martes, diciembre 31, 2013

Aborto y socialismo

No se puede caer en la manipulación asociativa socialista. Por Dios, cómo va a ir unida la defensa a la mujer con el aborto. No existe una correlación entre los dos términos aunque lo repitan los socialistas una y mil veces y lo interioricen sus seguidores. Toda la terminología socialista enfatiza el plano sentimental negativo y carece de lógica, por ejemplo: contrapone no aborto y libertad además de establecer que un feto es parte del cuerpo de una mujer. Ambos constructos no son ideológicos puesto que carecen de entidad. La libertad para acabar, interrumpir, liquidar, cercenar, cortar, destruir, limitar, borrar una vida no es tal libertad. Cuando existe una disyuntiva, debe ser por razones de gran entidad por cuanto el dilema produce la colisión de dos principios, pero hablar de libertad dando como un derecho la posibilidad de quitarse un problema de encima del que en numerosos y probados casos, el motivo es un desliz sexual, pasa a convertirse en una atrocidad de la que imagino que muchas personas evitan analizar con objeto de no implicarse emocionalmente y que resulte fácil el empleo del eufemismo: "interrupción del embarazo". Por otro lado, no se puede establecer como un argumento algo y su contrario, es decir, defender que el feto concierne a la mujer porque es parte de su cuerpo por tanto entenderíamos que existe libertad para mutilarse indiscriminadamente y el hecho de que miles de mujeres lo hicieran muy probablemente nos llevaría a la regulación de sus términos para la verdadera defensa de su integridad. Pero es que un feto no es parte de un cuerpo, es un depósito con previsión conocida y cognoscible de autonomía en cuanto la mujer no efectúe cualquier acción u omisión encaminada a dañarlo. Para defender el aborto resulta inexorable un proceso de insensibilización sobre sus términos reales que sirva para distraer el hecho subyugándolo a unos conceptos etéreos y falsos, cargados como siempre de falso simbolismo y que sin duda son uno de los máximos ejemplos de la sinrazón humana. Sólo para determinadas personas es comprensible que se defienda la disyuntiva ante dos principios de entidad y en esos casos apoyo la autonomía moral, pero frivolizar con la vida de semejante modo por una falsa libertad asociada a la mujer es el peor insulto que se puede hacer sobre el género humano.

martes, diciembre 17, 2013

"Bomitar"

Lo que voy a explicar es verídico, me ha sucedido este mediodía en la hora de la comida, estaba con mi mujer en un restaurante en El Masnou, provincia de Barcelona, y al lado nuestro se han sentado tres mujeres y un hombre que charlaban amigablemente. Parece que salían del trabajo y tras unas pocas palabras sin pretenderlo hemos averiguado que eran profesores de un colegio de la zona. Dado que era una de esas terrazas cubiertas en las que los responsables colocan una de esas torres de butano para calentar, las dos mesas estaban muy próximas y recogidas.

Los docentes hablaban una mezcla de catalán y castellano, vamos que iban alternando los idiomas con naturalidad y eso no le ha parecido bien a una de las componentes que les ha interpelado retóricamente.-  Per qué parleu castellà? - ¿Por qué habláis castellano? A lo que han contestado que les resultaba indistinto y que se expresaban en los dos idiomas y así han continuado la charla. Algo curioso ya que luego, justamente la chica que les ha llamado la atención ha mencionado una anécdota en su clase de castellano. Pero lo llamativo ha sucedido después cuando de nuevo esta persona ha interrumpido para preguntar si la palabra vomitar iba con b, bueno pues la respuesta del hombre que tenía en frente ha sido afirmativa y todos han concedido con su silencio la palabra como buena. Unos minutos más tarde, tras dar uso de internet vía móvil, la mujer en cuestión ha corregido diciendo la palabra correctamente como si hubiera dado con un vocablo complejo.

Eran profesores. Que cada cual saque sus conclusiones.

sábado, diciembre 14, 2013

La estrategia de "baja intensidad" contra el nacionalismo

Si uno atiende a los debates radiofónicos y televisivos que ha suscitado la proclama independentista de Mas se dará cuenta de que, entre "los enemigos de Cataluña" (o entiéndase adecuadamente del nacionalismo catalán), existen posturas distintas: aquellos como el Gobierno y un sector mediático que defienden una baja intensidad de declaraciones para no dar argumentos victimistas al nacionalismo; y otro grupo que pide acción y respuesta a las declaraciones altisonantes o incluso alejadas del Derecho que día tras día anuncia el nacionalismo.

Siempre desde razones lógicas debemos aceptar que cada posición conlleva o puede conllevar unos potenciales efectos. Me voy a centrar en en análisis de una estrategia de baja intensidad que es la que actualmente se conduce desde el Gobierno de España.

Consecuencias de no producir respuesta proporcional al desafío secesionista:

1) La sensación de avance, dominio e impunidad del nacionalismo y sus huéstes es mayor. La moral del endogrupo nacionalista se retroalimenta favorablemente porque percibe materialmente una sensación de avance sin coto.

2) Por el contrario, la percepción de ese avance, dominio e impunidad del nacionalismo produce en los grupos no nacionalistas catalanes una grave afectación a su moral por verse desprotegidos y en minoría.

3) De no existir grupos consolidados de catalanes no nacionalistas o una respuesta proporcional al nacionalismo acorde desde tierra catalana, cabe el riesgo de una cierta anarquía en la visión de respuesta y discrepancia y con ello la posible aparición de radicalismos que autónomamente den salida violenta a su desorientación.

4) La moderación sostenida que tiene una motivación forzada, es decir de contención, puede coadyuvar a una escalada de tensión si no consigue los objetivos propuestos entre quienes deben transigir en todo. Si el nacionalismo, lejos de relajar su actitud, trata al contrario como un rival de alta intensidad, llegará un momento de dudas y tensión entre el no nacionalismo que puede conducir a desenlaces más extremos.

5) También es posible que entre una parte de los catalanes no nacionalistas llegue a extenderse la resignación y la impotencia. Una indefensión aprendida resultado de muchos años de incapacidad o una muestra ostensible de mínima reacción contra el poder nacionalista operante.

6) El nacionalismo recibe un evidente refuerzo positivo al ver que su estrategia es válida. El argumento que justamente emplea el sector de baja intensidad es el que el nacionalismo pretende lograr mediante el uso maniqueo de las declaraciones y el control total de los medios que filtra toda noticia del exterior.

7) Justamente por el filtro de los medios de comunicación nacionalistas (que son los de la Editorial conjunta: el 100%) las respuestas de baja intensidad del Gobierno o las Instituciones se trasladan a la población catalana como de alta intensidad, de manera que se elimina el propósito u objetivo de la baja intensidad doblemente.

8) Habituación de un sector de la sociedad a transigir en las proclamas nacionalistas. La no respuesta proporcional al secesionismo puede producir en la población una idea de aceptación como "normal" de determinadas actitudes.

9) La desafección intencionada de los poderes nacionalistas con el resto de España propicia la desafección del resto de España con Cataluña. A medida que la pasividad o la respuesta de baja intensidad es la dominante, crecen los no catalanes que, habida cuenta de la escalada de agravios públicos contra España, (como por ejemplo el Simposio de España contra Cataluña) tienden a defender que Cataluña se separe o a hacer boicot de sus productos.

10) El riesgo fundamental de una política de baja intensidad podría llevar al error de pensar que la estrategia debe dirigirse exclusivamente a tratar con los representantes políticos del nacionalismo, cuando es precisamente con éstos y la población con quien deben adoptarse las estrategias. El nacionalismo ha modelado y formado a la sociedad catalana a base de sus medios y un doble discurso en Madrid y en Cataluña. Tratar únicamente con la representación política nacionalista a estas alturas es prácticamente papel mojado una vez las nuevas generaciones han sido esculpidas bajo patrones emotivos de desafección con España y una exaltación histórica basada en la ficción.

La actual estrategia gubernamental ante el órdago nacionalista tiene demasiados inconvenientes para ser tomada incluso como una iniciativa activa con un objetivo definido, más bien se enmarca en un laisser faire centrado en la distracción de conflicto por evitación u omisión que asigna unos resultados más por deseo que por proyección lógica.

Un Estado y su aparato, tiene muchos recursos disponibles para hacer frente a desafíos de la magnitud del secesionista catalán. Un potencial enorme que sólo es aprovechable si existe voluntad, objetivos claros y cierta enjundia. En España sin embargo topamos con una impronta cultural, desgraciadamente que tiende a ser simplista, que viene afectando demasiado el tono ideológico y conductual hasta condicionar las políticas con independencia de que sean beneficiosas. Un riesgo muy elevado de populismo activable bajo premisas sencillas tipo "España nos roba" o "Derecho a decidir". Algo de lo que se están aprovechando inmensamente las doctrinas ideológico políticas centradas en el recurso sentimental. Sería interesante fijarse en las estrategias de información llevadas a cabo en otros territorios y en otras épocas en historia comparada. Así, en un caso tan delicado como el que amenaza la integridad de España, hay que evitar a toda costa el estigma atávico tanto quijotesco como estoico y centrar los recursos publicitarios e informativos preferiblemente en el estudio y aplicación de modos anglosajones e incluso catalanes tan sumamente efectivos en la propaganda de masas. El sistema de mera confrontación, aunque sea mediática, sólo conduce a desafíos con resultados imprevisibles de manifestación de fuerza en tanto permanece el inmovilismo grupal por ambos bandos, por ello hay que copiar y reelaborar las maniobras nacionalistas centradas en la combinación de varios frentes informativos junto a la activación del factor emocional. El plano informativo debe rehuir de la habituación repitiendo consignas ya descartadas por el nacionalismo y adoptar argumentos no esgrimidos con anterioridad dirigidos a crear disonancias cognitivas en los ciudadanos objetivo.

Se debe tomar la iniciativa y no dejarla al nacionalismo, de modo que la ley debe ser cumplida y obligar a ser cumplida sin mácula o excepción, para ello hubiera sido importante no favorecer la sensación que tiene la ciudadanía de impunidad de los políticos o dirigentes en Cajas o Bancos, pero incluso en ausencia de esa equidad, dado que el frente nacionalista puede tomarse como aparte del resto, se debería ser proactivo con todo lo que no sea acorde a derecho, desde una bandera en un edificio institucional hasta manifestaciones instigadoras de odio. Con ello, favoreceríamos que el sector no nacionalista pudiera adoptar una homogeneidad en Cataluña y conferirle la fuerza moral, ética y social que en la actualidad carece. La intensidad de respuesta debe ser equitativamente proporcional al desafío perpetrado y la activación de recursos, total.

Una estrategia activa obliga sin duda a un esfuerzo neuronal y de recursos cognoscitivos muy superior equivalente cuanto menos a la hoja de ruta planeada y ejecutada magistralmente por el nacionalismo durante más de tres décadas. Creo que no es mucho pedir ante el desafío que tenemos en frente. La razón o tener razón no vale para nada sin acción. Se avisó de que ésto ocurriría y muchos bromearon y ningunearon el pronóstico cierto que sucede hoy en día; parte de aquellos lo hacían por negligencia y otra por aviesa voluntad. Ya no debería perderse el tiempo en esperar la resolución de ambos, no es admisible la repeticición de esa historia pese a que los negligentes o los aviesos opinen coherentemente lo contrario.

viernes, noviembre 22, 2013

El descomunal problema del socialismo, el progresismo y la izquierda

Es que fundamenta sus principios sobre la libertad de los individuos estableciendo un valor superior: el colectivo, que sirve de bula para que arbitrariamente, los individuos dominantes lleven la iniciativa de lo que se debe hacer en el entorno de grupo asambleario. De ese modo, las naturales capacidades de los individuos deben someterse al concepto de presión social o de grupo. La masa sólo toma en valor la idea de igualdad con la que evitar un estigma por comparación que pudiera surgir de la equivalencia de sujetos y así, como en un proceso de burocratización, los que no albergan mérito por sus hechos o ideas, pueden sentirse pertenecientes a un grupo que de otro modo, por esfuerzo o valores individuales de progreso, no podrían alcanzar.

De igual modo, el socialismo no tiene respuestas a nada que tenga implicados a las personas en una sociedad más que con la coacción y la imposición de normas igualitarias que deben obedecerse por el "bien mayor", por ello al igual que el nancionalismo, suele tener una pervivencia basada en dos "nutrientes": 1) El sentimiento de pertenencia de grupo y 2) La necesidad de un objetivo identificable como enemigo con el que focalizar los sentimientos negativos achacándole las culpas de sus males

Hablamos de un sistema de bucle en el que más que buscarse soluciones, se buscan estrategias de combate contra el "enemigo" Y aquí viene lo duro, existen esas clases inoperantes y pudientes que están desprovistas de empatía y viven al margen de los demás en su mundo frívolo y unidireccional en el que nunca nada les afecta porque tienen sus vidas solucionadas. Unos participan en los entresijos del poder para controlar su uso sin importar los principios que estén disponibles, ya que usan los que estén a mano o sean más manipuladores para hacerse con la población y lograr sus beneficios. Si se trata de la defensa de la tierra, los mutilados por las minas o la plataforma de lo que sea, da igual; los próceres no tienen ni valores ni preferencias. Actualmente el valor predominante de la sociedad se compone de una mezcolanza de pacifismo aguerrido defensor de la ecología, el progresismo anti riqueza y un complejo brutal a la autoridad bien defenestrado por un carpe diem en el que se desprecia la responsabilidad por los propios actos y se elude como la peste cualquier asunción de responsabilidad incluso para dar cambio de un billete si ello está prohibido, aunque sea para dar de comer a un moribundo. Un mundo de paradojas en el que el colectivismo está tratando de inutilizar y conseguir paralizar la iniciativa de las personas en pos del seguidismo que otorga pertenencia y affinidad y sus resultantes efectos sentimentales.

