lunes, octubre 24, 2011

Escuchará a la oposición o seguirá la ley del rodillo...

Hoy he leído el comentario que pone título a esta reflexión en el encabezamiento de una noticia de un diario digital. Ésta se refería al éxito obtenido por Cristina Fernández de Kirchner en las elecciones habidas en Argentina.

Me ha llamado la atención por el modo en que se considera aceptado y normal como algo negativo el que un partido en el poder no cuente entre sus acciones de gobierno con las iniciativas de la oposición, con sus propuestas. Eso se entiende como la aplicación del "rodillo". Un uso peyorativo de la herramienta cilíndrica para amasar o allanar que sugiere una manifiesta falta de diálogo o una postura de corte autoritaria.

Recuerdo que recientemente en una de las muchas campañas que se realizan en la lucha contra el cáncer, se trató de concienciar a las personas para rechazar la palabra "cáncer" a la hora de referirse a situaciones o circunstancias muy negativas, como podría ser por ejemplo frases como: "un cáncer para la sociedad" o similares. El propósito era acabar con el prejuicio adquirido de asociación de ideas que entiende la patología como una sentencia letal. Los responsables de la campaña, consideraban esa asociación como nefasta habida cuenta de las mejoras obtenidas en la lucha contra la misma tanto en el diagnóstico como en la terapia y que han conducido a modificar las estadísticas tan siniestras de años antes.

El uso de las asociaciones de ideas es un factor extraordinariamente poderoso en un mundo dominado por los medios de comunicación y entretenimiento que sirve para instalar prejuicios en la sociedad que son a posteriori difícilmente reversibles. Es por ello que muchas palabras, repetidas hábilmente en campañas políticas o publicitarias, llegan a adquirir un componente emocional de aceptación o rechazo que pueden incluso eximir a los que las pronuncian de dar las necesarias explicaciones.

No tiene esta reflexión la más mínima intención de inmiscuirse en la política argentina. Mi propósito es criticar una asociación de ideas concreta que considero perjudicial para entender la democracia española: la que entiende las mayorías absolutas como algo necesariamente negativo. Dudo que el propósito de la publicación digital fuera ese como concepto general, sino más bien la toma de una postura concreta no especialmente favorable ante la elección de Cristina Fernández de Kirchner, pero el caso es que en el propósito final se empleaba la citada asociación de ideas.

Existen muchas palabras - eslogan, que contienen un contexto emocional amplio que vendrían a soportar y apoyar la idea de que una mayoría absoluta es inherente mala. Se podría decir que no favorece el diálogo; que facilita actitudes autoritarias; que, incluso en el colmo del contrasentido es poco democrática, que deprime el pluralismo o incluso hasta la libertad.

Todo lo dicho no es necesariamente así, pero es que aunque lo fuera (con los límites del respeto mínimo exigible y una necesaria buena fe demostrable) las mayorías absolutas son el resultado inequívoco de aquella parte de la democracia en la que se ejerce la soberanía popular, lo cual no es asunto baladí precisamente. Por ejemplo y sin ir más lejos, una mayoría absoluta es obviamente, plenamente democrática, mientras que un movimiento de ciudadanos que toma la calle sin constituirse en opción política propugnando sus ideas sin atenerse a la legalidad y coaccionando a terceras personas que con iguales derechos deben resignarse a padecerles además del consiguiente agravio comparativo, no. No son en absoluto democráticos, por más simpatía que puedan granjearse entre los que entienden la desgracia ajena y la queja "empática" como un símbolo clave de solidaridad y contengan en sus discursos referencias constantes a una democracia directa. Pero todo eso puede justificarse a su vez por otras muchas palabras - eslogan con fuerte contenido emocional y que por lo tanto no necesitan más desarrollo para captar acólitos que su mención: justicia social, libertad, democracia real, y un largo etcétera.

Todo ello es comprensible. Es absolutamente lógico pensar que exista gente indignada por hallarse prácticamente en la calle de la noche a la mañana por una espoleta totalmente ajena a su acción y voluntades. El problema es que la comprensión de un estado emocional no lleva a justificar medidas igualmente emocionales como las más efectivas aún reconociendo que a buen seguro serán las más espectaculares. Recoger las quejas de las personas es una cosa y ponerles o intentar ponerles solución real es otra cosa muy distinta. Eso asumiendo que, de por medio existe mucha gente que entienden la queja al sistema como un fin en sí mismo que no ofrece una solución tangible más que el caos, pero que les brinda una posición importante en su vida y un protagonismo y motivaciones que en el anodino y cotidiano mundo civilizado no existen.

Las mayorías absolutas son tan necesarias como los gobiernos competentes, ya que esa competencia se podrá desplegar plenamente si existe una mayoría holgada con el resultante beneficio para el país. Claro que si es el caso contrario, entenderemos que todos los factores que rodean al gobierno negligente son causa y consecuencia de su mera existencia y serán atacados desde todos los flancos. Incluso aún pudiendo ser eficiente el gobierno existente, el recurso de la dialéctica partidista y las operaciones publicitarias llevan a aprovechar las palabras - eslogan que tanto daño pueden ocasionar por ser el arma preferida del populismo. De hecho, de fijarse un poco, uno advierte que el mismo Mariano Rajoy, ante la posibilidad de lograr mayoría absoluta, la pide a base de eufemismos y no pronunciando su nombre: "mayoría amplia", "mayoría suficiente".

Por eso creo que es conveniente y necesaria una reformulación de la aplicación de los conceptos que inspiran el periodismo y el uso de la información, y ya no digamos la política. La asociación de ideas es manipulación en estado puro y vivimos con ella con naturalidad. Eso es una merma extraordinaria que tenemos de nuestras libertades que nos puede llevar paradójicamente a exigir libertad cuando los que están detrás arengando la trifulca, tienen unos planes muy específicos que se pertrechan de maravilla tras maximalismos y grandilocuentes frases tan emocionalmente efectivas para congregar masas tras su causa.

sábado, octubre 22, 2011

Está sucediendo

Actualmente estoy leyendo un libro que resulta interesante ya que se trata de una serie de reflexiones filosóficas, politicas e incluso científicas referidas a la teoría de la evolución de Darwin y más particularmente al uso que según el escritor se hace de la selección natural para vender el individualismo como parte inherente del ser humano. El libro en cuestión se titula La edad de la empatíaobra por Frans de Waal. En justicia no puedo todavía emitir un juicio de valor más que una impresión inicial, ya que de las más de 300 páginas que conservan sus tapas llevo 55, pero el caso es que me ha extrañado sobremanera que tratándose de una publicación de corte científico, desde el principio se realicen tantas referencias políticas y tan particulares.

