jueves, enero 28, 2016

Los estúpidos sesgos de la política

Ahora que nos hallamos en plena vorágine de tramas, movimientos tácticos más o menos soterrados que concluyen con aspiraciones a Moncloa u otras consideraciones de diversa índole, no puedo evitar llamar la atención sobre un aspecto que parece abrazarnos muy intensamente y no es otro que unos  sesgos inherentes a la naturaleza humana pero que se hacen más evidentes cuanto más temperamento y vehemencia se suscita entre la población.

Nuestra soleada y ruidosa España es un país de queja y enconamiento en el que pasamos de ser Sancho Panzas a Quijotes en menos que canta un gallo y en ambos casos hasta el límite de sus últimas consecuencias. Ello si bien es modulable en función de los territorios y por supuesto de los individuos, expresado de un modo u otro parece que nos llevamos razonablemente bien con la trifulca. Yo, que soy de Barcelona donde la moderación y las formas son un claro exponente de respetabilidad que no necesariamente de respeto, viví en otros lares una experiencia que me hizo descubrir en qué manera las generalizaciones se materializan. Hace ya más de diez años, estaba yo en Roma deambulando por las callejuelas próximas al Panteón de Agripa y asistí a una discusión a la italiana y comprobé lo diferente que es de la hispana. Una furgoneta de reparto entre esas calles angostas conduciendo un poco según la lógica romana estuvo a punto de atropellar a un viandante dándole un buen susto por el afortunado frenazo, y claro, el peatón airado él, empezó a gesticular dirigiéndose al parabrisas anónimo causante del estorbo. Todos los aspavientos que tan familiares resultan en el fútbol o en el baloncesto itálico se reunían en el transeúnte que pese a todo no se movía del sitio. Había decidido no dejar pasar al furgón motorizado y en esas, el parabrisas se tornó en carne y más gestos al abrirse una puerta por la derecha. En ese preciso instante, yo, acostumbrado a la cultura ibérica, ya me temía lo peor y más cuando la diferencia de edad entre el conductor y el caminante podría convertirles en padre e hijo siendo el menor alguien cercano a la treintena. Alrededor la gente convertía a los protagonistas de mi historia en seres invisibles, no contaban, parecía que no existían, estaba ya descontada la escena imagino por repetitiva en tiempo y lugar. Discutían con un tono e intensidad altos pero tampoco desesperado, más cercano a un presto que a un prestissimo. Yo imité la conducta local y seguí perdiéndome por la encantadora zona. Unos quince minutos después volvía a pasar por el mismo lugar y, efectivamente allí se encontraban representando la misma obra los dos enzarzados debatientes como si solucionaran el mundo a contrarreloj. En España eso hubiera durado menos y muy posiblemente hubiera sido más "sangriento".

Aunque el ciudadano romano de a pié pareciera empecinado en hacer valer la suya, nunca llegó a los extremos que en nuestro país, habida cuenta del presupuesto: impás sin aparente solución entre dos personas, les llevaba inexorablemente a defender su territorio con maneras, digamos, más expeditivas. Y es que el español parece un felino territorial en todo lo que abarca y que considera su espacio, que puede que sea mucho, incluso más de lo que cabría considerar. Quizás la idea de lo que le pertenece al ciudadano español sea un sesgo a discutir, no en vano favorecido por quienes juzgan lo que cada uno merece por ser o estar en un determinado espacio social.

Sin embargo, no es ese el sesgo que planeaba aflorar, tengo muchos para escoger, tantos como medios de comunicación los utilizan con pleno conocimiento de causa aunque luego se esmeren en otorgarse independencias, pluralismos y toda clase de eslóganes para que sus lectores en connivencia se crean tan buenos como lectores y consumidores como magníficos intérpretes sus periodistas. El que me llama la atención por resultar tan evidentes sus efectos es el sesgo de la contraria o de la inversa, ese que pone tan de manfiesto que el ciudadano español es tremendamente territorial. El sesgo viene porque "fuerza" a su víctima a llevar la contraria de lo que diga o haga el partido o político rival. Por el mero hecho de tomar parte en algo, automáticamente se opta por la opción alternativa o frontal.

Fíjense la cantidad de políticos, especialmente de izquierdas que, todavía con relaciones más o menos estrechas con sus partidos, en el instante que abandonan la primera línea, mutan a una clase de persona desconocida cuando ejercían su labor política. La diferencia entre la dosis de reactividad que sufre durante y después de su ejercicio un político tipo es tan exagerada que pareciera que hubiera cambiado de ideología o al menos, le hubieran abandonado las hemorroides. Cierto que en política deben recibir hasta en el carné de identidad, pero creo que no solo deben caer los golpes desde fuera.  Todo el mundillo que atañe al partido debe ser una constante de cubrirse las espaldas contra los menestorosos, los advenedizos, los medosos y los resabiados y una vez más o menos a flote, intentar dar la talla, como en una subasta de salón, para permanecer todo lo posible en la picota. Claro, que estará más presionado quien más valore el cargo que ostenta y menos quien sabe tiene un retiro más o menos provechoso por sus talentos o aptitudes logradas previo paso al ruedo político, pero también por el indefectible efecto de la presión grupal que junto al animal territorial hispano que llevamos dentro, nos conduce a intentar ser los que mejor golpeamos al contrario para que nos rían las gracias y nos apoyen los afectos. Ese "detalle", la presión subastera por ser quien mejor noquea al rival lleva a dibujar la política en muchos casos como algo que no debe ser y no es: una guerra de bandos en los que se debe exterminar al otro y luego..."todo lo demás" o lo que haga falta para seguir en ello. El sesgo de realidad es brutal y por ello, las personas que juegan al juego de lo público quedan abducidos por ese halo de combatividad que expresado con agresividad manifiesta o moderación asesina ambos rigen el empeño partidista dejando a un lado el verdadero objetivo de su profesión.

