viernes, abril 26, 2013

Libertad

El concepto de libertad puede ser tratado desde numerosas perspectivas y complejidad, exigido y reclamado, apoyado o negado pero siempre fundamental en lo concerniente al ser humano. En mi caso el concepto de libertad es un satélite que gira alrededor de mi cabeza al que observo de vez en cuando. Esa palabra es la que da sentido al todo que implica a mi persona; de las conclusiones que formule sobre sus características y su significado se verá afectado todo mi mundo sin excepción.

Muchas de las veces he tratado sin éxito de insertar a la libertad dentro del mundo humano genéricamente hablando y creo que puede haber sido un punto de partida erróneo. La filosofía ha tratado de dar respuesta a la unión de lo intangible con lo tangible que vendría a ser la libertad con el hombre, y es ese un camino difícil de valorar y cualificar pues los puntos de partida son formales y referenciados a un conocimiento anterior validado por una comunidad supuestamente experta. Siempre ha sido difícil, por no decir imposible juntar sumandos de distinta cualidad y recabar un resultado homogéneo con éxito ajeno al social o de reconocimiento, porque los constructos son requisitos que objetivamente toman el valor de la cantidad y cuando queremos basarnos en la causalidad topamos con la subjetividad que hace imposible una percepción simétrica para el total de personas. Por ello, si se me permite la licencia, voy a sentirme libre para formular mis apreciaciones desde el plano de la ignorancia filosófica. Yo aprobé filosofía en el bachillerato copiando.

Cada experiencia es absoluta en sí misma por tanto cada individuo establece sus propios límites en su rango físico y mental, de ahí que jamás podré establecer el concepto de libertad como una prerrogativa del ser humano por no se sabe bien qué dogma o qué obligación. La determinación del rango de libertad y hasta el mero interés por ésta ya predispone a quien lo pretende una capacidad de mirarse a sí mismo y a sus adentros, lo cual podría ser un requisito entre miles para acceder a la misma. Porque entiendo que la libertad no es una atribución congénita del ser humano ni muchísimo menos, sino una aspiración, un camino que topa incluso con unos límites en algunos casos infranqueabes.

Un análisis de la libertad como concepto grandilocuente trataría de insertarla como un absoluto, como un aval para toda la humanidad o una negación a la misma dando por sentado que todos los seres humanos son iguales y por supuesto, potencialmente con las mismas posibilidades y yo postulo todo lo contrario. La libertad no es un término rígido aplicable o improcedente, es una consecuencia que nada tiene que ver con un derecho exigible como sucedáneo de una ilusión social dirigida a la organización territorial y humana. Justamente eso propicia el envilecimiento de ese concepto hasta convertirlo en lo que no es. De ese modo, quienes justamente no conocen lo que es libertad son los que la enarbolan y la defienden de modo utilista y esclavo, instituyéndola como una causa con la que exigir a los demás cual sistema de coacción de masas.

La toma de una decisión libre podría emparejarse con la biología en tanto que de su resultado se produjera el total equilibrio y homeostasis corporal. Resulta muy difícil tomar un eje de referencia con el que sancionar variables distintas y por ello, un eslabón donde asirse es la determinación de aquello más favorable para el ser humano desde todos los ángulos posibles. Resultaría contraproducente que en el ejercicio de la libertad, eleváramos nuestro ritmo cardíaco y sometiéramos nuestro cuerpo y sus órganos a tensión. Sí por el contrario, sería razonable en tanto ésta fuera producto de tomarla como causa de nuestro propio interés y por tanto pervertirla con el engaño y el auto engaño.

