viernes, diciembre 31, 2010

La ilusión de la expectativa

Las personas, como seres sociales y permeables que somos, somos susceptibles y vulnerables a la influencia externa. De hecho, es todavía más. Somos dependientes de la influencia externa. Gracias a ella modelamos un criterio y forjamos un ideario personal de combinaciones distintas entre apegos y experiencias. En ese camino, el registro emocional es la clave que ayuda a sellar con qué ideas nos identificamos y cuáles rechazamos y es precisamente en ese proceso donde el ser humano se ve más frágil y al descubierto de oscuras intenciones de terceros. Todo el corolario de emociones de un individuo, con independencia de como sea éste, marcará su criterio y posicionamiento personal ante las circunstancias.

Las emociones están presentes en todas y cada unas de las situaciones que nos rodean y no son necesariamente llamativas y evidentes. Cada acto viene regido por un imperativo que domina nuestra acción y que viene determinado por esas emociones que luego justificamos sin tan siquiera atender su presencia.

Las decisiones que a diario tomamos son el resultado de un proceso inconsciente que en determinados casos es además consciente, pero que siempre y repito, siempre, responde a consecuciones causa y efecto modeladas por circunstancias que nos rodean en combinación con nuestra personalidad. Algo poco romántico y muy matemático. Un mundo de combinaciones que pueden ser predecibles hasta el punto de que un elevado porcentaje de empresas por doquier a lo ancho de este mundo disponen de edificios enteros para adivinar y acertar anhelos y deseos de tantas personas con el fin de colocarles sus productos.

Existen muchas bases sobre las que asentar las razones universales de la manipulación social, pero hoy me centraré en una de ellas: la expectativa.

La expectativa como tal es uno de los pilares emblemáticos de la manipulación humana y a la vez su gran talón de Aquiles. Sobre ella se someten a poblaciones enteras y se comienzan guerras o se pueden justificar cualesquiera acciones posibles.

En las pocas experiencias que he tenido como monitor de niños o incluso profesor de jóvenes por circunstancias de mi vida, he podido observar lo fácil que es manipular la mente de los menores y lo que es más llamativo, en muchos casos se puede observar en ellos una reproducción válida de las actitudes de los mayores únicamente sustituyendo el tipo de bienes pero con el mismo elemento en común: que todos presentan una expectativa que lograr.

La expectativa puede ser de muchas maneras, pero siempre es más universal y generalista cuando más intangible o simbólica resulta, de modo que puede acoger a mucha más gente a su causa. Si ofreces una expectativa material concreta corres el riesgo de la criba que suponen las preferencias de los individuos más marcadas e igualmente concretas, pero cuando estableces una referida a ambigüedades o un hito aparentemente salvador, el ser humano se encarga de poner el resto idealizando la cruzada hasta el punto de convertirla en el centro de su vida, con independencia de las consecuencias ciertas y reales que ésta produzca. Es más, incluso aún observando que en muchos casos su ilusión puede ser perjudicial y un espejismo con el que distraer actos ciertos y reales que nos darían mayo felicidad tangible, decidimos seguir su estela apartando de nuestro camino los "obstáculos" que empañen el objetivo principal.

De ese modo, muchas sociedades supuestamente avanzadas caminan ciegas acusando a otras de ser las erradas con incluso los mismos argumentos de que son acusadas. A lo largo de la historia, son numerosos los ejemplos de sociedades aparentemente adormecidas por un estatus concreto que hace creer a sus habitantes hallarse en el estadio de la normalidad y con autoridad suficiente para juzgar a las dispares. A base de medios de comunicación y herramientas mediáticas dominantes, se logra generalizar esas "normalidades" para enfrentarlas con las discrepantes.

La diferencia que sazona a éstas es una necesidad mayor de soflama o conjeturas emotivas que pasan desapercibidas para sus receptores pero que son los interruptores necesarios con los que atrapar todas esas mentes en pos de la gran expectativa. Nada tiene que ver en ello la inteligencia de los ciudadanos, pues el nivel de apego en un individuo puede ser modulable tanto en un lerdo como en un genio.

El gran problema de la expectativa es que se forma como un tumor que alcanza al resto de partes sanas o aquellas intenciones que sin su presencia, no se verían mediatizadas en modo alguno.

Cuando ésta es intangible pasa a ser perfecta y se convierte para la persona que la sigue en su "solución", en la panacea con la que mitigar o dar respuesta a sus problemas y a vez se entra en la adicción a su causa mostrando de resultas, el necesario apoyo incondicional que requiere su defensa. Todo y que no conoce los resultados ciertos de su logro.

No hay que confundir la expectativa con un camino de mejora personal, aunque el segundo pueda formar una expectiva al materializar el objetivo concreto como un deseo a conseguir. La expectativa es la materialización de lo que las personas ambicionan recreando las emociones que el anhelo humano dispone en estos casos.

Si algo caracteriza una sociedad global rodeada de medios que nos "informan" constantemente de todo es a generar expectativas por todos lados. De ahí que el único antídoto cierto es disponer de un auténtico orden de prioridades y desde ahí disponer el relativismo donde le corresponde, en la paja de un mundo que es un gran mercado de productos y servicios en todos los terrenos, disciplinas e ideologías.

miércoles, diciembre 15, 2010

¿La verdadera independencia informativa?

Ayer, martes 14, estuve echando un vistazo a la televisión por la noche y pude comparar dos estilos claramente diferenciados, dos entrevistadores radicalmente distintos. Por un lado en Veo 7 aparecía flamante, la punta de lanza de ese grupo informativo: Pedro J. Ramírez y por otro, titubeante y con ya próxima su fecha de caducidad, un tímido Iñaki Gabilondo que parecía limitarse a cumplir el expediente a sabiendas de sus expectativas en el programa del grupo Prisa.

Desde luego, entre la moral de ambos, ésta juega muy a favor del director del diario El Mundo, pero las razones que justifican en uno y otro hegemonía y declive son a mi entender profusas y se pueden enumerar sin demasiada dificultad.

Con los oportunos matices que cada cual haría para salvaguardar su imagen, no se formaría mucho revuelo ni polémica si dijéramos que Pedro J. tiene una perspectiva liberal y Gabilondo, socialdemócrata. Pero el problema surge cuando recordamos que ambos son periodistas y trabajan en medios que se les supone un interés en informar a la población. Problema cuando el modo de pensar o de preferir un modelo de Estado interfiere en la manera de hacer periodismo afectando incluso una pretendida independencia que es muy fácil de pregonar pero muy difícil de cumplir.

Es cierto que en la actualidad, el rigor de la palabra y especialmente en la semántica ha quedado muy desvirtuado, de modo que no parecen existir diferentes calidades de escrutinios u opiniones sino libertad de opinión para enmascarar y cubrir la enorme diferencia entre unas y otras aceptando todas, no por esa libertad que se supone en democracia, sino por el mero hecho de ser apoyada por un grupo detrás que insiste y resiste en la defensa de su propuesta. Es posible así aceptar que alguien con un estilo tosco y populista pueda equipararse a alguien formado y escrupuloso, que no impostado, porque entre la población mucha más gente víctima de las leyes de Educación se sentirá identificada con el primero.

Ayer, disfruté con la presencia de Pedro J. Ramírez por varios motivos, pero fundamentalmente por uno. En casi todas las apreciaciones o preguntas del periodista, aplicaba sin ornamentos presupuestos causa y efecto, es decir, no se limitaba a formular preguntas o razonamientos que podían quedar al albur de las circunstancias que determinara por su interés el entrevistado o invitado, sino que asignaba con la lógica de la coherencia cada una de sus cuestiones.

En CNN+ era justamente lo contrario. Las preguntas eran a gusto del consumidor, en este caso del entrevistado: rígidas, preconfiguradas, arquetípicas, que no sólo no arrojaban nueva información o un interés informativo, sino que coadyuvaban en demasía el correspondiente mitin del político de turno.

En el programa del director de El Mundo, podía incomodar sin reparos al portavoz del PP insistiendo con lógicas de hechos infranqueables como a una ex Ministra del Psoe combativa hasta la saciedad a costa de liquidar argumentos lógicos con la imposición de su "lógica". Eso es independencia a sabiendas, o pese a las preferencias idelógicas del prócer mediático.

No así en el caso del periodista donostiarra que apenas gesticulaba y admitía a trámite cualquier consideración de su interlocutor con independencia de que pudiera haber dicho Gobierno o culo.

Como es razonable pensar, cada persona tiene su propia idea de información o modo de hacer periodismo, si es que la tiene. La mía es muy clara y nítida y se acerca mucho a la desplegada por Pedro J. Ramírez. Algo parecido ocurría, con las evidentes diferencias de modo y trato, con Mónica Terribas, que aún sabiéndome en sus antípodas ideológicas, le reconozco un estilo tremendamente independiente para un medio como TV3 que es una balsa de aceite ante determinados partidos o propuestas políticas. No es que entienda y afirme que se mostraba exactamente igual con todo el mundo, porque pienso que era mucho más inquisitiva con unos que con otros, pero en el país de los ciegos el tuerto es el rey y ser un tuerto en el medio público catalán por excelencia merece una mención de no poco valor.

Tampoco Pedro J. es el mismo con socialistas que con populares, pero desde una perspectiva de hechos demasiado contumaz por evidente, la responsabilidad de Gobierno y en este caso, la posible crítica a la falta de la misma, no es igual en unos que en otros.

Pero es que si de alguna manera vale para algo la ideología, para el periodismo y la información me quedo con el liberalismo mas audaz y atrevido que sea posible, abandonando exageradamente solidaridad y camaradería tan sectarias y partidistas en determinados medios que, para colmo, tienen la desfachatez de situarse como independientes. La prensa debe ser un contrapoder, no un panfleto connivente del poder y las referencias deben ser servidas por la lógica de los hechos y las decisiones tomadas en lugar de ratios de audiencia o predominio ideológico. No coincido en algunos aspectos con El Mundo, pero sí apoyo la línea básica de fiscalización y entrevistas cuanto menos incómodas a los que se suponen deben servirnos por sugragio universal y no al revés. Sólo con eso, se postula como el diario más independiente del arco mediático español y explica los motivos de su éxito ante tanto partidismo mediático. Es como si fuera "por libre". Como si los políticos y gobernantes exclamaran en sus conversaciones informales: -."De Pedro J. no te puedes fiar". Un auténtico cumplido si tratas de saber los porqués y algo de lo que a buen seguro no pueden presumir muchos otros grupos editoriales, que son apoyos seguros de los bandos correspondientes.

El tan propiciado en estos tiempos del "y tú más" debe aniquilarse con la lógica causa, efecto, pero es indudable que para que ello tenga calado popular es imperativo que la gente diponga de suficiente formación para discernir por sí misma ese valor y no decantarse por sencillos silogismos demagógicos que sólo tratan de soliviantar ánimos y marcar las diferencias entre españoles en lugar de acertar con soluciones comunes.

Por tanto ¿Quién puede tener interés en despreciar una enseñanza de calidad cierta ausente de adoctrinamiento y con la suficiente libertad para aceptar la heterogeneidad de una sociedad libre?

martes, diciembre 07, 2010

El complejo caso de Cataluña

Evolución de una parte de la sociedad catalana.

Recientemente hemos vivido un proceso electoral en Cataluña que como mínimo se puede tildar de curioso. Desde el solapado trato informativo sobre diversos asuntos (tradicionalmente así en esta comunidad), hasta el espectacular despliegue publicitario por una incidente y coincidente connotación sexual, el período previo al plebiscito ha tenido ciertamente ese toque diferencial que tanto pregona el nacionalismo excluyente.