La globalización mediática nos está llevando a un estado de efervescencia ideológico-política tal, que sobre decisiones que supuestamente deberían alejarse de esos cánones, las afectamos de justamente lo contrario.

Lo que denominamos prejuicios, están actuando con más fuerza e influencia que nunca. Sólo cabe imaginar como se recata uno en público a la hora de hablar comedidamente para no herir sensibilidades con un lenguaje políticamente correcto o en detalles como tirar la basura o cualesquiera elementos de concienciación social. Todos ellos actúan como un entorno que nos somete a un estadio de presión social que surge precisamente de medios de comunicación y entretenimiento de toda índole. Si conociéramos a un paisano que se hubiera mantenido al margen de todo contacto social y mediático, consideraríamos muy probablemente sus maneras extremadamente toscas y rudas con colectivos que entendemos deberían protegerse. Puede que no, si esa persona dispusiera de una educación cierta en valores tradicionales de respeto al prójimo, ya que las "inoculaciones" actuales son pormenorizaciones de colectivos que tratan de suplantar conceptos generales que perviven en nuestra sociedad occidental desde hace siglos.

El caso es que yo tengo una formación genérica de inspiración católica muy resumible en el respeto (e incluso amor) al prójimo con independencia de su condición. Algo que sabemos resulta muy difícil de cumplir se sea o no cristiano. Ya sabemos lo que se dice de la teoría y la práctica.

El caso es que el autor del libro con el que he empezado, un biólogo holandés de reconocido prestigio especialmente destacado por sus estudios con primates, trata de enfatizar la capacidad y necesidad que tiene el ser humano de desarrollar sus dotes sociales y particularmente la cooperación y el altruismo. De lo que llevo leído ya ha expuesto ejemplos de primates que manifiestan actitudes altruistas o sencillamente muestras externas de cariño entre especies determinadas. Igualmente hace referencias a los bosquimanos y su actitud primordialmente pacífica que viene de muchísimo tiempo atrás. No esconde el científico en cuestión, una tirria hacia las maneras individualistas de los modelos políticos neoliberales o directamente de corte republicano de los EEUU, sin óbice por ello a reconocer la meritocracia como algo positivo.

Defiende también el concepto humano de sentimientos de los ataques de aquellos que pregonan la razón como límite a los mismos y látigo que debe reconducirlos a una senda marcada de beneficio y efectividad.

Sin proponérmelo demasiado, estoy leyendo un libro opuesto a La rebelión de Atlas que recientemente terminé y he dedicado unas líneas al mismo. De hecho en las letras de mi actual lectura se menciona esa obra y a su escritora como ejemplo del individualismo objeto de crítica. Ello no es sorprendente, sino todo lo contrario, ya que la tendencia europea actual es beligerante precisamente contra el individualismo.

A mi me llama la atención la forzada contradicción entre el individualismo y el colectivismo o cualquier otra mención más adecuada para referir el beneficio de un individuo o el de la sociedad, ya que pienso que ésta es interesadamente maniquea y malintencionada sin que por ello existan montones de personas que no advertidas por su intelecto, acojan esa disyuntiva como naturalmante confrontada.

Es cierto que como he comentado en muchas ocasiones, para que un proyecto de estado, filosófico o de entidad suficiente sea considerado como válido, debe contener en el mismo posibilidades ciertas de aplicación y para ello debe resistir el rigor de la causalidad. No caben por ello manifestaciones de intención que no son de posible materialización habida cuenta la inexorable condición humana. Eso si los presupuestos son intelectualmente capaces u honestos, alternativa o complementariamente.

El caso es que ni estoy totalmente de acuerdo con las disquisiciones de La rebelión de Atlas ni, inicialmente con las planteadas en este libro, entre otras cosas porque parece, y eso es una opinión personal, que el autor pretenda llegar primero a una idea y se valga de sus recursos de toda índole, entre ellos científicos para intentar denodadamente demostrarla.

La idea de individualismo no debe ser la de primar la satisfacción personal de uno sobre el resto de una comunidad como alternativa excluyente. El hecho de que un sujeto pretenda extraer de sí mismo lo mejor que hay en él no supone necesariamente que tenga que perjudicar a la sociedad sino todo lo contrario, podrá llegar a constituirse en un bien para disfrute del resto de la sociedad. La idea de individualismo sin escrúpulos casaría bien con la línea que tienen los detractores de esa corriente, pero eso no es más que a mi parecer una mala optimización del individualismo que llevará a resultados posiblemente positivos a corto plazo, pero negativos a medio o largo. De hecho, si todas las personas nos preocupáramos ciertamente de mejorar nosotros mismos en lugar de mirar al vecino y compararnos exigiéndole algo que no hacemos con nosotros mismos, estoy seguro que el global funcionaría mejor, pero parece que las tendencias apuntan hacia todo lo contrario por intereses, no precisamente colectivos, sino individuales de personas que se valen de ese pretexto para aglutinar un mayor poder e influencia.

Por ello, cuiando trato de indagar en la idea de colectivismo o de coerción individual por el supuesto bien de la sociedad, no ceso de encontrar ejemplos de situaciones reales que resultan fallidas y lo que es más triste, coincidentes con el escenario catastrófico del libro creado por Ayn Rand.

Yo vivo en Cataluña, que es un laboratorio de Progresismo y enérgica presión social sobre lo que se supone debe exigirse a un ciudadano tipo. El cien por cien de los medios autóctonos beben del Progresismo social y el conservadurismo económico, matizados por un perfil nacionalista capaz de camuflar las salidas de tono posibles de las élites que tradicionalmente se mantienen al margen de lo que se pide a la ciudadanía. Las anécdotas que se viven en mi territorio y su cada vez más continua reiteración me llevan a temer un colapso en el sistema a medio plazo. Personas indolentes por doquier que realizan lo que se supone es su trabajo con negligencia manifiesta, jóvenes en edad de encontrar su primer empleo con un número de exigencias instalado como equipamiento de serie innegociable, centros de educación con niños consentidos hasta el paroxismo, centros de la administración en los que un ciudadano puede desmayarse en la espera sin que el funcionario cuelgue su teléfono por una llamada personal o casos de urgencias hospitalarias en las que un caso grave debe esperar la cola debida ante personas con dolencias leves a menos que realice manifestaciones ostensibles o ni así, la epidemía de automatización humana en las que los trabajadores obedecen a pies puntillas consignas y reglas instituidas por empresas con independencia de que éstas puedan producir situaciones absurdas o gravosas para sus clientes. Un mundo en el que tener razón es un problema y ya no digamos tratar de argumentarla.