La queja ya es un valor finalista sin que aporte más que la destrucción del objetivo como parte de un símbolo que escenifica la capacidad de los que no podrían alcanzar nada por su propio esfuerzo, pero que con la fuerza en grupo pueden derribar a poderosos (ellos lo creen) y lo que consiguen es hundir a la clase media, tan "corderil" ésta, que sigue y acata los dictados de la mayoría u opta por hacer costado a los próceres no empáticos. De modo que alguien con valores o principios conservadores, como podrían ser los "terribles" judeo cristianos, está obligado por las etiquetas a optar entre el colectivismo de la solidaridad forzosa, que no la empatía, o la apatía unidireccional de los ultraliberales. Nada menos que hallarse en medio de dos frentes antagónicos que coinciden en su visión monolítica de las cosas en rangos opuestos. Sólo su procedencia natal, su origen económico y social les ha llevado a ser y defender lo que con voluntarismo y violencia "justificable" consideran su cruzada, pero sus estructuras cerebrales no difieren demasiado: ambos nunca calibran las consecuencias de sus actos, unos llevados por el fervor de la queja y la oposición al poder y los otros porque sencillamente les importan un bledo.

El progreso de España vuelve a repetir las sendas de historias repetidas, y los bandos y el sectarismo que agita el sentimentalismo de odio vuelve a ser bandera.

viernes, noviembre 08, 2013

El estigma del no nacionalista - Necesitamos un símbolo

Cuando me comentaban que TV3 tiene una plantilla que se cuenta en miles y que aumenta su presupuesto, lejos de pensar en nada atroz llegaba a entender perfectamente los motivos ¿Acaso no ha conseguido su propósito el ente público? ¿No es cierto que la televisión catalana ha sido parte importante de la transformación al independentismo? ¿Acaso no se conocen consignas y programaciones dirigidas a generar desafcción con el resto de España y a potenciar una exacerbación sentimental? Para el propósito nacionalista, el dinero que podría destinarse a otras prioridades está siendo más que efectivo. Fíjense si es efectivo que es capaz de convencer a una gran parte de la población catalana de que debe defender el glosario nacionalista incluso aunque suponga un perjuicio para ellos. Algo parecido respondería si alguien estipulara que las subvenciones a La Vanguardia son muy altas.

No en vano, aunque eso pueda estar bien para los sentimientos de un anhelante de expectativas, un "yonqui del mundo feliz descrito por el rodillo mediático nacionalista", aquellos como yo que no profesamos esa fe y tratamos de procesar otras consideraciones, pensamos que existen modos para contratacar el bombardeo publicitario y el monolítico discurso oficial.

El País vasco ya vive una realidad que no por callados los medios que la denuncien deja de ser cierta. La transformación de ese territorio es de tal calado que creo que aún somos privilegiados los no nacionalistas que habitamos Cataluña. Parece no ser un problema el hecho de que el voto nacionalista ha copado casi todo el país, incluso aquél que apoya a una banda que ha matado a gente por opinar diferente. Entre el exilio de millares de vascos y la formación me medios y educación, la manipulación de laboratorio o "limpieza ideológica" está siendo o más bien ha sido un éxito apabullante. Me consta por nuestra historia que los seres humanos no escarmentamos en cabeza ajena y en Cataluña ya nos hallamos en el epílogo de la transformación que ya incita a los no nacionalistas a dejar esta tierra o a "convertirse" en le fe predominante.

Ante semejante panorama no existe mejor argumento que un buen símbolo y el que más gráficamente explicaría la ley del silencio obligatoria de las familias no nacionalistas sería un brazalete. Sí, un brazalete como en tiempos de represión por origen que sufrieron los judíos. Un símbolo de un estigma que permitiera ver que existen personas que no son como el resto, que no pertenecen a la idea formada de catalán oficial y homogéneo que se explicita en los medios y formadores institucionales nacionalistas. Alguien que podría ser objeto de desprecio u odio entre quienes no desean réplica ni molestos divergentes que afecten su plan tramado en décadas. El brazalete producto del hecho diferencial, la consecuencia de la política del nacionalismo, la materialización de sus propósitos mostrando las consecuencias en forma de personas de carne y hueso.

Alguien debería recoger el relevo de una idea que debería ser pregonada y difundida para vergüenza del nacionalismo, pero en especial de los ciudadanos que siempre habitan en un orden satisfactorio para ellos. Yo no defiendo una España de lucha, ni pretendo una idea patriótica de confrontación, el brazalete significa merma de derechos respecto al resto de ciudadanos que soportan el nacionalismo. Significaría que no puedo escolarizar a mis hijos en las dos lenguas oficiales del que es mi país; supondría que debería asumir el silencio de mis opiniones en el proyecto nacionalista capaz de tragar con lo que haga falta con tal de poner palos en sus ruedas; de transigir en el bombardeo mediático imparable de desafección con el resto de España y el de la invención de una épica y legendaria (por falsa) historia catalana concebida para exacerbar ánimos de revancha; la del silencio de lo que sucede en Cataluña trocado por el altavoz de lo malo que ocurre en Madrid. Un sinfín de sesgos dirigidos a establecer unas referencias con las que partir a la hora de defender una Cataluña que ya no tiene señera, sino un harapo vendido como símbolo de separación resguardado por jóvenes maulets formados e inculcados en lo que sea y como sea por una quimera de ensoñación multibarrada.

lunes, noviembre 04, 2013

¿Y crear el gueto de la libertad?

En Cataluña, el nacionalismo y su soldadesca habla de que están oprimidos por España, pero los que vivimos aquí y no profesamos su dogma, nos hallamos contra la espada y la pared. Desde Madrid no se hace ni lo más elemental, que es obligar a cumplir la ley, de modo que se debe asumir un paisaje de esteladas en espacios públicos de toda índole y que los jóvenes y "democráticos maulets" campen a sus anchas disponiendo lo que debe prevalecer en la vía pública bajo su criterio. De ayuntamientos y espacios institucionales ya ni hablamos, o menos de los impuestos recaudados. Del mismo modo, cumplir una sentencia que casi ruega por una tercera miserable hora en castellano, eso ya sería una quimera y así podemos y debemos asumir como cierto y hasta creíble las ridículas afirmaciones nacionalistas que defienden que cuanto menos se estudia una lengua, mejores calificaciones se obtienen en selectividad y en las pruebas que se estipulen idóneas. Aunque eso sólo sucede con el castellano, con el catalán es distinto, sólo se aprende si se copa el 90% de enseñanza académica. Es el efecto "in-formativo" de la televisión, esa "magnífica herramienta formativa" de la que sin dudar depositaríamos la enseñanza de nuestros hijos. En resumen, un nacionalista abducido, contra toda lógica es capaz de defender la reducción hasta 120 minutos a la semana de enseñanza académica de una lengua que no sea la suya como algo tolerable y acorde a un espíritu democrático y de libertad. Porque de lo contrario el catalán que mi abuela y mi madre no estudiaron y pese a ello hablaron o hablan y usan tras Franco, se perdería. Sin duda, hay que estar muy entregado a la causa o estar muy inserido en la emotividad simbólica para defender que el castellano se aprende a la perfección con la ortodoxa inmersión linguística. Conozco varios casos de niños escolarizados en centros públicos que incluso hablando sus padres con ellos en castellano, tienen problemas de expresión en la lengua de Cervantes con diez años de edad. Su avance es y debe ser autodidacta, pues los poderes públicos sólo garantizan o protegen una lengua. No en vano, existen familias que pese a proclamar su nacionalismo-independentismo faltan a su coherencia y evaden la reciprocidad de la justicia escolarizando a sus hijos en centros internacionales o que imparten más castellano de lo que lo hacen los centros públicos. Una tomadura de pelo más que ejemplifica el opio al pueblo de los próceres manipuladores.

En Cataluña, es complicado no formar parte del grueso opresor que impone requisitos de catalanidad a los demás. Uno debe estar callado para no vulnerar las sensibilidades de los ciudadanos idóneos y está necesariamente obligado a transigir lo que ellos dispongan. Al contrario que lo que se estila entre el socialismo y el nacionalismo políticamente correctos, la idea de minoría en el caso de la no nacionalista es la única que puede ser discriminada sin contemplaciones y sus reivindicaciones machacadas.

Quizás sería una solución adecuada que los no nacionalistas pudiéramos llevar un brazalete identificador de nuestra manera de pensar, incluyendo libertad para que los hijos puedan ser educados por igual en castellano y catalán y que la historia en los libros reconociera las nacionalidades tal y como oficialmente han pervivido y no como pretendidamente se imparten. Me consta que al ser ello una ofensa, el brazalete distinguiría a esos despreciables enemigos de Cataluña cuando salieran de su espacio destinado a los señalados. Un espacio, un gueto en el que podrían vivir aquellos que, amparándose en el derecho a decidir que pregona el nacionalismo, pudieran igualmente ejercer su demanda sobre la propiedad de la tierra y concederse un espacio de libertad en razón a las personas y no a los resortes simbólicos y emotivos del poder.

Si el derecho a decidir establece una virtualidad de Estado previo para decidir bajo sufragio si quiere ser Estado, (una paradoja y un disparate que necesita de los demás ser muy creyente o domesticado, una especie de me salto la ley para imponer mi ley) ¿Qué impide a quien quiera a decidir por la política de hechos consumados, lo que estipule por la gracia de su voluntad? Pues la presión de la soldadesca y justamente esos hechos consumados que son la violencia, la coacción, la opresión de quienes se saltan la legalidad con palabras exigiendo únicamente ser creídas y defendidas. En Cataluña se logra con el control de los medios de comunicación y las competencias educativas, y ello hace lógico que la gente cambie de postura y sea capaz de contradecirse justificándose en la evolución o en los argumentos que los medios y las escuelas les proporcionan. Por ello, al final todo se reduce a la virtualidad y a la realidad. Cataluña ahora es un estado virtual en el que la gente asume como real y estipula una condición a su felicidad. La realidad es que se impone la virtualidad y se coacciona a los que no piensan de ese modo o no han sido captados acordonándolos y acallándolos todo lo posible. Madrid no hace nada y sigue en su show desde donde nos regala opiniones tras platós televisivos para que podamos seguir agonizando desde el silencio y la opresión del gueto virtual.

martes, octubre 29, 2013

La gran oportunidad perdida del PP

El terrible 11-m además de constituirse en el atentado más cruento de nuestra historia reciente, ha llegado a ser una debacle para el país de proporciones históricas. Sin duda, pocas veces un atentado resulta tan certero y eficaz en sus propósitos como lo fue el perpetrado en 2004. Sus consecuencias inmediatas, a corto, medio y largo plazo desde el súbito vuelco que dio la victoria a Zapatero, pasando por un cúmulo de cuentas pendientes que han fomentado el rencor entre las dos Españas, el aumento como nunca había existido de los anhelos separatistas, la degradación de los principios por unas ideas utópicas de bienestar que se logran aparentemente con manifestaciones y abrazos metafóricos entre los que piensan igual y el hundimiento de la economía en pos de un populismo sentimental que justifica la intención por nefastas que sean las consecuencias que produzcan, son algunos de los efectos de una fecha concreta.

Pues bien, Mariano Rajoy tenía la oportunidad de reparar las heridas aplicando justicia. Esa justicia sin doblez que ayer pude ver en Manuel Pizarro y que pone de manifiesto la gangrena que causa la política entre algunos de nuestros mandatarios.

Nuestro presidente ha perdido una oportunidad histórica de poner la justicia en su lugar y conseguir lo que nadie como a él se le había brindado. El socialismo de Zapatero y Rubalcaba, que es el responsable principal de que la crisis financiera hundiera del todo nuestra economía por mirar hacia adelante con fingido optimismo y ambición electoral cierta, nunca hizo nada por los deshauciados, ni los parados que aumentaban a borbotones. No se legislaba en favor de esos a los que se acude cuando hay elecciones, pero los sindicatos callados o con sordina, vociferaban quejas genéricas hacia el sistema que se ven ahora justificadas por razones tan resplandecientes como el vil metal.