Y parece que la enfermedad es contagiosa entre quienes se infiltran en el espacio político hasta ser una extensión de los mismos: sus periodistas o los periodistas que, al igual que los políticos, plantifican en sus altavoces la misma airada postura multiplicada por diez y agitada con las interpretaciones vanidosas y personales que cada cual se enfunda abrigado por el derecho a la información.

El sesgo de la contraria es mucho más perverso y perjudicial en los países cálidos como el nuestro y lo estamos viendo en esta representación de patriotismo español tan a la española.

martes, enero 19, 2016

"No es para tanto", "no se hunde el mundo".

Esas palabras o similares pueden escucharse cuando un periodista de izquierdas da su opinión sobre un gobierno regional o municipal de Podemos con el Psoe, palabras que suenan a epitafio y a la vez a perfecto resumen de esa España mediática que no duda en alterar sus raseros de manera partidista. Con Rajoy, que no es santo de mi devoción, los mismos pausados y contemporizadores tertulianos, directores de programa o twiteros, todos filosocialistas, se rasgan las vestiduras poniendo grandísimas pegas a la bajada del desempleo, a la recuperación económica que dicen exigua o imperceptible y a los monumentales casos de corrupción popular sobre los que suelen basar sus programas. ¿Acaso no es lógico que España tenga una izquierda frentista alejada de la socialdemocracia europea si ya sus medios les ofrecen información totalmente sesgada? Porque no hay mayor sesgo que la pérdida de realidad de una situación al enfatizar un aspecto de la vida política y rechazar el resto. No en vano, podría decirse que en un mercado de medios de comunicación, la izquierda se ha merendado a la derecha en modos y maneras de ganarse a la población y desde la risa fácil, el magacín, la aparente despreocupación, el buenrollismo  y la kultura, ha conseguido tomar en propiedad la autoridad moral de lo que acaba considerándose normal y exigible. Solo con ver el rodillo que ha aplicado Rajoy con su mayoría absoluta "derogando" todas las leyes zapateriles y promoviendo los principios que han caracterizado siempre al PP se apercibe uno de lo complicado que debe resultar a mundo de izquierdas comerle el pastel al resto (Modo irónico off). Si Rajoy se ha avergonzado de los principios populares y los ha considerado un estorbo para conseguir un consenso que no existe, imaginen lo que harán quienes no tienen el más mínimo miramiento a la hora de sacudir vestigios de Don Mariano y profundizar más en la deriva revolucionaria que parece ser es donde una considerable parte de España se siente cómoda. Por lo visto, pululan por ahí numerosos Willys Toledo tan capaces de constituirse en voceros de regímenes comunistas como de justificar la violencia por la causa contra el enemigo opresor y fascista.

Parece pues que nuestra España tiende a los mismos errores de siempre y que el hecho de ser una de las economías importantes del mundo civilizado es más un problema que una ventaja, ya que parece ser que una buena parte, tienden a la checa y el gulag. "No es para tanto", que diría de nuevo un periodista de la cuerda y así, continuaríamos impasibles contemplando el puño cerrado en alto como quien asiste a un acto hermanado de compromisarios altruistas sobre un bien común y no al símbolo ideológico que mayor destrución y muerte ha generado en nuestra historia. Es verdad que el saludo fascista da una grima que no convoca el puño, pero ello obedece nada más que a los medios de comunicación de masas y a que por tierras de nuestra Europa cercana, hemos sido víctimas de unos y no de otros siendo todos esos radicalismos objeto de un mismo odio aplicado a diferentes consideraciones. Al final todo radica en los sentimientos percibidos con los que se puede jugar para convocarlos y mantenerlos y con ellos, controlar a los dueños de los mismos. Gamonal siempre estará ahí como gran ejemplo del sesgo, un distrito en Valladolid tomado por agresivas huéstes radicales de izquierda que monta la de Cuba con el soporte de los medios adláteres y luego resulta que en las elecciones, el PP es el partido elegido en el preciso y conspicuo barrio. Claro, de haber sido al revés, la noticia hubiera sido conocida y golpeado en la cara a medio mundo. Es la diferencia.