Parece un espacio de gente dirigida que trata de no pensar, pero que se indigna con facilidad a expensas de los motivos inculcados por las altavoces mediáticos predominantes.

El aumento de casos de inspiración surrealista empiezan a copar el anecdotario de cualquier individuo que se relacione en nuestra sociedad y las paradojas, habida cuenta del momento de crisis existente, una constante a cuyas excepciones se les acusa de querer destacarse o de ser enemigos de la sociedad.

Bajo una idea de libertad real, es difícil defender el igualitarismo. De hecho es imposible. Otra cosa es aplicando la coacción, pero para ello se hace necesaria la distracción y la formación adecuadas de los individuos para que no detecten su merma en la libertad y su discriminación a la hora de elegir al bando y sus enemigos. Eso, al margen de aquellos que la desean por tener conocimiento de que en el proceso, ellos subirán y saldrán ganando a costa de otros. Un modo de egoísmo que no se critica pese a ser tan cierto y demostrable como el que más.

No en vano, cualquier aplicación debe contener una idea de honestidad cierta que debe ser racionalmente instituible en base a la causalidad y que reporta beneficios al ser humano por aceptar la compatibilidad de convivencia y limitación de los propios derechos por los de los ajenos.

En cualquier caso, el escenario que vivimos en el presente sucede y es real y empieza a dar miedo.

martes, octubre 18, 2011

El gran problema de España

Intentaré ir al grano: el problema de España es el enfoque de la izquierda y el Psoe en particular. El Socialismo español ha traído y propiciado: un paro desmesurado; una cultura de subsidio que compra voluntades y vende un igualitarismo totalitario; la regulación coactiva a golpe de decreto; el avance del nacionalismo cualitativa y cuantitativamente; la degradación moral basada en el relativismo y el desprecio a la responsabilidad de los actos propios; la consecuente eliminación de referencias; la suplantación de los principios basados en la civilización judeo cristiana por otros formales y frívolos que surgen de la corrección política y el análisis de encuestas de población; el desprestigio de las instituciones por la aniquilación de la seguridad jurídica; el marketing electoral y las estrategias psicológicas más ruines que justifican medios para llegar a un fin: la destrucción de la derecha; la confusión a la ciudadanía por la promesa hipertrófica de derechos en campañas electorales; la formación a una parte de la población como colectivos autorizados para juzgar al resto y exigir a terceros la resolución de sus problemas particulares; el fomento del odio entre derecha izquierda y la simplificación de lo público y lo privado por asociación de ideas sentimentales; la memoria histórica desde una perspectiva revanchista; la permisividad con el autoritarismo de izquierdas y el desprecio a la oposición como una virtud del ciudadano progresista homologado; el disponer como un argumento válido el insulto y el ataque a la oposición en lugar de rendir cuentas por lo gestionado; la distracción de lo importante con la mal llamada cultura y el entretenimiento frívolo; el misterio y la falta de transparencia en órganos de las fuerzas del Estado con ocultaciones y desapariciones "fortuítas" de pruebas en casos importantes o claves en nuestra historia reciente; el resquebrajamiento de la separación de poderes; la impunidad en la concesión de condecoraciones incluso pensionadas; la connivencia con el monopolio mediático y la aquiescencia a la balsa de aceite catalana que no conoce el pluralismo; en Cataluña se ha desdeñado la importancia del caballo de Troya socialista que ha supuesto un diario como La Vanguardia desde la llegada de Joan Tapia, desde entonces el Progresismo socialdemócrata ha aterrizado subrepticiamente transformando a la clase media y alta con postulados socialistas velados que han cristalizado en una superioridad moral y una supuesta equidistancia que trata la política nacional como foránea y ajena y al PP como contrario a Cataluña, en ese instante se aniquiló el único bastión catalán que no era de izquierdas; la impunidad y la arbitrariedad en la concesión de canales a medios considerados como afines; la desfachatez en el empleo de la Fiscalía del Estado con diferentes varas de medir; el repudio a la razón y el abrazo al populismo más primario; el recurso emocional para fomentar la tensión entendida como espoleta que haga estallar el odio; la falta de escrúpulos para justificar sus actos y la carencia absoluta de vergüenza por la propia responsabilidad; el cinismo en cambiar de principios si alguna vez éstos existieron; el conocimiento y complicidad con los grupos de izquierdas que fueron sus votantes y que ahora recurren a un "todos son iguales" y a la indignación para esparcir el manto de la incompetencia de los suyos a los enemigos de clase y eximirse de paso con ello de responsabilidad en la aplicación de sistemas que se han demostrado fallidos; la completa desfachatez al exigir como oposición que no se hagan recortes en las Administraciones que ellos han quebrado recientemente; el complejo de inferioridad de un país considerado ya de tercera; el desprestigio internacional; la progresiva balcanización de los territorios nacionalistas; el advenimiento a la pantomima de ETA y la coadyuvación de su estratagema para concurrir de la mano como pacificadores que desean un nuevo golpe de efecto antes de las Elecciones y un órdago a la Derecha; la hostilidad hacia lo eficiente y las razones argumentadas y el abrazo a la mera intención y la sentimentalidad; la sistemática de los prejuicios emotivos irracionales sin necesidad de escrutinio o análisis; la naturalidad en la realización de pactos contra un partido o negociaciones secretas junto a una organización terrorista; el reconocimiento del Estatuto de Cataluña que decidan los catalanes como simiente de su independencia y espita innecesaria; la introducción de problemas que no existían por razones meramente electoralistas; la mezquina y débil idea de tratar de contentar a toda la izquierda a base de un denominador común que es el enemigo objetivo; la destrucción moral de varias generaciones de jóvenes con ideas ambiguas sobre principios y una calidad pobre de la enseñanza; el advenimiento a la coacción y la nula reacción a los agravios comparativos si estos pueden rendir electoralmente; la permisividad de todo lo que se entiende del bando propio en casos como la JMJ en la puerta del Sol; la sanción al homicidio por niñas de 14 años que pueden eludir su responsabilidad, además de la posible responsabilidad por permitir medicinas que se ha demostrado pueden suponer un riesgo para la salud de esas menores; el autismo mediático de la izquierda o el caso de los altavoces estropeados en casos de importante calado como el del Palau de la Música o los fondos del padre de Más en Lienchestein y el máximo rigor mediático y fiscalizador con tres trajes; el mutismo y la aceptación de falta de coherencia entre los líderes que propugnan lo público pero que lo rechazan en la práctica para ellos y sus familias; el despedazamiento de los derechos de conciencia cuando se trata de ideas o religiones de corte conservador; la persecución de la iconografía católica y la idea desfigurada de la Iglesia que obvia su labor social extraordinaria por entenderla como sparring ideal con que venderse al sector más hostil y despechado de su electorado; la desintegración del mérito y la capacidad personal; la mentira mantenida como recurso a la defensa a sabiendas que puede lucharse por vías emotivas y con recursos mediáticos suficientes sin olvidar el maniqueo populista que impone voluntad política sobre referencias e instituciones; la estrategia de una política de desprestigio o el olvido interesado de aquellos políticos que han demostrado tener razón a posteriori en casos relevantes de la política y economía española, como con Manuel Pizarro o Jaime Mayor Oreja; la idea caricaturesca de un buenismo que privilegia la intención hasta hacerla capaz de justificar lo que haga falta, sea negligencia o mera incapacidad; el retorno a la asociación de ideas, la afinidad de grupo, la separación de clases y todo lo que lleve a separar con calificativos simples.

