martes, julio 14, 2009

Manipulación mediática

El término manipular, (del que vengo referirme aquí) se recoge en el Diccionario de la RAE como: Intervenir con medios hábiles y, a veces, arteros, en la política, en el mercado, en la información, etc., con distorsión de la verdad o la justicia, y al servicio de intereses particulares.

En un momento en el que la globalización es una realidad, podemos advertir que los movimientos ideológicos se van sintetizando convenientemente, superando numerosas y variadas manifestaciones que permanecen anónimas por la colosal competencia y recursos de las dominantes. Así se establecen unas doctrinas imperantes que se van erigiendo y depurando hasta alcanzar prácticamente un dualismo que puede ser flanqueado en algunos casos por otras ideas minoritarias pero muy resistentes a la desaparición. Igualmente, entre ese dualismo existen asimilaciones de posturas que, en algunos casos pueden resultar incluso antagónicas pero que el pragmatismo ideológico y la rentabilidad electoral en política precisan de unión. Ello no supone entender estricta y literalmente que el mundo occidental se divida en dos facciones de facto, pero sí establece que existe un interés real en simplificar los planteamientos para hacerlos coincidir con malos y buenos como paso previo al advenimiento de una única doctrina hegemónica.

En estas líneas pretendo analizar la manipulación mediática como concepto autónomo y definido, referido a conjunto de recursos de alcance global capaz de someter ideológicamente a una sociedad.

Al hablar de manipulación mediática habría que tomar en consideración una serie de requisitos:

1-. La voluntad de obtener el control de la sociedad.
2-. Emplea recursos psicológicos y sentimentales.
3-. Debe ser lo suficientemente discreta e invisible para pasar desapercibida.
4-. Debe constatarse como efectiva.
5-. Se vale de la propia sociedad como mayor y mejor herramienta de difusión y presión.

1.- La manipulación se vale de un propósito cercenador de la libertad que es consustancial al propio ser humano. Dicho propósito no es, en muchas ocasiones, un acto de voluntad consciente, sino el resultado de la natural idiosincrasia de los seres humanos a imponer lo propio; una tendencia consciente o inconsciente a tratar de adecuar los comportamientos ajenos para que nos resulten más favorables. Algo común en muchos matrimonios a modo de ejemplo cotidiano. Pero al hablar de manipulación estipulamos que debe existir un plan específico para llevar a efectos ese propósito de modificar y adecuar los comportamientos ajenos, una voluntad implicada con un interés definido: el control. En ese estadio de cosas, planteamos conscientemente una trama dirigida a un fin.

Conviene distinguir entre voluntad e interés particular al hablar de manipulación en sentido estricto. La voluntad implica el deseo que se anexiona a un fin, pero éste no debe ser necesariamente basado en el interés particular, al menos conscientemente. Me explico, es común entre las personas anteponer la idea de un mundo mejor que puede variar entre individuos, pero que se supone defiende un concepto altruista incluso sentido muy personalmente como sincero por parte de los pensadores. En este punto nos movemos entre las pantanosas aguas del concepto de libertad en los seres humanos.

Cuando aceptamos la existencia de un método dirigido a un fin, estamos anteponiendo unos preceptos sobre otras consideraciones, justificadas por ese fin, lo que implica la necesidad de vertebrar jerarquías y principios establecidos como superiores. Por ejemplo, si el método fuera "vive y deja vivir", estaríamos anteponiendo la idea de no ingerencia en casos de probable conflicto entre individuos por razones endémicamente sentimentales y por tanto una obligación de todos a actuar de una manera determinada que sería forzada. Siempre la libertad en sentido puro se ve sometida a sobrepasarse en cualquier modo de organización socio-cultural. Ello podría llevarme a consideraciones más complejas acerca de la libertad que nos distraerían del asunto esencial y que no tendrían sentido en el caso que nos ocupa.

En cualquier caso, quiero resaltar que la idea de manipulación en sentido estricto dispone de una connotación peyorativa en tanto que actúa contra el libre albedrío de los individuos, pero no necesaria ni obligatoriamente por un interés egoísta. Pondré otro ejemplo: un niño retrasado o menor que arriesga su integridad física por ignorancia del peligro puede ser manipulado por un adulto convenciéndole de que se aparte de la zona arriesgada. No en vano, el juego del interés y la finalidad puede ser una manipulación en sí misma y un medio en vez de un fin. Por ejemplo: la intervención en un momento adecuado para rescatar a un niño retrasado con vistas a ganarse el favor popular y erigirse en referente moral con el que poder influir al grupo.