De lo que no hay duda es que el nacionalismo no permite el ídem de pensamiento, es decir, autonomía de ideas y ya menos independencia de las mismas. La homogeneidad es el factor fundamental de este, digamos, proyecto trazado por Jordi Pujol magistralmente hasta la consecución del objetivo final.

Uno de los temas que siempre me han interesado mucho es el uso de la información como mecanismo manipulador de masas y una de las razones de ese interés es residir donde lo hago y tener los ejemplos diarios que tengo en Cataluña que creo que colocan a su abanico mediático entre la vanguardia mundial en esas técnicas.

No se si lo he explicado en este blog, pero el germen de ese posterior interés se suscitó en la Universidad de Derecho de Barcelona hace ya unos años, al conocer a un alumno de esa facultad que resultaba ser un ingeniero de caminos en cruzada personal contra sus molinos de viento con nombre y apellidos: éstos respondían al nombre de un tal Jordi Pujol. Hablo de principios de los noventa. Pues bien, el citado señor mantenía un litigio por no se que asunto relacionado con su trabajo (obra pública) con el molt honorable. En esa época, para mi, el "señor ingeniero" (del cual no se ni su nombre) no era más que una rara avis sobre la que no prestaba demasiada atención por parecer toda su historia algo rocambolesca y condenada al fracaso ante el Goliath que tenía en frente en el momento álgido de su poder e influencia. Sin embargo, algo sí llamó mi atención por curioso y hasta inquietante. Un día se presentó con dos ediciones del diario El País, la de Cataluña y la de Madrid con la misma fecha; pues bien, en la de Madrid, por las páginas interiores y de manera discreta y sucinta aparecía la noticia de la que fue su gran victoria: un juez le había dado la razón en su disputa legal no dejando bien parado al por entonces President de la Generalitat. En la edición catalana ni una palabra.

Aquello que me pareció llamativo, se diluyó como un azucarillo pero permaneció como un recuerdo de la experiencia que necesita ser razonado para implantarse ciertamente con ese nombre.

Unos años después comprendería que esa supuesta anécdota no era tal, sino que una práctica normal de la prensa catalana muy activa y de incidencia directa al aplicar su enorme poder de influencia sobre la sociedad. Del "señor ingeniero" nada volví a saber y no conozco posterior información de la prensa que aportara más luz a su causa perdida.

Por mi edad, he vivido estadios muy dispares en la evolución social catalana. Recuerdo cuando estudiaba B.U.P. en un colegio de la parte alta de Barcelona como lo usual era expresarse en castellano y renegar del catalán incluso en la pronunciación del apellido si éste requería el esfuerzo. El raro por entonces era que hablaba catalán, si bien me estoy centrando en la gente pudiente y de clase económica y social "alta" con independencia de quienes fueran sus padres. Claro que también conocí a gente en la parte alta que eran todo lo contrario, defensores de la catalanidad desde un ámbito nacionalista. Éstos en su mayoría eran lo que denominábamos "kumbas" o "kumba-yás", personas con una facha determinada, pañuelos en ristre y camisetas coloreadas de dudoso gusto que hacían coincidir el tipo de vestimenta con sus ideas reivindicativas. Lo descrito sucedía en el Loreto, un colegio del centro Abad Oliva sito en la Avenida Pearson que en primero de Bachillerato coincidía juventud procediente de los lugares más dispares y sobre los de corte nacionalista recuerdo que se componían en su mayoría de uno llamado "Barrufet" del que no conozco más que el nombre. Por supuesto, también existían los discretos nacionalistas adinerados que posiblemente hablaban catalán en la intimidad de sus casas pero permanecían aparentemente infiltrados en la cultura social predominante tan decantada al castellano por esos tiempos. Ya bastantes años después, he topado e incluso en algunos casos mantenido amistad con aquellos chicos que han sufrido una metamorfosis en sus nombres y apellidos, de modo que resultaba hasta raro al reencontrarse, como conocías a alguien que tenía un nombre completamente distinto: Jorge a Jordi, Fernando a Ferran, Felipe a Felip y ya no hablamos de los apellidos, en especial de los que contenían jotas. Vamos, que lo de llamarse Josep Lluis aquí como en la China, parece que no se ha llevado muy a rajatable por algunos sectores sociales. Algo que no es motivo para un juicio de valor ya que la mera descripción de contrastes es sufientemente ilustrativa. Tan absurdo era lo de entonces como lo de ahora. Los casos de reivindicación de españolidad o catalanidad por aquellos tiempos posiblemente resultaban la menor de las preocupaciones de los jóvenes, que por entonces preocupaban más cuestiones como la aceptación social y el sexo contrario. Por todo el periplo colegial de la zona alta, el pijerío y la "marquitis" eran el emblema nacionalista más común y causa fundamental de reivindicación. Nada de territorio y lengua catalanas.

En la Universidad, el flujo mucho más heterogéneo de estudiantes y particularmente, los venidos de las zonas rurales de Cataluña, conformaban una repetición de lo vivido en el Loreto, pero esta vez con fuerzas mucho más numerosas en el sector tanto nacionalista como socialista o de izquierda. También pululaban por Derecho, auténticos voluntariosos y comprometidos independentistas que se adelantaron a su tiempo y pregonaban inútilmente las maravillas de una Cataluña independiente que se recogían políticamente en la ERC de Ángel Colom.

El duelo mayor era el endémico tradicional: izquierda - derecha y lo cierto es que por unas causas u otras, ninguno mereció mi atención en ese período de mi juventud, si bien mucho menos el lado progresista y sus ideas. Recuerdo alguna conversación política con proto socialistas que por entonces se encargaban de defender a un Felipe González acosado por los casos de corrupción.

En Cataluña, el choque de mentalidades ha sido a tres bandas, para luego disgregarse en más. Al típico y universal antes citado entre conservadores y progresistas, venía a sumarse el nacionalista, que por entonces parecía no situarse horizontalmente a ninguno de los dos lados de la balanza, si bien en la realidad era claramente un partido conservador. Desde ahí, las combinaciones se han sucedido hasta hallarnos a día de hoy con propuestas de toda índole. El caso de la transformación de la sociedad catalana es digno de estudio por alquien que se tome interés en conocer las causas de lo que tenemos, padecemos y probablemente vivamos en el futuro. Personas que han modificado su mentalidad radicalmente desde unos hábitos y costumbres a otros completamente dispares y en algunos casos, antagónicos. Algo que en sí mismo no demuestra nada que sea bueno o malo más que por el interés del interlocutor en enfatizar lo que pretenda, bien sea una capacidad de transformación dicho en positivo como algo activo y voluntario, o la vulnerabilidad de una sociedad a los efectos de la información interpretada por actores claves. La Cataluña nacionalista de hace más de veinte años topaba con un fuerte rechazo entre la costumbre social de las jóvenes clases privilegiadas. Eso es un hecho constatable por cualquiera que haya conocido esta sociedad entre los ochenta y principios de los oventa. Incluso asumiendo que muchos padres de esos quinceañeros y luego veinteañeros, pudieran ser potenciales votantes de CiU. De ahí que, desde un punto de vista intelectual y de estrategia política, admire la capacidad de Jordi Pujol y otros factótums para transformar a voluntad lo que era el punto más alto de la pirámide social. Algo que parecía difícil de unir y conciliar, ha sido cosido magistralmente por ese entramado informativo con resultados más que satisfactorios. El perfil del socialista en los años ochenta y principios de los noventa lo monopolizaban sectores de clase social muy definidas y algo de lo mismo sucedía con los brotes independentistas abanderados por ERC. ¿Cómo casar el Progresismo y el ansia independentista con una clase social, la más privilegiada, tan alejada de postulados tan poco atractivos por entonces asociados a los provinientes de la Cataluña "rural" y/o clases más deprimidas? En resumidas cuentas, la clave consiste en atacar por todos los flancos informativos y políticos, sobre todo sin ambicionar dar un paso antes de tiempo para no forzar algo que, con tantos medios en la mano, se logrará con naturalidad.

Yo destacaría dos elementos claves en todo el proceso: uno personificado en Jordi Pujol y el otro, el grupo Godó y La Vanguardia como principal exponente. El primero, desde siempre ha demostrado una ambición y determinación inquebrantables sobre su idea de Cataluña, llegando a ese punto donde la voluntad es un sentimiento más que un motivo intelectual o argumental y por tanto, conociendo de antemano que cualquier cosa es discutible menos su idea de nación catalana. Jordi Pujol ha dispuesto de todo el poder posible que un gobernante puede poseer sobre un territorio durante más de veinte años. Nada de lo que ha sucedido en ese tiempo y de lo que vendría a suceder después se puede explicar sin asociarlo a su mandato como causa. El control de todas las instituciones, más el de la información pública y a posteriori el ya determinante de la competencia de Educación son ya por sí solos, suficientes para ejercer un peso e influencia en una sociedad de manera muy importante, pero el poder mediático es en realidad el exponente clave en cualquier sociedad, demostrando la pluralidad de la misma. En Cataluña, por muchos medios que hayan podido existir, en realidad lo podríamos resumir en uno. No ha existido pluralismo, entendido éste como contrapeso a una fuerza predominante o hegemónica en condiciones iguales o similares. La televisión pública representada por TV3, ha sido un útil fabuloso con el que extender sutilmente una idea de país desapegado de España, como lo hace la publicidad encubierta en las películas estadounidenses previo pago de los honorarios estipulados. Desde el mapa metereológico hasta las referencias a un Estado central, Madrid, o ya directamente citar España como un Estado más en la Comunidad Europea, pasando por el veto a castellanohablantes o documentales de encendido fragor sentimental patrio, numerosos elementos de propaganda sutil pueden ser hallados en el medio público. Un medio que ha sido público en la emisión y audiencia pero privado por aquellos que han impuestos sus objetivos particulares como parte de un fin. La imposición de una "normalidad" es fundamental para transformar una sociedad hacia esa nueva normalidad. Lo que puede chirriar al principio, se convierte en habitual y por tanto deja de resultar llamativo. La línea va avanzando subrepticiamente y los individuos no se percatan de ello aunque mirando hacia atrás puedan observar el colosal avance sufrido. Pero para ello, es muy importante a la par que efectivo, anular referencias que puedan valer de réplica o discrepancia válidas. Ahí es cuando aparecen los medios privados y el grupo mediático por excelencia que informaba e informa tradicionalmente a la clase media y media alta catalanas, las más remisas a los cambios.