Y es que no se puede culpar de todo a la Izquierda. Ellos están por la labor hasta el punto que muchos Wyoming basan su vida en la crítica sistemática entre risas y chanzas, pero en España ciertamente no existe una derecha avanzada e ilustrada al modo europeo. La derecha española es más bien castiza, territorial, clasista y pijotonta de media. Yo soy de derechas si se puede decir así, pero no compro el pack completo, algo que te separa de eso tan tipicoide hispano: o estás conmigo o estás contra mi. Lo único que es importante a mi modo de ver son los principios sólidos, que Rajoy ha diezmado, y lo demás, la facha, la imagen y las homogéneas tendencias a pensar lo mismo mientras no se utilice el intelecto es lo que tiran entre unos y otros. España es al izquierdista manifestante vehemente y radical lo que al empresario chupóptero buscador de chollos a costa de lo que haga falta. Esos dos modelos existen y no con contención, todo dependerá de dónde nazca uno y otro para afiliarse al bando de la desmesura. Algo parecido ocurre con la territorialidad. De todo menos prudencia, ilustración y visión de país; al contrario, afinidad de grupo, rechazo al enemigo objetivo y al ídem ni agua.

Si concurrimos a unas nuevas elecciones, tendremos la oportunidad de saber lo que España quiere ser de verdad. Si tiran más las ganas de destruir que de construir, pero si les confieso un secreto, no hace falta esperar a las mismas, los resultados se pueden adivinar mirando las tv, radio y prensa y las maneras de los periodistas que influyen en la opinión nacional...de tal modo que mientras sigan diciendo ante partidos radicales "no es para tanto" mirando y elevando la soflama a un pasmado y parsimonioso como Rajoy, el resultado no puede ser otro que el de una España en llamas. España que exonera a todos los que han pronunciado esas palabras y que también pronunciaron acerca del independentismo y nacionalismo catalán, ya que son "meros informadores" cuya opinión queda eximida de responsabilidad.

miércoles, enero 13, 2016

Verlo o no verlo, esa es la cuestión

El frente separatista ya ha abierto fuego a la manera que mejor lo hace, forzando las normas al tiempo que niega haberlo hecho. Normal, ¡Si ni las jura o promete!

El titular de este artículo se dirige al meollo de la cuestión separatista y a la toma de decisiones de Estado cuando existe una parte que manifiesta abiertamente su intención de rebelarse.

Existe un modelo teórico en Psicología que se llama Condicionamiento operante o instrumental, el cual viene a explicar que en el aprendizaje de vida, las conductas que nos ofrecen resultados positivos tendemos a repetirlas, mientras que las conductas que resultan en consecuencias negativas tratamos de evitarlas. Bien, si se fijan en el procès separatista, todas y cada una de las acciones, desafíos y expresiones elevadas en público, han supuesto como mínimo un avance del mismo. En este punto me detengo para extraer el titular ¿Lo ven o no lo ven? ¿Creen que ha habido un avance sistemático del separatismo o no lo creen? Porque quizás haya quien a estas alturas ponga en duda tal afirmación. Claro que a cada gesto, desafío, o manifestación ha existido una réplica desde el Gobierno de España, y algunas con cierta contundencia, pero si se fijan, las palabras sin hechos quedan en nada de tal modo que el refuerzo positivo para el rebelde es mayor porque detecta un patrón asociado de manifestación oral junto a una omisión factual.

Las personas no somos tan complejas en nuestras tomas de decisiones como queremos creer (y mucho menos los grupos), ni tan imprevisibles si atendemos a la causa que les suele motivar, de tal modo que siempre resulta fundamental centrarse en esa causa, porque será el motor que las mueva o detenga según el refuerzo que le facilitemos. Es cierto que sobre el papel parece sencillo, pero no es menos verdad que muchas veces las causas superan una visión global alimentándose de sí mismas hasta fagocitar el espíritu que las poseía por el ansia de poder y orgullo humanos. El radical, el rebelde suele verse superado siempre por las circunstancias y al hacerlo, desnaturaliza el objeto de su causa que en un principio pudiera parecer noble. Ello suele conducir las más de las veces a actitudes incoherentes ya más centradas en los fines sin menoscabo de los medios empleados. Lo que explico son rutinas humanas que deberían explicarse en vez de esa memoria histórica rígida y estigmatizadora empleada maniqueamente para subvertir las almas en pos de una causa ajena a la paz.

En el punto en el que estamos, conviene sentar el posicionamiento teórico de las partes en conflicto para elevar el práctico o ejecutivo. En realidad es harto evidente, pero seamos puntillososo para no dejar resquicios a los que se nutren de la ambigüedad para filtrarse por agujeros en franca trampa de ley. Cubrámonos las espaldas y preguntemos en público a los separatistas: ¿No estáis dispuestos a cumplir la ley? El Estado no puede concederos ningún privilegio a consecuencia de una rebelión (Condicionamiento operante), ello no es óbice a que en un futuro existan negociaciones democráticas sobre cuestiones que afectan al conjunto de España, en esa tesitura ¿Estáis dispuestos a continuar por la desconexión y hacia la independencia? ¿Existe alguna condición u objeción por vuestra parte para evitar el conficto que se adecúe a la legalidad? o por el contrario ¿Todas las opciones del frente separatista pasan por la superación de la legalidad constitucional? Ello con total independencia de las manifestaciones orales acerca de buena intención, deseo de no confrontación o violencia y apelaciones democráticas de toda índole.

Debe sentarse y sancionarse la respuesta y las alternativas que ahora mismo ofrece la causa independentista y la graduación que, por parte de diferentes sectores dentro del frente separatista, puedan existir con sensibilidades y criterios dispares.

