miércoles, septiembre 21, 2011

El atractivo de lo irracional

La racionalidad es poco atractiva. Aunque entre encuestas sociales pudiera valorarse como positivo el hecho de disponer de una mentalidad racional, los hechos muestran lo contrario a diario. No sólo por las consecuencias de los actos poco racionales, sino por hábitos que se demuestran atractivos justamente por ser todo lo contrario.

Para empezar, la racionalidad no ofrece demasiadas sorpresas, es más, casi ninguna. La coherencia es un principio fundamental de la racionalidad que debe ir acompañado de otros subordinados como la honradez o la honestidad, que aún pudiendo ser consideradas como principios morales, yo sostengo que son además, racionales por cuanto conllevan unas consecuencias favorables sobre sus actores y receptores.

La irracionalidad por el contrario supone el triunfo de los estímulos instintivos o emocionales sobre la racionalidad y se deja acuñar con facilidad con calificativos y sustantivos atractivos para venderse que aún no siguiendo estrictamente su semántica, disponen de un gancho superlativo que capta a buscadores de sensaciones por doquier. Así, términos como libertad, progresismo, igualdad y vocablos semejantes son secuestrados por los irracionales que por el contrario se hallan pertrechados con ingentes brotes de sentimentalidad plasmada en odio a terceras personas en algunos casos, o cuentas pendientes en otros, ya sean paterno filiales o de un calado emotivo poderoso.

La irracionalidad es atractiva porque genera estímulos más allá de la moderación, Cuanta menos moderación, equilibrio e irracionalidad, mejor y dichos estímulos surgen de motivaciones siempre anormales por exageradas y desajustadas: una familia desestructurada, un conflicto serio en la niñez como una pérdida, una separación traumática, unos padres maltratadores o un tutor más exigente de lo deseable, etc., casos numerosos que inciden en el niño afectándole la zona racional de manera considerable ya que se ven obligados a protegerse con mecanismos de "contraracionalidad" para no caer en la locura. La mente reaccionará compensando el daño sufrido de un modo u otro y ese daño siempre es emocional. Bien, esos extremos son los más preocupados por salir del pozo y por tanto los que en una sociedad inicialmente equilibrada, buscarán destacar para aplacar sus miserias emocionales. El resto, los que interpretarían la realidad de forma "anodinamente" racional, es decir, tal como es, sucumbirán a los cantos de sirena de la rebeldía irracional.

Los casos de irracionalidad en el siglo XXI son una constante en los medios tanto de información como de entretenimiento, primero porque llaman mucho más la atención que los previsibles estadios de lucidez racional y segundo porque al instituir tendencias globales, la sociedad se rinde al bombardeo de sinrazón acogiéndolo como si formara parte de una normalidad asumida e inexorable. De ese modo se extiende la gangrena irracional y desaparecen las referencias racionales que se sustituyen por alegatos vehementes de pasión y sentimiento que tan bien llevan los que serían desahuciados en un mundo de cordura. Personajes de películas, de literatura, de todo tipo de cultura, noticias amplificadas o interpretadas en un sentido tendencioso desde la fotografía hasta la idoneidad de los signos de puntuación. Todo en la dirección de lo fácil, lo sensitivo, lo instintivo, lo que llama a uno a gritar: ¡Libree! Sin saber que se entrega a todo lo contrario por espejismos de placer vacuo y utopías bienintencionadas con final inevitablemente real.

En la misma línea, la irracionalidad acoge sin sorpresa la desgracia como constante solidaria y hasta exigible para poder demostrarse y denosta todo lo que tenga relación con lo bello, con la felicidad, con el orden, con la alegría a menos que ésta resarza con risas propias un acoso a terceros tachados de enemigos objetivos y se sustituya su mención por escarnio. La ingenuidad, entendida como de acción tan limpia como causalmente desnuda de malos sentimientos se asume como aburrida e idiota y el conocimiento de la maldad junto a su conviviencia formal se convierte en un plus de inteligencia anexionada a la posibilidad de dominar a otros. El poder de subyugación que ejerce el tramposo irracional para traicionar a los demás y a sí mismo ocupa un puesto de honor en nuestra sociedad irracional. Es el malo atractivo que se pinta como listo en películas desde la aparción del cinematógrafo y antes y ahora, muchas novelas de seres atormentados. La desgracia ajena vende mucho más y es más solidaria ya que es más fácil que brote la empatía entre los que sufren por saberse semejantes, que cuando uno observa la felicidad de otro. En ese caso, la envidia sustituye a la empatía de modo automático, sin llegar a poblar el razonamiento reflexivo. El inconsciente ya dirime el caso como favorable o desfavorable atendiendo a los propios recuerdos y vivencias en unión a los principios rectores de esa vida no racional.

La irracionalidad pretende generar arquetipos con los que eximir a sus adoradores de falta. Pretende instituir el credo del capricho personal como un principio o derecho defendible. Establece grupos y credos de manera arbitraria y motivaciones ocultas disfrazadas de altruistas, porque la racionalidad puede disculpar y perdonar pero no sancionar el error con tal de contentar a los que yerran.

Los irracionales son víctimas a su vez de otros irracionales. El desorden trae desorden y la necesidad de sentirse bien con lo que se tiene lleva a éstos a buscar la normalidad en ese desorden atacando a cualquier excepción a una mayoría. En este caso el ordenado o el que pretende un orden en su vida. He leído alegatos de individuos que justifican violencia para su causa esgrimiendo con vehemencia y naturalidad un totalitarismo en la creencia que viene amparado por valores que ellos consideran superiores. No adivinan siquiera que son como enviados de un Dios al que odian usado como excusa para dictar su propia justicia cual mala película de terror.

En este mundo la irracionalidad manda y lo peor de todo es que el factótum que se halle detrás pueda ser un ser racional. Vamos listos.