martes, septiembre 30, 2014

Asistir a un "conflicto"

Las personas que sólo hemos conocido los flecos de Franco en la inopia infantil y vivido la democracia como moneda de uso corriente, sólo hemos conocido de conflictos históricos en los libros que los narraban: revoluciones, guerras, levantamientos, etc. Mi recuerdo del 23 F es una estupenda película de Bob Hope y Virgina Mayo que a desacostumbrado horario hacía las delicias de aquel jovencito amante de las películas de piratas, pero momentos conscientes de gravedad no he pasado gracias a Dios. Dicho lo cual, a medida que iba creciendo hasta que aparecían las canas, me iba preguntando de los procesos que sigue el hombre para que una minoría pueda conducir a todo un grupo a un conflicto. Me preguntaba que clase de personas y qué tipo de autoconvencimiento debían tener para abocar a una sociedad a situaciones objetivamente peores de las que se estaban viviendo. Al menos, así lo dice la historia de los conflictos. Bien, parece que el planteamiento teórico por cuanto aunque es histórico sólo tengo constancia por la lectura, pasa a ser empírico, quizás no rigurosamente, pero tal cual experimentado en primera persona como ciudadano catalán que es uno. Pero no sólo eso, según escuché decir a Santiago Espot, presidente de Catalunya acció, en Cataluña se ha producido un "cambio de mentalidad" y ciertamente que así es, por tanto, también podemos asistir a ese fenómeno que afecta a una buena parte de la sociedad catalana y que ofrece pruebas sobre cómo variar la forma de pensar y (sobre todo) sentir de esa sociedad.Y desde ese plano, paso a ser un espectador u observador de la creación de un conflicto histórico más, que como repetido y objeto de las mismas premisas de todos los conflictos, podría bien denominarse "clonflicto": una repetición de los sistemáticos errores del ser humano en su generación de bucles históricos a través de etapas definidas por coyunturas.

La creación de la actual situación está finalizando en el tiempo presente y es por ello que ya empleo la palabra gruesa que el mismo presidente de la Generalitat utilizó para referirse al caso y que, como digo, finaliza la parte del "proyecto o proceso" y da comienzo a la del conflicto en sí mismo.

En el día de hoy, Mariano Rajoy Brey, presidente del Gobierno de España ha dado respuesta institucional al desafío planteado por Mas y es por ello que en estos instantes, tras las presentaciones de los oportunos recursos al Tribunal Constitucional, éste dilucida la admisión a trámite de los mismos y la consiguiente paralización de la ley que el parlamento catalán aprobó para crear la consulta soberanista. Ya están las cartas sobre la mesa, todo lo que debía suceder desde los ejecutivos implicados ha tomado forma y esperan efectos, pero volviendo al asunto del conflicto, la parte que ha lanzado el órdago ha ejecutado escrupulosamente todos los pasos para llegar al mismo y puedo decir que estoy viviendo como una persona o un grupo fáctico es capaz de confrontar a una sociedad y a un país por unas razones que considera de igual o mayor importancia que los efectos negativos que puede producir. Por de pronto, entiendo que de partida se dan varios supuestos para llegar al actual extremo:

¿Qué puede pasar por la cabeza de los que lanzan el desafío?

- Idealización de un proyecto abstrayéndose de las consecuencias probables.
- Interés personal y convencimiento de la salvaguarda de la propia integridad y de cercanos.
- Necesidad de formar parte de la historia como meta personal.
- Recurso desesperado para salir de una situación que no tenía salida en lo personal o profesional.
- Fragor endogrupal que conduce a un entorno fanático cuya presión social marca la acción a seguir.
- Obediencia al grupo y necesidad de cumplir y ser parte importante en él.

