miércoles, febrero 29, 2012

Al pan pan y al vino vino

Sobre una consideración, mil personas pueden afirmar lo mismo pero decirlo de manera distinta hasta el extremo de llegar a entenderse de modo diferente y afectar e incidir de un modo ajeno al que la información cierta debería. Es decir, no se puede sucumbir a desastre y la desesperación por una falta de pedagogía en un momento, el actual, en que el mayor protagonismo lo ocupan las nuevas tecnologías y los medios de comunicación.

Hoy, día 29 de febrero he estado escuchando el programa de la Cope "Así son las mañanas" en el intervalo de ocho y media a nueve de la mañana y ni cien tweets podrían aplacar la impotencia que me sumía el escuchar las intervenciones de los contertulios ya fuera por acción u omisión. El problema en cuestión que motiva estas letras se podía identificar en ese programa como en muchos otros que ofrecen diálogos de sordos en los que los partícipes parecen escucharse sólo a sí mismos. Yo comprendo que la profesionalización puede generar en algunos casos (demasiado frecuentes) actitudes rutinarias que parecen ir más dirigidas a cumplir el expediente que supone saciar el propio orgullo personal (que fundamenta unas de las básicas motivaciones de la raza humana), pero para los consumidores, los clientes, la audiencia, los ciudadanos en resumen, las historias que en dichas tertulias se cuentan, tienen repercusiones reales o son narraciones de una realidad que debe afrontarse con una urgencia y eficiencia tal que no dejan espacio al error o consideraciones supérfluas.

Aceptando que todas las personas que se dedican al negocio de la comunicación o la política, partiendo de la buena fe, hacen lo mejor que pueden su labor, entiendo que al leer este artículo pudieran mostrar desacuerdo o desdén en el intermedio de su programa en una buena mesa rodeado de colegas, con generosas viandas y un caldo que maridase de modo acorde. También soy consciente de que con la crítica sobre unos aspectos a un colectivo en general, lo que hago es propiciar una actitud defensiva de éstos antes que posibilitar que sean receptivos, pero ante una coyuntura como la que vivimos, entre mis prioridades está la de hablar claro y decir lo que pienso sin subterfugios ni correcciones políticas supérfluas o servidumbres protocolarias. Los problemas a mi juicio tienen nombres propios personificándose en individuos que por unas intenciones u otras, con independencia de su bondad, los generan y engrandecen. Problemas, grupos e indivivuos que deben ser mentados sin complejos ni una falsa atribución de imparcialidad capaz de someter a la lógica. El momento y la situación que nos ha tocado vivir exige de personas en todas las facetas de responsabilidad pública que sean capaces de afrontar la realidad tal como viene, afectádoles en reciprocidad y no por un deber profesional informativo de una dirección. Cada informador es responsable de lo que hace y lo que no hace, del continente y el contenido, no olviden esto último ya que ante todo son personas y no un gremio por encima del bien y el mal con un salvoconducto que se escuda en la información.

Yo puedo estar plenamente de acuerdo con las ideas proferidas con muchos contertulios, pero no en el modo que obliga a necesarias interpretaciones de complicidad o rechazo partidista sin más obligación que la afinidad de grupo. Es necesario y hasta obligatorio en el momento que estamos y en la época supuestamente avanzada que vivimos en la vieja Europa el exigir más, bastante más. A medios de comunicación y a políticos.

Vengo a referirme a la posiblemente rentable afición de marear una perdiz que no puede serlo por más tiempo, debiéndose establecer un imperativo punto final a constantes debates de salón o de bar sin identificar los problemas con un pragmatismo cierto en todos los ámbitos. Basta de conversaciones estilo futbolero más o menos formales que transigen en lo intransigible por una falaz e hipócrita necesidad de aparentar unas maneras que dudo en privado se les parezca un ápice. Asistimos a conversaciones que no llevan a ningún sitio entre periodistas, políticos y vividores del negocio mediático pese a que se pueden identificar los problemas que nos lleva a la situación en la que estamos y nada se hace.

A cada uno se le pide lo que está en su mano conceder. Es obvio que no le puedo pedir a un radical opuesto a mis principios que piense como yo o incluso, a miembros del actual Gobierno que hagan más que lo que tratan de hacer, como sin duda están haciendo. Ahora bien, con independencia de ello, pienso que estamos descuidando la faceta hegemónica del siglo XXI: la comunicación. Dejándola en manos de manipuladores sentimentales que pueden ser desenmascarados a poco que existan los ingredientes que precisamente creo que faltan en nuestra sociedad y de la que deberíamos tomar buena nota por los libros de historia que nos explican sus consecuencias.

Hoy, sin ir más lejos hemos tenido un ejemplo más de lo que hablo. En la tertulia de hoy en "Así son las mañanas" había un participante que creo se llama Carlos Cue. No lo conozco más que de sus intervenciones en ese programa y no es difícil advertir que dicho señor debe votar al Psoe o comulgar con la socialdemocracia al escucharle un breve espacio de tiempo. Bien, todo lo que critican el resto de contertulios, de corte más conservador o liberal lo tienen resumido delante de sus propias narices cada vez que interviene dicho señor, pero en lugar de poner "los puntos sobre las íes" asistimos a monólogos paralelos que no convencen nada más que a los que ya estaba convencidos por los "suyos" antes de abrir la boca.

Hemos podido escuchar la versión socialista de la responsabilidad en cada una de las palabras del señor Cue y he asistido estupefacto al ver como salía indemne (intelectualmente se entiende) tras su ristra de frases sin sentido que parecen aceptarse como una cuota de pluralismo formal y obligado que sacrifica la lógica en pos de una potencial audiencia más escorada a postulados de izquierda o una necesidad de sentirse desde el programa falsamente condescendiente o incluso "demócrata" al dictado de los que se supone tienen la autoridad moral para conceder tales apelativos.

No debe existir temor a la lógica de los hechos.

El señor Carlos Cue enarbola una idea de "plan Marshall" para Grecia sin despeinarse ni que exista nadie a su lado que busque removerle algo los pelos, si bien el señor Fernández trata de hacerlo con una prudencia y tecnicismo tales que le obstaculizan la labor.

La señora Prego pregunta de dónde debe salir el dinero para ese plan Marshall sin advertir que a pocos instantes presenciará en boca del señor Cue la clave del problema de toda Europa y un mundo ya bifurcado por dos corrientes ideológicas. "Los organismos internacionales" que han sido creados para ello.- Ha exclamado. Y tan pancho oiga.

Todo el socialismo da respuestas similares sin que nadie las ponga en evidencia ante los ciudadanos que, lejos de advertir que están siendo engañados, se unen al carro sentimental de las causas contra los poderosos como si de veras esa fuera la lucha cierta y justa. No permitan que se repita el bucle histórico que presenta masas enardecidas contra un enemigo objetivo como causa y fin de todos sus males porque llegará un momento en el que será tarde y deberemos lamentar lo que no se dijo en su momento.

Es posible que, en ese inevitable escarceo con el orgullo personal que todos sufrimos en mayor o menor medida, el potencial lector de estas letras se vea tentado a preguntarse quien es el osado que se atreve a dar lecciones a los demás sobre como manejar la información y lo que ustedes conocen mucho mejor que yo. Ciertamente yo no soy más que las letras que surgen de mis manos, nada más ni nada menos. No se dejen llevar por lo que puedo ser o lo que puedo hacer si existe una sola frase que pueda servir para reflexionar positivamente sobre las cosas.

En el momento actual existe un escollo enorme y prácticamente insalvable hacia la hecatombe económica del primer mundo. Un obstáculo que tal como seguimos y nos manejamos, parece inevitable. El señor Cue lo ha representado a la perfección y parece que nadie lo ha advertido o si lo ha hecho, no le ha afectado como no viene afectándole desde que el señor Zapatero negó la existencia de una crisis que llamaba clamorosamete a nuestras puertas. Nadie parece capaz de ver como vivimos un momento en el que la causalidad ha fenecido y por tanto la responsabilidad no entra en ninguna ecuación.

Explíquenme cómo es posible que no se pidan responsabilidades a alguien que establece que debe acometerse un plan Marshall por terceros organismos o países con el convencimiento de que ello es una solución... para colmo defendida por todo un sector que entiende que las responsabilidades de lo realizado precisamente por éstos debe ser asumida por terceros que bajo su prisma están "obligados"moralmente en base a no se que principio.

Nadie con dos dedos de frente estaría dudando de salvar al país heleno si hubiera detectado en su hacer, gestos de responsabilidad y compromiso para cumplir con aquellos que han sido y serían sus prestatarios. El problema del señor Cue y de todo el socialismo es que saben manejar las ideas cuando el dinero en juego es de otros apelando a populismos o demagogias capaces de inocularse a los que se hayan desesperados y a poco que oigan una referencia negativa sobre un "rico" se levantarán para enarbolar su linchamiento como si de honrados trabajadores contra "señoritos" versara el cuento. Esa es una falacia que se consiente inexplicablemente incluso desde el PP que transige en un autismo delegado a los aprovechados capaces de jugar con las emociones ajenas. ¿Quién en su sano juicio desea acabar con los derechos de los ciudadanos o terminar con el estado del bienestar? ¿Aquél que no se ha preocupado lo más mínimo en sanear las cuentas o en derrochar a troche y moche y muy especialmente antes de las Elecciones?

El señor Carlos Cue o el señor Rubalcaba o cualquier socialista tipo de los que responden a la homogeneización sistematica que les constituye en norma, azuzan ideas grandilocuentes de poderosos que se salen siempre con la suya y que oprimen a los más desfavorecidos, lo cual como concepto es regularmente cierto, pero que nada tiene que ver con lo que sucede en la política española. Justamente al contrario, la mayoría de ciudadanos son gente corriente que tienen trabajos, empresas pequeñas o paro sin la atribución de esas caracterizaciones que viste el socialismo cuando no titubea en sus injuriosas y vomitivas campañas electorales. ¿Nos hemos vuelto locos transigiendo semejantes procederes? ¿Tienen bula y dispensa las innumerables falacias emitidas en televisión ante millones de ciudadanos que podían ver sus publicidades engañosas?

Claro que existen empresarios sin escrúpulos, claro que abundan montones de personajes sin empatía alguna capaces de estrangular si fuera posible a trabajadores a su servicio. Tantos como autónomos timadores, estafadores de baja alcurnia y gente aviesa de intenciones que engaña y trata siempre de salir beneficioso con independencia de la realidad. En el colegio de nuestros hijos ya se puede vislumbrar quienes caminarán en un sentido u otro por obra y gracia de los ejemplos que les empapan en sus casas e incluso fuera de ellas.

