martes, febrero 26, 2013

La evidencia del peso de los medios de comunicación

Los resultados electorales en Italia dejan evidencias del peso que los medios de comunicación tienen en la población. Es cierto que cada cual puede hablar y conjeturar sobre las razones de dichos resultados, y que recurrirá a los tópicos recurrentemente empleados que nada evidencian en unas elecciones que pocos podían aventurar semejante resultado y que muy particularmente en el caso de Grillo han supuesto una tremenda sorpresa por ser su primera candidatura. Para mi dos cosas están claras: los dos líderes más mediáticos han dado el campanazo no porque sean maravillosos como políticos o gestores (ya que no está comprobado en el primer caso y precisamente sí lo está en el segundo) sino porque han dispuesto de unos recursos (siempre mediáticos) que los otros no. No conozco al tal Beppo Grillo, pero dudo que fuera un desconocido hasta el período de campaña electoral. Posiblemente ya tenía una carrera consolidada en el "humor activista" con unos ratios de aceptación mucho más favorables que quienes tienen responsabilidades de gobierno. La crítica creo que es de las labores que generan más empatía y solidaridad entre los que se creen y son particularmente afectados por la crisis. Por otro lado, ya que no soy político ni personaje público que tenga que acotarse a la corrección política puedo decir lo que pienso sobre Italia, creo que es de los países que se pueden permitir pasar de las instituciones (y de Europa) por disponer de una colosal economía sumergida. Por lo tanto, las interpretaciones y análisis que hablan de "desencanto" o "escepticismo" para justificar los resultados, ni tan siquiera barajan la herramienta principal que ha servido a los dos triunfadores morales para ocupar un puesto en el escenario político italiano.

En España bien podría producirse un contagio a la italiana ya que las similitudes con Grillo (ser de izquierdas y tener presencia mediática continuada) son bastantes. En nuestro país existen muchos "grillos" que disponen de su púlpito, incluso diario, para arremeter con sorna y reconocida parcialidad "festiva" sobre todo lo que huela a centro o derecha. Espacios supuestamente de humor, que se puede pensar y debiera hacerse, que lo que pretenden es hacer reír o que haciendo reír pretenden otra cosa. Esa otra cosa la tienen ya en Italia.

Sin ir más lejos, Mariano Rajoy no tiene un espacio diario en el que se dirige a los espectadores y si lo hiciera dudo que tuviera un mínimo de audiencia ya que su desempeño tiene poco que ver con el humor.

Para más inri, lo que diga el presidente de turno o bien será reproducido parcialmente por un medio informativo o será extraído e interpretado por el medio de turno que le añadirá o menoscabará esos sutiles detalles que en el caso del humor impedirían la risa. No hay color, los humoristas políticos tienen más poder que el presidente. ¿Qué ha sucedido entonces en Italia con il cavaliere? Pues que el señor Berlusconi tiene a su vez un imperio televisivo y mediático que se ha demostrado igualmente capaz de lavar los cerebros de su audiencia. Ante eso pueden aparecer aquellos partidistas tentados de dar explicaciones interesadas acerca de la diferencia entre el mensaje de un grupo y otro, pero hay que hacer constar que tanto el entretenimiento que afecta directamente a los estadios emotivos, como la critica política, suelen tener un camino abonado muy llano por cuanto en situaciones de dificultad o crisis existe mucha gente que se solidariza con la queja fácil. El problema siempre son las soluciones que suelen ser "algo" más impopulares ya que no ofrecen la gratificación emocional, tanto en forma como en tiempo, que otorgan las diatribas.

En España la sensación que uno percibe según todos los activistas televisivos habidos en todos los canales sin excepción, pero muy enfáticamente en la Sexta, Tv3, la 2 y Cuatro, es que los "poderosos" mueven los hilos del país y logran lo que quieren a su antojo. Como eslogan que arrojar a la gente desesperada está muy bien, pero la capacidad de convocatoria y de movilización real que tienen determinados grupos y personajes poco tiene que ver con la manifiesta antipatía que disponen las grandes corporaciones sobre las que si lograran una movilización multitudinaria, sin duda sería en su contra. No en vano, las campañas de comunicación de las grandes corporaciones tratan de infiltrarse cada vez más en el sistema de propaganda mediática que vende asociaciones buenistas y bienintencionadas para ganar aceptación. La hegemonía en la influencia de la opinión pública no la tienen las grandes corporaciones definidas como típicas, sino que son los medios de comunicación quienes deciden los estigmas que cada grupo va a recibir mediante técnicas que inciden en la emocionalidad de las personas a través de la crítica política, la enfatización sentimental, humor, drama, conmiseración, etc. Si existiera un público eminentemente racional y estudioso del análisis de causas y efectos, aquellos programas con la enjundia suficiente, como debates entre eruditos, magazines científicos y todo lo relacionado con el conocimiento y la reflexión intelectual mandaría en las personas y supondría sus fuentes de inspiración. Si el país es cotilla, quejica y tendente a la picaresca tendrá su plasmación en una determinada programación; si rechaza la complejidad y abraza la sencillez a poder ser repleta de gratificaciones emocionales, pues sea.... Ahora bien, ¿Qué es primero el huevo o la gallina? y sobre todo ¿Qué interesa más a los que pretenden controlar a un mayor número de personas? Que cada cual saque sus propias conclusiones, pero las mías me advierten del excesivo peso que tienen los medios de comunicación, que son los que nos dicen qué grupos son aptos y cuáles no lo son sin derecho a girar nunca la mirada a quien se dice mensajero. Tras las elecciones en Italia, la reflexión según los medios de comunicación obviamente será: tienen tan mala reputación los políticos que un entertainer puede aspirar a ser primer ministro. Yo no lo compro. Ayer Michelle Obama (y antes Clinton) entregaron el Oscar a la mejor película. Eso no podría haberlo hecho ni de broma la mujer de Bush. No entro en profundidades pero la constatación de este hecho junto con el que Obama está sentado en su sillón en la Casa Blanca me hace pensar que el lobby más poderoso actualmente existente es aquel que puede denunciar en el modo que quiera y asumiendo las responsabilidades que quiera (es decir ningunas). Eso no lo tiene ningún político que no gobierne autoritariamente. Y para colmo, la gente que sigue al dictado lo que los "grillos" dicen, asociacián su culpa con la vejación de él mismo en el instante que debería reconocer su propensión  ser manipulado. Por tanto, quienes me dan a mi miedo son los medios de comunicación y sus grupos editoriales, esos que provocan algo como lo que sucede en Italia y por extensión en Europa, que Grillos y Berlusconis tengan una capacidad de movilización multitudinaria sin ofrecer más que ilusión y entretenimiento.

sábado, febrero 23, 2013

¿Ideas? No personas

España se encuentra ahora mismo polarizada en bandos dando por buena la trágica frase que tanto la ha caracterizado: "las dos Españas". No parece existir aprensión a repetir paso por paso los precedentes de nuestra cruenta guerra civil. Los mismos odios por similares motivos que, lejos de ser advertidos por los que pregonan la memoria histórica, son azuzados como pretexto para encender todavía más la llama.

Yo no soy imparcial y nadie que conozca yo que tenga cabeza, piernas y brazos lo es aunque lo pretenda por negligencia intelectual o un voluntarismo que exaspera su razón. El resto es pura impostura o desidia de aquél que sólo piensa en su propia persona y lo demás se la trae al pairo. Entonces no voy a hablar de ideas vendiendo que las mías son las mejores aunque así lo crea en mi fuero inconsciente y consciente, lo que no me distingue de muchos otros. Pero sobre lo que sí puedo hablar y así lo hago es sobre aquellos que emponzoñan la vida política, mediática o cualquiera que toquen por motivos ajenos a su propia ideología, por ser precisamente como son.

No voy a decir nombres de personas, no se trata de eso. El poder para ser cizañero o arengar a sus semejantes en pos de una cruzada que justifique según que medios es una prerrogativa tan universal como fácil de abrazar entre quienes adoran haberse conocido y sienten en sus carnes la autoridad moral para exportarla a resto y/o fiscalizar a los "infieles".

En todos los partidos políticos, grupos ideológicos y seguidores e hinchas de equipos deportivos existe gente clasificable por su buena fe y la efectiva plasmación en obras o declaraciones coherentes con la misma. Todo el mundo conoce a gente que sabe pertenece a cualquier grupo y puede constatar que es honrado o taimado, pillo o recto, moderado o salvaje. Las personas son personas a fin de cuentas antes que seguidores de lo que sea. Pues bien, así como la pertenencia, la afiliación o la etiquetación son los elementos fundamentales por los cuales los individuos modernos pueden identificar a sus próximos, a sus lejanos y a sus enemigos, la personalidad cierta de cada individuo es la que atiende de veras a una coherencia que puede dar por buena la defensa de un concepto ideológico o la propia subsistencia como sujeto mediocre que quiere formar parte de una masa con la que sentirse implicado o simplemente "sentirse".

En esta sociedad tenemos claro que fachas, rojos, peperos, sociatas y un largo etcétera son amigos o enemigos sin necesidad de advertir nada más. Con eso basta aunque luego proclamemos orgullosos nuestra propia apertura de miras o pluralismo presumiendo de tener amigos de todas las facciones y a la vez ejercer nuestra filiación batallando con desconocidos señalados por sus tarjetas de presentación. Existe mucha gente que, a sabiendas de saberse en mayoría, escupe exabruptos sobre sus rivales buscando la aprobación de la manada y desdeñando el elemental respeto sólo guarecido por un equilibrio de fuerzas. Esos rasgos nos dan pistas sobre quienes son esos malos.

Gente dañina la hay en todos lados. Menos que buena gente, pero más activos y llevados por sus caprichosos deseos de sentir poder sobre el resto arengándoles a la batalla, sea esta la que sea. Lo cuurioso resulta lo siguiente: los extremos se tocan y todos esos individuos que odian o sienten de una manera intensa su pertenencia a algo nunca serán conscientes que, en cierto modo son lo mismo que aquello que precisamente más odian pero con un color diferente. Así el radical de turno que tanto pregona detestar a sus contrarios o el que participa activamente en la batalla, de haber nacido en condiciones opuestas sería lo mismo en el bando contrario: alguien igualmente intransigente e incompatible con el respeto a los demás. Establecería un símil con aquella persona que tiene dificultad con los idiomas y no encuentra modo de aprender otro o a pronunciarlo correctamente, gente cuyas aptitudes finalizaron el día que conocieron su propio lenguaje, por más que se esfuerzan no consiguen llegar a más. El suyo lo hablan pero no podrán aspirar a más. Si uno es castellano, catalán, gallego, chino, alemán o inglés, en esa senda idiomática permanecerán. El ejemplo es literal, y se refiere a una incapacidad que viene a determinar un rasgo que no se elige pues viene del nacimiento allá donde uno le haya tocado en suerte y que como tal, no puede hacerse uno dueño de lo que nunca fue razón a su control. La maximización de las ideas sólo es un espejismo propiciado por el entorno sobre el que todos los humanos podemos ser potenciales víctimas.

