martes, enero 22, 2013

A vueltas con la Independencia

En anteriores análisis sobre el nacionalismo catalán defendí que CiU se dedicaba a especular lanzando un órdago poderoso contra el Estado y aposté por su negociación con el Psc en lugar de con ERC. Está claro que quedaron variables en el camino y una de las más poderosas son los casos de corrupción que han rodeado al clan Pujol.

El panorama de CiU creo que ha sido más dramático de lo que calibré. La clara derrota electoral planteada por Artur Mas como un plebiscito a su persona como líder de una Cataluña nacionalista pienso ahora que afectó mucho más de lo que aparentó su sangre fría en la noche electoral.

Creo que el plan inicial era sencillo en tanto se iba trazando como un guión preestablecido en el que nada de lo externo pudiera afectar un ápice su desarrollo. El pacto fiscal que se exigía a Rajoy, se sabía de antemano que era imposible por ello toda la parafernalia y gesticulación circundantes no eran más que fuegos de artificio para que TV3, La Vanguardia y compañía pudieran seguir calentando el terreno de juego. No coló. Las elecciones no recogieron los frutos de tantos años de control cultural y mediático, o por lo menos, la fruta no estaba del todo madura. La idea era tener una posición de fuerza para que CiU liderara aquello que se le antojase con el pretexto de la sentimentalidad catalana, pero salió rana y siempre se constata que para escoger un producto, el público suele optar por el original, en este caso el partido independista por antonomasia: ERC.

Dicho esto, creo que la capacidad de maniobra estratégica de los convergentes es superlativa y no concedo ninguna decisión al albur de las circunstancias. Creo que todo está tramado con sus pros y contras. Son ya demasiadas las declaraciones del factótum Pujol contemporizando ante escándalos de corrupción como el caso Palau o el 3% apelando a que el "proyecto" no debe mostrar fisuras como para albergar la idea de que tras tanta manipulación a lo largo de aproximadamente 30 años, ahora decidan actuar intuitivamente. A fin de cuentas, aunque existe mucha gente que pueda ver las cosas incluso desde dos prismas, en Cataluña quien ve la "tele" catalana y lee los diarios "de casa" se centra en las noticias de Madrid en su gran mayoría y en las exiguas propias con una interpretación "adecuada" para que pueda comprenderse. Es decir, nada de lo que suceda va a alterar esa focalización de "telenotícies" y documentales en Tv3 centrados sempiternamente en lo ajeno a Cataluña para que siga, si cabe, siendo más ajeno.

El batiburrillo de noticias de corrupción no suele analizarse con detenimiento por la población que las acoge como un todo genérico que le faculta a generar las asociaciones oportunas para que sigan cuadrando con la manera de pensar que tenían antes de conocerlas. Así, puede ser lo mismo un caso que otro o peor el de aquél al que ya detestaba, con lo que se equipara el plano y las excusas para seguir defendiendo lo que sea. En esas en Cataluña el silencio hacia los desmanes propios sigue sin alterarse, no existe pluralismo así por las buenas, y en lo referente a Madrid el ventilador se sitúa al máximo de potencia. Una franca desventaja para los que no son nacionalistas.

La actual situación parece que coloca a Oriol Junqueras como actual "conqueridor" y valedor de la apuesta independentista. Aunque Mas está ahí, parece haberse situado en un confortable segundo plano como si supiera que una exposición excesiva podría chamuscarle. Como es obvio, después de lo pregonado en su fallida campaña electoral, ahora deben hacer el paripé como el que más, pero ya que tienen a alguien que está dispuesto a hacerlo sin necesidad de espolearlo lo aprovechan esperando recoger los frutos caigan éstos del lado que sea. A fin de cuentas, CiU tiene algunos frentes abiertos en el corazón de su marca: la familia Pujol y qué mejor que tratar de distraer el asunto a base del ya conseguido silencio de sus medios en lo irregular propio y griterío ensorcedecedor en la parafernalia nacionalista. Porque no se puede tapar nada si no se tiene algo grande con lo que taparlo.

Lo de Bárcenas, conocido desde hace ya tiempo, ha venido al pelo para que izquierda y nacionalismo puedan respirar de nuevo ante la asfixia de sus propios casos de corrupción. Así La Vanguardia ya puede retomar esa senda perseguidora perdida desde la trama Gurtel que olvidó con los casos de casa.