La Vanguardia es el nexo causal entre las clases pudientes barcelonesas y la información. Es el medio por excelencia de la burguesía catalana y el verdadero caballo de Troya con el que infiltrar los postulados y las nuevas referencias que ayudarían a hacer posible el cambio de mentalidad. En tiempos de disputas electorales entre un debilitado Felipe González y Jose María Aznar, el diario barcelonés dirigido por Juan Tapia desde 1989, no sólo renovó su aspecto gráfico, sino también su trasfondo partidista configurándose en el tapado progresista disfrazado de periódico de CiU. Desde entonces, titulares, artículos y demás parafernalia, llegaron a configurar un baluarte de incalculable valor para el Socialismo en Cataluña. El resto de diarios, conservaban su audiencia más beligerante o simplemente convencida, ya fuera de izquierda o nacionalista. Así, El País, El Periódico y l'Avui, describían con creces a sus portadores, pero La Vanguardia, aparentemente no. De hecho, sus orgullosos propietarios eran ajenos a las intenciones ideológicas de Tapia y sus colaboradores. Recuerdo como sutilmente desgranaban sus análisis políticos en período electoral de manera escorada a la izquierda. Aquello sería la sentencia cierta del PP en Cataluña y el momento donde se le cerró la posibilidad de pintar algo en el panorama político catalán. Aceptar que un medio público sea partidista es algo que no sorprende a casi nadie, pero el problema surge cuando los demás medios, privados ellos, no se constituyen como una alternativa sino como un complemento. TV3 era feudo de todos esos universitarios luchadores provinientes en su mayoría de zonas de fuera de Barcelona que buscaban un cambio y se dejaban empapar por la Socialdemocracia tan balsámica para las conciencias de los voluntariosos en unión fraternal con los emotivos cantos de sirena nacionalistas: estaba naciendo el Progresismo Nacionalista. Estaban por llegar los tiempos del PSC. Al mantener Pujol un esquema ideológico nulo camuflado por el recurso del victimismo catalán, el contrapunto socialista no afectaba un ápice las aspiraciones del nacionalismo. El pastel catalán se repartía armónicamente entre nacionalismo y progresismo. Con ese punto de partida, parecía más sencillo convertir a los socialistas en nacionalistas que viceversa. Algo que a posteriori ha resultado más sencillo llegándose a identificar Cataluña como el territorio nacionalista-progresista por excelencia. A fin de cuentas, efecto natural de sus padres mediáticos. La ambigüedad del diario barcelonés, tan efectivamente desarrollada por Pujol como dirigente político, siempre ha dirimido su "justicia" como si de un juez independiente o desapegado se tratara y con la misma efectividad ha conformado una conciencia de catalanidad, desafección con el resto de España y de compromiso social en sus lectores que han redundado en el arquetipo de ciudadano ejemplar que el nacionalismo tanto pregona: el prototipo homogéneo mediatizado por la doctrina de la corrección política. Una "justicia" paternalista que permitía criticar a cualquiera como si no le fuera interés en ello aún siendo parte evidente en el asunto y por tanto, conformándose como una impostada estrategia de no implicación en la que postularse como árbitro-bisagra capaz de poner buen juicio. Una falacia evidente que busca sus contrapartidas con la panacea que supone para ellos la ley d'Hondt.

La bajísima intensidad (por no decir ninguna) con que los medios catalanes han sometido a control a los poderes públicos de Cataluña, ha sido el mayor acto de connivencia y ejemplo de claudicación del derecho mínimo que los ciudadanos tienen a la información plural y con referencias proporcionadas. Lejos de eso, todas las miradas del poder mediático en el Principado se han centrado fuera de éste sin responsabilizar ni un ápice a los poderes autonómicos de la gestión. Ya ni hablemos de la corrupción. El uso del eslogan - vocablo: "crispación" como arma arrojadiza se configuró en útil herramienta de presión social con la que desmarcarse política y territorialmente de los rivales de ámbito nacional. Una efectiva manera de desactivación de las noticias sobre corrupción que enfatizaba más la forma que el fondo. Así, la población entregada habría seguido las consignas de los medios "propios" mientras los poderes políticos podrían hacer desmanes de tanta o mayor cuantía a la reclamada como exigible, además del daño moral que sería saber que los que roban son los de aquí. No en vano, a diferencia del poder político, el poder mediático nunca responde de sus apoyos y entresijos corporativos e interesados. Siempre puede desdecirse con una editorial o un movimiento a tiempo y donde dije digo ahora digo Diego.

Mientras tanto y como acción paralela a la balsa de aceite mediática catalana, las instituciones creaban en la escuela pública nuevas generaciones de sentimentales catalanes que descartaban España en la ecuación emocional e histórica. Por otro, los medios de comunicación interpretaban y filtraban mansamente el escenario de un objetivo trazado de antemano. Para qué adelantarse a lo que inexorablemente tarde o temprano sucumbirá en una normalidad lograda con los resortes del poder.

Si bien, con todo este entramado, es cierto que Zapatero se encargó de dar un fuerte espaldarazo a las aspiraciones nacionalistas en alguna de sus irresponsables múltiples promesas incumplidas. Ésto junto con un Montilla más papista que el Papa, propiciaron más que nunca una subasta de catalanidad desmedida que arrojaba un duelo a ver quien resultaba mejor catalán que nadie.

En Madrid, que siempre han estado a verlas venir, no pillan una. Especialmente el PP, que discurre en sus ideas particulares alejadas de la realidad en Cataluña, que siempre le coloca dos pasos por detrás a la hora de influir en ese espacio electoral. O eso o un pavor a explicar las cosas por su nombre y con ello perder a ese electorado que vota también por factores emocionales. La pedagogía es el auténtico punto flaco del partido conservador y su asignatura pendiente con la que superar también entre la España de derechas, el estigma de una parte importante tildada de voto sentimental patrio. No obstante en su favor siempre queda el colosal hándicap mediático.

Hubo un día en que se descubrió oficialmente el grado de pluralismo existente en el Principado al emitir doce diarios catalanes una editorial conjunta exigiendo la dignidad de Cataluña en el formato que éstos medios estimaron oportuno. Como mínimo, ese día se supo el grado de concordia hacia los postulados vendidos por el producto estatutario elevado por Maragall, el adorado paladín del diario del grupo Godó.

Las cosas cambiaron y mucho cuando don Pascual dejó el panorama político ergo La Vanguardia dejó de apoyar al PSC, por lo menos en la manera que había venido haciéndolo. Montilla era otra cosa forzada e impostada, que si bien aunque podría coincidir ideológicamente en muchos aspectos, a fin de cuentas no era más que un advenedizo acuciado por la necesidad de mantenerse a toda costa en el poder. Algo demasiado evidente y que igualmente pagó Hereu a lo que sumó otras motivaciones al promover la reforma de la Diagonal sin pulsar el advenimiento del grupo mediático barcelonés. Por lo que fuera, eso no gustó al grupo instalado en esa zona y erigió su tradicional y sutil campaña de encuestas veladas tendenciosas y estudios que sentenciaban tal iniciativa.

Durante todo este tiempo, con unas preferencias ínfimas hacia un lado u otro de los grupos mediáticos catalanes, el centro fundamental ha predominado entre el nacionalismo y el progresismo. El silencio mediático catalán es un hecho no comparable a otras regiones de España, tan quijotescas y ruidosas a la hora de perseguir cruzadas entre rivales partidistas de la información. Así, resulta inaudito el silencio sobre el caso Millet, auténtica confabulación nacionalista sistematizada y supuestamente respetable al margen de otras disquisiciones que pasaron de puntillas como el 4% por el bien de una entente unida por la causa. Algo parecido al sorprendente (es un decir) vacío informativo sobre la prescripción del caso del padre de Artur Mas con fondos en Lienchiestein, disponiendo como uno de los beneficiarios al ganador de las recientes elecciones. Una declaración de intenciones que firmaría sin fisuras el mismísimo Maquiavelo. Sabemos la de noticias sobre el PP valenciano que han poblado los diarios catalanes en espera de conocer siquiera muchos de los hechos ciertos y el veredicto de sus jueces.

Bien, explicitado el panorama singular de la Cataluña virtual que incide en la real, las consecuencias las padecemos los ciudadanos de innumerables maneras. Unos aceptándolas con la resignación de saberse hormigas en un mundo de elefantes y otros incluso aceptándolas y escogiéndolas sentimentalmente a costa de los perjuicios que les ocasionan. Las soluciones reales no existen en Cataluña. Llevamos años de expectativas a las que sumarse nuevas expectativas con las que captar ávidos ciudadanos necesitados de una causa con la que calmar y justificar su propia impotencia.

En este texto, me limito a citar los que a mi entender son los elementos políticos y mediáticos más determinantes que han incididido directamente en la mentalidad de una población: los "formadores" de la Cataluña del s.XXI. En otros textos, he hablado y/o hablaré de los modos de presión social y mediática, además de los resortes públicos con una educación dirigista y parcial, que buscan un ciudadano arquetípico moldeado a voluntad de los "escultores" del proyecto catalán, un ejército de incondicionales que parten de una base mamada en los medios de comunicación y en las escuelas.

La mentalidad universal del respeto de raíz occidental judeo cristiana se ha trocado por la de los derechos propios de territorio superpuestos la la individualidad. Sobre esa base que es la norma descrita fundamental a proteger, luego se articula la propia visión y versión de principios recogida en la doctrina de corrección política de obligado estudio en las escuelas.

Llegados a este punto cabe preguntarse cuál es la solución posible. Algo que nos lleva indefectiblemente a tratar de conocer causas y más causas. Es requisito sine qua non, conocer qué motiva unos hechos para darles solución o respuesta.

Razones lógicas e ilógicas de la política española

Desde mi perspectiva el nacionalismo excluyente catalán se configura en un rodillo de las libertades que se sirve del resorte sentimental para hacer y deshacer a conveniencia como cualquier Nacionalismo ha ejecutado sin contemplacioes a lo largo de la historia. La merma de libertades es indispensable para aquellos que no sintonizan con la opinión mayoritaria o el partido hegemónico que controla los medios de información, dado que su eco resulta ninguneado y alejado de la normalidad. Pero eso es un privilegio si lo comparamos con aquellas situaciones que comprometen, no ya sólo la opinión libre, sino la integridad física. El riesgo sin embargo es que los grupos más implicados sentimentalmente vayan radicalizando sus posturas y exijan su idea de normalidad al resto como cuota de mínimos que ellos mismos marquen y coaccionen al resto con medidas de violencia.

La población sujeta a inmersión (palabra adecuada donde las haya) se configura en valedora y protectora del paradigma o expectativa fundamental, ejerciendo, como en tiempos de la Inquisición, el control de un ciudadano tipo deseable y por tanto, ejerciendo la presión social oportuna. Situación que no es advertida por los partidarios, ya que éstos no calibran oposición alguna más que como discrepantes previamente etiquetados de una manera u otra a voluntad por los medios de comunicación afines, que en este caso es todo el arco mediático catalán. Atender las noticias sin contrapunto alguno en todo el territorio catalán en una intensidad similar conforma verdades para los lectores tan ciertas y asumibles como normales son las estaciones del año y lo contrario sólo deseos de desestabilización ya avisados por los "formadores".

¿Cómo se llega a esta situación?

El efecto real de merma de las libertades actual en Cataluña para quienes no sienten la corriente mayoritaria y sus efectos no es más que una confrontación a la idea de otra merma anterior. Es plantar batalla ante otro grupo hegemónico que en su día trataba de imponer su manera de hacer o al menos, no calibraba las consecuencias de actuar de una manera concreta.

Aunque cada persona tiene sus preferencias sentimentales que se traducen a una afinidad inconsciente sobre personas y entes, a la hora de analizar cuestiones conviene disponerlas conscientemente a un margen y alejadas del debate de ideas que debe ser puramente lógico y argumental. De ahí que, para pretender un mínimo hálito de independencia, creo que es imprescindible mantener las propias convicciones y simpatías en primera línea, para que con honestidad se puedan contraponer abiertamente y no escondiéndolas en la burda pretensión de ser un juez "objetivo". A partir de ese presupuesto, se debe disponer la lógica y las consecuciones causa y efecto como referencias razonadas y no como ámbitos de manipulación o influencia.

Todo ello es necesario para justificar lo que voy a analizar, habiendo dicho lo que pienso sobre la Cataluña actual.

España es un país con unos rasgos endémicos marcados, como por otro lado suelen serlo todos los territorios. En nuestra historia hemos vivido períodos más o menos felices, pero con un acento convulso característico que se corona con una exigua democracia en comparación con otros países de nuestro entorno.