Los rasgos de aquellos tan susceptibles de vivir su radicalismo en cualquier bando se advierten fácilmente pues destrozan el mínimo respeto al pensamiento de los demás. El radicalismo por tanto no es una ideología ni tiene nada que ver con los principios asentados, sino justamente el modo más voluble de manipulación de un individuo con carencias que necesita expresar sus miserias en causas que le proporcionen una plenitud que la propia vida no le concede. Víctimas y verdugos al mismo tiempo, esta gente existe en todos los estamentos y escalas de poder del bando que sea y son los que siempre ponen palos en las ruedas a la reconciliación porque inconscientemente conocen que su papel protagonista se diluiría como un azucarillo de fructiferar el acuerdo, pero reconciliación entre los bienpensantes, los que desde sus posiciones cumplieron con coherencia la defensa de sus principios sin vulnerar derechos de otros. Por ello, el radicalismo ya escoge unas opciones que le son más favorables y no viceversa. Las posiciones más extremas conviven más confortablemente con ese tipo de humanos y por ello a veces las actitudes definen a grupos concretos que se rigen por pautas similares en tiempo y forma avalados por sus mayorías y otros sujetos igualmente radicales que, interpretando sus papeles de juez y parte, dirimen veredictos basados en el ruido y deplorando la justicia universal. Es más, su justicia particular la toman como justicia universal. Por ello, cuando vemos que la gente sale a la calle y actúa con violencia debemos pensar inmediatamente en todos los que no salen y gritan con su silencio atronador una manera de pensar opuesta a la agresiva guerra callejera. Y no hablo de la desesperación comprensible de personas impotentes que poco o nada tienen ya que perder y se ven necesitados de proclamar su último aliento, sino de aquellos que, organizados  y terroristas, toman las calles, gritan sus opiniones intimidando, asumen su superioridad moral sin reconocer su filiación, escupen sobre lo que odian y nunca aportan más soluciones que una difusa revolución que les da un subidón de adrenalina, gente desahuciada moralmente que entre la algarada y la intransigencia han conseguido llegar a ser algo que nunca hubieran sido. Una lección más de lo que favorecemos con las actitudes de sinrazón que pintan la libertad como una bula para cometer fechorías o afirmar disparates. La mugre intelectual y la bazofia oportunista y sectaria siempre será lo mismo expresada en libertad o no. Es como esa estúpida interpretación de los palabros altisonantes que una sociedad "tan libre" como la española permite y divulga en cualquier horario en la pretendida e infame creencia que otros son hipócritas y nosotros hacemos con ello uso de esa libertad. Libertad para demostrar nuestra propia estupidez y censurar al que dice que algo por libre que sea es una falta de respeto o un ataque al sentido común. Momentos difíciles en que las excepciones deben imponerse coactivamente a las reglas para demostrar esa libertad y quienes lo hacen son las excepciones que quieren pintar algo portando el despecho y la búsqueda de revancha. Complejos de una sociedad cobarde con el qué dirán y ausente de principios que sustituye con sucedáneos los principios y derechos fundamentales. Valedores del maquiavelismo y de los medios que justifican su fin sin advertir que esos medios ya les definen dejando estéril y como un estertor su objetivo.

Pero no hay que llamarse a engaño, todo el rato vengo hablando de gente débil que necesita pregonar una falsa fortaleza exacerbando ánimos parapetado entre la masa o propiciado por ella. Gente hábil con la astucia suficiente para medrar adecuadamente esgrimiendo lo que todos en el grupo quieren oír. Siempre hay una boca dispuesta a grita a las miles de orejas que quieren escuchar. Esa gente conforma la mayoría, el borreguismo, la operatividad de los que manejan los hilos, los soldados de los flautistas de Hamelin, los repetidores de frases, los reivindicadores de justicia sin venda, los que se dicen solidarios y delegan responsabilidades, aquellos que se ofenden sin que uno se dirija a ellos particularmente. Individuos obligados a gesticular y a demostrar ampulosamente, incluso a suplicar que es apto, políticamente correcto para los cánones del grupo y fingidamente plural para ser radical. Porque la radicalidad tiene sus normas como todo y una necesitada obligación de confundir conceptos que ofrezca sentido a su mundo. Así obstinación se vende como principios sólidos, vehemencia es convencimiento, radicalismo es orgullo de pertenencia, violencia es rebeldía, sectarismo es solidaridad, desentendimiento de la realidad es justicia, y así una retahila de grandilocuentes justificaciones para esconder la nada espectacular habilidad del ser humano para imponer sus ideas sobre los demás.

Ahora bien, los referidos, por daño que puedan hacer, por revoluciones y sangre que puedan derramar son y serán siempre peones, números que creen escoger su destino y la información que reciben. Esas personas que mantienen su coherencia al exigir responsabilidades por todo a los demás porque jamás se molestaron en asumir nada de lo que hicieron reconociendo implícitamente su incapacidad. Gente que sólo sabe exigir de los demás resultados sin saber tan siquiera las consecuencias de las alternativas que vienen repitendo de sus líderes. Cortoplacistas desmedidos que necesitan satisfacer la impotancia machacando lo más cercano al dictado de los aprovechados.

Los crueles son otros, los malos a conciencia por tener gangrenado el corazón o los "a-buenos" que no sienten ni padecen conformándose en psicópatas socialmente admitidos o manejadores de sus propias variables pregonando una falsa empatía con la que discriminan a voluntad mensajes efectivos. A veces la espiral es consciente en los casos de que las personas tienen un grado de libertad que les permite escoger entre poder o justicia; otras son meros engaños por debilidad o acumulación de mugre en almas que desterraron la fe en el género humano y validan todo por un criterio de supervivencia. Por último están como he dicho, los psicópatas. Fagocitadores de poder como sangre los vampiros. Estos últimos son de todo orden y condición y abundan mucho más que la gente cree. Los hay entre la población, entre los puestos de poder, entre los medios de comunicación, entre las instituciones, entre las élites, entre los grupos de presión, unas veces sobrios, otras alcohólicos crónicos, todos depredadores de almas para su disfrute personal. Esas personas pueden ser cualquiera y ser lo mismo en su posición, consumidores ambiciosos de poder cuyas decisiones sufrirá a más o menos gente.

Una norma por justa que pueda llegar a ser siempre se podrá torcer y de hecho se torcerá porque las personas tarde o temprano lo intentarán y lo conseguirán. La libertad conlleva una responsabilidad tan grande que todos esos próceres intentan aligerarla ofreciendo opciones interesadas con las que aglutinar a los peones. Los grupos de uno y otro lado se centran en sus propias variables y desechan a su vez otras en ese mismo proceso de desechado de responsabilidad y cumplimiento de libertad. La libertad es una palabra por todos mancillada a diario que se reivindica como un derecho inocuo que habilita a cualquier incapaz a exigir lo que sea a los demás.Es lógico por tanto que toda las palabras que expongo en muchos de mis escritos sean tomadas como palabrería incomprensible o tomada por "nada" ya que lo central para la mayoría es detectar esas consignas con las que sabe moverse y poder reaccionar discriminando si uno es amigo o enemigo. El ser humano necesita ser práctico y por tanto necesita abstraerse del sentido de todo lo que pueda ser un obstáculo a sus propios intereses personales que unidos a muchos conjuntos se conforman en causa o cruzada válida.

Las decadencias de todas las civilizaciones han sido iguales y los síntomas de ésta son claros: progresiva evitación de la responsabilidad en todo, desprecio a los principios fundamentales, justificación de los fines, hedonismo desatado, ídolos de barro y éxito de los psicópatas que en otras épocas no hubieran tenido lugar, sobrevaloración de los beneficios de la libertad y desentendimiento de sus obligaciones con los demás, salvajismo, triunfo de la irracionalidad, lucha de clases, supervivencia, sentimentalismo, populismo, guerra, muerte.  

A vueltas con la estrategia de CiU

Hace unos meses, tras la fallida audacia electoral de Mas, analicé las posibilidades que, según mi criterio y lógica tenía el partido nacionalista frente a su nuevo panorama político. Recalco lo de "mi criterio y lógica" porque con ella sigo sin encontrar sentido a la unión con ERC.

¿Por qué no le encuentro sentido?

Los próceres de CiU no dan el perfil de idealistas cegados por un fin por el cual se inmolan sin barajar consecuencias. Toda la trayectoria del partido nacionalista está sazonada por el concepto del poder a través del simbolismo y un tráfico de influencias elefantiásico silenciado por los conniventes medios de comunicación que se supone callan por el fin superior trazado en la hoja de ruta de Pujol.
Estos mismos dirigentes tienen un estatus social elevado y económicamente desahogado que en algunos casos rebasan sus compromisos con Hacienda como el mismo asunto del padre del presidente de la Generalitat en Lienchestein, cuyo caso fue archivado por prescripción. Sabemos de otros tantos que ya ocuparon carteras de Govern que dedican su tiempo en influyentes buffetes de abogados y/o disfrutan de sus opulentas propiedades, del mismo modo que nos hallamos algo desinformados por los que han sido formalmente acusados e imputados y juzgados, que son algunos cuantos. Igualmente la ideología de Convergencia es liberal y la de Unión es democristiana, pero es la primera la que se ha erigido, como partido originariamente nacionalista que es, en el motor y dueño de la representatividad de ambos. Pues bien, con esas credenciales no veo lógico atribuir a sus cabezas pensantes la intención de derivas irracionales que hagan caso omiso a las posibles consecuencias que empezarán siendo desde terribles hacia arriba. En toda la historia de CiU, éstos siempre han hecho un uso soberbio de la palabra y del manejo de la sentimentalidad ciudadana mediante la entregada cooperación de los medios de comunicación catalanes cuyo coste tampoco ha sido gratuíto.

Por esos motivos nunca pensé que la ingente labor que ha llevado a Cataluña a plantearse alternativas secesionistas pudiera ser regalada a ERC con tanta facilidad por parte de los dirigentes convergentes.

Hubo un detalle que me llamó bastante la atención el día que en el Parlament de Catalunya se produjo la declaración de soberanía. Justo en el fragor de los aplausos tras la aprobación, como si de un rayo se tratara, Oriol junqueras dio el primer paso con la autoridad de quien de facto se erige en líder de la manada y se catapultó a estrechar las manos de sus adláteres con la condescendencia de quien se sabe jefe moral. Tras él, le siguió un despistado Mas que guardó la compostura y la cámara disimuló la importancia de tales maniobras centrándose en su plano. Esos gestos, como el del exabrupto soltado por la presidenta de la cámara (en castellano) cuando el PP abandonó en hemiciclo, pasaron inadvertidos por la mayoría como tantas y tantas cosas de las que suceden entre los juegos de poder. Yo advertí ese día que la abdicación del virrey Mas era un hecho cierto sobre el nuevo virrey Junqueras. Hablando con un mínimo de propiedad no es abdicación ya que no fue voluntaria, pero el traspaso de poder, urdido o no, así ha sido y así se refrenda ahora con la encuesta de intención de voto ayer publicada. CiU descendería en intención de voto mientras que ERC ascendería con la misma rapidez que Junqueras saltó de su asiento. Es cierto que las encuestas catalanas siempre hay que tomarlas con mayor cautela que el resto por la coactiva presión social que sufren los ciudadanos no nacionalistas que les lleva a esconder su intención, pero entre CiU y ERC no existen tímidos o acomplejados declarantes.

Ese hecho era uno de los que me movía a pensar que CiU no se plantearía jamás pactar con el grupo político original que ha defendido la independencia de Cataluña y no el sucedáneao que ha pasado a convertirse CiU por esa huida hacia adelante. No tenía lógica y ahora se demuestra. Artur Mas y compañía cada vez pintan menos en la política de subasta sentimental en la que cada cual trata de mostrar cual tiene el palo de la estelada más largo.

¿Entonces por qué pactaron con el partido que era su oponente más feroz en la lucha por el poder?
No hay duda de que cuando has recibido un varapalo electoral de semejantes proporciones la realidad debe verse de manera distinta a como se percibía con anterioridad. La histórica impunidad de los miembros de CiU con los Pujol al frente les ha permitido en el pasado y todavía en el presente una invulnerabilidad ante errores y corrupciones que el día después del plebiscito catalán debió minarse bastante. Las decisiones en política y en cualquier situación no son más que la elección entre diferentes alternativas de las que se pueden anticipar diversas consecuencias, y son justamente esas alternativas las que deberíamos conocer para saber el porqué de la elección de una que era objetivamente gravosa para ellos en el futuro como aspirantes al mesianismo nacionalista catalán. Si escogieron pactar con ERC, ¿Las otras opciones eran peores para ellos como partido o cometieron un flagrante error de cálculo? o ¿Quizás tras las elecciones se vieron sin alternativa posible al pacto con ERC?