En este texto, sólo quiero centrarme en aquella manipulación que nace de un propósito inicial dirigido a la satisfacción de un fin egoista, el cual urdido hábilmente mediante consideraciones atractivas o aparentemente altruistas, se vale de las mismas para convencer y generar acólitos por convicción que no conniventes. Algo que relatado así suena vil y malentencionado, sucede a diario aceptándose con total normalidad en nuestra sociedad.

Si digo lo que acabo de decir y posteriormente me refiero a un alimento para niños, un automóvil, un perfume, un reproductor de mp3, un abrigo, un seguro de vida, un club de tenis, un juguete, un programa de tv, una película, una bebida energética, un libro, una pluma estilográfica, y así un inacabable etcétera, veremos que todos tienen en común un nexo: la necesidad de ser vendidos. ¿Qué son por tanto toda esa retahila de anuncios y publicidad a la que estamos sometidos sin cesar los ciudadanos sino un intento de manipular nuestra voluntad? El marketing y la publicidad se constituye en un pilar fundamental en toda empresa con cara y ojos que desee ofrecer sus bienes y servicios al gran público. Los presupuestos destinados a ese fin no son precisamente una minucia. Existe gente que cada día acude a sus oficinas por disponer en renta su cerebro con el fin de crear ilusiones a los ciudadanos sobre su producto en particular. Estrategias de toda índole que pretenden atrapar a personas para que pasen a conformarse en clientes de su marca o producto determinado. Esas personas, no son más que trabajadores que quieren ganar un sueldo y mantener a sus familias a su vez influenciadas por estilos de vida ya ejemplificados por toda una sociedad de consumo. Es el sistema y no vengo ahora a ponerlo en entredicho, pero sí conviene ser conscientes y detenerse un instante a pensar como funciona nuestra "maquinaria" socio-cultural.

Sería un tremendo error tratar de demonizar algo que surge en la mayoría de individuos como una necesidad aceptada con normalidad por no existir otra, o al menos otra mejor que llegue a ser viable con unos mínimos ratios de libertad. De hecho, nuestra sociedad acepta una serie de servidumbres por percibirlas consustanciales y cotidianas sin mayores planteamientos. A fin de cuentas, todo es posible explicarlo de alguna manera o incluso describirlo tal cual parece ser, trasladando interesadamente sólo ideas positivas, negativas o lo que suele acompañar a toda iniciativa: pros y contras.

Mi pretensión sería poner de relieve aspectos de nuestra civilización que por admitidos no se suelen analizar ni un instante, pero que sometidos a un mínimo escrutinio nos pueden aportar un conocimiento cuanto menos interesante que solemos pasar por alto a la hora de ponderar qué es la manipulación mediática .

2.- La manipulación, tal como me vengo a referir, se vale de recursos psicológicos y sentimentales porque implica el fomento y traslado de una determinada información sobre unos destinatarios con vistas a alterar y modificar sus actitudes en favor del manipulador. Porque quiero hacer constar que, en todo instante estoy hablando de manipulación mediática no de la información, sino de las personas destinatarias. Es cierto que a veces se habla de información manipulada, pero en ese caso estaríamos simplemente haciendo una descripción de los medios empleados sin abarcar toda la complejidad que conlleva un acto de voluntad referido a un fin, comentado en el punto anterior. La voluntad de controlar los ánimos de terceras personas es siempre el propósito de la manipulación, por tanto los potenciales manipulados o manipulables son los individuos a través de ardides sentimentales y psicológicos.

Al afectar a la psique del individuo, el caso es bastante complejo y afecta de modo muy diferente en función de las personas y, concretamente en base a su modo de pensar, que no sobre su inteligencia. De ahí que no deben sentirse ofendidas aquellas personas que se tienen por muy capaces intelectualmente, en según qué casos debería ser al contrario.

Es posible haber empleado u oído en alguna ocasión la expresión: "es como una esponja", en referencia a la capacidad de absorción de datos e información que determinado sujeto dispone de manera natural.

