viernes, mayo 29, 2015

Rajoy y la especialización

La capacidad innata que cada individuo contiene en algún área más o menos específica y que puede materializar o no es la especialización. O al menos, la especialización explica la toma de conciencia del propio conocimiento, capacidad o habilidad y su correspondiente desarrollo. Digo ésto porque ese es el patrón que rige mi posicionamiento ante todo y que va inexorablemente unido a una relación causa - efecto. Cada presupuesto con sus variables arroja un resultado y no otro. Por ello, es absurdo esperar unos resultados determinados, una esperanza sin fundamento, cuando la dirección tomada lleva a un camino diferente al pretendido.

Todo ésto que es tan sencillo en la teoría, en la praxis y más en razones de naturaleza humana, tiende a complicarse o a que lo compliquemos añadiendo o eliminando nuestras limitaciones en tanto no tengamos un conocimiento especializado innato sobre la cuestión que nada tiene que ver con el rígido e inflexible conocimiento académico o formal, que por amplio o ampuloso que pueda resultar, puede llegar a ser tan estéril como los resultados pretendidamente obtenidos. Lo idóneo es conectar las propias ccapacidades con el aprendizaje formal, ya que de lo contrario, puede darse el caso de que lo aprendido sea un conjunto de datos inflexibles que se aplican necesariamente bajo unas premisas reguladas y burocratizadas, como un médico aplica los protocolos de diagnóstico sin que su particular idiosincrasia añada un ápice de experiencia flexible y susceptible de crecer y desarrollarse. Al final, quienes aprenden formalmente sin una chispa innata de capacidad pasan a ser bibliotecas o burócratas andantes reconocidos por los legos o por los pares que no reconocen en su igualdad la mediocridad existente.

En el caso de Don Mariano Rajoy y Brey, la teoría se ciñe como un guante a su realidad. La de una persona capaz en unas determinadas áreas, e incluso muy capaz, pero que tiende a abrazar otras áreas ajenas a su especialización, o cuanto menos a designar a personas supuestamente competentes con el criterio en el que justamente no es suficientemente capaz. Eso puede llevar al personaje a dos posibles consecuencias: frustración personal por la falta de reconocimiento en aquellas áreas en las que sí ha demostrado ser capaz, pero también a que, llevado por una necesidad de defensa de su propia autoestima y autoconcepto, se enroque en una posición cerril y obstinada de resistencia a ver la realidad, parapetándose en su realidad, aquella en la que únicamente uno se describe a sí mismo en lo que es fuerte y capaz, resultando en ello la combinación: "todo lo que he hecho por ellos y me responden con esta ingratitud".

Ahora bien, una cosa es cierta, la valoración de una persona y de sus capacidades es o puede ser muy relativizada en función de los métodos a emplear y como no existe un libro fundamental de resultados sino un desbarajuste de teorías que se pueden contraponer, entre el caos académico disimulado por el extremo formalismo, siempre acabarán imponiéndose las actitudes personales que dicen que rigen el conocimiento formal. En resumidas cuentas, que el conocimiento formal suele irse a freír espárragos en pos de las intenciones personales y aspiraciones de un individuo. Cuando digo a "freír espárragos" no significo que no tenga una coherencia el estudio, teoría o hipótesis en cuestión, sin duda estará escrupulosamente garantizada por el método científico, pero los constructos obligatoriamente recreados para conducirse en forma cuantitativa, siempre estarán mediados por una nebulosa que será sancionada y amparada por todos los que tengan similar nebulosa en solidario acto de reconocimiento a sí mismo. ¿Resumen? Que al final, en todo lo que atañe a la naturaleza humana y a su análisis, toda consideración es una opinión por muy bien "vestida" que venga, y, como tal, solo los apoyos que tenga de gente capaz o incapaz, tanto da, serán los que la lleven a la aclamación o al destierro.

Es por ello que existe gente "capaz" de comparar a Mariano Rajoy y Pedro Sánchez en un duelo dialéctico o personas que creen que Miguel Ángel Revilla es alguien capaz de dar lecciones a la población y al resto de contertulios en un magazine nocturno. ¿Quién o quiénes les van a decir lo contrario?