En ese punto y conocidas solemnemente las intenciones del grupo independentista, ya solo queda la acción ejecutiva que obliga al cumplimiento de la ley. Huelgan las palabras sin menoscabo de cualquier ulterior petición o rectificación sincera que ayude a reconducir la maltrecha relación. La Democracia no habla, pero está supuestamente defendida por personas que sí lo hacen y su capacidad puede diferir en función de sus habilidades o capacidad resolutiva. La Democracia no son palabras, son leyes que tratan a los ciudadanos con una supuesta equidad que, de romperse se fractura toda ella. Las presiones a la misma son lógicas por los intereses de cada parte o incluso las particulares visiones que de la misma se puedan tener, pero el núcleo que permite todas ellas no puede ser puesto en duda ya que la alternativa sí es el caos, la anarquía y la guerra.

En Europa, el conflicto catalán está aflorando y reforzando (de nuevo condicionamiento operante) otros nacionalismos y elevando la tensión territorial en determinados puntos geográficos.

Toda decisión pospuesta topará con una causa en frente más reforzada y radical y por tanto de la necesidad de aplicar respuestas más enérgicas y por tanto más conflictivas. No cabe por más tiempo, habiendo dejado pasar ya muchísimo, la dilación en la respuesta del Estado: la respuesta ejecutiva. Las consecuencias de no haber tomado decisiones a tiempo las experimentamos con José Luis Rodríguez Zapatero en plena recesión. En el caso de la independencia catalana la inacción ha sido mucho mayor y lamentablemente nos tocará sufrir unas repercusiones que la teoría psicológica y el sentido común están advirtiendo y reclamando desde hace tiempo. Nunca debe tomarse una decisión por aquello que se pretende evitar, sino por lo que se busca conseguir. Quizás la falta de reacción ante los pasos de los separatistas impidan ver un conflicto en las calles o un aumento de tensión de la violencia ahora, pero a menos que exista un puente cierto entre personas que trate de no ofrecer refuerzos por acciones recriminables, la violencia que nos depara el futuro como resultado de una confrontación inevitable y continuamente descrita como requisito incluso por el recién nombrado Presidente de la Generalitat, será mayor y la herida mucho más lacerante que si se hubiera actuado hace ya tiempo. ¿Recuerdan el islote de Perejil? ¿A que no o muy poco? ¿Lo ven?

lunes, enero 11, 2016

¿Y ahora qué?

Parece que se ha desencallado el camino hacia la desconexión con la súbita aparición de Puigdemont. No hay que buscar lógica al asunto, o al menos la coherencia política o partidista que muchos analistas pretenden, el caso era que no estuviera Artur Mas al frente y si con Puigdemont les vale, pues vale. Pero, llegados a este punto es cuando ya podemos señalar el punto de partida del conflicto como tal. Hasta ahora todo se podía leer en clave de desafío, de amenaza separatista, de órdago o como diantre les guste denominarlo. Desde que existe un gobierno de la Generalitat al frente con un responsable que proclama la continuación del procès y por tanto un frente de carne y hueso dispuesto a materializar el desafío, ya podemos dar el pistoletazo de salida a: un nuevo caso de situación histórica en España (y ya van...).

El antes de Puigdemont eran palabras que anunciaban acciones y decisiones que se vieron muy desprestigiadas por la pantomima del deshojado de la margarita por la CUP. Tanto en clave interior pero sobretodo exterior, el desafío separatista podía ser tomado como el tópico rezumar latino de hormonas y vehemencia que podía quedar en un bochornoso fracaso pero que sin duda tranquilizaría a inversores y potenciales o aquellos que examinaran el asunto en clave de estabilidad europea.

El después liquida al menos un abrupto cierre del atasco y lo vuelve a situar en el terreno de la preocupación. Preocupación que solo afecta a quienes no tienen el contrapeso de una quimera tan deslumbrante que compromete el buen juicio.

Muchas personas se preguntan acerca del ahora qué va a suceder, y es posible establecer una relación de posibles acciones sediciosas a las que se acompañar unas probables respuestas institucionales de diversa entidad. Muchos medios se encargan precisamente de glosar las respuestas legales o ejecutivas (que son las que más interés y morbo despiertan), pero eso no es lo que en realidad preocupa al ciudadano que puede que ni él mismo sepa. La paradoja fundamental que ha abonado la preocupación latente siempre ha sido la misma: la dinámica contemporizadora de un Gobierno que ha motivado la incertidumbre en el Estado. A estas alturas de la película, todavía entre el sector constitucionalista solo se puede constatar la existencia de: "una respuesta proporcional", de que "tienen más instrumentos que nunca para enfrentar esta ilegalidad", de que Rajoy "no dejará pasar ni una sola actuación que vaya en contra de la Ley y de la decisión de los Tribunales", pero fíjense que con todo y la contundente palabrería no se acaba uno de fiar demasiado sobre la consecución de la realidad en los mismos términos. Y es que ha faltado un líder en Moncloa que supiera estar a la altura del desafío y en vez de ello, hemos dispuesto de un competente y pusilánime funcionario que teme mucho más las consecuencias de sus acciones que las de sus omisiones. Si desde el principio se hubiera dejado claro la contundencia democrática de un Estado con todos sus recursos, no los ya sabidos en el terreno normativo, sino en el ejecutivo y material, al menos la incertidumbre o la posibilidad por parte del sector separatista de seguir jugando con la acusación de una España opresora y amenazante habría quedado desactivada. No pueden ser tabú la constante y permanente cita de la intervención de las fuerzas del Estado para poner fin a una sedición, porque debe existir una proporcionalidad en la respuesta y no ha existido ninguna en el terreno oral cuando desde el separatismo se habla sin tapujos ni cortapisas de una desconexión y de independencia. ¿Acaso existe proporcionalidad entre quienes presumen de lo que van a hacer pase lo que pase y quien no se atreve nada más que a citar respuestas genéricas y tipificadas que cualquier leguleyo conoce? La incertidumbre surge por la ausencia de advertencias contundentes y concretas por miedo a citar determinadas fuerzas y cuerpos de seguridad del estado que deberían actuar si existiera una resistencia material y que por ello, parecen proscritas o que los garantes de la Constitución sean verdaderamente los opresores a la hora de velar por la unidad del país. (La moderación no debe confundirse con la pusilanimidad y la expresión oral con la prosodia moderada precisa y la pedagogía necesaria son gestos de líderes capaces de afrontar reto a su altura, el rechazo o la evitación es un recurso de los que se justifican y de los críticos sistemáticos).

