viernes, septiembre 21, 2012

"Nadie es imprescindible"

La frase que corona el título la suelo oír o leer con cierta frecuencia cuando una persona de una compañía, un partido político e incluso un equipo deportivo deja su puesto por haber conseguido una oferta mejor o porque se ha planteado nuevos compromisos o retos. La frase es bastante recurrente y extendida entre la población dado que el "igualitarismo" vive en la actualidad sus momentos más álgidos. Porque sólo entendiendo a la gente en general como paradigma de uniformidad se puede sostener dicha frase.

Desde luego, no existe duda de que si nos situamos en una atalaya urbana ante una aglomeración con gran gentío, posiblemente nos sea difícil advertir la diferencia entre tanta carne humana. La perspectiva nos abocará al atisbo de irregulares bolas de colores que oscilen entre el beige y el marrón o el negro. Pero para percatarse de aquellos sujetos distintos por sus condiciones físicas o por algún atuendo estrafalario, deberemos acomodar nuestra visión y poner el foco directo en las personas referidas. El igualitarismo sitúa el foco siempre en la multitud y la trata como eso: multitud: puntos, pelotas o conjuntos sin arte ni distinción más que como más conjuntos.

En mi caso, la valoración que hago de las personas no tiene un fundamento ideológico ni filosófico captado por volúmenes de teorías políticas o hipnóticas sesiones de bombardeo mediático. En el extravagante hoy en día, razonamiento autodidacta, eso sí, algo ecléctico y sucedáneo importado de eso que llamamos entorno (no soy autista), llego a la conclusión nada original del confinamiento al que estamos obligados los seres humanos por nuestra estructura cerebral

De ahí que me empecine en la especialización, digamos, biológica, de las personas, es decir, que nuestra morfología cerebral conlleva unas consecuencias tangibles que se plasman inevitablemente en nuestro entorno. Pero algo que pudiera parecer obvio, se disimula con empeño desmesurado al proclamarse frases que niegan esa naturaleza. Unas veces por ignorancia, otras con una intención manifiesta de control del número de pelotas o puntos.

Claro que en la labor escultórica de estructuras cerebrales existe aquello que denominamos "normal", y no es más que una "escultura" similar y más comunmente reproducida entre los mortales. Claro que con sus diferencias, más o menos relevantes, la profusión de la mayoría dicta una referencia en la que aquellos polos que se distancien, pasan a tener una consideración cuanto menos "irregular" si no entra dentro del catálogo aceptado "limpia conciencias" de corrección política (si le se supone diferente por "abajo") o en el podio del Olimpio intelectual como objeto de culto y de consumo ideológico (si lo es por "arriba"). ¿Y eso por qué?

La simplicidad o complejidad de los que ocupan el espacio de normalidad determinan la valoración de la complejidad de la estructura cerebral de un modo sencillo e inteligible para ellos y el resto de sujetos, de ese modo, la diferenciación de los distintos podría dividirse entre los "estúpidos" y los "superdotados", de modo que podrían depositarse unas expectativas en cualquier individuo que ocupara cualquiera de esos dos espacios, para bien o para mal.

Pero resulta que yo sostengo justamente lo contrario que propugna el titular. Existe mucha gente imprescindible en el lugar que ocupan o que deberían ocupar y que es muy difícilmente sustituible y mucho más cuando el que debe seleccionarla no es cuanto menos parejo o tan capaz como el sustituido. Es lógico que cuando leemos una noticia en la que un directivo o una persona relevante deja su cargo, pensamos que ello tendrá poca influencia en una organización tan amplia como una multinacional, sin embargo existe una total vehemencia cuando se trata de política y elección de candidatos políticos. ¿Existe o no existe diferencia entre personas?

Vivir períodos más o menos truculentos en nuestra historia, muchas de las veces ha dependido sencillamente de que ciertas personas ocuparan un lugar en un momento dado y lo contrario para referirse a momentos gloriosos en cualquier disciplina. La combinación de personas para formar un equipo legendario o un grupo de científicos estelar, no son más que la suma armoniosa de individuos que han aportado sus capacidades específicas sin las cuales el "todo" no hubiera sido posible. Existe en todos esos casos un rasgo inexorable de valor que los convierte en imprescindibles.

Es por tanto, la referencia a frases como la que protagoniza este escrito, más una cuestión de impotencia o displicencia ante lo que nos rodea, que una descripción de la realidad. Esta frase define siempre a su interlocutor y nos explica que él sí está marcado como una res entre la "normalidad" y por tanto responde a un criterio que se puede predecir sin demasiados problemas. Siempre en función de la tendencia dominante que haya estipulado la coyuntura.

No en vano, dicha normalidad o especialización puede surgir en tantos campos de la vida, que se puede destacar en un aspecto pero seguir siendo absolutamente equiparable en el resto. Eso es precisamente el rango distintivo de la especialidad, que destaca especialmente y no de modo general, o sea, en campos concretos.