Mariano Rajoy ha hecho lo que la mayoría de la gente capaz (demostrándolo) en algún área suele hacer: extrapolar la confianza personal que le da el área en la que es capaz a otras áreas en la que es incapaz, y el resultado es el que es. Me sabe mal decirlo, pero el Presidente no tiene dotes de dirigente, tiene dotes de gestor auspiciado por otro líder. Y un líder eficiente no es más que aquél que sabe designar a gente competente para una labor. Normalmente la gente competente se suele rodear de gente competente y al revés ocurre algo parecido, el problema es que a veces no sabemos para qué es competente la persona designada o sí lo sabemos y pensamos que su competencia se puede extender a otras áreas. Craso error. Un líder no debe únicamente extraer lo mejor de un equipo, que así debe ser. El quid de un gran líder es disponer de la capacidad de reconocimiento de patrones, o al menos rodearse de alquien que la tenga, para escoger a personas capaces específicamente para un sector determinado. Mariano Rajoy no tiene esa capacidad, lo cual no le exime en absoluto de las que pueda tener, que las tiene, y por tanto del reconocimiento que merece su labor por ello y que está muy por encima del alcance de otras opciones políticas mejor vendidas, pero la causalidad es y será inexorable y su juicio inapelable.

Es una opinión.

miércoles, mayo 27, 2015

El germen del populismo en España

En todo envite dialéctico o de comunicación en general, una de las mejores estrategias posibles es la de quemar la argumentación del contrario dándola por zanjada o asumida y desde ese plano arremeter con argumentos alternativos que dispongan nuevos objetivos. Un ejemplo: Zapatero y su gestión de la peor crisis que ha vidido España en Democracia. En el instante que alguien que no sea afín a la Izquierda empiece tan siquiera a mentar el nombre del ínclito ex presidente, el rostro del defensor de turno empezará a mostrar la previsible reacción con sonrisa irónica en ristre, armado con una frase tal que así: "si ya sabemos que Zapatero es el culpable de todo". Pero la respuesta es negativa, es un NO rotundo. Zapatero no es el primer responsable del desastre vivido en España, lo fueron todos los que le apoyaron en todo orden de cosas (y probablemente el interlocutor-defensor sea uno de ellos): votos, medios de comunicación y entretenimiento. Los que hicieron grande al monstruo y le dieron de comer son los auténticos responsables de lo que bajo su mandato se dió.

Ahora bien, ¿Recuerdan una de las cantinelas más escuchadas tras desenmascarar el despropósito optimista inconsciente de Don José Luis? "Todos los políticos son iguales".

Siguiendo con la referencia a los duelos orales entre políticos, un elemento que creo fundamental que debe aprender todo político (o quizás todo lo contrario) es que la justicia de la propuesta ideológica en política tiene un valor = 0. Lo importante no es el fondo de las cuestiones, con independencia de que aparentemente se defienda el fondo de las cuestiones, lo único ciertamente relevante es ser popular y captar acólitos. Es como los programas de radio y televisión pero elevado al exponente: lo importante es la audiencia. Imaginen una situación en la que uno se pone a hablar con un loco o un incapaz mental y pretenda convencerle de algo. Puede que el cuerdo acabe volviéndose loco porque no aparecerá súbitamente un ente ajeno a ellos con una venda y una balanza que se acerque y les diga: miren señores, los argumentos de fulanito son justos y coherentes y por tanto decanto la balanza a su favor. No, lo importante es la gente, el número que esté detrás para apoyar al cuerdo o al loco, al que más simpático caiga.

La primera reacción del que defendería a un loco, ofendido él o ella, justamente sería la de negar lo que digo amparándose en su buen juicio (el propio) para saber que nunca defendería a un loco, pero ni aunque le ofrecieran pruebas de que apoyó a alguien incapaz, aunque no fuera un loco, descendería de su baluarte defensivo en pos de su victoria y de los que dice suyos.

