que la combinación de ambos aspectos le lleven al éxito. Esa persona será un portento, pero no un ganador tipo. En la idea visceral de la victoria subyacen una serie de limitaciones internas que paradójicamente propician unas posibilidades de cara al exterior. De hecho, los ganadores suelen venir "acompañados" de un carácter tremendamente atractivo pues centran todos los recursos disponibles entorno a su persona: son muy vanidosos, flirtean con casi todo el mundo, son exageradamente optimistas y tienen una idea de la determinación por la victoria que les lleva a una competitividad tan extrema que ralla la irracionalidad, demostrando una cierta falta de equilibrio que no les permite calibrar la situación, sólo el triunfo ante todo.

Sebastian Vettel no es un ganador tipo ni mucho menos. Es un tipo que además de inteligente y analítico, resulta hasta empático, lo cual aunque podría parecer un elemento atractivo, no es un rasgo que transfiera a los demás una idea de carisma sino todo lo contrario. Las personas poco empáticas y que concentran los recursos sobre sí mismas son las que suelen disponer de índices más altos de popularidad. Por ello este mundo yerra tanto al juzgar a sus dirigentes en un entorno global eminentemente mediático.

El alemán debe acometer de modo activo su proceso de abstracción para focalizarse en su labor de vencer al resto. Para ello lo vemos siempre con los ojos cerrados. Bien, yo sostengo que Vettel necesita ciertamente eliminar toda una serie de variables para manejar las que necesita únicamente en su proceso de pilotaje y estrategia. ¿Por qué? Un ejemplo: Fernando Alonso se habla de que suele llevar "la calculadora" al referirnos que conoce todos los datos y diferencias que existen en un determinado momento entre él y otro contendiente de modo que sabe actuar convenientemente con independencia del momento en el que se halle, dentro o fuera del circuito, en la primera o en la última vuelta. Sebastian no puede manejar las mismas variables sin verse acuciado por la injerencia emocional, es decir, debe eliminar toda la información que podría ocasionarle una merma en la focalización por incluir la posibilidad de que ayudara a introducir pensamientos negativos que afectaran a su confianza personal. Más ejemplos: En su primer campeonato en Abu Dabhi desconocía la posición de Alonso en carrera; su equipo siempre le mantiene al margen de lo que sucede fuera de su alcance para que no interfiera en su labor de conducir. También en una reciente entrevista que le hicieron manifestó desconocer las diferencias que existían entre él y los demás pilotos, puede que no fuera verdad, pero eludió centrarse en los datos dirigiendo su mirada a su exclusiva labor y aquello que está en su mano, por lo que podría tomarse como posible que le afectara emocionalmente conocer constantemente las diferencias no fuera que, en caso de reducirse ayudaran a mermar su confianza. Algo que por ejemplo no sucede a Fernando Alonso que por el contrario se crece ante la adversidad. Ya incluso en el colmo de la "desantención" a la información circundante, Sebastian Vettel no tiene el monitor de los datos con los tiempos y su imagen delante de su cockpit, sino colgada bien arriba lejos del alcance de su visión para ser inteligible. Todo lo que rodea a Sebastian es la falta de información sobre lo que no afecta a su pura competencia. Cuando cierra los ojos se está abstrayendo de ese mundo inmisercorde que acabaría con cualquiera que tuviera un mínimo de alma y mostrara consciencia. La mayoría de pilotos actúan con sus cerebros en el modo "automático" a base de una memoria procedimental que no consume apenas energía y del resto de capacidades se decidirá cuan competitivo podrá llegar a ser ese deportista. No se puede ser demasiado consciente en ese ámbito, la intuición es la dueña y señora de la situación, pero en aquellos que sí disponen de cierta consciencia en el instante de lanzarse a 200 y 300 km/h por los circuitos, necesitan estar dotados de un metabolismo concreto en el que su química no coadyuve a un desborde sentimental. Alonso está "configurado de fábrica" con esas capacidades para hacer convivir consciencia y conocimiento pues la faceta emocional no interfiere en su labor, pero sí en la de Vettel que necesita de toda una serie de recursos para lograr el estado de forma adecuado. Al cerrar los ojos hace algo más que visionar el circuito. Cierra el conmutador de todo aquello que puede ser negativo en la F1 y podría invadir sus pensamientos llegando a una concentración completa.

