martes, julio 19, 2011

Reflexiones sobre culturas y generalizaciones

Suele ser común escuchar frases como: "no es bueno generalizar" o "no todos son iguales", pero en este mundo hiper tecnológico donde las pautas las marcan los medios de comunicación resulta difícil desprenderse de los hilos que pretenden controlarnos y convertirnos en unidades homogéneas homologables. A la vez que muchas personas, en especial jóvenes, lanzan esas excusas, se presentan vestidos y actúan como dictan unos cánones entre los varios y definidos que ofrecen los dictadores de la moda: de nuevo esos medios de comunicación y entretenimiento que forman a sus clientes - discípulos.

Las generalizaciones en este mundo global son más válidas que nunca ya que el propósito intrínseco de tal globalización es precisamente igualar actitudes y comportamientos tornándolos clientelares y sumisos. Eso no obsta a que el orgullo personal de cada habitante le enfunde arrestos y emociones en cantidad para creerse lo suficientemente especial como para vociferarlo y reclamarlo como un derecho exigible. El caso es que las corrientes de manipulación e influencia coyuntural globales vienen a unirse a los hábitos y costumbres propios de cada sociedad, conformando en cada cultura un resultado determinado. No hay duda que los dictados globales vienen marcados por la cultura anglosajona y más específicamente por la estadounidense. Su hiperbólica influencia en el terreno cinematográfico y musical viene a complementar y condicionar al resto de géneros que perviven y conviven al unísono gracias a su aquiesciencia. Así, la moda, los hábitos y los principios fundamentales estipulados en esos medios se constituyen en referencias contra las que chocar o plegarse sin remedio.

Ahora bien, asumiendo la realidad del mundo que nos toca vivir, el aterrizaje de unas premisas sociales, que son ni más ni menos un esquema de valores y comportamiento completo como referencia hegemónica, se produce en cada territorio, como ya decía, de una manera distinta. En el mismo país norteamericano se recibe de manera muy diferente esa "cultura" con sus matices ya sea en una parte de un Estado o en otra. Las costumbres y tradiciones que han pervivido durante siglos con sus transformaciones acogen cada una a su manera lo que sigue siendo una intromisión ajena por muy estadounidense que sea.

El resultado de lo que pretendo dar a entender es simple: sobre unos presupuestos sociales definidos por hábitos y tradiciones se reciben influencias de lo que se viene a llamar "mundo globalizado" que no es más que un mercado único que pretende moldear clientes y sus preferencias, generando necesidades artificiales. Sobre generalizaciones existentes, las de cada país y/o cada grupo dentro de un territorio, se infiltra una generalización más influyente y poderosa en medios que pasa a regirse como el conjunto principal en el que las distintas sociedades actúan de subconjuntos.

Son tan útiles las generalizaciones que como símil me valdría estipular cada nación como una persona con sus rasgos inherentes que le llevan a reaccionar de una manera hasta cierto punto previsible. Eso es tan evidente como el caso que ocupa portadas de diarios de medio mundo: el escándalo de las escuchas ilegales del grupo mediático de Murdoch. ¿Se imaginan una situación parecida en España? ¿O en Italia? Yo no. De hecho, existen casos de una gravedad mayor que pasan a diario inadvertidos por los ciudadanos, no por desconocidos, sino porque los medios de comunicación de los países denominados "latinos" han fraccionado tanto la sociedad desde un prisma político que lo único que importa es defender al bando propio y cada cual tiene o demuestra sus propios códigos de "honor".

No todos son iguales, desde luego. La generalización en este terreno supondría la disculpa a todos por hacer lo mismo, pero es que el código de valores tampoco es el mismo para unos y otros. La justificación de los medios para arribar a un fin es el gran axioma que protege argumentalmente a todos los que se escudan en lo malo que hace el vecino para hacer lo mismo o justificarlo y en este punto ya no existe un final más que la supervivencia.

Me llama poderosamente la atención la repercusión que han tenido las escuchas ilegales en el mundo anglosajón, tan propenso éste a rasgarse las vestiduras por casos en los que precisamente éstos son tan dados a llevar a cabo. Eso demuestra un enorme espacio y distancia entre el sistema de valores de las clases dominantes con el del sistema de valores de la mayoritaria clase media. Los primeros mantienen una apariencia de respetabilidad que les sirve para reclamar a los ciudadanos unos principios de los que valerse para manipular y controlar a la sociedad mientras esas élites quedan al margen de norma alguna.