No hay plan Marshall señor Cue. La responsabilidad de votar a partidos que perviven de dilapidar lo que los otros consiguen para atribuirse los méritos no es factible. El estado del bienestar se construye con el esfuerzo de todos y la gestión adecuada. Decir que las CCAA están en su mayoría gobernadas por el PP es una ofensa a la inteligencia de proporciones gigantescas si se asume hecha de buena fe. Si a mediados de 2011 tomaron posesión gran mayoría de ellas con unos agujeros extraordinarios y todo o casi todo el presupuesto dilapidado por aquellas fechas, cómo puede tener la desfachatez de buscar responsabilidades en quienes no las tienen. ¿Por partidismo? Basta de falta de honestidad, afíliese al partido y deje la información para quienes la la tomen en serio.

Posiblemente usted atribuya a la casualidad que precisamente ahora se haya concedido a una familiar mía residente en Andalucía, una retribución por la ley de dependencia o que mi suegra recibiera mobiliario para mayores de 65 años a espuertas del Tripartito poco tiempo antes del plebiscito en Cataluña. Es tan vergonzoso como falso el intento de describir a todos como iguales. No es cierto. Usted mismo defiende su particularidad ante los demás contertulios pidiendo ese plan Marshall para los incompetentes que han llevado a la ruina a sus países y que han sido gobernados por socialistas.

El socialismo defiende un estado de bienestar enarbolando la bandera de la confrontación sin contenido racional y golpes de efecto sentimentales en común con su primo hermano el nacionalismo.

Se deben pedir ya explicaciones a los que, como el señor Cue afirman medidas que no lo son, con tal de exonerarse de su responsabilidad en todo este gran desaguisado. Los organismos internacionales reciben dinero de países, no llueve del cielo y los demás países no toman decisiones motivados por un altruismo repentino y mucho menos China con su alarde de defensa de los derechos humanos.

Los recortes se hacen o no se hacen y cada decisión conlleva unas consecuencias. Los sindicatos y gran parte de sus afiliados vive en la idea de que los problemas generados por las "grandes fortunas" deben solucionarlos ellas sin comprometer su estado del bienestar, sin importarles nada que no sea tal consideración por muy ajena a la realidad que pueda ser. Aceptan la idea vendida por ustedes los manipuladores, de que la responsabilidad es superior de los especuladores y no de los que gestionaron el país negando una crisis y dilapidando los pocos recursos que existían con un inconcebible plan E que se ha demostrado sin que nadie pueda decir lo contrario como pan para hoy y hambre para mañana.

Parece que la socialdemocracia pregona exigencias trasladadas a una juventud que cree puede imponer sus decisiones por su prerrogativa de justicia universal negada al resto y los que no opinen como ellos, incluso con razones de sobras ser tachados de los apelativos oportunos a convenir por éstos.

No se puede admitir por más tiempo la concesión de un espacio moral a la izquierda para exigir que otros sean los que arreglen lo que ellos han provocado. Claro que han existido las subprimes y bancos especuladores que un día no pudieron soportar sus engañosas bases de arena, pero desde ese hecho ha llovido tiempo más que de sobra para demostrar que una ideología puede demostrarse capaz o incapaz para lidiar con una situación adversa y el socialismo no sólo no ha sido capaz, sino que ha hundido a los países donde ha pervivido.

Ya basta de contraponer demagógicamente todo lo que no sea socialismo a un derecha especuladora que no concibe más que el beneficio económico. Tales consideraciones son insultos consentidos por quienes deberían poner coto sin complejos a esa farsa. La dación en pago y medidas contra los desahucios que no son especialmente amigables con el poder financiero, han brillado por su ausencia entre los que se dicen defensores de los trabajadores.

Yo conozco mucha gente de diversas clases sociales y por supuesto a "gente bien" que no soporto por su manifiesta falta de empatía o escrúpulos, pero igualmente es inconcebible dirigir a la masa en contra de unos arquetipos determinados para levantarla contra el global que es un su mayoría normal y bienpensante. Es más, es una irresponsabilidad de tal consideración que debería recogerse en nuestra legislación y someterse a juicio por interés del país.

Es inaudito y sólo factible por el peso mediático de la izquierda en todo el país, especialmente en Cataluña y Andalucía, admitir que los que han diezmado las arcas del país y generaron puntos de conflicto nacionalista con promesas irresponsables sean o tengan la mínima vergüenza de erigirse ahora en fiscalizadores a costa de la falta de conocimiento de un sector de la población o la inexistente pedagogía reinante en el PP. La lucha de clases pervive al menos entre varios millones de ciudadanos que en algunos resulta incluso virulenta.

El señor Rajoy, aunque no sea un modelo de atractiva imagen, como presidente del Gobierno debería acomodarse a los tiempos de excepcionalidad que corren y dar prolijas explicaciones por televisión a quienes se las requiriesen periódicamente sin importar que pueda ser acusado de lo que sea. El compromiso es con la población, no con los medios partidistas que manejan tendencias de opinion a base de titulares y encuestas interesadas. Debería acompañarse del equipo que fuera necesario y dar clases de lógica política apta para todos los públicos pensantes. El gran déficit del partido popular es y ha sido la comunicación, amén de no disponer, en lugares como Cataluña o Andalucía de altavoces en igualdad de condiciones sino intérpretes interesados de sus manifestaciones.

No es posible, decente ni justo el temer la toma de decisiones por una amenaza irracional de quienes demuestran optar por la confrontación como sistema o sacrificar lo que sea necesario por una ideología que se aleja con naturalidad de los cauces democráticos al rechazar los resultados a poco que exista un interés en el horizonte como las elecciones andaluzas. Se cazó al señor Zapatero junto Iñaki Gabilondo pidiendo "tensión". Algo que dice mucho acerca de los medios que justifican un fin. Justo lo que ahora viene elevándose entre una parte de la población: tensión.

Deben concluirse las conversaciones radiofónicas o televisivas por personas capaces ya que parece estamos en un juego en el que el tiempo dispone la disputa entre buenos y malos. No es de recibo aceptar que países que enarbolan gestiones nefastas para sus países prometiendo el oro y el moro en tiempo de elecciones a costa de elevar su popularidad sin encomendarse a la viabilidad queden impunes con la simple derrota. Deben responder incluso penalmente y ya no digamos civilmente. Es momento de tomar en serio el dinero que no es suyo.

No es cierta la idea altruista porque el subsidio sólo fomenta inanición a la larga, desidia y clientelismo. Aquellos que basan sus estrategias en pedir que otros nos saquen de ésta sin asumir responsabilidades en la creencia de que son los buenos, debe ser desactivados con la lógica que debería aplastarlos figuradamente como a insectos. La honestidad y la racionalidad sólo debe pertenecera quein sea capaz de ostentarlas o de lo contrario el caos.

Cada día en las tertulias de la Cope o programas similares, ponen el grito en el cielo por medidas o decisiones sin preguntarse que el que tienen al lado defendiendo los mismos postulados es un clon que deben acorralar dialecticamete con el mayor respeto pero igualmente con el mayor rigor. No se pueden admitir más brindis a sol o quimeras como soluciones que dan gasolina a los que anhelan dogmas que les dispensen de sus responsabilidades y causas para figurarse alguien en esta vida. El chute de adrenalina que experimenta un adolescente al hallarse en primera línea peleando contra la policía es incomparable al resto de su anodina vida, con empleos rutinarios y espejismos consumistas a los que no puede acceder. Un sindicalista de igual modo, siente entre su camaradería que hace algo grande y compartido fuera de lo común. Sentimientos de clase que les unen por afinidad de grupo como un gran equipo de fútbol y similares motivaciones: derrotar al contrario. Todos sentimientos muy superiores a la necesidad de razonar y arriesgarse a perder esa batalla con la palabra y la lógica. Mejor la trifulca ¿No?

lunes, febrero 27, 2012

En referencia a "Dios"

ENTREVISTA

"Dios es solo una idea creada por el cerebro"

El neurocientífico Francisco Mora dice que "no hay ninguna fuerza sobrenatural detrás de la aparición del hombre. Somos consecuencia de un proceso azaroso"

La pasión de Francisco Mora se refleja en su tono de voz, apenasunsusurro cuando desarrolla un argumento, pero un trueno cuando remarca la conclusión. Catedrático de las universidades Complutense y de Iowa, el autor del libro 'El dios de cada uno' visitó Bilbao para hablar de Dios, dentro de los 'Coloquios Escépticos'.

- Sostiene que la neurociencia niega la existencia de un dios universal.

-Sí. La biología evolutiva nos dice que el hombre es consecuencia de un proceso azaroso, en el sentido de que los genes mutan aleatoriamente y solo el determinante ambiental hace que tengan un valor y el portador sobreviva o no. La ley sagrada en biología es la superviviencia. No hay más ley que aquélla que empuja al ser vivo a mantenerse vivo. No hay ningún 'diseño inteligente', ninguna fuerza sobrenatural detrás de la aparición del hombre.

- Somos fruto del azar.

-Sin duda. Y el resultado, tras 3 o 4 millones de años de evolución, es el cerebro humano, que desde los australopitecinos hasta nosotros ha aumentado su peso y complejidad enormemente. Ha pasado de 400 gramos -lo que pesa el de unchimpancé- a 1.450, lo que pesa el nuestro. Y hay otra diferencia importante: el cerebro de un chimpancé pesa al nacer el 75% del peso que alcanzará en su máximo desarrollo.

- El nuestro muchomenos, ¿no?

- Un 25%, aproximadamente, de lo que pesará de adulto. Eso quiere decir que el cerebro humano se construye y desarrolla casi todo fuera del claustro materno, es decir, en interacción constante con el entorno físico, emocional y social, al que absorbe transformándolo en física y química cerebral. Y, así, la bioquímica cambia la anatomía, la anatomía cambia la fisiología -que es la función- y la función da expresión a cada ser humano. Es algo extraordinario porque esa plasticidad que se da fuera del claustro materno es la que hace al serhumano lo que es.

- ¿A qué se debe esa particularidad?

- A que hubo un momento en la evolución en que la posición erguida impidió el desarrollo de una pelvis acorde con lo que habían sido las normas biológicas hasta entonces. Hubiese sido necesaria una pelvis cada vez más grande para albergar un canal del parto que permitiese dar a la luz un ser vivo con una proporcionalidad del cerebro tal cual había sido hasta ese momento. La postura erguida implica que la defensa radica en correr y, para correr eficientemente en esa postura, hay que tener la pelvis pequeña. Por eso, fue saliendo cada vez una cría con un cerebro más inmaduro. Pero gracias a eso, insisto, el ser humano es el que es.

