lunes, noviembre 30, 2015

En tierra de nadie

España está sazonada de conflictos históricos, desencuentros, guerras fraticidas y bandos, pero lo peor de todo es que tras siglos de perpetuar ese estilo frentista y altanero tan propio de un toro de lidia, no aprendemos la lección y recurrimos a los errores que nos conducen, parece ya de manera inexorable, a otro punto de desunión.

No me caracterizo yo precisamente por simpatizar con el nacionalismo o el independentismo y buena prueba es este blog cargado de reflexiones sobre lo que he venido temiendo y avisando desde hace ya años con la frustración del que sabe la dirección que toma el camino y el destino al que lleva. Ahora bien, habiendo vivido con total impotencia la progresiva radicalización del nacionalismo hasta cristalizar en el actual independentismo, podría afirmar que me encuentro entre ese grupo de personas que acaban hallándose en tierra de nadie, forjado ya en desaires, silencios de unos, omisiones del elemental deber de socorro de otros y resignada asunción de una realidad de bandos irreconciliables.

No ser nacionalista en Cataluña es algo así como un calvario del que son totalmente ajenos o solidarios los dominantes pancatalanistas, pero igualmente los diferentes próceres que desde Madrid zanjan simplistamente el problema sacando tajada política o en forma de ratios de audiencia. Comprendes entonces que lo sencillo acaba resultando el apoyar una u otra causa sin contención para que el grupo de uno u otro bando, sin miramientos te apoye ostensiblemente o te ataque en los mismos términos. Pero ello lleva a repetir el bucle sistemático de esa historia de España que tiende a llevarse tan mal con la estabilidad.

Ayer sin ir más lejos estuve viendo el programa "La marimorena", en el que se invitó a un militante de ERC para que diera sus impresiones sobre el momento que se vive con el desafío independentista. El joven en cuestión no escatimaba muestras que demostraran cuan lejos se halla de la visión de los demás asistentes, y a buen seguro que salió reforzado en su idea de seguir odiando a España y todo lo que representa. Es posible que me importe un pimiento la sensibilidad particular de quien exige disparates como quien proclama verdades incontestables, pero sí que ciertamente que me preocupa que al menos, se puedan aportar réplicas que desmonten "en vivo y en directo" una forma de pensar que no es exclusiva del invitado de ayer, ni mucho menos.

- La idea de normalidad en la convivencia. El militante de ERC, que tenía familiares en el Bierzo y en otras zonas de España comentaba que no existían ni disputas ni problema alguno con la independencia en la convivencia. Para ello recurrió a un manido recurso maximalista en el que "demostraba" que los catalanes no se están peleando en las calles ni en las casas por política.

En Cataluña siempre ha existido un velado o tácito acuerdo de consentir la hegemonía nacionalista como requisito de mínimos. En Cataluña han habido unas elecciones generales en las que una coalición era la abanderada de la independencia (Junts X Si), otros partidos la descartaban abiertamente con sus particulares soluciones alternativas (Psc, C's y PP), y otros dos pujaban por ideas radicales de izquierda, situados unos en el sistema y fuera del sistema (Podem y CUP). Pese a ello, si se salía a la calle, lo normal, lo corriente era ver manifestaciones y símbolos de los que han votado a Junts X Si por toda la geografía catalana y en espacios públicos o incluso ayuntamientos. Ante semejante presupuesto aceptado, debe admitirse igualmente que los jueces que deben determinar lo que está bien y lo que no y de qué manera, son los votantes de Junts X Si porque sus esteladas intocables y el dominio de toda su parafernalia, propician que los discrepantes asuman resignadamente en silencio dicho dominio que se constituye en normalidad "democrática". Ello empero no evita que existan discusiones entre familias, que las hay o focos de tensión donde antes no existían. La clave aquí resulta de que los no nacionalistas asuman su condición de silentes y postrados subyugados a los buenos catalanes que pueden hacer marcada ostentación y completo control de los medios públicos y privados.

- La idea de que los responsables de la independencia son los poderes del Gobierno y sus medios de comunicación. De nuevo, el militante de ERC tiró de tópico responsabilizando a los contertulios de que se promueva la independencia. Esa idea ha calado muy profundamente en la sociedad catalana (e incluso fuera de ella), y el programa televisivo de ayer no ayudó particularmente a desmentirla sino todo lo contrario, vino a reforzar el argumento nacionalista ad hominem del que el PP se ha hecho merecedor y principal encausado. Así, mantener el silencio o no responder en esta cuestión es como postularse como negligente ante la causa independentista, dado que es una de las claves, sinó la razón principal por las que nos hallamos ahora mismo ante semejante conflicto.

En primer lugar, admitir la responsabilidad de "Madrid" en la radicalización nacionalista implicaría sentar que Pujol no tenía un propósito dirigido a un fin y del que se valió de todos los resortes posibles para llevarlo a cabo. Al contrario, supondría que el nacionalismo ha "jugado" sus bazas pensando en su implicación con el resto de España, pero que ha declinado por culpa de Madrid. No en vano, los puentes tendidos al nacionalismo han sido notorios y el mismo Aznar con mayoría absoluta ofreció ministerios que fueron rechazados para continuar con el doble juego que ha caracterizado al nacionalismo.

También supondría que las políticas de normalización no tenían más objetivo que el aprendizaje, cuando lo cierto es que la principal finalidad ha sido copar el uso del catalán sobre el castellano como lengua vehicular arrinconando todo lo que tenga relación con el resto de España. La importancia de impartir el catalán a niños desde su más tierna infancia conlleva una identificación que es alternativa y no complementaria y que consecuentemente busca escoger entre dos opciones: españolidad o catalanidad. Se elude la riqueza cultural por homogeneización política. Existen manifestaciones de Pujol en su fundación que no esconde la importancia de los medios de comunicación de masas para extender la idea de nación y el avance de un proceso continuado. No se puede aceptar en modo alguno la elusión de la responsabilidad de los nacionalistas cuando son ellos los que vienen siguiendo a pies juntillas una hoja de ruta dirigida a un fin.

Igualmente, es absolutamente lógico que el joven aceptara el tópico de responsabilidad ajena dado que los medios de comunicación catalanes, con La Vanguardia y TV3 a la cabeza, han copado en sus portadas día sí y día también, todos los casos de corrupción y aspectos negativos de la política española mientras al unísono se han distraído los que deberían ocupar el interés de la prensa local. La descomunal corrupción catalana, el amiguismo y las enormes influencias sabidas entre el empresariado y buena parte de los profesionales liberales que se han relacionado en diversos sectores con lo público, han permanecido ignotos e impunes con la complicidad manifiesta de todos los actores implicados. Para ello, se ha buscado al PP como rey sol que deslumbrara e impidiera ver más allá de su "abyecto" papel en Cataluña. Si se fijan, Enric Juliana, cabeza visible del rotativo barcelonés no esconde la responsabilidad del PP en el recurso ante el TC del Estatut, de modo que recoge el guante de esa manera de hacer tan típica de la manipulación mediática: repatir para fuera erigiéndose en juez por encima del bien y el mal junto a la población lectora que se suma a su causa disfrutando de los privilegios de sentenciar a los demás como causa de todos sus males. Eso sí, todo dicho con moderación, mucha moderación. Receta maravillosa e intemporal que permite eludir la responsabilidad propia en toda decisión a la vez que faculta autoridad para determinar quién o quiénes son los culpables de todo.

Pero no existió nada de eso. El militante articulaba muecas y caras de estupefacción como si realmente se hallara en otro país. País en el que se hubiera sentido muy cómodo en cualquier televisión, pública o privada en el que una mayoría similar en frente sería de su cuerda, pese a que más de la mitad de la población ha rechazado sus postulados en las urnas. Esa diferencia tampoco se hacía constar porque la idea de país varía en función de la réplica o los intereses y podría haber contestado la misma razón que aluden para permitir solo dos horas en castellano: hay televisiones que pueden ver que son en castellano.

El militante republicano se fue con la misma cerrazón que había venido si no más y desde el plató de La marimorena parece que el hecho de disponer de la fuerza del Estado convierte la disputa en un mero acicate más para elevar las audiencias sin necesidad forzosa de ponerle remedio. A fin de cuentas, los independentistas no van a conseguir nada, puede verse tentado a pensar uno, por ello no hay que molestarse demasiado en dar argumentos y cuántos más mejor, solo mantener la posición y el bando. Y es que la pregunta que deben hacerse los no nacionalistas es ¿Hasta qué grado de odio o desprecio se ha llegado para preferir pactar con la CUP antes que dar su brazo a torcer por España?

La displicencia o el desdén es el peor golpe que se pueda proferir y es y ha sido históricamente la fuente de todas las rebeldías y revoluciones. Ignorar los porqués nos lleva indefectiblemente tarde o temprano a preguntarnos nuevos cómos y porqués, pero para entonces ya es tarde.

martes, noviembre 24, 2015

El bucle

La originalidad en el ser humano no existe. No como presupuesto genérico aplicable. Repetimos la historia incensantemente como en un bucle interminable en el que, eso sí, podemos llegar a distanciar los tiempos entre una etapa y otra, pero finalmente acabaremos arribando a la siguiente como un tren a su estación.

Desde ese principio deprimido y dramático tras un conflicto previo de colosales dimensiones, vamos otorgando a los logros un precio desorbitado tasado en el consiguiente esfuerzo que nos lleva a cultivar valores elementales y fundamentales que se van transformando con el tiempo. Son momentos de lucha por abrirse paso entre sujetos que quieren abrirse paso y cada uno da ese paso en función de lo que mama en su entorno hasta sus últimas consecuencias, con palabras o con fuego. Son momentos de audacia, héroes y espabilados que destacarán en el juego de iguales demostrando empíricamente cuan diferentes somos los unos de los otros y cuan iguales al mismo tiempo. El progreso es continuamente ascendente pues desde la miseria, un mínimo avance ya supone lograr el doble de lo que existía. La comparación actúa inexorablemente en nuestros juicios y un pequeño éxito al lado de la nada describe un coste de felicidad en franca rebaja. No hay tiempo para depresiones o lamentos. La lucha es a cuerpo descubierto y los que pierden no les queda ni para el llanto, simplemente fenecen sin lágrimas.