El momento actual de CiU es de especulación. Justo lo que mejor se le da. Cuando lanzan el órdago las cosas se le suelen torcer, por ello con Junqueras disponen del animador perfecto para distraer a la masa y no salir heridos cuando haya debacle. O al menos no tanto como saldrían si fueran ellos los protagonistas. Sólo con un resultado espectacular en las pasadas elecciones, Artur Mas podría haber estado haciendo de Junqueras y exigiendo prebendas como alternativa al pacto fiscal, pero ante la nueva tesitura lo que les queda es aguantar la inercia del tsunami provocado aguardando de nuevo su instante para volver a meter baza. Entre los votantes de CiU no todo el mundo es independentista. Está claro que muchos no lo eran antes y han sido adecuadamente maleados obligados por un incesante aparato cultural y mediático que les ha constreñido a "defender" a Cataluña. Ya sabemos que no es el amor a Cataluña sino el odio a Madrid el que actúa, porque es más fácil odiar que amar y mucho más propiciarlo mediáticamente.

En el punto actual, hemos conocido de la retractación de la novia del hijo de Pujol y de Javier de la Rosa, quien incluso denunció que le seguía un individuo hasta intimidarlo con su continua presencia. La realidad supera a la ficción y estos personajes han caído en la cuenta súbitamente de los parabienes que ofrecen los Pujol para su país y por ello han decidido ahora no hablar. ¿A qué tipo de película les recuerda ésto?


Soy TDAH

Con ocasión de un artículo que ha aparecido en El Mundo sobre hiperactividad he decidido hablar de este síndrome que parece de moda entre la escolaridad del primer mundo.

http://www.elmundo.es/elmundosalud/2013/01/21/psiquiatriainfantil/1358790528.html

Diré que no podría estar más en desacuerdo con algunos de los pilares del artículo publicado en el rotativo madrileño. Personalmente me permiten constatar esa visión errática que tantos y tantos especialistas tienen sobre síndromes y patologías y confirmar que siempre la especialización, es decir, que te toque la persona adecuada, supone la diferencia entre el acierto total y el más rotundo fracaso. Pero claro, eso es en todo.

Se entiende, por un interés meramente publicitario, que se lancen noticias que actúan más como una promoción de la psiquiatría o de la medicación que por verdaderamente una voluntad cierta en abordar una problemática desconocida para la gran mayoría. Como se puede comprobar en la vida real, los que tienen auténtica intención de afrontar un problema son aquellos que lo han padecido directa o indirectamente, por eso por ejemplo, entre los famosos que han conocido enfermedades determinadas, algunos con un gesto que les honra, montan la correspondiente fundación. Eso sí, pero que el gran "público" entienda algo que es cotidiano y pasa desapercibido por ser aparentemente sutil, eso ya no. Hay que pensar que las razones que llevan a la hiperactividad a ser noticia suelen tener que ver con efectos indeseables que padecen padres y profesores en los colegios más que el síndrome o patología (como se prefiera) en sí misma. Así, aunque existe una cierta reciprocidad en el interés por atajar la cuestión, los puntos de partida difieren en ambos casos: gente normal e hiperactivos, y lo hacen exageradamente.

Queda muy bonito pregonar que, siendo un persona con reconocimiento y éxito, eres TDAH. De hecho, la hiperactividad bien encauzada creo que supone una ventaja en casos concretos sobre la gente "normal". Porque sostengo que la hiperactividad no es más que una estructura cerebral determinada que provoca conflictos con la estructurada sociedad de etiquetas y modos de hacer cerrados. Lo que sucede es que, a diferencia de otras "estructuras cerebrales", ésta genera consecuencias tangibles que pueden ser negativas y otras consideradas dentro de la normalidad, aún pudiendo ser cognitivamente más severas, pueden pasar desapercibidas en tanto no supongan perjuicios evidentes a la sociedad.

Para empezar afirmo que no todos los especialistas están capacitados para diagnosticar la hiperactividad con independencia de que se sepan mil volúmenes sobre el tema. De hecho algunos "expertos" y conocedores que hasta imparten clases de universidad son auténticos zotes en el plano empático o de capacidad psicológica natural y por ello, inhábiles para detectar las sutilezas no recogidas en los libros. Es posible que los actuales tests arrojen unas posibilidades para los que de otra manera no podrían adivinar que tienen un TDAH delante, de hecho yo me sometí al correspondiente en su día, una serie de tests por ordenador que te someten durante casi dos horas a pruebas de todo tipo, pero que me parecieron muy relacionadas con la impulsividad, la memoria y el procesamiento. Todo eso está muy bien, pero pensar que quien sólo puede supeditarse a lo que le confirme el ordenador deberá tratarte, sólo con oírlo asusta.

Pero eso no es todo. Lo fundamental, lo básico son los padres, y tipos de padres hay muchos. Si los padres no saben nada del tema y sólo se centran en el problema y no en la persona, mal asunto. Es muy común que pueda darse el caso de que incluso sirva como justificación de un fracaso que les han dado a entender que está fuera de su alcance y que puede "solucionarse" con la medicación. En un mundo de locos, a veces un TDAH puede ser el cuerdo.