Dios y la evolución

- ¿Dónde y cuándo entra Dios en escena?

- Dios es solo una idea sin contrapartida alguna en la realidad sensorial. El hombre es un producto evolutivo. No parece necesario acudir a nada sobrenatural para explicar que estemos aquí. Esto lo comparten la mayoría de los científicos y, particularmente, los biólogos. Toda nuestra interacción con el mundo es a través del cerebro. No hay nada que no haya sido producido por nuestro cerebro y sus códigos. Dios es una idea, como todas, construida por los códigos cognitivos. Incluso la realidad que vemos es producida, en parte, por nuestro cerebro. Son los códigos que traes de serie en el cerebro los que construyen para ti el mundo solo con un objetivo: ¡mantenerte vivo!

- Para mantenerse vivo él, que soy yo.

-Naturalmente. Nuestro cerebro tiene la capacidad de construir ideas. Usted sabe que tiene una idea de caballo que no concuerda con ninguno de los caballos que existen. Después de ver muchos caballos y por el aprendizaje, los códigos neuronales del cerebro son capaces de crear una especie de patrón en el que encajan todos los caballos. Esto es un abstracto, una idea, esa esencia inteligente, como la llamaría Platón. Ahora bien, esa idea de caballo cobra realidad cada vez que ve un caballo concreto, que cada vez es diferente. Y lo mismo pasa con todo. Nacemos con patrones que crean esas ideas, que constituyen la esencia del lenguaje humano. Y, gracias a ellas, podemos comunicarnos tan rápidamente con los demás sin bajar 'a los concretos', utilizando los abstractos.

- ¿Y Dios?

- Como todas, la de Dios es una idea creada por el cerebro; pero nunca cobra realidad porque Dios no está en el mundo.Si tratamos de encontrar en la realidad un reflejo de la idea de Dios, nos damos cuenta de que no existe. El mundo no alberga nada que encaje conla idea de Dios que tengo en mi cabeza. Por eso, Dios es solo una idea.

Pensamiento mágico

- Pero en el pasado ha habido quien ha visto a Dios.

-La única manera que han tenido las religiones de sustanciar la existencia de Dios es hacerlo real, traerlo al mundo. ¿Cómo? Haciéndolo renacer tras la muerte, como en el cristianismo, o con apariciones sobrenaturales en tiempos bárbaros de la Historia, como diría David Hume. Respecto a los libros sagrados, ¿quién los ha escrito sino un serhumano? Los dioses, únicos o no, son el corazón de la identidad de los pueblos en su nacimiento. ¿Qué es lo que cuentan los libros sagrados? Que Dios estuvo en la Tierra, o apareció, o le dijo a alguien algo... Y así cada dios fue cobrando una identidad y una realidad a través de la memoria de los pueblos. Libros escritos en los tiempos del pensamiento mágico. Hoy, la Biblia no tiene ningún valor como prueba fehaciente de que haya existido una divinidad. Una cosa es evidente, si hoy entra alguien por la puerta y dice que acaba de hablar con Dios o que por la noche le visita, sin duda, pensarás que sufre algún problema mental.

- Hace siglos que Dios no se manifiesta en el mundo como en la Biblia.

-Dios se ha diluido ante el análisis y la aplicación delmétodo científico. Hemos pasado del pensamiento mágico al crítico. Pensamiento mágico es el que no relaciona de modo riguroso causa y efecto. Hay un ejemplo que lo explica muy bien. Llega un explorador a una tribu, le reciben bien, y se desata una tormenta que mata a varios miembros de la tribu. Al cabo de un tiempo, regresa y vuelve a pasar lo mismo. Pero, a la tercera visita, el jefe se para a pensar y manda matar al explorador nada más asomar la cabeza. ¿Por qué? Porque trae consigo espíritus malignos que provocan tormentas que matan a gente de la tribu. Eso es pensamiento mágico. Causas que no son tales. Lo sobre natural nace porque traemos en el cerebro códigos que alimentan la idea de la sobrenaturalidad.

- ¿La evolución ha favorecido eso?

-¡Así parece! Si a un niño le explicas que las flores surgen de las semillas, no te preguntará luego qué hace o cómo se hacen las semillas, sino 'quién' las hace. Eso es pensamiento animista. A lo largo de la evolución, se ha seleccionado el animismo porque ha tenido un valor para la supervivencia. Cuando surgen la agricultura y la ganadería, el hombre comienza a tener tiempo para charlar y preguntarse por el origen del rayo, por ejemplo. Y empieza a pensar que esa fuerza tan tremenda, que está fuera de él y él no ha hecho,solo puede haber sido hecha por alguien como él, pero que no se ve, que está escondido, que es sobrenatural. O ahí está el caso del Sol, que, de repente, se esconde durante días o semanas, y la cosecha se pierde. ¿Quien dudaría sin más referencias de que el Sol es un ser sobrenatural que está castigando a los hombres?

- Y nacen los dioses.

-Sí. El mundo hasta hace unos 5.000 años fue claramente politeísta. El dios universal es una idea que no tiene más de 4.400 años, cuando Akenatón instituye a Atón como única divinidad. Ahí entró el monoteísmo, la idea de un dios universal, en la Historia. Luego, posiblemente, los autores del Pentateuco se apropiaron de ella porque un grupo unido por un solo dios es más fuerte, más cohesionado y más capaz de defenderse. Ése es el gran valor de la religión. ¿Pero cuál es su sustrato último?

- ¿Responder a para qué estamos aquí?

-Sí, claramente. Pero la religión y la idea de Dios ofrecen una respuesta no contrastada y, desde luego, poco válida para muchos millones de seres humanos, incluidos los budistas. Lo que sí está claro es que la ciencia no da ninguna respuesta. Por eso, la religión tiene todavía un puesto muy prominente en la vida del ser humano. Desde la ciencia solo nos queda hacer lo que el bíblico Moisés: andar el camino con la única meta de hacerlo lo mejor posible para el grupo. El sentido de la vida, de la tuya y de la mía, está en el grupo. Desde que el hombre es hombre, fuera del grupo está muerto.

La era de la postreligión

- ¿Cuánto tiempo les queda a los dioses?

-Nadie lo sabe. Pero sí parece que estamos entrando en la era de la postreligión, en la que posiblemente y poco a poco se vaya perdiendo toda connotación de lo sobrenatural en el mundo. Recientemente, el filósofo George Steiner señaló en un encuentro en Portugal algo así como: "Todas las culturas son mortales. Todas las religiones también. Todas son eventos culturales mortales, como mortales son los hombres que las producen. Y ahora estamos en un periodo de transición. Entramos en la era de la postreligión. El cristianismo va a morir, como ha muerto el marxismo. ¿Qué va a llenar el vacío? ¿Quénos espera? ¿Qué va a nacer?".

-Estudiar el cerebro conlleva la aparente paradoja de que es el cerebro elquese estudia a sí mismo.

-Podremos entender cómo funciona el cerebro humano en general y cómo construimos el mundo; pero no la realidad última, mi mundo, lo que yo veo y es producto de mis propias vivencias. Cada uno de los 7.000 millones de seres humanos es diferente y, por eso, cuando muere un ser humano, muere todo un universo, porque cada ser humano es irrepetible. De ahí el respeto último, inviolable, má sallá de la religión, a la vida de todo ser humano.

Dios se ha diluido ante el análisis y la aplicación del método científico. Hemos pasado del pensamiento mágico al crítico. Pensamiento mágico es el que no relaciona de modo riguroso causa y efecto. Hay un ejemplo que lo explica muy bien. Llega un explorador a una tribu, le reciben bien, y se desata una tormenta que mata a varios miembros de la tribu. Al cabo de un tiempo, regresa y vuelve a pasar lo mismo. Pero, a la tercera visita, el jefe se para a pensar y manda matar al explorador nada más asomar la cabeza. ¿Por qué? Porque trae consigo espíritus malignos que provocan tormentas que matan a gente de la tribu. Eso es pensamiento mágico. Causas que no son tales. Lo sobre natural nace porque traemos en el cerebro códigos que alimentan la idea de la sobrenaturalidad.

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El inconveniente es que el ejemplo del explorador parece servir al neurocientífico para justificar la idea de "magia" que opera en el cerebro de las personas, pero por el contrario parece no existir inconveniente en adoptar la asunción de un mundo surgido por azar con el ribete de causa probable científica. No existe por tanto problema en concluir el "azar" como una explicación despreocupadamente válida que justifique la formación de un planeta con todas y cada una de sus condiciones milimétricamente ajustadas idóneamente para propiciar vida y que un ser unicelular pueda evolucionar constantemente a base de probabilidades prácticamente inexistentes hasta conformarse en un ser humano con una complejidad superlativa. Algo que los factores tiempo y probabilidad otorgan como factible sin achacarlo en modo alguno a lo mágico que resulta tal coincidencia. Pero es que además se admite la aceptación de constantes o causalidades en unos casos y en otros no en los que la casualidad no resulta un inconveniente sino una supesta explicación racional mientras que para el resto se acude a una teoría, la de la evolucion, que supuestamente sigue un patrón de supervivencia.

Afirmar que "lo sobre natural nace porque traemos en el cerebro códigos que alimentan la idea de sobrenaturalidad" sin más ateniéndose a un cajón de sastre evolutivo aparentemente capaz de dar respuesta a cualquier sombra, sólo pone en evidencia una inquietud específica dirigida precisamente por esos "códigos" particulares del cerebro del que lo afirma. Un ejemplo de ello en el que subconsciente de este científico actúa condicionado en su respuesta es cuando explica:

"Dios es solo una idea sin contrapartida alguna en la realidad sensorial. El hombre es un producto evolutivo. No parece necesario acudir a nada sobrenatural para explicar que estemos aquí. Esto lo comparten la mayoría de los científicos y, particularmente, los biólogos. Toda nuestra interacción con el mundo es a través del cerebro. No hay nada que no haya sido producido por nuestro cerebro y sus códigos. Dios es una idea, como todas, construida por los códigos cognitivos. Incluso la realidad que vemos es producida, en parte, por nuestro cerebro. Son los códigos que traes de serie en el cerebro los que construyen para ti el mundo solo con un objetivo: ¡mantenerte vivo!"