El Socialismo en España es responsable de inocular la emotividad como simiente y génesis de la indignación y el desprecio al bando contrario. Trabaja y discurre al servicio de la destrucción de todo lo que tenga que ver con la Derecha siendo su fin y última razón de ser.

Los modelos inspirados en la separación de clases o el igualitarismo son tan utópicas que necesitan ser coactivas y autoritarias para funcionar, de lo contrario son insostenibles. Los nacionalismos también perviven del manto emocional y el imprescindible enemigo objetivo que centra el empeño y la atención de su fin primordial y sin el cual perdería gran parte de su motivación.

El gran problema de España y de las sociedades en general es el uso de la emotividad para distorsionar, manipular y arengar a las masas en torno a una efervescencia populista más o menos velada o ejecutada con mayor o menor enjundia y complejidad estratégica para llegar a una idea de superioridad moral emotiva que libre al ciudadano de razonar asumiendo unos postulados que casan bien con la afinidad de grupo y distraen lo que pueda ser negativo de la propia existencia, todos los problemas que siguen a posteriori son por coherencia y lógica añadidura.

¿Cómo dar cuenta de una problemática que está inserida en la sociedad? Hablamos de personas, de grupos que tienen una idea propia muy diferente y que jamás reconocerían los hechos aunque los puedan comprobar y padecer. Nunca o en raras ocasiones nadie tiene una idea de sí mismo negativa o de ser propiciador de la destrucción o desmoronamiento de un país. En el presente podemos conocer de sociedades enteras subyugadas por un propósito oculto y taimado alentado desde la cúspide y que justificamos desde fuera diciendo que son dictaduras, pero en las que con independencia del modelo de estado, un porcentaje muy importante de esa población defiende y apoya sus principios, lo que no es óbice para que en un futuro se puedan desdeñar o renegar de ellos, ya que los propósitos humanos no versan sobre la justicia universal desligada de apegos sino de afinidades y asociaciones personales que enlazan con aspectos grandilocuentes con extrema facilidad. Disponemos de experiencias históricas de sociedades que apoyan regímenes e incluso democracias que nos han parecido atroces. Lo solemos dirimir pensando que nosotros somos invlunerables a ese tipo de situaciones.

Los ataques políticos entre bandos no son más que bucles interminables con una finalidad exclusivamente defensiva o de réplica sistemática o de ataque y recurrencia. La clave siempre está en conocer los estímulos y motivaciones de las personas ya que éstos son siempre los mismos a lo largo de la historia. Por eso cala una idea de Jihad que atenta contra los enemigos del Islam, por eso es facil defender un igualitarismo entre los que no son los más favorecidos por la sociedad liberal, por ello es sencillo aglutinar muchedumbres y sociedades enteras entorno a ideas de orgullo exagerado o emotividad en cuantas causas sean capaces de estimular los anhelos ocultos que subyacen en las personas tanto desde la perspectiva del avance personal como del resarcimiento que conviva con el odio o envidia hacia terceros. Toda la humanidad es susceptible a caer en espirales emotivas de paternalismo, de superioridad moral, de altruismo, de pretendida justicia personal, de diferenciación y de tantas cuestiones que pueden convertirnos en cruzados incondicionales entregados a un fin que no pierde el tiempo en examinar los medios.

Es justamente lo contrario. Los medios son la clave y no el fin. El como se vive y como se trata con los demás establece el resto por añadidura. Justificar ataques o cruzadas contra tereros por un fin es un utilismo que abandera un propósito egoísta de un manipulador.

Las razones se constituyen en referencias que son inmunes a los sentimientos que sólo deben servir para amar y no por el contrario, ni para gobernar, ni mucho menos para juzgar o dirimir decisiones importantes. La pedagogía es imprescindible para formar personas completas dotadas de razonamiento autónomo capaz de proveerles de las herramientas que les faculten a identificar sus debilidades y percatarse cuando son éstas las que mueven sus motivaciones al dirigir grandes causas.

El concepto de mal moral y la razón causal

En el lenguaje práctico, lo normal es el empleo de palabras "eficientes" o "económicas", es decir, que sirvan para designar con el menor número de éstas, la mayor información posible. Ello se observa muy especialmente con las palabras bien y mal, que se hallan entre las más eficientes por su corte aparejado de índole moral cuando toman un cauce sustantivo. El uso de estas palabras es universal y generalizado con independencia de los principios que abonen a los que hagan uso de las mismas. Son, como es natural, palabras a disposición de las personas que pueden llegar a resumir e incluso a sustituir cientos de explicaciones y razonamientos.