Pero la cuesta comienza a disminuir su pendiente y la disyuntiva vida o muerte se torna en respetabilidad o falta de ella. Los pícaros se han domesticado y ya no hace falta engañar o algo peor para hacerse con unos zapatos o un panecillo, pues ya existen medios para que al menos, una gran mayoría tenga para eso y para algo más, y ese "más" abre paso al comercio, a la aparición de clases medias que ya no se preocupan por cruzar la calle indemnes. Ya pueden mirar a lo lejos, escudriñar esos sueños con forma de bote de cristal, cajita de latón o plástico o hucha improvisada. La receta de la superación da resultados. Trabajadores y vagos quedan a uno y otro lado de la acera sin el menor atisbo de empatía entre ellos. No en vano, siempre existen los que prefieren continuar su senda como una patología de transmisión genética y, ya sea con harapos o con chistera, deciden no abandonar aquello que siempre han sabido hacer mejor: aprovecharse de los demás para colmar la frustración que les ocasionó un trauma paterno no resuelto. En toda fase de nuestra historia existen los aquejados del "complejo de eterno primo" que, pertrechados con un corazón de plomo y un cerebro sesgado por la paranoya, viven su vida en una trinchera permanente de ataques y puyas soterradas y subrepticias que jamás acaban de colmar una sensación de triunfo en ellos, pero sí que dejan víctimas por doquier entre sus conocidos y desconocidos. Sin embargo, entre la inevitable tara de los afectos y desafectos humanos, los sensatos empiezan a postularse en mayoría. La comparación ha obrado en ellos unos principios sólidos constatados tras jornadas de duro trabajo y superación personal. Los traspiés quedan solo en eso y las zancadillas no pueden derribar a nadie fácilmente. El contagio por crecer empapa a los hijos sin necesidad de estrategias psicológicas. Lo normal empieza a ser lo más parecido a lo justo y en esta etapa, el sentido común sí es el más común de los sentidos. La valoración de la felicidad se mantiene en un equilibrio. Nada es gratis, no hay hijos demasiado cebados y los enclenques son personas muy nerviosas o asténicas, no existe la anorexia. Existe optimismo por mejorar y razones para creer en el optimismo. Empieza a crecer algún matojo en forma de buhonero que con golpes de efecto y gestos circenses publicita recetas para el triunfo impaciente.

Los hijos de los hijos empiezan a discutir lo que han hecho sus padres, sus logros y sus ausencias por un sueño que nunca llega a tocarse del todo aunque se haya cumplido plenamente. Los objetos que adornan el hogar convierten los bienes esenciales en algo descontado. El alimento de las mentes ya no se ingiere ni tiene que ver con la familia, sino con aspiraciones muy personales que relatan atajos recreados. El triunfo ya no es el qué sino el cómo. Los antes despreciados buhoneros comienzan a tener presencia y sus relatos son los cuentos de los infantes arropados entre las sábanas más suaves, los colchones más mullidos y las almohadas más confortables. En el momento de comparar, uno tiene ya tantos bienes, tantas cosas a su alrededor, que no ya la felicidad sino la mera satisfacción empieza a suponer un coste demasiado elevado del que uno, ignorante de la coyuntura, está dispuesto a pagar el precio que sea por la dosis. El cambio generacional se acentúa y lo lúdico comienza a instituirse en un derecho capaz de rivalizar con todo y también de usurparlo todo para quedarse. El pensamiento trata de satisfacer la demanda y comienza a pregonar que no hay que pensar, sino actuar adquiriendo sensaciones que le hagan a uno más feliz. La sociedad se vuelca con el "quiero más" y los noes empiezan a sonar autoritarios por lo que los síes abanderan el buen rollo y la imagen de una juventud protagonista por romper. Destrozan la anterior generación llamándola barrera y entre ellos y sus comerciantes de bienes para la felicidad, marcan el terreno de una sociedad dispuesta a decir lo que qieren oír. Los niños caprichosos y consentidos dan paso a los adultos caprichosos y consentidos que disponen de millones de derechos para la queja contra enemigos circundantes que deben ser eliminados y ninguno para desenvolverse con sensatez. Es el tiempo de la risa, de la emoción desbordante, de la empatía....y de la manipulación a base de todas ellas. ¿El objetivo? Consumir bienes, ideas, ideologías, cantinelas o lo que haga falta. La moneda del futuro es el número de personas, las cabezas de ganado con las que enarbolar revoluciones y cruzadas de autodestrucción.

La decandencia es un hecho, la trifulca entre pares es el chute adrenalínico por ocupar un espacio en la propia vida y en la de los demás que solo se apacigua con un enemigo mucho mayor en la comparación. Alguien cuya referencia obliga a volver a los inicios. Es entonces cuando éste aparece, liquida todo y..... vuelta a empezar.

jueves, noviembre 19, 2015

No a la guerra

En esta vida cada persona se rige por un criterio, pero muchas veces existen personas que, por no tener suficientemente cultivado el suyo, ya sea por defecto o por exceso de estudio o más probablemente por una incapacidad estructural, delegan en el criterio de otros sus decisiones y tomas de posición simplemente con una adhesión, inquebrantable hasta el suicidio en los casos más radicales, pero adhesión a fin de cuentas.

La falta de criterio propio lleva a actitudes radicales que solapan el filtro de la razón y es entonces cuando la vísceralidad acaba tomando las riendas de todo el conjunto con un aprendido mensaje que parece disponerse como bálsamo contra la propia frustración material e intelectual. La gente sin criterio propio supera con mucho a los que lo poseen y es muy fácil cometer el error de pensar que un abnegado y obstinado consumidor y cumplidor de criterios ajenos hasta el liderazgo puede efectivamente confundirse con una de esas personas que cavilan causas y consecuencias por sí mismas. No en vano, para tener criterio propio es necesario afrontar cualquier desafío dialéctico o ideológico sin renunciar absolutamente a nada sin tomar la réplica sistemática como un argumento, pues lo contrario es buscar resquicios y hacerse trampas para superar las incómodas razones en contra. Nada empero, hay infalible, todo conlleva unos efectos secundarios, pero existen criterios en los que la solución es mucho peor que el problema que se pretende evitar y solo la testarudez sino el fanatismo o el apego de grupo actúan como cerril subterfugio que "empodera" a sus partícipes.

El tema del criterio de las personas es irresoluble ya que entre las distintas idiosincrasias están los que necesitan guías vitales para depositar su desorientada voluntad en sus manos. Luego solo hace falta creerse autónomo y capaz pese a ejercerse como loro de entelequias memorizadas presto a la respuesta como un resorte. Cerebros de loros u ovejas con extremidades hábiles para golpear y bocas solícitas a la réplica o incluso al improperio. Soldadesca diligente para actuar por su general a cambio de un golpecito en la espalda y muchas miradas cómplices. Consciente soy por tanto de que la historia no va a cambiar, pero al menos se pueden ofertar criterios mejores o tratar de minar los cantos de sirena que ofrecen los fatuos.

Es cierto que el prólogo es aguerrido, pero es que la estulticia es la más taimada de las amenazas y por mucha palabra que empuñe, nada podrá hacer contra ella. Toda una declaración de intenciones.

La guerra de Irak y España

Como rasgo endémico que ha caracterizado al PP, las razones esgrimidas para acudir a la cita de las Azores en primera persona, o han quedado diluidas o nunca han llegado a tener una oportunidad de llegar a destino. Quizás con el escudo que proveé el paso del tiempo en la mitigación de la vehemencia y la perspectiva menos implicada en la distancia pueda explicar el porqué del sí a la guerra de Irak a la vez que poner de manifiesto el gran error geoestratégico que supuso, no ya únicamente el objetivo de derrocar al tirano, sino el modo de hacerlo.

El pasado viernes 13 de noviembre vivimos una de esas citas que se caracterizan por dar un salto en la historia a sus partícipes, voluntarios o no. Una serie de células terroristas sembraron lo único que saben hacer por las calles de París dejando un riego de cadáveres que horas antes "amenazaban" el Islam por el mero hecho de vivir sus vidas en libertad. No hay explicación humana y menos divina que soporte este sinsentido, pero el daño y el dolor cubrieron Francia como no lo había hecho en mucho tiempo. La analogía comparable con sus evidentes diferencias se vivió en Nueva York el 11-s del 2001. La reacción del presidente socialista François Hollande con el apoyo del resto de fuerzas políticas galas no se ha hecho esperar y sus discursos no rechazaban la pátina belicosa en respuesta a tamaña afrenta. Al poco tiempo, ya sobrevolaban aviones con bombas para descargar en el Daesh.

Francia es una nación fuerte y con orgullo de sí misma, pero no lo es menos EEUU, primera potencia económica y militar del mundo que fue golpeada del modo más hiriente en el corazón de su sistema financiero y hasta en la sede de su Inteligencia militar causando la muerte a casi 3000 personas y más de 6000 heridos, menos que las 2400 bajas y más de 1000 heridos que suscitaron en Pearl Harbor la entrada de los americanos en la contienda mundial. Tras un atque de esas dimensiones a la mayor potencia mundial no cabe en el intelecto humano estadounidense y no estadounidense, nada que no sea algún tipo de reacción cuanto menos a la altura de lo que se suponía eran los EEUU. No estoy entrando en disquisiciones obre la justicia de los hechos ni en pormenores. Estoy afirmando que la necesidad de programar y proclamar un ataque a un enemigo responsable de su tragedia era una causa nacional insoslayable. Recuerdo que por entonces y mucho más con Bush, los europeos hemos sido parcialmente solidarios con las causas estadounidenses, de modo que aunque nos entristecíamos por su monumental dolor humano, a la vez no podíamos ocultar una importante distancia a la hora de empatizar con su causa, que en algunos casos se convertía incluso en reproche.

No comprendimos su situación y no acudimos como lo haría un grupo de aliados en apoyo al que realmente lo es. Constato unos hechos. Ese es un factor esencial para comprender parte de las razones de la división en la guerra de Irak. Francia ahora nos da una muestra de esa necesidad de responder ante un enemigo más claro que ha reivindicado sus crímenes con un territorio más o menos definido en el Daesh. Para acudir nada menos que a una guerra o a sancionar que otros la perpetren, uno debe estar mínimamente implicado y Europa no lo estaba, pero además tenía intereses económicos contrapuestos a los de EEUU en la zona. Eran tiempos de uso maniqueo de la contraposición entre la vía francesa o europea y la Atlántica como alternativas maximalistas que desembocaban, o eso pretendían hacer creer, en una vía diplomática contra otra belicista. Imaginen qué pensarían los estadounidenses después del atentado a las torres gemelas o los franceses tras el suyo en París.

