domingo, mayo 14, 2017

Los votantes son listos

En estas fechas se cumple un año de okupación de una vivienda por un grupo de personas de etnia gitana. Son mis vecinos.

Llegaron subrepticiamente con un escuadrón de familiares y cercanos para tomar una casa. Entre éstos traían a la "abuela" y la dejaban dentro para hacer constar que había alguien. Pasados unos días, ya no apareció más. No sé bien el proceso, pero sin duda ellos sí estaban muy al corriente de lo que podían hacer. La paradoja es que en esta vivienda vivía una familia que no pudo hacer frente a los pagos de su hipoteca y tuvieron que abandonarla.

El primer gesto del Ayuntamiento de ERC, en una población de unos nueve mil habitantes, fue proveerles de mantas y publicarlo en la web institucional. Con la enquistación del tema, silencio.

A lo largo de este año he podido contar numerosos automóviles: BMW, Mini, Smart, Citroen, una furgoneta americana, Mercedes, Honda Civic y unos cuantos más; por supuesto semanales celebraciones culinarias en su flamante barbacoa Weber, una psicina desmontable estilo Toy de unos 4 metros de diámetro, juguetes por doquier desplegados por el jardín y ropa tendida, mucha ropa tendida. No ví las mantas del Ayuntamiento.

Al poco de llegar se vislumbrava desde su ventana lo imprescindible: una televisión de bastantes pulgadas y la correspondiente consola de videojuegos. Persianas cerradas ocasionalmente entre semana y en el fin de semana la fiesta garantizada como si de una segunda o quinta residencia (qué más da) se tratara.

Parece ser que el derecho a una vivienda digna deposita como garantes (coaccionados) a los ciudadanos y no al Estado o a las Instituciones correspondientes. El Estado delega su responsabilidad para promover su subasta de buenismo de pandereta estableciéndose como cómplice de un robo de la propiedad privada al admitir su comisión excusándose en consideraciones formales: la cerradura, el tiempo necesario para permanecer en la casa ocupada, etc. Un total sinsentido. De tal modo se mantiene una legislación apropiada para el trapicheo de los sinvergüenzas que no dudan en ser invitados a determinados medios, que como en cualquiera de sus realities, apelan a cualquier eslogan emocional que justifique el allanamiento de morada y la apropiación de lo ajeno. Se habla de "colisión de derechos" para promover la ley de la calle bajo las condiciones de los populistas, oficializando nuestra condición de país bananero y Estado arbitrario en el que impera una realidad de hechos consumados, es decir, tonto el último.

Una persona acostumbrada a cumplir la ley o al menos a no tratar de hallar sus lagunas y recovecos, no tendría éxito en esta empresa, pero los avezados okupas "profesionales" saben lo que hacen bajo la mirada impotente. Y si lo demás falla, el recurso al racismo o cualquier amenaza de manchar la corrección política echa para atrás a quienes les sobreviene algún tipo de incredulidaad y posterior indignación.

Los votantes, los ciudadanos, son listos dicen......Algunos más que otros

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