La libertad es un estado del ser humano al que es posible acceder y eso en sí mismo resume la propia libertad. Podemos delimitar lo que coarta a la libertad desde distintas perspectivas, pero al igual que pienso que un cuerpo humano puede estar sano por hallarse en equilibrio, la idea de libertad de un individuo radica en equiparar la "salud" de esas conductas resultantes aunque sea tomando como comparación la hipótesis alternativa, es decir, no hallando evidencias de que tomamos una decisión en contra de nosotros mismos, cosa que hacemos mucho más de lo que pensamos.

martes, abril 23, 2013

En busca de seres que miran y escuchan

Hoy he visto en you tube un capítulo del programa de divulgación científica Redes sobre memoria y percepción. En el tramo final aparecía la investigadora Mara Dierssen dando sus impresiones sobre diversos aspectos de la neurociencia representado en objetos o vivencias. La carga emotiva de esta mujer de aparentes contrastes me ha llamado la atención; su rostro, su gesticulación, su manera de hablar y precisar conceptos dubitativamente marcaba un contraste con ese perfil aséptico del investigador seguro de sí mismo y lo que dice, orgulloso de pertenecer a una estéreotipada élite intelectual que cristaliza en esos programas de divulgación en los que desparraman su orgulo en tazas de conocimiento empírico.

Al entrar y mirar su cuenta de twitter no esperaba, aunque cuadrara a la perfección con la impresión de emocionalidad inicial que me había trasladado, esa abierta disposición a opinar sobre cuestiones ajenas a la propia ciencia que en el caso de la política incluso "pinchan" por ofrecer una metáfora de imágenes funcionales de respuestas íntimas. Ya que de todo lo que decimos o hacemos podemos concluir algo, por minúsculo que sea y siempre está el que conoce el idioma.

Aunque es corriente en mí prodigarme en observar en todo lo que nos diferenciamos las personas hasta el extremo de crear categorizaciones, existe una coincidencia fundamental que entiendo es la contraseña entre los unos y los otros: dar a los demás aporta felicidad. Por supuesto, en algunos casos el creerlo no implica ejercerlo y yo en mi sinceridad patológica, no estoy en disposición de dar demasiado aunque en apariencia pueda parecer lo contrario. Me obsesionan demasiado los porqués de las cosas hasta inhabilitarme como individuo válido, demostrándose con ello una carga tan pesada como autoinflingida. Ahora bien, la idea de dar puede ser la mejor y la peor de este mundo, pues si bien en un plano religioso, moral y/o mental, con el mero hecho de intentarlo uno recibe las gratificaciones emocionales correspondientes, desde una perspectiva causal, la intención no afecta en lo más mínimo a los efectos, o al menos a la calidad de éstos, sí a su intensidad.

Mi gran problema siempre ha sido dar poco crédito a los demás con independencia de su formación. Una intransigencia visceral a que me engañen las apariencias que me puede llevar al descaro o incluso a la depresión. Sí, depresión por ver el mundo de una manera "paralela" y tener la convicción de que una causalidad inexorable nos conduce sempiternamente a los mismos errores sin posibilidad potencial de solución. Algo justamente poyado por lo que comentaba Ranulfo Romo acerca de la memoria y el pasado. La gran mayoría de personas que se consideran "normales" ejercen lo que denominaría una memoria de uso limitado que sirve para desenvolverse en los devenires cotidianos, si bien es cierto que con matices unas y otras difieren, observo que es precisamente en el tipo de proceso de la memoria donde radican las diferencias. Mi esposa sin ir más lejos es una increible trabajadora con una capacidad fuera de serie para desplegar varias acciones a la vez y hacerlas todas con eficiencia probada en el feedback de sus clientes, como contrapartida inexorable, pasa tanto de puntillas en sus devenires que los olvida con semejante facilidad que llega a preocuparse por estar padeciendo una demencia. Es eficiente en su devenir laboral pero luego lo sufren las llaves, los tickets de parking o cualquier trivialidad de uso cotidiano. Su vida es mecánica y sus preocupaciones no le permiten estar atenta a lo que sucede en los instantes que vive en el presente, pues su cabeza ya trata de dar solución a los que inmediatamente vendrán a continuación. Percibe las cosas para su uso y luego las olvida, exactamente lo opuesto a mi caso que sello cada recuerdo como si fuera trascendental. Los neurotransmisores conmigo están alterados, entienden que algo banal es lo suficientemente importante como para ser recordado como una experiencia emocional. Bien, no se si de modo tan extremo, pero me resulta muy difícil desconectar la inteligencia consciente de todos los actos de manera que los vivo más intensamente que quienes los pasan como un trámite sin importancia. Un caso más de sensibilización por TDAH que invoca a mi cerebro a ser minucioso y a recrear la vida pasada con demasiada frecuencia.