La no necesidad de una explicación adicional al fenómeno "azar" ni tan sólo topa con la idea evolutiva de la supervivencia. Es decir, ¿Por qué los seres que surgen del azar sin una norma causal sino casual pasan a disponer de una causalidad inexorable basada en la evolución y la supervivencia? ¿Un ser unicelular primigenio supuestamente básico lleva a dar un paso igualmente primigenio con una impronta de supervivencia o de casualidad que deriva en supervivencia? Parece que las constantes se aplican discrecionalmente para adaptarlas a las teorías compartidas "con la mayoría de científicos". Dato que pone de manifiesto una necesidad inconsciente de reforzar un argumento que no es seguro ni taxativo.

Además, la idea de Dios siempre sería complementaria y no sustitutiva, en cuyo caso es perfectamente aplicable con mayor lógica causal que el "azar" que es casual. Ago así como que el explorador hubiera visitado el campamento millones de veces y cada una de ellas se hubiera producido la tormenta. Esa es una comparación rigurosa y no el ejemplo ventajoso dirigido a fortalecer una postura gratuita. Que se den todos los condicionantes para la formación de un planeta como la tierra y que una vez formado éste se evolucione por ley de probabilidades de un ser unicelular a un ser humano es tan extraordinario como el ejemplo que acabo de poner.

¿Que Dios es indemostrable científicamente? Por supuesto, pero inmiscuirse en ese espacio de sombra es poco científico dado que estipula como algo probado o incluso muy probable, un razonamiento supuestamente riguroso que no lo es y que afecta por tanto más a la voluntad del que lo afirma que a la disciplina que representa. Una actitud verdaderamente científica abonaría la duda razonable sobre lo desconocido, que en este caso es todo soportado por teorías, desmarcándola de la opinión personal que por supuesto es libre y genuína.

La constatación y avance en el conocimiento sobre procesos neuronales y químicos de nuestro cerebro explican una mecánica de actuación, pero creo que es delicado atribuir a dicha mecánica unas atribuciones que pueden no corresponderse con la realidad. La relación de un cerebro con el exterior, con el ambiente, está comprobado que afecta al mismo e incluso es capaz de generar sinapsis y malear neuronas. Por tanto explicar el cerebro como un órgano endógeno que por sí solo produce causa y efecto es como decidir la predeterminación de los seres humanos por consideraciones puramente químicas. ¿El huevo o la gallina? Las respuestas del cerebro se pueden alterar gracias a los avances en neurobiología, pero eso no prueba más que la posibilidad de incidir en procesos biológicos como si esposamos unas manos impidiéndo su movilidad. Todos los procesos del cerebro deben existir y existen considerando factores externos que inciden sobre el mismo, aunque éste cree una idea de lo que sucede en el exterior y no el exterior mismo.

Sensibilidad y memoria

Siendo yo una persona indefectiblemente analítica, desde siempre he fijado mi atención en aspectos del carácter de las personas, particularmente en razón a su fisonomía sobre la cual tengo una especial facilidad natural para desentramarla. En esa línea de curiosidad, me ha llamado la atención advertir en materias como la astrología, la coincidencia de rasgos que las personas reúnen en cada signo zodiacal. Me importan relativamente poco los prejuicios hacia cualquier faceta del conocimiento si se puede demostrar de algún modo que aportan ciertamente halos de luz, de modo que aún con un escepticismo sobre casi todo contumaz, no tiendo a rechazar de plano nada que muestre una mínima apariencia de construcción lógica.

No soy un estudioso de la astrología, ni siquiera aficionado a ella, pero siempre he mantenido en el tintero de mi escritorio mental el recuerdo de mi carta astral que se constituía en una efectiva tarjeta de presentación sobre lo que yo represento en el plano personal. Con esa consideración y cuasi venerando la consecución causal de todo lo que nos rodea hasta tintes matemáticos, no puedo rechazar sin más la para mi muy evidente categorización que sufrimos los individuos en razón a diversas consideraciones o variables. Cada minúsculo detalle que pasa inadvertido tiene un eco en nuestras vidas. Algo que lleva a constituir una tarea colosal la explicación de la naturaleza humana desde un aval científico, dado que es prácticamente imposible reunir un cúmulo de variables tan numeroso que redunde en clasificaciones exactas que cuadren con sus presupuestos. Quizás por ello siempre tendamos a rodear la personalidad humana con pistas seguras y conocidas que, aún siendo genéricas y poco precisas, nos ayudan a concluir diferenciaciones claras que permitan concluir quiénes son los supuestamente cuerdos y quienes no y quiénes los inteligentes o capaces.

En cualquier caso a mi no me deja tranquilo ni satisfecho el comprobar que un pedazo de papel con mis datos de nacimiento pueda ajustarse tanto a la realidad de mi personalidad. Aprendemos a sorprendernos de cosas insulsas y desdeñamos otras que nos acompañan de cotidiano y que dicen de nosotros mucho más de lo que podamos conocer en toda nuestra vida.

El caso es que, por un poco de ésto y un poco de lo otro, mi suspicacia está "mosca" con una serie de rutinas que coinciden en los signos zodiacales en relación con la memoria.

El tipo de la memoria de las personas o el modo que tienen de recordar sus vivencias además de relacionarse gracias a ella marcan de un modo fundamental las personalidades de todos los habitantes de la tierra. Marca en todos los terrenos de su personalidad e inteligencia, otorgando unas características específicas sobre la sensibilidad de cada individuo y la manera de brindar su inteligencia. Ambos elementos indisolublemente unidos a la emoción, sea ésta poderosa o deprimida o brindada de maneras distintas.

Así, uno de los elementos que me ha llamado poderosamete la atención, por ser más fácil de escudriñar es la distición que en el Zodiaco se hace de determinados signos, acuñándolos como de tierra, agua, aire o fuego. Me detengo antes para hacer un inciso muy destacable sobre las diversas influencias que inciden en la personalidad de los nacidos como la principal que es la genética y otras como el orden de nacimiento y el trato recibido en los primerios estadios de vida. Dicho lo cual, sobre lo antes referido, la memoria es la que determina una manera de ser y de tratar la información recibida de un modo distinto afectando la sensibilidad, el canal subconsciente y el consciente, provocando maneras diferentes de brindar nuestra inteligencia.

Todo lo que escribo son impresiones personales que las pruebo efectivas en mi devenir diario y que, no siendo yo especialista capaz de experimentar en individuos de modo profesional, me limito a explicarlas como resultados de mi experiencia. Quizás por ello tenga esa tendencia autosuficiente sobre todo lo que se refiere al ser humano y particularmente lo que afecta a la psique que es tan susceptible de crítica como cualquier opinión.

Siguiendo con la memoria, la diferenciación más acusada la noto entre los que se denominarían en el zodíaco como signos de tierra y el resto. Yo lo soy y mi manera de escribir da buena prueba de ello. La capacidad de retención y disponibilidad de los recuerdos en ese grupo de sujetos difiere mucho con otros tipos, conformándose en una memoria acumulativa material que mantiene constantemente presente experiencias vividas como si de una memoria RAM se tratara. Ello conlleva de inmediato, mayor capacidad de análisis, mayor capacidad de recordar y asimilar hechos vividos y sus consecuencias, mayor susceptibilidad, mayor rencor, mayor reflexividad, menor espontaneidad, menor naturalidad, mayor personalización, mayor empatía, menor respuesta refleja, menor grado de inconsciencia y otros elementos análogos.

Advertir a un individuo con memoria de ese tipo y diferenciarlo de otro es relativamente sencillo. Sobre todo con aquellos extremos que parecen vivir su vida como una experiencia que parte de cero cada nuevo amanecer. Éstos son los más sociables y los que menos juicios de valor suelen someter a sus semejantes dado que su flujo de información suele ser directo, es decir, no advierten nada que no sea evidente o claro y por tanto su grado de susceptibilidad (sensibilidad) es mínimo. El desconocimiento en la vertiente de la percepción conlleva personas que se libran de manejar variables que otras sí las contemplan. Por el contrario enarbolan una capacidad intuitiva soberbia que les maneja (más que manejarla ellos a ella) con habilidades automatizadas muy eficientes que evitan toda intermediación reflexiva. Ahora bien, estos individuos, aún pudiendo demostrar una inteligencia superlativa en el terreno del cálculo lógico, al no verse provistos de capacidades empáticas que manejen emulaciones sobre personalidades y experiencia ajenas, suelen dotar sus teorías de impresiones con una dirección, la suya y en ese terreno en el campo de las humanidades junto a la "buena intención" puede hacer estragos. El campo de especialización de estos individuos es puramente técnico y deben limitarse a labores de cálculo, gestión de recursos y/o relaciones sociales, dejando de lado todo lo referido a humanidades y todo lo que tenga relación con el comportamiento del hombre. Es muy común el error a mi juicio, el otorgar autoridad intelectual a individuos que se destacan en materias técnicas o científicas sobre consideraciones humanísticas. Recuerdo que me estoy refiriendo a un extremo en el empleo de la memoria.

Para inmiscuirse en terreno humanístico es indispensable estar dotado de capacidades empáticas en unión indisoluble con una lógica capaz de la abstracción personal y eso no lo da la memoria operativa intuitiva sino la reflexiva. Un ejemplo muy entendible es la gente que dice no afectarle la opinión de los otros. Esas personas no tienen un grado apto de empatía ya que los resortes de su personalidad sólo tienen una dirección y parten de un íntimo origen protegido que no se ve afectado por el entorno. Quien no le afecta realmente lo que piensan los otros, no es capaz de ponerse en el pensamiento de los otros y por tanto sólo manifiesta un prisma para ver el mundo que le rodea. Un déficit demasiado importante para alguien que quiera dedicarse a las humanidades.

Luego está el extremadamente empático pero incapaz de lograr la abstracción del yo por implicación personal acusada o descocimiento de la lógica de los rasgos psicológicos ajenos apreciables en gestos, actitudes o elementos faciales, es decir, de una mermada percepción que impide detectar la veracidad de la información recibida de otro sujeto (si miente, es de fiar o no) y por ende advertir las consecuencias de actos o tan siquiera considerarlos para no depositarlo todo en el anhelo empático. Éstos casos pueden comportar consecuencias nefastas excusadas en la buena intención del que sólo aspira como impulso primario a un grado de bienestar psicológico en la identificación con el semejante y satisfacer con ello dicha solidaridad a costa de omitir las posibles consecuencias de dicha actitud. Es un ansia disfrazada de altruismo que en realidad necesita cubrir un vacío personal a toda costa.