Existe mucha gente que si tuviera que buscar a un médico, a un abogado o a un asesor financiero o de la materia que sea, lo haría con un cierto empeño y rigor para acertar y con ese acierto, recibir las consecuencias del buen desempeño. ¿Imaginan que en lugar de eso buscaran a quien es más atractivo, próximo o cercano? Sin duda es algo que también debe ocurrir... y sus oportunas consecuencias. Pero es que existe gente que decide unas cosas con un grado de exigencia determinado y luego a la hora de votar o de escoger a su candidato político delega en su aspecto puramente emocional, aquél que le evoca en milisegundos rechazo o afinidad antes que tan siquiera pronuncie un vocablo.

Pues bien, ¿Recuerdan a toda la gente que votaba al Psoe? Eran muchos, muchísimos diría yo. Toda esa gente quedó indignada o huérfana de líderes una vez, primero con Felipe González y luego con J.L. Rodríguez Zapatero. Está claro que el segundo ha hecho muy bueno al anterior, pero en su día cada uno propinó una buena tunda a sus votantes potenciales. Toda esa numerosa población que daba una porción importante al título: "las dos Españas". Esa mitad zurda que pasara lo que pasara, nunca votaría al enemigo ya fuera por lo que entienden que son y a quienes se deben, ya fuera por una historia familiar que, como el abuelo de Zapatero, dejara esa marca de revancha que, como Scarlett O'Hara, juraría que tarde o temprano saldaría. Y en esas ha estado esa parte de la población.

El objetivo más grande de una indignación, si no se tuviera partidistamente definido apriori, sería aquél que ha perpetrado la calamidad y el desastre para ellos y sus cercanos, pero en España y sobre todo en política, sucede lo que antes decía: no importa tanto el argumento, sino que mucha gente diga algo en un sentido y a su vez sea defendido por otra "mucha gente". Es como la Independencia de Cataluña. No es relevante que años antes ni se pensara en ella por parte del grueso social catalán o que muchos que actualmente no pueden vivir sin ella, en tiempos no muy pretéritos hasta la rechazaran con contundencia, lo significativo e importante es que ahora la defienden, y el cómo o el porqué es lo de menos. Ya se pertrecharán con argumentos a domine escupidos por los actores y medios correspondientes hasta pintar la realidad al gusto de los actores principales y sus medios primero, y de los advenedizos reclutas defensores después. Lo importante es lo que decía: la gente, que se pueda hacer una V kilométrica. Es la política de hechos consumados que tanta historia y textos nos ha brindado la imprenta.

Cada cual se buscará la justificación que crea conveniente, como en la compra de un producto, en la que, o se queja airado exigiendo algo que se creía que iba a ofrecer el bien, o se autoconvence uno pensando que su compra ha sido la acertada aunque el objeto se caiga a cachos. La mentalidad humana ofrece opciones claras y discernibles, luego los propios humanos nnos encargamos de proveerla de una enjundia y complejidad que en realidad no tenía en el momento de la elección.

Y es que el populismo es la respuesta a toda esa gente que, votando al loco, al inconsciente o al incapaz, puede luego declararse irresponsable o "arresponsable" subsumiéndose en un grupo todavía más loco o incapaz pero que le mente a uno "solidariamente" uno por uno los tremendos problemas que ha tenido que sufrir, como si de un simpático colega de copas o mejor aún, como una compungida madre, comprensiva y caritativa, brindará no solo el regazo para las lágrimas sino la maravillosa y súbita solución: vengarse del que han señalado como culpable de sus males que siempre es alguien muy lejano, muy antipático y sobretodo muy rico y poderoso.

