domingo, enero 22, 2017

Defensa del proyecto de España

Agrade más o menos, José María Aznar dió una extraordinaria lección de geostrategia el día que un grupo de marroquíes "oficiosamente" tomaron el islote de Perejil.  Me explico:

Normalidad y normalización.

Las personas en una sociedad de corte occidental como la nuestra, solemos actuar rutinariamente tanto en nuestras actividades de ocio como de trabajo. Todas las situaciones que se nos presentan a lo largo de un día suelen oscilar en un rango de acciones que nuestro cerebro tiene más o menos previstas, de tal manera que nuestro sistema nervioso se acomoda a dichas circunstancias ofreciéndonos respuestas más o menos medidas basadas en experiencias previas. No obstante, en el día a día surgen pequeñas modificaciones dentro del contexto inamovible que vamos añadiendo a nuestra base de datos para convertirlas en experiencia válida que utilizar con menos recursos las próxima vez que se presente una análoga. Lo que es repetido y continuado se va normalizando en nuestros cerebros para llegar a asumir las consecuencias casi automáticamente. Sobre todo ello no somos conscientes, simplemente repetimos las tareas y nos vamos adaptando a los ligeros cambios.

En los niños pequeños, eso no sucede igual, ya que la acumulación de nuevas experiencias es exponencial desde que se nace, de tal manera que, aunque se van almacenando rutinas novedosas que aportan tranquilidad a nuestro sistema nervioso, cada cambio que de mayor resulta anodino como la visita de un familiar, para un infante puede ser toda una novedad y reaccionar con una alteración de su sistema nervioso.

La educación de un niño es por tanto un modo de realizar acciones acostumbradas para que pasen a ser normales: hablar bien o mal, permitir o prohibir, hablar a gritos o en boz baja, razonar o imponer, etc.

El ser humano no cambia su mecánica de mayor, solo va aglutinando cada vez más y más información sobre la que inconscientemente pertrecha referencias con las que comparar nuevas situaciones para contraponerlas dentro su contexto mental y ofrecer respuestas más o menos adaptativas.

Geostrategia: el ejemplo.

La opinión que tenemos de cualquier sujeto que conocemos no es más que el conjunto de experiencias que hemos conocido de éste, cotejado complejamente con nuestro contexto experiencial alojado en nuestro sistema nervioso. De ello resulta nuestro juicio de valor sobre tal o cual persona o situación, es decir, de sus actitudes tal y como nosotros las hemos interpretado en nuestro universo mental, llegando a conformar un esbozo más o menos detallado en función de la persona o el rango de situaciones observadas. Si tenemos una experiencia, esa será la referencia, pobre, pero referencia, y si tenemos mil, pues sobre esas mil. Por tanto, la información que recibimos, las experiencias conocidas de las personas o situaciones que juzgamos son ejemplos válidos para realizar definiciones que no son más que prejuicios o estereotipos para acomodar futuras experiencias con esos sujetos o situaciones a nuestra normalidad. Normalizamos el conocimiento de los ejemplos aportados creando una gran figura ejemplar de la persona o situación vividas.

Perejil.

Volviendo a Perejil, la invasión de un islote puede parecer una nimiedad para quien no sabe ni de estrategia ni valora la importancia del ejemplo aunque base sus opiniones en, por ejemplo, pocas o muchas noticias de los medios de comunicación con intereses determinados. Pero aquella fue una situación clave con la que definir para terceros una actitud a considerar por parte del defensor del islote. Si el tema se hubiera cedido a la diplomacia, que no existía oficialmente ya que Marruecos se desentendía del asunto, posiblemente el problema se podría haber enquistado y aparecer una escalada de tensión que llevara a obtener más atención internacional y los focos de aquellos medios que buscan enfatizar lo negativo del caso para extraer tajada partidista. Cualquier respuesta del Gobierno de España iba a ser normalizada, o tenida en cuenta para actuar a posteriori.

El pulso independentista y la defensa de la unidad de España.

El Perejil de Rajoy puede parecer mucho más complejo en manos de los avezados políticos nacionalistas que se lanzaron al monte al igual que el grupo de marroquíes que en su día hicieron lo propio, pero la mecánica psicológica es la misma y la respuesta absolutamente opuesta cual Chamberlain versus Churchill. Poco importa lo avanzado que estuviera el proceso, lo importante es que se plantó un pulso a Rajoy y se esperaba algún tipo de reacción que definiría la normalidad de dicho proceso, o lo que es lo mismo, a qué debían atenerse todos los componentes del conflicto y sus víctimas propiciatorias, los ciudadanos que lo apoyan y los que lo padecen.

