martes, marzo 24, 2015

Hipotética conversación con Mariano Rajoy

- Don Mariano, tras las elecciones andaluzas, el panorama en el PP no es muy halagüeño
- Al contrario, en relación a las Elecciones europeas el resultado ha supuesto una mejora y es algo que con la recuperación económica, que se irá notando cada vez más en la sociedad, será una constante ascendente.
- Entonces el punto de partida entre usted y yo es opuesto. Usted mantiene un optimismo, "moderado" por supuesto, de cara a las próximas Elecciones Generales y yo que existe un problema estructural en el PP.
- A la gente le preocupa tener trabajo, que exista un horizonte seguro y estable, que se faciliten los medios para la inversión...Recuerde de dónde venimos y cómo estábamos hace unos pocos años...
- Cierto, en eso no le voy a restar un ápice de mérito, pero mi diagnóstico no se basa en relacionar sus logros con un futuro desastre electoral, sino en poner de manifiesto que algunas de sus decisiones van a pesar más en el electorado tradicional del PP que otras.
- ¿De vueltas con el aborto? Somos un partido de centro reformista en el que para conseguir estabilidad, debemos tomar ciertas decisiones por consenso y estableceremos paquetes de medidas para favorecer y apoyar a las mujeres con dificultades tal como rezaba nuestro programa de apoyo a las familias.
 - ¿Se da cuenta que su visión puede no ser coincidente con una parte del electorado que siempre ha apoyado al PP? ¿Un voto que era seguro y que no disponía de alternativa al PP?
- Y sigue sin tenerla
- Lo hemos podido comprobar en las Elecciones andaluzas con el descenso de número de votos al PP
- Si se fija, eso también ha sucedido con el Psoe
- Sí, pero además de que ha sido menor la pérdida, de la comparación precisamente con el descenso de votos del PP, se ha propiciado un porcentaje mayor y por tanto, un mayor número de escaños en el Psoe, un partido responsable en esa región del mayor caso de corrupción generalizada de nuestro país. En cualquier caso me gustaría saber si usted detecta que una parte de su electorado tradicional ha dejado de votar al PP.
- Asumimos que es lógico un desgaste de Gobierno tras tomar medidas difíciles que han supuesto un esfuerzo para todos los españoles, pero la tendencia se ha invertido y la gente se va ir dando cuenta.
- Bien, yo creo que ha dicho todo lo que uno espera escuchar de usted o próximo a usted, pero las decisiones "estratégicas" que ha tomado han marcado un antes y un después en el PP que pasa y le pasará factura con independencia de una mejoría en la percepción de los ciudadanos y lo hará porque el PP, al igual que el Psoe tienen un techo, pero así como el Psoe tenía un cierto margen de maniobra y sus resultados podían oscilar, es decir entre su resultado máximo y mínimo existía mayor diferencia, en el PP existía un sector "irreductible" relativamente amplio que pasara lo que pasara iba a votar al PP y usted gracias a su "consenso" ha quemado. Esa parte del electorado es justamente la más comprometida con unos principios de modo que someterla al chantaje de "yo y el caos" no va a funcionar, sin embargo usted está corriendo el riesgo contrario. La apuesta por un espacio de centro reformista le acerca y solapa con partidos como Ciudadanos en el que el valor ideológico pesa menos que la practicidad y las formas tan importantes para vender al electorado, en las que el partido de Albert Rivera, al ser virgen en este aspecto, no mantiene servidumbres que puedan pesarle o condicionarle. Si tras las elecciones andaluzas los 9 diputados mantienen la coherencia de sus mensajes electorales y evitan poder por cambio, sus expectativas sí serán ascendentes y eso afecta directamente a su partido.
- Permita que sea de una opinión distinta.
- Sí, pero sea consciente que uno de los dos se equivoca y que lo haga yo, además de beneficioso para usted, lo sería para la estabilidad que pregona, pero si se equivoca habrá dejado al PP en su peor momento desde su creación y con España en manos de la Izquierda política. Piense igualmente que si permanece en el poder, haga lo que haga desde su visión de centro reformista, le reportará críticas y desaprobaciones desde todos los sectores a su izquierda y derecha, sin embargo si decidiera dejar de pujar por una nueva candidatura dejando paso a otros en beneficio de su país, entonces automáticamente se convertiría en responsable de rescatar al país y de dejar paso a otros en el mejor momento. Si lo piensa el trato de la Historia con usted en esa situación sería mucho más benévolo.
- Disculpe, tengo que dejarle.
- Tenga usted un buen día.
- Si vuelven a llamar, diles que estoy reunido.