¿Se imaginan que Rajoy se hubiera limitado a aplicar la justicia sin más? ¿Qué hubiera pasado si no se hubieran rescatado a los bancos y cajas en quiebra? Se podía y se puede justificar que hubieran arrastrado a muchos sectores y empresas, pero es mucho peor el virus que supone dar a entender que los poderosos si delinquen o resultan negligentes, llegan a quedar exonerados de la justicia por "imprescindibles", lo cual lejos de ser cierto, resulta todo lo contrario. Nadie contrataría a quien trabaja mal o es corrupto, Rajoy en cierto modo o "por las circunstancias", lo ha hecho y eso es algo que no ha sabido medir. No se puede hacer a la idea del bien que hubiera sido para España que hubiera primado los intereses de los ciudadanos sobre la de poderes fácticos, podridos de dinero y de lo otro.

No cabe en ningún cerebro de bien, en moral e inteligencia, sea de la ideología que sea, que aquellos instigadores de una crisis que para colmo llevan la evidencia de su daño en sus propias cuentas, puedan constituirse en propietarios acreedores de las viviendas de quienes con su trabajo las compraron para tener un futuro. No es ni justo ni de derechas, ni de izquierdas, ni de nada que un piso pierda su valor por causa de quienes estafaron o se subieron a la montaña del todo vale y que deba hipotecarse a precio de cuando las cosas iban bien. Nada diría de quien se ha arruinado por su causa o quien asumió un contrato de buena fe en unas condiciones y con unas reglas de juego que no han cambiado, pero admitir que el que exige sea el que ha cambiado las reglas del tablero y juega con las cartas marcadas, eso no. Por supuesto hablo de quienes caerían sin ayuda pública. ¿Quién puede justificar que éstos reciban el dinero que a los ciudadanos se les niega? Eso no es populismo, es un argumento sólido que tiene y tendrá cualquier persona a la hora de clamar al cielo lo que es una injusticia con todas sus letras. Pues bien, si Rajoy hubiera hecho justicia sin mirar quiénes eran los acusados y marcando sus valores sin distinción alguna, muchas cosas serían diferentes en este país. Hubiera quedado en evidencia el socialismo obrero hipócrita que mintió y no hizo nada, hubiera quedado en evidencia ese sindicalismo connivente con el poder y la corrupción que cobra del erario público sueldos inmorales entre muchos compañeros, hubiera puesto bálsamos a la herida abierta por Zapatero en esa España pretendidamente dual que se odia por anuncios demagógicos, hubiera adquirido súbitamente la autoritas necesaria para acometer las medidas y esfuerzos a sabiendas que se iba a poner a cada cual en su lugar y que los sacrificios valdrían la pena. Tantas cosas y tan buenas habrían supuesto para España la aplicación de una justicia ciega, resolutiva y valiente que nunca más habría que oír ni ver soflamas populistas de quienes se sentían moralmente superiores para juzgar al resto.

Nada de eso ha hecho Rajoy y mucha gente que vota al PP lo hubiera deseado y pretendido. Ayer Manuel Pizarro era un ejemplo de lo que puede llegar a ser un país por obra de una persona u otra y le apuesto a quien quiera que lo que dice este señor lo cumple.

 Bajar los impuestos le parecerá a Rajoy la solución adecuada para mejorar en popularidad, pero teniendo la extraordinaria posibilidad de regenerar España y habiéndola desaprovechado, calculen el despropósito. Y eso que no hablo de los nacionalismos.

jueves, octubre 03, 2013

Qué sucedería si en Cataluña existiera verdadera libertad para los catalanes...

...No para un ente abstracto comandado por unas élites directoras que dictan a la población lo que ésta necesita para alcanzar su felicidad, o a quiénes deben apartar de sus vidas para lograrlo.

Si existiera libertad cierta en Cataluña no tendríamos que aguantar que existiera gente capaz de decirle a los demás lo que deben hacer, cómo expresarse y en qué medida reciben la aptitud de la catalanidad. Gente empecinada y auto legitimada por un entorno agobiante de simbolismo y parafernalia que mirándolo con cierta distancia, la que necesita la razón para emitir una valoración, llega a rozar el absurdo. Una subasta de emblemas de catalanidad a la que casi todos subyacen, unos, los catalanes de descendientes catalanes porque han asumido con fervor la idea de propiedad de la tierra; otros, los charnegos, con un complejo interno inconsciente que les lleva a tener que demostrar lo que los otros no tienen porqué y también los que simplemente se dejan llevar por la idea de que lo propio es "diferente" ergo inevitablemente mejor. Algo de lo que pueden sentir una admisión de pertenencia acogiendo las palabras integración e inmersión. Es difícil ver concentraciones de gente que reivindica sus debilidades más que para reclamar de otros atención, no hay territorios pobres que suelan reivindicar su escisión con el resto. La diferenciación siempre se contrapone por una idea convencida que lo propio es superior. Porque la diferenciación es un rasgo implícito de España y sus regiones. Nadie en sus cabales verá iguales a un gallego que a un extremeño o a un murciano o balear, cada cual lleva empapada unas costumbres y arraigos propios del lugar donde le vió nacer. Ahora bien, el destacarlo como algo relevante es consecuencia de un algo más, un interés ulterior al margen de dar a conocer lo obvio.

Y ¿Cuál es el rasgo diferenciador por antonomasia? La lengua. El temperamento, los usos o costumbres no llevan a destacar suficientemente una diferencia superior entre las diferencias, puesto que la voluntad sólo añade un deseo y no establece más distancia que la existente entre un gaditano y un leonés. La lengua es el rehén, la coartada que permite secuestrar la libertad ciudadana en pos de una causa mayor, ese simbolismo doctrinal imprescindible que requiere la supeditación ciudadana, el medio necesario para alcanzar el fin. No es cierto que el catalán desaparecería si existiera el bilingüismo académico a partes iguales o el trilingüismo, si Franco no pudo acabar con la lengua de Llull, difícilmente lo lograría la plena libertad de derecho ciudadana y la equiparación de derechos entre unos catalenes y otros. La falacia victimista de la amenaza del castellano es de libro y a la vez el recurso maravilloso con el que azuzar la emotividad de quienes se sienten protectores de un legado que supera a las personas en un territorio, Cataluña, en el que hay que reconocer existe una gran propensión al dogmatismo y a la genufexión ante causas "superiores". El Barça es una gran prueba de ello.

¿Qué pasaría si existiera la libertad en Cataluña? ¿Qué sucedería si se pudiera escolarizar a los hijos en dos o tres lenguas? Lo primero que los opresores tratarían de impedirlo escudándose en el ya explicado subterfugio de pega imponiendo que lo que suma agrede y lo que resta, paradójicamente, suma. Hay que poner mucha emoción para entender la lógica nacionalista, pero lo que es una gran suma son los recursos para publicitarla.

Si hubiera equidad en la enseñanza de las lenguas el catalán no se perdería bajo ningún concepto, pero sí quedaría tocada la pretensión de desafección con el resto de España y la extensión consiguiente de los deseos independentistas. El catalán académico se dominaría y la gente se expresaría con locuacidad y léxico profuso en los dos idiomas, pero, no se vería obligada a hablar en catalán ni a escoger esa lengua bajo la mirada atenta de inspectores de enseñanza o censores de carteles en el propio negocio. El castellano y el catalán se distribuiría con libertad en espacios socio-culturales y la naturalidad de la libertad evitaría los prejuicios de cualquier clase. No en vano, existiría la gente que trataría de imponer su voluntad apelando a grandilocuencias y victimismos. Eso nunca cesaría. Pero Cataluña sería ciertamente libre y el fin tramado de unos pocos hace treinta años no sería ya más excusa para doblegar la libertad de prensa, de enseñanza de tantos y tantos derechos para ciudadanos de primera y segunda en este lugar donde se pide libertad por quienes sólo se miran sus ombligos.

Dicho ésto, en Madrid no se enteran y ningunean constantemente la coerción sistemática o a lo sumo la balbucean o discuten en foros televisivos primados con audiencias sedientas de sangre matafórica. La pedagogía es necesaria principalmente con el Gobierno de España y medios del resto de España, porque cada día que dejan pasar, omiten su deber de socorro y explicitan e incluso justifican un deseo independentista por lo poco que incluso los no nacionalistas nos vemos comprendidos por quienes son nuestros compatriotas.Puede que muchos se expresen muy bien en un foro, pero las palabras hasta que cristalicen de algún modo, son y serán únicamente publicidad y entretenimiento.

So...Freedom for all catalonians

miércoles, octubre 02, 2013

Lecciones para la población aprendidas

Recientemente topé con un antiguo compañero de colegio. Para ser más exacto el hermano de una amiga que iba a mi clase en la EGB. Lo había ido viendo de año en año, pero éste era el lapso de tiempo más prolongado sin contacto. De hecho, hace unos diez años incluso él participó en alguna de las tertulias que monté semanalmente durante un año con un grupo de amigos y conocidos . Sabía ya que se había casado y había conocido a sus pequeños aprendiendo a caminar. El caso es que este chico nunca tuvo ideas nacionalistas conocidas, simplemente se limitaba a opinar con tibieza de las cosas sin una implicación destacable. Eso sí, sabía que se había casado con una chica que ya hace diez años flirteaba con el nacionalismo más voluntarioso por decirlo de algún modo.

Entre el cúmulo de intereses personales y porqués acerca de la familia bien gracias, apareció de soslayo el tema político. Quizás no tan de soslayo ya que afecta a todo lo que puede afectar a un padre de familia que tiene hijos y obviamente los escolariza. Al hablar de colegios, explicaba que su prole iba a un colegio distinto al que solía cuando lo conocía, era público y su defecto más pronunciado ante mi estupefacción era según sus palabras que hablaban en castellano. Me extrañó ya que si con los carteles de los comercios sólo se permite el catalán, cuanto más es en el caso de un colegio público. Entonces refirió con convencimiento que la clase de castellano la hacían en castellano y que por la pega de existir inmigrantes hispano hablantes existía un contagio que en cierto modo, espetaba, les obligaba a utilizar la lengua de Cervantes. Eso todavía llegaba a ser más gravoso cuando llegaban a casa y veían los dibujos animados en un canal no catalán, algo a lo que según su lógica, reaccionaban no permitiendo ese idioma dentro de las paredes de la casa, porque para este conocido una cosa estaba clara: los alumnos catalanes sacan mejores notas en castellano que los de Madrid o los de otras regiones españolas.

Detengámonos aquí y observemos la absoluta delegación necesaria en los credos del "master" para asumir la fe del nacionalismo. Resulta que yo tengo que apoquinar un colegio privado para que tengan clases en catalán y castellano dado que no tengo posibilidad de que mis hijos opten por la riqueza de dos o más lenguas y mi mujer les habla en catalán y yo en castellano. Además, resulta que son adictos a la lectura, tanto en catalán y castellano, rondan los diez años y de vez en cuando, al expresarse en castellano sueltan algún palabro de la lengua de Llul, pero resulta que, por el contrario atendiendo al dogma del aprendizaje nacionalista, la media de los alumnos catalanes que están obligados en su mayoría a sumergirse en el catalán salvo dos horas y muchos de éstos hablan el catalán íntegramente en sus casas, tienen mejor aptitudes que quienes la escuchan y la estudian prácticamente todo el día. Ver para creer.

Un catalán tipo repite como si fuera una verdad como un templo que el catalán está en absoluta inferioridad y que necesita el contrapeso de la inmersión para ni tan siquiera llegar a igualarlo. Que la tele y las series de dibujos y demás "medios altamente formativos" son más que suficientes para el correcto aprendizaje del castellano. Y yo no niego la mayor, se que un niño de inteligencia normal puede conocer perfectamente otra lengua por asimilación en medios aunque no ocupe un porcentaje significativo en su día a día, otra cosa es su nivel puramente académico que es cuestionable e incluso evidenciable a poco que uno se moleste en tratar con algunos niños, cada día más, que deben realizar un ingente esfuerzo para expresarse correctamente en español. Pero jamás el aprendizaje ha sido el objetivo, sino la asunción de la lengua catalana como vía de expresión única, la utilización como lengua vehicular para llevar al desapego con todo lo que tenga relación con España. Así de simple y de claro. No obstante, los ciudadanos tipo seguirán erre que erre defendiendo la lección bien aprendida sin pararse a pensar por sí mismos.

El nacionalismo ha urdido una serie de contrarréplicas y las ha extendido por todos sus medios, de manera que ya no cabe pensar que dos y dos suman cuatro, estudiar menos un idioma y verlo por medios alternativos o incluso como en algunas casas, bastantes, que sólo ven TV3 y apenas se expresan en castellano lleva a hablar mejor que el resto de españoles. Puede que un día las clases sean en castellano íntegramente para aprender el catalán si TV3 saca una serie tan adictiva que la formación de sus retoños quede tan enganchada en sus redes que el castellano se encuentre en inferioridad. Ya puestos a soltar absurdos...

La radicalización viaja en un barco llamado "normalidad"

Si tiene hijos o ha sido menor (espero que sí), seguro que no tomaba conciencia de cuanto se crece al ser o vivir con los niños. Ya fuera de vuelta de vacaciones o al reencontrarse con familiares con infantes es cuando resultaban inevitables las exclamaciones en torno a la altura de los pequeños.