Justamente el país europeo que ahora está siendo atacado fue en su momento la referencia más visible para oponerse al de EEUU.

Pero lo que nos importa es la decisión española y es por ello que he explicado la necesaria implicación de un país para apoyar a otro en una guerra, porque España había recibido de EEUU importante ayuda en su lucha contra ETA y las relaciones bilaterales, agrade o no, eran inmejorables, con el consiguiente beneficio que podía suponer para el país en la escena internacional. Otro tema es el grado de protagonismo personal de Aznar en la foto de las Azores, habida cuenta de que España no iba a participar con tropas armadas en el conflicto. La falta de proporción pudo bien ser reflejo de una vanidad personal que a veces supera la inteligencia de las decisiones y las condiciona a tal altura como si España hubiera participado en la guerra con tanques y destructores. Eso fue un error de falta de prudencia. El apoyo fue más arrogante que la humilde colaboración y eso pasa factura. En cualquier caso, como decisión de Estado y justa correspondencia a la colaboración material e institucional recibida de EEUU en nuestra lucha terrorista (que afectaba también a la consideración y denominación mundial de ETA como grupo terrorista y no de otra índole), hubiera resultado hasta rastrero declinar una participación en la causa de los americanos mayor que la torpeza de Zapatero en el desfile de las FFAA.

A partir de ese punto, la guerra en sí decidida por los estadounidenses fue tan estúpida como su necesidad de dar una respuesta apabullante en un territorio que pudiera sufragar su revancha gracias al petróleo, y ese no era otro que Irak con un Sadam Hussein que se estaba subiendo a la parra, pero que, como todos los dictadorzuelos de la zona, son perfectamente manejables a base de dólares, y eso no es una tontería al disponerse como muro de contención del radicalismo islámico y las sempiternas contiendas tribales. Pero no...Primero, acabaron con un obstáculo a la expansión de líderes salvapatrias que con la excusa de la Yihad podrían dirigir miles de almas rezando con un AK-47, pero al acabar o empezar a controlarse la guerra, no hicieron lo que ya era imposible: tratar de fortalecer un gobierno  a base de imponer a alguien lo antes posible y devolviendo la normalidad al país. El juego de equilibrios que lamentablemente fomenta un dictador se fue al traste y EEUU se convirtió en la maldición de un país para sus restos. En política y geopolítica, poco importan los problemas e incluso las mentiras como las armas de destrucción masiva, si el final promete mejora a lo que precedía. Nada más lejos.

España, ese diminuto país no tenía muchas opciones de escoger por coherencia y nobleza. La misma que la somete ahora con Francia o incluso menos ahora, pero eso no describe un final ni feliz ni acertado por la decisión. Tampoco los que se manifestaban con el no a la guerra, lo hacían por entender desacertadas las estrategias, sino que aplicaban la enmienda a la totalidad que les llevaría a seguir manifestándose el resto de sus vidas con independencia del partido que gobernara. Zapatero sí mantuvo soldados en Afganistan disparando con rifles y balas de verdad en defensa contra los talibanes que no fueron competencia de las tropas humanitarias que envió Aznar a Irak junto al buque hospital. Yo no critico la decisión del socialista pero tampoco lo han hecho quienes en tiempos de Aznar se convirtieron en los más agresivos y contumaces defensores de la "paz".

La primavera árabe

Cómo recuerdo la discusión que mantuve con una amiga irlandesa licenciada en ciencias políticas, progresista y feminista declarada, que se congratulaba porque los norte africanos se sacudían el yugo de la opresión y así lo vendían especialmente los medios de su cuerda. La cautela no parecía ser una opción y Hosni Mubarak o Gadafi, que tantos años de dictatorial estabilidad habían permitido, parecía que pasarían a reunirse con Sadam Hussein en el club de los poetas muertos. Yo me exclamaba por lo de siempre: dejarse llevar por las bellas palabras y confiar que todo es un movimiento espontáneo de una población harta sin más. Mis temores son las actuales realidades y los que apoyaron la estación primaveral, medios y grupos políticos, ahora siguen fomentando esa falta de criterio regalándonos continuamente sus negligentes y/o sectarias opiniones.

http://reflexiones-de-un-excentrico.blogspot.com.es/2011/03/la-similitud-de-espana-con-los-paises.html

Parece que las decisiones geoestratégicas y geopolíticas tomadas en los últimos años, o bien abonan que en el mundo se está imponiendo la falta de criterio o quien tiene criterio realmente pretende acabar con este mundo.

miércoles, noviembre 18, 2015

Las muchas ganas

En el periplo de la vida, cada persona suele defender o postular unos principios o incluso una ideología en razón al contexto que le rodea, tanto el exterior y recibido, como el interior y percibido, de tal modo que parece lógico que las defensas de las particulares visiones de las cosas no sean a fin de cuentas más que deseos personales que toman con mayor o menor rigor, razones para sostenerlos. Razones o argumentos que pugnan con ese deseo personal para afirmar el fin.

Cuando una persona o grupo piensa en que es objeto de una injusticia, suele plantear la causa en razón a su situación conectándola con lo que dicha persona o grupo entiende que debería ser la solución para terminar con la injusticia que le afecta, pero las muchas ganas que tiene esa persona o grupo, el ímpetu de sus reivindicaciones, bien puede someterse exclusivamente a su propia causa sin entender que las más de las veces existen compromisos de injusticias adyacentes que nunca podrán satisfacerse o resolverse al unísono, porque de hacerse, se sancionaría como principio aplicable una injusticia global.

Eso por ejemplo sucede con todos esos regímenes que justifican la falta de libertad y las medidas coercitivas para promover un igualitarismo entre sus ciudadanos lo quieran o no. Se está superponiendo las muchas ganas de unos por eliminar la injusticia de partida y sentar una global que afecte a todos como bálsamo apaciguador de los insatisfechos, y en ello siempre hay que observar la comparación cierta que dibuja un país de injusticia o un país con gente que clama por su injusticia. En resumidas cuentas, la lógica de las decisiones políticas sobre las poblaciones requieren un manejo de muchas variables contempladas, que las ganas, el deseo personal y maniobras de propaganda con eslóganes bien sonantes, lejos de promover soluciones, lo único que acaban haciendo es enfatizar un presupuesto emocionalmente atractivo para superar el resto e imponer una injusticia mayor y global. Ese es el riesgo o mejor dicho, el problema que está afectando entre otros a España y muy particularmente a una juventud ávida por ser protagonista de sus propias vidas y que no duda en manifestarlo.

Es cierto que ese vigor juvenil era imprescindible para acometer reformas que los cebados y patricios próceres de otros tiempos no estaban dispuestos a alterar, pero sin menoscabo de ser juiciosos y rigurosos con la corrupción de las personas, las ostensibles y las anónimas, también hay que poner en valor en la comparación lo que hay a un lado de la balanza, lo que hemos conseguido tras siglos de verdaderas injusticias globales, luchas e inestabilidad. Eso, las muchas ganas lo pueden tirar perfectamente al traste.

Y es que vivimos la mayor lacra intelectual en el tiempo de internet y la globalización, intelectual no por la capacidad de aprender conocimiento, sino de expresar verdaderas enseñanzas sobre el mismo que acoten los deseos y no los promuevan como herramientas que acaban subyugánonos. Es como si muchos jóvenes y no tan jóvenes descubrieran el chocolate del loro y tuvieran la solución a todos los males y lo único que se atisba son reafirmaciones personales en torno al grupo, crecimiento propio a costa del protagonismo en la barricada y la sensación hedónica y gratificante de creerse un juez justiciero que arroja su cruzada contra la taimada oligarquía. Es fundamental creerse eso para adoptar el papel correspondiente y justificarse o premiarse incluso por ello.

Y claro en esta vorágine de hormonas y expectativas recreadas e insatisfechas apunte usted a la moderación y al pensamiento lógico sobre las numerosas variables que intervienen en una sociedad por la interactuación de sus ciudadanos. Al final, lo peor que puede suceder es que los que tienen muchas ganas, lo demuestren tan denodadamente que van sometiendo a los moderados que enarbolan su consenso como justificación a su impotencia o excusa de su miedo, y así el radicalismo de las muchas ganas va ocupando el espacio de la referencia en sociedad. Llegados a un punto los que tenían muchas ganas acaban consiguiendo su entelequia que no es otra que batir a la otra parte y empieza a surgir las muchas ganas en éstos. A partir de aqui...

martes, noviembre 17, 2015

Las arenas movedizas de la política

Una de las servidumbres o la Servidumbre que tiene la política es que está supeditada a la iniciativa personal y los apoyos que dicha iniciativa tenga de personas y/o grupos afines. A partir de ese presupuesto de mínimos, la creación y crecimiento de un partido político se justifica, no necesariamente por el contenido y calidad de los ideales propuestos, no por una visión realista o aplicable de los mismos, no por demostrarse válida para generar bienestar entre la población, nada de eso, el requisito es lograr el mayor número de seguidores posibles. Con ese factor, el líder o dirigentes del partido pueden crear su propio camino para el global que no tiene por qué coincidir con el camino aceptado por la mayoría de la población e instituido por medio de normas. Recordemos que hablamos de partidos políticos que pretenden gobernar al total, no a grupos o asociaciones particulares o privadas que desarrollan sus afines iniciativas entre quienes voluntariamente se han suscrito. Y si bien puede ser cierto que un partido político debe someterse en un principio a los valores democráticos imperantes regulados por sus leyes, eso puede cambiar si la popularidad alcanzada es lo suficientemente significativa para generar nuevas tendencias capaces de alterar los principios ya establecidos.

Con esta introducción pretendo decir que, en cualquier sistema político democrático pueden llegar a suscitarse movimientos en forma de partidos políticos con ideas antagónicas con la propia democracia formal o incluso que, aun no siendo antagónicas porque se instituyen por los cauces legales y democráticos pueden degenerar en partitocracias cuyos valores esenciales son la defensa del propio partido por encima del país intentando confundir a uno con el otro.