En ese punto, tenemos a una parte, tremendamente numerosa y poderosa, pero que se tiene por débil y voluntariosa, pero que señala a la otra como fuerte y más poderosa. Como ese Goliath al que el David de turno derrotó y pronto se produce la transposición imaginándose miles de Davides destrozando cajeros, apedreando a los polícias, montando barricadas y okupando viviendas. Los otros, que no están organizados y que los hay desde ricos señoritingos hasta personas de carne y hueso como los demás, pasando por despreciables seres humanos hasta santos en vida que dan la ídem por los demás, asumen la contienda con la resignación de quien sabe que no puede hacer nada. Ellos mandan, los miles de pretendidos "David" son el gran Goliath de una España juzgada por sus ínclitas huéstes en todos los medios en los que su voz se propaga por afinidad más que por razones y su autoridad es la única capaz de juzgar al resto como si de una Inquisición laica se tratara. La indignación tiene dueños, el diálogo también, la democracia también, la libertad también, en general las palabras bonitas son de ellos, son de la Izquierda y al resto nos queda ser los malos. Al final esos dos que se reparten la mesa y que nadie podrá juzgar o detener a tiempo de que se produzca el fatal desenlace. El populismo no es que haya llegado, siempre estuvo con nosotros y ahora han llegado quienes con más vista han sabido recogerlo y sacarle partido.

lunes, mayo 18, 2015

Política en redes sociales

Las redes sociales vienen a ser una promesa de potencial. De todo aquello que uno quiere imaginar llegar a ser. Dispones de un púlpito y de un público tan numeroso como tu capacidad por llegar a él.

Imagino que es posible enrrollarse acerca de las infinitas capacidades comunicativas de las redes, pero a mi me está llegando más pronto que tarde el hastío de ese efecto bucle que produce el patrón inequívoco del toma y daca.

Pudiera parecer que todas esas herramientas digitales confieren al hombre una libertad hiperbólica para escuchar y ser escuchado, pero a mi me está llegando a parecer todo lo contrario, un sistema de captación de acólitos capaz de organizar y categorizar mejor que ningún otro a las personas por sus afinidades grupales. Ya en general, en el trato humano directo sin necesidad de cachivache alguno, las personas solemos desnaturalizar a los debatientes rivales en razón a su bando convirtiéndolas en engranajes a los que hay que apoyar o combatir, ya que solo de ese modo, uno puede decir cosas que no le diría de tratarlo como una persona. En realidad, al hablar con una persona que se presenta etiquetada como de otro partido, estamos departiendo con la idea que tenemos de lo que representa y no con la persona misma. Calculen pues, eso mismo a través de la red de redes sin una cara de carne y hueso de por medio y el clamor de los propios seguidores tan dispuestos a aplaudir con las orejas cualquier ocurrencia que golpee al contrario.

Yo no puedo decir que venga a defender la paz digital entre hermanos y la ausencia de la fe tecnológica porque soy tan siervo y esclavo de ella como cualquiera, pero ello no quita que de vez en cuando encuentre las conversaciones más absurdas que necesarias. Pudiera parecer que la crítica es a internet, pero sería estúpido sentar en el banquillo a un conjunto de servidores para someterlos a juicio. No al contrario, la red de redes me sirve mejor que ninguna otra plataforma existente para hallar el mecánico patrón de aborregamiento humano que cada día transcurre inalterable, como ianalterables resultan las personas que día sí y otro también llegamos a hacer causa de unas palabras cuya compatibilidad y receptividad está cifrada, no por el contenido o la argumentación, sino por la predefinida afinidad de grupo.

Si pudiéramos objetivizar las conversaciones dando a los argumentos unas consecuencias tangibles demostrables que pudieran zanjar las cuestiones o discusiones ¿Creen acaso ustedes que la gente se daría por convencida y cambiaría de opinión? En absoluto, la esencia de las discusiones es la pertenencia al grupo y el papel que toma el debatiente en razón a su grupo y por ello, en contra del otro. De ese modo podemos concluir que en la red de redes y en la rivalidad en general por actitudes, lo de menos ya viene a ser una capacidad argumental o dialéctica. Podría ser más apreciable una correosa e inagotable obstinación fijada en el enemigo y capaz de taladrar sistemáticamente con un voluntarismo inexorable las "líneas enemigas". Desde ese punto, la red de redes no es más que publicidad en tanto nosotros seamos vendedores y tratemos a su vez con más vendedores.