La misma actitud pusilánime a la hora de defender los principios del otrora PP, que estorbaban para no se qué "consenso" que ha quedado demostrado que nadie quiere, es la que marca el escenario catalán y su exponente más significativo: Mariano Rajoy y Brey. Esa persona que está más preocupada de chantajear a su electorado proponiéndose como única figura posible ante el caos, cuando él ha sido el más inclito propiciador del mismo. Mariano Rajoy mucho más que Artur Mas es el que debería haber dado un paso atrás por el interés de España y apartarse ya de una vez para dejar paso a quienes sepan estar a la altura de las circunstancias, tanto con una capacidad real de pacto como en el convencimiento de que su ideología es tan o más democrática que las demás sin necesidad alguna de un consenso de pega.

Y en este marco, con el peor responsable posible en frente de un grupo independentista que cavila cada acción contemplando cien posibles respuestas, debemos tranquilizarnos porque las instituciones sabrán dar respuesta, ¡Anda ya!, pero ¿A qué coste a estas alturas?

En el momento que el desafío pasa a ser conflicto o pulso real de fuerzas es cuando empieza el escenario de inestabilidad cierta de un país, porque ese escenario, si antes era incierto, ahora resulta inflamable y todos los presupuestos están basados en unas expectativas, que desde el bando separatista están demasiado altas (quizás no tanto como antes del esperpento navideño, pero igualmente elevadas entre muchos sectores). Puede que una pequeña parte de esa burguesía cobarde y medrosa se haya achicado al recibir un "CUP" de realidad que no ofrecía buenas vistas, pero entre los adrenalínicos jóvenes y los espoleados buenos catalanes, el tono no solo no ha bajado, sino que ha subido como el color de la estelada que suele advertirse ahora sin ese espacio azul que aplacaba el ansia revolucionaria de los extremistas.

Los escenarios posibles son numerosos y el separatismo no cesa en maquinar simulaciones para su día D que al menos en el terreno de la información juegan a su favor. ¿Acaso no es posible que se use a la población para contener cualquier orden de arresto o de coacción legal por las fuerzas del Estado? Ya imagino un frente de esteladas y los Mossos o la policía o incluso el ejército intentando abrirse paso. ¿Es descabellado? Ese es el plan a buen seguro que desearía cualquier separatista ya que se han encargado de asociar Fuerzas del Estado con tentáculos de la opresión y por el contrario las decisiones (saltándose la ley o no) en el Parlament o el Referéndum como muestras de democracia. Algo que por reiteración sistemática y monopolio territorial ha quedado deglutido y asimilado por la población sin que existiera una sólida contrainformación que lo refutara. De tal modo, lo que haría sin complejos EEUU, Alemania o Francia, en este país nuestro da "miedín" no sea que le tachen a uno de facha por hacer cumplir la ley. La negligencia operativa del débil siempre es la más letal, porque el fuerte y decidido ha advertido sin tapujos sobre lo que va a hacer y sus adversarios conocen las consecuencias de su propia deriva y actúan en consecuencia, sin embargo el pusilánime, al no atreverse y ejercer de rehén de la corrección política ergo dominio moral de la izquierda frentista, otorga al grupo contrario un espacio de crecimiento desorbitado hasta que llega un punto en el que súbitamente trata de sacudirse los complejos por un impulso, impostando el poderío que no tiene y provocando así males mayores. Por eso reitero que más vale no confundir moderación con pusilanimidad.

Siempre he dicho que el peor riesgo del conflicto independentista era dejar crecer las expectativas hasta permitir que hubiera gente que creyera que era posible lo que hace pocos años pensaba del todo inabordable. Bien, ahora existe un sector que ya da por hecha la independencia y solo se preocupa en analizar las consecuencias. Ante semejante presupuesto una cosa es bien segura: no es posible dar una solución satisfactoria a un conflicto en el que un bando ha sido pertrechado con unas expectativas tan elevadas y por ello Cataluña es un escenario de violencia potencial factible. Violencia que va relacionada directamente con el posible grado de frustración con las expectativas y que ya se ha constituido en la marca registrada de Rajoy: coadyuvar al advenimiento de grupos más cuantiosos de  radicales antisistema. Ya he explicado en otros artículos las oportunidades perdidas del mandatario gallego, pero centrado en las consecuencias del conflicto en ciernes, solo puedo dar por sentada una escalada de tensión que incluso puede crecer si el escenario internacional de recesión empieza a hacer acto de presencia en la economía española.

