sábado, julio 27, 2013

El "derecho a decidir"

Una de las sensaciones que percibo por vivir en Cataluña y no formar parte del grueso nacionalista o socialista que propone o transige con la autodeterminación es la idea de aislamiento, de ser un extraño en tu tierra que tiene que andar con "pies de plomo" para no decir o manifestar según qué opiniones entre conocidos e incluso familiares. El problema, que comienza a resultar serio, es que no detectas una posición ni firme ni lógica entre la esfera política y mediática tanto de Cataluña como del resto de España. Sólo el nacionalismo está extraordinariamente bien representado por el arco completo de medios de comunicación catalanes, porque aunque existan divergencias o matices entre ellos, todos están de acuerdo en ir contra aquellos que se opongan al eslogan que copa el título de este texto, y claro, si en una partida sólo juega uno y el otro mira, las normas y los procedimietos los instituye el actor a su antojo. Los no nacionalistas debemos asistir, como desde un balcón, a mirar la "evolución" independentista y aceptar resignadamente cada una de sus estrategias con el eco de fondo de debates estériles que sólo buscan ratios de audiencia.

Es del todo razonable que exista una mayoría que apoye el constructo de turno si los medios llevan bombardeando con el tema al unísono desde hace mucho tiempo y no existe una voz clara y fuerte que les plante cara, sólo gritos o espacios para ser ofrecidos en programas de tomas falsas. Todas y cada una de las omisiones ante gestos independentistas de toda índole suponen pasos hacia adelante de un proyecto que empezaron unos pocos y ahora siguen "unos muchos", pero además implica desactivar a todos los no nacionalistas y condenarlos a la resignación y el aislamiento por esa patología que es la "mediocracia" que no es más que un disfraz de derecho a la información. Todos los medios buscan un criterio determinado con el que sazonan la información, una impronta ideológica más o menos velada que dirige a las masas en un sentido, y eso que históricamente ha sido una constante del cuarto poder, en Cataluña es mucho más grave por no existir pluralismo, sino una gran editorial conjunta. Claro, el derecho a decidir del que es único jugador en el tablero hace lógico tal pretensión. La dialéctica independentista sabe usar los resortes formales como derecho a decidir, democracia, voluntad política y una ristra de palabras y frases escogidas con esmero como resultado de un proyecto estratégico que no viene de ayer. No en vano, a estas alturas, después de manifestar y denunciar todas y cada una de las argucias nacionalistas y los medios de comunicación flanqueados por la inestimable competencia educativa, sólo nos resta contemplar lo que parece un avance inexorable parapetado en esa frase.

El exito del nacionalismo, tanto aquí como en el País Vasco ha sido total y absoluto. La mayoría de sus ciudadanos han "comprendido" al unísono y en coincidencia "casual" tras una serie de años, la "verdad" sobre su situación de inferioridad y la falta de derechos o resarcimiento que se les debe y libremente han dicho basta de una manera respetuosa y democrática como el derecho a decidir. Porque aquí no hemos leído ni visto grandes casos de corrupción en los medios catalanes, sí menciones que no han durado más de un día por no quedar más remedio y luego anonimato, y cuando algo ha sido algo sonoro, con rapidez las instituciones y los propios medios han elevado el megáfono de la persecución victimista; por el contrario, no hemos conocido más que de las políticas de Madrid con detalle y profusión y hemos podido juzgar, como si en otro mundo nos halláramos pertrechados con el cetro de la autoridad moral divina a "unos y otros": peperos y socialistas retratados para ser vistos por debajo del hombro en actitud de desdén y provocado desapego. Todas las portadas de tabloides, radios y televisiones nostres han iniciado regularmente sus noticias con casos allende sus fronteras, pese al denuedo en insistir en el sentimiento a lo propio o precisamente gracias a ello. ¿Qué mejor manera para hacer estima de lo propio que buscar todo lo malo de lo ajeno?