No tengo intención de centrarme en la semántica ni en el aspecto puramente económico de tales palabras, sino en su condición moral sustantiva al referirme al mal o al bien. Con ello asumo un orden que diferencia y juzga actitudes que pueden ser clasificadas en uno u otro grupo. Con la admisión de esos vocablos en sustantivo, estipulo nada menos la existencia de mucho más que un grado de valoración técnica, anímica o formal. Intento relacionar una causalidad apreciable en las personas que lleva a clasificar sus acciones en uno u otro grupo y que interacciona física y psicológicamente en sus actitudes poniendo en evidencia una idea de armonía u orden y otra de caos y desorden.

La existencia sustantiva de un bien y un mal como entes autónomos es negada por aquellos que no conceden a la existencia ningún tipo de razón causal. Con independencia de que éstos lleguen a fundamentar teorías en razón a una metodología científica que pretende o trata de ser escrupulosamente causal, se da la paradoja de que tales fundamentos pretendan resolver en sus disquisiciones justamente todo lo contrario: el azar o la casualidad como eje vertebrador que rompe una dinámica causal instituida a mi escrutinio como una constante universal. ¿Por qué? Porque es necesaria la admisión de teorías formales que sean absolutas, es decir, capaces de explicar todo imponiendo la voluntad sobre la causalidad, que no es rehén más que de sus consecuencias.

Es por ello que entendiendo yo la causalidad como eje fundamental del universo, asuma las consecuencias como consecuciones inexorables dadas ciertas premisas combinadas, no como posibilismos sin orden ni concierto. Desde el elemento más sencillo podemos hallar constantes causales que establecen un motivo para sus consecuencias. Circunstancias éstas que nos permiten dirimir incógnitas por inferencias a través de la razón y la aplicación de formulaciones causales.

Eso me lleva a entender lo que denominaría el "todo" como un reflejo de la causalidad materializado, un espejismo o una visión susceptible de apreciarse y sentirse por el ser humano que tiene su justificación causal en la materialización fisiológica de cada uno de sus procesos biológicos.

El entender que un acto o decisión humana se puede justificar a través de procesos fisiológicos , que puedan ser "vistas" las decisiones humanas por un microscopio, un TAC cerebral o la correspondiente herramienta, no es más que entender que absolutamente todo lo que nos rodea tiene un fundamento causal. Ahora bien, que decidamos poner un límite a esa causalidad en un punto concreto es una decisión consciente y forzada que responde y responderá a un interés específico, ya que la causalidad es una constante y no una excepción. De lo contrario no habría fundamento para nada y la metodología científica no tendría base para recurrir a su operativa por rechazar precisamente la constante que la justifica. de igual modo, la ciencia no puede poner trabas o límites a las incógnitas obligando a que éstas deban ser o instituirse de un modo concreto o específico. Debe respetar el devenir causal con independencia de que al hacerlo, puedan inferirse razones inalcanzables en la actualidad para el conocimiento humano. La causalidad no permite descartes o admisión discriminada de hipótesis, ya que de lo contrario tiramos por tierra todo el orden general y eliminamos el valor de todo lo que hemos aprendido por un fundamento causal.

La causalidad de los razonamientos de toda índole es el producto de la experiencia vivida del que los formula en combinación con los elementos innatos que a su vez son resultado de la herencia genética, la oportunidad temporal en el momento de nacer y la disposición geográfica. Hasta el más pequeño detalle tiene un infujo en el ser que discernirá sus disquisiciones. El que nosotros consideremos o prioricemos unas u otras no habla más que de nuestra capacidad para detectarlas, pero en tanto que éstas son causales, están conformadas ordenadamente o desordenadamente, pero en cualquier caso justificadas por sus motivaciones y asociadas a relaciones de interconexión causal.

Nuestro cerebro, lleva ese lenguaje causal oculto en su operativa que puede descubrirse o despreciarse sustituyéndolo por cualquiera dadas unas razones específicas que serán comprensibles y susceptibles de desarrollo siempre desde una perspectiva causal de conocerse todas ellas. Es lo que denominamos conciencia como término moral y que conduce a la armonía o al caos al cuerpo que respectivamente la acoja o la desprecie en base a esa causalidad con los consiguientes efectos de toda índole.

Los sustantivos bien o mal no se refieren más que al escrupuloso orden causal que no es arbitrario y por ello resulta un escollo para las inteligencias que tratan de relativizar las referencias. Aceptar que existen constantes en el comportamiento humano diferenciadas del resto del mundo animal, supone admitir una discriminación que debe ser valorada como fortuita o causal. Digo debe ser porque se presenta como alternativa entre los que tratan de despejar incógnitas desde los cauces particulares diferenciados que conforman cada individualidad como consecuencia de cada una de sus partes. Dicho de otro modo, cada conjetura o hipótesis acerca de una incógnita es producto causal de los componentes que forman a ese individuo y éstos podrán caminar hacia la causalidad o hacia su causalidad que puede diferir de la universal. Pero en ningún caso se puede negar la causalidad sino dirigir el foco de atención hacia lo que la sensibilidad (entendiéndola como resultado de toda su esencia) de esa persona considere acertado o válido para explicar lo que yace en la oscuridad.

sábado, octubre 15, 2011

El bucle

En un mundo globalizado en el que se persigue con avidez la originalidad especialmente en las artes, en cuanto a comportamientos sociales no somos nada innovadores y nos dedicamos a repetir la historia cíclicamente cual bucle interminable que que corona en un cataclismo mundial tras superar diversos estadios igualmente copiados de otras épocas.

En la actualidad están surgiendo grupos autodenominados de "indignados" que poco a poco monopolizan el desencanto de una parte de la sociedad hacia el sistema que en Occidente nos hemos dotado desde el siglo pasado. Como en todo, quienes pagarán o sufrirán los ataques de estos grupos no serán realmente los próceres o élites dirigentes bien pertrechadas en sus opulentas mansiones, sino más bien los ciudadanos que manifiestan su indignación por otros cauces menos aparentes y tumultuosos. Serán esas víctimas colaterales justificadas por el fin de los que ven la oportunidad de ser protagonistas de una sociedad de un modo distinto al que ha venido siendo habitual en otros tiempos.

En realidad nada cambia aunque muchos defiendan lo contrario. Los mismos anhelos en diferentes cuerpos son muestra de lo lejos que nuestra humanidad se halla de entender la entelequia de la raza humana. De nuevo la grandilocuencia adoptada por personas que disponen coactivamente maneras de promover su desazón en pos de un fin supuestamente superior que les sanciona como capaces y autorizados moralmente a actuar. Venta, venta y más venta de lo que es mejor para nostros de unos y otros: unos dicen que votes a éste, otros al otro, éstos que no votes y todos disponen sus razones más o menos razonadas.