Es verdad que hablo de presupuestos y límites, de tal modo establezco que una democracia puede derivar a estadios poco compatibles con su idea y espíritu y no por ello dar por sentado que deba ocurrir. No obstante, puede ocurrir. Sin ir más lejos está ocurriendo en Cataluña y ha ocurrido en otros casos como el venezolano o con Hitler que no llegó a ganar sus elecciones a la cancillería pero acabó siendo canciller. Y es que la historia, solo nos sirve para crear estigmas y no enseñanzas flexibles con las que tomar decisiones adecuadas o evitar repetir episodios análogos.

Todo recuerdo de una situación pasada tiende a guardarse de forma muy elemental, ya sea en positivo, idealizándolo, o en negativo, estigmatizándolo. Todo en razón a las afinidades o desapegos que obren en las personas en relación a esas rémoras. Así, en vez de tomarse la auténtica enseñanza, nos dedicamos a etiquetar la carga emocional que suscita la memoria de los hechos y a partir de ello procedemos a generar presión social.

La presión social es el uso maniqueista que se hace de la memoria para establecer prejuicios y estereotipos con los que mantener bajo control a los grupos. Ambas palabras: prejuicios y estereotipos están cerradas en su significado, pero las dos son producto de la misma función en el cerebro: recordar un cúmulo de vivencias cuya característica en común lleva a establecer una conjetura con la que dotar a la persona de elementos de juicio para cuando se vuelva a enfrentar a una situación parecida. Todo el mundo sin excepción acumula en su cerebro una información de hechos pasados, pero difiere su expresión o su utilización en base a que la persona tenga una configuración determinada.*

Y poco a poco vamos llegando a la construcción de denominaciones que acaban teniendo un peso en la población mucho mayor que su propia semántica, un peso emocional con el que definir positivamente o negativamente al sujeto en cuestión por un grupo social:  diálogo, paz, guerra, democracia - demócrata, principios, inmigración, liberal, conservador, fascista, plural, objetivo, social, económico, radical, anti-sistema, nacionalista, catalanista, independencia, leyes, constitución, valores, principios, ideología, república, dictadura, racista, xenófobo, machista, terrorista, progresista, público, privado, solidaridad, colectivismo, igualdad, libertad, etc. Todas esas denominaciones y muchas más cumplen una función política o partidista de control social, actúan como perro pastor que reúne a las ovejas en el redil o las lleva a despeñarse por el acantilado.

Por todo ello, las palabras o las ideas en política suelen ser rehenes de la presión social instituida y no de la correspondencia causal que abona a la lógica. Lógica que cuando más cartesiana es, más puede incomodar a quienes desean escapar de su cerco por los vericuetos políticos que permiten superar la razón por el factor cuantitativo de los apoyos sociales y el factor de presión de la memoria emocional.

Bajo esos "mantos" uno no necesita ser especialmente locuaz o deberse a la realidad, pues con ensoñar un presupuesto idealizado que reciba el apoyo popular suficiente se podrá instituir como una fuerza política cuya justicia solo responda a los deseos del grupo. En ese punto, si existen dos o más partidos y uno de ellos recibe un seguimiento y apoyo significativo, de poco importará que sus motivaciones y actitudes resulten poco beneficiosas para el global o incluso antagónicas porque los apoyos determinarán la "justicia" de su causa en la que ellos se juzgarán como jueces y parte. Qué demonios, estoy diciendo que un partido político con mayoría suficiente puede hacer lo que le salga en gana sin deberse a nadie más que a ellos mismos. Por ese motivo, los partidos radicales que juzgan a otros con un rasero y se muestran inmisericordes en su juicio, a la hora de gobernar ellos, son indulgentes y hasta altaneros con situaciones que en otros eran inadmisibles. Lo son porque el compromiso que asumen, no lo es con el país o la idea de bienestar global, sino con el partido y los afines que les apoyan. Así es como, si los partidos radicales no encuentran oposición firme, pero los moderados transigen o ceden por una idea de presión social que les lleva al consenso y consecuentemente a claudicar en sus principios, el avance del radicalismo se tornará en inexorable porque caminará en una única dirección. Es como jugar a un juego en el que solo unos cumplen las reglas y otros pueden saltárselas para conseguir ventaja.

* Sostengo que existen tipos de personas que difieren en la expresión de los recuerdos por el modo de almacernarlos y la implicación emocional que toma el individuo al adquirlos. Hablo de categorías de sujetos que en función de la morfología de sus estructuras cerebrales se corresponden unos rasgos de personalidad. Por tanto no obedecería a un aspecto volitivo producto de una decisión consciente, sino como consecuencia de una estructura cerebral innata determinada. En razón a ello, la personalidad vendría definida por la manera que tenemos los individuos de adquirir y almacenar los recuerdos. Es más, se toma al indivuduo "normal" o sano como alguien que debe olvidar un porcentaje elevado de sus datos con objeto de mantener una eficiencia energética, pero existen personas, que podrían puntuar alto en neuroticismo y susceptibles de algún trastorno psicológico, cuyos recuerdos pueden resultar recurrentes y no en todos los casos estrictamente poco adaptativos, sino generadores de ideas vedadas a otros tipos. Es lo que denomino la servidumbre causal biológica que establece un anverso y un reverso de cualquier capacidad hiperdesarrollada. En definitiva, la capacidad perceptiva de los individuos define el grado cuantitativo y cualitativo del subsiguiente almacenamiento de los recuerdos experimentados y desde ese punto de partida, toda la personalidad de los individuos.

lunes, noviembre 16, 2015

Conflicto en el siglo XXI

En el momento presente somos testigos de una escalada de tensión y violencia a nivel global que viene a afectar a toda la civilización y que se está extendiendo como un agresivo cáncer. La tercera guerra mundial llama a las puertas de nuestra casa cuando nos hallábamos a la gresca con el golpe de estado nacionalista catalán.

Y es que la palabra comodín que bien define todos los frentes fue escogida acertadamente por Artur Mas: conflicto. Palabra que recoge todo el proceso que se vive desde el comienzo (3), desarrollo (4,5), hasta la conclusión (1, 2, 6) si no se le pone remedio a tiempo .

Según la Real Academia Española de la lengua: Conflicto.

 Del lat. conflictus.

1. m. Combate, lucha, pelea. U. t. en sent. fig.
2. m. Enfrentamiento armado.
3. m. Apuro, situación desgraciada y de difícil salida.
4. m. Problema, cuestión, materia de discusión. Conflicto de competencia, de jurisdicción.
5. m. Psicol. Coexistencia de tendencias contradictorias en el individuo, capaces de generar angustia y trastornos neuróticos.
6. m. desus. Momento en que la batalla es más dura y violenta.
 
 La diferencia fundamental de nuestra época respecto de anteriores radica en la incidencia de tres factores que no existían o que de hacerlo resultaban en mucho menor grado: internet, globalización e inmigración.

Los tres actúan como catalizadores, como vías de expansión constante que van dibujando panoramas permanentente cambiantes. Internet fue el germen de la globalización entendida en todos sus planos: económico, ideológico, social y cultural, y la globalización esculpió un mundo más pequeño o mucho más accesible en el que los países más cerrados, diferentes o endogámicos veían como una amenaza la presión en todos esos ámbitos de los países con mayor capacidad de expansión e influencia. Por causa de la globalización, aparecen las pugnas por la homogeneización, la guerra por imponer paradigmas propios a terceros países y a su vez a territorios más extensos. Es la guerra por la propiedad de la información y el poder que otorga su influencia. Esa influencia produce en los habitantes expectativas y sobre las mismas se generan movimientos migratorios de personas que pretenden cumplir las expectativas creadas. Al final, la globalización produce un mercado de ideas, bienes de todo tipo, creencias, cultura, relaciones e información que incita a los países a replegarse cada uno a su manera para filtrar aquellos aspectos que consideran más invasivos.

La inmigración, toma precisamente en las personas el mismo principio acuñado a la globalización respecto de los países, es decir, cada perfil adopta un filtro mayor o menor en función de su impronta de origen y las particulares idiosincrasias personales, de modo que existe inmigración que acaba integrándose en el lugar de destino por una "compatibilidad objetiva" de principios, mientras que existe otra que establece una "embajada" de su país dentro del país de destino, que en lenguaje llano vendrían a ser los guetos de culturas incompatibles y que solo las idiosincrasias personales pueden superar. Esos casos, lejos de tener solución a nivel global, crean un efecto bola de nieve con el paso de las generaciones, ya que el contacto directo que obliga a interactuar puntos de partida tan distantes, va generando desconfianza mutua, segregación, prejuicios adquiridos y odio latente que pueden ser explotados si surge voluntad y una causa común identificable.

El problema más importante entonces aparece entre el mundo occidental por el buenismo o la constante que da sentido a éste y a los diferentes romanticismos que, como cualquier otra influencia susceptible de globalización, acaba calando en partes significativas de la población. Estos ismos son causas como tales, intangibles, y por tanto que no buscan el bien material o aplicable en las personas, sino que actúan como una causa ideológica que contrapone: a un presupuesto de expectativas incumplibles que proponen al ser humano bajo unas premisas utilistas para el paradigma, unos sujetos o grupos que se disponen como aparentes obstáculos para la consecución del fin y que, dado que el fin es idílicamente bueno, los contrarios son inequívocamente malos y por tanto justificable la lucha contra los mismos. De tal modo, las ideas anarquistas, antisistema o de izquierda radical o simpatizantes con presupuestos utópicos basan la motivación fundamental de su existencia en la misma constante que abona todos los conflictos y que no es otra que el enemigo objetivable.

Al final las cruzadas románticas son asociaciones entre un presupuesto utópico y la asignación de sus obstáculos como enemigos objetivos cuya lucha viene a habilitarse por los líderes que otorgan el correspondiente derecho de acción y justificación.

Estos movimientos suelen proliferar cuando se producen crisis sistémicas tras períodos consistentes de bonanza, de modo que acaba calando una idea de frustración entre unos sectores de la sociedad que dejan libres unos resquicios en los que poder implantar ideologías de revancha o resarcimiento a sus frustraciones dirigidos a apuntados a los enemigos objetivos causa de todos sus males.