Ahora, a posteriori, la consigna es: no hostilidad, ir bajando la animadversión pública hacia el resto de España para, como si de un estratega inglés de la segunda guerra mundial se tratara, ofrecer una imagen de gentleman. Desde Madrid hacen ruido y más ruido, desde la Cataluña nacionalista, las estrategias son veladas y subrepticias, hechas con tino y resultando probadamente exitosas entre sus conciudadanos. En Madrid se hablaba de boicot a los productos catalanes, mientras en Cataluña que demuestran ser prácticos, con el correspondiente silencio mediático, han hecho como con la denuncia de los carteles en castellano, en lugar de hacer boicot activo, lo han hecho pasivo: ponen la bandera catalana a los productos de la terra y los de la cuerda ya pueden consumir todo lo que salga de Cataluña evitando lo que es del resto de España. ¿Quién les puede decir algo? La diferencia en los métodos estratégicos es tan abrumadora que no se puede negar un ápice cuanto menos el llamado hecho diferencial. La superioridad en recursos, la voluntad estratégica y la inteligencia es tan superior que pueden apelar al fingido diálogo a sabiendas de un adoctrinamiento tan extenso que aquellos marginados en franca minoría sólo parecemos gente desesperada que clama cosas radicales o insensatas en comparación con el sistema impuesto. Tantos años negando voz y medios a los discrepantes con el sistema, a los que sabían de la corrupción catalana, a los que conocen de la basa d'oli mediática y tantas cosas más que ahora a estas alturas todo ello sólo se restransmite como ruido o voluntad crispadora de quien osa "negar la voluntad al pueblo". Han sabido controlar todos los aspectos de la comunicación, entre otras cosas porque los han tenido todos, pero desde Madrid la negligencia y la incapacidad ha sido y es tan abrumadora que no me sorprende que incluso puedan lucir banderas independentistas en el Mundial de Natación de Barcelona y esperar reacciones "crispadas", porque por un oído entra y por el otro sale y dudo que Rajoy haga cumplir la ley.

A día de hoy en Cataluña conviven diversos estratos poblacionales producto de la "mediocracia", quedando del siguiente modo: 1) El grueso de nacionalistas que siguen la postura oficial de medios y gobiernos nacionalistas 2) El progresismo catalán nutrido de una masa tan heterogénea como incomprensible o irracional 3) Los grupos de independentistas radicales que imponen su derecho sobre los demás sin encomendarse a nada ni a nadie por detectar impunidad 4) La gente de los cinturones industriales que viven un simulacro de la España andaluza de la fiesta flamenca y del toreo sobre la que el nacionalismo ha venido actuando con toda su intensidad a través de la lengua vehicular y la eliminación de los toros. 5) Los no nacionalistas aislados y con sensación de indefensión y 6) Los quemados no nacionalistas que transitan entre la frustración y grupos radicales.

Ah, olvidaba añadir a los ricos de toda la vida o nuevos riquísimos desesperados por mostrarse que se relacionan con otros ricos y que tienen opiniones tan uniangulares y ajenas a la realidad que no tendrían problema en enseñar su opulenta casa a un programa de la Sexta en tiempos de profunda crisis.

Cataluña ha conseguido ya su independencia y en Madrid todavía no se han enterado.

lunes, julio 22, 2013

Bailar al son de políticos y medios

Es algo habitual seguir los debates televisivos o radiofónicos que hablan de política. Los hay numerosos, variados y con enfoques de todo color y calor, unos más pulcros o solemnes, otros encendidos y apasionados, algunos más superficiales y otros más concienzudos en pos del argumento, no en vano TODOS andan detrás de algo en común a los políticos: audiencia.

Un medio de comunicación paga sueldos a sus periodistas para hacer algo parecido a lo que estoy yo haciendo en un blog: dar mi opinión. Está claro que los directores o responsables de los programas en cuestión dedican un tanto no poco importante a organizar, planear, buscar y tratar la información disponible para presentarla a diario a sus consumidores. Su trabajo es cualitativamente y cuantittivamente mayor y de ahí el salario, pero mientras yo no tengo presión alguna para decir lo que pienso por no tener más interés que mi idea de justicia, los periodistas deben tratar de hacer comulgar sus principios, aquellos que los tengan, con la espada de Damocles apodada "índices de audiencia".