Este último año, pese a empecinados maximalistas que se empeñan en negarlo todo por un partido,  hemos vivido una mejora en la economía que ha propiciado una reducción del paro y los números positivos en las cifras macroeconómicas. Eso es un gran apaciguador de revoluciones y radicalismos que ha favorecido la sensación de que el desafío separatista se había desinflado. Creo que ello es cierto y ha influido de lleno en Barcelona, la gallina de los huevos de oro, que no cesa de recibir turistas de medio mundo y a llenar sus arcas de plata con la que poder seguir financiando moral y crematísticamente el entramado separatista. En el momento que eso se detenga y se asomen visos de un frenazo global, abróchense los cinturones porque la que puede llover será gorda.

De modo que si agitamos el cóctel de conflicto separatista con altas expectativas, más posibles frustraciones o decisiones ejecutivas con una alta carga de tensión, más grupos radicales anti sistema y televisiones que los apoyan pendientes de recoger todo el rédito populista por ello, más inopia madrileña únicamente confiada en el factor legal e "institucional", más un escenario de amenaza global de recesión, más otros frentes como el terrorismo islámico, más las posibles interacciones de nuevos líderes políticos en países significativos, pues tenemos como resultado una espita muy sensible a cualquier situación grave que como pauta general suele dar comienzo a cualquier conflicto histórico.

Existen personas que son insustituibles y existen otras que son absolutamente sustituibles. O empezamos a tomar la historia como una lección adaptable y no como un prejuicio de odio con el que instigar y aglutinar acólitos por afinidad o seguiremos abonando la constante de la nuestra que no pinta muy bien en la lontananza. El rumbo por ahora es fijo y está marcado, si no hay alguien que lo desvíe, no esperen flores de la pólvora, o quizás sí, por eso estamos en lo que estamos.

lunes, enero 04, 2016

Cataluña o Catapeor, recapitulación de un conflicto.

Siempre he sido muy crítico con la estrategia de Mariano Rajoy en Cataluña porque no ha existido. Sí quizás algún coletazo neuronal hacia el final cuando comprobaban que el desafío iba en serio y ya poco quedaba por hacer. Así, a destiempo y sin el "consenso" que se proclama para otros menesteres, se puso el parche del TC.

Estrategia del Gobierno de España

He escrito por activa y por pasiva que la visión marianista del desafío independentista ofrecía dos razonamientos de corte contemporizador y dos justificaciones maximalistas:

Razonamientos contemporizadores: 1) Dejar hacer esperando que se resuelva la cosa por sí sola confiando que CiU retornara in extremis a pactar con el Gobierno de España; 2) Dejar hacer esperando que se estrellen contra las instituciones del Estado. En ambos casos, decir o hacer nada y eso vendría a ser lo mismo.

Las justificaciones maximalistas: 1) No iban a dar argumentos al nacionalismo-independentismo para convertirlos en víctimas o mártires y 2) No hubiera existido "consenso" para tomar según qué decisiones.

Estrategia nacionalista-independentista catalana

Entretanto, ha existido en Cataluña "barra libre" de propaganda, dominio mediático y político nacionalista-independentista de tal calibre durante las legislaturas de Zapatero y Rajoy (su continuador), que a día de hoy la cabra ya se ha tirado al monte con tanto empeño que solo le resta despeñarse. En todos estos años, la sí existente y muy tangible estrategia nacionalista-independentista se ha centrado en diversos frentes:

1) La progresiva e implacable desafección con todo lo que huela a España: política, deporte, costumbres, tradiciones, cultura, etc.

2) La continua y martilleante dedicación a enfatizar actitudes democráticas, dialogantes y de formalismo moderado y exquisito inherentes al buen catalán contrapuestas a la crispación madrileña y en general española.

3) La recreación de una Nación catalana con profundas raíces históricas como tal, vendida que está unida a España exclusivamente por formalismos legales de un estado opresor, que necesita resarcirse de sus sinsabores en su relación todos estos siglos.

4) La incesante política del miedo a que la cultura catalana sea víctima de los ataques de la omnipresente cultura imperialista española.

5) La inexorable necesidad de alcanzar la Arcadia feliz, esa Cataluña émula de Austria o Dinamarca que tras la separación con España y pese a las dificultades, podrá por fin ejercer de nación libre del yugo hispano en comunión con una Europa con la que se siente hermanada.

6) La exposición continua de todos los obstáculos que impiden a los buenos catalanes alcanzar su libertad. Obstáculos que ejercen de enemigos objetivos de la nación catalana y que por tanto por el mero hecho de serlo licitan el odio sobre sus personas.