La necesidad de soluciones rápidas que nos eviten los problemas de las cosas que suceden, en algunos casos incluso por nuestra responsabilidad, resulta del paradigma fundamental de la sociedad. No es de extrañar por tanto que las respuestas mágicas capaces de que un niño pueda estudiar cuando antes no era capaz ni de leer una hoja se configuren en atajos idóneos para la "coyuntura".

Yo soy un obseso de la especialización. Mi especial capacidad perceptiva ante lo exterior, "propiciada" por esta irregular estructura cerebral, me abona a defender que cada persona vale para una serie de cosas, es única para otras y completamente incapaz para otras más. Y no es de perogrullo lo que digo pues muchas de las organizaciones dispuestas en nuestra sociedad y otras sociedades se distinguen precisamente por acertar o no con esa circunstancia en concreto. Una empresa, un país, una comunidad de vecinos, una familia, lo que sea, contiene a gente que de manera natural tiene unos dones para hacer determinadas funciones. Nada tiene que ver ello en ocasiones con la voluntad del sujeto, a veces es incluso desconocido para el mismo, y mucho menos con su orgullo o falta de humildad o mero raciocinio para aceptar limitaciones. Es por esa razón que la profesionalización establecida como adjetivo de quien es serio en su profesión, no implica nada más que una actitud y no supone la aceptación de habilidad o destreza necesarias para superar con éxito determinadas cuestiones. Es posible que la mecanicidad arroje maneras estables de conocimiento que permitan conseguir un determinado nivel en la propia profesión, suficiente para demostrarse más conocedor y hábil que los que no se han dedicado a la cuestión, pero entre pares o personas que son colegas en la misma actividad, pueden existir distancias que rocen el infinito.

La pérdida de recursos en este mundo por el desaprovechamiento del factor humano es descomunal y quizás muy superior en el caso de los hiperactivos que suelen tener una autoestima bastante inferior a sus aptitudes. De hecho, para muchos TDAH, la gente "normal" puede parecer hasta estúpida o incapaz de reacción ante determinadas cuestiones. Porque el "problema" también difiere muchísimo en razón a la personalidad del individuo afectado hasta el punto que dos personas con TDAH pueden ser dos mundos.

Explicaré lo que es la hiperactividad desde mi perspectiva particular y personal.

Yo ya voy por la cuarentena, pero viví la hiperactividad cuando ésta era anónima y suponía la etiqueta de niño alborotado con ciertos problemas en los estudios. Con 11 años asistí a una reputada psicóloga que confirmó a base de pruebas una incapacidad manifiesta de concentración que se cifraba en algo equivalente a tener 4 o 5 años menos en ese terreno. Como en el otro aspecto del test estuve bien cubierto, mi padre se dio por satisfecho para desterrar cualquier solución audaz que pudiera implicar que su hijo era "especial". Estuve en un nuevo psicólogo a los 16, otro "gran" psicoanalista que te hacía esperar en su sala de espera más de media hora siendo el único paciente a esa hora, lo cual me obligaba a ver un siniestro y oscuro cuadro que parecía los prolegómenos de un thriller de psicópatas. Un tipo estudioso y erudito que no hubiera detectado una conducta ni diciéndosela. Necesitaba consultar sus encefalogramas y sus pruebas proyectivas antes de conocer un atisbo de lo que tenía en frente. Resultaría tragicómico que le visitara un auténtico sociópata y que tuviera que aguardar en esa sala mientras él comía (estaba en su domicilio, para más inri).

En un plano más personal, la característica fundamental de mi caso es la percepción y la memoria. Una especial sensibilización ante lo que me rodea y la incapacidad de desconectar nunca de mis pensamientos. Eso es lo que fundamente me distingue de los "normales" que se centran en cada momento en lo que están haciendo sin retener cuestiones de otras que interfieran. Es una manera de ser multidisciplinar sin pretenderlo. Yo digo que es un conocimiento transversal, totalmente distinto al que dispondría esa gente aguda que focaliza su atención en algo de manera nítida sin interferencias emocionales ni cognoscitivas de ningún tipo y que en una prueba de inteligencia tendrían un gran resultado pero en una neuroimagen mostrarían probablemente la mitad o menos de sinapsis neuronales, es decir de materia gris o blanca. Una aparente incongruencia que no es tal y que creo que se debe a la manera en como funciona la memoria a corto plazo y a lo que se retiene a largo.