Es por tanto comprensible que ese fuero y ese foro trate de mantener la prerrogativa de la información como un coto controlado en el que las opiniones de los consumidores sólo sirvan para, llegado el caso, aumentar la audiencia, pero poco más. Uno en su trabajo no puede lanzar las campanas al vuelo sin meditar las consecuencias que de manera personal se pueden producir: callarse ante el criterio de mi jefe, ser corporativo ante abusos de la mal llamada información, no dar todos los argumentos o defender cosas que jamás haría de no depender de ese sueldo. Por mucha independencia que se pretenda incluso con un convencimiento pleno, uno debe saber los límites que supone un cargo de cara al público con jefes e intereses en juego.

No dista mucho de la política. ¿Acaso interesan las opiniones de los ciudadanos a los políticos? Uno podría pensar que sí, pero al igual que los medios de comunicación, se implementan esas llamadas "redes sociales" con las que las personas dan apariencia de expresión de libertad a sus opiniones e ideas pensando que participan de ese espectáculo político-circense. Para los políticos lo objetivamente trascendental es que el mayor número de personas posible se acerque a una urna cuando "toque" y ponga la papeleta con las siglas de su partido. A partir de ahí poco importa si piensa o actúa de ésta u otra manera, en lo que les afecta, una persona vota y decide.

Tanto índices de audiencia como votos son el "premio en metálico" de jugar en el ruedo. Incluso en la actualidad los políticos y los medios pueden hasta emplear los argumentos de millares de personas que se expresan en sus formatos sin dar cuenta de la propiedad de dichas soluciones. Disponen de "armamento" para motivar más a su audiencia y seguidores y no deben más que dar unas palmaditas en la espalda nombrándolos de vez en cuando como refuerzo con el que asegurar más chicha.

Luego en realidad nada cambia. Los mismos debates, los mismos argumentos, la tensión en aumento y la participación virtual del ciudadano en su sofá con el mando representada por cualquier actor de los partícipes completará la pantomima. Acaba el show y más para mañana.

Por supuesto, es el llamado derecho a la información. Imaginen si no supiéramos, porque estamos muy bien informados ¿No?

Independentismo y democracia


El gran problema de esta democracia a la que muchos conceden una libertad y autonomía exagerados es que no es no libre ni se mueve por la voluntad de mayorías. Eso no es ni aquí ni en ningún otro lugar y sólo la ingenuidad de los bienintencionados apela a esa voluntad del pueblo desconocedores de que en realidad sirven en bandeja los resultados que ya habían tramado otros con estrategias de comunicación.

Un problema clásico en el ser humano es que tiende a olvidar lo que le resulta molesto o considera irrelevante para preponderar lo que es útil y le faculta a adaptarse a su actual situación dentro de una comunidad. Con pocas pistas y detalles sobre los cuales aludía, uno emite juicios proyectivos que llevan a hechos y precisamente los recuerda porque en su día se alarmó al conocerlos mientras una gran parte de la población seguía viviendo ausente o despreocupada. Algo así como los padres que tratan de niñerías las acciones de su retoño y cuando han pasado unos años y las consecuencias se han convertido en inevitables ya sólo tiran de justificaciones y excusas recurrentes. Yo ví en TV3 los telediarios en horario infantil adaptados para ese tipo de audiencia que daban noticias desde un plano cuanto menos parcial y desapegado con el resto de España; yo supe de las circulares en esa misma cadena que prácticamente prohibían entrevistas a personas que fueran castellano parlantes; también conocí físicamente de información catalana que no se publicaba en ninguno de los diarios catalanes o incluso ediciones originarias de Madrid que en su edición catalana obviaban dicha noticia; yo fui testigo, como charnego que soy, de la "evolución" de algunos familiares que entendían el orgullo de su catalanidad como algo absolutamente independiente de una idea de separación a España y cómo tras los primeros años de Pujol empezaban a cuestionarse sobre su concepto de catalanidad en relación a España; yo viví el extremo de compañeros de colegio que rehusaban a hablar catalán o incluso se castellanizaban nombre y apellidos, siempre en democracia por supuesto, y ahora no atreverse a pronunciar en público nada que huela a español; yo he convivido día a día con La Vanguardia siendo socialdemócrata-nacionalista desde que llegó Joan Tapia, (antes Juan) y el resto de medios catalanes oriundos de esa tierra, coincidir prácticamente punto por coma en lo que debian publicar y lo que nunca leías o veías, o en presente ves o lees; se de la editorial conjunta que puso sobre el tapete de manera objetiva que no existe pluralismo mediático; también he escuchado de boca de Pujol o de tantos otros nacionalistas pedir en público, sin rubor alguno, que otros partidos inmersos en su hoja de ruta no lastimaran el proyecto diciendo literalmente que no "se pusieran palos en las ruedas" cuando se destapaban casos de corrupción, y así era, nadie piaba. Todo eso y mucho, mucho más son hechos que me hacían vislumbrar el triunfo del independentismo a un plazo, y eso en unión a la catastrófica gestión de Madrid de Gobiernos y medios que nunca, ni ahora, han sabido contrarrestar una táctica inmensamente superior en todos los ámbitos.