La memoria está íntimamente relacionada con la emoción ya que ésta se encarga de hacerla más efectiva destacando los instantes que llegan a afectar el terreno sentimental como un vértice sobre una línea plana. Si vivimos una rutina diaria sin sobresaltos y equivalencia de experiencias, en el instante que vivamos un episodio destacado, lo recordaremos con mayor fluidez. Bien, pues la emotividad en la memoria actúa de fijador en aquellas personas que refería al principio sobre las otras que resetean su vida en cada jornada dejando a la intuición su manejo efectivo. Así, las personas de "tierra" suelen tener presente esa emotividad en sus razonamientos hasta hacerlos presentes en su cerebro reflexivo a diferencia de los que los dejan pasar sin capturarlos a menos que la experiencia tenga una fuerte dosis de elemento emocional.

Diferenciaría la sensibilidad de la susceptibilidad en el hecho de que la primera puede ser resultado en una persona intuitiva que despliega su memoria operativa en un terreno determinado pero que, al no manifestar consciencia de sus actos sino mecanicidad, sólo actúa por reflejos inmediatos que no obedecen a razonamientos reflexivos. Por el contrario la susceptibilidad incluye consciencia de los actos aunque sea parcial, conocimiento, análisis y reflexión que lleva a estados de ánimo latentes de predisposición ante situaciones determinadas. Se puede ser un extraordinario compositor que siente la música sin advertir cómo se desarrolla tal proceso. Entonces será imposible convertirse en docente sobre las propias capacidades ya que éstas serán espontáneas e intuitivas y por tanto no conllevarán elemento reflexivo colateral. Se podrá explicar y recitar de memoria los procesos, pero nunca la clave de la propia capacidad de talento.

Tal diferencia de sensibilidad como capacidad de manifestar una respuesta más específica y efectiva sobre una circunstancia es innata y convierte a su dueño en especialista natural, pero como no sabe las razones de su talento, no paga dividendos en su susceptibilidad. No obstante, estos sujetos aglutinan experiencia por vía subconsciente y no la dejan brotar al ser incapaces de razonarlas o afrontarlas de modo que cuando se amontonan experiencias negativas en masa hasta no poder distraerlas por más tiempo, puede producirse casos de "implosión" con efectos negativos para la salud.

El individuo con memoria analítica o material, en grado extremo somete a escrutinio sus experiencias de un modo que implica la antítesis de la espontaneidad y por tanto implica a memoria y emotividad aplicadas en tiempo real lo que afecta a su salud en continuas y pequeñas dosis. Es consciente de lo que le rodea y no actúa con la misma mecanicidad lo que lo hace susceptible a su entorno por considerarlo en la ecuación de su vida.

En resumidas cuentas, unos parten continuamente de cero sin advertir más flujo de información que el directo. Los otros manifiestan lo que se denomina "sexto" sentido, llevando a dotarles de una materia gris mucho más profusa de variables conscientes que conducen a más respuestas sobre un único presupuesto. La especialización y complementación por tanto es vital para unos casos u otros. El efecto espejo de cada uno es radicalmete opuesto, pudiendo llegar a ser realmente un espejo y un cristal trasparente la diferencia entre ambos arquetipos.

Con un escáner cerebral se poidría advertir el consumo de recursos y las ramificaciones neuronales que llevan a unos tipos y otros en el desempeño de su memoria con las consiguientes consecuencias aplicables. La inteligencia tiene un camino muy arduo que recorrer para discriminar los diferentes tipos de manifestaciones que los individuos pueden desplegar. Se puede explicar con ella actitudes de países enteros por una "facilitación" a desplegar modelos de utilización de memoria o atención a unos modelos de conducta o perfiles de vida que conllevan sensibilidad o susceptibilidad. Así pueden diferenciarse países sensibles de otros susceptibles en sus grados de conflictividad por la manera en la que se prima un uso de la operativa racional de otros. El individualismo o el colectivismo social son elementos claros que diferencian paradójicamente a sociedades pobres o emergentes que deben valerse por sí mismas en pugna por sobrevivir de aquellas más ricas que saben que disponen de un sistema normativo global que les protege hasta cierto punto y por tanto delegan en tal sistema el uso de sus recursos.

El buen carácter o determinados aspectos atractivos de la personalidad pueden explicarse por la estructura del orden de prioridades rehén de un tipo de memoria que elije entre unos intereses o todos en base al individuo. Quien no conoce, ni se plantea entrar en juicios de valor. Un recodo donde los medios de información se pueden infiltrar inoculando distracciones acompañadas de hábitos que se suceden continuamente para ejemplarizarse como normales. Manera indiscutible de consolidar una nación avanzada bajo regímenes democráticos que necesita de maniobras subrepticias para la homogeneización.

sábado, febrero 25, 2012

Jovencitos esquiadores

Se acude a especialistas de todo tipo y condición para predecir nuestro futuro en todas las áreas posibles. Desde economistas, científicos, sociólogos, filósofos y cualquier denominación técnica que se nos pueda ocurrir, elucubramos conjeturas sobre nuestro devenir.

Pues bien, llegó el pesimista. El futuro pinta mal.

Del mismo modo que pienso que el ser humano no es capaz de cambiar sustancialmente como individuo, sino modificar exiguas (más en unos que en otros) y determinadas áreas sujetas a su control, la sociedad compuesta de tales individuos no hace más que seguir sendas marcadas que se reproducen a modo de bucle sistemáticamente. Sólo el lógico traspaso de conocimiento entre generaciones muy favorecido en la sociedad occidental ha ayudado a conformar principios instituidos como pilares que han podido actuar como argamasa que sustente una historia más o menos prolongada de avances.

Yo no soy matemático. De hecho en mi juventud he detestado todo lo relacionado con las cifras por no disponer de ese instinto natural necesario para manejarlas con simpatía y naturalidad, pero todas las teorías filosóficas que han nacido en mi cabeza deben adecuarse a un tipo de racionalidad que comparo a las operaciones matemáticas y su desarollo. La mera causa y efecto la veo como una operación matemática inexorable que no puede quedar huérfana más que en la cabeza del que la niega.

Soy consciente de que a mayores zonas de luz surgirán las correspondientes de sombra, hasta el punto que la sombra puede anegar la propia luz y convertir todo en tinieblas.

Las sociedades humanas se rigen por los mismos patrones ahora que hace miles de años. El ser humano responde a iguales instintos, deseos, anhelos y sentimientos en definitiva que le motivan en su cotidiano desarrollo. Sólo cambian las herramientas y las variables existentes, pero las respuestas que damos son tan previsibles dados unos presupuestos como lo han sido a lo largo de nuestra historia.

Es lógico que lo que denominamos ciencia trate de sancionar de un modo público, formal y oficial cada hallazgo, resolución o descubrimiento a base del método científico. Eso no es más que una manera de dotar a lo ya conocido por experimentado de unas pautas mínimas exigibles que se constituyen en un idioma alternativo con el que los científicos pueden discutir entre ellos y entenderse. No sólo con lo experimentado sino con lo conjeturado, sometiéndolo a unos protocolos que deben ser validados para que dicha conjetura tenga el reconocimiento de oficialidad.

Todo ello en un mundo como el actual convierte a los científicos y divulgadores de conocimiento en el equivalente a los sumos sacerdotes de otras generaciones o civilizaciones.

Los que mandan siguen siendo los mismos, gente poderosa con poder e influencia. Luego están el "gerente" o el "director general" que son los políticos que dan más o menos la cara al quedar expuestos al decir social. Ello suele producir, salvo en casos muy evidentes, que los políticos más discretos o invisibles para los medios de comunicación sean los más cuestionables a la vez que poderosos, mientras que los que están siempre sujetos a escrutinio sean como decía, cargos ejecutivos que pueden despedirse con justicia o sin ella.

Luego está el vulgo, el pueblo, el resto, nosotros. No hay diferencia entre los descritos salvo en la posición virtual que denota su procedencia de clase. Lo que sí apuesto sería noticioso y sorprendente la correlación que existiría entre la falta de empatía y los puestos más exitosos en la cadena social, algo en lo que pueden coincidir el estrato más alto con el más bajo de una sociedad. En el centro de todo ello está la clase media, que lo es por algo más que su mera retribución. Lo es por su equilibrio entre quejarse y no romper la baraja, por su comedición y tendencia a proteger lo suyo sin necesariamente atacar lo otro de modo muy beligerante, por su posición acomodaticia tanto en lo material como en lo filosófico o espiritual, por su menor conflictividad familiar y en resumidas cuentas, por lo ya mentado: su mayor equilibrio.

La mayor viabilidad de una sociedad, la que sea, no es más que trate de estar conformada en su mayor parte por esa clase media.

Quien no ha oido decir que los extremos se tocan. Pues bien, muy ricos y muy pobres, ambos suelen demostrar que tienen poco que perder y por lo que amedrentarse en sus acciones, además de circunstancias familares, aunque posiblemente muy distintas de facto, similares en cuanto a desapego emocional.

Aunque pienso que existen en términos absolutos, pocos aspectos sobre los que podemos incidir en las personas, sus consecuencias son dramáticas. El sometimiento borreguil por elemento emocional por ejemplo es y ha sido históricamente la mejor manera de aglutinar a las masas, pero con independencia de que las intenciones sean honestas o aviesas, las tendencias a las que obliguen dictaminarán el éxito o fracaso de esa sociedad. Las tendencias son el resumen de los dictados ideológicos de una propuesta de vida en sociedad que debe ser obligatoriamente eficaz para que resulte viable. Una supuesta perogrullada que no es tal cuando adviertes como muchos sistemas se basan en anhelos o quimeras irrealizables incompatibles con la condición humana.

En el momento presente podemos mirar a nuestro alrededor y ver un "alrededor" muy grande. Internet y las nuevas tecnologías lo copan todo de personas que tratan de decir la suya como lo hago yo en este blog. Sin embargo, si sistematizamos y estructuramos todas las opiniones, veremos que se pueden agrupar en unas pocas y que éstas a su vez casan mejor o peor en función del tipo de cerebro del destinatario. No por su capacidad intelectual entendida como "inteligencia", sino por el modo que tiene de brindar ésta concediendo unas determinadas prioridades que es lo que cambia entre individuos.

No en vano, además de la propia idiosincrasia humana. Las personas nos sometemos a constantes procesos causales que actúan de educandos sin que la mayoría lo advierta. Son mensajes más o menos encubiertos que dan salvoconductos o frenos a unas actitudes. A veces esos mensajes no son más que el efecto dominó de otras conductas. Lo que llamamos ejemplos. De la hegemonía de un estilo, conducta o manera de hacer que destile una sociedad podremos inferir como serán sus ciudadanos, aunque luego éstos reivindiquen su especificidad más por razones de orgullo que por argumentos racionales.

