lunes, marzo 06, 2017

La lacra que siembra la discordia en la humanidad: el buenismo

La famosa "tensión" que propugnaba Zapatero

En la confrontación ideológica, uno de los recursos principales de la Izquierda viene a ser el mantenimiento de la tensión y odio hacia el contrario recreando una visión del mismo lo más exagerada y maximalista posible y con ello exacerbar las diferencias. Para ello no se buscan ejemplos paradigmáticos de los rivales, los que abundan, sino extremos que provoquen rechazo para presentar un enemigo caricaturizado susceptible de ser odiado. No hay más que ojear cualquier diario y comprobar el ratio de sucesos terribles, de injusticias, de desatinos, de corrupciones, que, si bien sazonan todo el espectro político, lo normal viene a ser que en función de la pretensión fáctica del medio, se ponga el foco en unas y el silencio o la sordina en otras. Parece que la complicidad del lector en la coincidencia ideológica hacen el resto y acaba tomándose como normal el sesgo, llegando a pensar que se ofrece información y no formación.

El foco de atención: clave para atraer adeptos

Todas las cifras, datos y conocimiento de este mundo se van al cuerno ante cualquier imagen desgarradora que concierna a personas que desvelan, entre fotografías impactantes, su enorme sufrimiento debido a una causa definible y definida por el medio que la ha destapado entre otras miles que suceden a diario de toda índole y condición....Pero la publicada es la escogida para generar en la mente de los receptores el oportuno juicio de valor con la inestimable ayuda del factor emocional. La trágica situación traída por el medio o poder fáctico puede ser cierta, pero desgraciadamente no es un resumen de la realidad, sino un trozo de una realidad compuesto de muchos miles de trozos que pasan desapercibidos y que quedan al margen de ese público destino encargado de hacer causa común por el que ha sido capaz de impresionar en sus retinas. Y es que la imagen de un ser humano sufriendo por la supuesta causa de un ente o personas identificables no tiene parangón alguno entre las ofertas de recompensa emocional que se pueden proveer a un cerebro humano.

La paradoja del buenismo que no es tal: el palo y la zanahoria

La disputa que tiene el mundo occidental y se recrudece por años se resume en dos posiciones abiertamente antagónicas que se resumen en dos frases: 1) El hombre es un lobo para el hombre (Hobbes); 2) El hombre es bueno por naturaleza (Rousseau). El problema es que dichas frases no son presupuestos rígidos sobre los que solo cabe adhesión o rechazo tipo: "¡Este es mi territorio!", sino que pueden validarse y comprobarse diariamente entre ejemplos cotidianos de conducta humana. Por este motivo, no dejaría de resultar paradójico que un buenista actuara como un lobo ante quien defendiera que el hombre es un lobo para el hombre; poco coherente que existieran medios que persiguieran a quienes vieran un fatuo romanticismo en propuestas irrealizables cargadas de buena intención; nada consecuentes a quienes se dedicaran a etiquetar, a adjetivar e incluso a insultar a quienes no abrazaran una visión bella, amable y atractiva de sus propuestas igualmente cargadas de buena intención; en definitiva a juzgar como malos a quienes no pensaran igual que ellos.

Y es que ese es el quid de la cuestión que desenmascara a los buenistas. No buscan el bien, buscan crear malos para señalarlos y exponerse ellos en mutua soflama grupal como arquetipos de una justicia utópica que por el mero hecho de suscitarse convierte a sus proponentes en buenos paladines a los que se les confiere la labor de erradicar a los los discrepantes. En ese escenario, nada hay más effectivo que mantener la tensión, que recrear escenarios y culpables, que extender etiquetas, que definir grupos de culpabilización, y no a buscar causas y consecuencias de las cosas ya que la mera intención abonará el carné de buenista. Poco esfuerzo y corto plazo para tenerse a sí mismo como el bueno. Así, el fin no es que exista la consecución de un bien para la humanidad, sino proponer situaciones atractivas, bellas y utópicas, impracticables y poco realistas que destapen a osados que se atrevan a cuestionarlas y al descubrirlos, ir a por ellos. Entre los destinatarios del agitprop buenista, la gran mayoría, eso no se advierte ya que miran el sujeto a defender o a atacar y no el objeto, son números en una efectiva manipulación que juega con la recompensa emocional.