Digamos que te presentan a una persona. Por lo general, alguien normal no se ve afectado por estereotipos o prejuicios más de la cuenta ya que su memoria está en un segundo plano dispuesta a salir al menor requerimiento, pero ese ínfimo gasto de memoria RAM y recurrencia a tirar del "disco duro" tiene sus servidumbres en que se recuperan los datos muy parcialmente o sin la intensidad emocional que posibilitaría fijar el contexto completo. ¿Resultado? las impresiones iniciales sobre la persona son vacuas e imprecisas y si bien puede existir un algo indescifrable que te acerca o separa de ésta, no entras en más consideraciones y das tiempo al tiempo. En mi caso no es así, existe gente que sólo con mirarla ya no puedo ni acercarme, sus fisonomías me hablan en un lenguaje no escrito y sus miradas me evocan tantas otras que concluyeron en experiencias negativas. La presencia de toda mi experiencia es como una hoja perenne, una maldición del recuerdo omnipresente que me ayuda a esbozar cómo es la gente que tengo delante. No es magia por supuesto, es mi programa mental de reconocimiento de caras o de fisonomías, de actitudes, de gestos, de detalles que pasan inadvertidos para los normales, de experiencias repetidas que concluyeron con un resultado causal determinado y que la suma de un plural ha dispuesto un patrón suficiente para generar la virtualización.

No es algo que quiera curar. No entiendo que sea una patología o un síndrome. Me ocasiona una impotencia y frustración que me ha acompañado a lo largo de mi vida pues nada puedes hacer cuando sabes que tal o cual persona actuando o haciendo eso del modo en el que lo hace le va a llevar a errar o a sufir o a hacer sufrir a los demás. Ya no digamos en la educación de los hijos o en manipulación de masas precisamente por el manido resorte sentimental tan susceptible a la gratificación emocional. No existen fórmulas mágicas en nada, todo es tan original como clásico y la gente sólo trata de vender sus conceptos mediante nuevas líneas o descontextualizaciones. Algo flla.

¿Acaso no es lógico ser impulsivo cuando adviertes cosas que parece no se detectan por las personas normales? Una cara determinada, un gesto, una mirada, un lamento, millones de combinaciones, de variables que ocurren sin sus porqués y que depositan en la esperanza sus soluciones sin conocer que cada camino tiene su vía y no otra por muy buena intención que se ponga. El mundo cree que las personas que saben son las que estudian, las que acumulan conocimiento en un lenguaje de símbolos que otorga poder y credibilidad, pero cada persona es especializada en algo de manera natural, estructural, tiene sus fortalezas y sus debilidades. Así el investigador de prestigio puede ser un gran empírico o estadístico, pero ante una persona puede quedar desnudo con su medalla confiando que su brillo le hipnotice y le convierta en creyente. La sociedad está basada eminentemente en la fe de los nuevos sacerdotes, los investigadores y los científicos, los médicos y tantos otros que anteponen el carisma de sus profesiones a la efectiva realidad. Le he escrito esta carta porque usted es diferente, su voz tenue, su necesidad de control me ha llamado la atención. Creo que la emocionalidad es la clave del ser humano y la que nos diferencia de los ladrones de cuerpos, esos seres fríos e inalterables que dicen lo que los demás deseamos oír en un sentido u otro. A fin de cuentas, para empezar a manipular sólo debemos empezar a oír algo que podamos asociar emocionalmente, el producto de identificación sobre algo.