La constante es común a todos los conflictos sociales sean o tengan un origen económico, cultural, religioso o ideológico. Hablemos de Islamismo radical, secesionismo, grupos de izquierda o derecha radical o antisistema, la imposición de su visión toma una causa y un efecto que nada tienen que ver con lo que en todos los casos proclaman: ni el buenismo provoca bondad, ni los sistemas igualitaristas consiguen igualdad, ni los estados religiosos llevan a hacer mejores personas a sus ciudadanos, ni el nacionalismo o independentismo genera beneficios objetivos para su territorio. En todos los casos la idea de conflicto es su motivación para seguir existiendo cada cual con su alcance en el empleo de medios para conseguir el fin.

El presupuesto psicológico de los conflictos es el mismo que ha acompañado a la humanidad desde sus inicios, pero los factores específicos de nuestro siglo favorecen la expansión de las zonas de conflicto por acercar los límites de influencia y por tanto la consiguiente reacción defensiva que suele degenerar en actitudes paranoides crónicas.

En el peso de cualquier causa o cruzada, siempre tiene mucho más peso en la motivación, la posición contraria o el supuesto estorbo u obstáculo, que la consecución del objetivo final que suele ser un intangible idealizado. Hitler y su aparato de propaganda lo sabían (Mein Kampf) y por ello basó como trasfondo ideológico del Tercer Reich, el odio cerval a los judíos y los países que derrotaron a Alemania en la primera Guerra Mundial. Hagan el cálculo correspondiente y asignen a cada modelo generador de conflicto su correspondiente enemigo objetivo y verán que todos tienen el suyo. Por supuesto, el deber de los "conflictivos" será pregonar su libertad de decisión hacia la consecución de su ideal, pero a fin de cuentas, si quiere odiar a alguien más que amar un sueño, póngalo o póngaselo entre usted/es y su sueño. La razón ya será lo de menos, solo contarán las muchas ganas por conseguirlo cueste lo que cueste, y de ahí al disparate, la maleabilidad de los argumentos y la voluntad política que superará la lógica "cartesiana" (que diría Margarita Sáenz Díaz, periodista) e impondrá la propia voluntad a base de hechos consumados que traspasarán las normas dadas por todos.

Es el establecimiento de un continuo denominado conflicto, cuyos extremos van desde la generación de tensión hasta la justificación de la violencia y la correspondiente auto exoneración (sinó recompensa) para la obtención  del objetivo.

Sin sorpresas: naturaleza humana.

jueves, noviembre 12, 2015

Personalidades históricas y personajes

Un problema endémico en nuestras sociedades surge por el mal aprendizaje que extraemos de la historia y de las personas excepcionales que participaron en ella. Podemos memorizarla y repetir lo que, según nos ha enseñado el modelo social dominante, es bueno y es malo, y desde ese punto ensalzarlo o denostarlo en franca afinidad grupal, pero permanecemos con la misma ceguera que nos hace inhábiles para detectar personalidades extraordinarias en nuestro derredor antes de que nos vuelvan a avisar de que son únicos. Es cierto que podemos explicar quién fue Ghandi o Nelson Mandela, qué supuso para tanta gente la madre Teresa de Calcuta y lo que consiguieron a fin de cuentas todos ellos, cómo levantó Churchill un país ante la adversidad, cómo inspiró a una sociedad Martin Luther King y tantos otros personajes que, y aquí está la consideración clave, por sí solos consiguieron alterar el rumbo de la historia.

El gran error que repetimos en bucle los seres humanos de manera generalizada consiste en no extraer las lecciones de las experiencias pasadas y anteriores, sino que ponemos el foco en la parte que nuestra particular sensibilidad trata de enfatizar, siendo lo común repetir partes como si fuéramos loros recitando una cantinela. Eso es producto de la lógica subjetividad que nos hace a todos clasificablemente distintos e inclasificablemente iguales . Eso es fundamental ya que las verdaderas explicaciones del porqué suceden las cosas son las fórmulas del conocimiento y no la simple memoria para evitar las experiencias negativas en un futuro o propiciar las positivas. Éstas vienen a ser las explicaciones y no mis explicaciones o nuestras explicaciones, sin perjuicio de que en algún caso pudieran coincidir con las acertadas. Las explicaciones son las que son y no las que deseamos que sean. Una tentación inconsciente a la que llegaremos casi en la totalidad de las ocasiones por indicación velada del grupo que vendrá a avalarnos en recíproco acuerdo.

Si se fijan en la foto que viste este blog verán que son rebaños de ovejas y si bien ello podría hablar de la necesidad de rodearme de bucólicas y campestres imágenes en contraste con el fulgoroso y estresante devenir urbano, en realidad no es más que la metáfora de la naturaleza humana. De esos rebaños en los que, dócilmente inmersos y uniformes, solemos sentirnos especiales y únicos entre el resto sin advertir en que no somos originales ni hasta en eso. Es cierto que existen lobos con piel de cordero y viceversa, pero ello únicamente obedece a las maneras distintas en que el ganado trata de sobrevivir y situarse entre el grupo.

Cuando venimos a referirnos a esas personas extraordinarias siempre recurrimos a la memoria de los momentos en que ellos o ellas eran ya parte o fuente de la historia, fueras de serie reconocidos cuyos rasgos más anodinos pasaban a merecer la consideración de sublimes y cada gesto, una hazaña a considerar. Pero..¿Por qué ese tipo de gente se prodiga tan poco? ¿Por qué son unos entre millones?

Para empezar, hoy en día una frase típicamente de rebaño es: nadie es imprescindible. Y puede ser cierto que existe mucha gente no imprescindible, relativamente fácil de reemplazar, prueba de ello es que transigen con dicho mantra sin cuestionárselo siquiera. ¿Podrá esa gente reconocer a gente excepcional antes de que demuestre públicamente dicha excepcionalidad? Definitivamente no, pero no solo eso, esa gente será el escollo y la traba a la gente excepcional, la regla que confirmará la excepción, y como regla son y serán la mayoría, los millones que acompañan a esa persona que luchará para abrirse paso y cambiar un entorno grupal que sigue sus raíles marcados por la confianza y la seguridad que les otorgan sus mutuos apoyos en asentimientos y negativas. Pero lamentablemente dicha gente también serán los más susceptibles candidatos a incondicionales seguidores de un personaje popular.

Además de las personas excepcionales en positivo capaces de cambiar el rumbo de la historia, están las que también dejaron una huella de caos y/o muerte. Personas que fueron conocidas en su proceso de gestación como líderes de masas alcanzando popularidad, popularidad basada en un elemento común a toda la masa que encerraba toda la potencia de este mundo: elemento con el que poder distraer la atención a sus verdaderas intenciones, a la superación de cualquier medio para llegar a su fin. ¿Y qué elemento era el que concedía ese poder para convencer a tanta gente y distraerla de la realidad y de las palabras trascendentales con su verdadero sentido? El que se vale de la vanidad y el orgullo humanos: aquél que delata injusticia por ausencia del reconocimiento que merecemos o que nos dicen que merecemos, el que nos sitúa como acreedores de otros que pasan a ser morosos de nuestra causa. El que nos describe como personas inherentemente mejores con conferida autoridad moral y social para exigir al resto lo que nos explican que podemos y debemos exigir.

Y es que la lógica causal es inexorable con sus argumentos. Fíjense: si hablamos de personas que son genuinamente excepcionales, estamos reconociendo que tienen una impronta diferente a la del resto. No coinciden con esa mayoría que tiende a reafirmarse o a buscar el apoyo entre la masa y que lleva a que tantos millones coincidan en pensar más o menos igual sobre determinadas consideraciones. Pero por el contrario, sobre los populares sucede justamente lo contrario, la masa es capaz de modificar su juicio con relativa rapidez para abrazar tesis que cada uno del total asume como dirigidas a su propia defensa ante otros. Nadie o menos gente de la que debiera, reconoció en Hitler a alguien capaz de cometer las más terribles fechorías, más bien al contrario, una masa aborregada siguió sus pasos y conformó una potencia mundial capaz de poner en jaque al mundo. A toro pasado, cualquiera es capaz de señalar al malvado dirigente nazi, pero eso no fue así durante su aparición y crecimiento, más bien al contrario, se producía un paulatino proceso de justificación del radicalismo por el gran objetivo. Lo mismo sucedió con quienes destacaron en positivo, debieron ir a contracorriente, superar fuertes trabas ideológicas o costumbres grupales, rechazos de confortables opinadores de salón que despreciaban la particular originalidad apoyados por su círculo social dominante. El diferente siempre es una amenaza a la homogeneidad y eso por sí solo no explica que sus razones sean mejores o peores, pero sabemos que los "cameladores" siempre emplearán las que incidan en el halago o la contraposición de un mejor contra un peor más o menos veladamente y los grandes hombres y mujeres deberán hacer su  particular travesía del desierto hasta conseguir instaurar una idea que pasa de amenazar la seguridad y autoestima en un grupo homogeneizado a proporcionarle una mejora objetiva de bienestar social.

Las personas excepcionales tienen una característica fundamental que las diferencia del resto: son intelectualmente autosuficientes. Fíjense que no estoy diciendo que tengan una personalidad capaz de ser inmune a la opinión ajena y menos que sean eruditos. Eso es otra cosa que nada tiene que ver con la formación propia de ideas y que solo habla de alguien que decide sin encomendarse al qué dirán, pero no tiene por qué describir la fundamentación autónoma de sus principios. Entre dos sujetos, uno empático y otro que no lo es, el primero puede escoger de su experiencia aquello que entiende le hará crecer a sí mismo y su entorno y lo reconocerá precisamente por ser empático y tener la capacidad de reconocer en sí mismo lo que percibirán los demás. Por el contrario, el no empático solo tomará decisiones dirigidas a su satisfacción hedónica o a colmar una deuda interior pendiente que pueden ir parejas con la voluntad de su entorno o precisamente estar tramadas para que, con la satisfacción del entorno se consiga el reconocimiento hedónico propio o se salde esa deuda interior.