En mi pueblo se presenta una candidata a alcaldesa y muchas farolas y postes están jalonados con su rostro sonriente y seguro. Bien, esa persona circula en coche por el pueblo en período no electoral y sin saber que era política no la hubiera votado ni el mejor de mis sueños. A los políticos, como a todos, se les observa conduciendo de camino a su casa, viendo cómo son sus hijos si los tiene, en el autobús, en el trabajo, en todas esas pequeñas cosas cotidianas que, se quiera o no, rezuman toda la verdad que jamás podrá atisbarse en la red de redes. Está claro que no podemos más que ceñirnos a lo que tenemos, pero les aseguro que hay tanto político y votante (personas) que no piensan jamás en hacer del mundo algo mejor que cuando veo a alguno y compruebo cómo pasa desapercibido entre la vorágine del toma y daca, de los ejércitos de voluntarios y de la afinidad de grupo, no puedo por más confirmar que todo va como tiene que ir.

viernes, mayo 15, 2015

El lenguaje de la vida

Todo lo que nos rodea se puede descifrar con un lenguaje determinado. Claro está que algunos conocen unos "idiomas", unos más que otros y, del mismo modo también existen incontables jeroglíficos que nos sumen en el desconocimiento y la necesaria especulación con la que sobrellevar la ignorancia.

Cada persona, en la escala que sea, tiene o sustenta un modo de pensar con el que conforma una actitud o planteamiento ante la vida. El mío pervive por el convencimiento de esa metáfora de los idiomas en las personas. Idiomas que definen la estructura del individuo haciéndoles capaces de descifrar unas cuestiones e ignorar otras, así, tal cual y con absoluta independencia de lo que pueda pensar o creer el propio interesado. De hecho, puede darse el caso y se da, de que personas legas en un lenguaje determinado se tengan, y lo que es peor: tengan para los demás, el título y la sanción formal que hacen creer a ambos que es un dominador de la materia.

Perogrullo nos diría que claro, es lógico que las personas son más capaces para unas habilidades que para otras, pero lo que no nos dice es cómo desentramar la concordancia de la propia capacidad con la motivación. Se lo dirá a quienes dominen el lenguaje del propio conocimiento, pero en un mundo de estímulos tan profusos e intensos, la posibilidad de confundir deseo, intención y metas, lleva a que el ratio de error sea grande. No obstante, mirando el vaso medio lleno, es lo que a fin de cuentas concede la libertad, la posibilidad de equivocarse justificada en las propias ganas y de arrastrar con ello a las desafortunadas víctimas que recojan las consecuencias.

Y así de ese modo, aún admitiendo que la ignorancia siempre tiene un punto de belleza que el saber siempre corromperá, la mayor motivación del ser humano es desconocer. Aquellos que más años viven son los que más se sorprenden de lo que les rodea, incluso habiéndolo vivido, directa o análogamente muchas otras veces. Así pueden volver a ilusionarse con la desmememoria de la enseñanza que no aprendieron pese a vivir la experiencia.

Y al final la poesía sigue existiendo, pero no por la rima consonante que tanto luce, sino por una causalidad inexorable que sólo se atisba por el que domina su lenguaje, aquél capaz de reconocer el patrón que le advierte de lo que va a suceder a continuación porque la experiencia análoga le representó que una suma de variables determinada conforma un resultado igualmente determinado. Lo mismo que las matemáticas en absolutamente todo. Una sencilla pero enorme consecución de combinaciones de variables que resultan en un efecto inexorable pero ajeno a la creencia de los seres humanos. Y de ese modo, la vida de los seres humanos transcurre por el número de señales que éstos saben reconocer que se demuestra en los idiomas que domina.

La sensibilidad en el propio idioma ayuda a hilar más fino en las variables, igual que un matemático más dotado neuronalmente en una zona específica de su cerebro es capaz de valorar un mayor número de posibilidades y por tanto descontar las inútiles disponiendo de una mayor probabilidad de acertar, en todo asunto, la sensibilidad es la plasmación de cuan bajo o alto llegará el umbral de percepción de las persona ante un estímulo dado. Y cada una tiene, en la combinación de sus estructuras cerebrales, una fórmula idónea para regirse en una materias con mucha mayor competencia que en otras. Lamento decir con ello, que el maravilloso eslogan que defiende que nadie pueda apartarte de tu sueño, la oda al voluntarismo y la intención, es para mi papel mojado. Lo dicho, un eslogan motivador de película palomitera que siempre toma la referencia de un ejemplo exitoso desdeñando y ocultando las innumerables frustraciones que se quedaron en el camino.Yo defiendo que todos tenemos un tesoro más o menos oculto, pero ni es necesariamente atractivo para la cotidiana normalidad imperante, ni tiene porqué coincidir con esos deseos que suelen surgir inconscientemente por obra y gracia del bombardeo publicitario circundante y la necesidad de todo individuo de ser alguien en ese escenario.