Es que ¿Acaso la inclusión de Valencia y las islas Baleares en el mapa del tiempo de TV3 era una manifestación sentimental? ¿Ha sido la progresiva reducción del castellano en las aulas hasta llegar a dos horas semanales un fenómeno espontáneo? ¿Eran improvisados los libros de texto que hablan de una historia de una nación catalana? ¿Es la normalidad de hablar en propiedad sobre todo lo que sea de Cataluña (de casa nostra, nostre païs, etc) un proceso de habituación que no ha surgido de los medios? ¿Hablamos de democracia y pensamos que el avance hasta el independentismo nada tiene que ver con el control de medios y competencias de educación? ¿Asumimos que todos los documentales y referencias de una historia catalana adaptada a los nuevos tiempos por el nacionalismo han sido fruto de la voluntad democrática popular y no estrategias marcadas? ¿Damos por hecho que el aceptar banderas esteladas por doquier en territorio catalán nada ha tenido que ver con un plan de muchos años?

Es absolutamente lógico que un catalán tipo, que lea cualquier medio catalán, se informe en radio o televisión catalanas y/o estudie en centros docentes públicos y bastantes privados, tenga una "información" muy distinta de la que tendría una persona por ejemplo en un Madrid dividido antagónicamente entre Público, ABC, El país, La Sexta, Intereconomía, Cuatro, Canal 13, etc. (asumiendo que algunos son compatibles con el nacionalismo). En la capital al menos existe una descarnada y ridícula lucha de medios entre la derecha y la izquierda que no existe en Barcelona. La editorial conjunta parece algo normal a quienes están "dentro" y a buen seguro que lo justificarán como expresión democrática o con lo que estimen oportuno, pero es una evidencia de la falta de pluralismo y una visión monocorde de los poderes fácticos que moldean a la población. Y no vale el y tú más cuando sabemos que en medios y debates, los "madrileños" piensan diferente contra esa postura nacionalista única. Socialistas y populares nada tienen que ver en sus manifestaciones ideológicas, lo que sería un desastre para el nacionalismo si persiguieran un plan conjunto en la defensa de la España que han conocido nuestros antepasados por muchas generaciones. Al contrario que en una Cataluña de dos frentes, el de la hoja de ruta y los otros. Ahora bien, no niego nunca la buena intención ni la ingenuidad delegada en el buen sentir, Dios me libre.

Pocas personas y por extensión naciones, rechazan los halagos sobre sí mismos y ya no digamos buscar las culpas dentro de su persona o su casa, lo lógico es buscarlas siempre fuera, a nivel psicológico y sociológico, por ello están tipificados los métodos nacionalistas y las estrategias de comunicación como herramientas extraordinarias de control de masas a base de presión social y arenga sentimental como algo probadamente efectivo. Yo ya leí lo del enemigo objetivo en libros de ciencias políticas cuando todavía una estelada se miraba "mal" entre los catalanes. Ahora la cosa ha cambiado aunque pueda llegar a sostenerse el disparate de afirmarse y negarse a la vez el tipo de relación entre Cataluña y el resto de España.