Por tanto, Sebastian Vettel necesitaría varias "funciones": 1) Concentración para abstraerse del exterior; 2) Ignorancia del entorno, es decir de lo que hacen los demás pilotos. 3) Mantenerse entretenido y ocupado cuando no pilota, para no dejar espacio a pensamientos inhabilitantes.

La concentración es fundamental en todo deportista, pero en deportes extremos o de alta velocidad supone o puede suponer algo más que perder. La concesión al error es infinitamente menor, tanto por ser cifrable en centésimas como por las consecuencias que esas centésimas pueden ocasionar.

A diferencia por ejemplo de Lewis Hamilton, el de Heppenheim supo y tuvo una magnífica entrada en la F1 disponiendo de un proceso que no tuvo el inglés, manejado por unos intereses (Dennis, Hamilton Sr., lobby inglés) que le llevaron a intentar tocar el cielo demasiado pronto. Vettel ha dispuesto sin duda de unos recursos que otros ni siquiera podrían soñar, pero sin duda fuera de la pista debe haber sabido manejar su propia situación de un modo incluso muy superior a otros pilotos por disponer de unas capacidades y recursos personales, entre ellos la empatía y la racionalidad citadas, que pueden colocarse en su haber. El éxito es mucho más que ser bueno o magnífico en algo y más si no encuentras a personas idóneas a tu alrededor. Ahora bien, todo rasgo tiene su anverso y reverso. El germano maneja la presión activamente y no pasivamente como otros que he citado, y para ello su equipo y la ayuda que le ha prestado han sido inestimables y fundamentales para lograr lo que ha conseguido. Vettel necesita mantenerse en una burbuja ante determinadas cuestiones que podrían dispersarle. No en vano, cada año que gana un mundial consigue afianzar su confianza por unos esquemas cognitivos que le ofrecen un pasado reciente repleto de logros y victorias. Mi consejo es que aproveche el momento en lo alto de su carrera y que, aunque pueda parecer prematuro, no pretenda probarse a sí mismo como lo hizo Schumacher en el momento que las cosas vengan mal dadas. Su mentalidad es vulnerable en un sentido y superior en otro, es ese reverso y anverso que refería. La emocionalidad lejos de ser un estorbo, bien manejada y con ayuda puede conducir a lo más alto.

martes, junio 11, 2013

Repita conmigo: los políticos tienen la culpa de todo

El desprestigio de la política es una realidad muy patente en estos tiempos de crisis y particularmente de los que la desempeñan: los políticos. En todas las encuestas aparecen como una preocupación cuando en teoría se supone se dirigen a hacernos la vida más fácil. Ello es lógico puesto que los medios de comunicación en su empeño y atribución de erigirse en presunto contrapeso del poder, al final acaban ejerciendo de poder con todas las letras y enarbolan juicios sumarísimos incluso mucho peores en el ámbito de la reputación que los llevados a cabo en juzgados de verdad. Hay que recordar que hablo del desprestigio de la política en general, de la metonimia.

Por tanto, para empezar disponemos de otra gente, igualmente humana de carne y hueso, los informadores, sobre los que hemos de inferir son superiores moralmente a los políticos para atender sus sentencias "informativas" y darles el crédito de la normalidad, el de no preguntarse nada más sobre el que da la noticia: si es honrado, si es independiente, si es partidista, si tiene un interés material o personal, simplemente aceptar la noticia por entrar en el ámbito de esa normalidad con la que se aceptan muchas cuestiones y se rechazan otras.