Para que un conflicto se produzca es imprescindible la aplicación de la emoción, sí, dicha así como resorte o herramienta que habilita la capacidad de control de las voluntades. Pero es que cuando hablo de emoción, no me refiero tanto a las típicas emociones de tristeza, ira, alegría o similares. La psicología en general desecha hablar de emociones para las cuestiones que no alcanza a definir con total claridad, pero el sentimiento de afinidad y la implicación dentro de un grupo idealizado abren todo un corolario de emociones en torno al mismo que llegan a ser de toda índole: orgullo de pertenencia, rechazo visceral a los ajenos al grupo, necesidad de aceptación y reafirmación, exaltación del grupo, motivación (que la psicología diferencia de la emoción) para alcanzar metas idealizadas y abstractas en relación a uno. Es decir, en la manipulación de sociedades, la emoción es definible como algo muy simple: unas "enormes ganas" de lograr algo, y por tanto todo lo que pueda configurarse como un obstáculo para ese fin, será tomado como enemigo. De ese modo, las personas que "sufren" dicho "deseo" pasan de ser sujetos a objetos o herramientas en el mismo proceso ya que su objetivo no será otro que la consecución del fin tramado por la cúspide, aunque ésta se camufle en el interés o sentir de un global. Es así como toda una sociedad puede permanecer "adormecida" en unas cuestiones y despierta y activa en otras.

Todos los conflictos necesitan de un caldo de cultivo que acaba cristalizando de una manera u otra y el actual ha fijado con claridad meridiana a una Cataluña contra otra Cataluña. El mayor enemigo del nacionalismo es la objetividad, la irreductible e inexorable objetividad: histórica y legal, pero precisamente por ello la política aquí y en otros paísese y/o con otros regímenes que apelan a emociones diversas del ser humano, puede soslayarla, puede sobrepasarla acuñando contradicciones que suenan muy bien y evitan a la población los citados obstáculos en la consecución de su finalidad. No es tan importante lo cierto, sino lo posible.


DESDE ESTE PUNTO, lo dicho es pura verborrea. Los debates, estériles; las apelaciones a la legalidad, inocuos o no efectivos. Lo que pretendía el movimiento secesionista ya lo ha logrado, ya ha triunfado, al menos a día de hoy, y es hacer sentir a una importante parte de la sociedad catalana de la necesidad de independizarse. ¿Qué sentido tiene enzarzarse con alguien que en su fuero interno está decidido a alcanzar un fin y tú estando en frente eres su obtáculo? Como si de TV3 y Canal 13 se tratara, ambas líneas divergen o convergen hasta alcanzarse y chocar y los consumidores de cada una parten de premisas diferentes pese a que realidad sólo hay una. Es por ello que el nacionalismo vuelca su "argumento" en el sentir de un pueblo como tantos otros llegaron a hacer lo mismo. Lo voluble, lo maniqueo es el sentimiento, y el germen de guerras, revoluciones, conflictos y todo lo que sobrepasa el diálogo basado en un respeto cierto que no oculta un interés inamovible.

En el instante actual sólo cabe la confrontación. La convergencia de líneas que inevitablemente acabarán chocando y con ella las frustraciones, los odios, las diferentes sensibilidades. Todo lo que se ha dicho que separa a Cataluña con el resto de España debe materializarse en cuanto se produzca un hecho que escape al control del sistema. La batalla se perdió al dejar que una parte se adueñara de la población, cambiara su mentalidad. Jordi Pujol no ha escondido su voluntad de hacerlo ni la necesidad del uso de herramientas de comunicación de masas como es constatable en los medios de comunicación catalanes. La negación de las personas implicadas en la secesión de ser "objetos" o de sufrir manipulación es tan lógica como la consecución causal entre una potentísima televisión autonómica que hace crecer sus presupuestos pese a la crisis y las exageradas cifras que se otorgan a los medios catalanes para el fin propugnado por Pujol y compañía.

