lunes, mayo 13, 2013

Quiénes son los responsables

Si una cosa podemos tener clara al ver un debate político en televisión es que las posiciones entre componentes de algunos partidos parecen irreconciliables, no tanto porque su ideología pudiera ser distinta sino porque existe un partidismo tan claro y bifurcado que en algunos casos el hecho de acercar posiciones quedaría mal visto por los seguidores que sufren el sectarismo de la rivalidad per se.

Existen muchas actitudes, decisiones, defensas de argumentaciones concretas de los próceres políticos que tienen consecuencias directas sobre la sociedad y sus partícipes porque se constituyen en ejemplo y motivación para el resto si no ya fuente de formación y justificación para obrar en consecuencia a lo largo de una vida. Pretendo recoger qué implica decidir en un sentido u otro acerca de políticas o incluso el aprobar determinadas actitudes en la arena política.

Aunque parezca poco evidente a simple vista, de cada gesto y de cada proclama se pueden deducir pautas que se propagarán hacia el conjunto de la población, la cual dependiendo de su formación, fortaleza de sus actuales principios, edad o características personales supondrá un mayor o menor calado o justamente lo contrario: un airado rechazo, pero en todos los casos, de la frecuencia de la información recibida se producirá una habituación formativa que generará una idea de normalidad. Así, hechos que pudieran considerarse al principio "radicales" de su frecuencia en no combatirlos resultarán a la larga en habituales y hasta aceptables, algo que puede justificarse hablando de "evolución o progreso". De ese modo se producen las transformaciones piramidales en las sociedades que en el caso de aquellas que alcanzan cotas inauditas de injusticia permisible llegan a producir sorpresa o interés en su análisis histórico a posteriori.

El efecto piramidal de grupos de poder, ya sea político, económico, mediático, cultural o de cualquier orden, está constituido por personas que ajenas o no a su influencia en los demás (eso no es relevante), inciden a diario en montones de ciudadanos que sin ser plenamente conscientes de ello, les toman como referencia en sus vidas. A veces es por una apropiación de un derecho de información que traspasa la piel del que la modula convirtiéndose en una suerte de propietario con una responsabilidad auto atribuida con unos cánones supeditados a la propia forma de ser del sujeto, su orgullo, deseo de realización personal, implicación o mero interés particular, otras por una intención de lograr objetivos o alcanzar expectativas que llenarán la vida de su dueño sin importar si la cristalización es ciertamente efectiva o puramente desastrosa para la sociedad. De la misma manera que existen padres teóricamente muy dotados e incapaces de educar medianamente a su prole, los prohombres del escenario de la influencia afectan a la población con resultados similares siendo igualmente sus "súbditos", los hijos putativos que se dejarán llevar por sus acciones en mayor o menor medida pero que inexorablemente recibirán las influencias dominantes.

El ejemplo de los padres con sus hijos no es tanto un símil sino una manera cierta de formar a la población a base de observación y modelamiento. Las personas somos permeables al exterior lo queramos o no. De cuando y cómo se dice sí o no ante determinadas decisiones se lleva a convertir a una buena parte de una sociedad en caprichosa o consentida al igual que un hijo, con independencia que la decisión sea un espejismo o una falacia de concesión a los derechos de los ciudadanos. Una artimaña muy proclive a usarse por los partidos populistas y centrados en potenciar todo lo emocional con vistas a sellar filias y fobias y algo que conlleva un riesgo muy grande que las más de las veces conduce a revoluciones, conflictos y caos.