Se podría pensar por ello, que los españoles en general somos mejores o más sinceros o como gusta de repetirse con profusión, menos hipócritas, pero desgraciadamente esa supuesta falta de hipocresía de la que nos jactamos no es más que un subterfugio para actuar con impunidad y donde los principios resultan más una molestia que lo contrario. En ese punto el populismo y la demagogia se abren camino con facilidad para enarbolar banderas sentimentales donde se prima más la satisfacción emotiva de esos grupos sobre su mejora o beneficio ciertos. Por tanto, los objetivos de esas élites populistas son distracciones de todo lo que mejora al individuo siendo el odio al enemigo objetivo la causa fundamental y la motivación principal para exacerbar a las masas. Las buenas intenciones y los mundos sin un orden lógico o viable complementan el aporte sentimental que sacian a sus defensores pero que malogran y destruyen la convivencia de los territorios que los padecen. Todo tiene un motivo y él populismo progresista que avanza inexorablemente en el mundo no es más que consecuencia del hartazgo del conservadurismo que trató de hacer lo propio en épocas anteriores. Por ello, es cierto que, en las sociedades europeas y norteamericanas, a sumar a los principios fundamentales labrados y forjados por una simiente judeo cristiana, históricamente se han aposentado modos y maneras artificiosas con un interés en el poder y el dominio de masas que han ejercido tanta o más influencia que los propios principios rectores fundamentales llegando a suplantarlos distorsionándolos y desvirtuándolos. De ese modo se han establecido sociedades maniatadas y controladas sobre las que en buena lógica han surgido grupos que han tratado de soltarse del yugo del convencionalismo represor y rechazar sus supérfluas maneras educacionales, es decir aquellas que se emplean como un fin y no como una consecuencia. De ahí aparece la lucha entre el Progresismo y el Conservadurismo, por una a veces interesada aplicación de los principios con más intención de dominar a los demás que de veras ejercerlos. Así, a quienes les toca sufrir en minoría es a los que ciertamente cumplen esos principios o se esfuerzan sinceramente en seguirlos ya que topan con enemigos por doquier: los que se valen de ellos para manipular, los que reniegan del todo por despecho abrazando el populismo progresista y los que sencillamente los atacan por verlos como un estorbo a su deseo de satisfacer sus pretensiones particulares.

La historia de la humanidad siempre se mueve por errores de apreciación y manipulación sentimental. Algo que parece no cambiar.

Desde que el hombre es hombre y se ha constituido en sociedad, las maniobras para organizarse y regirse siempre han pasado por medidas coercitivas más o menos veladas. La democracia no tiene nada que ver con el absolutismo ni otros regímenes autoritarios pero las personas que en ellas perviven no son diferentes de las de otras épocas disponiendo de similares anhelos, fuerzas y debilidades. De ahí que se busquen maneras de regir a la ciudadanía agrupándola en generalizaciones con las que desmarcarse de otras generalizaciones. Es lo que llamamos países o territorios con unas premisas comunes.

Existen presupuestos distintos en cada territorio que surgen de la idiosincrasia de ese territorio, es decir de su clima, orografía y el resultado de una combinación de factores dada la específica ubicacion, en especial de los vecinos que rodean cada territorio.

En la actualidad, podrían despreciarse los factores climáticos como razones para justificar maneras genéricas de ser de una sociedad, pero cuando echamos un vistazo a la historia y examinamos los medios vetustos de los que éstas han tenido que valerse para avanzar y forjarse un espacio, podremos comprender lo que ha llevado a cada una a ser como es y la diferenciación que supondría en ellas modos de alcanzar objetivos y la esencia de esos mismos objetivos. No es lo mismo una sociedad que dispone de un clima propicio a la que se le brindan posibilidades y placeres tan naturales como gratuítos que otra con metereologías adversas que obliguen a las mismas a verse forzadas naturalmente a sacrificios como mínimo de supervivencia. Las consecuencias que suponen esas diferencias vienen a afectar directamente una manera de comportarse y de afrontar los retos de modo muy distinto. La misma capacidad de relativización puede variar exponencialmente entre unos territorios y otros en base a la natural disposición de sus habitantes al esfuerzo o la comodidad condicionada por ese territorio.

Sí es cierto que en la actualidad pueden quebrarse las tendencias de algunos países y de hecho existe disconformidad de pareceres desde planos políticos y filosóficos. La capacidad tecnológica nos brinda la posibilidad de mayores opciones incluso ideológicas que en otros tiempos no existían. Hasta ese punto ha cambiado la libertad de decisión. Tomar según que decisiones en la actualidad, como un viaje de cierta entidad, antiguamente hubieran supuesto algo extraordinario si es que no prácticamente inalcanzable para la mayoría.

El elemento de esfuerzo en la sociedad viene a condicionarla directamente y afecta gratuitamente su disposición y tendencia.

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Un excéntrico pensador que emplea este blog sin concesiones a la mesura ni a la inteligibilidad