La variable fundamental que se desdeña en toda propuesta ideológica: la psicología humana

El ser humano lleva implícita la protección y defensa de su yo ante el mundo. Lo tenga más o menos consciente en su cerebro, todas y cada una de las acciones que realiza y realizará a lo largo de su vida sirven a ese constructo: sus metas, sus ideas, sus valoraciones, sus actitudes, sus actos, sus apegos, sus motivaciones, sus emociones, todas y cada una de ellas giran en torno a la propia persona, al yo que debe ser alimentado para dotarse de la correspondiente autoestima que le permita expresarse adecuadamente en relación al exterior. El que pretende un acto de cualquier índole, pretende al unísono un logro para su yo, el uno va indisociado con el otro pues en la acción de pretender, de lograr, uno no queda desafectado del hecho sino que se une al mismo, se implica y lo anexiona a su persona como una prueba de realización personal, de capacidad para conseguir un logro, del que a expensas del resultado obtenido, podrá alcanzar una recompensa emocional que vendrá a fortalecer su yo. Por supuesto, la asociación es inconsciente e independiente del grado de altruismo pues en todos los casos que existe implicación emocional con el objetivo a asumir, el yo estará unido con la situación que se pretende conseguir y de resultas de una, obtendrán las dos, el objetivo a alcanzar y el yo.

La expresión vital del yo en su manifestación práctica es el proceso de realización personal, ese en el que se produce el desarrollo y fortalecimiento del yo. Proceso en el que se buscan causas constantemente que ofrezcan la oportunidad de crecer, y será en función de la estructura genética de los individuos en combinación con el ambiente la que propiciará un tipo de causas u otras. Pero pocas existen que puedan compararse a la recompensa emocional que otorga el ayudar a semejantes en situación de dificultad, bueno sí, una es capaz de dotar de esa satisfacción en grado supérfluo porque ofrece al mismo tiempo varias bifurcaciones emocionales que generan adicción al yo: A) Creación del sentimiento de fortalecimiento de un yo por ofrecer ayuda a los demás, con lo que se auto demuestra la capacidad para poder darla y un velado paternalismo o incluso más precisamente, un maternalismo; B) Realización personal por el reconocimiento grupal recibido o percibido por dicha acción; C) Prerrogativa para emitir juicios de valor sobre terceras personas recreando virtualmente una situación de superioridad moral con la que arrogarse papel de paladín justiciero. Toda una borrachera de gratificación emocional para el yo.

La intrínseca conciencia culpabilizadora humana como arma de manipulación de masas

En la actualidad, se está extendiendo como una epidemia, desde colegios hasta partidos políticos y población en general, una idea que no es ni mucho menos nueva pero que los medios de comunicación y entretenimiento pueden propagar mucho más efectivamente que en cualquier tiempo anterior: la de generar una culpabilización en las personas que no padecen problemáticas sociales o desestabilizaciones psicológicas en algún grado significativo sobre las personas que sí las padecen, de manera que se asocia el hecho del padecimiento de tales grupos con el bienestar de los otros como si habláramos de vasos comunicantes en los que los "privilegiados" se aprovechan o viven ajenos a una realidad de manera que propician que los desfavorecidos queden más marcados y desarraigados. Se crea una deuda de unos para con los otros que es emitida y extendida por unos jueces morales que actúan desde sus púlpitos mediáticos cuales rigurosos predicadores que instauran con sus etiquetas y adjetivos al uso, las imprecaciones sobre quienes según ellos, pecan y al mismo tiempo pasan a ser los pecadores.

El ejemplo lo ponen las excepciones

Al transigir con este proceso se estima que las minorías o partes desfavorecidas no tienen responsabilidad por su situación y no son ellos los concernientes al problema sino las víctimas resultado de la acción de los "privilegiados", y si llegan a tener alguna responsabilidad, ésta es nimia comparada con la del papel de la otra parte. Es en esos casos, cuando grupos de la población "privilegiada" receptivos a la presión social y mediática emitida por los predicadores y los productos que siguen esos postulados asumen como un reto moral la necesidad de su descargo y con ello alcanzar una homeostasis emocional que puede incluso motivar su propia existencia. Ante un principio mayor, se pueden soslayar los medios empleados ya que es necesario superar los escollos que llevan a la consecución de ese fin que de partida es de ayuda a los desfavorecidos y por ello, bello, bueno. La programción cerebral ha sido ejecutada y desde ese instante se genera un anhelo de solucionar los problemas de las personas "oprimidas" (como constructo en el que se asocia la situación de desfavorecimiento con la del grupo culpable que desencadena su situación) convirtiéndolas en una motivación de logro que transforma a cualquier discrepante en alguien que desea el mal de esas mismas personas.