Las afirmaciones que acabo de hacer no son airadas quejas de un ciudadano que pretende culpar a alguien de la situación, son afirmaciones basadas en observaciones y éstas a su vez en unos patrones causales que paso a describir. Decir que un niño o incluso un ciudadano adulto puede llegar a considerarse como un caprichoso sé que resulta delicado en los tiempos que corren, en realidad no cargo las tintas sobre nadie en particular aunque desde una perspectiva personalista o de implicación de algún tipo pudiera parecerlo. Nadie queda exento, y por supuesto el que escribe no es una excepción, a verse "modulado" en mayor o medor medida por patrones causales que conducen a comportamientos, conductas y actitudes. En realidad poner un ejemplo cotidiano es relativamente sencillo; se puede por ejemplo citar a grupos de jóvenes que deciden manifestarse por la razón que ellos consideren y sin encomendarse a nada más que a las redes móviles o por internet llegan a convocar a un grupo lo suficientemente numeroso como para producir un impacto en las calles donde lleven a cabo sus quejas. Es posible incluso que, algunos llevados por su ímpetu juvenil puedan cometer altercados en contra de la vía pública y los objetos que en ella existen. Pues bien, de cómo se de cumplida cuenta de la reacción de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado primero y las manifestaciones de los grupos mediáticos y políticos, después, se lanzará un mensaje con un componente estrictamente causal de aprobación o rechazo que incidirá en las maneras de actuar de esos jóvenes. Si reciben apoyos por una parte de algunos de los sectores citados, inmediatamente se sentirán avalados y sancionados a emplear medios semejantes sin demérito que puedan aumentar su grado de intensidad. El aval de cierta normalidad lo otorgarán de forma piramidal aquellos que al pronunciarse, juzguen ese tipo de hechos admisible o incluso defendible. Poco importa que los que apoyen un tipo de actitudes y comportamientos estén realmente interesados en hacerlo, puede que lo hagan por estrategia o interés personal en aprovechar la situación para darse a conocer o enfatizar causas comunes o cualquier menester, lo relevante es cómo los ciudadanos reciben una motivación que les refuerce a seguir por esa senda, sino aumentarla.

En el caso de un hijo es muy parecido, si otorgamos al niño que llora haciendo una rabieta el éxito de conseguir lo que pretende mediante esa manifestación emocional, con toda seguridad la repetirá cuando anhele algo y pretenda conseguirlo. Otra cosa es que le enseñemos al pequeño que para conseguir eso mismo debe emplear otros medios y que es lícito que tenga ganas de lograrlo, pero no de cualquier manera.

Otro caso por ejemplo tremendamente sensible es el aborto, y no voy a referirme a un debate de fondo en el que tengo formada una opinión según mis principios, sino la mera consecución causal ante determinados supuestos. En el caso concreto y determinado de permitir la interrupción del embarazo a aquellas menores que por descuido han quedado encinta y defenderlo de modo grandilocuente como un derecho propio de la mujer, lo que estamos haciendo es directamente decirles a esas mujeres y a sus parejas que pueden ser totalmente irresponsables en lo concerniente al embarazo y que primen su disfrute personal sobre otras consideraciones no dejando cabida al elemento responsabilidad.

Más casos como el reconocimiento a la queja como un gesto de libertad de expresión o de romántica confrontación al poder establecido no es más que consolidar el derecho a la pataleta sin asociar a ello soluciones o propuestas inteligentes. Al aprobar el mero hecho de rebelarse sólo se asume como solución un complejo de inferioridad del que necesita superar por la fuerza lo que entiende una imposición de los que considera fuertes y aunque es cierto que la vida está repleta de injusticias por doquier, el aunténtico gesto de fuerza nunca va a residir en la imposición o la coacción de unas ideas sobre otras amparadas en un supuesto bien común que no es cierto, en la medida que se instituye por vías de coacción o alternativas "mágicas" no supeditadas a la ley que nos hemos dado todos.

Es cierto que existen también ejemplos de injusticia cuando los próceres quedan impunes tras robar o cuando los grupos editoriales pueden publicar lo que entiendan oportuno sin asumir responsabilidades aunque se demuestren falsas sus noticias. El problema es que el ejemplo no se toma como un patrón de comportamiento homologable a todo el mundo sino como una conducta sólo achacable a los poderosos como si los que somos anónimos ciudadanos fuéramos impolutos cumplidores de la justicia y la honradez a toda prueba y con una autoridad moral superior recibida precisamente del aval de esos grupos políticos y sus medios que sí tienen intereses directos en juego. El bien de un país comienza por las actitudes generales sin distinción y no estableciendo perfiles de buenos y males basados en los prejuicios interesados.

Se ha de evitar el sectarismo que conduce al populismo y todo comentario de cualquier dirigente que basa sus argumentaciones en la separación como principio, ya que estará demostrando fehacientemente que su interés no está en el país y su método no será democrático ya partiendo de su mínima expresión.