Yo tenía la necesidad de decir lo que esa frase me hacía sentir cuando la leía o la escuchaba, entre otras cosas porque cada día que pasa es más común oirla entre nuestros ciudadanos.




martes, septiembre 11, 2012

La lógica del Nacionalismo

Hoy se celebra en Cataluña la Diada. La conmemoración de una derrota que por sí sola, define el alma de un movimiento destinado a mantener presente a lo largo del tiempo un tono de guerra y separación modulables en función de los intereses coyunturales de los líderes de turno. No hay duda de que quien escogió la fecha y el motivo mucho tiempo después, destilaba revanchismo y ambiciones concretas homologables a tantos y tantos personajes afines al Nacionalismo. Claro que todos los países europeos y no europeos o buena parte de los mismos han vivido guerras cruentas hasta formarse y establecerse como una nación determinada. Algunos incluso con una solera menos longeva que Cataluña con España, pero como en todo lo que concierne a la condición humana, si existe un fundamento de diferenciación y exaltación propia, éste resulta un recurso demasiado atractivo y efectivo como para menospreciarlo según convenga.

Era poco probable que en aquella España plagada de vastas colonias en ultramar, surgieran entre los potentados comerciantes catalanes, apelaciones sistemáticas a un exilio en solitario. Como en todo, las simbólicas manifestaciones que calan en sentimiento, no tienen nada que hacer contra el vil metal y lo que éste proporciona. Claro que haber, habían discusiones sobre el reparto, pero no sobre el abandono del jugoso botín que representaba la España colonial, rica en negocios de toda índole de respetables familias que pertrechan en su árbol genealógico, mercaderes de todos los productos posible incluido el propio ser humano.

Corramos un tupido velo y sigamos con lo que interesa del Nacionalismo, que es decir: exaltación y sentimiento revestido de supuestos razonamientos económicos.

El más sesudo de los economistas puede claudicar ante el Nacionalismo porque su fundamento parte de una realidad virtual sólo acomodable al sentimiento y no a la razón lógica. Un país como España se debe a sí misma como cualquier nación lo hace con los ciudadanos que llevan su gentilicio. Sin embargo, sin importar lo cierto y tangible, uno debe tener total convencimiento de que es justamente al contrario, que Cataluña es un país y que como tal, tiene unos derechos equiparables a quien considere en disputa. Una relación de coordinación ya pregonada en su proyecto de Estatut. ¿Y ello por qué?

Es muy sencillo. Porque no existe más lógica que la de la aglutinación y la acumulación de seguidores en torno a referencias simbólicas azuzadas continuamente de modo más o menos velado por los medios de comunicación y entretenimiento. Es un modo de "reclutar" acólitos que pasen a unirse a su fin. Una especie de paradoja, pues es requisito indispensable "convertir" antes a los ciudadanos para que éstos decidan en "libre ignorancia" su independencia. Una libre ignorancia liderada por un monopolio informativo que establece simplistamente sujetos homologados a favor y en contra. 

Del mismo modo, la obtención de "avances" no requieren ni tan siquiera de cumplir la ley española, pues para qué se preguntará cualquiera si se puede disponer del rodillo monopolístico "informativo" que obra maravillas en función de las "necesidades del país", tan artificiales como discrecionales. Algo que puede no encontrar límites como fue en el caso de Zapatero, aquel supuesto ignorante aniquilador de una España "discutida y discutible" que ahora reside sin discusión en su villa de lujo como premio a un país partido y en ruina. Por tanto...¿Qué importa tener razones y argumentos contrastables si puedo pactar lo que se estime "conveniente" para gobernar?¿Es necesario un incómodo compromiso con la justicia si puedo modificar la moral de los habitantes de mi territorio a base de efectos sentimentales y reivindicaciones reforzadas y bombardeadas por mis medios de educación, información y entretenimiento? Para un nacionalista, resulta absolutamente natural y normal sus reivindicaciones y las considera cargadas de justicia. A buen seguro incluso aseguraría que sus dirigentes ideológicos se han visto forzados a actuar por su territorio coaccionados por los desmanes del "enemigo objetivo" saqueador de su nación. El ojo se dirige siempre hacia un objetivo y no existe proporción en la crítica, se puede perdonar a un elefante por pisar a una hormiga si ésta es de "la cuerda", pero si un saltamontes hace lo propio, la "maquinaria" se encargará de actuar convenientemente. Algo que no sucede ni remotamente en otros parajes de la geografía española. Ni en Andalucía.

Sin duda, si acudiéramos a las herramientas de la ciencia, yo arriesgaría a apostar que la mayoría de los que reclaman la independencia, manifiestan más odio al resto de España y más concretamente a Madrid que aprecio a la que estipulan su tierra en propiedad. No hay trucos, las emociones son siempre las mismas. No en vano, esta situación va decreciendo ya que los medios nacionalistas o serviles, en lugar de manifestar una "crispada" confrontación, llevan optando un tiempo por un distanciamiento implacable no exento de constantes críticas veladas y juicios sumarísimos inexistentes para sus afers interns.