El gran problema es el de siempre: cada decisión conlleva unas consecuencias que cuelgan de la primera y éstas pueden ser tan o más importantes que la motivación que nos conduce a movilizarnos. ¿Solución? Apelar a la grandilocuencia mediante simbología, gesticulación y referencias emocionales. Eso sí, siempre dirigiendo las miras a la intención que es ciega y solidaria entre la camadería que se apunta al bombardeo.

¿Se imaginan a manifestantes tratando de escudriñar el día después de conseguir una supuesta victoria tras barricadas? ¿Y el posterior? ¿Y el posterior a aquél? No, por supuesto, eso sería incluso hasta impopular cuando lo que abanderas es un eslogan emocional que manifiesta queja a lo existente. Anda que después del subidón de asistir en primera línea de "fuego" contra la policía enarbolando la bandera de la libertad y cualesquiera himnos que sirvan para levantar a toda una humanidad, me voy a preocupar de lo que podría suceder más tarde. Ya no digo si voté en el pasado. En ese caso, habrá que correr todavía más el tupido velo de la responsabilidad señalando a todos no sea que se me vea el plumero. En ese caso: el "todos son iguales" es un bálsamo cojonudo que limpia todo lo que pude pensar en otro tiempo. ¿La democracia? No funciona y punto. Mucho mejor hablar de democracia "directa" que faculta a cualquiera a superpoderes inalcanzables al común de los ciudadanos que estúpidamente se han dedicado a cumplir la ley. Se puede coartar la entrada a diputados, se pueden lanzar objetos, se puede vivir en la calle apropiándose de ésta o usar los contenedores como arietes o catapultarlos si es más efectivo.

Pero es que todo eso es normal, lógico y tremendamente previsible. Existen partidos que basan año tras año su estrategia electoral en levantar a la población haciéndole creer que la tensión es un argumento tan válido como cien razonamientos moderados. Y de veras que es efectivo y si no a las pruebas me remito. Dudo que alguien como yo pueda evitar el calabozo de plantarme en casa de un dirigente por no llevar a sus hijos a ese modelo de escuela pública que tanto pregona como un estandarte que escupir contra el enemigo. Imagino que duraría poco si "pacíficamente" coaccionara a cualquier comercio su posible apertura por las razones que estipulara tan grandilocuentes como las que más. La tensión sólo vale si tienes unas ideas concretas sencillamente porque la indignación abdica de medios democráticos en la excusa de ese fin superior que siempre pide a otros que sean los que cambien. Pero insisto en que es lógico. Sin ir más lejos, las corrientes de moda, el cine, la televisión, los medios de información llevan torpedeándonos incesantemente durante dos décadas con noticias negras, desazón, culpabilidad, persecución, presión social, arquetipos definidos y modelos concretos de ciudadanía que suplantan a la razón como herramienta autónoma de consecución de la felicidad. Los efectos de centrarse en lo malo que hay en los demás no conlleva nada bueno en los receptores: surge la desconfianza, la hostilidad, la separación, la defensa, la aceptación de algo entendido como normal al desprecio a los valores morales clásicos de inspiración judeo cristiana y la potenciación de medidas alternativas cargadas de formalismo y corrección política sin trasfondo racional. Una abducción global ha plagado nuestra sociedad de niños y mayores con depresión, que se ven obligados a optar entre las exiguas alternativas que se proponen como válidas según el reconocimiento inserido mediáticamente. Eso lleva a ver normal el advenimiento de nuevas sectas disfrazadas de movimientos altruistas capaces de aligerar la carga de vivir como fin y no como medio para ayudar ciertamente a los necesitados. No es que el altruismo sea malo, según entiende por ejemplo el objetivismo, es que como viene siendo habitual en nuestra historia, se emplea la excusa del mismo para captar y formar incondicionales desesperados que necesitan culpar a alguien de sus miserias sin advertir al tiempo que el mismo debe ser universal y no focalizado en los que eogístamente uno determine. Yo voy a ser altruista con éstos y por ello voy a atacar a estos otros. El concepto falla. El altruismo es una posición ante la vida, no es una opción de trato social.

La tragedia es el catalizador óptimo de la multitud, ya que todos se solidarizan con lo malo que le ocurre al vecino, sobretodo si es peor de lo que le sucede a uno. Lo bueno, por el contrario es demasiado susceptible a la envidia y la consiguiente comparación. A partir de ahí, los sentimientos son de negatividad y su hermana mayor, de destrucción. De acabar con lo establecido como remedio infalible sin importar lo bueno y primando lo malo.

Acudir a las referencias para las víctimas de la ambigüedad y el arquetipo sentimental sería una debacle. Imaginad la libertad real; la consecución entre derecho y deberes; el respeto por los méritos; la igualdad cierta de oportunidades cualitativa, no cuantitativa y pormenorizada; la abolición de la milonga electoral por compromisos veraces grabados a fuego; la eficacia; el progreso intelectual y no exclusivamente emocional; la autonomía de razonamiento sin estigmas; la eliminación del consuelo de muchos como razón para imponer sustituyéndola por la razón como motivación de los honestos y azote de los tramposos y especuladores. Muchos quedarían por el camino a derecha e izquierda. Pero eso supondría acabar con la sinrazón y eso no es posible ni atractivo. Es como culpar al futbolista de tu equipo por tirarse en el área rival para que le piten penalty. Nadie lo hace, al contrario, lo aplauden si lo logra. ¿Qué referencias tiene la población entonces? Ningunas o cada vez menos. Lo que cuenta es la escala. El indulto se otorga por condición social y económica, que no por intención de causar daño. El pobre que causa el que puede, sólo será denostado si le toca la lotería y prescribe su salvoconducto de trágico encomiable susceptible de conmiseración y camaradería ajenas.

La gente no ataca a la gente, ataca a la idea que tienen de lo que quieren ser y no pueden. Sólo los honrados pueden exigir, pero éstos paradójicamente son los que menos lo hacen siguiendo la pauta de respeto a sus semejantes. Los ofendidos son los que tienen mayor emoción en su cabeza dispuesta a ser soltada como exigencia autoritaria validada por la multitud. La gasolina la ponen los que les apoyan para conseguir sus simpatías usándoles como números a la espera de que tras las elecciones puedan recomponer las mismas fechorías que su carácter ha demostrado sin paliativos en cada ocasión dispuesta.