La gran mayoría, en lugar de generar una serie de razonamientos esculpidos en la propia mente en combinación con las variables que operan en el contexto, suele adoptar desde su idiosincrasia los conocimientos como ofertas globales de obligada aplicación global y no la necesaria adaptación particular al caso que puede alterar en una parte o en el total el conocimiento adquirido y su lógica. Esas personas pueden ser estudiosos, catedráticos insignes y expertos almacenes de conocimiento adquirido, gente que obtiene su reconocimiento por lograr las insignias y condecoraciones que un sistema de aval recíproco necesita para dotarse de metas y jerarquías como una homologación bajo unas premisas validadas. Pero la mayoría de esas personas no son capaces de generar conclusiones en base a su propia percepción y forja de conclusiones de su experiencia, son meros probadores de hipótesis ajenas aprendidas. Es imprescindible que un ser humano excepcional pueda ser por sí mismo un experimentador racional que extraiga conclusiones acertadas en función del contexto y no un vendedor de teorías. Estamos rodeados y somos validadores de experiencia de estudios ajenos que se solidarizan y se sancionan los unos entre los otros y, por ser mayoría, determinan en función de su solidaridad condescendientemente negligente, quiénes pasarán a ser aptos y quiénes no. Es lógica por tanto la impronta "ganadera" de una masa que necesita de directrices para operar con el aval del grupo, pero todos necesitan al pastor de su rebaño al margen de que también lleven un aspirante a pastor dentro para juzgar gratuitamente al resto según sus limitados y autocondescendientes esquemas.

De ahí que las sociedades se forman por auténticos prejuicios que actúan como moduladores de la presión social y sobre la que los intelectualmente autónomos, no los aparentemente rebeldes o sencillamente contestatarios que repiten la misma bisoña rebeldía a través de los siglos, perviven solitarios (aun entre la multitud) y diferentes intentando mejorar a la clase humana pese a su más que denodada oposición.

martes, noviembre 10, 2015

Rajoy tras cuatro años de mandato III (y último)

Pero eso no es todo, el permitir que crecieran esas expectativas ha navegado al unísono con el hartazgo o tensión que han calado en el resto de España respecto de Cataluña. Tomando el islote de Perejil como ejemplo, gracias al cielo existió una rauda reacción, de lo contrario, además de propiciar el crecimiento de un problema hasta convertirlo en conflicto, las relaciones con Marruecos hubieran empeorado dramáticamente en comparación a cómo se hallan en la actualidad. Por ese motivo, la ausencia de una rápida reacción a todos los movimientos, no hace más que tensar la cuerda, aumentar la distancia de posiciones y determinar un desenlace obligado de vencedores y vencidos con el consiguiente perjuicio que ello conlleva para la sociedad que lo padece. Si ya sabíamos que la deriva separatista no iba a tener éxito, ¿Por qué permitir la continuidad en el tiempo de su soflama y generación de expectativas?

Yo ya sabía que todo este entuerto iba a tener un final, lo que discuto es el final y sus perjuicios.

Hay que hacer notar que el quid de este golpe de estado viene por voluntad de una persona: Artur Mas. Él y solo él ha cambiado el estatus del nacionalismo moderado hasta equipararlo con el resto de fuerzas independentistas o simplemente rupturistas. Es cierto que con una crisis galopante o una depresión como la vivida estos años, pocos elementos objetivos le quedaban al mandatario nacionalista para continuar la senda de partido tradicionalmente moderado y bisagra en el resto de España con el que vender a los catalanes en Cataluña, tras la oportuna y periódica transformación en Mr. Hyde, un amarre de logros arrancados al estado opresor. Y es que apenas quedaba nada que dar o que ofrecer dentro de la Constitución con lo que comerciar influencias, dineros y tenencias y por ello Mas se lanza al todo o nada del concierto económico y el Espanya ens roba. ¿Qué hubiera hecho CiU sin nadie a quien culpar de los males sufridos durante la travesía del desierto? ¿A quién endosarían un escenario de Cataluña gestionado objetivamente peor que muchas otras CCAA? Para ello el comodín del concierto económico como último cartucho antes que afrontar alguna responsabilidad por la propia gestión, ya que la corrupción, aunque era por muchos conocida no había eclosionado entre quienes debían: los medios de comunicación catalanes siempre obsesionados con sus portadas peperas. Incluso ahora siguen siendo intocables la panda de próceres que han diezmado las arcas públicas catalanas.

 ERC ya era independentista. A nadie sorprende su posición porque ha sido la misma desde su reaparición en democracia. El partido republicano ha sido generosamente regado por una CiU que ejercía de primer nivel de aspirante al independentismo: creaba políticas identitarias, homogeneizaba a la población monopolizando los requisitos del buen catalán, erradicaba todo lo que oliera a español, profundizaba en su victimismo endémico con el resto de España y para ello empleaba todos los resortes que el dinero, el poder y la influencia podían acaparar en un territorio donde todos se conocen. Los que pueden hablar y los que no tienen voz.

El nivel uno conduce al dos, y ese lo tiene en exclusiva ERC, pues es el partido original por la independencia, el brote verde convertido por CiU en un roble centenario. Cultivar a los menores y mayores para que alcancen el nivel necesario con el que encontrar estéril o simplemente insuficiente verse colmado por CiU. La lengua siempre como bastión fundamental: un ciudadano que utilice el catalán normalmente, no lo hará con el castellano y eso implica el primer eslabón de apego y afecto a una causa en detrimento de la otra. El reto para homogeneizar un país en torno a un factor identitario es siempre es el uso de la lengua y no el mero aprendizaje que "solo" enriquece intelectualmente pero no crea afinidad territorial.

En ese juego, los convergentes son los que a la larga pierden, pero mucho más cuando la tapa de la corrupción no puede cerrarse por más tiempo dado que el hedor comienza a resultar insoportable incluso para los medios catalanes que trabajan con pinzas o billetes de dinero público en la nariz selectivamente aplicados. Y es que en Cataluña, aunque pueda parecer lo contrario, pocos medios han sido fuertes valedores del nacionalismo convergente. La cuestión ha sido más bien mercenaria en ese terreno. La tendencia política más frecuente, por lo menos en Barcelona, bebía de ese Maragallismo fabulador recitado en las canciones de Serrat que reparte eufemismos, epítetos paisajísticos y loas a quimeras bienintencionadas tan etéreas como materiales sus enemigos a los que culpar. A fin de cuentas las coincidencias en la cruz del objetivo eran las mismas para nacionalismo y "psceísmo": un estado crispado y ajeno al que poner de ejemplo de lo que no se desea ser. Y así años y años. La desafección con el resto de España era simple cuestión de tiempo. Y el Real Madrid y la famosa "caverna mediática" Vs Barça, no han sido elementos baladíes en el juego de la interacción política.

Pero el trazo fino nunca ha sido el punto fuerte de los Madriles. Hasta que el ruido no sea insoportable, los lamentos y quejas de los catalanes no independentistas serán un vacuo rumor, a veces incluso incómodo, incapaz de mecer las conciencias de los responsables políticos patrios.

Por ello, el final debe ser a la altura de los contendientes, o al menos uno de ellos, que aunque gallego y factible fan de Chamberlain y antagonista con De Gaulle o Churchill, ha optado por el mismo silencio que los nacionalistas aplicaron a ese cincuenta y tanto por ciento de no favorables a la independencia.

De tal modo, la omisión de una reacción inmediata y ejecutiva junto a la del deber de socorro que clamaba en anteriores artículos de este blog ha supuesto:

- El libre desarrollo de estrategias de imagen y manipulación de masas del separatismo
- El afianzamiento de la independencia entre las clases burguesas barcelonesas
- El endurecimiento de las posiciones y la normalización del radicalismo
- Ausencia de contrapesos al adoctrinamiento independentista en la escuela
- La dejación de los espacios públicos para ser ocupados por símbolos parciales y segregadores
- El consecuente favorecimiento de una normalidad en la proclama independentista y sus signos
- La desafección de los catalanes no independentistas sobre el apoyo institucional
- El fomento de la idea propia de desamparo y minoría anómala entre los no independentistas
- El fortalecimiento de las expectativas por la independencia
- La degradación de la sociedad y la partición de la misma
- El aval a la impunidad y la dejación del ejemplo como referencia de lo que es justo o legal
- El agravio comparativo en la reacción ante deslealtades
- La falta de control o previsión de posibles desenlaces y la consiguiente incertidumbre
- El asentamiento de un sentimiento de odio recíproco
- Un inexorable final de vencedores y vencidos entre nacionales de un mismo país
- El rencor durante varias generaciones y el riesgo de aparición de grupos violentos

Una reacción rápida y contundente siempre es mejor que un problema enquistado que hace mella en unos y otros. Además, en Cataluña existen posiciones endémicas y tradicionalmente muy moderadas y muy radicales. Mas en compañía de los resortes institucionales y los medios de comunicación han cambiado la mentalidad de las moderadas recreando unas expectativas imposibles como probables a las que la parsimonia del estado ha ayudado a contribuir. Un sector de la sociedad especialmente reflexivo y consciente con los riesgos de sus apuestas ha sido hipnotizado y desde Madrid se ha coadyuvado en la hipnosis. El despertar será amargo.

En este momento, resulta que Artur Mas es el representante de los sectores nacionalistas moderados de la población catalana desde un plano comparativo, porque sus aliados y su mera intromisión en el proceso como puntas de lanza, sí que supondrían, no solo una contestación y rebeldía infranqueables, sino el apoyo incondicional de sus electores. Algo que no puede jurar el candidato a Junts X Si a cada día que pasa.

Puede que Rajoy agradezca una victoria de vencedores y vencidos tras la orgía de impunidad secesionista vivida estos últimos tiempos, pero aunque tengo que aguantar cada día mástiles con esteladas por doquier, el final que nos aguarda será materialmente claro, pero en realidad solo será un principio o un escollo en el camino que habrá dado alas a los que todavía están en el primer nivel y no alcanzan la mayoría de edad. Todos ellos han vivido una lucha emocional y prolongada que les marcará como futuros aspirantes a quebrar España. No lo dude.

Siempre una respuesta rápida y/o sorpresiva cortará de raíz lo que se imaginó como un sueño, de lo contrario lo que era un sueño corre el riesgo de convertirse en una cruzada muy real.

domingo, noviembre 08, 2015

Rajoy tras cuatro años de mandato II

Bien, habiendo tomado en consideración la herencia recibida y los frentes abiertos para la nueva legislatura que tenía el gobierno de Rajoy, me voy a centrar en mis impresiones sobre el secesionismo catalán que es ahora mismo la mayor amenaza para España.