Lo que sucede en el presente no es más que la consecución de un plan que sigue en marcha y ha alcanzado una determinada etapa. La limpieza mental continúa en los colegios, en las universidades, en los medios de comunicación y ya en la sociedad civil. El rumbo que lleva la nave conduce inexorablemente a la confrontación. Todos los niños de los colegios públicos y privados concertados son obligados a expresarse en catalán, no para conocerlo, sino para que no se expresen en castellano y ejerzan el desapego completo con el resto de España. El castellano se dispone como una lengua extranjera más, académicamente al nivel del pírrico inglés o peor y los libros de Medio, Sociales o Historia refieren a Cataluña como un país del que parece no le quedaba más remedio que coexistir con España y cuyas instituciones y símbolos se enfatizan como propios al tiempo que los españoles son vistos como "legales". Toda palabra de un político, de un periodista, de un activista, ya huelgan, lo que se tenía que decir o hacer con calmada diligencia se ha perdido y ya no prosperará en tierra yerma. Ahora sólo queda el muro de la realidad contra el que toparán los que viven por y para la expectativa.

En todo ello, no se puede culpar a los diferentes políticos no nacionalistas, pero se les puede acusar de negligentes y de cuanto menos "ingenuos". No obstante la política siempre ha sufrido del corto plazo, como adolece toda la sociedad y las consecuencias sólo saben verse de ese modo en el inmediato futuro que para colmo sólo bebe del sesgo del electoralismo y no de los intereses ciertos de España. Yo llevo tiempo escribiendo y avisando porque he presenciado la "evolución" catalana y nacionalista. Llevo años vociferando las tropelías manipuladoras del Grupo Godó y su desafectación en cada una de sus noticias como juez ajeno a la realidad que juzga a los políticos en "Madrid" como púgiles que se reparten tortas sin reparar jamás en la mugrienta realidad política catalana, desviando sistemáticamente las miradas a la bazofia de la nostra terra, que por su ausencia ha propiciado la inferencia de una manera mejor de manejarse de los catalanes: una manera pacífica, democrática de tapar las miserias, la corrupción y que, conocida en el tiempo que tocaba, hubiera ayudado a retirar la venda de los ojos a muchos potenciales captados. En el momento presente, cualquier fechoría se toma en relación al endogrupo, un ataque o lo que se considere válido para permanecer en la trinchera del deseo. Por ello, es el momento de la acción, de los hechos. Es el momento del conflicto.


jueves, septiembre 25, 2014

El elemento "crucial" que pasa desapercibido por el consumidor de medios

A lo largo de la historia reciente los medios de comunicación han sido claves para influir en la población. Desde el siglo XX, el "cuarto poder" ha sido la fuente de la cual la masa ha podido conocer lo que no estaba a su alcance por no tener el don de la ubicuidad. La realidad, sea la que sea, es un "direte", es decir, una referencia de un periodista que te dice lo que ha dicho o hecho tal o cual persona.

Sin duda, si existe una repercusión tecnológica en una sector determinado, en el caso concreto de los medios de comunicación y entretenimiento, ésta ha sido capital. El avance tecnológico nos lleva a recrear lo qure hace no muchos años resultaba ciencia ficción: jóvenes con móviles que pueden disponer de información en tiempo real y tabletas suscritas a diarios o cualquier medio que ofrezca información o entretenimiento. En el pasado, los medios de comunicación tenían un peso, en la actualidad son los protagonistas de nuestras vidas, de nuestro entorno y los moderadores de la presión social que puede dirigirse a cualquier fin. Sobre esa base de partida, no debe lanzarse ninguna acusación. Que un individuo tenga "super poderes" implica que desde ese momento podrá utilizarlos en un sentido u otro, pero el hecho será que dispone de ellos. Pues bien, los medios de comunicación, así dicho en genérico, tienen un gran poder sobre las masas, que dicho en particular significa que un solo periodista es capaz de influir en miles de personas y someterlas si se lo propone al yugo de su propia opinión. Vamos a dejarlo ahí, porque se da la paradoja que las personas que dicen ser inmanipulables se levantarían airadamente si se sintieran aludidas como "masa" en este fenómeno. Ni cuenta se darían que estarían reaccionando al propósito de un impulso surgido de una persona que puede anticipar una reacción de esas masas.