En estos momentos el partido de Gobierno es CiU. Es el partido de los recortes en Cataluña, el que sufre el desgaste mientras Junqueras puede dedicarse a vender su figura como salvador de la patria catalana sin la más mínima responsabilidad, hasta el ridículo extremo de que puede ejercer de gobierno y oposición según le convenga. Un regalo tan y tan generoso por parte de los convergentes que sólo puedo atribuirlo a una alternativa mucho peor para sus propios intereses como personas dentro de un partido.

En la actual escena política, los casos de corrupción salpican indiscriminadamente a todo el mundo político, pero que lo hagan con los Pujol y con toda la familia política nacionalista y/o progresista es una quimera materializada en realidad. Su defensa afirma que los casos de corrupción son ataques de Madrid como resultado de la deriva soberanista y tienen razón: claro que el pulso nacionalista y progresista ha supuesto la aireación de todos esos casos y debería suponer la de muchísimos más. Justamente porque existe y ha existido una impunidad sin parangón en cualquier otro territorio español, parece ahora que una lozana y barbilampiña corrupción aparezca por sorpresa entre las familias poderosas nacionalistas que junto a unos medios cómplices y bien subvencionados han callado o puesto sordina a los oscuros manejos en la sombra. Tensar la cuerda de la independencia busca sin duda que los ciudadanos enfervorizados, producto inequívoco de ese bombardeo incesante desde la basa d'oli catalana, pasen por alto sin ningún tipo de miramiento la verdad que precisamente les ha conducido a elegir actitudes maximalistas sin atender incluso a sus propias consecuencias. Así, la excusa de los "ataques de Madrid", por inconsistente que pueda ser ante lo cierto y probado, sigue teniendo el éxito garantizado que acompaña a toda proclama sentimental. Puede que en esa labor, prefirieran tener a su lado a ERC que en su contra como fiscalizador del compromiso que ellos trazaron en su declaración de guerra política. El caso es que las opciones de CiU se cerraron el día del plebiscito que asumió Mas y cuando un animal está herido, es cuando más peligroso se muestra. Desde ahora la racionalidad pasa a un segundo orden y hay que temer una pugna entre quienes apuestan por el sentido común y aquellos que ya se han entregado a una expectativa mucho más placentera cuando no conlleva efectos reales que tarde o temprano acabaremos sufriendo los ciudadanos, hayamos votado o no esa locura.




viernes, febrero 22, 2013

Deduzcamos como detectives

Ya que tratamos el caso del espionaje con Método 3 qué mejor que tratar de hacer deducciones lógicas para concatenar causas y consecuencias, móviles y motivaciones de los protagonistas.

Hemos podido leer, tanto en la llamativa (*) entrevista que le hizo El Mundo a uno de los responsables de la agencia de detectives, justo antes de ser detenido, como en declaraciones posteriores que el espionaje cometido sobre la líder del PP catalán y la ex novia de Pujol se produjo a instancias del entorno de Camacho. En un principio, en la primera entrevista en el rotativo de Pedro J. se insinuó tal posibilidad, en este momento ya se responsabiliza directamente.

(*) Llamativa por la particular concesión del privilegio de disponer de un altavoz mediático a quien va a ser detenido como presunto delincuente y que le coloca en una posición ventajosa de cara a la opinión pública amén de obligar a los referidos por éste a defenderse de dichas afirmaciones.

Está claro que podemos contar con el hecho de que cualquier justificación y declaración podría salir de la boca del sr. Marco para ejercer su propia defensa, pero es ahí justamente donde podríamos errar si tratamos de discernir con un mínimo de lógica. ¿Por qué?

- Entre la documentación encontrada con propiedades físicas tangibles se hayan facturas por importes de relevancia (+35 mil €) de servicios contratados con el anterior tripartido. Sabemos el del estudio de la avellana.

- El señor Marco habla de que no existe factura por el presunto trabajo al entorno del PP catalán, pero con el precedente de la avellana es difícil concluir que el trabajo no se cobrara de haber existido.

- La mayor incongruencia surge precisamente de que Marco responsabilice al entorno de Camacho. Estamos hablando de una agencia de detectives sobre la que se puede probar que trabajó para el PSC, pero curiosamente el directivo de la agencia acusa justamente a quien no facturó servicio alguno.

- Imaginen ustedes que son una agencia de detectives capaz de reunir cuantiosa información de los partidos políticos y que trabajan para algunos de ellos cobrando generosas cantidades:

1) ¿Será un pilar fundamental de esa compañía el silencio, la discreción y la profesionalidad?
2) ¿Se deberá por tanto a los que han sido sus clientes y no a los que precisamente no lo han sido?
3) Si existen dos o más partes implicadas en el espionaje a partidos, ¿Acaso no les interesa guardar silencio precisamente a las partícipes para no desvelar el pastel?
4) ¿Es Alicia Sánchez Camacho la más ingenua y negligente del mundillo político capaz de denunciar sobre un caso de escuchas si hubiera sido ella? Sobre casos particulares uno puede tramar algo así, pero sabiendo de la implicación de los medios de comunicación sería de traca.
5) El PP en Cataluña es el partido paria de la escena catalana. Cualquier rumor por inconsistente que sea referido a dicha agrupación será tenido en cuenta como viso de realidad.

Algunos medios de comunicación una vez más están filtrando la información, no por un criterio informativo basado en la justicia de los hechos, es decir con altavoces proporcionales a la honorabilidad presente de sus partícipes, sino por un criterio de audiencia que faculta a los protagonistas a disponer de unos privilegios capaces de inculpar y tender una sombra de sospecha e incluso de imputación sobre personas que hasta el momento no han sido acusadas formalmente de nada. Algunos medios de comunicación están primando el éxito de convocatoria y la aglutinación de la audiencia (eso pensando de buena fe) sobre la pretendida facultad de disponerse como meros mensajeros. Ello refuerza más mi posición sobre el peso de los medios de comunicación en la decadencia social y la visión distorsionada de una realidad dispuesta a conveniencia por algunos editores.

jueves, febrero 21, 2013

La ley de "llevar la contraria"


Ya no se puede hablar de Convergencia y unión o Convergència i unió. Todos estos años Duran i Lleida se supone ha sido el interlocutor de la coalición nacionalista en Madrid y lo realmente cierto es que dicho interlocutor es nacionalista de los nacionalistas, una isla en la capital dispuesta para generar un estado de opinión entre el mundillo político que poco o nada tiene que ver con las verdaderas intenciones de Mas y su séquito.

A medida de que pasa el tiempo te das cuenta que la deslealtad e ignominia que Convergencia reitera y lidera con sus propuestas y altavoces mediáticos no es proporcional a la ineptitud estratégica, no sólo del Gobierno de España, sino de los medios capitalinos. En la Cope, sin ir más lejos, un afable José Antich habla y calla a discrección allende las ondas telefónicas sobre cualquier espinosa cuestión pareciendo que sus silencios son acuerdos entre un grupo de cercanos. Luego coges el diario de Godó y aprecias justamente lo contrario, algo así como el resultado de millones en subvenciones pasados a tinta.

El valor de la representación hay que tomarlo en su justo término. Duran i Lleida sólo se representa a sí mismo y puede que yo comprara muchos de sus proclamas ayer expresadas en el Parlamento, pero son papel mojado. Duran es a Convergencia lo que Vidal Quadras es al PP, un reducto útil para mantener una cierta simpatía de esa parte de la opinión pública que todavía concede esperanzas a un nacionalismo integrador, negando así su razón de ser que es justamente la contraria: diferenciadora.

El posicionamiento partidista desgraciadamente se ha sublimado hasta el punto que lo de menos pasa a ser lo que se dice sino quien lo dice. Ello es y ha sido endémico entre los partidos de izquierda que siempre han tomado la política como una lucha contra un enemigo opresor de clase y aquellos de derecha inmovilista que igualmente reivindican su clase pretendidamente superior que les exime de preocupaciones muy exageradas. Entre derecha e izquierda existen degradaciones múltiples que pueden incluso coincidir en algunos postulados pero, aceptando que el fin no justifica los medios sino que el modo de aplicar los medios son las clave para hablar de un fin, las coincidencias pueden llegar a ser meramente anecdóticas. En trazo grueso, nada tiene que ver un obrero con un individuo de la gauche divine, tanto como un conservador tradicional puede asemejarse a un liberal ortodoxo. El motivo fundamental de que existan tales uniones son la constante que mueve a España y es algo que debe decirse con enorme tristeza: la unión contra el enemigo.

Ello nos lleva a declinar la aceptación de la lógica en determinados supuestos condicionándola a la boca de donde haya salido la propuesta. Un ejemplo polémico pero muy indicativo en mi opinión son las manifestaciones realizadas ayer por Pere Navarro, líder de los socialistas catalanes acerca de la necesidad de que el rey abdique en su hijo Felipe. Días antes, en algunos medios madrileños se había recurrido a la comparación con otros reinados de modo que se lanzaba un tímido debate acerca de dicha posibilidad. El origen fue la abdicación de Beatriz de Holanda pese a unos ratios de popularidad mucho mejores de los que ostenta actualmente nuestro monarca. Nadie se avalanzó sobre dicho diario acusándolo de deslealtad. Es cierto que el partido menos indicado junto a los nacionalistas "oficiales" es el que justamente ha lanzado esa opción y justo cuando el líder nacional del socialismo en España iba a intervenir en el debate sobre el estado de la nación. Un disparate más que merece su propio análisis. Ahora bien, lo que a mi juicio tendría que haberse planteado como un posibilidad y un nuevo sacrificio del que ha sido uno de los mejores reyes de la historia de España de manera digamos "menos sonora", supone y supondrá (por las declaraciones de Navarro y PNV) que la prensa capitalina y los partidos nacionales cierren filas a tan siquiera plantear lo que no es absoluto algo descabellado pensando en los intereses de la Monarquía y por encima de éstos los de España.

En política existen los anatemas que escogen los interlocutores. Cosas terribles suceden en Cataluña de facto cada día. Yo tengo que transigir con la ilegalidad vigente en ayuntamientos con banderas catalanas solitarias e incluso algunas con la esvástica estelada que merece similar consideración por su segregador compromiso e imposición por la fuerza. Ya no hablo de las iniciativas sobre los impuestos de esos municipios. Bien, eso parece provocar un estruendoso silencio y en cambio un rey que brindó sus mejores esencias que pasa a ser ninguneado y vituperado por un sector de la población, el cual pienso personalmente padece síntomas de alguna demencia (el ¿Por qué no te callas? es impropio del Don Juan Carlos cabal), no hace más que levantar una cerrada defensa de su simbolismo desdeñando al propio príncipe Felipe que puede que sea la persona de la realeza española más preparada en muchos siglos.

La ley de la contraria es la constante principal que mueve la política española y sus medios, esa ley que no es exclusiva de dichos menesteres. Es aquella que mueve cotidianamente a los coches a acelerar cuando piensan que van a ser adelantados o a cerrar el paso cuando les van a preceder señalándolo con el intermitente y a desear lo que justamente quería la otra persona o a dejar de tener interés cuando nadie lo mira. El ser humano no puede abandonar su mirada en sí mismo para reconocerse en muchas ocasiones como un sujeto elemental que da pábulo a las teorías conductistas con demasiada frecuencia. En mi anterior artículo hablo de enriquecer nuestros esquemas cognitivos con variables alternativas despersonalizadas. No se puede glosar la necedad en pos de una afinidad tribal que convertirá a todos en necios o borregos y cuya única defensa radicará en criticar la especificidad por solitaria. Cada razonamiento es solitario por deberse a sus argumentos y su esencia no puede ser la defensa de una parte, sino la del total. Lo contrario deja a sus partícipes como lo mismo por mucho que pretendan desmarcarse.

martes, febrero 19, 2013

Tu mundo y mi mundo

Es algo comúnmente aceptado por la generalidad que dos más dos son cuatro y que el sol aparece por las mañanas y al desaparacer con el crepúsculo viene lo que aceptamos como la noche con luna o sin ella. Éstas y muchas más cosas se aceptan entre la humanidad por mayoría abrumadora, pero ¿Tantas como parecen?