Cuando desdeñamos la idea de meritocracia por una supuesta igualación de derechos lo que estamos haciendo es justamente lo contrario de lo que supuestamente se pretende, acabar con la igualdad y la justicia. El mérito del esfuerzo siempre debe ser premiado y ello lleva a potenciar a cualquier individuo que destaque por lo que es y no por lo que tiene. Dar el visto bueno a la mediocridad, al aprobado general no haría más que impedir que los menos recursos tienen puedan destacar de alguna manera. Al mismo tiempo, la igualación es el factor más desmotivador posible y el que favorece la excusa de la mayoría para establecerse en una doctrina de nulo compromiso y falta de responsabilidad salvo en aquello que les concede éxito fácil: todo aquello que suponga atajos y exigencias de cambios súbitos a los demás, una moda de instauración inmediata entre la juventud del aquí y ahora. La concesión a la desidia en estos terrenos conlleva la acomodación y hasta la tiranía de aquellos que se ven capaces de hacerse fuertes por derrotar las posturas incómodas que requieren esfuerzo y superación. Es cierto que la expectativa negra de un futuro incierto es un hándicap importante al esfuerzo, pero lo es también que los atajos no ofrecen autoestima y crean adicción: la popularidad, el éxito fácil y un protagonismo mediate la queja y las posiciones revolucionarias es casi imposible de obtener por el día a día en el estudio o el esfuerzo progresivo. En ello también contribuye el observar cómo algunos políticos sin oficio ni beneficio llegan a cotas altas de poder, otro ejemplo que anima a todo hijo de vecino a pensar ¿Por qué yo no puedo triunfar rápidamente? o ¿Por qué mis ideas son peores que las de alguien que no ha destacado en nada en su vida? Pero es que también produce a su vez más ejemplos para los ciudadanos, en este caso los de identificación, es decir aquellos que motivan a una parte de la población a escoger a los políticos que creen más próximos por el hecho de ser semejantes a ellos y no porque entiendan que sean mejores, a fin de cuentas es como si se juzgaran a sí mismos, con lo que mostrarán una gran indulgencia entendiéndolos afines o propios, y por el contrario mostrarán un excesivo rigor con los que se tachen como ajenos, y ello con total independencia de que se pudieran demostrar mucho más aptos para llevar responsabilidades de mando y lo que es más importante, propiciaran mayores cotas de mejora global.

Sobre cada actitud de un medio o de un prócer se traslada un ejemplo que sin advertirlo servirá para modelar a la sociedad incidiendo en cada grupo de una manera determinada. Por ello cuando atendemos a debates en tertulias políticas y nos preguntamos porqué de ciertas actitudes en la sociedad, sólo debemos escuchar y analizar según qué respuestas de los protagonistas de la escena pública, tanto en ese tipo de programas como en películas, magazines, reality shows y los medios de interpretación de la realidad a los que los periodistas llaman información sin carga de responsabilidad por su parte.

jueves, mayo 09, 2013

¡Habéis ganado!

No tengo la menor duda de que el nacionalismo ha triunfado en España. Se puede decir y reconocer que en el terreno estratégico han sido muy superiores a los negligentes e incapaces políticos y mandatarios no nacionalistas a los que les va a explotar todo en la cara sin remedio. Eso no me importa, pero sí la imposición de un constructo al que llaman "libertad" de una parte de la sociedad sobre la otra parte. Sólo con asumir y demostrar objetivamente que eso es así ya se demuestra que la idea de la libertad no es más que un propósito maquiavélico basado en un fin cuyos medios quedan ampliamanete justificados por sus autores.

Se necesita de cierto cinismo por parte de los políticos nacionalistas, en este caso catalanes, para poder llevar la iniciativa de una manipulación social encubierta basada en el sentimentalismo y el simbolismo. Justo lo que le falta al crispado y grandilocuente sector no nacionaslista que siempre ha reaccionado con virulencia y demasiados aspavientos no pensados que sólo ayudaban a dañar la imagen de todos los que tenemos argumentos más que de sobra para rechazar con extrema contundencia el ardid independentista de control de masas. También hay que reconocer que el nacionalismo catalán ha jugado con una gran ventaja, desde Pujol, casi el 100% de sus recursos se han depositado en un proyecto de independencia el cual ha revestido cada una de sus acciones, decisiones y gestos de propósitos y tácticas tendentes a lograr ese fin mientras los políticos de Madrid enarbolaban una flor o incluso una piedra, pero en todo caso ignorantes y ajenos a la realidad.