Yo que soy un ser impulsivo, excéntrico, frustrado, pero creo que buena persona, al mirar en su inquietud me he visto capaz de familiarizarme con usted y hablarle. Gracias si ha llegado hasta aquí y buena suerte.

sábado, abril 06, 2013

Iguales o diferentes

Es posible que en los tiempos que corren una de las frases más proferidas entre las conversaciones informales sea: "todos son iguales" en referencia a algún colectivo, preferentemente político o de algún estamento que sea el objetivo de la crítica del interlocutor de turno. De hecho, esta frase puede que sea una de las más poderosas maneras de convencer a la gente a que adopte una determinada posición o actitud ante lo que viene de fuera. De ese modo, el dar por sentado que la mayoría de las instituciones sufren el mal de la "igualdad", uno se ve autorizado y hasta legitimado personalmente para cometer acciones o justificar actitudes en la supuesta defensa de los propios intereses.

En el día a día, se conoce o se trata a gente nueva con frecuencia y es fácil verse tentado a agrupar a la gente por características comunes, entre otras cosas porque existen características comunes entre personas. Ahora bien ¿Son iguales? Depende, pero un depende que cuelga no únicamente de las personas sobre las que analizamos sino del criterio que empleeemos para analizar. Los jueces, es decir, nosotros los ciudadanos que tras un voto nos vemos capaces  autorizados a juzgar a quien haga falta con independencia de nuestra capacidad y aquella de la persona juzgada.

Yo puedo afirmar que trato con gente de todo tipo y perfil, y algunas son demostradamente incapaces de argumentar una opinión con un mínimo de soltura, eso sí, en convencimiento personal quizás pueden resultar insuperables. Sin duda es mi valoración, pero mi valoración es una y poco popular porque cuando hablamos de que todos son iguales también podríamos referir a la gran mayoría que toma en consideración algunos aspectos para juzgar a los demás, y todo el mundo quien más quien menos tiene guardada su opinión y puede brindarla.

Hacer un juicio a la ligera en una conversación coloquial puede tener una trascendencia mayor de lo que puede parecer a simple vista, entre otras cosas porque son muchísimo más numerosas este tipo de charlas que las reflexivas y concienzudas. Me jugaría un céntimo de euro a que, de existir un ránking de frases, la de "todos son iguales", puede ocupar uno de los primeros puestos y puede que referidos a una gran mayoría de políticos sino todos. Al final a fuerza de repetir uno tanto las cosas se las acaba creyendo y distorsionando la realidad de manera que la repercusión de unos pocos puede abrazar al total. El mundo del silogismo es un campo abonado para la política de salón.

La igualdad es el elemento utilista en común que unas personas toman para usarlas en su propio beneficio; la igualdad es rememorar lo atractivo que puede destacarse de un grupo de personas para generar afinidades con las que conseguir sus apoyos; la igualdad es un deseo de asociación para conseguir un fin poco igualitario. Todo lo que debe forzarse o conseguirse mediante proclama es resultado de una estrategia impostada por parte de unos pocos que quieren controlar al resto. Las palabras como igualdad o libertad son constructos emocionalmente atractivos que posibilitan un enganche por afinidad, pero no son ciertos al emplearse como recursos políticos. La igualdad es pedir más de lo que uno tiene o pedir menos para lograr más de los demás. La libertad es proclamar que te dejen hacer lo que quieres según propia voluntad e incidiendo en la libertad de los demás.

Ni las personas somos guales ni lo seremos nunca y todos los que apelan a la igualdad sin diferenciar bien sobre donde debe aplicarse, no hacen más que buscar una imposición de sus propias ideas. No todos los políticos son iguales ni de lejos, ni entre distintos ni en los mismos partidos, no todos los jueces son iguales ni todas las personas. Existen enormes diferencias entre personas en montones de cuestiones y similitudes, y justamente la libertad es respetar la idiosincrasia de cada una, no plegándose a lo que dicen unas sobre otras sino concediéndole a cada una su auténtico mérito en razón a unos elementos de referencia ajenos a la maleable emotividad. La libertad y la igualdad nunca puede ser que una persona sin formación y capacidad demostrable pueda disponer del mismo crédito que alguien que sí pueda demostrarlo, no en otras consideraciones, sino en la precisa sobre la que esté departiendo. En el instante que igualamos la opinión poco formada o interesada con la formada quebrmos la justicia de la igualdad para imponer un criterio sin méritos de atribución sobre otro forjado con mérito y/o virtudes biológicamente heredadas. Un individuo tipo eminentemente normal no busca a gente simpática o poco formada para contratar sus servicios profesionales, normalmente busca a gente que, con mejor o peor criterio, aparente demostrar una solvencia en lo que realiza.