Si Cataluña ya es una país de facto, homologable para tantos y tantos catalanes, todo lo que venga a continuación, no debe ir sellado por la lógica ni la razón. Lo lógico en este caso es que se consientan cualesquiera peticiones como si los que sienten fueran acreedores de algo que nunca tuvo una construcción sólida de fundamentos. No existe punto de encaje para un razonamiento cuando el que opina exige lo que desea modificando la realidad para acomodarla a sus intereses. Sin duda, a la menos discrepancia, te tacharán de enemigo. Y así funciona.

 Llevo reptiendo desde hace años la inexorable deriva radical a la que medios como TV3 y La Vanguardia están llevando a las familias catalanas. A día de hoy ya no sorprende que muchas familias que casi despreciaban el catalán y no concebían el independentismo, hoy día sean capaces de apuntarse a manifestaciones por la separación con España. Acertar no proporciona más que impotencia. Saber lo que va a ocurrir es un éxito "fracasado" por resultar más contraproducente entre los cánones de popularidad que errar constantemente y pregonarlo en fingida humildad.

Se hablaba hace pocos años de que ésto iba a suceder entre la sorna de los que ahora ya se han "convertido" y han eclosionado entre el fulgor emotivo de la mayoritaria y única maquinaria propagandística. Qué importa. Lo sabíamos. Conocíamos de la causa y las consecuencias como elemento más representativo de la lógica, pero nunca jamás en toda nuestra historia la aburrida lógica ha tenido oportunidad alguna contra la borrachera que proporciona echarse en brazos de causas monumentales que destilan gratificaciones sentimentales cortoplacistas amparadas en concretos enemigos con los que desplegar toda las frustaciones propias, tengan o no sentido con lo referido.

TV3 como medio general y público capaz de establecer su justicia como la de sus habitantes y La Vanguardia como auténtico Caballo de Troya conquistador de las clases más pudientes, ha sembrado de titulares tendenciosos una línea continua de acoso velado a todo lo que fuera España. Desde una equidistancia y un desapego que no concuerdan con sus demandas, pero que sirven para desvertirse poco a poco de todo lo que no sea Cataluña. España y Madrid son los protagonistas de las portadas catalanas para mal. De Cataluña sólo silencio y reivindicación supuestamente moderada. Sin alternativas no hace falta gritar, la fuerza se disimula de razón y apabulla cualquier alternativa que de postularse mínimamente, se cercena con el silencio y el exilio informativo. La población no hace más que lo que han hecho todas las poblaciones de todos los regímenes similares. Es el protagonismo esencial de los medios de comunicación, y en Cataluña... ¿Hay alguien más? No. No hay contrapeso posible y el resto son gregarios de éstos o sencillamente medios "extranjeros" marcados con una gran brocha roja que nos avisa de su condición de enemigo.

Parecen no existir sociólogos que aprecien el cambio y menos los que lo fundamenten más que en causas partidistas conniventes con la corriente dominante.

Un individuo que hubiera vivido ajeno a la estratagema mediática durante diez años sufriría una conmoción en su retorno y sin comerlo ni beberlo pasaría a ser tachados de radical conservador o reaccionari combatiente contra la nació catalana. La misma gente podría ser enemiga de sí misma y sus "convicciones" si se enfrentara imaginariamente con varios años de diferencia, porque no han advertido su metamorfosis y cuando se la indican, como gesto lógico de defensa humana, lo justificaría por las razones que resultara convenientes o las que hubiera comprado recientemente en su entorno amparadas en el progreso y la evolución de ideas.

La educación y los medios de comunicación son las armas reales de nuestra generación. Los chips a modo de injerto cerebral que de manera invisible anidan como gérmenes de nuestras motivaciones, ahondando en ambiciones y falsas reputaciones que se obtienen con la miserable facilidad de apoyar a un partido o atacar a otro. Son tiempos de rechazo de la responsabilidad por un chute emocional tan repetidamente descrito por este tipo de medios como "histórico". Casi todo resulta "histórico" devaluando su condición a expensas de repartir entre los integrantes su cuota de pertenencia a ese período de ceguera temporal. Si estos mismos ya negaban lo que sucedería o se reían de nuestros avisos, ¿Qué decirles ya?

La nació catalana es relativamente fácil de conseguir y hasta cierto punto, cualquier territorio si lo realiza debidamente puede transformar su alma y convertir a sus ciudadanos en algo muy distinto a lo que eran. La sensación para los creyentes es que todo es una continuación de una lucha, pero mucha gente como ya he dicho, piensa lo opuesto a lo que solía a cambio de defender la supuesta injusticia del que cree que le deben algo los demás y su tierra es lo primero en la lista de perjudicados. La diferenciación no es ninguna marca registrada particular en territorio español. Pocos dudarían en diferenciar a un andaluz de un gallego o un castellano leonés, pero sí es cierto que los que reivindican esa diferenciación son distintos, moralmente hablando, ya que lo estipulan como argumento.

Diada 2012. Labor conseguida y lógica nacionalista aplastante. Lo que se dijo ocurriría ya ocurre. ¿De que sirve acertar o incluso argumentar que tu formulación es acertada? De nada, absolutamente de nada, por ello no se sorprendan con todo lo que puede suceder, incluso que los mismos que lo provocan levantando banderas emotivas, sigan culpando a los demás de ello.