No es un secreto el afirmar que Cataluña y El País Vasco, han sido tradicionalmente motores originarios de riqueza y trabajo sin parangón en la península. Unos centrados en el comercio desde antiguo y posteriormente la industria textil y otros en una potente industria siderúrgica, se han conformado como los centros de avance y vanguardia de España. Se puede decir sin tapujos, que en ese terreno, el hecho diferencial no es un eslogan inventado sino una realidad histórica que bebe de razones y debe atender consecuencias. En la actualidad, se discute mucho acerca de unas indispensables reformas estructurales que arrojen de una vez por toda la modernidad necesaria a éste nuestro país que parece caminar a muy distintas velocidades en función del territorio escogido.

Gracias a la Unión Europea, hemos podido conocer en la práctica el efecto de la solidaridad interterritorial e incluso sus causas lógicas. En este caso, Alemania principalmente y luego países como Francia o el Reino Unido, a su manera han liderado una idea de gran territorio regido por pautas comunes, siendo su exponente primordial el factor económico. Así, el aportar dinero a países necesitados de reformas provocaría el enriquecimiento de éstos, su prosperidad y por tanto, la posibilidad de ampliar un mercado para los países productores sobre los que vender sus mercancías. Es en resumen, una inversión que no hace más que ofrecer dinero público para que luego retorne de manera privada en forma de adquisición (por estos paísis subvencionados) de bienes y servicios.

En Cataluña y El País Vasco existe con más motivo una solidaridad interterritorial, pero con un factor que hay que considerar. Los territorios que crean mayor riqueza son parte intrínseca del global y su éxito o fracaso afecta al resto de modo directo. Aunque lo afirmado es esencialmente lo mismo que sucede en la Comunidad Europea, el elemento de país, añade un componente de mayor tensión. Por mucho europeísmo que tengamos, son pocos los que se preocupen ahora mismo de Alemania, Bélgica, etc. más que para hacer una lectura interna de cómo nos puede afectar a nosotros.

El caso es que, puede entenderse como lógico el interés recíproco por preservar los ámbitos de riqueza de un país y no supeditar éstos a las exigencias de los menos productivos. Pero en este terreno no existe lógica. Como una gran familia, los intereses territoriales siempre son cortoplacistas y se deben al propio electorado.

En ese discernimiento, entiendo que España ha tenido una deuda pendiente con aquellas comunidades más desfavorecidas, no sólo por el interés de éstas sino por el de todo el conjunto. De ahí que sea razonable apoyar la solidaridad interterritorial para encauzar debidamente un país y equilibrarlo convenientemente. Ahora bien, cabe cuestionarse si debe existir un límite a la subvención de las regiones más desfavorecidas llegados a un punto en el cual el desarrollo sostenible de éstas consiste básicamente en la percepción de más y más dinero público por solidaridad interterritorial.

Es razonable que en cualquier comunidad de personas aliadas por un proyecto común surjan tarde o temprano las divergencias por motivos diversos, pero si el propósito de cualquier cometido debe someterse a un escrutinio de justicia, es razonable premiar o dar mérito en consonancia a los actos. Lo contrario propicia la mala adaptación de unos y el aprovechamiento injusto por parte de otros. Podemos imaginar situaciones similares en España con Cataluña y el País Vasco, las denominadas CCAA históricas. Algo conseguido por razón de culquier índole de más peso que la histórica de la que otros territorios podrían presumir sin complejos.

Un hipotético diálogo imaginario para resumir el asunto podría rezar tal que así:

-. España es un país y como tal deben equipararse económicamente sus territorios con el fin de facilitar una igualdad de derechos y deberes.
-. Eso es cierto, pero sin menoscabo de esa afirmación, la contribución de las CCAA más ricas sobre las más desfavorecidas debe tener un límite en el tiempo.
-. Si existiera tal límite ya no hablaríamos de país como tal.
-. Eso no es del todo cierto, ya que la responsabilidad de tal labor no debe recaer exclusivamente por unos territorios en exclusiva. El compromiso de mejora debe ser asumido por donantes y perceptores.
-. Sí, pero topamos con un escenario político con intereses cortoplacistas y electorales poderosos.
-. Eso nos lleva a un escenario de frentismo en el cual dentro de un país, cada territorio defenderá sus intereses del mejor modo posible.
-. Con nuestro sistema democrático sujeto a escrutinio cada cuatro años, es prácticamente imposible que un partido político se inmole en unas impopulares reformas estructurales.
-. Por ello, la salvación de España como país próspero pasa exclusivamente por la colaboración incondicional de los dos principales partidos con el beneplácito de los nacionalismos predominantes.
-. Todo lo contrario del escenario actual.

El nacionalismo catalán es de facto un resorte magistral con el que someter a un país a sus designios no aceptados en condiciones de negociación en plano de igualdad. Una manera de romper la baraja y conseguir por medios populistas, lo que con política de salón no se consigue.

En cierto modo, todo el asunto responde a una lógica pura de fuerzas que se despliegan con distinto alcance y efectividad. En este momento, algunos sectores de la política española o no son conscientes de los efectos del pulso, sobre el cual a veces ni lo son los propiciadores del mismo, los nacionalistas de derecha catalanes. El desborde popular puede ser, una vez más, la consecuencia no pretendida que ya supura en partidos como el de Laporta.

Al final, todas las soluciones de todos los conflictos residen en el calibre de las personas que ocupan los centros de poder en un momento dado. Una razón para temblar y rezar para que no continuemos el cíclico proceso histórico de nuestro país. Porque ese mismo proceso histórico, normalmente es el que ha marcado la personalidad de los territorios y las tendencias de sus próceres a repetir los actos de nuestros antepasados en lugar de mejorarlos. Una tentación de poder manipulador demasiado difícil de despreciar "tan solo" por unos principios universales superiores a los de la propiedad y que desdeñan calibrar los efectos perversos ya experimentados precisamente en la historia pasada.

Es posible que podamos entender de maneras distintas el ordenamiento de un territorio y la justa repartición de los recursos que existen en él, pero en el caso que nos ocupa, los efectos del fin pretendido por el Nacionalismo, siempre son mucho peores que ese supuesto fin vendido como gran expectativa salvadora. Sería algo parecido a un litigio entre dos partes que en lugar de llegar a un acuerdo antes de entrar a juicio, entran en la Sala y disputan judicialmente. Posiblemente aquella de las partes que salga peor parada tratará por todos los medios tomarse la revancha y recurrir las veces que pueda prolongando en lo posible la tensión, el malestar y el odio entre esas partes. A partir de entonces, difícilmente se habrá ganado si esa victoria comportará unas heridas para los dos bandos, que en el caso real, implica una convivencia común. De ahí que los recursos de presión del Nacionalismo para conseguir sus aspiraciones, las crea lícitas o no, serán exclusivamente pragmáticos y manipuladores con vistas a controlar la población en favor de su causa y en contra de quienes discrepen de ella. El Nacionalismo toma el territorio y lo hace suyo simbólicamente confiriéndole unas propiedades y requisitos artificiales, no intrínsecos al mismo, pero al hacerlo marca esa línea de normalidad de todos los Nacionalismos de la historia que divide a los que ven normal su devenir cotidiano y aquellos que sufren ese escrutinio sólo por no estar de acuerdo.

lunes, diciembre 06, 2010

Excentricidad

La palabra excentricidad y lo que la rodea es de esas que me llaman la atención. Para empezar no es tosca, más bien podría actuar de eufemismo de otras más gruesas rayanas a la locura, pero además al no resultar contundente sino más bien vacua e indefinida en algún sentido, puede dejar margen a interpretación. Una síntesis sencilla convendría en aceptar raro o fuera de lo normal o convencional como propuestas de significados alternativos a las que da el diccionario. En cualquier caso, a parte de lo explicado, siempre me ha llamado la atención de este vocablo su implicación incluso social. Cuando se habla de un pobre hombre, no se duda en tildarle de loco o majareta, peo quien no ha oído en alguna ocasión referencias a un millonario excéntrico, o referirse a extravagancias de genio excéntrico. No obstante, como todo, el marketing de una palabra puede variar si el que la toca le hace perder la gracia al igual que despreciamos aquellos nombres de pila que nos recuerdan a su portador de modo negativo.

Éstas y otras razones me hicieron escoger este apodo que luego puede o no confirmar su semántica en la realidad. El caso es que algo que me hace muy normal y nada distinto a mucha gente es, imagino, sentirme precisamente diferente o especial. Quien no es el protagonista de su propia película en alguna ocasión que advierte su existencia; quien no ha charlado consigo en pensamientos o en voz alta al saberse solo. Eso no es patrimonio de ningún personaje extravagante aunque pueda llegar a ser un requisito de mínimos para aspirar a serlo.

El caso es que todo esto es verborrea de relleno que no es relleno. O lo que es lo mismo, al llegar un momento que nada es despreciable por sutil que parezca, hasta lo más insignificante propone un significado y una información cierta de su interlocutor. Con lo escrito hasta ahora se podrían inferir muchas cosas del arrendatario de esos pensamientos. Pero una cosa sí es cierta, un elemento que sí me distingue sin distinción del resto, es la soledad de mis razonamientos, mi soliloquio huérfano de recipientes que me sirvan a su vez los suyos.

Es posible encontrar empatía por afinidad en lo referido. Mucha gente padece de soledad en multitud, pero personalizando la propia agonía de salón, cavando un hoyo más profundo, seguro que hallaríamos razones y prejuicios con los que desmarcarnos de cada caso y volver así a nuestra particular situación especialísima. Y cada cual ciertamente debe serlo, pero ya se sabe que cuando uno tiene tanto con lo que preoucuparse de uno mismo, deja poco resquicio para los problemas de los demás, de ahí que se hace del todo imperativo hallar almas gemelas que discurran simétricamente sobre la misma cruzada intelectual.

miércoles, diciembre 01, 2010

La "virtud" de la alternativa

El quid de mi excentricidad radica en la aplicación sobre todos los menesteres de las consecuciones causa y efecto. Todo lo que nos rodea sin excepción cede a esa norma y como centro indiscutible de ello que somos las personas que nos percatamos de existir, la ayuda que nos proporciona dicha constante es fundamental, no sólo para conocernos a nosotros mismos sino para conocer a los demás e incluso las maneras más idóneas de regirnos. Eso significa que todo tiene una explicación lógica que no es arbitraria y que únicamente parece serlo para aquellas personas que no han sabido dar con ella. De ahí que entienda lo extraordinario y maravilloso que es el Mundo habitado por personas que nos ofrece a diario explicaciones de las experiencias más cotidianas y conformándose así como una enciclopedia de la que extraer de sí una incalculable valor de conocimiento.

En lo relativo a las personas y sus ámbitos de decisión, las alternativas son un camino infinito que muchas veces pasan desapercibidas por habituales. Siguen siendo alternativas, pues plantean opciones distintas a una manera de hacer aunque para nosotros no se dispongan ciertamente como una alternativa ya que tan siquiera nos las planteamos.

Esta pequeña reflexión la asocio con algún artículo que escribí en su día sobre la manipulación sobre las personas, dándole un presupuesto lógico sencillo de comprender: el juego de las alternativas es el que nos brinda la posibilidad de manipular a los demás con mayor facilidad.

La palabra manipular suena fea y tiene en su semántica una justificación bien clara. Supone controlar a otras personas y por tanto su supuesto grado de libertad de decisión, pero mientras no se conoce que se perpetra tal manipulación, el individuo o grupo objetivo es tan libre como piensa que es y sólo las personas que conscientemente la llevan a cabo, pueden tener en su conciencia (si es el caso), conocimiento de su acción y sus razones.