Imagine que ve una tortuga y desea hacerle una fotografía, pero si no dispone a su lado de un objeto o algo que resulte conocido, no podrá trasladar al que observe su instantánea las dimensiones del reptil.

En ambos casos existe la necesidad de una referencia para tomar conciencia de los cambios o las proporciones de los sujetos protagonistas. En la política sucede lo mismo, porque todo es extrapolable. La independencia de Cataluña hace unos años sonaba como una barbaridad para un altísimo porcentaje de la población catalana y ya no digamos las "esteladas" que se reducían a grupos de forofos futboleros o núcleos duros de poblaciones rurales con ganas de linchar a los pixapins, que es como despectivamente la gente de Gerona denomina a los barceloneses gracias a la invasión turística que sufren los fines de semana desde los años 70.

En Cataluña se convive metafóricamente con el menor que pega el estirón o la tortuga no tiene nada al lado que sirva para conocer su proporción. No hay medios públicos ni privados que sirvan de contraste para saber la "evolución" sufrida en este tiempo, sólo editoriales que firman conjuntamente soflamas y manifiestos en una dirección.

De todos modos, sí que el catalán tipo es consciente de que antes no quería la independencia y ahora la reclama exaltado en una manifestación, pero éste navega en un barco llamado "normalidad" que le hace sentir que su proyecto es aceptado por una mayoría cercana y que las referencias fuera de este entorno, es decir, el resto de España son las que se han radicalizado por contraste con ellos mismos. ¿Cómo se convence a esta gente que los radicales son ellos? ¿Cómo se evita toda la ristra de argumentaciones que los medios de comunicación nacionalistas disparan cada día a discreción para apropiarse de conceptos como "derecho a decidir" o "enmancipación" o cualesquiera constructos dirigidos a una idea fija de desafección con el resto de España?

Si se tomara la comparación del comienzo sería complicado pues las referencias son objetos o principios conocidos y aceptados y toda manifestación que provenga de Madrid, lejos de constituirse para el nacionalismo en referencia que sirva para medirse, se convertirá en razón de diferenciación que soportará y motivará la intención de secesión. No en vano, existe un elemento que se ha producido que ayuda a conocer el grado de radicalismo del nacionalismo catalán, y ese no es otro que la aceptación del "informe Otegui". Cataluña está en un punto que mucha gente verá normal ya esos extremos, pero todavía queda un grupo muy extenso y ambiguo que se suele dejar llevar por las intenciones de la mayoría; un sector eminentemente acomodado que todo le va bien mientras la cosa no se salga de madre, pues bien, como el escenario antes narrado de "normalidad" lleva a aceptar que nada se salga de sus cabales por no existir contrastes, con Otegui la cosa cambia. Es conocido y se sabe su procedencia y métodos. Mucha gente podrá detenerse un instante a pensar ¿Qué hago yo en el mismo barco con Otegui? ¿Qué hace el presidente de la Generalitat de la reputada CiU sin poner peros a la entrada de este señor? Ahora bien, ¿Cuál es el riesgo inmediato que puede suceder? El efecto de la defensa por contra, o lo que es lo mismo, si desde Madrid se pone el grito en el cielo, en buena lógica por semejante hecho, el nacionalismo se replegará y optará por las justificaciones que considere oportunas y a otra cosa mariposa. Los medios locales correrán un tupido velo y enfatizarán sobre cualquier reclamo castizamente español que atraiga las miradas y renueve el fragor de la batalla.

La Cataluña oficial ya perdió hace tiempo la senda de la moderación y ese hecho lleva a mirar a los demás por contraste sin saber quién es el que se está moviendo, si unos u otros, pero las referencias están y permanecen en su lugar. Otegui no ha cambiado y el nacionalismo lo acoje con los brazos abiertos. Hoy en día se puede decir que Carod Rovira no hubiera padecido las iras de muchos cuando solicitó el pase VIP que les privaba de los asesinatos de ETA.

En Madrid no son conscientes de la situación y lo peor es que no saben como afrontarla, al menos con un mínimo éxito. Siempre la información, la disonancia cognitiva, la moderación y la búsqueda de referencias para hacer despertar del sueño a aquellos suficientemente mayores para conocer su cambio en el tiempo, porque con los menores adoctrinados el caso está prácticamente perdido.

Espabilen y comiencen a pensar en estrategias de manipulación de masas parejas a las desplegadas por el nacionalismo y su rodillo publicitario con 3 los ejes: propiedad de la tierra - Barça - desafección con el resto de España. Eso es el bombardeo más efectivo posible y el que les ofrece la posibilidad de sentirse seguros y confiados de que tarde o temprano ganarán cualquier referéndum con independencia de que exista justicia cierta, referencias reales o lo que haga falta. Ya sólo será una continuación de lo que viene siendo la política en Cataluña: "lo quiero, lo tengo" y sin una sola traba, al educar al mastodonte con caprichos y consentimientos se te convierte en un dictador que quiere hacer lo que la de la gana, y en esa estamos, con ganas de emancipación.

martes, octubre 01, 2013

Cambie de canal y compruebe cómo el futuro no es halagüeño.

Una de las situaciones más absurdas que uno puede detectar en el debate independentista catalán para un no nacionalista sucede cuando tiene la oportunidad de cambiar de canal en su televisor viviendo en Cataluña. En ese caso se podrá comprobar lo que se entiende por "normalidad" en cada plató y a su vez cómo la distancia política entre uno y otro está en las antípodas. Cada personaje tipificable como de referencia tiene una idea enquistada tan asumida como una verdad que los argumentos dejan de tener sentido ya que lo que se aprecia es un "bandismo" o partidismo absoluto.

En un canal se preguntan cómo cerrar el grifo a quienes fomentan la inversión del independentismo en detrimento de otros servicios mientras en el otro apelan al derecho a decidir ante cualquier crítica. En un canal hablan del día después de Cataluña fuera del euro mientras en otro dejan caer que podría ser España la que no entrara en Europa. Es tan dispar y la información tan opuesta que una sugerencia ahora mismo para los no nacionalistas o personas que tienen responsabilidades de gobierno en España es que cambien de canal por cualquiera de los efectuados en Cataluña y comprueben los argumentos o las informaciones que a diario se están expandiendo como normales. Lo contrario sin duda está más que hecho y analizado pues un grandísimo porcentaje de noticias en los medios catalanes versan sobre todo lo negativo que sucede en el resto de España.

Las personas inseridas en la "normalidad" catalana hablan de amenazas de España mientras mencionan la palabra "enemigo" o que hay otros sitios para asaltar en lugar de la Caixa como el banco de España sin que nadie lo note en ese plató como relevante. Los esquemas cognitivos de unos y otros son tan diferentes que no entienden y no entenderán que la información es el arma de la conquista de masas por encima de leyes, principios o justicias. Hasta que eso no se comprenda por quienes deben hacerlo, el choque de trenes o la lucha entre territorios es algo que sucederá inexorablemente.

En uno de los canales conservadores, Alicia Sánchez Camacho hablaba de fomentar y equilibrar la información en Cataluña, pero sin duda llega algunos años tarde. La información sólo tiene éxito si se dirige a la vía sentimental, nunca racional. Aunque probaran que CiU ha robado a los catalanes más que España y todos los delincuentes juntos, no cambiaría un ápice la filiación de quienes han sido machacados incesantemente por mensajes emocionales de implicación y desafección al unísono. ¿Creen que decirles lo que le pasaría a Cataluña el día después les amedrentaría? Al contrario, sería un reto. La quiebra debe dirigirse a la falsedad de los principios estructurales del nacionalismo en el ámbito de la emotividad y eso es prácticamente imposible si no se produce desde dentro, ya que España ahora mismo tras años de control mediático nacionalista, es la enemiga oficial. Quizás sí podría calar entre gente que desconoce los sistemas de Pujol de control, de prohibiciones en medios, de subvenciones, de causa común ante la corrupción, de pactos excluyentes, de manera que si estuviera magníficamente llevado les pudiera provocar algún caso de disonancia cognitiva, pero en ese caso no lograrían adhesión a la causa "española" sino frustración de la confianza en los que se dicen sus aliados.

Pero el problema serio que parece que no se menta en los medios es que CiU ya se ha inmolado poniendo al servicio de ERC toda su maquinaria propagandística y de control de masas, porque CiU se sabe o se intuye que tiene unas maneras tan difíciles de contener por evidentes que mucha gente la rechaza incluso entre el nacionalismo y ERC, al tener únicamente la trágica para Cataluña pero breve intervención en el tripartido, no sufre el desgaste al que están sometidos otros y tratándose de un proyecto como la independencia, lo mejor deben pensar algunos es acudir al original. No hay nada que hacer mientras centros escolares y el 100% de los medios den una información tan distinta al resto de España y tan al servicio de una causa como la nacionalista. El referéndum es una trampa a corto, medio o largo plazo que de permitirse, garantizaría la ruptura de España a plazo fijado porque las generaciones de adoctrinados crece cada día que nace un retoño en Cataluña y ese es el ardid que les provee de un argumento para exigir la opinión ciudadana. Cataluña ha refundado el positivismo dejándolo en la anarquía de las masas controlables por los medios que piden casualmente lo que millones de euros durante todos estos años han servido para sufragar: subvenciones a medios, políticas discriminativas, cierres en bloque y chantajes como el ya asumido como normal Pacto del Tinell. Esto se ha convertido para muchos en una especie de "resistencia" en la que cualquier medio vale para un fin.

En Cataluña la gente ha comprado que la causa de su reclamación es por hartazgo y justicia, como si se hablara de una subasta de un postor que poco o nada tiene que ver con nosotros se tratara. No saben ni piensan que aquí la inmersión es absoluta y total y el abordaje debe plantearse desde el conocimiento de lo que aquí se toma como normal y no desde Madrid. La manipulación del ser humano con medios es relativamente fácil de implementar, pero bastante difícil de desenmascarar incluso una vez descubierta. Mucha gente todavía estudia los fenómenos poblacionales de regímenes autoritarios o diactatoriales apoyados por grandes mayorías sin saber que la razón o la lógica queda fuera del rango, sólo la emoción de sentirse mejores acompañada de la necesidad de desprenderse de quienes les perjudican son los únicos patrones comunes a cualquier nacionalismo. Compruébenlo y verán que el ser humano repite siempre su historia, incluso la de los ineptos que hicieron grande al monstruo.

lunes, septiembre 30, 2013

Símbolos de juventud

Ayer se corrió una carrera del Mundial de Moto GP en Alcañiz. Una carrera que es una metáfora de muchas cosas, tantas como cada persona pretenda buscar en ella, desde la nada justificándolo con un "así son las carreras", hasta cuestiones más sesudas que podrían parecer incompatibles con la competición, pero hubo algo en lo que pudimos coincidir un gran número de espectadores durante unos instantes: en el momento que Pedrosa se fue contra el suelo, muchos, entre ellos los comentaristas de tv., tuvimos la sensación de que Márquez había sido el artífice del accidente. Una sensación fundada en experiencias anteriores, en conocer a Marc Márquez y su idea de la victoria bajo todos los medios. Una idea que posiblemente enardece a millares de jóvenes en todo el mundo y que incluso puede que les motive a justificarlo con pasión. El miedo a crear polémicas antes de hora llevó a que pronto se zanjara cualquier interpretación por tv. a la espera de que hablaran los protagonistas, pero la acción estaba hecha.

Lo llamativo es que puede que exista gente entre los seguidores de Márquez que estén sufriendo la crisis económica y hayan participado de ideas políticas y expresado en manifestaciones su descontento, sino su odio hacia los que ellos tachan de responsables. Desde luego que el piloto catalán nada tiene que ver ni con bancos ni con pufos inmobiliarios, pero eso es lo de menos.

La lección de ayer es una y bien clara: ganar a cualquier precio. Un accidente lo tiene cualquiera, un desafortunadamente incidente puede ocurrir cuando hablamos de motos a más de 200 KM/h rodando a centímetros, pero curiosamente hay un competidor ahora mismo, claro y definido que cuando rueda detrás de otro piloto, se teme por la integridad del que pretende adelantar y del potencial adelantado, y ese no es más que Marc Márquez, el casi ganador del Mundial de Moto GP tras su primer año. ¿Saben cómo se le llama a este tipo de actitudes por supuesto cuando salen "bien" para el "crack"? Tener huevos. Así que ya saben, hay que tener huevos en la vida y jugársela a costa de otros. Si la cosa sale bien siempre tendremos defensores y pasionales seguidores, eso sí, si la cosa saliera mal disponiendo de esos mismos huevos, prepárense a sufrir la ira de la Santa inquisición porque la rabia de los que trasponen su imagen en la promesa es inmisericorde y la cobardía su santo y seña. Nadie de esas personas pensará un solo instante que es más complicado aguantarse que tomar un atajo, que seguir las mismas normas que los demás pone límites e iguala las posibilidades con lo que sólo permanece el talento sin ardides en el duelo, no obstante ellos van con el "ganador", en su bólido o motocicleta y sólo desean la victoria, lo demás es palabrería. Menuda paradoja.