Qué siento al formar parte de un grupo buenista

El cerebro humano siempre trata de justificar sus propios actos con independencia del valor moral o ético que transporten sus acciones, el caso es dejar a salvo esa autoestima que salvaguarda el yo y para ello es obligado recrear a los contrarios en función de lo que haga uno. Ya sea un ladrón que reacciona increpando al que le ha pillado o cualquier infractor que es puesto en evidencia, en la mayoría su reacción suele versar en cubrir como sea el hecho acaecido permaneciendo incólume. Dime a quien odias y te diré cómo eres o qué piensas. Todo eso requiere unos malos "a la carta" que sirven de justificación para mantener el ego del actor a salvo. Es por tanto frecuente ejercer de juez y parte tomando en consideración como hecho más destacable la defensa del propio yo. En el grupo buenista se asume que uno es el bueno sin importar los actos realizados, solo contará la intención de ese grupo que es el ideal utópico por el que todo quedará perdonado y eximida su responsabilidad. Pero el sentimieno del buenista debe contar inexorablemente con esa oposición pues es la auténtica motivación por encima de la supuesta buena acción. De ese modo, la doctrina buenista no es sencillamente un postulado general de acción replicable, sino que es arbitraria, concreta y definida para un grupo que determina lo "mejor" para el común. Tal incoherencia lleva a defender casos en un entorno concreto y a justificar los mismos o análogos en otras situaciones si con ello se defiende al grupo buenista. El fin del buenista es superior y por tanto justifica cualesquiera medios empleados y confiere a sus afines un derecho acción contra los discrepantes.

El buenismo no tiene un fin altruista, que sería la defensa incondicional del desfavorecido o la consecución de un mundo mejor, sino que pone condiciones y viene con sus propias recompensas emocionales como razón última de su propagación. Esas recompensas emocionales acaban siendo fin en sí mismo que las desproveé de altruismo pues acaban siendo en la mayoría de los casos una necesidad personal de quien quiere realizarse como persona y necesita concederse causas que den un sentido a su existencia. De tal modo el buenista busca su crecimiento y realización personal a costa de personas cuya causa les ofrecerá toneladas de inputs emocionales. Para poder dar hay que estar en condición de dar, quien está necesitado por realizarse, necesita recibir y por ello su ofrecimiento es a cambio de algo que sin duda exigirá con sus condiciones. La persona plena y realizada que no tiene nada por demostrar y demostrarse, ofrece su ayuda sin contraprestaciones de ninguna clase, sin juicios a terceros, y a todos los que quieran recibir su ayuda sin estipular condiciones. Las no realizadas depositan en su buena intención la importancia que le conceden a su acción, el gesto con el que piensan se convierten automáticamente en sujetos con una moral más alta y encomiable que los que no realizan tal gesto, pero el trueque sigue tan vivo como quien cobra por sus servicios, incluso peor porque en ese proceso de realización, el que se arroga la posición paternal o maternal, se arroga simultáneamente sus competencias de juicio a los demás y con ello puede justificar lo que estime conveniente.