Siempre he afirmado que toda acción, emoción o rasgo de la personalidad de los individuos tiene su contrapartida. Es decir, una cara y una cruz. Por ejemplo, ser obstinado suele tener por contra disponer de voluntad de acción, ser empático y ponerse a menudo en la posición de los demás significa de igual modo ser más susceptible a la idea que los demás piensan de uno y viceversa. Así, cuando hablamos de manipulación, podremos encontrar su cara en la educación. La educación no es sino un modo de manipulación necesaria que procura, desde un presupuesto de inteligencia y buena fe inicial, dotarnos a las personas de las mejores herramientas para regirnos y relacionarnos en sociedad, tratando de extraer lo mejor de cada cual. Eso puede valer como presupuesto genérico deseable. A partir de ahí, la polémica puede estar servida por aquellos que no leen la vida en atención a constantes causa efecto. Ya que las respuestas a la efectividad o dicho en modo atajo con calificativos, el efecto positivo de una buena educación siempre queda acotado por las referencias o prejuicios que nos proporciona la constante referida.

El hombre como individuo es muy fácil de manipular. Desde niños quedamos sujetos a referencias externas de toda índole que nos brindan de un modo u otro el camino a seguir. En algunos casos lo denominamos influencia. En ello no se determina un valor positivo o negativo de manera intrínseca; sólo el proceder cierto en atención a lograr efectos beneficiosos determinará si tal afectación es positiva y eso es posible conocerlo de antemano.

Muchas veces he categorizado tipos de individuos en atención a la facultad de "lectura de la constante causa y efecto en los demás" para determinar el predominio de esos individuos a primar la satisfacción de su intención sobre la idea de efectos que sin duda es más efectiva. Sin embargo, como en el ser humano el papel de la intuición juega un papel indiscutible, podemos encontrar superposición de efectos ante intenciones dispares o sencillamente coincidencia de modos de hacer llevados por causas igualmente distintas. Así por ejemplo, la necesidad de exacerbar la propia vanidad de un determinado líder de una tribu puede llevarle a disponer acciones favorables sobre sus subordinados con independencia de la preocupación real que tiene ese líder sobre el bienestar de los mismos.

La diferencia entre unos y otros individuos se plasma en lo que denominamos un criterio, sentido común e incluso sabiduría. Elementos todos que parecen saberse y avanzarse a conocer con facilidad de manera natural gracias a la lectura del Mundo y sus protagonistas.

Mientras tanto, nosotros seguimos en el mundo de las alternativas denominadas ofertas y nos podemos ver tentados de adquirirlas como gangas despreciando aquellas ciertamente valiosas que nos darán beneficios. Es ahí donde la educación efectiva nos debe ayudar a discriminar lo que redundará en beneficios de lo que únicamente nos distrae de ellos o incluso nos empobrece.

Como antes refería, desde niños quedamos supeditados al mundo de la manipulación y la mejor fortuna o garantía de juicio positivo la establecen el afecto, el cariño o amor. Éstos, al menos, nos avalan que los dadores intentarán darnos lo que su juicio sea lo mejor de la manera más altruista de la que sean capaces (que eso es otra cosa). El punto de partida no establece una efectividad real ni mucho menos, pero supera uno de los requisitos ciertos para que la formación de un individuo sea adecuada. El otro, el necesario conocimiento, la información adecuada en términos de efectividad causa efecto, que son referencias matemáticas o lógicas no supeditadas a arbitrios personales que pudieran ser erróneos o interpretativamente fallidos.

En nuestra sociedad existen muchas "ofertas" instauradas con normalidad que nos influyen en nuestras acciones y tomas de decisión. Una de ellas es el corto plazo. La necesidad de satisfacción de expectativas en el menor tiempo posible superponiéndolas sobre la idoneidad cierta de cualquier acción. Aunque lo descrito parece hecho a medida para un ejemplo de enriquecimiento rápido y fama sin cimientos, no es éste presupuesto el ejemplo más común. El corto plazo puede bien ser cotidiano en acciones mucho más familiares. Por ejemplo, en la educación de cualquier niño es fácil observar como en muchos padres el corto plazo es el rey. El lloro podría valer de ejemplo en un niño de corta edad y cualquier acto de rebeldía ya de más grande. Pues bien, muchos progenitores de buena fe y estableciendo como única referencia la intención, disponen como un objetivo final poner coto al lloro o a la rebeldía sin establecer la lógica de cada respuesta y la necesidad de cruzar un camino (que no suele ser fácil) para hallar el verdadero objetivo.

Si algo percibes a medida que te haces mayor, es que en realidad no cambiamos demasiado de cuando éramos niños. Lo que sí cambia es la información que nos rodea y por tanto las referencias que sustituyen paulatinamente a las precedentes y por tanto el grado de perspectiva cada vez se aplica con mayores elementos de juicio que empequeñecen progresivamente lo que antes podían ser hechos muy importantes. Para un niño, quitarle un caramelo o un juguete puede ser muy ofensivo y razón de gran desasosiego y por tanto logico mostrar una airada reacción, pero a medida que crece, irá viendo como esos objetos serán sustituídos por otros o incluso otras cuestiones no materiales que irá contraponiendo con cada vez más elementos.

Sobre todo esto, la alternativa siempre está presente de una manera u otra. Pero es en su uso educativo donde podemos encontrar el valor de la cara de la moneda que en contrario no es más que la manipulación constante a la que nos vemos sujetos los individuos cotidianemente sin advertirlo. No obstante, eso abre caminos a su vez más complicados ya que, como los niños y aunque suene tan mal como lo hace, muchas personas por no decir casi todas, en determinado punto no somos capaces de elegir adecuadamente por nosotroas mismas. Toda una ofensa.

Como decía, en los niños, el uso de la alternativa es la clave y por ello en la actualidad, la educación es más difícil que nunca ya que debemos lidiar con las innumerables establecidas en un mundo tecnológico y globalizado que trata de ofertarnos sus productos como panacea indiscutible. Lo lógico es que cualquier individuo prefiera ser rico, disfrutar de placeres satisfactorios, y de distracciones de cualquier índole sobre una realidad cotidiana que se presenta a todas luces dura y complicada. Sin embargo sabemos que en tiempos de dificultad, la necesidad de superación y el protagonismo absoluto de referencias importantes como la propia familia (por no haber otras) sobre otros menesteres más placenteros pero a la vez más egoístas, supone el logro de mayor felicidad ante paradójicamente un escenario menos acomodado.

La lógica es muy sencilla. Si dispones de diez alternativas claras y sugerentes sobre las que decidir y muchas de ellas incluyen favores placenteros, posiblemente la duda a la hora de escoger se centre en aquellas que una vez satisfechas, produzcan desazón por exterminar la sorpresa como valor que no se volverá a repetir y aparezca la necesidad de colmar en igual medida las expectativas sobre el placer instaurando una referencia egoísta como leiv motiv que debe saciarse ya únicamente como presupuesto mínimo.

Si a diferencia de la anterior, sólo dispones de dos alternativas o de ninguna lo suficientemente fuerte y luminiscente, las disquisiciones para empezar serán más sencillas y en tanto no sean radicalmente opuestas, la satisfacción de la elección será mucho más probable al no haber descartado nada que pudiera haber suscitado duda. En esas decisiones, que se supone son primarias y por tanto de supervivencia elemental (sin estadios de peligro), los efectos de la decisión y de la consiguiente acción repercuten altruistamente, ya que en vez de enfrentar placeres propios con otras variables, sólo atendemos a un deber que para colmo produce efectos beneficiosos sobre nosotros y los que nos rodean.

Las personas atendemos a muchos principios lógicos (por llamarlos de algún modo) que nos hacen tremendamente manipulables, como el principio de la contraria que establece una beligerancia refleja ante la imposición externa o incluso alternativa a la nuestra de cualquier consideración con independencia de los efectos que puedan producir. Ello es elemental en niños, que suelen atender muy fácilmente a ese principio.

Pues bien, en niños, el uso de la alternativa hay que limitarla al máximo para posteriormente, a medida que el sujeto adquiere un criterio, ir progresivamente abriéndola.

Ello es fundamental por varios motivos:

1) Produce en el menor una seguridad en todo lo que hace por determinar que hace lo correcto o lo que es admitido con normalidad en su entorno. Genera por tanto autoestima.

2) Dispone el mejor modo, no uno de los mejores. Cuando brindas alternativas te arriesgas a que tu proposición no sea la escogida y por tanto tu lección o enseñanza rechazada.

3) Evita la afectación de uno de los progenitores como el "malo". Si se establecen alternativas, tarde o temprano habrá que ponerles coto a posteriori y en ese instante se eliminará el supuesto beneficio y agradecimiento por su satisfacción y los pequeños asociarán como "el estricto" al progenitor que limite sus logros. Sin alternativas o con unas pocas controladas y determinadas previamente por los tutores, éstas pasarán a convertirse en hábitos sin una asociación de "bueno o malo" a sus progenitores.

El discernimiento de los menores en sus cosas es muy elemental y fundamentalmente egoísta a corto plazo. El uso de la alternativa es esencial para evitar la negación constante y poder administrala de mejor modo de manera que sea valiosa y consiga los efectos deseados y no otros de rebeldía.

viernes, octubre 29, 2010

Como han cambiado las tornas en el s. XXI

Además de la premura con la que pasa el tiempo a medida que uno carga años a sus espaldas, parece que la evolución social le convierte a uno en mayor si cabe cuando se molesta en comparar y buscar referencias con barbilampiños adolescentes. Es posible que hace varias decenas de años, alguien de cuarenta no resultaba tan lejano a alguien de veinte y ya no digamos de treinta. A día de hoy, los años parecen contar como lustros a la hora de medirse con generaciones precedentes. No, desde luego por la facha o el aspecto, que puede llegar a salir airoso en el embite, sino por la necesaria actualización que el homínido requiere de su software mental para no verse superado por los acontecimientos.

¿La diferencia sustancial? El mundo actual es de los jóvenes mucho más que lo era antes.

En un mundo mediático y globalizado, todo es un vaivén de bienes de consumo: bienes materiales, información, ideologías, emociones, religiones, etc. El precio lo pone el mercado de oferta y demanda sin límite donde mayor audiencia supone más ingresos, pero al invertirse la pirámide de los que marcan la pauta, los principios dictados, además de seguir la pauta antes descrita, caen o incluso se desbordan desde los más jovenes hacia los demás. Así, las inquietudes juveniles suelen copar las temáticas de cualquier producto de consumo para tratar de satisfacer al cliente principal sin reparar que consecuencias tendrá ello.

Se puede decir que desde el principio de la Historia, ha existido permanentemente una revolución juvenil denominada rebeldía que pretendía transgredir o quebrar el dominio adulto de la disciplina o las reglas inquebrantables que imponían los adultos. Eso ha sido tan natural como el fluir del agua en el cauce de un río. El caso es que esa constante en los timpos que corren tiene un efecto diferente como lo tiene un material irregular al reflejar los rayos del sol.

Se puede decir que la humanidad es un compendio de combinaciones cuasi infinita de errores que generarn más errores. En la actualidad, podemos sentar los errores como ejemplos y erigirlos en principios y consecuencias de ellos mismos.

El lamento de los incomprendidos, de los rebeldes hacia sus padres no suele tener fácil acomodo. Siempre los que sufren o necesitan trasladar su problemática al exterior son los que cambian las cosas por empeño y dinámica de los hechos. El que está bien consigo mismo, suele estar relajado y satisfecho sin una necesidad de movimiento que sí tienen los que buscan bálsamo de su desgracia. De ahí que la punta de lanza de los que llegan a la cumbre, haya sido tradicionalmente feudo de los que saldaban cuentas consigo mismo y sus conflictos personales.