Llevo años hablando del tema, dentro y fuera de este blog, anunciando entre mis cercanos lo que podía suceder y ha sucedido, pero también lo que todavía queda pendiente por pasar y los errores que vienen repitiéndose sin solución de continuidad hasta coronar en el, según palabras del propio Artur Mas, "conflicto" que presenciamos desde tantos ángulos distintos los ciudadanos de este país.

El ángulo que trato en estos artículos es el ofrecido por Mariano Rajoy y Brey, su manera de tratar el Nacionalismo y luego el Independentismo que ahora mismo amenaza España. Incluso podría decir que más que el ángulo ofrecido, debería hablar del ángulo percibido, ya que en el juego de intenciones y de hechos pueden bien colarse muchas cuestiones que aunque bienintencionadas han resultado estériles o simplemente no han llegado a la población y menos han supuesto algo parecido a una solución. Y esa es mi tarea en este artículo.

La gran disyuntiva: aceptar que existe un problema serio

Un elemento importante que tiene que tomar en consideración un gobernante de estado es la determinación en tiempo y lugar de que existe un problema serio que puede convertirse en algo más grave para los intereses del país. Como en las películas de catástrofes con guiones estereotipados, estamos acostumbrados a ver a protagonistas desgañitándose en advertencias al político o responsable de turno sobre la que se viene encima y las soluciones que hay que poner en marcha para evitar los mayores daños posibles. El caso es que aquello por conocido no resulta necesariamente aprendido, y la realidad ofrece desgraciadamente más experiencias similares que guiones las películas de catástrofes. En su descargo siempre está el mismo argumento: no vayamos a crear o a amplificar un problema cuando no estamos seguros de que lo es. Y de veras que no es fácil tomar ese tipo de decisiones porque, una vez tomada no se podrá comparar con su alternativa sino todo lo contrario, los auto erigidos jueces comparadores siempre lo harán con una versión idílica e idealizada de la que ellos propusieron sin existir posibilidad alguna de salir airosos en el trance.

El caso es que con Rajoy, dicha excusa se me antoja más difícil de defender habida cuenta de que durante su legislatura ya estábamos viviendo signos y advertencias de que el procés andaba muy avanzado y el desenlace relativamente próximo. Zapatero con su promesa de Estatut incondicional dió un espaldarazo de tal calibre a las aspiraciones soberanistas que se pensó en Cataluña que no se podía desaprovechar semejante ocasión. Lo que se fiaba a lustros o décadas según el plan de Pujol, gracias al presidente socialista podía adelentarse exponencialmente y anticipar la quimera que toda la maquinaria propagandística llevaba vendiendo incansablemente. Quizás era algo pronto y la población algo verde para conseguir el desenlace premeditado desde los 80, pero era igualmente cierto que las oportunidades las pintan calvas y la máquina expendedora de nous patriotes no cesaba de alumbrar a miles de "buenos catalanes" cada año sin tan siquiera alcanzar la mayoría de edad.

La gran negligencia de todos los gobiernos incluido el de Rajoy, ha sido no percatarse de la idea de normalidad catalana tan visible y pública en sus medios de comunicación y cada cuatro años en las elecciones. Un crecimiento sistemático de las posiciones más radicales cercanas a ERC provinientes de CDC a la par que una progresiva bajada del socialismo periférico en pos de posiciones anti sistema navegaban en clave electoral mientras en el oasis mediático solo existían defensores de Cataluña en contra del malo malísimo opresor cuya marca enarbolaba el PP. Eso no es nuevo y el partido de Rajoy es la némesis normalizada del nacionalismo "moderado" y no moderado o lo que es lo mismo, del buen catalán que se precie. Rajoy no tenía que hacer nada ni dejar de hacerlo para ser igualmente odiado por la maquinaria propagandística. En realidad estaba ya todo escrito porque formaba parte de una hoja de ruta en la que toda objeción se convierte en un estorbo y a la postre, enemigo objetivo de la nación catalana. Pretender acercar una posición sin ceder en los compromisos adquiridos con toda España es como el primo que además de ser timado, es apaleado.

Para dotar a Rajoy de algún tipo de responsabilidad sobre la decisión de los catalanes independentistas y sus maquinarias propagandísticas habría que dar por sentado que Artur Mas y sus adláteres mejor o peor avenidos, tenían una intención de llegar a un acuerdo con Moncloa sobre su financiación y proponer un diálogo constructivo con vías para llegar a acuerdos beneficiosos para el común. Aceptar una y la otra es inexorable, no se puede pretender responsabilizar a Rajoy de los deseos soberanistas cuando Artur y compañía están determinados a llevarlos a cabo con independencia de lo que dijera o mejor dicho, tomando como excusa de lo que sabían iba a decir.

Pero ello, aunque exime al mandatario gallego de ser lo que los separatistas y los demás partidos interesados le acusan, es decir, el responsable de que los soberanistas lo sean por sus políticas, no lo hace el hecho de que faltó esa proporcionalidad que tanto pregona Rajoy en el momento que se lanzó el desafío de fractura a la nación.

En la vida cotidiana, tratar con los problemas no es fácil, nunca lo ha sido. Lidiar con enemigos o con amenazas tampoco, pero existen muchas maneras de tratar de resolver esas situaciones y aquí podemos plantear dos sin otorgarles de antemano éxito ni fracaso sino unas consecuencias derivadas que se pueden analizar.

- Reaccionar de inmediato o aparentar hacerlo con gestos y acciones de todo tipo

- No reaccionar de inmediato o no aparentar suficientemente que uno lo hace

Voy a poner un ejemplo de consecuencias imprevisibles: si uno va caminando por la calle y ve que se le acercan unos individuos que le parecen con intenciones hostiles puede reaccionar de muchas maneras y casi todas ellas producto del control emocional que pueda desplegar el sujeto en ese momento o la experiencia en situaciones parecidas. Podemos enumerar una serie de reacciones y comprenderlas y justificarlas por identificarnos con dicho sujeto en la misma situación, pero ello no obsta a que determinemos cuál o qué actitudes se demuestran en la mayoría de los casos, efectivas o más exitosas. Es posible que una actitud sumisa en la que uno se pliega incondicionalmente a los individuos que efectivamente te están agrediendo o atacando suponga un cese o todo lo contrario, un ensañamiento ante la facilidad de la presa, pero nada podremos hacer en ese momento ya que no dependerá de nosotros. Eso está claro. Por el contrario, si justo antes de ser abordados reaccionamos súbitamente de algún modo sorpresivamente, ya sea con alguna estrategia que no esperaran, como dirigirse a ellos solicitándoles algo inesperado, o corriendo incluso, o ya en un caso más intrépido, abordar a uno cogiéndole desprevenido, en esos momentos, en todos, aunque cada cual tenga un desenlace diferente, en todos todavía se mantiene algún control de la situación.

Bien, el Gobierno, lejos de ser el sujeto aparentemente desvalido que va a aser abordado por uno o varios individuos con intenciones hostiles, es un factótum con mayor fuerza y capacidad de reacción que el individuo que viene a amenazarle. Y no hablo de fuerza bruta, que también, sino de recursos y resortes de todo tipo que puede desplegar ante una amenaza. Pero eso no garantiza nada y seguro que hemos visto a personas menudas capaces de hacer temblar a otras que parecían gigantescas a su lado por una simple cuestión de carácter o incluso de inteligencia. Al final, el que es fuerte no es solo el que lo es, sino el que lo aparenta o lo demuestra sin aparente esfuerzo. Rajoy y su nula respuesta ha ido favoreciendo que Artur Mas y su desafío parezcan cada vez más y más fuertes hasta aparentar una capacidad de poder superior de la que realmente tienen. Capacidad que ha sido incontestable en los medios de comunicación, en las vías públicas con esteladas, en los eventos de todo tipo y en las manifestaciones hipertrofiadas por los organismos prevaricadores que las inflaban, pero capacidad que ha sido súbitamente cercenada en unas elecciones que han arrojado cifras contantes y sonantes sin ser dinero: 1.621.000 catalanes votaron específicamente a Junts X Si, mientras que 2.308.000 no les votaron. No eligieron su opción nítidamente independentista que anunciaba con pelos y señales un propósito de secesión. ¿Que luego algún candidato puede confabularse con el independentismo? ¿Que una opción anti sistema como la CUP puede aliarse con Mas y compañía para romper el Estado que es realmente su opción? Muy bien, pero los votantes eligieron alternativas bien claras e incluso coaliciones con un fin "histórico" en el que ciudadanos favorables a la independencia se hacían "selfies" mientras depositaban su voto en la urna. 1.621.000.

Por más que lo pretendan, los independentistas no pueden sumar los 336.000 votos de la CUP a la causa de Mas porque no tiene absolutamente nada que ver, pero es que aunque así fuera que no es, tampoco superarían al número de población que no ha votado expresamente la opción que decidía su independencia.

Nada entre los hechos objetivos avalan lo que ahora mismo está sucediendo entre quienes se llenan la boca de palabras como democracia o derecho a decidir. Por ello...Si hacen caso omiso hasta de las elecciones, de los ciudadanos que han votado, de su derecho a decidir negado y de las leyes que han amparado y sancionado esas mismas elecciones ¿A qué pueden hacer caso? ¿A qué se puede apelar?

Por la vía de la legalidad o de las razones objetivas el paso está vedado y el coto restringido a la inexorable realidad, pero ni aun así unos demuestran imponer su razón y los otros desistir de ella.