Nunca ha pasado nada en Cataluña, todo ha transcurrido plácido, espontáneo, natural y lo que tenemos ahora es una manifestación política resultante de la voluntad popular catalana. Ni los símbolos empleados en Cataluña de manera desproporcionada que causan pavor cuando los portan otras banderas, ni las referencias de los medios y órganos públicos a España son causa de lo que ahora es consecuencia. En realidad, la culpa es de Madrid para cualquier ciudadano tipo, pero en realidad nada hay contra España. Los que discrepan están errados o van en contra de Cataluña aunque sean catalanes y punto, luego viva la democracia. Hay que destrozar la lógica sin piedad para apoyar los manifiestos nacionalistas y lo peor es que se hace constantemente y el que trate de impedirlo se juega mucho, pero dentro de poco: todo.

viernes, julio 19, 2013

La buena intención

Afortunadamente, un gran número de personas está asistido por la "buena intención". Digo afortunadamente porque como valor moral sin duda éste es positivo, pero lamentablemente ello no es garantía de algo necesariamente bueno, es más, muchas de las veces la buena intención puede resultar letal para los intereses que el interesado defiende. Sí que puede propiciar un argumento emotivo potente para exonerarse de los efectos que suele provocar dicho estímulo y recurrir a la "conciencia tranquila", pero depende de lo que hablemos, las consecuencias de un bienintencionado pueden ser desastrosas para los demás ya que suele constituirse paradójicamente en el peor ejemplo posible de motivación.

Explicaré el porqué.

Suele ser común entre una gran parte de la población especialmente en nuestro país, desligar las pretensiones o ideologías de sus efectos reales. Algo como buscar la satisfacción de lo que se considera un deber moral, en el mejor de los casos, anteponiéndolo a las consecuencias ciertas que supondrán la materialización de la satisfacción de ese deber. Por ejemplo, quieres evitar tener un hijo malcriado pero tu fuero interno evita ser estricto o decir no ante determinadas actitudes porque entiendes que ello podría resultar autoritario y contrario a una idea "democrática". En realidad existe una educación democrática, pero ésta no rehuye el no o una cierta disciplina ya que la delimitación de unos patrones otorgan seguridad y confianza a los hijos muchísimo más que una actitud indolente que consiente cualquier conducta y desprecia el no.

El ejemplo doméstico-familiar citado sigue un patrón que no difiere demasiado de muchas actitudes cuyas motivaciones pueden ir desligadas de sus consecuencias. Si nos paramos a pensar, podremos recordar a esos políticos que cuando acuden a un mitin electoral se dedican a pronunciar aspiraciones genéricas que resultan atractivas prácticamente a cualquier público: "conseguir lo mejor para el país", "crecer", "progresar en educación", "mejorar en sanidad", "un mundo mejor", "avanzar en cualquier aspecto, derecho o aspiración", en resumidas cuentas, arengar a un público con intenciones no definidas más que con la emoción que suscita su logro. Si bien existe bastante coincidencia en una serie de valores genéricos que se pretenden, es en el modo en el que éstos se pueden conseguir la diferencia fundamental que lleva a nutrir la distancia entre partidos políticos. Al igual que se trata de educar a un hijo, los métodos para afianzar esas proclamas tan atractivas no siempre se corresponden con decisiones igualmente atractivas. Más bien suele ser lo contrario, al igual que un hijo intententa conseguir de sus padres permisos para realizar todo aquello que pretende, la población de igual modo rechaza medidas que sean satisfactorias desde un principio pudiendo resultar impopulares. Es por ello que en política, al igual que en educación, resulta fundamental una buena comunicación y pedagogía. Lo contrario puede propiciar cabida a populismos y demagogias que se apoyan en los silogismos que buscan esa "magnífica" asociación entre intención y consecuencia con independencia de que el nexo sea cierto. Esa es sencillamente la gran baza de una parte de la política española y de los partidos que implican a sus seguidores en cruzadas emocionales.