Pero es que tras poner en la picota a los medios de comunicación con la idea de no conferirles un crédito infinito, sino más bien un papel tan honorable o menos como cualquiera pero con una responsabilidad enorme por llegar a tanta gente, podemos pasar a centrarnos en los jueces últimos, es decir en las personas, en el público, en los consumidores, en los ciudadanos; los etiquetados como "sufridos" que deben soportar la condena de mantener a sus políticos con otra vez una auto atribuida autoridad moral que el clamor de la normalidad les ha transferido. ¿Y quien dicta la normalidad? Sin duda los que trasladan la información, quienes la interpretan. Una normalidad que puede variar exponencialmente de un lugar a otro sin una explicación lógica sobre las razones de esas discrepancia. En una localidad puede existir odio hacia un partido y en otra sociológicamente similar y con problemas análogos a seres humanos de una distribución social parecida, la tirria se invierte. Digamos que no existe la coherencia en cuanto a los principios insipiradores de la política, es algo así como una concesión a la ciudadanía para poder no ser coherente sino partidista, inspirada por cúspides de poder informativo que saben como concentrar razones de supuesta afinidad social entorno a un grupo que se siente cohesionado, no tanto por lo que debería inspirarlos: sus valores o principios, sino por soflamas emotivas dirigidas a enfatizar la injusticia provocada por los otros y los derechos no atendidos que merecen.

Lo que digo es un canto al sol en pelotas, o lo que es lo mismo, es como decirle a un sordo que me escuche.

El concepto de autoridad moral particularmente en España que es el lugar que más conozco, no sólo ha perdido su valor sino que esa "normalidad" pretende extinguirlo por completo, no tanto por no emplearlo, sino por conferirlo desmesuradamente a la gente haciéndoles creer que todos los problemas surgen siempre por culpa de los demás y que la indignación es totalmente justificada contra esos malhechores que pueden encarnarse en quienes ellos dispongan, en este caso los políticos. Si ya en el deporte, fútbol, baloncesto o lo que sea existimos los ciudadanos convencidos de juzgar las acciones de los profesionales dictando en segundos juicios sumarísimos, que no haremos con los que no sólo no pretenden entretenernos sino que manejan cuestiones serias que son suceptibles de preocuparnos. A fin de cuentas cuando lo hagamos encontraremos de nuevo, en ese proceso de normalidad universal, la compresión y afinidad de otro ciudadano que coincidirá en criticar a los demás por lo que sucede en el país o en su región o localidad. Eso no es nuevo, ha sucedido a lo largo de toda la historia de la humanidad y no va a variar. Todos conocemos a personas de todo orden y condición que se dedican a hacer trampas en su ámbito profesional: médicos, vendedores, fontaneros, taxistas, abogados, empresarios, trabajadores y un largo etcétera que se centra en la universalidad, no en un sector concreto, pero es que también vemos como fuera de su ámbito de trabajo existen aquellos que se cuelan en las filas, que aprovechan en las caravanas de coches para hacerse los listos y sobrepasar a los demás sin importar que ello favorece el enletencimiento general, los que al encontrarse una pertenencia de un mínimo valor se la quedan, los que nunca tienen cambio para pagar, los que tratan con el dinero de los otros para hacer chanchullos no siendo políticos, los que justifican sus actos por una fuerza mayor que les constriñe, los que al ver una persona mayor en un autobús no se levantan para cederles su asiento, los que no mueven un dedo para aayudar a levantarse a alguien que se cae o ya no digo recoger un objeto a alguien entrado en años, los que como decía son capaces de vocear sus afinidades políticas por saberse mayoría despreciando al resto, los que se aprovechan de la oportunidad para hurtar algo a sabiendas que no serán pillados, los que ríen las "gracias" de los hijos cuando hacen "cosas de niños", los que tratan de ahorarse dinero dando mala calidad a quienes ven que pueden colársela, los intransigentes que imponen la "libertad", los insolidarios que obligan a solidarizarse, los que hablan de libertad de opinión cuando dicen estupideces y se les corrige  no por su libertad sino por el despropósito, montones de actitudes que perpetran a diarios los ciudadanos normales, los "otros" que luego juzgan al resto convencidos que sus intrascendentes actos son incomparables a los monumentales robos cometidos por los "importantes". Y ahí está el error, la incapacidad de relacionar, la imposibilidad de encontrar la analogía, el desprecio a ir más allá que juicios sumarísimos que contenten los egos de los que disponen el pulgar hacia arriba y hacia abajo sin valorar los porqué que ingenuamente se preguntaban cuando eran niños. Hemos abandonado lo mejor de la niñez y nos hemos quedado con esa facilidad para sumarnos a causas emotivas sientiéndonos parte de un algo que nos llena mucho más que preguntarnos los porqués. Esos porqués incómodos que pondrían en evidencia mucho más que a nuestra clase política. Los porqués de la gente honrada y los de la que no lo es en todos los terrenos y la que más predomina en la actualidad.