Para ello Jordi Pujol ya confeccionó durante sus casi tres décadas de mandato, las estrategias mediáticas para ejercer el oportuno control de masas envuelto en la senyera, pero su impronta siempre fue tan contemporizadora o paciente como la de Rajoy aunque siendo consciente de que, a diferencia del mandatario gallego, él llevaba el control de la situación. Para ello, se fueron consiguiendo todos los resortes institucionales ergo competencias que posibilitaron el riego ascendente de las medidas citadas. De hecho, estoy convencido de que siempre fue esa la preocupación de Pujol y no la de enriquecerse. Ello pienso que corría a cuenta de la señora Ferrusola, la cual, amparada por los plenipotenciarios poderes e influencias del virrey, pudo hacer y deshacer un imperio económico para ella y su descendencia. En cualquier caso, Pujol llevó a cabo su ingeniería social a la perfección y a diferencia del "imperio español" a buen seguro que ha existido una permanente y engrasada agencia estratégica que se encargaba y se encarga de urdir y confeccionar estilos, diferenciaciones, discriminaciones, enfatizaciones y a las personas precisas para otorgar a su ciudadanía el derecho de acción fundamental: el de coadyuvar a percatarse de que no eran libres y que necesitaban serlo.

Medios de comunicación

Para ello ha sido imprescindible la colaboración de todos los medios de comunicación catalanes sin excepción, públicos y privados. Y así ha sido con total independencia de la línea editorial que caracterizara al medio. Cada cual ha acogido uno, varios o todos los frentes que antes he citado como empecinados arietes percutores de las conciencias catalanas hasta recrear una normalización de lo que se entiende por dignidad. Todo cristalizó el ya emblemático 26 de noviembre de 2009 con la consiguiente Editorial conjunta por la dignidad de Catalunya en la que se rubricó, más que lo que se pretendía decir, que todos tenían un enemigo común contra el que luchar y que de hecho mostraron de facto.

En Cataluña ha existido algo parecido a la maleabilidad de la lógica por un fin que justifica a los medios. Algo que ha permitido afirmar que una buena parte de la población catalana escoge en libertad y que se le supone un criterio capaz de juzgar las situaciones sin intermediaciones de factores interesados en su juicio. Cataluña ha roto el molde. Alemania la incauta y necia no fue capaz de ver lo que sí ven los catalanes, que pese a disponer de prácticamente todos los medios de comunicación públicos y privados refrendando una proclama conjunta que aniquila una visión plural, dado que se podía demostrar que en 2009 existía una parte importante de los catalanes que no hubieran apoyado tal editorial y no tenían voz, son conscientes y saben que su juicio sigue siendo inasequible a la manipulación de dichos medios. La adhesión ciudadana coetánea en Cataluña con la proclama oficial es casual o coincidente supuestamente con la de los medios de comunicación e instituciones nacionalistas por la evidencia percibida a través de la visión real o del filtro inteligente y libre que hacía capaces a todos los que hoy son independentistas y antes no lo eran, de ver a través de sus fuentes de información lo que era interés y lo que era información contrastada.

"Solo" La Vanguardia, El Periódico de Catalunya, Avui, El Punt, El Diari de Girona, Diari de Tarragona, Segre, La Mañana, Regió 7, El 9 Nou, Diari de Sabadell y Diari de Terrassa suscribieron el manifiesto por esa dignidad que en la actualidad, siendo Cataluña ridiculizada y objeto de chanza por su esperpéntica deriva, no parece ser objeto de defensa. De todos esos altavoces, ya he precisado en numerosas ocasiones que el del Grupo Godó, con el resto de sus ramificaciones mediáticas, es el que más incidencia ha tenido cuantitativa y cualitativamente en el procès. Lo primero porque es el diario de la población más numerosa de Cataluña y lo segundo porque es y ha sido el diario de cabecera de la burguesía catalana en sentido amplio antes siempre renuente a las incertidumbres y los conflictos.

Precisamente por la falta de pluralismo se infiere uno de los bastiones argumentales de la doctrina diferenciadora catalana: la impostada docilidad y moderación en el discurso democrático y pacifista viene de no disponer de voces discordantes dentro del territorio y aquellas que dramáticamente luchan por alumbrarse, son o bien fagocitadas directamente por el resto o siempre tienen la voz de parte de un medio que le es hostil pero que con su exigua divulgación puede presumir de plural. Cataluña no dispone de una consecución causal entre las fuerzas políticas y sociales reales. No existen grupos mediáticos enfrentados con mejores o peores maneras dando rienda suelta a su libre albedrío ideológico como pervive en la crispada Madrid, por ello la Cataluña nacionalista puede vender su impronta europea de diálogo constructivo, democrático y pacífico porque ¡Ay! del que se atreva a hacer de espontáneo aguafiestas en la balsa de aceite catalana. De ese modo, Cataluña ha ido perdiendo en estas décadas el contrapeso de un grupo mediático fuerte que pudiera resistir las acometidas de un establishment omnímodo hasta exiliarse a otras tierras o ejercer en silencio otros menesteres. De hecho, al no existir dicho contrapeso o ser muy tímido, el frente mediático madrileño ha actuado como némesis informativa que reforzaba lo propio catalán como cierto y lo de Madrid, lo ajeno como desestabilizador. Así de ese modo los cerebros proceden a relacionar las correspondientes etiquetas que faculten la estimación y desestimación de las subsiguientes informaciones, o lo que es peor, toda información dirigida a dar luz sobre cualquier cuestión catalana en clave negativa, en vez de incidir como extensión de miras pasa a ser un acicate automático de repliegue para continuar la lucha por la independencia. El ingenio está ya diseñado a la perfección para dar sus frutos.