Las personas somos de naturaleza permeable a la información exterior. Mal asunto si fuera al contrario, pues seríamos como un programa informático al uso, destinado y limitado a una serie de funciones sin capacidad de aprendizaje real. De hecho, esa permeabilidad es uno de los rasgos más reseñables de nuestra condición humana y la que nos permite evolucionar a lo largo de una vida a través de la experiencia.

Empleo y uso de la información.

Sentando una capacidad natural de las personas a "empaparse" de la información proveniente del exterior mediante su percepción, también conviene remarcar la diferencia ya citada en el punto anterior referida a la manipulación y su objeto. Como decía, cuando se trata de someter a control a otros individuos, se efectúa por un motivo que puede variar exponencialmente en razón a la voluntad del manipulador. Quien que haya sido padre, no ha tratado de adecuar la conducta de un hijo para reconvertirla de modo favorable supuestamente hacia los propios intereses del niño, con mayor o menor eficacia, pero con la voluntad de modelar su temperamento. En estos casos (siempre presumiendo la buena fe), no hablamos de manipulación en un sentido negativo y utilista sino de empleo de la información, precisamente con vistas a una formación.

En el caso de formación, a diferencia de la manipulación egoísta, no se cumplen los siguientes requisitos:

- Sobre la voluntad, la motivación surge del afecto y amor sobre los destinatarios.
- No precisa de efectividad necesaria. Con la mera intención se pone de manifiesto una voluntad altruista.

Las excepciones que vienen a confirmar la regla, sólo ponen de manifiesto el incumplimeinto de los dos condicionantes aquí explicados: o una falta de afecto y amor por parte de los progenitores y por tanto, un simple interés egoísta; o la imposición de una efectividad sin atender los intereses del hijo sino los propios. Algo que, desgraciadamente puede ser común en familias desestructuradas o con antecedentes traumáticos en alguno de sus componentes, además de irregularidades psicológicas que ponen demasiado énfasis en un aspecto siempre interesado.

La manipulación requiere el uso del destinatario a través de la información, por ello éste se convierte al unísono en medio y fin para ulteriores objetivos siempre interesados.

Es importante valorar siempre esos condicionantes pues, efectivos o no, atienden a la voluntad e intención de los individuos. Un aspecto muy importante a considerar si pretendemos enjuiciar la formación de cualquier menor, entendiendo la nuestra como referencia válida.

La idiosincrasia humana proclive a la manipulación

La manipulación requiere de un acto consciente, pues es el manipulador el que mueve los hilos del manipulado. No obstante, el control sobre un individuo o varios induce a su vez a éstos a propagar la idea instigada ignorante/s de las motivaciones originales. El objetivo a fin de cuentas es insertar un concepto tramado de antemano para hacerlo cuajar entre la sociedad. Por ello, es muy delicado efectuar juicios de valor sobre personas que íntimamente defienden una idea o postura con una raíz manipulada, sobre algo de lo que se han hecho propietarios y que ya entienden parte de su propio criterio.

Para facilitar la entrada de ideologías y conceptos nuevos, resulta idóneo acoger una serie de principios que ayuden a consolidar y fortalecer a esos. Principios que en el caso de la manipulación, requieren de un fuerte exponente sentimental como recurso más efectivo.

El caso de la Alemania nazi es un ejemplo muy interesante que nos ayuda a entender un poco lo que estoy comentando. Partiendo de un juicio simplón y a veces pretendido que se limita sistemáticamente a diferenciar buenos y malos en todos los conflictos entre humanos, se podría dirimir que gran parte de la sociedad alemana era sencillamente malvada, racista y genocida, pero siempre esos juicios de valor se hacen desde el contexto radicalmente distinto que han vivido los protagonistas y con una pretensión definida del erigido en juez improvisado. El ser humano tiende a su exoneración por defecto y a acoger con cierta facilidad determinados postulados pretendidamente heroicos, altruistas, patrióticos y potenciadores de lo propio a fin de cuentas, para salir airoso de las distintas situaciones coyunturales. Claro que existen excepciones, pero éstas vienen a confirmar la regla. En cualquier caso, en toda sociedad que ejerce presión por causa política alguna, no se vociferan valores de maldad, destrucción, ambición, etc., sino al contrario, razones de defensa de valores propios que necesitan de una protección tal que no permite apartar la vista a otras consideraciones que se entienden desestabilizadoras. Todos son "buenos" cuando el asunto de defensa es lo propio y lo mejor es vestirlo adecuadamente para que no existan grietas en la conciencia de los individuos. El nazismo era una perfecta máquina engrasada de propaganda de esos valores propios, "mejores" que los de los demás, ejerciendo el tan efectivo recurso de la autoridad moral.