La igualdad se refiere a las oportunidades no a los sujetos y los juicios de valor. Que la sociedad vaya sucumbiendo a la confusión de ese valor sólo interesa a los que tratan de sacar un rédito de la homogeneización. Es algo parecido al hábito frecuente de exigir la popia libertad al dar un opinión sin importar la enjundia que habite en dicha opinión. La libertad concede la capacidad de proclamar lo que uno estime oportuno, pero también el riesgo a quedar en ridículo o a ser replicado con solvencia y eso sigue siendo libertad, porque es en dos direcciones. El uso de los constructos por parte de los que no tienen recursos  suficientes, es devcir, argumentos propios sólidos, sólo genera empobrecimiento en un país, de modo que podría darse la paradoja de exigir más I+D mientras la generalidad rechaza enriquecer sus hábitos de pensamiento y reflexión por silogismos, constructos o manipulaciones sentimentales.

miércoles, abril 03, 2013

El gran error de "Madrid"

El frente nacionalista catalán no cede en su avance y sigue dispuesto a fracturar a la sociedad española, pero las apreciaciones sobre "el punto de vista" nacionalista en este momento son baldías, no conducen a nada porque las posiciones ahora mismo son maximalistas y equidistantes, de modo y manera que proferirlas es un modo de hacer más grande la distancia ya de por sí insalvable.

Yo, como muchos otros, llevo hablando de lo que tenía que llegar inexorablemente habida cuenta del control mediático y educativo ejercido desde hace decenas de años por el nacionalismo y progresismo catalanes. Anticipar lo que ahora sucede, es un modo de declarar la impotencia por adelantado, es como saber que si no se alteran unos modos de proceder, lo normal es que sucedan determinadas consecuencias. Esas consecuencias están aquí e incluso, no ya por mi o muchísimos otros que avisaron, el mismo denostado PP declaró que tras el anuncio de Zapatero de aprobar el Estatuto que decidieran los catalanes, sería el comienzo del desmantelamiento de España. Aquellos que entre el nacionalismo y el progresismo rechazaban tales juicios, como son en sus opiniones actuales jueces y parte interesada, pueden continuar adecuando las opiniones a unos intereses partidistas, no basados en la realidad comparada, sino en la oportunidad política de permanecer en el grupo de poder o en el bando que satisfaga la tendencia dominante que actualmente viene siendo el nacionalismo y progresismo.

Ya es una realidad que Cataluña vive al margen de España. Ya existen banderas esteladas independentistas por doquier en edificios administrativos con la impunidad de quien infringe la ley a sabiendas y con persistencia. Los medios siguen azotando en un sentido sin descanso y tanto públicos y privados siguen denodadamente ofreciendo artículos, noticias, información, documentales y demás parafernalia en un sentido de vía única: socialista y nacionalista. La normalidad está tan alterada que todo lo que no sea la perspectiva nacionalista-socialdemócrata se toma desde extraña a simplemente fascista y/o manipuladora. La capacidad de percepción de la gente toma como referencia lo que ha mamado durante tanto tiempo de control mediático y educativo y por ello, como bien dice ahora Albert Boadella, la independencia de Cataluña es cuestión de tiempo....inminente.