La convergencia de percepción sobre lo que nos rodea es un elemento asumido, es decir no discutible porque se tiene por tan evidente que uno no se molesta en malgastar tiempo y energía en considerarlo. Bien, pues sobre ese detalle podemos inferir uno mucho más significativo que afecta a las personas en una sociedad y su modo de regirse.

Acabo de decir que nuestra atención y procesamiento consciente sobre aquello que nos rodea viene determinado de manera inconsciente por una valoración previa de su relevancia para nosotros. ¿Cómo calculamos esa relevancia? Por contraste. Comparamos la información entrante con la ya previamente percibida y evaluamos si es conocida o desconocida y en caso de ser una u otra, la conectamos con nuestros esquemas cognitivos y sentimentales a través de una serie de procesos que se dirigen precisamente a otorgarle una categoría determinada. Así, si la información es novedosa y con un alto contraste con visos de lógica bajo nuestras propias premisas de lo que es la lógica, la colocaremos en un rango elevado de importancia; si por el contrario, entendemos que la información es conocida o su novedad comparte similitudes con experiencias anteriores que no promueven ningún proceso emocional asociativo, entonces procederemos a poner el "piloto automático" ahorrando energía y cualquier tipo de énfasis emocional.

En esos procesos, las claves son los esquemas cognitivos y emocionales de los individuos que procesan los datos de entrada.

¿Cuál sería mi proceder si yo pretendiera controlar a una gran parte de la población? Tratar de que el máximo número de personas posible diera una serie de informaciones por asumidas y no relegara a sus sistema consciente vía reflexión dichos datos. Buscaría esa automatización de respuesta ante ciertos datos de entrada que soslayaran siquiera el trato racional o contemplar nada que los pusiera en mínima cuestión. ¿Cómo lo logro? Propagando a discreción hábitos de conducta a través de la comunicación de masas que lleguen a calar entre una población hasta el punto que ésta no se pregunte su funcionamiento, sino que las asuma por un mimetismo social. Si una gran parte de la población lo acepta, yo también.

Mucha gente pone el grito en el cielo y juzga sin ninguna comedición conductas sociales pretéritas habidas en regímenes autoritarios asumiendo con esos procesos automáticos la pretensión de unas capacidades superiores o distintas de sus sistemas cognitivos-emocionales, pero la gente que ha vivido otras épocas en las que sus sociedades han amparados atrocidades y hechos terribles no han sido estructuralmente distintas ni enajenadas, eran personas iguales con similares procesos de identificación y percepción. En el rápido contraste que una persona trataría de articular como defensa, justificaría que a diferencia de sociedades anteriores las actuales no justifican homicidios en masa o injusticias flagrantes sino que muy al contrario, se elevan cruzadas precisamente contra hechos de ese tipo. Nada más lejano. Las personas siguen siendo distraídas por el flujo constante de información dominante, igualmente atraídas por el "entretenimiento", siendo espoleadas y programadas por consignas repetidas hasta la saciedad por los medios de comunicación que instituyen las tendencias en la sociedad llegando a configurar un gran número de automatismos en las personas a base de aprendizaje, logrando de ese modo que sólo se muestren alertas y a la defensiva ante ciertos impulsos y laxos o permisibles con otras que consideran cercanas y afines. Así se puede discriminar el tipo de injusticias, los conflictos, las corrupciones, las guerras y lo que haga falta con el convencimiento errado de que se sigue actuando con justicia y coherencia.

Muchas de todas esas cuestiones no responden a una intencionalidad de una mano negra. Otras sí desde luego, pero el efecto dominó del automatismo propicia esquemas cognitivos tan dispares con aquellos que lo niegan que puede suponer incluso una fractura social en un territorio. Las justificaciones que se dan a sí mismas unas personas y otras pueden partir de extremos cognitivos tan lejanos que en el abordaje de cuaquier cuestión, la misma concepción del punto de partida difiere en todos sus planos. ¿Cuáles son las pistas para reconocer a un "automatizado"? No se tiene necesidad de razonar muchas cuestiones pues se asumen como ciertas; del mismo modo en esas cuestiones aunque busquen un fin positivo justifican el agravio o daño a terceras personas ante la causa mayor; otorgan a sus portadores una atribución de jueces morales sobre el resto que no necesitan justificar por la vía de la razón (como en la Inquisición); se apoyan fuertemente en la sentimentalidad, se centran en los propios valores y restan importante o desdeñan tratar con aquellos que puedan estorbar su esquema. Es decir el 99,9% de la población.

Los automatismos no son patrimonio de gente aparentemente inculta o intelectualmente deprimidas, claro que esos grupos de población son objetivos evidentes, pero los procesos cognitivos nada tienen que ver con la capacidad de aglutinación de datos a través del aprendizaje ya que el contraste "inteligente" de los datos difiere entre sujetos y algunos son mucho más proclives a desdeñar variables en los procesos que otros engañándose a sí mismos primando procesos emocionales que otorgan una mayor recompensa a corto plazo. Dicho de otro modo, el contraste requiere una valoración de todos los datos sin desdeñar aquellos que emocionalmente molesten al sujeto. Una especie de honradez intelectual (que en realidad viene de la combinación de las influencias ambientales combinadas con los procesos y estructuras biológicas = esquemas cognitivos) que se da en muy pocos sujetos por no conocer y reconocer sus propias afinidades sino justificarlas en la toma de sus decisiones. De ese modo, las construcciones ideológicas por ejemplo suelen partir del punto de partida contrario al formalmente deseable: del tejado hacia la base. Justificada la afinidad emocional previa, todas las variables en forma de información y datos sólo sirven para sustentar la primera y no a construir meramente nueva información, la que sea. Está claro que no somos robots y la emoción es un elemento trascendental en nuestra toma de decisiones y de ahí las implicaciones personales en las identificaciones de grupo, políticas o ideológicas, pero si tales procesos, en vez de ser tenidos en cuenta en tiempo real, se automatizan, por muchos libros y estudios que uno cargue en su sesera, sólo servirán para reforzar unos esquemas cognitivos y emocionales previamente configurados por la experiencia vivida y los intereses particulares que les acompañan. Por tanto, la elección de variables se enfatiza o se deprime u omite sin que el sujeto tome consciencia de ello, porque ha dado por ciertas determinadas cuestiones al igual que dos más dos son cuatro y entre su entorno la coincidencia no le lleva a discutirlo nunca. Por ello lo relevante es dar con los esquemas cognitivos y no quedarse en las ideas que pueden transportar una carga emocional que las haga atractivas o permitan el automatismo de los espectadores. Hablando en plata, la comprensión de las variables que afectan al mayor número de personas posible es el objetivo y no buscar el sacrificio de personas para una causa mayor estableciendo un romanticismo capaz de apagar la realidad con ensoñaciones sordas ante las variables reales. El ser humano siempre se descuida a la hora de crear teorías supuestamente extrapolables a una generalidad y el individuo y el conocimiento de sus procesos posibles es el paso fundamental con el que articular cualquier hipótesis. La adecuación debe ser de las hipótesis al ser humano y no viceversa.

La realidad suele transportar muchísimas variables que afectan a muchas personas de un modo u otro. Es justamente el sistema de contrastes al que me refería. Aquellos que priman unos o "los suyos" sobre los demás, están renegando de la justicia entregándose al automatismo de un atractivo que ataja sus propias intenciones como un método válido en el que la imposición es una salvedad que puede considerarse habida cuenta el fín que uno pretende. Así surgen las ideologías de separación o las que veladamente no buscan el bien común sino que dependen de atacar otras posiciones retroalimentándose de aquellas de modo que su sentido navegue en consonancia a un enemigo necesario y no contemple a esos enemigos como personas tan susceptibles de estar entre unos grupos como otros por precisamente ser eso, personas.

La honestidad intelectual no tiene nada que ver con la capacidad cuantitativa. Conformarse en un prestigioso intelectual es el resultado de un contraste entre dicha persona en un ámbito: estudios, trabajos, participaciones, etc. que han recibido apoyo y atención de muchas personas, pero sigue siendo susceptible a la relativización de esa capacidad de abstracción de automatismos que contemple todo sin distracciones. Quien no ha conocido reputadísimos especialistas, por ejemplo en medicina que al tratarlos se han llevado una gran decepción u otros anónimos que han demostrado una enorma capacidad diagnóstica además de fantásticas cualidades profesionales y personales. De nuevo, la automatización brinda la posibilidad de prejuicios errados y crédito por apariencia que no debe demostrarse.

Cada persona es un mundo, y las variables que contempla una al tratar un asunto pueden ser absolutamente distintas a las contempladas por otra, tanto por número como por interrelación. El número y la calidad de las variables, además de la consideración de su propia afinidad al emplearlas es algo que interesa se automatice para asumirlas como normales y que los que las defienden tengan un gran seguimiento. ¿Qué motivación es la que abona una determinada defensa? ¿La auténtica felicidad del ser humano? A veces es fácilmente demostrable que ello no es así, pero los esquemas cognitivos controlados de una masa lleva a ser imposible darle a entender lo contrario. Pasarán a ser partes y jueces de su realidad estableciendo la prevaricación como algo normal y que lo que te han repetido hasta la saciedad responde a la defensa de tus intereses o lo que viene a ser lo mismo: tus derechos. Al final la automatización de un mayor número de individuos sirve para advertir que en un tiempo, sino ya, esa sociedad puede justificar cosas que poco antes ni se atrevía y que su "evolución" no es ni por su bien ni por su voluntad, sino que pasan a ser esa masa borreguil que existe y ha existido a lo largo de toda la historia de la humanidad con sus intelecttuales al frente orgullosos y ufanos de sus conocimientos y en la que cualquier divergencia debe ser tomada como afrenta personal.

¿A qué nos conduce todo ello? Siempre digo que las personas "irracionales" o aquellas que están convencidas de que tienen razón y no se hacen cargo de más variables que las suyas son las que presentan muchas más posibilidades de llevarse el gato al agua y conseguir sus demandas. Si pretendes conseguir algo para tu propio interés de otra persona y escoges a alguien capaz de contemplar las variables de las dos partes y tiene escrúpulos, será mucho menos probable que manifieste una actitud implacable que aquella convencida de que su causa es la única o la más importante en la defensa del caso. Un mundo en el que convences a una masa de esa posibilidad es un mundo en tus manos que no hará preguntas embarazosas por caminar supuestamente hacia objetivos coincidentes. Esas sociedades no tienen más referencias que los enemigos, es decir los grupos o las personas que no coinciden con sus postulados y que se convierten únicamente en escollos sobre unas expectativas que nos han vendido. Esas sociedades son las del caos de valores, porque inciden en la importancia de los enemigos sobre los propios valores y niegan la comprensión del género humano que hace susceptible a todos de ser buenos y malos y no únicamente a los que son "amigos". Todo ello es la simiente de una sociedad corrupta que no se pregunta nada sobre sí misma y que sólo utiliza la memoria como recuerdo y no como enseñanza aplicada y extrapolable.