Por ejemplo, recientemente he tenido la oportunidad de ir a esquiar. Algo que desconocía desde hacía bastante tiempo cuando las vacas eran gordas. Pues bien, no existe mejor ejemplo de una sociedad que una pista de esquí para vaticinar las costuras de nuestros vástagos. Cójase sin embargo el ejemplo con la debida prudencia dada la extenuante crisis que nos azota. En una estación al uso existen pistas donde los que practican deportes de nieve deben coexistir, además están los remontes y sus colas de abrigados deportistas pertrechados con tablas que suelen contactar a menudo en pugna por aguardar más o menos su turno. En ese escenario existen mayores que acompañan a menores, unos progenitores, otros monitores y/o amigos o familiares. Pues bien, se podría hacer un estudio para saber como han cambiado los comportamientos de los esquiadores, pero me da en la nariz que no para bien. Se me desbordan las cifras cuando me pongo a recordar la cantidad de niños y adolescentes, en muchos casos con el advenimiento sino la invitación de sus mayores para colarse indiscriminadamente incluso en aquellos casos que la fila era lo suficiente exigua como para que pudiera ocasionar cierto corte al potencial infractor. Pues no, ni así. Parecía la bolsa de Wall Street tomada por la clase media española. Ver a un joven respetando el orden natural de llegada se constituía en razón de admiración en un pasto de salvajes. Padres y monitores, unos por falta de algo y exceso de lo otro; y otros por "agilizar" los trámites de su desarrollo laboral, actuaban en franca connivencia ya fuera por acción u omisión. La lógica por tanto, marcaba unos resultados predecibles para la savia nueva como lo serán las actitudes de cada uno de esos sujetos normales y aceptados por sus normales que se quejan y reclaman que todo se haga mejor.

La relación de los niños que se colaban indiscriminadamente o se constituían en barreras humanas tras la salida de los telearrastres, amén de comprometer la práctica y en ocasiones la seguridad de otros deportistas podría ser de 5 a 1 a ojo de buen cubero.

En lo cotidiano están las respuestas. Los niños crecen, se relacionan, llegana conducir vehículos, toman responsabilidades e incluso ocupan con el tiempo cargos de relevancia. No hace falta esperar a que eso suceda para advertir su impronta. Cuando sean mayores será tarde y entonces los que pudieran haberme acusado de dramático por enfatizar actos de cotidianidad como el relatado se manifestarán en las calles en contra de los malos que nos explotan sin advertir cuál es el problema, si de veras les importa, que eso es otro cantar.

viernes, febrero 17, 2012

Especialización natural II

Una de las cosas que siempre me ha rondado la cabeza dada mi "especialización natural" o sencillamente mi manera de ser es la lógica causal de los principios. Es decir, si el seguimiento de unos postulados resulta coherente y beneficioso por su simple aplicación.

Las personas (por lo general) nacemos de nuestros padres y éstos y/o las combinaciones oportunas que se cruzan en nuestro camino, forjan nuestra personalidad que es la talla esculpida sobre nuestra impronta genética. En ello interviene la especialización de los individuos, o lo que es lo mismo, los rasgos innatos marcados en nuestra estructura cerebral (que es la que me interesa).

Todas las discusiones, confrontaciones, dudas, comportamientos, errores, y, en definitiva lo que nos disturba y preocupa a los seres humanos tienen explicación e incluso solución dando con la horma de cada zapato. Algo fácil de decir. El problema es que, en lugar de dar con las soluciones, solemos seguir actuando en la lógica de nuestra especialización y, sí ésta no se dirige a comportamientos o conocimiento innato sobre la respuesta psicológica humana, proseguiremos en el error o lo agravaremos ya que daremos palos de ciego.

Por todo ello, al hablar de principios se hace lógico entender que un tipo de sujeto sienta inclinación hacia un modelo de principios determinado y rechace otro y viceversa. Ello se complica mucho más cuando no existen principios hegemónicos y cada cual intenta imponer una visión en coherencia con su propia idiosincrasia. De ahí que hablar de quien tiene razón puede ser harto complicado si no somos capaces de abstraernos de nuestra impronta, situación ésta muy evidente en los no empáticos y los más que numerosos psicópatas latentes de nuestra sociedad.

Sin ir más lejos, siguiendo esta línea, un sujeto de fácil reacción emocional sería más proclive a ideologías o religiones que fundamentaran respuestas de ayuda en positivo y de hostilidad en negativo, algo que los que tienen más dificultades de reacción emocional sería más complicado en los mismos términos, si bien como defiendo desde el principio, cada caso individual es un mundo con semejanzas y diferencias que en los casos donde la intervención emocional es menor se hace más difícil de identificar por seguir cada cual impulsos distintos.

¿Qué quiero decir con la dificultad de identificar las diferencias de las personas que tienen una respuesta emocional más lenta? A las personas susceptibles, es decir sobre aquellas que muestran una reacción aparentemente desproporcionada, es relativamente sencillo dar con las causas que les angustian o incluso el perfil "especializado" que les facilita dar respuestas de una manera determinada. En muchos casos, esa susceptibilidad no es más que una atención mayor sobre circunstancias que otras personas no se molestan en desplegar, para bien y para mal. La especialización natural describe casos de memoria analítica en contraposición con aquellos cuya memoria es más dispersa y capaz de una abstracción de aspectos de las vivencias presentes. Sería algo como la sensibilidad, el umbral a partir del que un individuo es capaz de detectar elementos que otros no perciben. En el caso de las personas con reacción emocional más lenta, puede deberse a un tipo de memoria innata capaz de dicha abstracción o en un extremo a dificultades ciertas de empatizar con sus semejantes. Un ejemplo muy claro sería un foco con un haz de luz muy fino e intenso que pondría al descubierto aspectos minúsculos al enfocarlos. Dejaría por otro lado un espacio de sombra importante. En el otro extremo encontríamos un foco amplio que ilumina mucha mayor superficie pero con menor intensidad. Éste le permitirá moverse con mayor soltura y no reparar en detalles que podrían distraer su atención por no disponer de la luz suficiente para advertirlos.

En todo ello, la inteligencia tal como la entendemos como una capacidad de adaptación al medio no se ve afectada... hasta cierto punto. Las personas que se consideran inteligentes desde un prisma "masculino", o sea con una respuesta rápida en operaciones matemáticas y de cálculo y poca injerencia emocional previa, superarán tests prototípicos de inteligencia destinada a resolución de problemas con mayor rapidez y destacarán con mayor facilidad en expedientes académicos, pues bien, esas personas serán mayoritariamente "frías" en el rango emocional. No importa que puedan tener una respuesta emocional alta ante unos determinados presupuestos. En el comienzo de asimilación de datos no permiten estos individuos la intermediación emocional y por ello no se ven afectados en su respuesta. Paradojicamente, estos individuos tienen una cantidad menor de materia gris en su cerebro ya que emplean un recorrido menor para asociar respuestas a sus preguntas limitando la complejidad de las mismas a su operatividad. En contraposición, los sensibles suelen tener muchos más razonamientos iniciados en su mente sobre cualquier consideración y por ello se ven afectados en sus respuestas por una información latente que nutre la materia gris de sus cerebros y que conforma o puede conformar redes neuronales enormes con la consiguiente complejidad pero igualmente gasto energético.

El mundo actual está nítidamente marcado por la resolutividad de modo que la personificación del éxito viene liderada por los poco sensibles que dan respuestas sin afectación y con mayor celeridad. Ahora bien, la afectación no tiene un corte peyorativo ya que dicha afectación es un proceso como cualquier otro que si bien no resulta raudo como el otro, conlleva unas variables que se suelen descartar por aparentemente supérfluas y que no necesariamente lo son cuando lleguemos a la conclusión de que la verdadera inteligencia aspirante a la sabiduría debe ser ciertamente multidisciplinar. Algo que lleva a otra paradoja relacionada con el ejemplo del foco anterior. Los que tienen el halo de luz más disperso tienen una respuesta excelente sobre aspectos que no iluminan los otros, pero sólo llegan al conocimiento multidisciplinar en comunión con otros cerebros similares centrados en materias concretas. Si no existe un cerebro con un foco escueto y potente capaz de manejar actividades de grupo, se pierde en efectividad en el intercambio multidisciplinar. La combinación de tipos de estructuras cerebrales es vital para la consecución del éxito.

De ahí, acudir a la especialización natural es clave para concluir y comprender cada respuesta de cada individuo.

miércoles, febrero 15, 2012

Manipulación primaria

No hay duda de que la escalada de tensión, lejos de ser algo que trate de evitarse, se busca intencionadamente por el socialismo, aquí y allá donde pervive.

En determinados países o épocas, yo nunca sería un seguidor de ideas conservadoras, simplemente porque no concibo la explotación cierta de unos individuos bajo la amenaza coactiva. Defender a las personas que sufren abusos de los que disponen más poder ya no es patrimonio de un partido o una ideología, es un deber moral de cualquier ser bienpensante. La defensa de los individuos debe hacerse, o en mi caso se hace por unos principios claros que priman el bienestar del ser humano dentro de una sociedad. Algo que obviamente firmaría cualquiera que abrazara sin distinción cualquier ideología política, pero las diferencias se ensanchan un mundo cuando analizamos los procederes que sigue cada uno para la consecución de esos principios hasta el punto que en ese camino se descubre que logran justo lo contrario.

En este tiempo donde los medios de comunicación son las auténticas voces de los políticos pudiendo dar más o menos voz en función del territorio, la política y la consecución de modelos de gobierno se convierte en un juego de estrategia más que en un arte de favorecer a las personas. Sin embargo, pese a que damos una gran importancia a los políticos y su general y aparente esquema de valores tildado peyorativamente, descuidamos siempre al que consideramos "el mensajero": los medios de comunicación.

En el caso de la política, el protagonismo de los medios de comunicación es de tal calibre que en lugar de erigirse éstos en un cero que no suma ni resta lo que dicen los protagonistas de cada partido, alcanzan cifras considerables en el proceso de suma o resta a los que se constituyen en partidos políticos enemigos o rivales. Así, siguiendo el símil, un grupo mediático puede sumar 5 a un partido y restar otro tanto al contrario y pugnar en esa vía con otro grupo mediático o en ocasiones no tener rival o estar éste en franca minoría.