El caso es que sobre la multitud de herramientas que dispone un medio de comunicación para ejercer su labor, voy a ceñirme a un caso concreto y es el de la entrevista, ya sea seria y formal en un plató o la de calle improvisada que casi ruega obtener unas palabras del protagonista en cuestión. En política, cultura, deportes, en lo que sea, cuando un periodista dirige un micrófono una grabadora hacia un personaje, sin saberlo los consumidores, ya ha empezado la tendencia informativa hacia un lado u otro. ¿Por qué? Por la relación interpersonal que, fugaz, intensa o prácticamente inexistente, podrá llegar a influir en el modo que la fuente original adquiera los datos para posteriormente desplegarlos. Es bien sabido que, ya sea por escrito o con algún soporte digital, lo explicado o respondido por el protagonista quedará indeleble en tinta o bits, pero las preguntas, el tono y lo que es más importante, el comienzo de la relación interpersonal entre el entrevistador y el entrevistado supondrá un crédito o descrédito para el centro de atención. Sencillamente, el cómo te cae el entrevistado o cómo te ha tratado en tu experiencia. Ese detalle, personal, propio y coyuntural  puede hasta marcar la reputación de un personaje para bien o para mal como el primer día de colegio de un alumno que se "echa fama y se pone a dormir". Es cierto que dicho así suena simplista y en algunos casos, especialmente entre los más avezados, la rutina dejará de lado aspectos personales que puedan influir en la información añadida que pueda describir en tercera persona al personaje, pero muchos de estos centros de actualidad lo son durante un tiempo y la relación puede afianzarse o estirarse en el plano puramente personal que conlleva expectativas cumplidas o decepcionadas. También soy consciente de que  muchas preguntas fugaces a pie de calle son realizadas por "pollos", novatos, becarios o machacas y su falta de trascendencia en el poderoso medio hace pensar que no se trasladarán a la presentación final ejecutada por el periodista titular, pero existen casos de periodistas que lo hacen todo, deportivos por ejemplo, y sin duda si se debe dar una opinión de la situación, lo que se percibe influirá cuanto menos en la opinión personal del que realiza la acción de poner el micrófono o la grabadora. De ahí a que se plasme en un formato dependerá del intercambio de palabras o el grado cierto de simpatía o antipatía del entrevistado ante esos medios, porque una persona puede ser entrevistada por un motivo fantástico y por tanto corresponder en la recreación de ese mundo, o lo contrario. Los escenarios de la información pueden llegar a un término en el que el entrevistador se considere a sí mismo parte de un derecho fuundamental con capacidad para preguntar y ser contestado por quien sea pero habilitado con una falsa y aviesa modestia que puede pasar factura tarde o temprano. Ni qué decir sobre afinidad o falta ella, ideológica, cultural, deportiva o religiosa

Antes hablaba de la tecnología y vemos como pese a que la información hoy más que nunca puede ser prácticamente objetiva en muchas acciones directas que no requieren de intérpretes, los periodistas y sus direxctores e inversores en los medios no están por la labor de perder justamente su labor y siguen siendo filtros cuando no oradores con un púlpito omnipresente en los medios digitales. Si yo criticara a un medio se daría la circunstancia de que el medio criticado podría dar a conocer mi crítica hecha en una ocasión, acompañada de su defensa y desplegar continuamente sus argumentos en contra de los míos que fenecerían sin compasión por fagocitación mastodóntica. Así, la campaña en favor o en contra de un individuo, sea elevada o no, ya sería desplegada aunque no se propusiera por la diferencia que tiene un medio de comunicación de dar a conocer lo que precisamente decida ese medio de comunicación. Al final, es una cuestión de tratar "super poderes" con cabezas no tan "super poderosas" porque la responsabiliad de la que he oído eximirse a muchos periodistas, es proporcional a la descomunal capacidad para dar a conocer lo que se ve y lo que no se ve en un intercambio de información entre dos o más sujetos.


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Un excéntrico pensador que emplea este blog sin concesiones a la mesura ni a la inteligibilidad