Ayer se consumó de una vez por todas el aviso de que el conflicto ya está aquí, se materializó de esos modos cotidianos, corrientes que uno sólo espera ver en películas que se miran con la distancia y abstracción por entender que afectan a otros. En este caso la realidad avisó a mi prole en el colegio comprobando que compañeros de clase han empezado a señalar a los "no independentistas" y a fraguar el apartheid. Muchos de los padres ya no se cortan en sus facebooks o twitters sin importar ser leídos por su descendencia, más bien al contrario, lo perpetran ufanos como si de un partido del Barça se tratara. El brazalete virtual de un paria se empieza a constatar y sólo se puede aguardar excusas  de los que están en el ajo tipo "son cosas de niños". Los tipos de actitud empiezan a conformar una constante, comportan un patrón y no es el de una persona que enarbola una bandera española y amenaza al resto, no, es un proceso de extroversión de lo que entienden ya como una expectativa cierta que ningunea con radicalismo cualquier oposición por tibia o prudente que sea, no admite ninguna otra opción que la independencia, el no manifestarse, el mostrar discreción o prudencia ya no es suficiente, el criterio de la gangrena nacionalista es un himno de guerra que propugna "estás conmigo o contra mi". Los que se visten como víctimas del "Imperialismo español" se sancionan a sí mismos como emotivos policías de lo que es mejor para su Cataluña proyectada. Que el disfraz con calificativo de mis palabras no logre distraer lo que ciertamente está sucediendo en los colegios de Cataluña e insertándose en una sociedad juvenil y hasta infantil impregnada de intereses de adultos.

En realidad no hay nada nuevo, todo lo que sucede y sucederá está visto y se ha repetido a lo largo de la historia y ha conformado nuestras sociedades basadas en los forcejeos de poder hasta llegar al conflicto. El hablar de lo que iba a suceder y advertirlo sólo genera más desazón por ser una manera de televisar y comprobar la propia impotencia. Por otro lado, en mis escritos referidos al comportamiento humano y a su clasificación en función de sus estructuras cerebrales ya he reseñado que existen tipologías que conciben su exterior como focal y no transversal, de modo que admiten una únic opción como válida y nunca contemplan variedad de ángulos, si digo que ello es favorecido hasta esculpirse biológicamente, estoy afirmando que en las personas que existe una actitud determinada en relación al independentismo y con unos presupuestos biológicos, será del todo imposible que lleguen a ver las cosas de otro modo salvo sustitución completa de sus patrones. Algo imposible por tiempo y recursos.

La independencia ha sido un constructo, una expectativa de algo intangible creada y mitificada que se ha inserido como meta en muchos corazones como una cruzada sentimental. No existe racionalidad posible entre los que sean racionales ni símbolo comparable entre los que no tengan percepción racional. Nada se puede hacer ya contra todo el arco mediático catalán más las competencias de educación que han modelado a las actuales, recientes e incipientes generaciones y sus padres. Ha sido una evolución cuantitativa de una probabilidad romántica, un modelo de utopía que puede comprobarse ya efectivo en cualquier laboratorio para aglutinar personas. Una maquinaria de control de masas dirigida a un fin con un lenguaje y un simbolismo estudiados a la perfección ante gente a veces visceral pero dividida que sólo ha sabido balbucear o quedarse sola en sus argumentaciones no emocionales.

La suerte está echada. Advertí de la crisis y advierto del conflicto. Los seres humanos somos previsibles y los patrones de respuesta son muy claros. Las recompensas a actitudes no justas, es decir caprichosas o interesadas a un fin egoísta, son excesivas y prolongadas de modo que el terreno es muy llano ante propósitos con emblema de voluntad política y objetivos velados de aglutinación de masas. Un patrón observable en todos los levntamientos de líderes de todo orden existentes en nuestra historia con resultados conocidos. El concepto de responsabilidad elude tratar con las variables molestas y las personas enardecidas están cegadas por una expectativa que les faculta a apartar con una bofetada cualquier oposición o razonamiento que no sea afín.

El ejemplo que siempre pongo cuando fui monitor de colonias es un experimento válido y una muestra de lo que somos y lo que podemos ser. Yo levanté un cinta de color negro y arengué a los niños a pertenecer a mi grupo entonando loas y vítores y el efecto masa e identificación de grupo logró el resto, de pronto tenía a montones de niños peleándose por pertenecer a mi grupo, unos rechazando su entrada, otros deseando salirse del color al que pertenecían para entrar en el mío. Tuve que recomponer la situación y reconvertirla al sentido común, pero supe que existía el poder en derredor de un símbolo, y las ansias de las personas por pertenecer a un grupo cohesionado y fuerte que les diera seguridad y protagonismo obraban el resto. Eran niños, pero ¿Qué somos nosotros los hombres para otros hombres sino niños?

Ciertamente habéis ganado aunque a costa de algo que tarde o temprano pasará factura, como siempre.

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Un excéntrico pensador que emplea este blog sin concesiones a la mesura ni a la inteligibilidad