Luchar contra ello es difícil pues requiere de lo que yo llamo "transversalidad", es decir, buscar la relación entre causas y efectos con el mayor número de variables posible con vistas a evitar los juicios a la ligera o centrados en un único ángulo. Justamente lo contrario de la concentración, que supone centrar el foco en una idea con pocos prismas que lleva a sus propietarios a pretender la consecución de una intención sin tomar en valor como chocará la realidad al incidir de una determinada forma.

No todo el mundo tiene la capacidad de ser transversal, quizás es al contrario, la mayoría suele ser focal, lo cual para las preocupaciones personales y una vida más relajada, resulta mucho más satisfactorio, pero en esa idea que vengo defendiendo desde hace tiempo que es la especialización se determina qué capacidades de las personas son más adecuadas para desarrollar unas actividades y no otras, y lo más interesante, cómo relacionar a personas con distintos recursos intelectuales y emocionales para extraer lo mejor de todas ellas. Así, en desempeños que afectan a muchas más personas, la focalización nunca debería ser la seña de identidad si bien en cuanto a liderazgo puro y duro, la transversalidad puede ser un escollo a la resolutividad.

La buena intención no es per se negativa ni mucho menos, es el requisito para llevar a cabo cualquier cometido. La buena fe es esencial, pero cuando se convierte en excusa para acometer un propósito o en razón de la defensa de algo, entonces significa que despreciamos el modo en que pretendemos cristalizar esa buena intención y nos abandonaremos emocionalmente a lo que es el cumplimiento de un mero acto de voluntad, el que sea. La buena intención no es una motivación para emprender una causa o una cruzada, ya que en ese caso, sólo buscaremos una satisfacción personal desconexa del supuesto bien que pretendemos realizar. Así se entienden casos paradójicos de falta de coherencia en los que se puede defender justamente lo contrario de lo que se pregona: hablar de libertad y justificar la coacción, pretender la paz y manifestarlo con violencia verbal o física, etc. De ahí que dista un mundo la pretensión de erigirse en algo, un cargo de responsabilidad, un posicionamiento ideológico o un supuesto informador, de aquello que realmente lo es, dado que, como hablaba en el anterior artículo, con las apariencias uno pasa a ser lo que en un papel dice ser o su fuerza de voluntad le ha facultado a conseguir, pero la causalidad que demuestra un puesto es mucho más, muchísimo más, y ese reconocimiento será íntegro de aquellos que relacionan intención, coherencia y efectos y no sólo de aquellos que se abandonan a la pretensión de una buena intención que como en un mitin, las palabras vacías son suficiente para luchar por sí mismos creyéndose partícipesde una causa superior con autoridad para juzgar al resto, la evocación de una emoción conectada a esa buena intención capaz de permitir y justificar todo tipo de conciencias.


jueves, julio 18, 2013

Los problemas que generan las apariencias

Nunca como ahora había sido tan significativo y aplicable el dicho: "las apariencias engañan", dado que, gracias al mundo mediático se puede afirmar que existe un alto porcentaje de apariencia de realidad sobre todo lo que nos rodea.

Uno de los motivos más importantes del porqué sucede esta distorsión de la realidad responde a un criterio, del que Pedro J. Ramírez puede servir muy bien de ejemplo. El director de El Mundo justificó la tardanza en publicar la entrevista a Bárcenas en la que  acusaba a la plana mayor del PP por "falta de slots", es decir falta de espacio en sus portadas para incluir la noticia. Con independencia de la "verisimilitud" de dicha justificación que puede ser discutible como poco, el periodista daba a entender que lo importante es hacer un hueco para dar la información, con lo cual: se centra el foco. Los medios de comunicación y de entretenimiento escogen los temas que aducen son de actualidad e/o interesan al ciudadano, pero un foco también estipula el orden de importancia de las cosas sobre las que se informan, de modo que sobre lo que no se informa en igualdad, las personas lo asocian con un grado de importancia menor.