No en vano, el problema cierto navega por otros derroteros. Todo de lo que he venido hablando no es más que una cortina de humo, un señuelo, como si de una guerra se tratara, el enemigo gana tiempo para ir pertrechando sus fuerzas y adoctrinando en escuela, apabullando en los medios de comunicación "propios" y desplegando todos los medios que se restan a otros menesteres fundamentales para seguir aumentando la soldadesca victimista y oprimida que asuma por nacimiento y formación su condición totalmente desapegada del resto de esa España que para la Cataluña oficial ya ni es resto ni es nada que tenga que ver con ellos. No es más que un país al que tratar de vencer y urdir las oportunas estrategias con las que derrotarlos. Buscando aliados por odio común, fingiendo actitudes pacíficas o forzadamente contenidas de democracia ejemplar y activismo dialogante que se pueda mostrar a la comunidad internacional con las que vender su credo. Y llevan décadas forjándolo, estableciendo como requisito la moderación de quien acalla y silencia cualquier atisbo de discrepancia. Si no hay réplica y todo acaba siendo un pensamiento común en pos de un propósito, ¿Quién demonios va a crear crispación? ¿Acaso no serán los que estén acallados en Cataluña que deberán alzar la voz más que los demás para ser oídos y ni así? Los que crispan y crispaban eran y son los que opinaban alternativamente a la homogénea y rígida visión sancionada el día de la Editorial Conjunta por la "dignidad" de Cataluña.

Hemos podido comprobar con hechos que realmente existía esa mayoría silenciosa que no tiene presencia en los medios catalanes. Las elecciones nos han desvelado quién es realmente el opresor en Cataluña y quién el oprimido, pero cualquier independentista de pro exigirá igualdad en el resto de España como si justificara la parcialidad y el acoso institucional por la descompensada cifra de ciudadanos españoles que en buena lógica no quieren la independencia. Para cada razón una entelequia que les resulta suficiente para seguir en su lucha sin cuartel.

Rajoy ha fortalecido toda esa cortina de humo, les ha dado tiempo y razones para seguir creyendo en su causa porque permitía que se sancionaran sus intenciones y se propagaran sus símbolos por doquier sin coto ni contención. Ante el temor de ser juzgado por los mismos infractores de la democracia y el estado de derecho, Rajoy ha pensado que los hechos se solucionarían solos o que llegaría hasta un punto en el que el final de la vía les forzaría a dar el paso que él no ha querido dar. Eso está muy bien si habláramos de una revuelta de corto recorrido y con una breve trayectoria de formación que no conlleva un aparato de control y formación de la población hacia unas ideas y posiciones, pero Cataluña está en manos de los mismos durante más de tres décadas, aquellos que están planteando un pulso a España, los que controlan la educación y todos los resortes de un pequeño estado que toma toda oposición o crítica como ajena o contraria a la propia patria. Una normalización que más allá de ser lingüística afecta a todos los recodos de una población a la que se obliga inconscientemente a defenderse de quien pretende robarle y desproveerle, siempre según el oráculo oficial, de su dignidad y de la impronta de nación milenaria. ¿Acaso se podrá resolver toda esa propaganda normalizada e incesante desde los 80 por meras peroratas de justicia y razón?

Desde luego, ahora ya no se pueden adelantar acontecimientos y hay que esperar conforme a la estretegia de Rajoy, pero el paso debió darse en el primer instante, cuando todavía existía capacidad de control. Ahora solo escuchamos que debemos confiar en los recursos cuasi automáticos del Estado como si de una maniobra aséptica de un ordenador central de una nave que se encargara de poner las cosas en su sitio.

Negar la mayor favorecería ciertamente que los radicales se radicalizaran, pero nada que no vaya a suceder llegado el caso. Pero por el contrario, hubiera dado aviso cierto y con autoridad a quienes se están metiendo en una senda de rebelión sin razones objetivas  por detrás, sembrando de dudas a todos los sectores menos viscerales y consciente realmente de lo que se jugaban. Además, hubiera dado posibilidad de control de la situación. Ahora el conflicto cederá por presión y desborde ya que no quedarán opciones ni salidas, y es en esos momentos cuando las situaciones son más delicadas. Por el contrario, si un Gobierno muestra ser fuerte y defiende por todos los medios posibles una actitud contra viento y marea, estará marcando lo que realmente esperaban  que sucediera en su peor de los casos los secesionistas y les obligaría a jugar sus cartas desgranando la paja del grano y convirtiendo su apuesta en algo mucho más arriesgado.

De paso, los sectores de esa Cataluña silenciosa que no tienen voz se crecerían y recibirían el apoyo que nunca han tenido hasta hacer crecer esa característica tan importante en los bandos de guerra: la moral. Moral que aunque bajando entre los más reflexivos, ha estado por las nubes entre el separatismo y les ha dado pábulo a creerse lo que poco tiempo antes se antojaba como imposible. Y es que Rajoy ha permitido que se pensara en la Independencia como algo posible y eso es lo peor que se puede conceder a un adversario, y sino, tiempo al tiempo.

Rajoy tras cuatro años de mandato I

Ya estamos viviendo la crónica de un desafío anunciado. Las amenazas del que fuera Nacionalismo han pasado a ser hechos del Separatismo, ambas con mayúsculas y todo ha sucedido en cámara lenta, siendo los ciudadanos, espectadores más o menos participativos de lo que parecía un espectáculo teatral en el que el público se queda sentado aguardando el desenlace y poco más que puede aplaudir, bostezar o abuchear.

No hay duda de que la papeleta que le ha tocado lidiar a Mariano Rajoy es de esas que hacen historia, y es que su predecesor, ínclito precursor de rémoras pretéritas, removió todo lo que pudo y más el pasado y el presente para dejar un futuro de lo más incierto a su sucesor, y lo que es peor...a España. Es posible que la política, siempre interesada y parcial, eluda en lo posible lo que ya sucedió y trate de centrarse en lo que sucede y sucederá, pero la historia, esa que Zapatero quería que no se olvidara, no puede tampoco hacerlo con el vallisoletano cuando se trata de hacer un diagnóstico de lo que ahora estamos padeciendo. Pero no vengo yo a hablar de memoria histórica reciente porque cuatro años han habido para poder enmendar en lo posible todas las colillas que lanzó al bosque el anterior mandatario socialista.

Y he aquí que han pasado los cuatro años y nos enfrentamos, o mejor dicho, España se enfrenta al mayor desafío que ha vivido su ya tradicionalmente exigua etapa democrática. Nada menos que una Comunidad Autónoma que de facto ha dictado como normal su mundo ajeno al mundo real. Ajeno porque han reescrito sus propios principios y los que consideran universales como rehenes de su causa y así el nacionalismo y separatismo ha pasado a ser, más que lo que realmente es y muchos hasta conocen íntimamente en su fuero interno, una especie de parque temático sobre libertad y democracia todo ello adornado con un sinfín de simbologías tan maravillosas, épicas y emocionales que resulta hasta estúpido no abrazarlas.

 Es verdad que Rajoy se topó con una situación ya delicada y el fuego de la "colilla" que arrojó Zapatero con su habitual inopia en advertir las consecuencias de sus actos ya quemaba el bosque con viento huracanado. Desde ese presupuesto y situando la pausa para la reflexión, deberíamos saber que nada es fácil. Los seguidores de Zapatero, ya al día siguiente de que su jefe de filas abandone el barco, no dudarían en hacer de jueces sumarísimos de sus rivales políticos acusando de responsables de lo que pase, ha pasado y pasará... con dos cojones. Pero ello no es tan disparatado como parece, la lógica humana se rige por el contrapeso y cuando un rival dice algo en tu contra, aunque ello pueda ser cierto y obvio, la respuesta tenderá a ser réplica y no asunción, pero es que si los recién llegados jueces insisten en la razón, los señalados seguirán replicando con cada vez más fuerza y habrá un punto en el que las razones serán lo de menos, el caso será un bucle de guerra que libran bandos irreconciliables o al menos incapaces de asumir ser juzgados los unos por los otros.

Llegados a este punto, resulta estúpido pretender la loa o el reconocimiento de quienes basan su existencia política en derrotarte. Es el instante de asumir las propias decisiones y principios si los hubiera con todas sus consecuencias. Un partido político y sus líderes, concediéndoles un mínimo presupuesto de buena fe, se presentan para dar soluciones a sus conciudadanos y no levantar problemas, pero la intención no garantiza nunca esas consideraciones.

En 2011 los frentes eran muchos, las amenazas de partidos, agencias de rating, fondos especuladores mundiales, medios de comunicación, levantamientos ciudadanos, sindicatos, CCAA, desconfianza de los EEUU, y más etcéteras eran el fuego que Rajoy tenía que extinguir o al menos desactivarlo para que no llegara a causar bajas entre población. La situación, citando objetivamente problemas reales era, no delicada, sino casi catastrófica, pero la política como decía, no es nunca agradecida más que con el carismático, con el buen vendedor y Rajoy si algo no tiene, es ni lo primero ni lo segundo. Y ¿Qué sucede cuando alguien sin "gracia" resuelve más problemas de los que habían o rescata a un país del precipicio? Pues que, o bien se ningunean o se sitúan en contexto de algo que les reste mérito o directamente se descuentan como algo normal y asumido, ni más ni menos porque los que lo hacen tienen mayor y mejor presencia en los medios, pero porque sobretodo, porque siempre la queja y la crítica es, ha sido y será el mejor vehículo conductor de masas para superar la autoconciencia: juzgue usted siempre a otro y automáticamente se concederá ser mejor que él para hacerlo. Sin efectos secundarios, uno puede emitir juicios sobre lo malo con absoluta independencia de las cualidades demostradas por el juez... y claro, ¿Quién sale ganando en esa operación? ¿El cauto prudente y formado analista? o ¿El ciudadano frustrado que puede culpar a otro de sus males? Claro que existe gente que ha sido azotada por injusticias que la crisis ha convertido en tragedia, pero no podemos desdeñar la propia responsabilidad de una población ni convertirlos a todos en desconocedores, irresponsables o ingenuos que actuaban porque el sistema les obligaba. Habrá de todo, gente vulnerable que ha sido estafada y gente que se subió al flamante deportivo del éxito material sin consecuencias y al espejismo de la opulencia. Los dos piensan que son lo mismo y los dos juzgarán a los demás como culpables de su situación....Porque existen partidos políticos que, como esos abogados carroñeros que esperan a accidentados para prestarles asistencia reclamando una prima, se dedican sistemáticamente a señalar a los culpables de todos sus males como grandes fuerzas que deben ser derrotadas o incluso exterminadas para proclamar su "justicia".

Rajoy llegó con todo eso en frente, pero disponía de un apoyo sin parangón en su dilatada carrera política. Había ganado las elecciones por mayoría absoluta y por tanto la confianza de una mayoría de españoles para superar el trance.

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