sábado, marzo 07, 2015

Análisis excéntrico de: Mariano Rajoy

Definición de político por la RAE


político, ca.
(Del lat. politĭcus, y este del gr. πολιτικός).
1. adj. Perteneciente o relativo a la doctrina política.
2. adj. Perteneciente o relativo a la actividad política.
3. adj. Cortés, urbano.
4. adj. Cortés con frialdad y reserva, cuando se esperaba afecto.
5. adj. Dicho de una persona: Que interviene en las cosas del gobierno y negocios del Estado. U. t. c. s.
6. adj. Denota parentesco por afinidad. Padre político (suegro) Hermano político (cuñado) Hijo político (yerno) Hija política (nuera)
7. f. Arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados.
8. f. Actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos.
9. f. Actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto, o de cualquier otro modo.
10. f. Cortesía y buen modo de portarse.
11. f. Arte o traza con que se conduce un asunto o se emplean los medios para alcanzar un fin determinado.
12. f. Orientaciones o directrices que rigen la actuación de una persona o entidad en un asunto o campo determinado.

 Mi impresión sobre varias personas que se dedican a la política. Todo lo aquí afirmado es una valoración personal sobre rasgos observados a través de los medios. La opinión de un observador excéntrico. Iré actualizándolo periódicamente con nuevas personas.

Mariano Rajoy. Confusión entre ambigüedad y moderación.

Empezaré diciendo que el actual Presidente del Gobierno me parece una persona razonable hasta cierto punto, y aunque eso pueda ser tan impreciso como el apelativo que le dedico, tomando la normalidad es un valor definitivamente positivo hasta que llega el cierto punto, en donde el repliegue o el silencio negativo usurpan lo que antes era formal oratoria, ironía y mucha educación.

No hay duda que cada persona, cuando toma decisiones de responsabilidad, debe parapetarse intelectualmente de algún modo para mantener la coherencia interna. Eso no suele ser problema en aquellos que carecen de un mínimo de profundidad reflexiva y se mueven por impulsos heredados de experiencias marcadas de niñez y juventud como sucedía con José Luis Rodríguez Zapatero, pero entre quienes han tejido un conocimiento más intrincado de sus ideas, en el momento de ponerlas en práctica o someterlas a la cruda realidad, deben actualizar constantemente un sistema de defensa que les permita "dormir tranquilos". El sistema de Don Mariano Rajoy parece ser el convencimiento absoluto de que el fin: el avance del país con él a su batuta, justifica los medios: ceder en determinadas cuestiones o principios del partido que podrían entorpecer el consenso con otras fuerzas. Ese presupuesto define a mi parecer a Rajoy. Por un lado su voluntad firme de tirar el país hacia adelante y por otra, el convencimiento de que la moderación implica cesión en cuestiones ideológicas. Algo que le conduce a la paradoja de que acaba siendo "flexible" con sus rivales de la izquierda y "rígido o duro" con sus supuestos afines de la derecha. De ahí que el Presidente esté necesariamente rodeado de un séquito complaciente como una corte real en la que cualqueir atisbo de rebelión supondrá el exilio dialéctico (el silencio) o directamente la guillotina política. El mutismo significa que se ha llegado a ese cierto punto referido en el que Don Mariano estima que las palabras huelgan, y en un alarde de mayor moderación, antes que dar explicaciones que pudieran resultar mal recibidas o provocar un conflicto, el dirigente gallego prefiere escurrir el bulto y automotivarse en su misión de salvar el país con, eso sí, ausencia de fórmulas mágicas. No es de extrañar por tanto, que la guardia pretoriana del Presidente esté conformada por mujeres marcadas por su fidelidad intachable que acudirán a su salvaguarda al mínimo toque de trompeta. Un hombre o una mujer de un perfil "potente" no casa entre las huéstes del responsable popular, ya que el discurso de Mariano Rajoy es más de convencimiento de su causa que de carisma o fuerza política. Algo que ha provocado la desbandada o la segunda fila de nombres relevantes del partido.