El profesor buenista

Un profesor puede tener en clase a uno o dos niños que no se relacionan con el resto porque sus aficiones, la normalización ideológica o comportamental vivida en casa de sus padres es completamente distinta a las del resto, por muchas o variadas causas pueden tener inquietudes o problemáticas distintas a las del resto. Entre la mayoría de la clase existen otros subgrupos entre las que algunos critican a los "marginados" y se meten con ellos y otros que pueden relacionarse esporádicamente sin tener una estrecha relación pero tampoco hostil. Bien, el buenista tenderá a crear grupos artificiales en los que deberá darse una relación estrecha con los "diferentes" para generar un ambiente propicio en su clase y que con ello pueda concebir personalmente su acción como prueba de la intención de su buena fe. En ese propósito, el profesor usará a los alumnos que considere más adecuados a la consecución de su fin y pondrá trabas a las amistades que se forjaron naturalmente y que impidan la consecución de su objetivo, de tal modo que tendrá la percepción ideal de que todos se relacionan con todos con independencia de su impronta personal, de principios, cultural o de cualquier índole. Los niños que estaban marginados constatan una situación de privilegio otorgada por la profesora ya que recibirán la discriminación positiva de su profesora con agrado. Se "soluciona" la falta de armonía con un agravio comparativo justificable por la culpabilidad implícita de ser "privilegiados". Es posible entonces que surjan situaciones de tiranía y de mayor hostilidad pues los niños detectan que dicha discriminación, aunque les otorga poder, les sitúan como bichos raros a los que los demás deben acoger para agrado de su profesor. Por ello, acaban aprovechándose de la situación y al hacerlo, se valen de los niños usados para ese fin, de manera que los hostiles siguen siendo hostiles y la unión entre personas que antes era natural, cercana o distante, ahora se ha convertido en un problema de mayor calado creado artificialmente para salvaguardar la sensación de estima por gratificación emocional del profesor que necesita realizarse personalmente a base de este tipo de acciones. Hacer pesar por los demás un cargo de conciencia (los niños usados para tal fin) y la obligación de resolver una situación, llevándolo a cabo coercitivamente. El ambiente es políticamente correcto y el responsable siente que las cosas funcionan, pero soterradamente existe un conflicto mucho mayor. Siéntanse libres para extrapolar el caso.

Evitemos el maximalismo fácil, si no aceptas lo que propongo estás contra mí, estás contra el bien

¿Quiere decir ésto que no debe hacerse nada ante situaciones similares? En absoluto, pero las fórmulas nunca deben ser pormenorizadas o exclusivas de grupos o discriminatorias, sino generales y justas, es decir, a todas se les debe pedir lo mismo y todas deben recibir la misma justicia. Los límites diferentes abonan situaciones de desconfianza y separación que solo se justifican para que los que las otorgan puedan creerse su posición paternalista. Las diferencias solo se superan buscando elementos en común, no forzando comunes puntos de vista. Marcar los límites de la responsabilidad en cada persona supone otorgarle un grado de confianza y de estima que de no hacerse conlleva tratar a esa persona como una incapaz o inferior que debe ser tratada en esas condiciones y consecuentemente, al advertir dicho trato, la persona suele aprovecharse de ello al tiempo que exacerba su odio al resto del grupo. Por el contrario, el conocimiento de la realidad de los demás, la comprensión de su situación puede acercarnos al diferente sin estar más obligado a relacionarse como lo estaría con cualquier otro. Toda relación es un camino de ida y vuelta, de dos direcciones, forzar una lleva al fracaso irremediablemente.

Existe gente que oprime a los demás, existen malvados y canallas que no titubean en hacer daño o en destrozar vidas sin importarles un pimiento. Éstos suelen quedar al margen de estas campañas, más bien suelen ser los "humanistas" que detrás de ellas, pueden acabar con principios generales en los que se aplica el respeto a todo ser humano con independencia de su condición y en los que resulta muy difícil doblegar su ansia de consumir nuevos productos, productos modernos y atractivos con los que alterar al ser humano y motivarles a comprar lo que sea necesario al dictado de esos vendedores. Esos deben ser erradicados y adaptarse a los nuevos principios creados por los humanistas. Los principios discrecionales y subjetivos que son vigilados por sus jueces y sacerdotes en sus púlpitos mediáticos.

El ser humano es capaz de hacer el bien y el mal bajo cualquier parámetro: raza, cultura, situación social, religiosa, de cualquier índole. En absoluto podemos transigir en una visión maximalista que define grupos de buenos y malos por la defensa de unos presupuestos determinados. Es cierto que ello es fácil para generar adhesión grupal y ahorra tiempo y gasto neuronal, pero en el momento que asumamos esos maximalismos tanto de un lado como del otro, sin duda se llame como se llame el constructo, la ideología, la religión o lo que sea, lo que es seguro es que nada bueno auguro para las personas. 

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