Deberíamos preguntarnos si el común de la sociedad, en este caso la española, en su desenvolvimiento cotidiano tiende a buscar complejidad o simplicidad. No vengo a referirme a una búsqueda de esos términos por sí mismos, sino a discernir si de modo general se puede hablar de tendencias a intereses por profundizar en las cuestiones y enfatizar el conocimiento y su calidad o por el contrario a establecer paradigmas basados en la simplicidad, el entretenimiento y la información sencilla o pasajera. Dicha tendencia nos mostrará cuan fácil o difícil puede llegar a ser el encontrar posturas comunes generalizadas sustentadas por principios o silogismos poco complejos. Desde ahí se podría buscar la comparación con grupos sociales que difieran en esa complejidad o incluso tratar diferencias entre países y sus consecuencias. EEUU, Alemania, Japón, Italia, España, Noruega, India, China, Grecia, etc., etc. Todos países con marcados esquemas generalizables de aglutinación de información y toma de variables cuantitativamente dispares que pueden ayudar a concluir un esquema piramidal con el que intentar discernir qué intereses existen para favorecer grupos poblacionales simples en cuanto números de variables sobre los diversos temas.

Por último, al hablar de complejidad hay que tener en consideración el contexto histórico cultural actual dominado por la globalización y las nuevas tecnologías. Nada tiene que ver la consideración de variables en un entorno poblacional único y aislado propio de otros tiempos que uno en el que las decisiones de los responsables afectan e inciden en aspectos invisibles que suponen efectos reales. La ramificación de consecuencias por determinada toma de decisiones en muchos ámbitos ha pasado a multiplicarse exponencialmente y ello deja muy en evidencia las opiniones meramente sentimentales propiciadas por deseos que urgen satisfacción propia o un advenimiento cortoplacista.

domingo, febrero 17, 2013

Paradójica inseguridad de la seguridad

En este mundo la certeza de las cosas se plantea como expresión del elemento subjetivo que para lograr una credibilidad y aceptación generales trata de hacerse objetivo estableciendo unas pautas determinadas de contraste. Así en la ciencia dichas pautas las conforman el método científico, en el Derecho la adecuación a unas normas, en otros ámbitos la adecuación a unas reglas particulares que en algunas de sus facetas se rigen por unos códigos deontológicos que se supone parten de unos preceptos o principios superiores denominados derechos humanos.

Es por tanto lógico establecer una homogeneización en el lenguaje y los actos que pretenden configurarse como referencia válida en aquella materia a la que se refiera. Ahora bien ¿Cuál es la paradoja? Pues sencillamente que en vías de conseguir esa normativización en los procesos básicos siempre descuidaremos las aristas y los elementos discordantes que sean imposibles o muy difíciles de demostrar en el proceso metodológico. Me explico, la ciencia siempre irá por detrás de la realidad porque necesita de comprobaciones y seguridades sobre causalidades para ser aceptada por la comunidad internacional; en Derecho podemos llegar a saber si alguien es culpable o inocente pero toparnos con normas que necesitan de determinadas pautas para declarar al acusado culpable o no culpable. La seguridad de que una decisión tiene unos elementos de contraste mínimos puede convertirse justamente en el elemento fundamental de inseguridad y de hecho así es y ha sido a lo largo de la historia.

Yo no estoy pregonando la heterogeneización del conocimiento pero sí haciendo constar cuan grandes son límites de la objetivización de ese conocimiento. Quien no ha oído decir que "la sociedad no estaba preparada" para aceptar una determinada hipótesis o un cambio. En todo surge un escepticismo previo de aquellas personas impregnadas por el sustrato social que lega a conformar un criterio denominable de "normalidad". La mente de la mayoría de los sujetos sociales no es amplia ni abierta en sentido estricto, eso son eufemimos de otra cosa que nos damos precisamente en razón de esa normalidad. Son tópicos aceptados en ese proceso de homogeneización. Por otro lado ello es comprensible, nadie pone en tela de juicio todo el conocimiento nuevo o adyacente pues sometería constatemente a sus neuronas a procesos inagotables y al mismo tiempo demostraría ser algo parecido a un autista incapaz de ser permeable a la información exterior. La información conocida es justamente el contraste del que nos valemos para compararla con la que recibimos, pero es que a veces ni así.

En Derecho o en la metodología científica los elementos de contraste son fijos o están predefinidos y aceptados por consenso de modo que cualquier nueva información relativa a esas dos materias debe adecuarse a esa metodología o permanecer fuera de esos ámbitos como sospechas sin fundamento o anatemas propios de la ciencia. Hay que ser consciente que al hablar de elementos de contraste, lo único que verificamos en esas materias es la comparación de unos determinados valores en razón a un lenguaje o conjunto de normas de modo que ello no garantiza la certeza en muchos casos, sino el éxito en la comparación de valores. Ello es fácilmente observable tanto en los errores sobre teorías largamente aceptadas que luego se demuestran erróneas como en fallos judiciales estrepitosamente injustos. Por ello existe un eslabón perdido por la ciencia y el derecho que para mi es de toda la sociedad avanzada y el cambio que puede acelerar en un futuro el ritmo de los pasos en la ciencia y en el Derecho. Quizás una quimera su plasmación, pero los auténticos laboratorios científicos andantes somos las personas y las propias capacidades específicas en determinados terrenos que pueden ser muy superiores entre pares. La cristalización de una idea, la interpretación de un hipótesis, la adecuación a la justicia de los hechos, el escrutinio sobre un patrón conductual, la discriminación de un gesto, la detección de una sutileza, la percepción de una emoción, la concatenación de unas variables, todo ello y mucho más es llevado a cabo por personas con sentidos y órganos preparados para captar información y procesarla y eventualmente, disponerla y emplearla.

En nuestra desarrollada sociedad se hacen necesarias unas pautas prácticas de organización que permita a la numerosísima población regirse por unos elementos comunes que propicien el orden y no el caos, pero todo conlleva un coste en tanto esa organización implique unos límites que no puedan ni superar las aristas, esas personas que en un determinado campo, en ocasiones incluso ignoto por el mismo sujeto, destaquen claramente sobre el resto de un modo natural y no forzado, muchas de las veces por una determinada estructura cerebral de origen con una tendencia marcada. Esas personas verán su limitación al sufrir la normalización, es decir, al verse obligadas a adecuarse al lenguaje establecido de la convención capaz de ser inteligible para toda la comunidad. El reto por tanto sería identificar las capacidades de los sujetos desde el plano orgánico y estructural del encéfalo a base de neuroimagen funcional. Cada cerebro suele tener unos lugares de activación ante estímulos externos, pero pueden diferir tanto en la forma como en la extensión o incluso hasta en el mismo lugar. El planteamiento actual sólo establece una obligación marcada y esa obligación manda sobre todas las demás estableciendo el ritmo y la tbla rasa con la que todas las demás decisiones deberán regirse.

Tener sobredotación sobre un elemento sencillo o fácilmente comprobable, que suele afectar a procesos relacionados con inteligencias físicas o matemáticas e incluso hasta cierto punto emocionales es algo común en nuestros días, pero el cerebro es tan tremendamente complejo en algunos casos que puede topar justamente con la paradójica simplificación que los sobredotados en esas materias suelen instituir por su capacidad en la focalización en detrimento de la transversalidad.

Sobre muchas cuestiones las personas ejercemos actos de fe ajenos a la comprobación. Delegamos en las personas que se constituyen en referencia sobre la materia en cuestión otorgándoles el crédito necesario. Eso es porque pensamos que hay otras que hablan el "mismo idioma" que al aceptarlo sufren el contraste y la aceptación necesarias. Lo que no pensamos es si tods las peronas hablan el idioma correcto para tratar un asunto y descuidan palabras que describirían mejor partes que quedan por tanto sueltas y descuidadas. Se que es un mal menor aceptado por muchos en pro de un conocimiento seguro, pero los resquicios que pueden ser aceptados quizás en ciertos ámbitos de la ciencia, pueden llegar aser capitales en Derecho cuando las decisiones judiciales afectan a la integridad física y moral o psíquica de las personas. El camino del avance futurista en una sociedad avanzada no puede determinarse por deseos de realización personal al menos en los próceres que la regirán. El paso debe ser mucho más riguroso y complejo. En la actualidad quien sea capaz de ver en las personas sabrá que las ideas no son nada hasta que no están en manos de un individuo y éste la desarrollará como es él mismo, un detalle que ignoramos mirando la idea y dándola por buena en tanto coincide con las normas establecidas. La especialización acabaría con las aristas porque éstas serían las referencias y no el consenso o la media aritmética de la suma de intelectos variados que juntos pueden aspirar a ser superiores en unos ámbitos pero que dejarán y despreciarán mucho conocimiento por el camino y un coste humano e intelectual muy grande. La organización de los individuos creo que puede ser catalogada y clasificada en función de las especializaciones para extraer lo mejor de cada sujeto. Ese perogrullo es el que necesita la humanidad para dar su gran salto y dejar de fijarse en las ideas: el ser humano es la clave.

viernes, febrero 15, 2013

Polarización y responsabilidad

 La palabra que siempre deberá aparecer se hable de lo que se hable es responsabilidad. Vocablo impopular donde los haya y en franca decandencia gracias a los pilares básicos de nuestra sociedad, en este caso la española. Por ejemplo, los políticos tienen esa atribución llamada inmunidad parlamentaria que les faculta a decir disparates salvaguardados por unos privilegios que el resto de ciudadanos no dispone y se supone que el motivo de tal atribución es la defensa del bien común en ejercicio de la política. Esos mismos políticos prometen con la palabra y ofrecen prebendas a sus electores como si de niños consentidos habláramos, otra cosa es que se cumplan, pero como mínimo se desprecia la responsabilidad en su justo término en el ofrecimiento desmedido y subastero que plantea una hipertrofia en la expectativa de derechos y una clara omisión a sus deberes que no deben darse por aceptados sino publicitarse con mayor empeño, cosa que no es rentable. Por otro lado los medios de comunicación tienen total bula (u objetivamente una capacidad infinitamente superior que otras instancias) para generar opinión vendida como información y exonerarse llegado el caso, ya no hablemos de su implicación en programaciones bazofia que no hacen más que mostrar una juventud como paradigma de algo inexistente. La juventud per se no es nada. Si no existen valores o principios que la potencien, la juventud sólo es un rango de edad con un potencial superior para hacer cosas tanto positivas como negativas.De ese modo es razonable entender que la población siempre recurra a terceros para señalar culpables y responsables de lo que en ocasiones son ámbito de su propia responsabilidad, algo que en los países con un temperamento más marcado cristaliza en revueltas callejeras y manifestaciones mucho más furibundas que no implican un grado mayor de injusticia social sino a mi parecer una visión sesgada del concepto de responsabilidad individual.

En general, la visión de la responsabilidad es aburrida y se asocia con personas grises o medio cretinas como un flanders, que ejemplifica el personaje de la serie Simpson. La visión maniquea de los medios de comunicación y particularmente de entretenimiento forman a la población desde muy temprano con esquemas simples de diversión y aburrimiento y posteriormente, en función de la idisioncrasia particular de cada familia se fortalecerá la idea de responsabilidad o se abdicará en la gran influencia de esos medios. Ejemplos en cine, radio, prensa y televisión existen a millares y no sólo aquí. La visión ideológica en algunos casos se mezcla y distorsiona quebrando precisamente la pata de la responsabilidad. En algunos casos sí que existe gente comprometida y concienciada con una idea de bien común que implica reciprocidad. Entiendo yo que cualquier posición ideológica se irá al traste si sus partícipes no se comprometen con la defensa de la responsabilidad y la trasladan a la población, pero responsabilidad entendida hacia el total de población, no respecto del partido como si de un bando militar se tratara. Una sencilla idea que a muchos se nos inculcaba de pequeños y que propugnaba que no hiciéramos a los demás lo que no nos gustaba que nos hicieran a nosotros, y del mismo modo siguiendo ese espíritu exigir a los demás un mínimo para que no exista una parte de la población que pueda aprovecharse del resto por mala fe o desidia.