El gran error de Don Mariano Rajoy y Brey ha sido y es trazar un plan al margen de su partido, de modo que el PP haya tenido que adaptarse a Mariano y no Mariano al PP. Para bien o para mal, el PP tenía una impronta en la que su electorado asumía por defecto unas condiciones impuestas por su unicidad ideológica, de modo que el sector liberal menos dramático y más acomodaticio con los principios podía convivir sin muchos problemas con la parte democristiana habida cuenta que era parte de su ADN, sin embargo la parte conservadora o tradicionalista era la que revestía al partido de su impronta y esa es la que justamente Rajoy ha optado por renunciar en pos de su "centro reformista". Mariano Rajoy es consciente de que el electorado del PP no tiene alternativa al PP (de momento) y juega la baza de él o la izquierda (o lo que es lo mismo: el caos) y con ello no deja de chantajear a ese sector conservador o tradicionalista que ha visto decepcionadas sus expectativas tras recibir el cheque en blanco de una mayoría absoluta. Rajoy ha fracturado el PP, le ha herido allá donde más le duele. El electorado que vota por cuestiones económicas lo tendrá, pero es el más voluble. El que se ha visto traicionado por Rajoy era incuestionable y un pilar seguro pasara lo que pasara, Don Mariano lo ha pisoteado, con moderación, pero pisoteado a fin de cuentas.

Las personas suelen asumir con definiciones más genéricas, adaptables a criterios ideológicos o formas, cuestiones que no son más que rasgos de la propia personalidad, así la palabra que bien podría definir a Rajoy es moderación, porque el mismo Rajoy es contenido, reflexivo y poco dado al enfrentamiento abierto, pero el problema siempre surge por la combinación de las circunstancias y las necesidades que obligan dadas las circunstancias, algo que defendería el propio Rajoy para justificar su subida de impuestos en plena crisis. Así, en determinados contextos se hace necesaria una respuesta prudente y meditada y en otros una respuesta no impulsiva pero sí contundente o que demuestre sin paliativos resolutividad y firmeza con los propios principios. Rajoy sólo ha mostrado firmeza justificando las razones que le han llevado a acoger un consenso en detrimento de otras decisiones más comprometidas con la impronta ideológica del PP, y tras dejar pasar mucho tiempo. ¿Su justificación? Sacar a España de la crisis. ¿El problema? que ello no era incompatible con las decisiones de principios. Justamente al contrario, Rajoy sin percatarse ha trasladado el mensaje de que para salvar el país era necesario dejar de ser un poco el PP y parecerse más a un Psoe operativo en cuestiones económicas, dictando que justamente la impronta del PP era la que molestaba a los intereses de España. Y es aquí donde viene el calamitoso paso que ha dado el popular: Rajoy no va a ganar más votantes de la izquierda de los que puede perder de la derecha que eran incondicionales. El modificar la estructura de valores del PP con el terrorismo, la alianza de civilizaciones, la memoria histórica, la omisión del deber de socorro en Cataluña, el aborto y otras cuestiones, no hará que le voten los que prefieren a los genuinos defensores de la vía zapateril y sí que dejen de votarle aquellos cuyos principios sustentan el compromiso actitudinal e ideológico de su vida. Rajoy ha escogido la vía del miedo como acicate de su electorado y eso no es algo objetivamente positivo para el país.