Todos los que vean un sermón moral o les moleste ver atacados sus principios competitivos, sean de un partido político u otro, vendan fruta, trabajen en un almacén o sean médicos u abogados, tienen un código determinado acerca de los medios para conseguir un fin o sencillamente no tienen ninguno. Un sistema interiorizado que ni ellos mismos conocen de manera consciente y que puede que sólo lo detecten sus cercanos cuando hagan con ellos una partida o al manifestar una serie de opiniones, más por el modo que por las opiniones en sí. El circo del espectáculo vende chutes de entretenimiento que parece sirva para soslayar la vida real, pero los que participan en el show de gladiadores venden cara su piel y cuando se caen o pierden, lo pagan de verdad de un modo u otro. Es posible que el coste aparente de levantar o bajar el pulgar sea demasiado bajo, pero en realidad el coste es muchísimo mayor, tanto que permenecará invisible incluso para los que apoyen las maneras del "talentoso" piloto.

Se está perdiendo esa costumbre de decirles a los niños que no hagan a los demás lo que no te gusta que te hagan a ti. Imaginen eso en un piloto de carreras, estar en el suelo por cupla de otro y que ese otro se lleve el triunfo. No, mejor no, miremos el éxito que tiene un resplandor tan brillante y esplendoroso que todo lo demás incordia.

viernes, septiembre 27, 2013

El propósito de Artur Mas

Me parece que en esa pluriambiguaencuestaquetratadeconseguireléxitocomosea se incluye algo parecido a ¿Desea mantener alguna vinculación con España? y en ese justo momento en combinación con las palabras de Soraya Fernández, portavoz del Psoe ha encajado todo en mi cabeza.

Si por algo tengo en consideración a CiU es por una máquina perfectamente engrasada especializada en la manipulación de masas. Sus componentes son a mi parecer cuanto menos brillantes y todas y cada una de sus palabras siempre han sido previamente tramadas y urdidas valorando sus consecuencias. Siempre en el terreno de la valoración, considero a Mas un tipo muy capaz de enarbolar complejos ardides y discursos en los que no deja ni una coma al azar. De hecho, a la par que considero la trama nacionalista una conspiración en toda regla, no he podido dejar de admirar la eficacia de sus métodos y lo estudiado de sus tácticas.

Por ese mismo motivo, reconozco que la revolución que viene planteando CiU desde que convocó elecciones me había dejado algo descolocado. El partido nacionalista siempre obraba hilando muy fino para no perder resquicios de poder, que es el motivo fundamental de su existencia, y aclaro, no el poder para gobernar Cataluña, hablo del poder en sí mismo como fin. La diferencia a la hora de discriminar un medio o un fin siempre se detecta en las consecuencias de las decisiones tomadas. En una persona inconsciente o extremadamente visceral puedes esperar un tono revolucionario, pero en un grupo especializado en tramar estrategias desde que el iluso de Josep Tarradellas exclamó Ja sóc aquí, jamás. Pero el caso es que Artur Mas se vió totalmente atrapado por su propia red y en el análisis computerizado de alternativas sólo le quedaba una: jugar fuerte. El líder de Convergencia había perdido la piedra filosofal, el toisón de oro, ese estatus de horquilla imprescindible que permitía a los nacionalistas vender lo que conseguían del Estado, criticarlos al mismo tiempo y responsabilizarlos de todo lo malo que pudiera suceder y además de eso, pasar inadvertidos en su gestión gracias a la connivencia pactista con los partidos nacionales. Si no se puede jugar la carta de miembro imprescindible, entonces se opta por la de: -."Te muestro a mi soldadesca independentista lograda todos estos años que pactaba con vosotros, o pactas o te la lanzo!"

Ahora bien, así como ERC sí tiene clara su idea de independencia, justamente con independencia del sentido común o del seny necesario, en el caso de CiU no me cuadraba su juego. El partido nacionalista sin un enemigo a quien culpar de todos sus males quedaría extinguido con rapidez, y después de haber vendido la gran maravilla que supondría para Cataluña cortar la relación con el resto de España, al comprobar la falacia, los ciudadanos pronto comenzarían a buscar culpables de sus males y más pronto todavía, aparecerían los partidos que sacaran tajada de ello. Por tanto, ¿Iba Mas de farol? Sí y no. ¿Cuál es el modo en el que CiU podría encajar su proyecto asumiendo por una vez la realidad? Mentir a los catalanes por lo que se dice y por lo que no se dice tiene un límite incluso con la complicidad de los medios de comunicación. Quizás sí esté clara la participación endémicamente visceral de las juventudes adoctrinadas que prometen un futuro de tensión y violencia para nosotros y nuestros descendientes, por ello gracias sr. Pujol y compañía, pero todavía están los que no se inmolan únicamente por la simbología y saben que la pela es la pela.

Y es en ese justo momento cuando traigo a colación la pregunta del conato de referéndum que habla de una vinculación con España. ¡Voila! ¡Estado libre asociado! Ese siempre ha sido el objetivo de Artur y los suyos, un objetivo calculado desde el principio que en su libre conspiración logra articular la idea de una Cataluña independiente compatible con la Unión europea y sin el trauma emocional que implicaría la lucha de partidarios. Pero es que hay más. Un plan tan maquiavélico mezquino y taimado no tendría visos ni con Mariano Rajoy, pero siempre nos quedará esa izquierda ambigua y dispuesta a lo que sea necesario por conformarse en el antónimo del PP, incluso cuando se trata de defender la ya triste idea de España, y es ahí cuando también cobran sentido las referencias de Soraya Fernández hablando de "encaje" y "referéndum".

El ingenuo de Mariano Rajoy solicitaba la entrada en el Consejo de Seguridad de la ONU sin meditar que España puede pasar sin despeinarse a régimen anti estadounidense. Aunque, si llega algún émulo de Zapatero quizás tendría el apoyo de China. España no garantiza nada a más de cuatro años vista fiándolo mucho. No me jugaría un céntimo por la prosperidad de un país que no garantiza jamás la lista más votada como sucede en Alemania, aún cuando no ha sucedido a nivel estatal,  los precedentes en CCAA y Ayuntamientos no presagian más que coherencia en torno a la idea de desbancar a los otros más que de legitimidad. Por ese motivo, esperen a las próximas elecciones generales para saber cómo irá eso de la unidad de España.

La independencia de Cataluña es un sinsentido de tales proporciones que el acto de falta de responsabilidad suscitado por Mas va a marcar el devenir de una Cataluña fracturada por una gran paradoja: los independentistas no contemplan el peso de los no nacionalistas porque sólo tienen un objetivo en mente inoculado desde hace décadas, de modo que articulan maneras totalitarias empezando desde su jerga y acabando por una maleabilidad de la legalidad semejante a la ley de casinos que se cambió para montar el casino de Barcelona. La costumbre ha generado una impunidad y creencia de control tales que no se admiten negativas, y eso chocará tarde o temprano con los que llevamos años aguantando en silencio que no se pueda estudiar en inglés, español y catalán, o que los canales públicos ofrezcan todo tipo de programación sectaria y emocionalmente incendiaria o que en lugares públicos escuches insultos sólo havcia una dirección y la normalidad suponga la violencia de decir que estás en contra del orden oficial, o que las esteladas ondeen en lugares públicos, o que 12 medios de comunicación estén de acuerdo con publicar una editorial conjunta, y así podría continuar un largo rato que hace normal que un nacionalista pueda despreciar una parrafada con cualquier desabrupto, eso es lo normal.


jueves, septiembre 26, 2013

Cataluña Vs España: Fight!!

¿A qué se enfrenta España con el desafío secesionista de Mas? Existen a día de hoy políticos y periodistas que se sientan con relativa placidez en el cómodo sofá de la ley. Ya sea desde un púlpito político, ante una cámara, un micrófono o una pluma apelan a la inexorable tinta que fundamenta la legitimidad de España como nación. Ese enquistamiento, muchas de las veces se conforma como el coto a un tema que ellos consideran de antemano zanjado. El caso es que la independencia de Cataluña, tal y como viene siendo tratada con astucia por el nacionaslismo catalán, dejó hace tiempo de ser un objetivo de alcance puramente legal. El error o la estafa por la que actualmente se traslada una falsa imagen de lo que sucede o puede suceder en Cataluña está siendo el guión de un plan ya trazado en el que todos los actores y especialmente desde Madrid, vienen reaccionando como se espera de ellos, es decir, sin inteligencia ni capacidad alguna para retomar el control de lo que es una conspiración en toda regla.

Los periodistas, políticos y supuestos expertos debaten uno y otro día sobre la misma cuestión como si de un reality show se tratara o más acertadamente, como si de un combate entre púgiles anduviera la cosa. Unos apelando al derecho a decidir enfundándose el manto de una democracia a medida de sus intereses y otros recurriendo a la legitimidad de las normas que fundamentan precisamente esa democracia. Una especie de bucle interminable que horada las mentes de los ciudadanos hasta la radicalización o el hastío, pero sin soluciones tangibles ni luminosas ideas. En realidad, parece que se trate de un espectáculo en el que unas personas pueden ensanchar su propio ego ante las cámaras o las ondas cobrando por ello un vale de realización profesional y unos eurillos que en tiempos de crisis y en cualquiera, nunca vienen mal. Lo que sin duda muchos harían gratis por convicciones u otras razones peregrinas, los debatientes crónicos lo repiten diariamente añadiendo más o menos gracia pero nula originalidad. Es algo parecido a las noticias en el deporte en el que cada día hay que vender noticias y hablar de algo.

Mientras tanto la realidad acontence ajena a los recreaciones periodísticas y políticas, y uno llega a pensar que ajena a las competencias gubernamentales de quienes se suponen deben dar solución al serio problema que vivimos. Como no estamos en Hollywood, aquí no existen espías ultra eficaces que saben lo que va a suceder antes de que lo haga, ni colaboradores con capacidades magníficas que encuentran estrategias efectivas para combatir los complejos ardides nacionalistas, ni mero conocimiento del terreno que pisa la gente normal para conocer el pulso cierto de la ciudadanía, tampoco bregados estrategas expertos en la manipulación de masas, ni sofisticados programas de realidad virtual que hagan simulaciones de las opciones disponibles, ni lobbies con suficiente prestigio e influencia como para extender mensajes que lleguen a convertirse en conocimiento asimilado, ni tan siquiera a cualquier publicista del PSC que busque entre lo más hiriente o sensible para lanzar su propaganda electoral; aquí todo eso, tal y como va funcionando el dret a decidir, parece que lo tengan en Cataluña y en tal manera que haga comprensibles las telarañas en las arcas para los asilos, colegios y hospitales. ¿Puedo yo creerme que la CNN emite un programa sobre Cataluña sin ayuda de ningún tipo? ¿Pienso yo que en este momento no habrá por todo el mundo lobbies de nacionalistas intentando borrar la palabra España a la hora de ser relacionados en su territorio? También puede ser posible que dos y dos sean cinco. Si se puede probar (que se puede holgadamente) que el nacionalismo ha empleado todos los recursos a su alcance en pos de un plan concebido ya hace muchos años y que ha dado unos resultados evidentes en este preciso instante, ¿Qué cosa no es posible para un partido como CiU tan embargado y arruinado como ricos sus próceres?

Ante todo problema siempre es fundamental un buen diagnóstico, ya que de éste partirán las supuestas soluciones. Si atendemos a los medios de comunicación, cada cual puede vivir en su propia burbuja de información y recursos con los que combatir al otro bando. Eso no es más que el punto débil de la naturaleza humana y su propensión a establecerse en endogrupos con los que lograr beneplácito y recompensas emocionales en forma de reconocimiento y su materialización: la reputación. Así, la mayoría de la población se suele distribuir en masas más o menos homogéneas que se nutren de unos presupuestos comunes que sirven para afianzar entre ellos un supuesto objetivo o idea de convivencia común, a fin de cuentas de elo surgen las nacionalidades, pero éstas, que son un producto humano, se pueden crear, alterar, modificar y con las correspondientes disonancias, incluso pervertir.

Para empezar, discutir con las personas sobre sus actitudes o filiaciones políticas desde el plano racional es estéril. Sí es cierto que existe gente con capacidad para alterar su propia visión de las cosas ante determinados planteamientos que pueden producir una disonancia cognitiva de entidad, pero éstos son franca minoría. Lo común es que la gente se enfunde su traje de soldado civil y trate de conseguir los galones que piensa que su hipotético jefe le otorgaría, que no deja de ser él mismo y su necesidad de afirmación personal. Todo ello de manera inconsciente por supuesto en el instante previo a la toma de decisión, porque de lo contrario sí se podría interferir en los principios tras una mera conversación. Las personas tomamos un papel en la vida y nos encargamos de darle una determinada solemnidad afianzados más o menos por unas razones con las que indefectiblemente debemos identificarnos. Cada sujeto diferirá en la complejidad o profundidad de sus argumentos, pero el trasfondo emotivo es el que marcará los nexos de éste con el endogrupo. De ese modo, cada cual tiene una llave distinta o diferente con matices, por ejemplo, el que afianza su identidad con poco argumento y mucha emotividad renegará en lo que pueda de lo primero y abrazará lo segundo con fervor. Cada individuo focalizará la manera que tiene de representar al endogrupo por sus rasgos más representativos o característicos. El núcleo de todo ciudadano partícipe de un endogrupo es qué tipo de relación establece con la hipotética idea que se ha formado de ese endogrupo y de qué manera alcanza ese ciudadano su reputación o elelementos que le confieren reconocimiento en torno a él.