Manipulación

¿Y qué ha ido pasando? Que en esa Cataluña intocable, las nuevas generaciones se han ido asimilando de origen a la doctrina imperante y ubicua catalana y ello ha ayudado a consolidar la idea de una nación cuyos ciudadanos han asumido de nacimiento y forja escolar, amén de los citados medios de comunicación, su pertenencia excluyente de facto que les predestina a su labor de maulets inasequibles al desaliento. Se les ha dado motivación y un palo con una cuerda al que seguirán incondicionalmente a base de un patchwork de simbología, cruzadas a jornada parcial y gratuitas dosis de adrenalina con comunión emotiva a raudales. Eso y los móviles de última generación... ¿Qué más se puede pedir?

El caso es que para conseguir un fin y cohesionar a la gente entorno a su objetivo político o partidista, he defendido hasta la saciedad que el mejor modo es presentando el oportuno enemigo objetivo como eficaz catalizador y cohesionador de conciencias. Los medios de comunicación antes citados, muchos de ellos no simpatizaban-simpatizan con el nacionalismo de Pujol y Mas, todo lo contrario, dicho predominio ha sido ocupado por la Izquierda política y particularmente por la vía maragalliana que acogía una perspectiva socialdemocrática del catalanismo, pero la crisis de prensa escrita que ha afectado dramáticamente a todos los gigantes respetables de la comunicación española no ha hecho excepciones con los diarios catalanes y la subvención justificable por la divulgación de la lengua catalana, sin menoscabo de la discrecional aportación publicitaria institucional, se ha convertido para éstos en una tabla de salvación o en un clavo ardiendo al que agarrarse sin remilgos.Ante esa tesitura ¿Qué recurso ha ejercido con mayor efectividad como pinza en la nariz para satisfacer al sistema nacionalista sin repudiar la inspiración socialista? Los frentes 1, 2 y 6 de la "astuta" estrategia de control de masas en la que se pone en la picota toda la podredumbre política del resto de España, específicamente la protagonizada por el máximo enemigo (el PP), para que sirva de ejemplo y referencia de todo aquello sobre lo que se pretende amputación. Un culebrón de continuos facsímiles sobre corrupciones, corruptelas, ansias de poder en el ambiente recreado por el glosador de turno que actuando como metafórica voz en off, desmarcada y desafecta ella, se dedica a juzgar inapelablemente algo más que a un partido: un constructo representativo de una opción política constituida en el referente del mal personificado y la opresión significativa. El maximalismo y la enorme satisfacción hedónica que otorga el poder sentirse juez sumarísimo de los demás, amén de perenne acreedor de cuentas pendientes, coloca en las manos de sus desprevenidos destinatarios la simiente original que les confiere el conocimiento de su nuevo poder, el de caer en la cuenta de que todos sus males obedecían a una razón tangible y material personalizable en un grupo y/o ente y no a su propia responsabilidad: el enemigo es la razón de todo lo malo, y nosotros la razón de lo bueno que está por llegar. Por supuesto, el resumen es tan sencillo como el resultado de una ecuación compleja, pero siempre la gracia ha sido explicar el desarrollo.

La conjunción de razones en común que abonan una editorial conjunta contra...lleva a  trazar en Cataluña una senda forjada en batiburrillos de razones contrarias a la derecha que representa el PP por encima de cualquier otra consideración, de manera que para sentirse cómodo, confortable y merecedor del atributo de buen catalán, uno debe ejercer, que no ser catalán, y de izquierdas, porque inconscientemente no pueden existir parecidos con el configurado monstruo opresor. Eso lleva a ver hoy totalmente normal para la población catalana muchas de las apelaciones de grupos afines y socios de Podemos hasta el punto de facilitarles el traslado desde sus inmuebles okupados a los sobrios y lujosos edificios institucionales. En ese punto, el odio y la desafección han sido los resortes más o menos velados que podían reunir unánimemente a los sectores más heterogéneos en pos de un motivo, que no era tanto un logro para sí como vencer o dar la patada al PP y al país que mejor le representa en ese constructo maniqueo. Se produce entonces la relación inversamente proporcional entre fracaso de expectativas y actitudes pacífico-democráticas, dándose la exudación imparable de la frustración y su jerga inopinada de traidores, enemigos e hijos de p***, pedradas en sedes y un peligroso etcétera.

Conclusión

A todo ésto, lo paradójico y tragicómico es que Rajoy no ha hecho nada de nada y sigue siendo merecedor de la repulsión de unos y un advenedizo rechazo de quienes, habiendo confiado en él, se han sentido totalmente desamparados y huérfanos de acción, apoyos y principios. Porque en el juego político mediático de pretendidos manipuladores de redacción y sede, aun sabiendo y asumiendo que las personas son impermeables a la influencia en sus sueños más húmedos, la fábrica onírica ha tenido todos los beneplácitos y aquiescencias para construir hordas de soldadesca entregada a la causa para convenir que una Cataluña con la Cup, con Podemos y con los Independentistas en cuadro y sus sedes embargadas y un líder con un imperio millonario de desconocido origen, siempre es mucho mejor que el PP o el que venga a constituirse según el salvador de turno ataviado con una estelada, como el nuevo enemigo de Cataluña.  

Visca Catalunya i visca Catapeor!  

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