En el pasado, se podían glosar sus hechos e incluso heroicidades, salpicándolas de épica y algo de leyenda, pero en la actualidad, la imagen y el sonido no esconde nada que la boca no pronuncie y los gestos no enseñen.

jueves, octubre 07, 2010

La auténtica "lacra" que supone Zapatero para España

No voy a recrearme en cuestiones económicas ni puramente políticas. Los diarios de diferente signo ya retratan a su manera lo que parece suceder por estos lares. Aunque disten mucho en sus interpretaciones.

El centro de esta reflexión es uno que para mi resulta fundamental y clave para comprender lo que ciertamente supone y ha supuesto para España la acción de José Luis Rodríguez Zapatero. El factor que hace lógicas las consecuencias y, por tanto, aquello que nos sucede inexorablemente y que no se puede negar por tristemente empírico y gráfico.

Lo penoso no es tanto las consecuencias materiales personificadas en el señor dinero, lo dramático es el momento convulso y las expectativas que se ciñen en nuestro país desde perspectivas humanísticas y éticas. No creo descabellado afirmar que todas las heridas cicatrizadas, atávicas en nuestro país, vuelven a sangrar cada vez con más fuerza y, a eso, se le superpone un modelo de "valores" imperante centrado en la supervivencia y el placer personal inmediato. Desolador panorama.

Muchos se pueden preguntar qué tiene que ver Zapatero en todo ello. Demasiado.

Como un padre separado, nuestro presidente pretendió malcriar a la sociedad polítizándola a base de muchas más prebendas de las que solicitaba con cláusulas de letra pequeña. Desde ahí, los grupos políticos beneficiados han dejado caer la fuente de obsequios como logros propios robados al gran hacedor, un feo papá Noel coyuntural que despedaza lo existente para engordar más su barriga.

Un complejo personal manifiesto que rechaza radicalmente una imagen negativa de sí mismo en cualquier otro, propició en nuestro "responsable" todo lo posible por satisfacer a todos sin precisamente abonar el elemento fundamental que debe vestir a todo dirigente: la responsabilidad.

Cual tutor que desea la satisfacción a corto plazo de sus tutelados, se propuso regalar dádivas y ofrecimientos por doquier en espera de agradecimientos continuados, loas y halagos que, en la lógica del receptor consentido, no se han producido sino todo lo contrario.

A costa de buscar la veneración hacia su persona, Zapatero ha abierto incontables frentes allá donde antes no existía trifulca y cuando ha entrado a acometerlos, los ha dirimido sin tacto y de una manera dictatorial que sólo puede realizar la izquierda, ajena a prejuicios pasados de asociación de ideas. Ha abierto todos los melones sin tan siquiera calibrar si podrían estar podridos o esconder bombas de relojería que estallaran en el corazón de la ciudadanía.

El paradigma de nuestra sociedad es la "buena intención", la cual siempre puede ser discutible en muchas personas que la anexionan a la justificación de sus desmanes y, el problema derivado de esa apuesta es la muerte de la responsabilidad de los propios actos y decisiones.

Desde muchos sectores sociales y territoriales escuchamos, no ya peticiones de cambio en un sentido u otro, ahora asumimos como normal "exigencias" continuas como si los subordinados se insubordinaran y ya no entendieran tales conceptos como adecuados a su condición.

Cual mentor que se dedica todo el día a intentar agradar a su prole con continuas dádivas, nuestro escenario nacional es tan desolador como el símil familiar. El padre separado regala de todo al hijo como recurso sencillo que le hace creer el éxito en su relación, le promete mil cosas y no modula el "no", llegando a hecer gratis el "sí". Sin saberlo o sabiéndolo, está anulando la responsabilidad de los suyos por no aparejar esfuerzo alguno a los logros conseguidos. El premio se ofrece por una cuestión de mera afinidad o interés recíproco. Pero igualmente, el padre que actúa de ese modo, pronto observa como sus protegidos, en vez de manifestar agradecimiento, hacen justamente lo contrario, se acoplan con facilidad a un estado de recepción constante que resulta en niños tiranos que no cejan de exigir en el convencimiento de que deben ser satisfechos por costumbre.

La sociedad española actual desprecia el mérito personal. Las políticas en un sentido u otro son importantes, no tanto por las consecuencias a corto plazo, sino por la formación y enseñanza aparejada que de ellas se desprenden sobre la sociedad. En esa línea, es lógico que muchos miren siempre a otro lado a la hora de buscar responsables, ya que como culmen del ejemplo ni las adolescentes menores deben responsabilizarse de sus actos a la hora de quedarse embarazadas pasando incluso por encima de sus progenitores. Las consecuencias "molestas" de los propios actos son borradas y apartadas como estorbos achacables a terceras consideraciones.

El mal perpetrado es enorme, principalmente porque pasa inadvertido para gran parte de la sociedad....mediática, que sólo consigna entre sus titulares razones tangibles con las que acumular armamento para atacar al otro bando montados en sus tiendas ideológicas y manipuladoras.

Zapatero ha creado tiranías que miran hacia afuera y hacia él mismo las mil causas de su desgracia e incluso posible desmembramiento. El panorama es un virus pegado a nuestras carnes que de manera invisible decide por nosotros con muy pocas opciones y encima compradas en medios de comunicación. El hombre o mujer íntegros, comienzan a ser rara avis, asistimos a un mercado de bienes partidistas apoyados en supuestos informadores que responden a su definición igual de bien que los piquetes informativos a la suya.

Así Cataluña, en buena lógica ya es independiente. Sólo resta la oficialidad y els diners. La separación de clase y las dos Españas, son otra realidad que produce sistemáticamente un odio visceral hacia entidades financieras y empresariado como ejecutores de sus desgracias. Aunque en algunos casos, racionalidad y sentimentalidad puedan coincidir, los conceptos no reparan en la verdad de las razones y todos a una ya se han configurado bandos cohesionados en pos de vencer como sea al otro. Así el vendedor-aglutinador, aunque siga la senda de la autodestrucción (del país) al menos dispondrá de un generoso ejército, su guardia republicana.

La emotividad siempre juega un papel fundamental en todo lo que afecta al ser humano. Zapatero ha crecido políticamente con una población acostumbrada a sus maneras. Una población desorientada que debe acogerse a nuevos eslóganes constantemente para no mirar hacia sí mismos y culparse de nada. De ahí que mejor recolocar el odio hacia enemigos objetivos de clase o territorio, de manera que repitamos de la historia sus ciclos.

Zapatero, en uso de sus prerrogativas y con la lógica piramidal del ejemplo, ha diezmado los principios y valores de un país todo lo que puede hacerlo un presidente del Gobierno. Confío que sea lo menos posible, pero me da que las evidencias mediáticas que ofrece un simple televisor o demás medios gráficos, dicen todo lo contrario. Esa es la principal lacra de nuestra sociedad, que lo obtenido no sea ciertamente caído del cielo por señores malísimos que sólo buscan su beneficio, sino por ser todos parte de esas redes de nula responsabilidad en las que la opulencia y las cortinas de humo publicitarias nos han hecho creer que todo lo que vivíamos no iba a tener consecuencias.

Dudo que nuestro Presidente piense por un momento en su responsabilidad y eso abona la tesis de que la lección queda todavía por aprenderse, algo que hará que sigamos pagando los ciudadanos.

No en vano, quien sí lo saben son sus hijos putativos, los partidos bisagra que se nutren como carroñeros de la oportunidad que les brinda el mayor dador de ofrendas de nuestra democrática historia a cambio de concederle más oxígeno en el candelero. No hay moral que no se pueda tergiversar en palabras biensonantes aderezadas de emotividad que logra encajar lo que sea como aceite o mantequilla.

miércoles, septiembre 22, 2010

Culo de mal asiento

Cuando me dedico a analizar lo que veo y leo en medios de comunicación, no puedo pasar por alto la enorme categorización que resulta de los bandos existentes. La inspiración de cada medio parece hecha por un único individuo, desde el cual, parecen caer los dictados de arriba a abajo como fuente piramidal. La coincidencia de opiniones en muchos casos entre lectores, radio oyentes o televidentes es tal, que piensas lo que esas facultades miméticas propiciarían en el estudio de materias más edificantes y constructivas.

No hay duda que la afinidad de grupo es un elemento inherente al ser humano, el cual necesita su vertiente social tanto como el comer. Encontrar un acomodo entre los semejantes es un requisito insoslayable para lograr una mínima integración que se precie de serlo. De lo contrario, tanto el no afín como los integrados serán automáticamente individuos hostiles o, al menos, desconfiados recíprocamente.

Pero claro, homogeneización es una palabra confeccionada para generalizaciones y éstas para ser válidas requieren de sus excepciones: los "culos de mal asiento". Los que se resisten a las homogeneizaciones predominantes y buscan las suyas o aquellas que aún existiendo, son minoritarias y por tanto difíciles de hallar y constituirse en comunidad.

Muchas comunidades homogéneas han sido resultado de crisis precedentes y la consiguiente revolución que les ha llevado a ser lo que son. De hecho, los mismos estadios de la vida, desde la juventud hasta la madurez o la vejez, suelen llevar asociados perfiles homogéneos dispares, pudiendo encontrarse personas que lucharon o se levantaron para protestar en su juventud, para recordarlo a posteriori nostálgicamente como aburguesados componentes de una supuesta respetable comunidad radicamente distinta.

No es mi intención loar ni defender nada en concreto referente a todo lo dicho. Sobre todo se puede extraer una cara y una cruz, pero en mi particular escrutinio de causas y efectos, llego a caer en la cuenta sobre las justificaciones que un sector concreto de la sociedad catalana tiene por ser como es: progresista.

Desde este mismo blog he criticado hasta la saciedad lo que a mi entender es la gran trampa mediática del siglo, ese Progresismo con mayúsculas que se ha apoderado de la conciencia social como una religión lo hace de sus feligreses. Sin embargo, para evitar precisamente esa dualidad que critico que separa a los discrepantes como algo más que opinadores, busco motivos humanos y personales que llevan a las personas a decidirse "sentir" y a actuar de una determinada manera.

Muchas veces he pensado lo paradójico que resulta todo lo relativo a la política. Un ejemplo muy recurrente es que estoy convencido que mucha gente que se declara patriótica no se detiene ni un instante a pensar que esa patria la conforman personas y no un trozo de tierra impersonal. Si lo hicieran, es posible que muchos fueran algo menos "sentimentales" con el término, pero es mejor imaginar símbolos o entelequias que se puedan adherir a las propias expectativas. Todo acaba resumiéndose en la afinidad de grupo, en discriminar positivamente aquello que nos agrada para distanciarlo de lo que se supone pensamos, no es el caso.

De ahí que los culos de mal asiento pueden ser tratados como proscritos, rebeldes, desertores, traidores, héroes o villanos en función de la coyuntura.

En cualquier caso, la lógica siempre impera resumiendo invisible las razones de todo lo que existe y uno que intenta llegar a visualizarla, no para de lanzar hipótesis de los porqués. En ese periplo, hace tiempo llegué a la conclusión de que lo que depende del ser humano se resume prosaicamente en la psicología de cada individuo, entremezclada y batida con su entorno. Algo que elimina de un tajo el halo novelesco de los personajes que adornan la historia con sus hitos de cualquier índole.