Para ello se necesita un grado de implicación emocional que las más de las veces es el foco incial de cualquier nacionalismo tipo: la idea de propiedad y apego a un territorio, pero ésta idea que en su gérmen desapegado o con la suficiente relativización se conforma en un elemento positivo, no basta para generar un grupo homogéneo en pos de un objetivo. El que ama su tierra puede querer al conjunto de su país sin problema alguno, no existe un coto de sentimentalidad natural salvo que se produzca una injerencia artificial que trate de recluir los sentimientos estableciendo la diferenciación. Desde ese instante se establece el elemento objetivo del nacionalismo por autonomasia: el enemigo que se constituye en amenaza. Ese elemento es el más fuerte de los recursos emotivos pues actúa como refuerzo negativo que es imprescindible eliminar, de modo que da valor al objetivo por contraposición y actúa continuamente por sensibilización. Ya con personas normales, si se le dice a una qué no puede hacer, reaccionará anhelando justamente aquello que se le ha prohibido.

El modo para recrear al enemigo objetivo difiere en las culturas y sociedades. En algunos casos ha bastado un simple rumor o la extensión de falacias, en otros como en el catalán, ha sido necesario un proceso largo de control de medios que ha venido actuando por dos frentes simultáneamente: 1) Enfatizando la idea de propiedad, de lo "nuestro"; y 2) Generando un desapego sobre el resto del territorio y enfatizando todos los aspectos negativos de éste.

El abordaje de esta hoja de ruta ha requerido de un compromiso de muchos recursos estratégicos en busca de un objetivo. Una especie de fin que justifica los medios y que soslaya los "errores del sistema" y que asume el necesario sacrificio de la población para llegar a una meta. Una falaz idea de democracia dado que la manipulación ha sido imprescindible para alcanzar los objetivos. Una vez han cristalizado las medidas continuadas, la propia población manipulada acogerá la manipulación como parte de su fuero interno y con el fin inconsciente de proteger su autoestima, relacionará su libertad con las ideas que fueron planeadas y conseguidas por sus próceres y sobre las que curiosamente existe coincidencia plena en medios de comunicación y mayoría política nacionalista. Es como avalar la coincidencia en el pensamiento por generación espontánea y atribuirse el mérito de decidir por causas ajenas a los medios de comunicación o educación que precisamente eran coincidentes en la forma de pensamiento y emotividad. De ese modo, fácilmente un "buen catalán" coincidirá en que las razones de sus decisión responden inequívocamente a las acciones de "Madrid" y no en el modo que los medios y las instituciones nacionalistas han filtrado la percepción de la información, eso sería como reconocer que uno es lo suficientemente permeable  o dicho de otro modo: influenciable. Sucede algo parecido en la capacidad de influir en la decisión de otra persona sin que se note y dejando atribuir el mérito al que ha reaccionado como uno espera. La cosa parece compleja, pero los problemas de de relación social por rumores de personas o malentendidos que recrean disputas inexistentes, son de orden común. Si traslado la idea de que alguien no me quiere, yo tampoco la querré, si traslado la de amenaza, la retaré o me refugiaré en mi entorno. El germen de la separación es extremadamente fácil de extender. Imaginen que te dicen que desde cientos de años por causa de España, Cataluña se ha visto limitada y hasta expoliada. Uno ya no compara la veracidad de esas afirmaciones que son costumbre en medios y escuelas, directamente pasa a rebotarse y encender su vena sentimental. Me gustaría exponer una mayor complejidad en los modos para manipular a las personas pero encender los ánimos con el control mediático y formativo es relativamente sencillo. Desde un plano psicológico habría que felicitar las dotes mesiánicas y de manipulación de Don Jordi Pujol Soley y a sus herederos políticos. La gran paradoja ha resultado que CiU ha hecho el trabajo a ERC y que ERC desde mi percepción siempre ha sido bastante directa y honesta en sus aspiraciones por muy antagónicas que nos puedan parecer.

En el momento presente vivimos el punto álgido del nacionalismo catalán en la peor de sus vertientes, la que tiene muy difícil retorno, aquella que implica a su sociedad. Así, se podría dividir Cataluña en distintos estratos sociales por razón de origen, nivel cultural y económico y conferirles un grado de nacionalismo determinado hipotéticamente. Se pueden diferenciar muchos grupos, pero yo incidiré en los que me parecen más relevantes para hacerse una idea de cómo el nacionalismo los ha sumergido hasta su causa.

Los dos frentes fundamentales que ha debido "combatir" el nacionalismo, más un tercero que es la inmigración de habla hispana, han sido fundamentalmente: 1) La clase trabajadora que se concentra en la periferia de las ciudades, eminentemente en Barcelona; 2) La clase media alta y alta barcelonesa y de otros centros urbanos. La inmersión lingüistica ha obedecido fundamentalmente por éstos y más concretamente por el primero y a posteriori, por los emigrados de lengua española. La clase media suele ser la más receptiva y sensible a ideas de propiedad o estímulos publicitarios que los hará mejores o más felices, por tanto este sector ha sido el más proclive a abrazar el nacionalismo y no lo trataré.

1) En el caso del núcleo trabajador de las zonas de la periferia ha existido tradicionalmente un férreo cinturón protector que se ha constituido en guetos en los que el catalán raramente hace acto de aparición. Ese frente ha traido de cabeza al nacionalismo, dado que resultaba invulnerable tanto a la potenciación de idea de propiedad de la tierra y la cultura como símbolo (un requisito clave en el proceso de desafección con España es el empleo de la lengua catalana), como a la de enemigo objetivo (en grupos que no pueden renegar de sus raíces de otras zonas de España).

La inmersión linguística no ha sido pensada tanto para la clase media o media alta barcelonesa que en muchos casos ya utilizaba el catalán como lengua vehicular, sino para este grupo y los reductos de otras clases que no emplearan la lengua de Ramón Llul. El objetivo de la inmersión nunca ha sido tanto académico como puramente de uso. El interés del nacionalismo es instituir una lengua común e identitaria única que sirva de catalizador en el proceso de homogeneización. Si hablas español, eres español y por tanto tu implicación se ve disminuida, la lengua es un punto irrenunciable en cualquier proceso de aglutinación de masas en torno a un factor cultural de defensa.

Los medios de comunicación, siempre han sido la herramienta fundamental del nacionalismo en Cataluña que han copado todas las plazas, o al menos han inutilizado aquellas que puedieran producir cualquier discrepancia. El nacionalismo ha compartido e incluso en algún período en minoría, los recursos mediáticos con la izquierda del Psc iniciada por Maragall, por ello ha llegado a existir una confusión en el estereotipo mediático de una Cataluña de izquierdas y nacionalista dado que los medios han copado ideológicamete el 100% de los recursos. Paradójicamente, CiU es un partido de derechas más conservador que el propio PP, pero la licencia que otorga el nacionalismo ha sobrepasado cualquier consideración puramente ideológica que no fuera la subasta por la sentimentalidad de la tierra. El nacionalismo ha tratado de emplear todos los resortes posibles hacia este grupo poblacional y flirteaba con radios como Tele Taxi de Justo Molinero que se erigía, en baluartes defensores de la posición nacionalista oficial.

2) No ha sido igual en el caso de las clases catalanas más favorecidas, que se dividían o se distribuían melifluamente entre los partidos conservadores tanto nacionalistas como no nacionalistas. En bastantes casos ha existido un perfil de votante de CiU en las autonómicas que votaba al PP en las generales. En los años 80 y 90, un porcentaje bastante elevado de este estrato social prácticamente renegaba del catalán y difundía la lengua castellana como símbolo de un estatus. Ésto ha cambiado radicalmente y ahora sucede prácticamente lo contrario, los que antes se hacían llamar Jorges o Fernandos, ahora no salen a la calle sin una tarjeta que especifique un claro Jordi o Ferran. Las raíces han cobrado un sentido que antes estaba ausente y se ha conseguido revertir que lo que antes era "kumba" o "catalanufo", en la actualidad sea "cool". La estelada era el reducto de los más radicales que intrépidamente se colaban en las clases de las universidades con más voluntad que otra cosa y se constituía en un elemento ajeno y rechazado por la mayoría más propio de pueblos interiores que trataban a los barceloneses de pixapins. ERC era por entonces una muestra casi inexistente de ellos. Ahora es posible ver esteladas en fundas de móvil de gente "bien" o el "Cat" borrando la "E" de la matrícula de un coche de gran cilindrada o a niños pijos con skateboards y ropa de marca en manifestaciones por la independencia.

En este caso y centrándonos en el público adulto, hay que conceder al grupo Godó el mérito que merece, pues a éste se debe en gran medida la conquista de las clases más pudientes barcelonesas. Aunque su marca ideológica era más próxima al PSC de Maragall, el rumbo del diario barcelonés desde Joan Tapia siempre marcó una línea clara de sutil desafección con el resto de España que a lo largo de los años ha dado pingües beneficios al nacionalismo de izquierdas. La Vanguardia propició el paso de muchos a la gauche divine o socialdemocracia como gustan ellos de llamarla, una izquierda compatible con la burguesía que era capaz de abrazar cualquier precepto pero detestar uno con mucha claridad. Gracias a centrarse machaconamente en todo lo negativo de la escena política madrileña y a soslayar la propia, el diario del conde de Godó se hizo en propiedad de todas esas clases que negaban una implicación a las ideologías que habían sido consideradas radicales, de modo que a base de constantes crónicas en tercera persona, se narraban las disputas de socialistas y populares como de un par de mamporreros que se disputan el pastel de la corrupción, en tanto que en Cataluña uno vivía y vive ajeno a la realidad. La mejor manera de odiar a alguien es conociendo sus miserias y en esta labor, con sutileza, sin elevar la voz demasiado, las plumas de Foix, Brunet, Barbeta y compañía han ido haciendo mella en los cerebros de quienes leían asumiendo que era simple información. De nuevo, a estas alturas, ya no cabe denunciar la pasividad, la omisión y la complicidad mediática con el sistema nacionalista dado que los eslóganes hacen viejos los atisbos de descubrimiento de una organización centrada en la corrupción. Ni el hecho de que Millet fuera un dirigente de la TV del grupo Godó, o precisamente por ello, todo lo relativo a los entramados de corrupción catalanes se toman como un ataque y algo incomparable a las toneladas de portadas que ese diario y el resto connivente de la editorial conjunta han practicado con el Gurtel. La clave siempre ha sido ofrecer lo malo de fuera y lo poco bueno de dentro.

Con este panorama, el punto de partida formativo de un ciudadano tipo de clase media catalán y otro no catalán es frontalmente opuesto y ya no digamos en el plano emocional. Ese factor, que no se toma en consideración apelando a meros intereses políticos, es el que nos ofrece la predicción para un futuro que es de todo menos halagüeño, se sea nacionalista o no nacionalista. De hecho, el momento actual es y será el más feliz para el nacionalismo a menos que gobierne el socialismo en la próxima legislatura (en cuyo caso la felicidad duraría un suspiro más), cosa poco probable o no dada la posibilidad de ejercer coaliciones impensables que por el poder serían capaz de hipotecar cualquier decisión. El nacionalismo conservador confía en la poca solidez de la próxima legislatura como almadia a la que agarrarse antes de verse fagocitada por la radicalidad de las nuevas generaciones formadas como soldadesca independentista, pero en cualquier caso si se ha escogido una política de hechos consumados es porque la revolución y el comienzo de la violencia es y será un hecho con el paso de los años y las negativas legales. Con el actual rodillo de medios y formación educativa, cada nueva generación de mayores de edad se conforma en un sí abrumador a la independencia en cualquier plebiscito y ello es un órdago que el actual Gobierno ni ve ni parece afrontarlo. Pensar que llegar a acuerdos con quienes decían una cosa y por detrás han continuado sempiternamente haciendo otra, es repetir los errores de la historia y caminar hacia un precipicio. Aznar caía mal porque con sus grandezas y miserias era resolutivo y contundente, pero probablemente si Rajoy gobernara el día que unos marroquíes tomaron el islote de Perejil, podríamos estar hablando ahora, en lugar de Gibraltar, en la toma de Ceuta o Melilla o en un proceso que un dirigente melifluo y "Chamberlainesco" puede hacer durar un mundo con vistas a evitar una decisión, algo que es, ha sido y será catastrófico para España. Se dijo un día y se avisó de que el país se resquebrajaría y socialistas y nacionalistas rieron, unos por estupidez y otros por interés, ahora las grietas aparecen bajo nuestros pies y lo que ya sabíamos algunos por entonces, todavía se lo están pensando quienes tienen que actuar.