Las personas no sorprenden. Sus actitudes tampoco. Todo ésto se sabe y se sabía porque sólo hay que mirar la historia entendiéndola como una lección y no como munición parcial con la que armar la revancha. Alea jacta est.

viernes, octubre 14, 2011

Premio Protagonistas

En la edición de este año, el programa de Don Luis del Olmo ha designado a Ana Pastor como merecedora del galardón por considerarla una periodista "directa, libre e imparcial". No pongo en duda las dos primeras razones; la primera por mérito suyo dada su idiosincrasia personal y la segunda por el de nuestra democracia, aunque pueda estar pertrechada de luces y sombras.

Por ello, he enviado una misiva al responsable del programa exponiéndole mi modo de ver el caso:

Apreciado Sr. Del Olmo

Para empezar creo que es iluso por mi parte pretender que esta misiva llegue a ser leída por usted personalmente, pero no por ello debo cerrarme las puertas e intentarlo.

En referencia a los premios "Protagonistas" de este año, me ha llamado la atención, como a muchos imagino, la designación de Ana Pastor como "periodista directa, libre e imparcial".

Primero de todo me gustaría conocer su reacción a la reacción, es decir: si esperaba que existiera cuanto menos sorpresa tras la eleccion de esa profesional como ejemplo de lo que ustedes disponen. Ello nos facultaría de inmediato a conocer sus intenciones más personales. Si imaginaba que no sería del agrado de una parte del mundo político/periodístico, he de decirle y usted mismo puede inferir conmigo, que el otorgamiento de dicho premio venía con una intención aparejada libre de la imparcialidad de quien presume ser autoridad para otorgarla al resto. Eso es un silogismo y tiene una causalidad, por tanto no es objeto de apreciación u opinión, es un hecho.

Si por el contrario, ha supuesto una sorpresa mayúscula para usted y su equipo, que exista una reacción negativa hacia tal concesión en los términos dispuestos, el caso sería diferente. Algo embarazoso para quienes trabajan en el mundo de la información supuestamente libre e imparcial. Dudo que ustedes no conozcan de las polémicas suscitadas por entrevistas de la señora Pastor. Otra cosa distinta es que hayan tomado partido al ataque o a la defensa de la misma por las razones que ustedes estimen oportunas.

En cualquier caso, si me tomo la molestia de escribirle a usted sr. Del Olmo es porque es una Institución en el mundo de las Ondas y el que yo lo diga no cambiará un hecho como los antes relatados. Igualmente, y permítame usted el atrevimiento, siempre me ha parecido una persona con una alta dosis de orgullo y vehemencia, lo cual no es ni intrínsicamente ni bueno ni malo. A fin de cuentas tiene razones más que sobradas para sentirse orgulloso de una labor y un esfuerzo continuado durante tantos años que le ha llevado a ganarse un respeto en este mundo tan complejo de comunicadores.

Sin embargo, he de comentarle que yo opino que la "imparcialidad" no existe en el ser humano y creo que puede ser ampliamente apoyado por numerosos estudios científicos que versan en eso de la materia gris. No es posible la supervivencia de ésta en las personas. Se piense lo que se piense, los individuos estamos sujetos inexorablemente a unas afecciones, identificaciones e incluso necesitadas asociaciones de grupo para coexistir. Los seres humanos somos permeables, de no serlo seríamos sujetos con una merma cerebral que nos impediría relacionarnos con el resto.

Sí es posible una supuesta independencia. Es decir, opinar sobre lo que se quiera sin estar más sujeto que a uno mismo y su libertad. Es por ello que me extraña que tan siquiera se pueda entragar un premio con unos calificativos semejantes de mochila para acompañarlo. Ello sólo cabe si usted pretende para sí y su programa, configurarse como pauta y referencia de imparcialidad. Fíjese que hablo con condicionantes, pero causales. Por tanto, lo que usted puede entender como una opinión, tiene fundamentos causales aparejados. El silogismo es sencillo: Si usted otorga un premio a la imparcialidad, se supone que usted es un juez imparcial para concederlo. Del mismo modo, si usted conocía de la posible reacción a la entraga de dicho premio, usted deja de ser imparcial y promueve un partidismo de bandos que se alinea con uno para atacar a otro. Porque imagino que ya sabe lo que es la prensa en nuestro país.

Sólo la "racionalidad causal" nos libra de servidumbres emocionales. No porque las haga desaparecer, sino porque las explica y por tanto las hace transparentes a los demás. En eso consiste la coherencia en estado puro. Otra cosa es pretender lanzar lo que uno entiende como reputación como un pulso, como la propia capacidad de aportar su propia fuerza para apoyar un bando definido. Pero eso es otra cosa, no es imparcialidad ni se le acerca.

Sencillamente le manifiesto mi modo de pensar al respecto con todo el respeto y admiración que merece una figura destacada de la Radio española.

Sin más

Reciba un cordial saludo


PD. Le pido disculpas por cualquier posible error dada la premura en escribirlo.

martes, octubre 04, 2011

Comentarios sobre La rebelión de Atlas

Hace cosa de un mes, terminé de leer un libro que me recomendó un amigo y que no creo que esté entre la lista de los más populares entre los ciudadanos europeos. Algo que contrasta con los datos de la tienda online Amazon, que lo sitúa en el puesto 109 de su lista de más vendidos. Pregunten aquí entre los vendedores de bestsellers sobre la obra y esperen ... sentados. Un clásico de los 50 que marcó a buena parte de la sociedad estadounidense y que por ello resulta útil y clarificador para entender algunas características de la misma. No en vano, se han vendido más de 30 millones de ejemplares.

Hace ya casi dos décadas, leí El manantial, una obra anterior de Ayn Rand, la cual ya daba muchas pistas sobre lo que se iba a configurar como una propuesta filosófica denominada objetivismo y que queda bien plasmada en La rebelión de Atlas.

El libro es ciertamente interesante por permanecer muy actual y llegar a ser incluso visionario. Muchas de las críticas a la sociedad estadounidense realizadas en los 50, y ya no digamos las colaterales sobre la europea, tienen ahora más vigencia que nunca. Particularmente en España donde una crisis de calado hiperbólico está facultando que crezcan emotivos pregoneros apelando constantemente a ese colectivismo, por no decir socialismo de masas.