Desde la afinidad de grupo hasta la personalidad de los individuos encontramos el nexo que los une en ese entorno mediático que acoge y promociona unas ideas tan idealmente como un producto de belleza conformando lógicos consumidores que pasan a creerse tan buenos como la publicidad ha rezado sobre su producto. El problema es que éste no les cambia a mejor como piensan ni les convierte en jueces de los demás en el peregrinar proselitista del que se sabe mejor que el resto. La puñetera razón u los argumentos lógicos a veces son unos estorbos tan molestos como los culos de mal asiento. No obstante, como la realidad ofrece tópicos tan homogéneos y previsibles que parecen no puedan ser caricaturizados, es comprensible que cuando las alternativas son vendidas de modo tan diferenciado y maximalista, hasta yo podría optar por sentirme unido al resto de una comunidad que pretende salvar el mundo, pero ya se sabe, es un asco lo de analizar y quedarse en esos molestos razonamientos que tiran al traste ilusión y optimismo que abonan las buenas intenciones.

Cada vez quedan menos culos de mal asiento y los que más abundan no son por el asiento, sino por un culo muy gordo que pretende un trono más que otra cosa. Una consideración que no debe olvidarse a la hora de separar unos de otros. El orgullo personal debe caber en el discrepante lo suficiente para no convertirlo en un obstinado y cerrado luchador que mantiene cruzadas contra todo y contra todos.

Eso nos lleva a discernir que las definiciones no son en sí mismas ni positivas ni negativas aunque por experiencias puedan aparejarse determinadas connotaciones. En un mundo homogéneo de buena gente, el culo de mal asiento sería el disruptor que pretende su satisfacción personal a costa del resto y lo contrario.

Siempre deben buscarse comodines o referencias con las que sustentar los apelativos y a partir de ahí otorgar los "disfraces" a sus protagonistas.

viernes, septiembre 03, 2010

Pobre sociedad

La política es un arte de embaucación que se vale de unas herramientas fundamentales denominadas: medios de comunicación. Uno podría tildar la definición de exagerada, pero nada más lejos de la realidad, que es la que moldea y configura las definiciones "empíricamente".

Y he utilizado el verbo "embaucar" porque, aunque en su definición se recoja a las claras la palabra "engaño", no deja de tener un halo en su contexto de atractivo: el embaucador que somete con su encanto a su público entregado.

Siempre he tratado de defender argumentalmente respuesta para todo lo que nos sucede a las personas, desde una perspectiva que defiende la idea de comportamiento previsible en razón a cada idiosincrasia. Es decir, la personalidad y el estudio de la psique, nos da respuestas a los porqués de todo lo que puede suceder en razón a las combinaciones de variables. Quien haya sido padre con un grado mínimo de juicio podrá constatar haber previsto o acertado devenires sobre su descendencia que pese a ser conocidos, no hayan podido ser evitados. Pues bien, la sociedad es como un hijo/a que siempre viene tutelada por poderes y medios y, que de igual manera que los progenitores, pueden hacerlo bien o mal con resultados previsiblemente positivos o negativos.

El problema viene dado por una mera cuestión de cantidad. Así como educar a la propia prole puede suponer en el caso más generoso, ocuparse de una decena o más de vástagos, en el caso de alguien susceptible de controlar el poder mediático, tales unidades vienen a recibir ceros que conforman seres humanos tras su nomenclatura. De ahí que la responsabilidad proporcional de modo práctico, sea mucho mayor y por tanto la necesidad de capacidad y competencia deban ser muy superiores a los requisitos que se le exigirían como padres y que la buena intención disculpa de buena fe.

Habrá quienes, en contra de lo que he afirmado, se dediquen a delimitar conceptos como la política, de un modo más formal acudiendo a la mera semántica. Es cierto que más que definir el concepto formalmente, he atribuído en el mismo una de sus carácterísticas a mi parecer, más evidentes y constatables por la realidad de la costumbre. Nada tengo en contra de consensuar lo que la política debiera ser o lo que se supone es en un libro formativo de letra impresa, pero en la práctica, víctima de la intervención de la psique humana, susceptible a sus intereses y ambiciones, la denominación citada adquiere tonos y notas como un cuadro al plasmar la realidad que pinta.

De ahí que, siguiendo con el símil familiar, esa sociedad tutelada, viene a someterse al dictado de los poderes fácticos a través de sus medios que, en buena lógica y con una denominación redundante que trata de llegar a un fin: éstos son ni más ni menos que los medios de comunicación. Y ahí es donde la comparación toma un tinte de gravedad y similitud cuando observamos que a diferencia de una familia supuestamente natural compuesta de madre y padre, la sociedad vive en su símil con progenitores divorciados y confrontados en disputa total por el control de los hijos, siendo en este caso la trifulca mayor que la habida entre padre y madre, que son dos.


Generalmente, los hijos de padres separados o divorciados viven traumas con mayor o menor intensidad y los ascendentes tampoco disfrutan con el hecho. Todo afecta en mayor o menor medida a la familia que cambia las normas de juego desde una autoridad que otorga seguridad y abona estabilidad a otra que rezuma enfrentamiento y sentimentalismo negativo. Para colmo, se abren abanicos nuevos en la competencia por acercar la descendencia a cualquiera de las partes: ya sea predisponiendo negativamente sobre la otra parte u ofreciendo dádivas y consentimientos como pequeños sobornos o cesiones que antes no se toleraban en la satisfacción del interés propio que nunca es, en estos casos, el de los hijos.

Los padres juiciosos que se separan, ya sea uno de ambos o los dos, evitan en lo posible los modos descritos y tratan de preservar en la faceta relativa a la formación de sus hijos, aquello que existía antes de la crisis. El problema es que en demasiadas ocasiones, es difícil que ambas partes sean capaces de abstraerse de sí mismos en pro de sus sucesores, de modo que con un disruptor que odie o trate de dinamitar la concordia, el mal estará hecho y la opinión de una de las partes condicionará la realidad por amoldarla a unos intereses o fines no altruistas.

Cualquier elemento de partida sujeto a una emoción fuerte de cualquiera de las partes, se tratará de imponer con el arte del embaucamiento de los progenitores como factor de realidad virtual y pasará a ser un objeto de venta con un interés cifrable materialmente que nada tendrá que ver con el altruismo exigible que el amor dirime en el cuidado de los propios. El anhelo egoísta o la aspiración personal se traslada a la descendencia, no por una generosidad cierta dirigida a la felicidad personal, sino como una expectativa que supedita esa supuesta felicidad al conseguimiento de unos fines siempre artificiales.

sábado, junio 26, 2010

Los jóvenes 'voyeurs' de la tragedia

Existen muchos premios de fotografía cuyo motivo es la desgracia ajena, imperterritos éstos, siempre se han excusado apelando a la denuncia gráfica para retratar tragedias como si de una foto familiar se tratara. Los diarios y noticiarios escogen entre sus cabeceras aquellas informaciones que suponen mayor impacto por la atención generada hacia ellos y sus cuotas de audiencia. Congelar según que imágenes o sencillamente grabarlas, requiere de una idiosincrasia especial que se recoge por ejemplo en "Territorio Comanche", el libro de Pérez Reverte sobre la contienda yugoeslava. Todo nos remite a la jerarquía de principios propiciada por los medios de comunicación en todas sus facetas que llegan a conformar como normales determinadas actitudes, pero son éstos mismos los que luego se preguntan, no sin cierto cinismo o estupidez, qué ocurre con los jóvenes y sus móviles-cámara. La responsabilidad de los propios actos es una baza que se abandonó hace ya tiempo desde las élites y desde ahí hacia abajo, el ejemplo cunde en nuestra sociedad.

jueves, junio 03, 2010

La Vanguardia

Llevo un tiempo analizando dos diarios digitales de amplia tirada: La Vanguardia y El Mundo. El primero es de mi ciudad natal y desde que cogió las riendas del mismo Juan Tapia, se escoró a la izquierda sutilmente conformándose en un baluarte de la socialdemocracia y el Progresismo. El segundo, sito en Madrid, lo conduce Pedro J. Ramírez, líder indiscutible y representante de un liberalismo mediático a la americana. Fiscalizador de corrupciones y sabueso de exclusivas, actúa como avisador de la realidad adormecida en otros diarios.

El primero es un ejemplo de manipulación social capaz de crear tendencia sobre la clase media catalana y el segundo un incómodo forzudo que es temido en un lado y en el otro. Acerca de la Vanguardia es muy posible que en una encuesta sobre lectores, infinidad de los mismos yerren sobre su motivación partidista, pero es posible que al definir con precisión al de Madrid, muchos también incurran en errores de trazo.

También es posible que el errado sea yo, pero entonces podrá deberse a que sus artífices no saben bien lo que dicen o cómo lo dicen.

Sobre las cosas, todas las personas podemos advertir descripciones dispares. Cada idiosincrasia resultará en maneras de definir variadas, unas más vagas, otras más rigurosas, unas más serias, otras jocosas, lo importante no es tanto la manera sino que acierten y se pueda demostrar.

Hay quien ve rasgos en gestos y palabras que ni los mismos artífices conocen. No saben ni de sí mismos lo que otros advierten. En la escritura como en la oralidad, cada gesticulación es un refuerzo emocional que dice algo de uno.

En el día de hoy, he topado con una experiencia nueva en mi periplo analista de los medios. La Vanguardia, en la sección del señor Foix, han borrado cuatro comentarios escritos esta mañana. Los cuatro permanecían cuando he abandonado el medio y eran críticos en la línea que atestiguo normalmente en mis líneas, sin exabruptos. Bien, esta tarde no estaban, habían desaparecido y sus discrepancias volatilizadas como si nunca estuvieran allí. Ha sido una experiencia curiosa, pues me ha dado por hablar con el señor que debía haber censurado mis opiniones a sabiendas que existía alguien de carne y hueso ataviado con un dedo destructor de tinta "cibernética".

Diálogos con un verdugo de la palabra, pensaba yo para mis adentros. Mientras ante mi, la pantalla del medio barcelonés parecía un dechado de libertad y paladín de cruzadas justicieras, yo conocía la verdad del intérprete político. La sensación de exclusividad y tristeza se entremezclaban agitadas en un cóctel de amarga realidad, la que corrobora un fariseísmo y una estrategia cierta que venía denunciando ya hacía tiempo.

El día de la editorial conjunta de 12 diarios catalanes, el pluralismo sufrió una fuerte puñalada en pos de una homogeneización ideológica que sólo era escondida por la presión de esa....homogeneización ideológica. Qué sistema autoritario hace saber a sus súbditos que son manipulados, ninguno mientras no existan referencias y en Cataluña no existen y las que aparecen, los 12 se encargarán de aniquilarlas.

No deja de ser curioso que tras cuatro o cinco comentarios dirigidos al señor censor en persona, el último haya tenido cabida en ese espacio. ¿Un guiño del censor?

"Con el Ed. conjunto manifestaron una prueba de la homogeneización que pretenden en Cat. Hoy ponen granitos de arena pegados y unidos en masa hasta formar un muro a la libertad de expresión en este medio. No por exabruptos sino por denunciar lo que se pone de manifiesto con la práctica. Hasta más ver. Reciba señor Foix un afectuso saludo y por supuesto tb. para usted sr. censor."

Ser coherente es tremendamente difícil para un hombre honrado y gratis para un Progresista, lo sea o no. Éste sólo debe hablar y ni tan siquiera demostrar que sus gestos y actitudes van en consonancia. Lo que cuenta es la "intención", aunque sea la fingida que se muestra al público. Muchos tienen el eximente del desconocimiento, pero eso no obsta a que cada cual se haga responsable de lo que dice y hace. La influencia de los medios en muy superior a lo que la gente corriente piensa y no en vano hay que reconocerles un esfuerzo de conciencia que debe ser neutralizado con la idea de que son héroes con cruzadas por hacer o sencillamente por escepticismo y conocimiento de su condición de mercenarios.

miércoles, mayo 26, 2010

La responsabilidad de los medios de comunicación

A día de hoy, en nuestro país los medios de comunicación se han erigido en contendientes políticos parejos a los habidos en el Parlamento. De ese modo, podemos encontrar los que defienden unas ideas partidistas u otras con el mismo coraje o pasión que lo haría un político profesional.