Ciertamente los diarios de papel tienen unas limitaciones físicas que los medios digitales pueden soslayar de mejor modo gracias a las nuevas tecnologías, pero siempre estará de por medio la voluntad y discrecionalidad de los grupos editoriales que escogerán entre toda la actualidad existente y la centrará en su foco informativo.

Ese hecho genera un efecto dominó que sin ser conscientes de ello, llega a influir en una gran masa de individuos que lo toman como eje central, dado que lógicamente se retienen mejor las noticias que se repiten u ocupan espacios estelares en los medios que aquellas que, aún pudiendo tener mayor trascendencia, se ubican en segundo plano, se camuflan o directamente no aparecen.

Pero aunque los medios son los protagonistas de la apariencia de realidad del siglo XXI, existen también focos reales que producen distorsiones de la realidad. Por ejemplo, suele ser normal asumir un descontento en la población cuando un alto número de manifestantes salen a la calle a pregonar sus quejas. Ello lleva con facilidad a provocar falsas atribuciones de un orden ciudadano reinante ya que no podemos inferir que las personas que no se manifiestan, ni están hermanadas con los manifestantes pero no pueden acudir ni lo contrario. Con cada expresión activa de una voluntad en cualquier ámbito se logra generar ruido y con ello llamar la atención del gran público y sobre todo de los medios que se hacen eco y lo convertirán en suceso ocurrido si la línea editorial de turno le concede un espacio. Porque para los ciudadanos, aquello que no se publica no ha sucedido y sobre lo que se informa, la manera cómo se publique determinará una respuesta (a veces pretendida, las menos, no) u otra.

Puede parecer que, por conocidas las maneras mediáticas o de las personas para llamar la atención, lleguen a ser inofensivas o "normales". Es cierto que por ser cotidianas y estar al orden del día, se asumen como hábitos que no despiertan suspicacia, pero en realidad son la clave de la influencia y la manipulación.

La lógica de la apariencia es tremendamente poderosa porque ayuda a describir realidades que son incontestables y por tanto suceden, pero con el toque personal de individuos que deciden en qué centrar el foco de atención y cómo hacerlo. A partir de ese momento, de todo lo que se escoge y se asume que sucede por estar publicado, el ciudadano eleva sus juicios de valor y sólo toma en consideración las variables que tiene a su alcance para determinar comparaciones. Ello además de existir en lo que se denominan medios de comunicación, ocurre también en los medios de entretenimiento: en shows televisivos, espacios culturales, películas, música, etc. La permeabilidad del ser humano obra el resto en base a una actualidad que manda. De un hecho situado en el foco de atención puede surgir una canción, una falla valenciana, una chirigota gaditana, una obra de teatro, una película, una serie televisiva, en resumidas cuentas, todo lo que sean manifestaciones culturales de cualquier índole dirigidas a los ciudadanos de un modo ameno o entretenido. La influencia de los focos actúan de modo secuencial como fichas de dominó tal como ha sucedido siempre con las expresiones humanas entre individuos.

La apariencia no toma la realidad como lo que es, dado que muestra una parte superficial de ésta que logra llamar la atención; no compara una realidad con otra de manera escrupulosa para determinar un orden de importancia; no busca por tanto más que centrarse en lo espectacular o llamativo del hecho, generando así los efectos perjudiciales de su acción sobre una sociedad.

Las apariencias no son más que rasgos estipulables como variables que dejan a su lado muchas más variables de modo intencionado que permitirían darnos una idea mucho más precisa de la realidad.

Las consecuencias de que una sociedad se centre en las apariencias pueden ser letales y de hecho lo vienen siendo en la actualidad, porque las apariencias son las que toman el mando de lo que sucederá gracias a su influencia.

- Si cada día uno sólo ve o lee noticias negativas de lo que sucede en el mundo, acaba representando en su mente un mundo de apariencia negativa.