En mi caso, la discriminación de los hechos es algo distinta de lo común y la emocionalidad y su consiguiente capacidad de plasticidad coadyuvan a retener siempre esos hechos y sus consecuencias cognitivas como elementos de valor que se toman con las experiencias venideras. Un modo de resumirlo, aunque sea peyorativo es una persona con millones de prejuicios, que no son más que juicios de valor previos en memoria consciente, un modo de retener experiencias pasadas y disponer de su conocimiento para futuras. Algo parecido a lo que tiene la gente normal en el inconsciente lo tengo yo de manera consciente. Debo saber el porqué de las actitudes y cuadrarlas en mi mente, y lo bueno es que lo hacen y respiras agotado. Desde esa perspectiva, la empatía es algo más compleja que una mera identificación emocional generalista, pues se nutre con la obsesión cognoscitiva de adjudicar razones "semánticas"o de significado a las actitudes y no limitarme a extrapolar lo que le sucede a otra persona como podría pasarte a ti. Tratas de considerar la idiosincrasia particular de los individuos y las motivaciones que abonan sus causas y consecuencias desde la inferencia que intuyes de su plano ajeno al tuyo. Ese tipo de análisis lleva a justificar una gran cantidad de actitudes que incluso te son hostiles, pero, eso sí, siempre en frío.

Tomar anfetaminas como medicación, cosa que he hecho, anula en cierta medida ese proceso de memoria y te hace perder facultades de percepción y por tanto de sensibilidad, lo que te lleva a ser "normal". Eso es algo que me ha hecho ver que la gente "normal" lo es porque no ve ciertas cosas, no porque sean inherentemente buenos ante unas tesituras. Esas personas pueden reaccionar de la misma manera cuando se percatan de cosas que pasaron inadvertidas. Es como ir a una fiesta y ponerse un "sonotone" capaz de escuchar todas las conversaciones, a buen seguro que de tener esa experiencia, cambiaría nuestra impresión y disposición sobre las demás personas.

Por el otro lado, la capacidad de proceso se ve en algunos casos anulada como por un muro que te constriñe ante las novedades cognoscitivas. Eso te lleva a tratar de tejer una red de conocimiento suficiente para superar esos períodos de vacío cuando te preguntan algo porque te parece chino. Eso sí, una vez entendido, la citada anteriormente "capacidad transversal" hace que lo comprendas con todas sus implicaciones.

En cuanto al trato social, sin duda te ves completamente distinto al resto de la mayoría. Cuando coges el autobús todos te parecen zombies sin vida y te fijas denodadamente en las miradas de las personas para ver si tienen "luz" pues parecen desactivados y focalizadas en el modo rutinario, improcedentes para el razonamiento cuando no tienen necesidad de evocarlo. Sin embargo, a veces puedo lograr una versión bastante lograda de tipo simpático e intrascendente que no se preocupa por nada mientras mi cerebro sigue en boga, todo por parecer uno más. Allá donde fueres haz lo que vieres, pero la idea de soledad te acompaña allá donde vas. Sabes que no abunda la gente que "no piensa tanto las cosas y disfruta de la vida" según sus propias palabras. Sí es cierto que en ocasiones puedes llegar a desconectar cuando estás ciertamente entretenido y motivado con algo. En esos momentos pasas a ser normal con la excepción de ciertos conatos de impulsividad que puede jugarte malas pasadas. Pero por lo general el gasto energético de tanta actividad cerebral se paga y vas todo el día a medio gas.

Te das cuenta que la visión de cada circunstancia difiere tanto en función de los individuos que lo que hablaba de mundos diferentes es completamente cierto. Tanto en inquietudes, preferencias, querencias, juicios de valor, etc.

La idea de comprensión es distinta. La comprensión sobre las personas no es un acto de voluntad sino de raciocinio en el que se fundamenta con numerosas variables propias de cada individuo. Los gestos de los "normales" son vistas por mi como generalizaciones de ganado que sigue postulados aparentemente de referencia por asumir todo como un entorno y un contexto de hechos consumados que se acepta en tanto no le disturbe. Se responde así a un modelo adaptativo que acepta el entorno en tanto le sea favorable. Así las razones que lleva a la gente a actuar son usualmente desconocidas para las propias personas que sólo despliegan una inteligencia práctica, de uso.

La emocionalidad está bastante controlada en mi caso, precisamente porque es efervescente y navega en consonancia con el procesamiento cognoscitivo e intento que no sea antagonista. No en vano está ahí.

La hiperactividad tiene un origen en aspectos como el funcionamiento de las percepciones, la memoria, sus tipos y el procesamiento. Todo ello bañado en unas emociones demasiado adelantadas que tanto son un elemento favorable como un volcán en erupción. El niño hiperactivo no es el que está todo el día moviéndose, es aquél que entre los demás compañeros sentados escuchando no para de mover la pierna o una extremidad sin descanso. Está en su mundo.