Los medios de comunicación pueden llegar a tergiversar por completo las noticias únicamente por un criterio editorial definido y partidista. Algo que puede advertirse por ejemplo con mucha claridad en la prensa deportiva, permanece invariable en la prensa generalista pero con una falsa apariencia más diluida. De hecho, aunque es triste reconocer una evidencia tan primaria, existe un público especialmente en Cataluña pero no sólo allí, que define sus afinidades políticas de común acuerdo a su equipo de fútbol, de modo que asocia FC Barcelona con progresismo y/o nacionalismo y Real Madrid con un conservadurismo reaccionario definido y resumido en los medios que los apoyan como "caverna mediática". El mismo Florentino Pérez no es consciente de que su equipo de fútbol, el que trata estérilmente de tenerse por un equipo "señor", estando liderado por Mourinho es un factor importante en la determinación de ideología política. Hasta tal sinrazón llega la mentalidad patria en la consecución de sus sentimientos disfrazados de razonamientos, pero no es vano acudir a la lección que traslada el equipo merengue a día de hoy en constante pugna con el barcelonismo: vale todo con tal de ganar, es decir: el fin (los trofeos) justifica los medios (Mourinho y su impronta). Los seguidores se limitan a comparar si su tirria al Barça es superior de de que pueden tragar con el portugués en el banquillo y asumen el pacto a lo Fausto como un mal menor si con ello supone derrotar al archienemigo.

La prensa deportiva en general no dista demasiado de la denominada "del corazón". Todos son profesionales obligados a escribir columnas diarias de noticias que supuestamente interesen a los ávidos consumidores necesitados de una dosis de abstracción de una realidad. De ahí esa manifiesta voluntad de provocar y enervar constantemente una rivalidad que traspasa cauces puramente deportivos. Nadie parece percatarse lo suficiente como para variar esa tendencia, aunque si preguntaras, una gran mayoría lo reconocería e incluso determinaría como algo conocido pero asumido de modo inevitable.

Esa necesidad de generar noticia, de captar la atención, incluso de capturarla hasta hacerla rehén de una ideología o un sentimiento de revanchismo basado en la indignación, no surge por generación espontánea. Disponiendo como lo hacemos en la actualidad de la tecnología suficiente como para visionar a través de innumerables aparatos electrónicos la información diaria, en puridad no necesitamos intérpretes de la vida política. Es más, deberían prohibirse por la salubridad de la población. La información de la política debería acometerse sin intermediación de opinadores o "traductores" interesados incluso inconscientemente que igualmente también están obligados a redactar su columna diaria. Cada día de nuestras vidas recibimos noticias como si jugáramos a un juego en el que uno le dice al otro lo que el otro dijo y la información que llega ha traspasado varios cerebros con sus intenciones e intereses particulares amén de sus capacidades distintas. Sin ir más lejos, un titular por definición trata de ser un medio para captar la atención del despistado lector más que un auténtico resumen informativo. Podemos encontrar cada jornada letras mayúsculas en portada que poco tienen que ver con lo que parece afirmarse con contundencia en el texto contiguo.

Para colmo, los medios de información tienen auténtica bula para rebasar los límites a la hora de brindar información pudiendo transgredir, además de en muchos casos la mínima sensatez y el buen juicio, las leyes o el espíritu de las normas por las que nos regimos todos los ciudadanos. Así es posible espiar con cámaras ocultas o con tele objetivos, publicar titulares que surgen de secretos de sumarios que siempre son producto de una connivencia poco honesta, y ya no digamos equivocarse en noticias que pueden generar daño cierto a la credibilidad, a la confianza e incluso a la reputación de una persona o ente. ¡No pasa nada!

El siglo XXI es el de la hipertrofiada manipulación mediática camuflada por dispositivos electrónicos de entretenimiento. Noticias, películas, música, tendencias culturales, programación televisiva y radiofónica, literatura electrónica, etc., todos o la mayor parte trasladan impresiones personales de manipulación bajo unos auspicios supuestamente distintos de entretenimiento. Las opiniones son libres, pero no somos conscientes del peso que tienen unas y su efectividad cuando se perpetran y esconden bajo mantas de entretenimiento.

Ayer, la agencia de prensa Reuters hizo pública una supuesta filtración proveniente de los organismos de la Unión europea en la que se ponía de manifiesto que el gobierno español había amañado el déficit. Ha salido el desmentido del responsable económico de la Unión europea y lejos de existir una retractación notoria que conlleve unas fuertes consecuencias, dicha agencia y unos determinados medios han recogido el desmentido camufándolo en titulares que atienden a nuevos menesteres de modo que se favorezca la duda razonable acerca de lo que publicaron. Han logrado tender una sombra de duda y no hacen más que tratar de engrandecerla voluntariamente. Se aprecia una intencionalidad manifiesta que reposa sobre una falacia informativa y sobre la que se hicieron eco todos los políticos afines a esos grupos mediáticos, lógicamente alabados y piropeados por su trayectoria profesional sin ruborizarse ante el descomunal ¿fallo?.

Atendemos diariamente al resquebrajamiento de la sociedad griega con una guerra en las calles de personas ataviadas con palos, piedras, cócteles molotov y máscaras de gas y podemos empatizar con ellos si la causa se viste tan favorablemente como pueda hacerse por unos medios determinados. No importan las consecuencias, se azuzan los fantasmas más terroríficos y la desesperación hace el resto. No existe responsabilidad de una serie de individuos capaces de lo que haga falta por aglutinar seguidores, clientes, consumidores, rehenes, siervos.

El elemento primario surge de una supuesta injusticia que descansa en la lucha de débil contra el fuerte, de modo que se invoca la unión de muchos débiles para derrotar al fuerte. En ese proceso se desprecia la acción de los fuertes que son precisamente los que están manipulando a las masas para llevarlas al terreno de servidumbre capaz de ser controladas y se ignora a la gran mayoría conformada en las clases medias que no disponen de grandes resortes ni son enormes corporaciones pero que pasan a ser enemigos si no comulgan con las doctrinas inoculadas. Procesos de manipulación tan viejos como la raza humana que se repiten sin control ni conocimiento y con el advenimiento corporativo de los medios de comunicación que lo reducen a un juego mediático en el que no se calibra la repercusión, hasta que estalle el conflicto.

La responsabilidad de los medios de comunicación es extraordinaria, superlativa y no paga consecuencia alguna. Un político como mínimo debe asumir los efectos de sus manifestaciones a sabiendas de que al hacerlo, entrará en el ojo del huracán a expensas de las fuerzas en litigio y los "elementos"que en ellas se suceden. Los medios de comunicación pueden publicar, dejar de publicar, escoger sus noticias, esconder otras, enfatizar unas, desdeñar otras, pueden dar carta de naturaleza a unas cuestiones o incendiar una mera brizna. Todo ello sin asumir la capacidad que tienen de malear al conjunto de la población con su protagonismo y exonerándose corporativamente al señalar al origen de la información como si ciertamente obligaran a la población a creer que son meros traspasadores de información exigible como un derecho inalienable.

Desde Goebbles hasta la actualidad sólo han cambiado la evolución de las herramientas que traslada la información y la creencia dogmática de que el periodismo y el entretenimiento son valores irrenunciables de una sociedad libre. La información sí lo es, pero la sociedad occidental del S. XXI no recibe información libremente dispuesta sino el resultado de guerras de medios con distintas influencias y principios entre unos y otros.

Yo que he escrito en otro artículo sobre la especialización de los individuos, no puedo pensar en modo alguno que todo el mundo es igual como falsamente se intenta hacer creer por los que precisamente no son iguales por ser peores. Cada persona y grupo marcado por unas tendencias es distinto. En el trabajo, en la familia, en donde sea, las repercusiones de las acciones de una persona u otra difieren o pueden diferir un mundo, por ello, que no nos engañe las siglas de un partido o los intereses personales que cada individuo tenemos y que nos lleva inconscientemente a disculpar a unos y a perseguir a otros. Cada cerebro debe ser consciente de que luchamos contra nuestras propias valoraciones y no contra las de los demás.

La información es y debe ser la transcripción literal de los políticos en los innumerables formatos que la tecnología nos brinda. No titulares maniqueos, no la elección interesada de un grupo editorial, no cruzadas aglutinadoras que reposan en la vulnerabilidad sentimental (populismo).

No es de recibo que la portavoz del Psoe siga la pauta sempiterna de ese partido por tensionar a determinadas personas asqueadas de su situación o deprimidas o impotentes ante la desesperación de no tener trabajo. No se pueden admitir referencias propias del siglo XIX donde se demonizan grupos como empresarios o la iglesia para levantar odios y manifestaciones airadas que la razón no podría. Es inmoral recoger una ristra de publicidad electoral que descansa en el odio hacia enemigos objetivos. Es inmoral y antidemocrático vender fantasmas que no existen ahondando, no en los problemas ciertos de la población, sino en la insatisfacción inherente a la propia situación asociada a unos responsables que si no existen se fabrican.

La manipulación primaria debe cercenarse de nuestra sociedad para que de una vez por todas podamos decir que somos sociedades avanzadas y eso sólo se logra con compromisos morales. Con la apuesta por unos principios de respeto mutuo ciertos que persigan a los infractores y pongan coto a las estrategias políticas y mediáticas de captación de acólitos. Quimeras irrealizables pero no se puede decir que no se identifican los problemas que sacuden a nuestra civilización. Los medios de comunicación, tal como están constituidos, son fuente de tensión. Por supuesto unos más que otros, pero una mentira no puede ser destapada si el que tiene la posibilidad de hacerlo no quiere y el juego de intereses de los grupos mediáticos no es ciertamente la mera información. Es el deseo que manifiestan todos los entes con poder: más poder.

martes, febrero 14, 2012

Especialización natural I

Estamos en el s. XXI. Prácticamente la denominación de un logotipo de una película de ciencia ficción para los que rebasamos la cuarentena. La época de la cristalización de todos los sueños tecnológicos que se han evocado en el siglo anterior a través de todos los medios a disposición de la imaginación humana. Sin embargo, la realidad, al vivirse más ralentizada que en películas o historias del género literario, nos parece menos espectacular y sobretodo convencional y tediosa (para una gran mayoría). El caso es que sin apercibirnos de la velocidad a la que circula nuestra sociedad y las tendencias que continuamente vienen superponiéndose en estos últimos treinta años, vamos formulando continuas teorías que versan sobre cómo las personas deben adaptarse a un medio que curiosamente es creado por otras personas, no el medio natural propio de cada especie animal que habita en el planeta.

Ese avance incontrolable de lo que denominamos la tecnología de la información sustentada en las redes, está tegiendo las pautas que debemos seguir las personas "normales" para acoplarnos a un sistema social cada vez más esquemático y global que dispone de sus propias normas para clasificar a sus habitantes.