Pues bien, la manipulación de la terrible Alemania nazi, no es una rara avis. Sí el hecho de un agitador y eficiente estratega que acoge la demencia de la conquista y el genocidio. El caso de un profesor de instituto en Palo Alto (California) en 1969 lo vino a probar. Éste logró en una semana, con el pretexto de un trabajo en clase, constituir un grupo cohesionado y excluyente de alumnos que trataban de someter a los demás a su yugo con señas e identidades bien marcadas. Vamos, un partido nazi en miniatura.

Los pretextos psicológicos humanos son muy numerosos y los que pasan a ser víctimas efectivas de una manipulación consciente, es como si se convirtieran religiosamente. Acogen con visceralidad y anexionando la ideología a parte de su personalidad gracias a procesos de afinidad de grupo. Algo que incluso ha sido estudiado científicamente por responder el cerebro a patrones semejantes. Ya en actitudes usuales de individuos a lo largo de la vida, éstos tienden siempre a justificarse automáticamente por sus acciones, conformándolas en positivas cuando son defectos de manera que no es un reconocimiento sino uin maquillaje. Puede tacharse uno de "demasiado bueno" cuando no se ve capaz de tomar decisiones taxativas en momentos importantes; puede considerarse uno "plural" cuando no tiene un criterio definido; puede llamarse generoso al pródigo que derrocha sin control; puede justificarse la "medianía intelectual" por cualquier derecho que le acoja semejante al resto en las consideraciones que todo individuo posee con independencia de sus aptitudes, etc. Lo normal es siempre buscar un eufemismo adecuado que muestre una acción determinada del mejor modo posible.

En resumen, el ser humano es víctima potencial de la manipulación por una serie de características afines a su condición de individuo social:

Todo individuo tiene una raíz social consustancial a su esencia. En mayor o menor medida, todos necesitamos relacionarnos con nuestros semejantes al menos alguna vez en la vida. En esa tarea, cada ser humano inconscientemente analiza a los distintos sujetos con los que va tratando y establece unos juicios de valor igualmente insconscientes sobre aquellos que pueden definirse coloquialmente como "tener o no química". Así, las personas tendemos a querer relacionarnos con determinados tipos de personas y rechazar otras por unas razones que rebasan consideraciones racionales. Una vez más, las personas lo definimos como "nuestra elección", cuando lo más curioso es que ésta responde al inconsciente. Por ello, cuando nos declaramos afines a una idea o escogemos una opción, si queremos defenderla a posteriori, deberemos articular a posteriori razones favorables que la justifiquen y no las causas reales que responden a una implicación surgida del inconsciente. La manipulación por tanto, supone jugar con elementos no conscientes del individuo para que éste luego asocie los inputs con sus propias razones ya favorables o desfavorables articuladas a posteriori. Mediante simples procesos de asociación de ideas se puede lograr ese cometido.

Asociaciones de ideas

La asociación de ideas es el medio oral/escrito más efectivo de manipulación. Consiste en otorgar una semántica particular a las palabras y oraciones. Cual silogismo se trata de conferir unas consecuencias determinadas a unas causas que sucederían: "en caso de" y que implicarían "dado que", es decir, el manipulador confiere a los presupuestos un significado conveniente asociando indefectiblemente causas y consecuencias para que queden irremediablemente unidas y enquistadas. Un ejemplo sería un eslogan determinado. Una frase machacona que vende las cualidades de un producto de tal manera que llegas a entender normal su asimilación. Las connotaciones que rodean a la palabra o frase llegan incluso a desnaturalizar la esencia de la propia palabra o frase ejerciendo un atractivo o negatividad. Así, podría hablar de palabras como "rebelde", "diálogo", "ambición", sabiendo de antemano si propiciarían en determinados individuos aceptación o rechazo con independencia de la semántica de cada una.

Un ejemplo de asociación de ideas muy cotidiano es la rumorología. Diferentes informaciones no contrastadas que incitan a mostrar confianza o desconfianza sobre un individuo o varios por anexionar los únicos datos disponibles como variables absolutas conocidas sujetas a juicio de valor.


En proceso...

Continuará