Desgraciadamente los medios de comunicación y cierto sector populista de la política sí está consiguiendo propagar una fe con la que exigir al resto que cumplan sin tener que corresponder más que exponiendo sus vidas y es la gente que está cerca nuestro de uno y otro sector, afición y profesión los que deben variar para que lo que ahora llamamos normalidad deje de serlo en los mismos términos. No puede exonerarse unos actos porque se entiende que su valor es relativamente ínfimo y luego perseguir los mediáticos. Quien tiene 5 y con esos 5 estafa o se aprovecha de los demás en modo alguno, lo hará con 5000 o 500000000, por ello el juicio que se busca es el afinidad de grupo, el de los que reúnen 5 contra los que tienen 5000 y debería ser el de los que hacen bien las cosas contra los que no las hacen y en eso nunca se puede señalar a un grupo, son personas a nuestro alrededor y fuera del mismo, somos nosotros y nuestras familias por verlo y permitirlo de manera inversamente proporcional a cómo reaccionaríamos ante maniobras ajenas.

Lo que existe ahora es mera manipulación de masas y una normalidad gangrenada. Bucles históricos de personas aceptadas y rechazadas, identificación con el grupo y hostilidad hacia el otro. Cantinelas repetidas y conocidas sobre las que se propaga, no la lección impersonal que lleva a mantenerse cautos sobre la condición humana, sino a señalar "marcas registradas" o consignas cuasi de guerra en la que la confrontación ya es una tradición o costumbre inherente: endogrupos y exogrupos.

Los políticos sí, esos miserables que nos amargan la vida y nos roban. Nunca un juicio de valor ha sido más injusto. En política hay lo que existe en la sociedad y en algunos casos incluso en mejores dosis. El miserable lo es de profesión y desempeñará la labor que sea, unas con mayor eco y otras menos, pero la cuenta pendiente de un país que pretende avanzar es con la ciudadanía, poniendo el ojo en su interior y mejorando lo que está en su mano. El resto mejorará en cadena y los infames, ciudadanos y políticos corruptos saldrán escupidos por la comparación y porque de entre la sociedad cada vez el ejemplo será mejor. Sin embargo, eso no sucederá, seguiremos señalando y tornando el pulgar o señalando hacia los demás avalados por el grupo o la masa repitiendo la historia, nuestra periódica e insalvable historia, la de buenos y malos dogmáticos con la que volver a reeditarla en otro futuro con nueva descendencia.

miércoles, junio 05, 2013

¿Es el hombre la ruina de la tecnología es la tecnología la ruina del hombre?

Nueva revolución en marcha.

Internet ha supuesto una revolución tan impactante como lo fue la revolución industrial. Todo el sistema productivo mundial está obligado a reconvertirse para adaptarse a los nuevos tiempos, pero los modos sociales y todo lo que se deriva de las relaciones humanas también han cambiado por adquirir el marchamo que concede la red de redes: la difusión global. La publicidad, la política, la ideología, todo lo que es vendible y susceptible de incrustarse en los cerebros humanos se realiza en la actualidad con una eficacia nunca antes soñadas. Se habla hasta de revueltas en países iniciadas en redes sociales, lo que puede propiciar que gente exclame ¡Menuda barbaridad! y otros digan ¿No es maravilloso?

Es cierto que se podría confeccionar una lista enorme de pros y contras que puede facilitar la red de redes, pero tal labor es estéril porque a la hora de elegir, cada persona se moverá entre unas posibilidades, será tendente a emplear internet a resultas de unos hábitos, tanto laborales como sociales y, por otro lado con independencia del maravilloso potencial que exista, dudo que muchas webs cargadas de información y saber puedan competir con las "porno" en número de visitas.