Esto que comento, no es patrimonio exclusivo de nuestras fronteras, en otros lugares si bien con su propia idiosincrasia, existen medios que se pueden definir incluso en ocasiones por ellos mismos, con biensonantes denominaciones que parecen justificar su orientación.

Es razonable pensar que, como personas que somos con un criterio, cada cual disponga del suyo y la suma de muchos pueda resultar en comuniones o casi mejor, comunidades ideológicas que postulan unos determinados principios.

Ahora bien, asumiendo esa condición humana de personas, podemos admitir que estamos sujetos a limitaciones e imperfecciones que no por ser más o menos numerosas, hace que quedemos exonerados de ellas.

Ahora bien, para sentar una argumentación parece conveniente sentar unas referencias en las que basarse tratando de evitar de ese modo, una mera inclinación que podría pretender desautorizar a una parte y no un principio general que es la razón de estas letras.

Empezar con "justicia" como palabro genérico es arduo complicado, pero si empezamos a introducir otras acepciones como pluralismo, independencia y transparencia, entonces empezamos a dotarnos de ayudas que sirvan para concretar hacia dónde me dirijo y sobre qué tema estoy tratando.

Bien, todo ello puede quedar muy bonito como una declaración de intenciones, pero a la hora de plasmar esos propósitos, convendría articular modos y maneras que propiciaran su cumplimiento de la manera más honrada y efectiva posible.

Empezaré por aquello que me parece más fácil y ventajoso para lo que me propongo: la crítica a lo existente. Resulta poco menos que nauseabundo hallar entre los medios una reiteración de lo existente en la política, ya que al hablar de poderes, no baladíes en ninguno de los casos, admitimos una prevaricación manifiesta que resulta de la connivencia de ambos.

Uno es el poder temporal, el que de manera resumida ostenta la capacidad de manejar el dinero público obtenido de las retribuciones de los ciudadanos para dotarnos de los resortes con que desarrollar nuestra vida en libertad facilitando en lo posible las herramientas para conseguirlo y no estorbando ni siendo un límite para esos fines.

El otro es el poder de la información y el entretenimiento, que debe mostrarnos por "un cristal" lo que hace el poder temporal con vistas a garantizar la honradez y eficacia de éste. De igual modo, dispone del entretenimiento como supuesto canalizador de nuestro asueto y distracción con los límites en la voluntad formativa del mismo.

Ciertamente entre uno y otro poder no hay nada más. Es decir, salvo la percepción que podamos tener los ciudadanos en nuestras gestiones diarias del poder temporal, los ciudadanos no podemos disponer de más información que la que poseen los medios, de modo que la única información no propia que tenemos acerca de las maneras que tiene el poder temporal de regirse es la brindada por los que controlan la información y el entretenimiento. Ahí es nada.

Si alguna vez han jugado a la cadena de rumores, sabrán un poco qué puede llegar a pasar exagerando las cosas o quizás no tanto. Un niño explica una pequeña frase a otro al oído y éste a su vez al siguiente así en cadena. Al final de la cadena, las sucesivas interpretaciones de lo escuchado, suelen conformar un resultado en ocasiones sorprendente, pero el juego se desarrolla de buena fe, intentando no tergiversar aposta la información. Imaginen si se introduce de por medio el elemento manipulador o interesado de por medio con la consiguiente mala fe.

De ahí que podríamos sentar un presupuesto que trata de la necesaria y saludable incompatibilidad entre el poder temporal y el relativo al que distribuye la información. Eso no quiere decir ni beligerancia ni oposición frontal, pero sí la garantía de oposición y fiscalización en defensa de quienes se supone son sus acreedores capitales: sus lectores, televidentes, radioyentes, en definitiva, los ciudadanos.

martes, mayo 25, 2010

Más reflexiones excéntricas

Para crear un sistema viable hay que simular en cierta medida a través de la lógica y la experiencia real, ejemplos válidos que den pistas acerca de la idoneidad de su aplicación. Eso en atención a la responsabilidad. Puede ser entendible que en una charla de café se propongan hipótesis y se hagan cábalas sobre modos de organización social y política que satisfagan los propósitos de buena fe del interlocutor, pero en política real hay que exigir algo más que utopía. Mucho más.

Democristianos y Socialdemócratas. Según usted los segundos parecen ser la salvaguarda del Estado del bienestar pese a reconocer que los primeros fueron los fundadores del sistema. El caso es más serio cuando observas que como usted, eso lo piensa prácticamente más del 90% del arco mediático catalán convirtiéndose éste en un modelo pseudo plural encubierto bajo conceptos ideológicos buenistas imposibles de rechazar bajo un sistema de coacción social.

La socialdemocracia es un sistema teórico no viable que gangrena la sociedad. Los presupuestos no pueden superar las consecuencias ya que: 1) Propicia el rechazo del esfuerzo y la superación en pos de el subsidio. 2) Es un eufemismo de la reivindicación de clase que llega a exigir a los más capaces una responsabilidad que se niegan a ellos mismos. 3) No dispone de principios sólidos sino de raíces personales bienintencionadas de organización e igualación.

Fíjense que la socialdemocracia sólo se vale de premisas que firmaría cualquier buen ciudadano que no busque un rigor analítico en la responsabilidad y sus consecuencias, ya que tratamos de personas y no números. Al contrario, la plasmación de la utopía conformaría una sociedad autómata o muy coactiva bajo presión social (lo que es ahora Cat) que tarde o temprano tendería a explotar por coartar las libertades individuales por postulados de los líderes.

La socialdemocracia por el contrario tiene un gran gancho electoral y puede mostrarse viable limitadamente a expensas de un sistema anterior que haya enriquecido el país o en territorios muy ricos naturalmente. Los sistemas realistas deben contemplar inexorablemente la condición humana y responsabilizarse de personas y no de ente global sobre el que se pueden aplicar premisas atractivas que no suponen resultados más que frustrantes y devastadores en atención a expectativas imposibles de cumplir.

La lógica que desbarata la socialdemocracia se puede constatar actualmente en muchos colegios donde se postula resultando niños frustrados en cuestiones personales que por el contrario se sienten muy motivados por cruzadas mediáticas que llegan a convertir en absolutas y trascendentales para su existencia. El bombardeo mediático progresista hace psicoterapia acusadora aniquilando la ilusión y la motivación individual además de hipertrofiar los dchos. como exigibles sin responsabilidad añadida.

Nota. Suelo publicar mis comentarios que expongo en el diario La Vanguardia ya que en ocasiones y especialmente los sujetos a moderación, no pasan el filtro ideológico.

sábado, mayo 22, 2010

Más comentarios excéntricos en LV

Hubieron muchos políticos sobre los que usted no tiene confianza que predijeron esta posibilidad incluso en debate televisado hace años. Reconoce no tener fundamento en un optimismo fingido pero retrata un panorama sin lente. Creo que es razonable pensar que los que tienen visiones dogmáticas y no lógicas de las situaciones, al ser coherentes en su empeño, no reparen en nada más que lo que se proponen contar y nunca sobre las consecuencias de lo que han contado.

El hombre no aprende porque sencillamente no observa adecuadamente. Sólo sigue la mirada de los que le señalan y las referencias presentadas son los hilos de sus criterios. La superficialidad de los conceptos gratuítos son una constante del Progresismo que invade las almas de los frustrados y necesitados de bálsamos de conciencia. Éste se instala en quienes no tienen principios sólidos y sólo causas personales con las que compensar déficits propios.

La responsabilidad es únicamente tratar de ponderar los resultados de los propios actos. Algo que ya no hacen ni los utópicos que imponen criterios y lanzan cruzadas sin cavilar sus consecuencias y la razón de su atractivo. Vender derechos al tun tun como si de un acto altruista se tratará generando como padres acomodaticios, una población consentida que merece galones sin esfuerzo ni obligaciones. Una droga atractiva que genera adicción y produce sensaciones agradables y bonitas. Un atajo.

martes, mayo 18, 2010

La Vanguardia. Algo más que un diario.

Se habla de los "neocon" como un grupo potente y manipulador que domina la economía global, pero hemos visto lo que ha supuesto la decisión sobre Garzón en todo el mundo. La reacción coordinada del lobby progresista es contundente y poderosa y sobre todo: ¡Existe! Los medios de entretenimiento mundial, especialmente la potente industria de Hollywood, los diarios más influyentes dirigen su cruzada facilona como un clip de MTV se apropia de las mentes de los adolescentes. ¿Los neocon?

Fíjense las noticias que publican en LV y sabrán el bando global. Toda Cat. es del mismo bando y ya está tomada. Parece que las asociaciones causa - efecto que se asignan a los "neocon" son fáciles de entender y de juzgar. Todo sencillo para el gran público que sólo mira donde le señalan sin buscar nada extraño o que se salga de lo convencionalmente correcto. La presión social y mediática del lobby progresista es irrespirable para quien se tome la molestia en analizarlo.

Reto a cualquier periodista del planeta a hablar de conservadurismo y progresismo. No tengo inconveniente en mostrar la lógica de las cosas sencillas frente a una manipulación grandilocuente que arroja méritos por la mera intención exonerando de la responsabilidad de los propios actos. Un mundo de autómatas que necesita rendir y entretener sus vidas con cruzadas mediáticas que actúan como bálsamo de conciencia. El respeto al prójimo se sustituye por un corolario de normas políticamente correctas.

Incluso en este mismo diario se publicó el uso de la "filosofía nudge" o el paternalismo de los centros de poder, seguido entre otros por Obama, que brinda a los ciudadanos opciones limitadas para que éstos escojan las previstas por contraponer expresamente las alternativas. Una "invitación" dirigista a seguir los postulados del poder coordinada con medios de información y entretenimiento. La hipnosis del gran público que continuamente delega los razonamientos y habla por memoria lectiva.

Háganse la pregunta: ¿Qué sienten ustedes? Tienen muy claro lo que les inspira rechazo y proximidad posiblemente y es un acto más emotivo incluso que puramente racional ya que la realidad por ejemplo en Cat. pese a ser progresista & nacionalista no resulta coherente con los beneficios vendidos. Ya, la culpa es de otros y los responsables de Gobierno nos avisan, buenos ellos con sus adláteres mediáticos, quienes impiden nuestro progreso estos últimos 25 años. Un razonamiento lógico por favor.

¿Conocemos de la gestión autonómica todos estos años? ¿Disponemos de una prensa que actúa de contrapeso del poder? ¿Dirigimos nuestra mirada acusadora más hacia fuera o hacia dentro? ¿Establecemos asociaciones emotivas de ideas o puramente racionales?¿Conocemos los casos de corrupción del poder catalán y tenemos la certeza de la fiscalización de los medios? ¿Contrapesan los grupos editoriales con equidad las noticias que nos ofrecen? ¿Desechamos los razonamientos al advertir que son contrarios?

¿Cuánto durará esta noticia y mis comentarios?

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El último comentario, remite a una noticia publicada por La Vanguardia el año pasado que hacía referencia a la filosofía "nudge" y que publiqué en mi blog.

http://reflexiones-de-un-excentrico.blogspot.com/2009/03/una-noticia-sobre-obama-que-no-puede.html