Es precisamente la quiebra de la responsabilidad lo que propicia países con picaresca y corrupción. La diferencia fundamental entre los países con una tradición más responsable de aquellos que no la tienen es la conciencia de las consecuencias de los propios actos. Algo que a veces se tacha erróneamente de hipocresía y que desgraciadamente en España se ha convertido en una justificación sine die para poder derribar la normalidad amparándose en las excepciones. En determinados países con mayor tradición democrática no sólo existe corrupción, sino que puede que incluso sea más organizada, es lógico que cualquier ciudadano crítico se vea tentado por tanto de utilizar la palabra hipocresía muchas veces en su propia defensa cuando le han pillado, pero el modo de reaccionar sea en un país o en otro es lo que marca la diferencia y ésta es capital. En España cuando pillan a alguien incluso en flagrante comisión de una falta o delito, tiende a defenderse de modo reflejo incluso revolviéndose como una fiera y salpicando a quien sea necesario, en otros países se marca mucho más la distancia entre lo conocido y lo desconocido, es decir, los corruptos tejen su red pero si son pillados, se asume que la persona "ha perdido" y debe pagar no admitiendo ningún bálsamo partidista que trate de reflotarlo escupiendo bilis al resto. Se separa claramente la responsabilidad individual de aquella que puede afectar a la institución a la que puede representar, de modo que la más importante permanezca incólume y no se contagie de la enfermedad corruptora. Si por el contrario se procede a la defensa del imputado corruptor por un bando, de las maniobras consecuentes todos los seguidores empezarán a extender una sombra acusadora sobre el total de modo que se impregnan las instituciones y queda marcada la confianza de los ciudadanos en las mismas.

Pero la irresponsabilidad es contagiosa y las personas que no tienen principios muy sólidos capaces de perimitirles la desvinculación de una cadena asumen el juego sin atender qué papel juegan en el tablero. Se hable de políticos, se hable de jueces, de periodistas, de representantes de trabajadores o empresarios, de todos aquellos que tienen un papel relevante en la sociedad y/o copan nuestras instituciones, todos ellos pasan a ser soldados al servicio de un causa que muchas veces supera la del interés general en pos del particular, es decir, la identificación con un grupo que les coloca como afínes a un partido. Los principios elementales parten de la premisa de respeto a los demás. Una especie de "todos contra todos" en el que uno debe defender sus intereses y los de su grupo por encima de los que se supone debe defender. Un grave problema que debe achacarse a sus auténticos responsables que no son todos sino de aquellos que entienden el juego político como una guerra en la que se debe eliminar al otro bando y para ello desprecian las consecuencias de sus manifestaciones. En el instante que exista un partido político o un grupo de presión que ataque saltándose principios elementales con manifestaciones altisonantes, propagandas electorales maniqueas e incluso calumniosas, referencias particulares con intención de faltar y muchas consideraciones análogas, comienza un círculo de ataque - defensa que produce un bucle inacacable en el que los ciudadanos acabamos siendo víctimas polarizadas reflejo de los políticos y aquellos que ejercen de sus altavoces.

La semilla de la discordia siempre es introducida por alguien que, lejos de tratar constructivamente de abordar soluciones, aprovecha su posición para malmeter en contra de personas, entes o instituciones que no sintonizan con su manera de pensar o responden a rencillas pasadas, o simplemente justifican un fin: ocupar el poder, sin importar los medios que haya que emplear. Aquí viene el problema, los que ejercen de jueces son los ciudadanos y toman las decisiones miméticamente de los medios que les "forman" de modo que la sociedad se polariza, no por un criterio de justicia cierta sino como fiel reflejo de las disputas de poder existentes entre los partidos y que se recoge de modos muy distintos en función de que la mal llamada información provenga de un medio u otro.  El interés incial que mueve a un "altavoz" a denunciar unos hechos raramente es el bien común, el bien común dispondría que ese medio haría lo mismo si un caso que afectara a su grupo afín hiciera algo parecido y pocos medios pueden presumir de hacer eso y mucho menos de hacerlo sin quebrar garantías al honor de las personas. Existen casos estirados artificiosamente todo lo posible y más mientras otros parejos o de superior gravedad permanecen ya en el olvido o no han recibido repulsa pública y publicada comparable.

Y todo ello no está reñido con la opinión que es otra cosa o debiera serlo. Todos se pueden mostrar  afines a unos principios (de hecho así lo hacen) en determinadas cuestiones que pueden diferir de otros, pero la gran diferencia, la enorme distancia entre los justos y los taimados se recoge en sus maneras de proceder: los que defienden unos principios deben hacerlo con respeto a sus dispares y superponiendo el bien común de todos, es decir los que piensan igual y diferente y es recomendable en extremo que no escondan su filiación personal encubriendo un interés en ocupar el espacio de superioridad moral; aquellos que establecen con grandilocuencia que los suyos son mejores incluyendo calificativos y toda una parafernalia emotiva alrededor son los que ocultan la verdad para capturar seguidores a sabiendas que la lógica o la razón no podría conseguirlo y por ende la justicia. Esos se constituyen en el brote de la enfermedad que se abona por causas que nada tienen que ver con principios o ideales por el bien de la población, son intereses particulares de odio, revancha o poder y son la corrupción cierta del país. Si los ciudadanos somos una extensión mimética de esa pirámide, el problema ya no está en reconocer ese hecho de modo general, sino en la capacidad de discernimiento o de limpieza que los individuos podamos mostrar a la hora de juzgar un caso, bien sabiendo que no somos mejores en nuestras vidas (o sí) o ignorándolo y despreciándolo por abrazar la emotividad de poder linchar a quien te han dicho y repetido hasta la saciedad que es y será tu enemigo natural. En todo ello la responsabilidad no hace ni acto de aparición.


sábado, febrero 09, 2013

La revolución pendiente y los medios de comunicación II

Pero ¿Qué es información y qué es opinión en la actualidad? Una grandísima parte de la información  es: filtrada, interpretada, descontextualizada, tergiversada, amplificada y algún "ada", más que no hacen más que adulterarla y por tanto desposeerla de su condición de información para convertirla en opinión. Algo parecido a lo que hacemos las personas al recibir la información que viene de nuestro exterior. Al percibir y procesar la información, cada persona sin tener conocimiento consciente de ello interpreta esos datos en íntima unión con sus estructuras cognitivas y sentimentales de manera que escoge su "particular cristal con el que mira".

En el periodismo de investigación, los medios actúan de parte en un juicio en el que se supone que el juez es la población, pero ellos son el fiscal y por tanto intentan acusar con pruebas más o menos consistentes. En ese proceso, existe una enorme diferencia entre un tipo de pruebas y otros, sencillamente porque determinadas pruebas que no serían válidas en un juicio por no ofrecer las suficientes garantías, pueden valer para los medios de comunicación que las "completan" mediante conjeturas disfrazadas de noticias en titulares llamativos. Eso es opinión con responsabilidad que en un juicio sería penal de toda necesidad por acusación falsa y con dolo manifiesto sino negligencia. Las pruebas in fraganti o con las manos en la masa, además de pruebas documentales originales que se demuestren no manipuladas son información, todo lo demás es opinión.

A día de hoy creo estar convencido que si preguntaran por un presidente de los EEUU que fuera el ejemplo vivo de las malas artes o simplemente el peor presidente, un gran porcentaje contestaría Nixon y posiblemente otro por razones de cercanía en el tiempo y beligerancia mediática incomparable, George Bush Jr. Sobre ambos presidentes ha existido una fiscalización mediática que posiblemente no hayan experimentado sus colegas en la Casablanca. Claro que lo que digo es una opinión ¿Ya lo sabían, no? Pero del mismo modo yo no pondría la mano en el fuego o no me jugaría ni un céntimo a que pudiera haber existido otros presidentes en el país americano que pudieran haber igualado o superado en malas artes las acciones de los dos "oficiales". ¿La diferencia? Los medios de comunicación, lo que no se publica no existe. Y está claro que esa responsabilidad no debe recaer únicamente sobre el peso de los medios, se debe partir de la base de la honestidad y no estigmatizar negativamente a nadie sino es con hechos objetivos. Yo no afirmo que necesariamente lo que no se publica es porque se sabe y no se desea publicar por determinados intereses dicho de forma general. En algunos casos, el poder y más en los EEUU, ha tenido modos de protección y sistemas muy celosos de su "intimidad" que han hecho imposible que la prensa estadounidense pudiera franquear sus secretos. Ahora bien, yo y conmigo muchas personas, saben de casos que ciertamente suceden en la actualidad que sí son voluntad de los medios. Por ello, para evitar caer en la automática conclusión de que lo que no se publica no existe, deben regenerarse los medios.

Existe una anécdota que he contado en este blog varias veces pero que es un ejemplo vivo de lo que hablo. Hace ya unos 20 años en la universidad central de derecho de Barcelona conocí a un señor que mantenía su particular cruzada contra Jordi Pujol, por entonces muy honorable presidente de la Generalitat. El hombre en cuestión era ingeniero de caminos, canales y puentes y estaba estudiando la carrera de derecho porque era la única manera de defender su justicia y su honor ante un coloso como Pujol. Tanto por conocer los entresijos de las leyes como incluso llegar a ejercer él mismo su acusación. El hombre explicaba sin contención su particular pugna a lo David y Goliath y nosotros, jovencitos de 20 años solíamos tenerlo como una rareza propia de la universidad. Lo cierto es que no recuerdo con detalle el litigio que mantenía con el presidente, pero un día se presentó con dos diarios en la mano y un gesto entre la satisfacción y la impotencia. Dos ediciones del diario El país, la de Madrid y la de Cataluña, en el primero hallabas por las páginas del medio de dicha edición la prueba de que el hombre decía la verdad. Con señales de victoria anunciaba que había ganado una de sus batallas ante un tribunal. Éste le había dado la razón, no dando plena satisfacción a la parte acusadora me parece recordar, pero sí en términos genérales que daban a entender que hablara de triunfo. Acto seguido abrió las páginas de El País en su edición catalana y......nada. Ni rastro de la noticia en cuestión. De hecho, ese ciudadano es tan anónimo como cualquiera de nosotros y sus acusaciones ponían en entredicho precisamente la honorabilidad del presidente de la Generalitat. ¿Conclusión? Eso no ha existido. Tengo muchas más anécdotas que no pueden ser divulgadas y muchas más personas conocen las suyas y seguirán siendo celosamente guardadas por las consecuencias que supondrían para ellos y sus familias la revelación. Noticias que conoces de primera mano, no por rumores lejanos o promesas de supuestos cruzados que han decidido cambiar de opinión y que demuestran que la información escoge u omite informaciones unas veces por voluntad y otras por sencilla incapacidad de llegar a todo. No en vano, de perogrullo es que la realidad es un sistema mucho más efectivo para usar como referencia ante lo que ocurre mediáticamente que jugar únicamente con las cartas que te ofrecen los medios. Con el simple ejemplo descrito imaginen ustedes la diferencia que la noticia hubiera supuesto de aparecer en la portada de La Vanguardia y el resto de diarios catalanes con el consiguiente seguimiento como han merecido para esos criterios editoriales otras noticias de presunta corrupción. No recuerdo el nombre del ingeniero de caminos pero por esos datos simplemente en google no aparecen como por arte de magia. ¡No existe!

El peso de los medios de comunicación es total. Son los dueños del escenario y ellos deciden si la obra será una comedia, un melodrama o una tragedia. Del mismo modo que se critica con razón que el sistema para formarse como políticos debería ser modificado ahora mismo, no se puede tolerar que un joven con poco más de veinte años pase a ser miembro en unas listas y cobre un sueldo superior a sus coetáneos que le ate como parte de un engranaje que sólo pide de él su mano en las votaciones, no es de recibo una sensación de poder similar (pero distinta) en el periodismo. Saber que puedes ejercer de fiscal y de altavoz a la vez con los que tienen el poder pudiendo pensar que eres una parte fundamental y erigirte en intermediario de la población y garantía de su libertad es un riesgo megalomaníaco muy susceptible de que se produzca. En la historia tenemos grandes personaliddes de los medios, tanto en portavoces de los mismos como en sus dueños y si no recuerdan nada miren la antigua pero excelente Ciudadano Kane. No hablamos ni de extraterrestres ni de hechos actuales. El deseo de poseer la información es un anhelo antológico que puede crear más adicción que el vil metal. La información en el siglo XXI es el mayor síntoma de poder sobre los demás. Uno puede manipular las conciencias de sus habitantes como las empresas eléctricas o las de carburantes puedan ponerse de acuerdo en mantener un sistema de precios evitando la competencia cierta. No nace alguien honrado o con unas habilidades especiales para ser distinto por el hecho de ser periodista o empresario de los medios.