El conflicto es un hecho irreversible ya dado que los contingentes de población adoctrinada van en aumento constante. No hay que esperar a que muevan ficha los nacionalistas, porque éstos lo hicieron hace décadas y en Madrid desgraciadamente todavía no se han dado cuenta. Cataluña ya es independiente desde hace tiempo, lo único que falta es más dinero.

martes, septiembre 24, 2013

Merkel

Resulta llamativa la cantidad de medios de comunicación españoles y expertos económicos varios que han dejado a la canciller alemana como la "gran mala" de Europa. Su negativa a que se articule más ingeniería financiera entorno a los países endeudados con objeto de hacer más llevadera su travesía del desierto ha venido a recordarme en cierto la analogía de la Cataluña nacionalista con "Madrid", un recurso político muy manido para exonerarse de la responsabilidad de conseguir una recuperación más veloz por culpa del que "nos lo impide". Y es que la continua apuesta por la austeridad y el control de gasto ha sido criticada por medio mundo y algún que otro premio Nobel con ansias de titulares.

Para una persona como yo que encuentra enormes diferencias entre las personas hasta el punto que un apellido u otro pueden suponer la ruina de un país o un continente, la continuidad de Merkel era un eslabón insoslayable para la estabilidad europea. El pilar granítico que debía mantenerse intacto y con el que dejar al resto de políticos que interpretaran sus lamentos públicos de desdicha. Porque Alemania no es más que un ejemplo de cómo las cosas se deben hacer sin atajos ni trucos bajo la manga. Sin duda sería mucho más popular en Europa una figura "zapaterilmente pródiga" que esquilmara los logros obtenidos por el esfuerzo, pero entonces Europa comenzaría de nuevo a demostrar que la lección de esta crisis no ha sido aprendida y que toda "ayuda" que pudiera abreviar la penitencia de la propia incompetencia o la de un antecesor irresponsable, sería una bendición electoral para éstos pero la estocada definitiva que demostrara empíricamente la capacidad de errar o de mentir del ser humano.

Está claro que los alemanes no han votado por las razones que yo expongo. Los que han escogido mayoritariamente a la dirigente teutona lo han hecho pensando en su país, pero es que ya eso es un logro y un ejemplo para nosotros los españoles que en una buena parte podemos llegar a votar por otros motivos. El patriotismo germano da resultados tangibles que se comprueban en el aspecto económico y en el político, una evidencia de correlación causal que curiosamente ha calado entre los ciudadanos alemanes. Porque el esfuerzo, la austeridad y el control presupuestario no se suelen anunciar como reclamos electorales, más bien todo lo contrario, lo usual es construir el modo subastero en el que se dilapidan promesas de gasto y más gasto, dejando a la causalidad de lado (que se pregunta qué pasará luego) y a la ingeniería financiera o la ayuda de terceros como verdadera solución que nos hará esclavos por más tiempo.

La economía global no es más que confianza o desconfianza. Viene a ser como una persona que te presentan y al darte un apretón de manos y exponerte sus razones te da una impresión determinada a la que prontamente, cuando lo expuesto debe ser materializado, se constata como auténtica o un modelo a lo charlatán de feria. El dinero es el psicoanalista más avezado capaz de adelantar pronósticos por gestos o ante actitudes sobre las que ya conoce el final. Los tiburones, hienas o carroñeros, como en la vida real, huelen la sangre a mucha distancia y se avalanzan sobre los cuerpos entumecidos de constantes somantas de palos infringidas por sus negligentes directores, de modo que mientras éstos pueden manipular a la población describiendo un mundo hipotético con pérfidos enemigos, don dinero sabe que la actuación del charlatán promete un buen festín.

Dicen que la población no es tonta. Yo no se si lo es o no lo es, pero Alemania ha apostado y validado el camino difícil del esfuerzo y no ha cedido a los cantos de sirena propagados por medios mundo. Ese medio mundo que da lecciones sumido en una depresión. Ni en eso existe la causalidad o sencillamente la lógica.

domingo, septiembre 22, 2013

Comentario en ABC a Angel Expósito sobre: "Catalanizar o españolizar: sentido común".

"Sentido común" no tiene mayor significado que españolizar o catalanizar en tanto, como usted ha dicho, se entienda la aplicación de esas palabras. El problema no sólo de España sino de las personas y las sociedades, es que no basta con que exista gente con sentido común incluso que ocupen puestos de relevancia. La persona más razonable, capaz y sensata de este mundo nada podrá hacer si sus interlocutores no están por la labor de entenderle y ud. sabrá que los criterios de decisión las más de las veces se toman por intereses particulares que por afán de conocimiento o un altruismo. Interés por mejorar, por medrar, por verse reconocido en una profesión, etc. Porque luego está ese efecto espejo que resume el refrán "cree el ladrón que todos son de su condición" de modo que los capaces, en una sociedad enferma siempre pasarán inadvertidos y la queja se tornará en fin en lugar de medio. Yo le explico un ejemplo de esa catalanización que hablaba Esperanza Aguirre que ha resultado clave en el proceso sececionista en ciernes. En Cataluña existe un proceso homogeneizador que ahora mismo está cristalizando pero que ha sido labor de décadas. Los ciudadanos, yo entre ellos, venimos denunciando y pronosticando lo que ahora sucede, pero la "españolización" parece ser un frentismo político y mediático que nada podrá con el inteligente entramado nacionalista que va muy por delante de las quijotescas y viscerales arengas a la unidad de España. El resumen de esa catalanización lo hemos tenido disponible en montones de ocasiones escuchando a Jordi Pujol cuando aparecían casos de corrupción o respuestas tajantes del Gobierno de España: la necesidad de que todos remaran a una por el proyecto de su Cataluña independiente. En el Principado, todos los partidos a excepción del PP y el 100% de los medios han remado por ese objetivo que ahora supone la amenaza de la quiebra de España, fuera por lo que fuera, los puestos estratégicos catalanes han soslayado unos menesteres incidiendo en uno en particular. Una especie de patriotismo articulado, un fin concreto que tomaba todo lo de alrededor como medios. En España ¿Ud. cree que existe España como fin? ¿Piensa acaso que podrían ponerse de acuerdo todos los partidos y los medios en un frente común por España? Si leemos a Cervantes o revisamos esa historia española de brevísimos espacios de sentido común y excesivo populismo la respuesta no es halagüeña. Imagine que duele más la carga emotiva de emplear "catalanizar" que el sentido que la palabra pueda tener, porque al final a las masas se les toma por la emotividad. En el lado de la españolización podríamos tratar de erradicar la mugre televisiva que flanquea un buen número de canales en nuestro mando a distancia y que se justifica por los camellos mediáticos por esa necesidad de los "yonkis" por consumirla. Mal vamos apelando al sentido común si desde la cúspide de la pirámide, los medios de comunicación que son el nexo con la realidad, nos ofrecen basura justificándolo en nuestro interés mientras simultáneamente cobran por ello. Esos medios son los que a fin de cuentas nos impiden conocer qué políticos tienen sentido común y cuales no porque en la cabecera de una noticia ya nos previenen astutamente de que "pertenece" o no a nuestro bando. El bucle mediático de vender la muerte de España es una atrocidad en tanto supone la omisión del deber de socorro que necesita nuestro país y el problema es que viene a partes iguales por inacción, negligencia y una ingenuidad que viene amparada por la presión social capaz de dirigir a las masas para defender su propia estupidización.

jueves, septiembre 19, 2013

Yo también quiero la independencia

Se puede decir que he escrito ampliamente sobre el nacionalismo catalán y no precisamente para manifestar mi acuerdo. Aborrezco los nacionalismos como forma de gobierno porque se nutren de la sentimentalidad para establecer una diferenciación con la que homogeneizar a la población.

Ahora bien, rechazar un presupuesto no implica aceptar su contraria o dar por malo todo lo que exista en Cataluña o el País Vasco ni tampoco dar por bueno otros sistemas en el resto de España, ni tan siquiera supone aceptar por ejemplo sistemas de financiación con subsidio a perpetuidad disfrazados de solidaridad interterritorial. Siguiendo esa lógica, ello no implica apoyar sistemas nacionalistas que bajo el manto de la arenga sentimental se ha podido culpar de todo a "Madrid" desviando siempre la atención de la gestión propia. El caso es que aunque no lo parezca mi propósito es centrarme en otros aspectos sobre los que me declararía ajeno y no dudaría en manifestar una intención secesionista. Al encender la televisión, el deseo que manifestaba se dilata y alcanza proporciones de valor. Parece que una de las características de los medios de comunicación de nuestro país es la programación basura y la constante ejemplificación de lo peorcito que circula por el territorio. Si tenemos jóvenes que se emborrachan, pues casi seguro saldrán en algún programa; si follan como conejos o tienen la líbido por las nubes, lo mismo; si su cultura no les alcanza a conocer ni sumas de dos cifras o deletrear palabras esdrújulas, pues casi que a buen seguro deambularán por algún show de turno; el caso es encontrar una fauna que se destaque por todo lo que no sabe hacer o lo hace rematadamente mal o por el contrario, que si sabe algo, sea lo menos constructivo posible y una referencia de bajeza moral y ética de todo orden. En otro orden pero colateral, parece que el apelativo de latinos nos obliga a seriales-bazofia donde los diálogos forman un bucle de escarceos amorosos, traiciones, rumores y arrebatos pasionales de personajes capaces de establecer como nuevo palabro el "decámetrosexual". Quizás el franquismo por la necesidad de establecer la normalidad de lo opuesto ha dinamitado cualquier posibilidad de extender algún ápice de cultura o por lo menos la generalización de programas que fomenten algo más el intelecto y no otros menesteres para los que no haría falta la pantallita. El caso es que siendo yo una persona en las antípodas del comunismo y la izquierda no puedo evitar fijarme en Cuba como un ejemplo práctico de que la culturización y la formación es posible. ¿Estamos condenados como españoles a soportar toda esa programación rodeada de "chonis y macarras, pelocepillos y musculitos" dispuestos a vender a su madre por un minuto de "edredoning"? ¿Es lo que pide la población?

Hay que acabar con los camellos de la telebasura que enganchan a sus yonkis estableciendo la popularización de la mediocridad siendo generoso. España puede vivir con programas de mayor calidad con independencia de que los ya adictos a la porquería se quejarían en los términos que la caja tonta e idiota les ha enseñado, es decir de mala manera y asumiendo una hipertrofia en sus derechos para suicidarse intelectualmente. Y eso sin mentar la filmografía políticamente activa que busca " la concienciación del ciudadano" a los propósitos que el director o el grupo de colegas actores de turno estime oportuno. Algo que no destacaría si lo español implicara pluralidad, pero como no es el caso, en eso también me declaro en independencia.

Porque hay que tomar como hecho consumado que en la escala alta de la capacidad intelectual patria, los programas de debate político deben tener de ese tono visceral propio de los combates futbólísticos entre "entendidos"con intervenciones a grito "pelao" que socavan la credibilidad y reputación de los contertulios ajenos a esos modos que participan en esos programas. Las interrupciones constantes y el barullo indignado ya existe en la calle como para padecerlo en programas pretendidamente informativos.

Porque la opción para cambiar de canal es la gran excusa de esos "camellos" de la telebasura que saben que la gente suele preferir el morbo y la rumorología a esos documentales que explican lo mismo que en los libros del colegio de nuestros hijos y resultan incomparables en espectacularidad a la trifulca que se montó entre Jonathan y la Jenifer en el plató. Sí, yo ya se que si hay un accidente en la calle se arremolinará un grupo de curiosos a otear las lesiones del perjudicado o si el fuego ha podido quemar del todo la vivienda de la víctima, pero sin duda, cuando menos ofreces a un cerebro, menos argumentos para interesarse por algo más. Las opciones nos brindan ese espejismo de libertad, que no es más que una tapadera para introducir serrín en las mentes de una población con la que disponer de muebles aptos para levantar o bajar el pulgar ante emociones simples y convertirse en asequibles discípulos del populismo de masas. Me niego a aceptar un país que transige con todo eso sin levantarse cuando protesta por un corolario de idioteces amplificadas por los canales interesados en la manipulación. Porque yo estaría perdido ante los "controladores" que toman cada manifestación como un trampolín emocional con el que malear tópicos y exacerbar ánimos. Por ello, que quede claro que tras la crisis humana de familias sin trabajo, igualo en importancia la crisis moral y cultural que sufre España hasta el punto que nada se podrá hacer si entre los ciudadanos de un país existen diferencias tan considerables a la hora de apretar un número de canal y que esas "opciones" se constituyan en formadores de la nadería por atractivas y capaces de suscitar los más bajos instintos como si un derecho que dignificara a sus consumidores se tratara.