Mi opinión sobre la obra de Rand es ambivalente. Una parte coincide con sus planteamientos ya que personalmente éstos se conformaban como un anhelo muy personal, si bien otra establece un pero que surge de chocar con un eje de mi propia filosofía vital. Algo que no es lo suficientemente dúctil como para alterarse fácilmente. Eso sí, no deja de ser descorazonador que una obra de los 50 me parezca un soplo de aire fresco ante unos vientos actuales tan arraigados con el populismo sentimental.

En este libro puedo comprobar la razón de mi excentricidad, entendida como algo fuera de la normalidad. No soy culo de buen asiento ni en mesa de comensales progresistas, ni en aquella pertrechada por liberales a ultranza, si bien entiendo las razones de estos últimos porque casan mejor con la causalidad de los hechos. No en vano, al entender una causa para todo, creo bien posible desnudar las "razones" de las personas para defender sus propios postulados más que aceptarlos como una mera opinión libre. Digamos que mi racionalidad pervive por una idea estructural que establece una coherencia necesaria ante unos presupuestos. Algo que ya explicaré en otro momento.

El caso es que, me he sentido obligado a citar la obra en este blog, dado que entiendo lo merece con creces. Entre las más de seiscientas mil palabras que encierra el libro se aprecia talento y genialidad. Un lenguaje de racionalidad que me maravilla por ser un oasis en un desierto de emociones entendidas como arquetipos.

No en vano, al ser yo una persona que siempre se ha fijado en la manipulación que los medios ejercen sobre la sociedad en razón precisamente a sus emociones, no he podido más que plegarme en muchas de las apelaciones que se recogen en La rebelión de Atlas. Lo más curioso de todo es que el que les escribe es una persona tremendamente emotiva, y es más, creo que la inteligencia más completa debe estar bien abrigada por un raudal de sentimientos domados por una buena razón y no al contrario. Una inteligencia sin emoción es una inteligencia incompleta o incapaz de abarcar determinados conceptos, no por la inherente percepción sensorial que ésta conlleva, sino por la facultad añadida de lograr empatizar y por tanto comprender y retener aspectos de la humanidad que para ésta pasan desapercibidos. En realidad, la completud en un cerebro humano no es posible, pero un elemento vital de la inteligencia es su motivación para ejercerse y no la hay mejor que la emoción entendida como una pulsión no estrictamente racional que nos mueve a reaccionar en un sentido.

De ahí que cuando hablamos o teorizamos sobre conceptos similares, lo relevante no son los componentes sino su estructuración.

En La rebelión de Atlas se describe con mucha claridad cuestiones que suceden a día de hoy en la civilización occidental. Estigmas más o menos perennes que lejos de sucumbir han cobrado más fuerza que nunca. Supuestas exageraciones en la obra que dejan de serlo en la realidad diaria, hasta el punto que la mediocridad es el paradigma más representativo de nuestra sociedad, fácilmente identificable en medios y modos sociales hasta configurar unos valores intangibles y ambiguos que logran constituirse en una fuerza capaz de derribar las más sesudas valoraciones racionales. Justamente lo que se está viviendo en nuestro país, una sinrazón justificada por esos valores ambiguos colectivos en manos de desaprensivos y que persiguen enemigos objetivos con los que aplacar la ira implícita de la propia impotencia.

Podría parecer descabellado hablar de que la racionalidad ha muerto en España, pero es una práctica en peligro cierto de extinción y el mayor problema es que afecta por igual a personas de cualquier presunta capacidad intelectual, ya que al introducirse no lo hace por cauces intelectuales, sino por afinidades emocionales y de pertenencia un grupo, algo que supera los trámites puramente racionales.

Es cierto que encuentro discutibles algunos aspectos de la aplicación de la racionalidad de Rand, pero abrazo con entusiasmo el fundamental de justicia que otorga a cada individuo la contrapartida a sus actos y no a sus intenciones. El egoísmo que la autora proclama no es a mi modo de ver un egoísmo al uso que bebería de unas emociones de posesión, sino una idea insaciable de mejora personal que conlleva solidariamente un beneficio a los que le rodean. El simple beneficio que conlleva a un grupo de trabajadores pertenecer a la empresa de un emprendedor. Alguien que destierra aspectos puramente tangibles y crematísticos en pos de un avance personal plasmado en la materia y lo que ésta nos proporciona. El dinero en la obra es una vara de medir y no un fin, que por el contrario sí es visto como tal por los que denomina saqueadores que se postran ante él por no ser capaces de lograrlo autónomamente.

La realidad muestra que uno debe pedir disculpas por triunfar antes siquiera de hacerlo y que es mejor simular ser un necio que destaparse como un capaz para no herir sensibilidades ajenas.

Al contrario de lo que se puede pensar, entiendo la obra de Rand como una crítica a algo más que el colectivismo, pues dispone unos presupuestos que deberían anotarse, no sólo por los que aprovechan la emotividad de los demás para obtener provecho desde sus tribunas, sino por esos que se dicen empresarios y ciertamente no lo son en el sentido filosófico de la obra. Si aplicáramos una purga en los parámetros dictados por la autora rusa, posiblemente saldrían esquilmados individuos de todo género y condición ya que se habla de una actitud ante la vida y no de una necesaria estratificación social aunque pueda entenderse así por los que necesitan separar bandos y establecer conceptos "sencillos".

Sí puedo disentir en esa ya costumbre por doquier extendida de asignar la parte por el todo a cualquier consideración de calado. Es decir, la aplicación por parte de las personas de unos postulados no implica la sanción y aprobación de esos postulados. Una religión o una filosofía determinadas son esquemas de conducta que las personas emplean como parámetros para regir sus acciones. No son dicha religión o filosofía en sí mismas al provocar unas consecuencias específicas. Eso no es mas que el resultado de combinar actitudes personales con postulados filosóficos o religiosos, el resultado será el producto de esa mezcla que variará exponencialmente entre unos individuos y otros. Ya no hablo de los que se valen de esos mismos postulados para ejercer su opuesto, hablar de algo para conseguir lo contrario. Colectivismo para el endiosamiento y enriquecimiento personal.

En cualquier caso, los conceptos filosóficos son algo que debe estudiarse por separado de su potencial aplicación a la hora de introducirlos en una sociedad. Algunos son meras utopías que únicamente buscan conferir al que las vocea, una metáfora de palmaditas de aprobación entre el grupo, un reconocimiento y no una verdadera idea de mejora aplicable.