Claro que los propios periodistas justificarían por activa y por pasiva su intervención. Son la otra parte en mi acusación general sobre la atribución desmesurada e incontrolable que suponen en una sociedad. Precisamente por no ser capaces, al igual que los políticos a los que se les exige esa generosidad y siguen actuando de parte, subjetivamente como humanos, debe acometerse la regeneración de los medios de comunicación. Esa es la utopía fundamental, la que permitiría conectar realidad con los ciudadanos y no la actual de un mercado informativo con venta de datos y maniobras de toda índole ajenas a la información en sentido estricto. La opinión y el interés no pueden ser los intermediarios de una sociedad por más tiempo y menos con todos los recursos tecnológicos a nuestro alcance.

Despierten cruzados y compradores de ideas ajenas. Levántense "odiadores" de desconocidos abducidos por hilos invisibles dirigidos a su fibra sensible, traten de averiguar la verdad de lo que está en su mano y conocer que muchas personas no son grupos identificables como amigos o enemigos, sencillamente son personas etiquetadas por intereses que en unos casos pueden ser de una calaña o no, pero que en realidad no lo sabemos sino que lo asumimos por que nos lo ha dicho alguien que tampoco conocemos. Sólo los seres que nos quieren nos dirán verdad o mentira pensando en nuestro bien, los demás no podemos presumir que ese es su deseo, por tanto yo no creo inteligente dejar en manos del juicio de un desconocido lo que existe y lo que no en un mundo tecnológico. La información debe dejar de ser formación y no dar posibilidad a distinguiir los honrados de los aprovechados en algo que nos ha salido tan caro a lo largo de nuestra historia. La revolución pendiente está con los que mandan de verdad, unos sabiéndolo, otros desconociéndolo pero exonerándose de sus responsabilidades, pero todos incidiendo subjetivamente en la sociedad conformando simétricos grupos con argumentos comprados. No. esto debe acabar y los periodistas honestos que buscan un mundo mejor deberían ser los primeros en levantar la voz. Algo que por imposible necesita llamarse revolución pendiente y necesaria.

viernes, febrero 08, 2013

La revolución pendiente: los medios de comunicación I

La sociedad y los grupos de opinión y de presión que se originan surgen como resultado de lo que éstos perciben. El resultado de la percepción de lo que ocurre fuera de nuestras casas corre a cargo de los medios de comunicación, es lo que viene a denominarse información y se constituye en un derecho fundamental de los ciudadanos.

Es por tanto fundamental que una sociedad sana, democráticamente hablando, perciba datos de lo que ocurre fuera de su entorno inmediato. Ahora bien, parece que no está en discusión el modo en el que los ciudadanos percibimos la información.

Existe un símil muy trillado que me viene muy bien para la explicación que quiero dar, y precisamente para darle un sentido completamente a la inversa. Muchas veces se habla de que existe gente que cuendo observa a alguien señalando algo, en lugar de dirigir su mirada al lugar señalado se centra en el dedo y se concluye aseverando que es el error. Eso es justamente lo contrario de lo que sucede en nuestra sociedad en sentido amplio (mundo democrático) en referencia a la información y no sólo hablo de noticias, hablo también y muy intensamente de entretenimiento. La gente asume que el dedo señala hacia el lugar donde está la realidad o el hecho y dirige su mirada automáticamente sin detenerse a pensar si el dedo señala lo que debe o lo que quiere. Ese dedo debe discriminar entre muchas realidades que suceden y no sólo eso, el dedo puede convertirse en una mano y abrir o cerrar el paso de la visión o recrear figuras graciosas que distraigan o centren la atención en lo que pretende.

En la actualidad no cesamos de ver y escuchar por parte precisamente de los medios de comunicación exigencias de una regeneración política como si los políticos, en este caso de nuestro país, fueran alienígenas venidos del exterior distintos del resto de seres humanos sobre los que hubiera que articular medidas más represivas. Al mismo tiempo, en televisión sin ir más lejos, podemos ver que los canales de los que forman parte algunos de esos periodistas, ofrecen programas en los que el culto a la propia persona, el éxito fácil, el cotilleo, la chabacanería, la relativización de los principios, la popularidad y otros arquetipos son protagonistas de su programación incluso en horario infantil. ¿Esos mismos medios exigen una regeneración política? ¿Se puede comparar el peso que tendrá la corrupción de un político determinado con unos modelos de vida y comportamiento ofrecidos a diario en horarios de tarde y susceptibles de ser visionados por jóvenes y no tan jóvenes?

Sí, es terrible la corrupción, pero acaso ¿Se pueden desligar los principios originadores que llevan a determinadas actitudes? Si yo veo un programa en el que unos jóvenes ansían la popularidad por demostrar malas maneras, lenguaje soez y demostraciones poco edificantes pero materialmente gratificadas...¿Qué posibilidades existirá de que un joven formado bajo esas influencias al encontrarse con la posibilidad de enriquecerse con facilidad desista de ello? Hablo de ejemplos que son una punta de lanza. Eso es el comienzo. La información es un arma tan poderosa que no existe élite o personaje estereotipado con ansias de dominar el mundo que no aspire a disponer de una cuota de influencia a través de algún medio de comunicación. Dejando de lado cuentos "conspiranoicos", los medios de comunicación son la única vía que tenemos los ciudadanos para conocer qué sucede más allá de nuestras casas.

El otro día viendo un vídeo en you tube leí los comentarios de un joven. El video era de un programa de Intereconomía dirigido por J. M de Prada que reunía a una serie de eruditos de corte conservador para debatir sobre un tema que daba pie una película. Algo parecido a lo que Balbín hizo hace unos años en La clave. Bien, el comentario es el siguiente:

estoy flipando con esta gente, se les pira mazo, mi abuelo ha nacido en el medio rural, no pudo ir a la escuela porque tenia que trabajar y vivir una posguerra por culpa de un fascista de mierda, y encima dice que su lenguaje de pueblo era más culto que el mío, como se nota que estos pijos de mierda viven en su mundo de fantasía y son incapaces de comprender el mundo real, sin comentarios con el resto de burradas que dicen, pero esto me llama la atención por la poca consideracion que tienen

No deja de ser llamativa la última línea del párrafo y una muestra de que el autor debe sentirse plenamente autorizado a juzgar a "esos pijos de mierda" refiriéndose a una serie de profesores y académicos, además de rezumar un odio considerable que le ha incitado a escribir semejantes palabras. Desde luego, al dar con el programa en cuestión me he dado cuenta que puede resultar tan trasnochado que resulta hasta inédito verlo mientras que los comentarios de este estilo, desgraciadamente abundan por la red. Es lo "normal".

Del mismo modo que cualquier persona recibiendo los datos que le dado sobre el programa en cuestión y mis aproximaciones sobre el tema habrá procedido a ubicarme y etiquetarme conviertiéndome en amigo o enemigo ideológico, la población actual pasa a "esquematizarse" por una información simple en contenidos y compleja en asociaciones sentimentales que logra captar su atención con el fin de conseguir su afiliación e identificación con el medio en cuestión.

En la actualidad los medios de comunicación son mercaderes de datos con los que, de un modo u otro, con diferencias a veces incluso muy sustanciales, se trata de influir en la opinión de la sociedad y acercarlos al prisma en cómo éstos la observan y la interpretan. La información de este modo se ofrece de dos maneras:

1) Escogiendo qué información se ofrece y cuál se omite.
2) Modulando la manera de brindar la información que se ofrece.

En ambos casos existe un criterio de elección editorial - periodística que es el que decide ambas cuestiones y ese criterio será necesariamente:

a) Independiente o dependiente en función de las servidumbres a las que tenga que corresponder el medio.

      a1) El ser independiente de una instancia o varias al menos sirve para descartar un compromiso con estratos de poder político o económico

      a2) Ser independiente no significa ni más ni menos. No se debe por tanto dar por sentado que la independencia de un diario conlleve imparcialidad, sólo implica desapego o desconexión directa con grupos de poder determinados.

      a3) Ser dependientes de un organismo político o económico en un porcentaje significativo implica directamente constituirse en presumible herramienta de la propaganda. La carta de libertad fundamental sobre la que un medio inicia su singladura y/o la continúa debe ser su independencia. Aunque el medio actúe como si fuera independiente, siempre existirá un factor de condicionamiento que pondrá en tela de juicio el criterio editorial y más si coincide necesariamente con unos intereses marcados y/o reconocibles.

b) Subjetivo. En tanto surge de seres humanos. y desde ese punto de partida:

      b1) Puede estar comprometido con una causa: la propia que considera superior al derecho a la información n la cual ésta puede constituirse en el medio propagandístico.

      b2) Comprometido con una pretendida imparcialidad y ecuanimidad teórica en el trato de la información. Algo que no se puede conseguir de ninguna manera pero menos a base de homogeneización, es decir, siendo todos los miembros proclives a una postura ideológica. Debe existir dentro del medio discrepancia de opiniones para publicitarse como plural.

      b3) Comprometido con la información haciendo pública una postura ideológica. En este caso no debe existir la pretensión maniquea de ocupar un espacio indeterminado de superioridad moral que precisamente busca su baza en no explicitar el sesgo ideológico de manera abierta.

     b4) Comprometido con la inforrmación pero interpretándola en razón a unos postulados ideológicos que no se publicitan identificables con nada en concreto.

De todas las opciones y sub opciones ¿Qué es la vida real y qué es información?

La independencia es asumible y existe hasta cierto punto. Las servidumbres en los medios de comunicación que no incluyen la variable dinero existen de un modo u otro por formar parte del entramado social. A menos que el medio sea declarado antisocial, la relación con el poder y la identificación particular de los miembros del medio así como las relaciones interpersonales con organismos anexos a éste pueden obligar hasta cierto punto a un convencionalismo o a marcr unas líneas con vistas a que no se cierren puertas en un futuro. De hecho en cuanto a independencia incluso es preferible que se de un punto de equilibrio puesto que una total independencia supone que el medio tiene una influencia y poder superior sobre el resto que le otorga una posición de influencia desproporcionada.

La subjetividad es un elemento propio de la especificidad de cada ser humano y por tanto una cualidad irrenunciable que, del mismo modo que se asume como un activo personal, debe concederse que implica un sesgo en el momento de expresión y como subjetivo que es, puede variar mucho entre individuos.

Aunque se cumplan los requisitos deontológicos y formales de la profesión un ser humano traslada una carga subjetiva que de un modo u otro trasladará en el modo de dar la información. Hay que pensar que hablo asumiendo la honestidad total del individuo. Hablar de otra consideración no cabe ya más que en la categoría de tramposos susceptibles en cualquier profesión.

La personalización en una profesión que precisamente es el resultado de la intervención de personas y su talento para ofrecer la información y conseguir una audiencia fiel ya implica unas dependencias connaturales ajenas a la independencia en otros ámbitos. El orgullo personal, la ambición y otros factores propios de cada idiosincrasia van con el periodista como ser humano.

Con todo ello, hablar de información se hace harto complicado. Información lo es en tanto se trasladan datos de unos puntos a otros, pero para merecer ese nombre concretamente en un caso debe permanecer incólume desde el hecho o manifestación publicitable hasta su exposición sin ingerencias ni variables extrañas que la distorsionen. Y es en ese punto donde debe eliminarse el sistema tal como está concebido, es decir, proclive y muy susceptible a la manipulación de la opinión ajena.