En España se proclama la libertad soltando tacos y barbaridades que escandalicen, irritando a las familias conservadoras como garantía de que el grupo aprobará la acción, suscitando el bonus que otorgue la fama en un instante, el precio de la mugre es aparentemente bajísimo y muy solidario y nada tiene que ver con el estatus económico pues de nuevo vuelvo a Cuba, ese denostado país que no tiene libertades pero que gran parte de sus habitantes, de poder emigrar, lo harán con la cabeza bien alta y con currículos capaces de alimentar a una familia material y moralmente. Algo que en España los medios de comunicación mayoritarios han vedado. Es como una conspiración para estupidizar a la población, o al menos a la mayoría. Yo me declaro independiente de esa "malaría" de la podredumbre moral e intelectual amén de sectaria y populista. No concibo ni apruebo esa idea global de "producto" válido para el consumidor a costa de cualquier precio o de consecuencias letales para esa y las siguientes generaciones. Basta de estúpidos con sentimientos que entretienen a los acomplejados necesitados de ver a alguien peor que ellos y reírse, basta de esa España de la picaresca y la fiesta de botellón que convierte en carroñeros a sus habitantes con la excusa de la libertad para escoger. Yo me declaro independiente de las heces que tenemos como país y de los que se sientan aludidos y ofendidos o los que pregonan la libertad de expresión a cualquier réplica que surge como coto a sus disparates. En otros lugares se hace mejor y yo no tengo que irme como amenazaría un nacionalista ante la discrepancia del orden oficial.

Los argumentos para proclamar un hecho diferencial desgraciadamente son abundantes fuera del mero terreno económico, pero para ello no hace falta pertenecer a una comunidad histórica. Un país no puede crecer con principios como los instituidos por los medios españoles. El daño que hacen los medios de comunicación es tan extraordinario que como no se ponga remedio, la brecha y el conflicto se augura incluso mayor que el que provocan los nacionalismos. La telebasura nos invade tanto nacional como importada y es amparada por los cretinos de la "derechitis aguda" que esgrimen ante toda razón un derecho, incluso el de ser estúpidos.

miércoles, septiembre 18, 2013

La complejidad de afrontar los nacionalismos

En la actualidad España vive un momento muy delicado debido a que los diferentes nacionalismos territoriales, especialmente el catalán, han alcanzado el objetivo deseado de homogeneización ciudadana tras un proceso paulatino de empapamiento mediático dominante que viene durando décadas. La situación de pulso actual no es una sorpresa, o no debería serlo. Lo que está sucediendo es punto por coma, una serie de consecuciones lógicas ante unas políticas, las nacionalistas y la coincidencia con otras, las de los sucesivos gobiernos centrales. Si bien, todo ello no sería posible sin la connivencia absoluta de los medios de comunicación particularmente catalanes, que son los que conozco directamente. Así pues, estamos encarando la recta final hacia un conflicto de envergadura que no se va a poder saldar más que con violencia, pese a que existen ingenuos y maleadores de la lógica que anhelan sueños imposibles pretendiendo una suma distinta a la que inexorablemente marcan los sumandos.

Siguiendo la lógica, es comprensible que desde el nacionalismo se defienda una posición de autoridad moral y convencimiento argumental a la par que se rechacen una por una todas las críticas que recibe por unos u otros motivos. No en vano, es muy difícil agarrar "un asunto", el nacionalista, que forma su base en un poso de sentimentalidad forjado por años de información y potenciación de una perspectiva única que no admite demasiadas disquisiciones más que la defensa de un endogrupo. Ahora bien, el problema que lleva a predecir el futuro en esta supuesta colisión de intereses artificiales que llegan a cristalizar en viscerales surge cuando la otra parte, la que se denomina simplistamente: "Madrid", no sabe o no entiende cómo afrontar la situación, amén de no existir una cohesión en la idea de la nación española. Llegados a este punto nos encontramos con dos frentes en Cataluña, uno el nacionalista que se sumerge profusamente en un ideario simbólico y sentimental con el objeto de acometer sus intenciones que no son ni simbólicas ni emocionales, y otro el nacional, el que enarbola principalmente la integridad de España que no sabe ni entiende cómo se puede haber llegado a esta situación y se pregunta cómo atajarla. En mitad de ambos nos encontramos los ciudadanos no nacionalistas condenados a un forzado anonimato para evitar el ostracismo en nuestra tierra por parte de "la sagrada inquisición de la barretina".

Todas las situaciones suceden por unos motivos y aunque públicamente se suelen describir de manera romántica con vistas a nutrirlas de simbolismo, lo cierto es que toda la historia de la humanidad parte de personas con intereses y pretensiones con capacidad para movilizar e incluso manipular a una población. A poco que estudiemos la historia veremos y contemplaremos las interminables rencillas, escaramuzas, guerras, confabulaciones, traiciones, astucias y demás parafernalia conspiradora que ha caracterizado la idea de poder sobre los ciudadanos. En la actualidad el hombre sigue siéndolo y no tengo duda de que sus aspiraciones permanecen incólumes respecto a siglos de pasados beligerantes. Lo que sí es cierto es que en el presente disponemos de unas formas de gobierno que si bien no son tan resolutivas como en el pretérito, aparentemente disponen de una autoridad moral resultante del aval de la población. De ese modo, la democracia recrea una idea de control de los ciudadanos sobre el poder haciendo creer que las decisiones son el final de una cadena que emana del pueblo. Ello no es del todo cierto, pero no lo es bajo ningún sistema inventado ni por inventar. No se trata de criticar la actual democracia ni defender otro sistema, lo que deberíamos asumir es que con el ser humano, debemos aceptar unas servidumbres inherentes a su condición que llevan a igualar el sistema democrático con otros sistemas que no lo son, pero con una mayor apariencia de libertad. Ello en lo referente exclusivamente a la forma de gobierno, porque el avance cierto de nuestra sociedad no está en la lucha del poder sino en en la información que se supone recibimos de lo que sucede un lugares que no podemos estar, de ahí que la información y los medios de comunicación sean la clave del orden mundial y los nexos de los ciudadanos con la realidad. La información es ingente y se supone que plural, y pervive como un elemento sobre el cual manifestamos confianza o desconfianza por apegos surgidos de todo el conglomerado de información de un territorio. Por lo general, esa información la tomamos como cierta y reaccionamos a ella de modos muy distintos, pero siempre bajo unas premisas lógicas que como tales son previsibles. Si en una clase se nos acerca un niño y nos dice que determinadas personas hablan mal de mi, la primera reacción será de desconfianza y recelo sobre las personas acusadas. Desde ese instante estaré mediatizado por una información sea cierta o no, pues en todo sucede igual. Lo queramos o no, lo pretendamos o no, la información manda en nuestras vidas a la hora de concebir lo que entendemos es un criterio más o menos formado. Pero el quid de esa información, la del mismo ejemplo, no es la información en sí misma. Otro ejemplo: si me dicen que la capital de Sudáfrica es el Kilimanjaro y yo no conocía la respuesta, asumiré sin mayor emoción los nuevos datos, pero si me ponen en guardia sobre un ataque o una falta de respeto por parte de otras personas, entre la información aparecerá el elemento emocional que influirá tanto en mi recuerdo, consolidándolo, como en mi actitud respecto de las personas implicadas.

De ahí que resulte fundamental en el nacionalismo un compromiso de confianza entre el endogrupo extremadamente difícil de traspasar que supone que toda información que no provenga del endogrupo o su entorno es un ataque directo a los intereses de ese endogrupo. ¿Pero qué sucede en nuestro país? Que para colmo, en España en lugar de ser efectivos con la argumentación y parcos y sobrios con las manifestaciones, en el frente "nacional" sucede todo lo contrario, se provee de innumerables argumentos a los nacionalistas para dar visos de verisimilitud a los que hablan de ataque, y en las formas, los argumentos por muy bien trillados o dispuestos que se dispongan, al manifestarse como confrontación, se toman como ataque y resuelven con la defensa visceral o simplemente la defensa. La idea no es postrarse y asumir el pulso nacionalista con la resignación de quien es derrotado, el problema viene porque la omisión, la inacción y la incompetencia sobre lo que ha estado ocurriendo en Cataluña ha sido de tal calado que en la actualidad, los centros de poder mediático y político que defienden España se rasgan las vestiduras demostrando con ello un shock proporcional a su ignorancia y parálisis en el asunto todo el tiempo anterior. Hay que entender que la fortaleza no está en los gestos, sino en las acciones y ahora mismo en el Gobierno de España éstas no existen. También hay que destacar que la idea de endogrupo siempre facilita la exclusión por confrontación, o sea, que basta que mi rival diga algo para que yo discrepe.

A día de hoy es muy difícil discutir con un nacionalista porque tiene una idea asumida de una realidad como si ésta fuera instantantánea y veraz, es decir, dispondrá sus exigencias como razones absolutas y su énfasis se basará en el trasfondo emocional que le une a su territorio. Todos los argumentos, por moderados que parezcan, tienen su base en una idea asumida y actualizada por nueva que sea completamente dispar a la que tienen sus rivales y por tanto, incluso esa disparidad se convocará como un argumento más a la separación. En ese camino, el nacionalismo ha dispuesto una serie de convenciones a lo largo de los años que se han convertido en atávicas o naturales entre una mayoría de catalanes:

1) El sentimiento de catalanidad va unido inexorablemente al de desapego con España. La querencia sobre algo no admite compatibilidad alguna con la idea de España, es justamente al contrario, España según esta convención impide la expresión plena de la catalanidad.

2) La normalidad como pauta de refuerzo del endogrupo. En Cataluña, los que son nacionalistas ven "normal" todo lo que conviene con su postura. Los que discrepan no se toman como meros discrepantes, sino como personas que pretenden atacar el sistema de la mayoría, antes minoría, y que deben ser combatidos. A ello contribuye de manera determinante la idea de normalidad entre los medios de comunicación locales que se constituyen en referencia con la que medir el resto de información para ser admitida como favorable o contraria. De ese modo se genera un espacio dominante de opinión, en el que unos son capaces de juzgar al resto e intimidarlos con símbolos y manifestaciones de todo orden, que son incuestionables, sin que ello les suponga la vergüenza que en otros fenómenos de presión social supone el ataque de una mayoría sobre una minoría.

3) El fenómeno de normalidad a la inversa: el sentimiento de impotencia y frustración. Por lo general, aquellas sociedades en las que se impone un sistema homogéneo de presión social suele conllevar impotencia y frustración entre el nucleo de los que difieren, al margen de la excepción que puede radicalizarse. Por ello, si no existe apoyo alguno entre los sistemas y medios oficiales, la población en minoría tiende a claudicar a base de resignación o incluso mediante el exilio de su tierra. Es y será inevitable bajo las premisas actuales un goteo incesante de personas catalanas emigrando hacia otros territorios y por tanto en Cataluña y el País Vasco se reforzará el voto nacionalista y la homogeneización será cada vez más palpable. Cada año que pasa el nacionalismo se nutrirá con las nuevas generaciones adoctrinadas y con el exilio de los que no asumen una idea de confrontación como ideal de vida normal. En todo ello, el nacionalismo sale beneficiado y el autismo entre los homogéneos lleva a que no se pregunten nada si para ellos está bien.

4) Las relaciones con el poder central siempre han sido un juego al despiste. El poder endémicamente evita la atención al detalle dado que el juego que en él prevalece es de grandes medidas y grandilocuencia. El que se tiene por "rey" no se esfuerza más que por serlo, pero el que pretende serlo trama con más denuedo la manera más efectiva de derrocarlo. Cataluña lleva holgadamente la delantera a Madrid en astucia y tramas de poder. Igual que existió un Barcelona 92 y no ha sido posible un Madrid 2020 o parece no serlo bajo ninguna cifra, el carácter catalán es mucho más capaz en las lides conspirativas que el quijotesco español. Sería extremadamente gravoso para España que Rajoy llegara a creer que un acuerdo velado con CiU podría alterar un orden constituido desde hace décadas. El proceso nacionalista ha sido largo y con un objetivo, el que actualmente se dispone, pero todos los acuerdos, conversaciones de camarilla y apretones de manos entre Madrid y el nacionalismo, no han sido más que tiempo ganado por estos últimos con vistas a continuar su avance imparable. Convencer a Mas o incluso a Jordi Pujol, lo cual con este último es imposible, no alteraría un ápice los que son ya hechos consumados, el producto de una omisión continuada de aplicación de la legalidad y los derechos que todo ciudadno español debería tener.

5) La falaz idea de la democracia. Existe un sector fundamentalmente progresista que no sabe interpretar la idea de democracia, amén del nacionalista que lo esgrime por obvio interés, y la emplea como el acuerdo entre personas no sujetas a Derecho, aunque luego lo llamen "derecho a decidir". Lo que confiere a una democracia su legitimidad son sus leyes, porque éstas sirven de garante y obstáculo a la discrecionalidad que podría ocurrir por los interesados en pervertirla mediante manipulación.

6) Una consulta sería el comienzo del fin de España. Dado que todos los medios catalanes son de editorial única y la competencia de educación rebaña a quien no se informa en los medios, un sí no suficiente a la secesión o un no, serían salvables en cuestión de tiempo.