Bien, así como Aznar reaccionó de inmediato con el uso de las fuerzas armadas marcando una normalidad basada en responder de inmediato a la vulneración ilegalidad internacional, Rajoy contemporizó y lo sigue haciendo a día de hoy. Las Fuerzas armadas están recogidas en la Constituición española como garantes de la unidad del territorio y el Independentismo, astuto él, empezó a lanzar temores de intervención como si ello se saliera de lo normal y respondiera a algo ajeno a la Constitución y la Democracia en un Estado de Derecho. -. Que si los aviones militares sobrevuelan Cataluña...Rajoy, afectado y temeroso de ser tachado de autoritario o algo peor por los medios conniventes dejó a un lado la normalidad hasta entonces instituida y optó por ir a remolque de las estrategias independentistas como si ello fueran respuestas decididas para la defensa de la legalidad. Tendría que haber reconocido sin complejos una de las competencias del ejército español, ya que es una realidad sin más calificativo. No en vano, el dirigente gallego instituyó otra normalidad. Y todo lo referido es para defender los gestos y las palabras que no acciones que no eran necesarias en ese punto. (La fuerza militar es siempre inicialmente persuasiva pero debe aceptarse su normalidad y apelar a su existencia como garante del Estado de Derecho, de no hacerse así, cuando la persuasión ha sido débil o no ha existido, las partes están enconadas o ha habido crecimiento de la parte sublevada y es entonces cuando es muy difícil decidir una iniciativa armada porque entonces sí puede haber respuesta.)

El Independentismo empezó a observar que tras sus avances de política de hechos consumados no existía una respuesta contundente o la fuerza de un Estado que defiende la legalidad con los modos regulados para el Ejecutivo, al contrario, una ausencia total de autoritas. La normalización del Independentismo empezó a avanzar como no lo imaginaba de modo que lo que poco tiempo antes resultaba atrevido y hasta inconsciente, empezó a asumirse como normal y un avance que ofrecía inclusos visos de éxito impensables antes del órdago. Los estandartes físicos de tierra tomada eran las esteladas en espacios públicos, telas que en el pasado eran vistas como ajenas o de sectores muy radicalizados empezaron a instituirse en el proceso de esa normalidad. No existía una institución gubernamental que defendiera la legalidad en la práctica, permitiendo que imperara un ilegal ejército de soldadesca plantando banderas ajenas a la ley e impunidad para retirar cualquier enseña nacional. Esa ha sido la defensa del PP.

El ejemplo de la normalidad.

Los seres humanos en una sociedad son de diversa índole, pero la mayoría, los que en una gráfica entrarían en la campana de Gauss, suelen esperar a ver cómo evolucionan las situaciones para acomodarse a una normalidad que no es más que la tendencia imperante que predomina en el día a día. Si la normalidad dictamina que hay que perseguir a un grupo social, la masa lo hará sin hacerse demasiadas preguntas aunque poco antes fuera un disparate, ya que el entorno, parejo y uniforme, validará tales acciones como adecuadas. Los conceptos de índole moral o ética se van adaptando a la normalidad para recibir la aceptación necesaria y la lógica suele en esos casos verse subsumida por la emocionalidad que justifica según que arbitrariedades o engrandece las del contrario para justificar las transgresiones.

Rajoy desde el día uno, marcó con su ejemplo un tipo de normalidad que superó con creces las expectativas de los independentistas, haciéndo creer a decididos e indecisos que la separación de España era posible. Ahora puede haber existido un decaimiento por aburrimiento debido a la contemporización infinita de Mariano Rajoy, pero la juventud formada e influida por el corolario independentista va creciendo con la nueva impronta de normalidad y ésta no será razonable o empática en modo alguno con la pertenencia a España ya que en su actual entorno, ya nada les identifica con este país. Para entonces puede que Rajoy ya no esté en tarea de Gobierno, pero tras Zapatero, el espaldarazo de Rajoy ha sido tan descomunal que su responsabilidad es definitiva en el advenimiento de todo conflicto relacionado con el Independentismo. El PP era el único partido del que el Inedependentismo temía una potente respuesta pero ésta no se produjo exiliando al cajón de la "ultraderecha" toda respuesta antes normal y dejando vía libre a un todo o nada que en algún momento de nuestra próxima historia acabará produciéndose. El ejemplo de Rajoy es de todo menos de Defensa de los intereses de los catalanes no independentistas, por mucho que lo repita una o mil veces, las referencias instituidas por él son inexorables y la opinión que cualquier sujeto en uso de su juicio tiene del dirigente gallego es de pusilánime, contemporizador que apela a cualquier institución ajena o decisión contraria antes de tomar una decisión. Perejil ha sido conquistado y le siguen Ceuta y Melilla.



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