2013. Las tecnologías actuales permiten posibilidades impensables en otros tiempos de las que precisamente quien se debería beneficiar es la sociedad y no los medios como oportunidad de amplificar la influencia de sus altavoces. El streaming es ya un hecho normal, en poco tiempo será posible incluso diarios en materiales flexibles que incluyan video y conexión inalámbrica para los más reticentes a abandonar lo más parecido a un diario en papel. Las noticias, la información debe ser ofrecida directamente de las personas que lo son o se constituyen en noticia y no por intermediarios que a base de titulares o decisiones sobre su publicación u omisión  afectan la opinión del consumidor en referencia al objeto de la información. Los diarios sólo deben ser elementos de opinión e influencia como lo vienen siendo ahora, pero al menos asumiendo que lo que es subjetivo es lo que debe ser y no lo que supuestamente no debería serlo. Noticias ofrecidas por medios de imagen y sonido completas sin sesgo ni descontextualización, sin intérpretes que "traduzcan" la noticia introduciendo la propia visión que a veces es contraria al protagonista de la noticia. Un mundo en el que no caben los calificativos veraz o falso.

La revolución que los ciudadanos deben acometer para dejar de ser tratados como ganado es el de la información. El de la dictadura de aquellos que, amparados en un derecho fundamental, utilizan sus poderosos altavoces, no como un servicio de la sociedad, sino a la sociedad como herramienta de su realización personal, su éxito profesional y la tentación de un privilegio que a día de hoy no tiene ni el presidente de un gobierno cualquiera. Lo que es igual no es ventajoso y nadie debería sentirse más o menos perjudicado si su compromiso con la información es tan cierto como suelen afirmarlo al dar las noticias.

La pretensión de influencia en la población a pecho descubierto, es decir opinando en uso de la propia libertad de expresión y concediendo la prerrogativa de difusión que supone ser periodista y trabajar en un medio, es una expresión necesaria que todas las personas deseamos manifestar en mayor o menor medida y que en esas condiciones no cabe más manipulación que la habilidad oral o escrita del que opina.

En relación a las noticias no debe existir ingerencia e intervención de nadie que las adultere justificándose en una facilidad o pragmatismo que haga posible a ciertas personas informarse. No podemos renunciar al prefijo in- en la información. No se debe dar cabida a los titulares intencionados o llamativos que poco tienen que ver con el hecho; no debe existir la posibilidad de escoger unas noticias y rechazar otras más que para los ciudadanos que disponen de todas y eligen a voluntad; no debe facilitarse la inteligibilidad de las manifestaciones de personas que hablan con un lenguaje determinado. La justica intelectual pondrá a las personas en su lugar sin disminuir derechos, pues la información será ofrecida, pero aceptando la cultura de las personas en tanto es y la obligación de aquellos que quieren hacerse entender de un esfuerzo adicional. Se debe evitar ese supuesto trato de cliente preferncial de los llamados informadores que dan las noticias como abogados de sus consumidores. No somos ni amigos, ni miembros de un mismo club, somos clientes potenciales que pueden adquirir la información por un medio y cada cual trata de que sea el suyo.

Si los medios de comunicación se limitaran a ser un servicio transparente de información más un grupo de opinión abierta y reconocible sólo en el ámbito que en justcia les corresponde, viviríamos en una sociedad donde la información sería únicamente eso, información y no corrientes de opinión y manipulación de una sociedad que se limita a mirar donde le dicen que debe hacerlo.

Continúa en la 2ª parte

jueves, febrero 07, 2013

"Los medios de comunicación no son responsables"

Según Esther Palomera, los medios de comunicación no son responsables.

Desde este momento se asume la total impunidad sobre lo publicado por un medio de comunicación por eximente de "irresponsabilidad connatural al mensajero".

Esa frase junto a la similar en contenido de ayer: "los medios no acusan", se hallan entre las que jamás puede pronunciar un periodista, ya que, de hacerlo, asume inconscientemente un privilegio superior al resto de los ciudadanos de exonerarse sobre sus propias decisiones.

Claro que no estamos hablando de noticias que podrían definirse como naturales o de dominio público; no hablamos de sucesos (con un control y mesura sobre la carga de violencia o crueldad en los mismos cuando se ofrecen en diferido); no se discute aquí por supuesto que un medio de comunicación en muchos casos es un intermediario mudo de algo que está sucediendo sin tomar parte activa. No es ese el debate, no se hace hincapié sobre esos casos y análogos o similares. Se está hablando de las decisiones editoriales que cada día se toman sobre las noticias que ofrecer en primera página, el modo de vertirlas, el impacto de las frases y las palabras contenidas en titulares y encabezados, las fotografías y la decisión de colocar fotos favorecedoras o caricaturescas, los matices: calificativos, adverbios, determinantes y recursos varios dirigidos a enfatizar o deprimir una información. ¿Todo eso no corresponde al criterio de quienes publican? Parece que todo eso es "normal" entre los del gremio y se acepta como parte de un juego, el suyo. Las noticias de investigación y los descubrimientos que afectan a terceras personas sin que exista la certeza de lo que se ofrece. Nadie puede discutir que si existe algo totalmente cierto y contrastable sin fisuras, el diario tiene autoridad moral para publicarlo caiga quien caiga. Ante la verdad sólo debe responder quien ha mentido y los profesionales que trasladan la información con veracidad y no con un convencimiento personal u otras consideraciones que entrarían en el ámbito de intereses más oscuros o profanos, deben mostrar la cabeza bien alta.

Pero una verdad no es una verdad a medias. Una verdad a medias supone la invitación al público a interpretar lo que no se conoce y el medio puede "facilitarle" la labor con una intención variable en función de sus intereses partidarios. Eso ya no es periodismo, es publicidad y es incompatible con la información en democracia: es pura manipulación de masas y nada afecta que los que se sientan aludidos tomen la defensa inconsciente centrándose en grandes paradigmas o la evocación de derechos fundamentales que nadie discute y no son el objeto de mi crítica.

Eso es lo que defiende Esther Palomera: la irresponsabilidad de los medios de comunicación y yo me hago dueño de lo que entiendo significan esas palabras y la gravedad que implican pronunciadas por un/a profesional del periodismo. Imaginen que una persona difunde un rumor que ha escuchado sobre un tercero que éste le ha prometido que era cierto y le ofrece algún documento gráfico para apoyarlo. Lo que suceda a partir de ese momento es imprevisible en tanto el que destapa el rumor no tiene la certeza de lo que difunde sino la promesa de su fuente. El día a día está lleno de situaciones, de relaciones humanas en las que se difunden opiniones de otras personas, cotilleos los llaman, de gente que dice interesarse por nuestro bien y sólo dicen trasladar información. No es algo extraño ni lejano. Hasta los culebrones contienen este tipo de historias que explicadas de otra forma y con grandilocuencia pueden pintarse hasta de derechos de los ciudadanos o un canto a la libertad de prensa. Eso en el mundo de los medios hay que multiplicarlo por varios millones.

En el instante que un profesional del periodismo escoge las noticias en las que centrarse y declina ofrecer otras o modula el grado de ruido diferenciando la importancia por criterios únicamente personales o editoriales ya está mediando en la información y distorsionando la realidad. Imaginen ustedes si tienen responsabilidad...
 
La gente se manifiesta airadamente en las calles contra personas que no conocen. Asumen la realidad desde un punto de vista que despliega un prisma, una visión, una ideología, una manera concreta de ver y entender las cosas, tanto en el modo como en la forma. Desde decidir que unas fotocopias pueden poner en jaque la honrabilidad de un presidente de gobierno y hacer temblar los avances de cara al mundo financiero hasta entender que al hacerlo no se asume ninguna responsabilidad. Eso implica indudablemente un modo de hacer y de entender los principios fundamentales de la información de manera distinta a otros, de una manera supeditada a cualquier grandilocuencia que podría codearse con la demagogia, pero eso sí, de manera inconsciente y como defensa no solicitada, como si existiera gente que sin tener consciencia de ello saben que se hallan en una lucha ajena a la propia información, una lucha en la que no hay reglas con tal de derrotar al enemigo, una batalla que luego se puede glosar como "libertad" o "derecho del pueblo a conocer" estableciendo una oscuridad en el modo que esa información llega al pueblo, un fin mucho más importante que justificaría los medios a emplear y que se demostraría con frases emotivas que enardecieran a la población que no está por asumir más variables que buenos y malos.

La responsabilidad del periodismo es tanta o mayor que la de los políticos, pero unos están en la picota y otros los ponen, de modo que ese estado de cosas convierte a los periodistas y sus empresarios en controladores de opinión y élites que manejan la "verdad" de las cosas. Eso es así hasta el punto de que lo que no se publica o sobre lo que no se informa, no existe, del mismo modo que un juicio de valor con los altavoces de los medios pasa a ser una lápida totalmente independiente de la veracidad de los hechos. En un mundo de apariencia, los medios son los dictadores. Si ellos deciden ser justos, mejor para nosotros, pero si anteponen cualquier tipo de lucha o cruzada personal que afecte el modo en el que se deciden los énfasis y los silencios pasan a ser vendedores de información, traficantes de datos o sencillamente manipuladores. Eso con independencia absoluta de que lo hagan con intención manifiesta o desconocimiento. Las consecuencias no suceden por las intenciones sino por los efectos de las acciones.

Por ello, de nuevo, ¿Quién le pone el gran ojo a la prensa?. ¿Quién psicoanaliza a los periodistas y su independencia? ¿Quien conoce los intereses de los empresarios de los medios? ¿Quién antepone su orgullo personal y profesional a erigirse en mero espejo que no intérprete de la realidad?

Ya he dicho que el periodismo tal como está concebido y con el poder de alcance que tiene es la mayor amenaza de nuestra sociedad. Una lucha de egos como lo es el mundo en general sólo que con unas atribuciones que no tienen los demás y de nuevo, insisto, según algunos de ellos, ajenos a su responsabilidad.

Y no cabe la excusa de que la gente tiene criterio y opta con libertad entre los distintos medios. La gente escoge entre vendedores que les tientan con cantos pretendidamente afines y luchas empáticas disfrazadas de cruzada. Escogen entre la tienda de información aquellos que dicen veladamente que defienden sus derechos viendo y consumiendo su información y formando una gran familia de gente identificada capaz de tomar al asalto sedes políticas o manifestarse por cualquier elemento. ¿Acaso piensan los "irresponsables" que existe total bula para manejar tendencias de opinión y establecer guiones a las masas que únicamente buscan comprensión? ¿Acaso no saben esos desalmados que el ser humano a lo largo de nuestra historia ha justificado conflictos por justamente ese tipo de maneras de hacer? No, no lo saben, ni tan solo lo piensan. No pueden hacerlo, sólo deben creer que su causa es superior y están legitimados a ser contrapeso del poder cuando éste no les sonríe y difiere de las letras marcadas en su corazón.

La responsabilidad, esa palabra es la que marca a los dos tipos de personas que realmente existen en la tierra. Los aburridos de los divertidos, los resignados de los "libres", los capaces de inmolarse en silencio por los aclamados por una masa enfervorizada que toman como primer valor la cercanía y quieren un mundo sin sus enemigos a los que desconocen y creen lejanos. Todo cabe en un mundo justo, pero no tal como está actualmente conformado en el que el humor y la información suplantan como caballos de Troya lo que ciertamente corresponde a cosas serias que no por ello deben ser tomadas con gravedad.

Todos aquellos que delegan su responsabilidad en todo lo que hacen son los auténticos corruptores del sistema, de éste y del que sea.

Datos personales

Un excéntrico pensador que emplea este blog sin concesiones a la mesura ni a la inteligibilidad