En la actualidad la oferta de sueños, expectativas y anhelos es hiperbólica gracias a los ubicuos medios de comunicación. Ello hace casi del todo innecesario la implantación de chips en los cerebros para dominar a las personas, ya que sin ellos la Historia se ha defendido muy bien aborregando a las masas y lo seguirá haciendo tan sencillamente mediante la técnica de la distracción de la atención y la rutina sistemática que todo lo puede. El entramado cuasi mecánico que coadyuva a que la vida vaya pasando en un suspiro al recrear siempre situaciones parecidas a las vividas los días anteriores. Algo que los inanes sentimentales suplen con chutes de adrenalina en deportes de aventura, en primeras líneas de manifestaciones o en cosas peores. Y así, cada pieza del ajedrez va ocupando su sitio y en ese juego, los peones son mayoría.

Al final todo se resume en esos lenguajes que conocemos, en esos patrones que somos capaces de reconocer y que pueden convertir una población en una torre de Babel porque cada uno habla el suyo y tiende a agruparse por la afinidad en el conocimiento de los mismos, hasta el punto incluso de que el dominio de un lenguaje aboca o incide o perrmite aventurar las preferencias de sus dueños.

El lenguaje no es una ideología, es la manera que el cerebro tiene de percibir y procesar la entrada de unos estímulos, asimilando unos y despreciando otros por las características estructurales de su cerebro maleado por la herencia genética y la "erosión" ambiental.

Y la pregunta consiste en saber qué lenguaje habla cada uno, en qué es bueno, sobre qué tendencias va a inclinarse un perfil de sujeto. El asesinato de la poesía, de la sorpresa y de los trobadores bien intencionados que sueñan despiertos aniquilando masas sin que se aperciban. La destrucción del eslogan caótico y rebelde que abona esperanzas a los que no han adivinado su tesoro y apuestan por el más atractivo matando si es necesario al que se lo ponga en duda. La ignorancia marca el devenir de la humanidad, la ignorancia por conocerse a sí misma, a interpretarse, a tener conciencia de sí misma, abandonándose a los impulsos que nos colocan en los maravillosos disparaderos del minuto de gloria y que se venden como un sentido del vivir.

Cada persona es especial en algo, pero dar con ello significaría sabiduría y orden...Y entonces, ¿Qué pasaría con los que se quejan de que desean un mundo mejor y culpan a los demás por ello? ¿Qué harían? Todo debe seguir funcionando. El caos y la ignorancia son nuestra zanahoria, la razón de nuestra vida y la mayor motivación humana. El anverso y el reverso de la moneda que nos incita a luchar y a maldecir. Detener el tiempo con la mirada y desentramar un rostro ocupa todo el universo. Las respuestas siempre están en una cara, en unas arrugas, en unos gestos, y los que no los tienen es porque les fallan los sentimientos productores de señales de experiencia en el rostro y con ello sus consecuencias.No hay acusaciones de bien o mal, sólo variables combinadas que dan resultados inequívocos. ¿Se imaginan saber de antemano que alguien es incompetente y pese a eso tener que sufrirlo? Pueden estar tentados a decir que sí por experiencias pasadas aparentemente evidentes, pero el mundo y la cotidianidad demuestra inexorablemente que la respuesta es no, con contadas excepciones que incluso convertimos en normales sin advertir los tesoros personales que cada día se lanzan al vertedero.

Sentémonos en el sofá, inyectémonos adrenalina, dominemos el mundo, colmemos nuestra ansia de ayudarnos ayudando, hagamos lo que hagamos, seguiremos mirando el punto de luz al final del tunel aunque ni haya luz, ni estemos realmente en un túnel.