Por ello, el error de antes y de ahora es y ha sido hacer el juego al nacionalismo. Hablar en su idioma, no el catalán, sino aceptar que el lenguaje transmitido en Madrid por el nacionalismo era sincero y comprometido cuando en realidad era un doble lenguaje de conveniencia e intrigas maquiavélicas interesadas. Nada de lo que se vive y publica en los diarios o distintos medios, sino cotidianidad "palaciega" que pondría en evidencia a numerosos políticos "pardillos" que han sucumbido a los cantos de sirena nacionalista. Gente que aceptaba la palabra como algo tangible y cuantificable y no como un instrumento de distracción con el que se buscaba atraer la mirada hacia otro lado mientras se urdía la hoja de ruta que tenía marcados los planes de ruptura. Ese proyecto que siempre ha justificado todo, incluso en público por sus líderes, para no zaherir el objetivo independentista. La misión de aglutinar todos los sectores importantes: político, económico y mediático para que juntos de la mano se instituyera una ley del silencio que se musitaba por los más valientes como la "balsa de aceite catalana". Una suerte de presión inanguantable de quienes se erigen en expedidores de la catalanidad para coaccionar todas las esferas de protagonismo de la escena social catalana. La plasmación de algo parecido a una voz única que no admite nada más que sus dictados y que jugaba con sus cartas a un proyecto que se está materializando en nuestros días. Ni sentimientos de nación, ni robos, ni historias, planes reales, estrategias continuadas, maximalismos recurrentes, amenazas encubiertas y un largo etcétera de medidas administrativas dirigidas a la desafección con el resto de España.

Pero los distintos gobiernos han tenido su parte de responsabilidad y decirlo así, en estos momentos en el que se tiende a la reflexión basura, es decir a la compra de reflexiones masticadas de otros, supone que han existido giobiernos eminentemente socialistas que han buscado la connivencia del nacionalismo únicamente para derrotar a la derecha española o resistir entre la corrupción; o la derecha que se sentía acomplejadamente necesitada de demostrar una voluntad pactista con quienes tenían otros planes. Cualquiera que haya jugado alguna vez a un juego de estrategia de ordenador tipo Civilization sabe que los regímenes nacionalistas son más sencillos de homogeneizar y por tanto de aglutinar opiniones únicas que aquellos plurales típicamente democráticos. Pues bien, la decisión única nacionalista con recursos cuasi infinitos en tierra catalana y control de medios absoluto se enfrentaba al Madrid de las sempiternas dos Españas, el de los bandos.

Pero es que la cuestión no cambia y los miopes siguen prevaleciendo sobre aquellos que ya ven lo que les llega inminentemente. La responsabilidad por supuesto, aún siendo generalizable, no es comparable en todos los casos por mucho que la izquierda y el nacionalismo se empeñe e n distribuirla a discreción. Unos han tomado parte activa y otros son susceptibles de ser acusados de omisión o incluso incapacidad manifiesta de asumir una línea clara en favor de España.

A estas alturas ya es indiferente o indistinto escribir y dar razones sobre una cosa u otra. Ahora estamos jugando al juego nacionalista de la "voluntad política", el de saltarse la ley por la "decisión del pueblo" o "el derecho a decidir", todos eufemismos tipicos de los regímenes que se proponen superar la democracia por unos objetivos que tildan de superiores. Por ello, tanto para unos como para otros, lo único significativo es conocer el bando de quien habla, escribe o gobierna y tomarlo como aliado o enemigo. La palabra murió en Cataluña hace mucho tiempo, allá cuando un tal Pujol comenzó con un victimismo fingido y a relacionar orgulo de pertenencia directamente con desapego al resto de España o "diferenciación". Todo lo descrito ha ocurrido y está en las hemerotecas, pero no se estudia, se tratan batallas virtuales de una historia que no sucedió o documentales machacones sobre todo lo malo que ocurre fuera del Principat. Ya no cabe el diálogo más que para emplearlo como arma acusando al otro de no emplearlo cuando no transije en lo que se exije.

Llegan tiempos difíciles porque dos más dos ya no son cuatro. La voluntad de una población  controlada que por orgullo rechazará ser producto de una intención real y manifiesta de los Pujol y compañía, decide con su voto salvar a su "patria real" o "favorecer a los opresores", con esa disyuntiva histórica en ciernes, el veredicto está claro, porque no se ve con mucha más perspectiva. Todo en Cataluña es històric, e históricos van a ser los aciagos tiempos que nos esperan.

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Un excéntrico pensador que emplea este blog sin concesiones a la mesura ni a la inteligibilidad