Y es que como decía, las ideas siguen a las personas, por eso el ser o parecer moderado no es producto de un análisis concienzudo o una decisión meditada, es simplemente una consecuencia de una forma de ser. Una forma de ser que trata de evitar las consecuencias de lo inevitable, pretendiendo lo que no puede, no porque obedezca a un fin, sino porque la propia manera de ser se rige por esa vía. Así, Mariano Rajoy piensa que al ceder o no ofrecer una posición firme en determinadas cuestiones le va a facilitar las cosas en algunos ámbitos y puede que en algunos espacios de "cambio de cromos" así sea, pero por lo visto no se ha percatado que tanto la izquierda como el nacionalismo viven y perviven justamente por su enemigo objetivo que es el PP, de modo que sus claudicaciones o consensos, son pequeñas victorias de batallas que Izquierda y Nacionalismo han conseguido sin tan siquiera tener que pelear; son espacios conquistados mucho más difíciles de recuperar una vez entregados, porque las referencias se actualizan y la moneda de canje siempre toma el momento presente y las posesiones conquistadas. Mariano Rajoy ha cedido y cede de tal manera que cada vez le queda menos espacio con el que satisfacer su ansia de moderación y justificar su salvación patria sin milagros. No es extraño por tanto que se agarre a la economía como un clavo ardiendo.

Mariano cree que su "sacrificio" o el del cordero sacrificado que personifica a parte de su electorado debe ser correspondido de alguna manera por quienes aprecien su intención de un fin "elevado" y ello por ejemplo se comprueba en el último debate del Estado de la Nación, en donde Rajoy pienso que sintió una enorme decepción al no ver correspondida su pretensión de "consenso" con el bisoño líder de la oposición y de ahí su enérgica, tomando en cuenta el personaje, diatriba contra el candidato socialista.

El gran problema de Mariano Rajoy ha sido tener mayoría absoluta en alguien que convive como pez en el agua con el consenso y fuera del agua con decisiones comprometidas. Mariano Rajoy ha tenido en su mano la major posibilidad de la historia del partido de congraciarse con el electorado de Izquierda tomando decisiones difíciles pero ejemplares (que Zapatero declinó tomar) y de paso, de no traicionar sino todo lo contrario a su electorado más conservador o tradicionalista, ejemplificando como la oposición de José Luis Rodríguez Zapatero, al tomar el poder con mayoría absoluta, sin renunciar a sus principios podía mostrar y demostrar que el proyecto del PP era una alternativa clara y definida, no de simple operatividad de personas competentes que pueden pertenecer a uno u otro partido, sino de personas concretas de un partido que hacían posible de facto la compatibilidad de estima a su país con sus principios. Como Don Manuel Pizarro comentó en su día, los bancos malos deben caer y los buenos sobrevivir y percibir los méritos de su gestión. El dinero (que no existía para la ciudadanía pero sí para los bancos y cajas descritos como como "amparo necesario" de esa ciudadanía) que se ha destinado a rescatar la negligencia y la corrupción bien se podría haber destinado a menesteres que ahora antes de las elecciones se venden como recursos zapateriles desesperados. Si quería consenso, debía olvidarse de la escenificación política de la corte política madrileña y lanzarse a degüello con los problemas tal y como defendía el defenestrado Manuel Pizarro en lo económico, o lo manifestado y pronosticado por Don Jaime Mayor Oreja en la cuestión terrorista, o lo ya sabido desde hacía tiempo por muchos en la cuestión catalana. Pero no, Don Mariano Rajoy y Brey tenía un proyecto contra viento y marea: "salvar a España a su manera". Con Podemos nacido en su legislatura y los Nacionalistas pidiendo la Independencia, Rajoy puede hacer de vendedor de la marca España, pero no se ha dado cuenta que precisamente su producto debe ser milagroso para hacer frente a la debacle que no solo no calculó, sino que a cada día que pasa va reforzando con su inopia.