Pero es que el nuevo paso son las impresoras en 3D, lo que nos lleva a plantearnos la posibilidad de otra larga lista de pros y contras en la que las negativas o aquellas que puedan suscitar perjuicios en unos casos y nuevos replanteamientos de la economía mundial en otros, se puede adivinar tengan un peso específico mayor. Nadie puede despreciar el hecho de que con un artilugio semejante sea posible fabricarse un arma de fuego que podría superar un detector de ídem y que encima funcione, lo que en un arma es nocivo para la salud. ¿Se puede ser suspicaz adelantando ya actos terroristas indiscriminados por personas que han fabricado sus propios enseres de matar? Además, el uso que se hace de internet depende de una serie de criterios, unos normativos y otros morales o éticos y los segundos dependen de la responsabilidad de los usuarios y los hijos de éstos. Por ello mi pesimismo ante un futuro con impresoras 3D.

Las advertencias que hacen las autoridades sobre la impresión y creación de pistolas o fusiles serán tomadas en cuenta por las personas que de antemano ya no se planteaban transgredir la ley; no sin embargo por los que han visto claramente una oportunidad de obtener más fácilmente lo que antes les era difícil. Luego están aquellos jóvenes y no tan jóvenes que porcentualmente pudieran ser minoría, pero que en número son legión que pueden ser receptivos a un estímulo como el de transgredir la ley por su propia causa, la que sea, avalado por los medios de comunicación que flirtean con la idea de rebeldía. Si las instrucciones que les damos a nuestros hijos son de rechazo de responsabilidad y los recursos son tan ingentes como cuasi infinitos, estamos dando un mundo a gente potencialmente irresponsable. Porque de poco consuelo sirve al 90% responsable (siendo optimista) que el 10% restante decida justificar sus propios actos a base de ideologías inoculadas en internet repletas de afinidad emotiva y presión social de grupo capaces de conceder un aval para proceder a sus anchas.

La oportunidad para acometer actos y disponer de responsabilidades se debe otorgar a personas que han demostrado ser capaces de manejarlos, pero internet deposita, salvo derecho de veto de los padres centrados en la labor, un mundo en manos indiscriminadas sin control ni concierto en acomplejada atribución de libertad. A partir de ese punto y gracias a ese fantástico paradigma desprovisto de su gemelo el sentido común, se postula un potencial cierto que permite optar por el camino a seguir entre opciones de "riesgo" o "transgesoras" que conceden poder cierto a los usuarios para dominar a otras personas y las otras, las aburridas y cotidianas. Libertad e internet significa muchos más recursos de lo que mucha gente es capaz de manejar sin hacer o hacerse daño. Y las proyecciones agoreras que vaticino las cuales podrían tacharse de pesimistas, aguafiestas o aburridas toman como valor un criterio de "vaso medio lleno" al contemplar nuestro bagaje histórico de guerras y revoluciones. Podría enfatizar más lo que ha de venir dados los presupuestos de partida que estamos sentando.

Quizás quede en un segundo plano, pero no hay que desdeñar el hecho incluso de la producción de productos susceptibles de imprimirse en un cacharro de éstos. Si se piratea música y películas, lo cual puede ser gravoso para los correspondientes sectores, al piratearse una numerosa cantidad de productos tangibles nos lleva a otro escalón en el mundo de la producción y la economía productiva, con lo que conlleva: dinero, gente y trabajo, reconversión de sectores, etc. El tema es complicado y tiene difícil solución si es que la tiene porque unos presionan para obtenerlo todo y otros son renuentes a no dárselo a cambio de ganar dinero. Esa espiral que no tiene fin, es un apetito voraz por superar cualquier línea, nos conducirá a disyuntivas que siempre colocan a la responsabilidad como la mala del asunto, entre otras cosas porque es la que resulta molesta cuando uno quiere tomar una decisión sin encomendarse a nada más que a su propia satisfacción. Por ello lo que ahora son noticias incipientes que pueden dar tema de conversación en un bar, serán la vuelta de tuerca de un mundo en el que sólo se conoce del avance tecnológico pero no de las instrucciones necesarias para saber hacerlo funcionar adecuadamente.