El siglo XXI nos ofrece lo contrario a la personalización de los individuos, es decir, la generalización de estándares clasificables de grupos de población válidos para relacionar oferta y demanda a través de un trasvase de información entre corporaciones y consumidores. El siglo XXI sí cumple expectativas en cuanto una gran masa de población viene estando controlada por medios tecnológicos a su vez controlados por otras personas. Lo queramos o no, dramaticemos o frivolicemos sobre el asunto, para la red de redes no somos más que datos útiles para unos intereses determinados, los cuales intentan optimizarse continuamente para que dicha información sea cada vez más precisa y sirva mejor a la tarea de relacionar a los vendedores con sus potenciales clientes.

Desde mi perspectiva, lo explicado hasta ahora es una sencilla descripción de lo que nos acontece a los ciudadanos del "primer mundo" en el siglo XXI. Un reduccionismo no por ello falso de una toma cenital de estos ciudadanos del mundo.

Esta explicación de un mundo en el que su medio está compuesto por ordenadores portátiles, teléfonos móviles de última generación, tabletas digitales y demás parafernalia tecnológica nos obliga inexorablemente a especializarnos en el mismo para no perecer en el intento de sobrevivir ante la competencia global existente. Cualquier persona que decida formarse en lo que sea con el objetivo de dedicarse profesionalmente a ello, está obligada a dedicar una buen parte de su tiempo a hacerlo a través del cauce tecnológico. Del mismo modo que aprendimos a escribir en bolígrafo o pluma o a teclear una maquina de escribir, ahora toca tener unos conocimientos mínimos de sistemas operativos de cualesquiera aparatos que podamos necesitar para trasladar la información que surja de nuestro desempeño.

Pero aceptando lo inevitable de los tiempos que corren, debemos también sopesar los elementos que nos resultan beneficiosos y perjudiciales aún a costa de apearnos algún instante de ese tren de alta velocidad que instituye por nosotros una condición de normalidad. La recapitulación y la reflexión es una actitud válida, desde una perspectiva social, únicamente para aquellos individuos que se dedican profesionalmente a un esquema instituido por ese sistema. Así, filósofos, periodistas, políticos, científicos, divulgadores mediáticos y personajes con una popularidad ganada a base de ratios de audiencia, son capaces de instituir doctrina acerca de lo que es y debe ser nuestra sociedad. A fin de cuentas, en una sociedad cuyo medio (entendido como entorno) está conformado por los medios de comunicación y entretenimiento, encuentra sus mayores y mejores referencias en aquellos símbolos capaces de disponer de un mejor altavoz. No es lo relatado una crítica ni un lamento, es de nuevo una explicación que trata de situar el punto de partida de nuestra sociedad y las referencias que seguimos los ciudadanos, de modo y manera que podamos al menos ubicar los cimientos que sostienen el orden de valores de nuestra sociedad.

En el siglo XXI, la información se cataloga por cuotas de autoridad moral que vienen estipuladas por la aceptación de los medios situados en lo alto de la escala jerárquica. Es decir, por lo general, los rumores, modas, tendencias, ya sean en el campo de lo estético, lo cultural, lo científico y lo filosófico, debe pasar la necesaria criba de las élites mediáticas dominantes que se encargan de admitir o descartar la información contenida que las sustenta. Al margen de esas servidumbres otorgadas a los poderosos, existe el espejismo de una cultura pop o aparentemente libre o incluso anárquica liderada por los consumidores de la red que también tratan de imponer sus puntos de vista como uno solo. El problema es que la interacción insoslayable entre grupos de poder y contestatarios genera corrientes previsibles habida cuenta de la lógica de confrontación y por ello, los que pretenden para sí una denominación de anti producto o elemento anti sistema no son más que alternativas diferenciadas en el abanico de opciones a las que pertenecer.

La globalización y la tecnología está acuñando denominaciones a los distintos grupos que siguen tendencias determinadas en base a que "compran" un determinado estilo de vida detectable por los patrones que siguen sus miembros. Así, las clasificaciones engloban potenciales productos en todos los ámbitos que pueden ser vendidos a sus componentes. Desde una filosofía, una religión o anti religión, hasta un partido político o un grupo antisistema o escéptico por antonomasia, pasando por cruzadas ecológicas, de protección del medio ambiente, de sostenibilidad económica o de cualquier ámbito que suelen incardinarse con sus relacionadas.

Los individuos en la sociedad del siglo XXI se pueden clasificar con un programa informático ad hoc con gráficos o diagramas de árbol en los que se especifiquen causalmente las potenciales preferencias de cada tipológía habida cuenta unos determinados presupuestos.

Somos capaces de ordenar mentalmente un entorno basado en medios de comunicación y entretenimiento que se supone transmiten tendencias, cuando en realidad tratan de imponerlas, mientras las élites pugnan por imponer unos criterios de índole filosófica sin mencionar una sola palabra a base de contenido informativos y de entretenimiento que forman a los usuarios a través de sus percepciones y emociones.

La palabra "especialización" no únicamente es válida para ser competentes en ese medio tecnológico sin que nos abrume, sino que tiene otro menester mucho más específico y básico que fundamenta el porqué de la naturaleza humana. Mi propia especialización se ve recogida en este blog, no por lo que he aprendido, sino por lo que soy y como vengo diseñado de origen en combinación con los elementos ambientales.

Existen millares de libros destinados a formar a las personas sobre incontables materias y a su vez, tantos profesores capaces de explicarlas. Igualmente, tratamos de optimizar constantemente las herramientas de las que nos dotamos las personas para rendir en nuestro trabajo del modo más productivo. Lo denominamos mejorar o progresar. Las personas tratamos de especializarnos en las más diversas cuestiones siguiendo directrices sentimentales variadas forjadas en nuestro subconsciente. Unas concuerdan con nuestros atributos encajando voluntad y especialización natural; otras son sueños de difícil encaje con nuestra idiosincrasia. Aunque parezca jocoso, en relación a esto último, imaginen a una persona con poco oído que quiera dedicarse a la música o a un miope que desee realizarse como piloto militar. Sin menoscabo de la a veces incansable voluntad humana capaz de lograr configurarse uno mismo en excepción a la regla, lo lógico es que todas esas personas declinen progresar en aquello que anhelaban en el terreno profesional, si bien sí pueden dedicarse en modo aficionado. Pues bien, del mismo modo que las atribuciones mentales que vienen "de fábrica" determinan una especialización para unos menesteres u otros, esa misma estructura cerebral dicta o determina tendencias en muchos más terrenos sobre los cuales, si nos proponermos observarlos, podremos predecirlos y entrever como en ocasiones vivimos un bucle de decisiones y modos de parecer que rehuyen parámetros que podríamos denominar racionales o lógicos.

Esta clasificación de la naturaleza humana no deriva más que en una especialización de sus individuos tan evidente y marcada que llega a convertirlos en sujetos hábiles en unas materias, ya no sólo de ámbito profesional, sino domésticos o cotidianos, e inútiles en otras que consideramos tan naturales como imprescindibles para el desempeño diario. Para colmo, la necesaria identificación de los sujetos sociales por una marca sustentada en sus acciones que pueden responder a talento o voluntad, ya sean estudios, logros profesionales o similares, automáticamente nos incita a tratarlos como capaces y especializados en esas materias que desempeñan. Obviamente tratamos a un médico como médico y a un psicólogo como tal porque el título que adorna su despacho y la experiencia que podemos calcular por su edad acreditan que saben lo suficiente para poder depositar nuestra salud sobre sus manos. Ahora bien, en ese acto de confianza no calibramos hasta que punto la especialización natural coincide con la vocacional y ese es un factor demasiado importante, no sólo en esos campos si no en absolutamente todo lo que afecta a los seres humanos.

¿Por qué? Porque asumimos el bagaje intelectual de otros en un asunto particular por su "conocimiento inerte" y no el conocimiento "vivo" que yace en cada cerebro el cual es capaz de adaptarse extraordinariamente a unos casos concretos mejor que a otros como si fuera diseñado para ello.

Lo explicado en el terreno profesional es mucho más evidente en el terreno de la propia convivencia o desempeño cotidiano. Un sujeto puede tener unas capacidades muy mermadas para la profesión a la que se dedica, pero podrá disimular un porcentaje de esa ineptitud natural por el conocimiento inerte a menos que en aplicación del mismo llegue a ser en extremo negligente. Sin embargo en el vivir cotidiano, entendido como el sistema de relación con los semejantes y sus consiguientes deberes y obligaciones, la particular especialización resultante de la propia estructura cerebral plasmado en el conocimiento vivo aplicable, combinado con los condicionantes ambientales, resultan en personas válidas o inválidas para aspectos mucho más personales y por tanto dramáticos cuando el resultado no es satisfactorio.

La sociedad de la información nos brinda espejismos de información inerte que no corresponden con el conocimiento vivo necesariamente. Un ejemplo muy palmario son los políticos que se aprovechan de sus cargos públicos para enriquecerse o conseguir influencias o poder en lugar de buscar un beneficio ciudadano, pero no únicamente en éstos, sino en los bienintencionados henchidos y repletos de buenas intenciones pero incapaces de abstraer sus sentimientos o ambiciones personales o sencillamente no disponer de un carácter suficiente para lidiar con la opinión contraria o una falta de empatía que les haga insensibles con sus electores. En cualquier caso, cada ejemplo viene referido a un espacio determinado. Nada tiene que ver un cargo de primera línea, ya que requiere una especialización determinada mucho más resolutiva, con otro que subyace en segunda línea y puede ser más consultivo y por tanto, reflexivo.

La verdadera especialización natural no entiende de marcas sociales o intelectuales. El logro en una faceta concreta de una profesión no equivale aptitud alguna en otra que pueda ser prima hermana, pero es que en ocasiones existen personalidades destacadas en unos terrenos concretos que han llegado a su pináculo, no por dominar la materia por lo que son conocidos, sino por otras artes que le han abierto unas puertas para llegar donde están, como puede ser el don de gentes o una intuición acusada. Por ejemplo, un deportista de primer orden puede ser un nulo profesor en la materia con la que logró tantos triunfos, mientras que el que no llegó a tanto, ser capaz en la docencia de erigirse en profesor sublime. Los ejemplos tanto profesionales como domésticos se pueden suceder hasta el infinito conformando una operación constante que pone de manifiesto el porqué de los errores humanos en el desempeño de las facetas mundanas. El criterio en razones humanas o humanísticas es un terreno muy resbaladizo donde la opinión autorizada dista mucho de adecuarse con la especialización natural. El mismo Einstein puede hablar de humanismo y doblegar por prejuicios a sus oyentes, pero la sabiduría o el conocimiento es muy especializado. Tanto que un genio en una materia determinada puede ser un cenutrio en otra y lo lógico es que sí suela ser.

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Un excéntrico pensador que emplea este blog sin concesiones a la mesura ni a la inteligibilidad