- Si existe un alto porcentaje de películas o expresiones culturales de cualquier tipo que toman como realidad un mundo negativo, con finales mayoritariamente trágicos, e incluso asociando una versión dramática de la vida con la normalidad, se influirá en un estado de ánimo y se provocarán unas reacciones y no otras que en muchos casos se buscan por el que establece la propia miseria o experiencia personal como punto de referencia.

- Si existen grupos políticos determinados que hacen más ruido, manifestaciones o quejas que otros, se acaba teniendo una percepción de que esos grupos son mayoritarios o disponen de una mayor influencia que el resto, provocando más adeptos y generando en los contrarios, situaciones de frustración o falta de confianza

Al final, las apariencias crean un estado de ánimo y predisponen a la población mediatizándola tanto en sus motivaciones como en el modo de generar expectativas. Se puede perder una idea de realidad cierta y sustituirla por la que impera en el orden mediático y en ese instante, el ciudadano pasa a ser un objeto al servicio de las apariencias.

La realidad es la que es y no cambia demasiado entre los seres humanos. Todo lo que podemos observar en pequeñas dosis en nuestro entorno, con gente de mejor o peor calidad humana suele ser extrapolable a ese mundo descomunal en el que las apariencias adornan tanto a sus protagonistas que dejamos de verlos como personas y asumimos juicios sobre éstas con mayor facilidad y más a la ligera.



lunes, julio 15, 2013

La "sorpresa" de los SMS

Parece que El Mundo con la bienintencionada e ingenua colaboración de los más viscerales reporteros de la derecha ha logrado contagiar a la población la idea de que los SMS son todo un ultraje en ese ejercicio del derecho de información del que tanto se enorgullece. Puede que dentro de un tiempo podamos exigir también información privada de alguien como Pedro J. Ramírez por el simple hecho que sus motivaciones e intereses privados pueden tener repercusión en la vida de un país y por tanto convertirse en un caso de interés general. Puede que hasta colabore y nos relate todas sus interioridades como el que sale del armario. Hemos llegado a un punto en este espectáculo circense que cada debate no es más que una reunión de gente convencida sobre un veredicto de culpabilidad o inocencia sin tomar en consideración nada que tenga que ver con la justicia, sino con los propios apegos o afinidades más algún desencanto por unas expectativas ilusas sobre lo que creían que era el mundo de la política. Así entre cínicos e ingenuos defensores, asistimos al "caso de los casos", no porque haya realmente una gran bola de corrupción (al menos comparada con todos esos que quedan ignotos o impunes y son moneda corriente), sino porque el protagonista, además de demostrar una exigua capacidad para entender los mínimos entresijos de la imagen pública de un dirigente político, con cada declaración, con cada decisión y cada acto ha demostrado no saber dar la cara y tratar de evitar por todos los medios posibles enfrentarse a los problemas frente a frente. Si yo leo los mensajes de Mariano Rajoy confirmo las dos cosas extremo por extremo: primero por no cortarse lo más mínimo a la hora de incluir nombres por el móvil cuando debería saber que en cualquier empresa, dada la tremenda competencia existente en este mundo, la discreción es una obligación que se soslaya con las palabras en forma de ondas sonoras que se las lleva el viento (si no hay cerca micrófonos por supuesto); y segundo por extremar siempre esa cortesía como para quien hablar claro es difícil hasta en conversaciones privadas.

Dos cosas me llamaron la atención de nuestro presidente en su día hasta el punto de convertirse en rasgos definitorios sólo contrapesados con una oratoria minusvalorada en el Congreso: el trato a políticos como María San Gil y esa nula disposición a reunirse y dar la cara. Algo parecido a lo sucedido con el que fue eurodiputado popular Luis Herrero, que narraba su estupefacción en las ondas radiofónicas esperando algún tipo de explicación que no llegaba al no verse renovado en su tarea, algo que yo interpreto como un claro desprecio a una labor. Poco importa que en realidad Rajoy tuviera en buen concepto a los dos políticos en cuestión, la realidad una vez más fue que su omisión le pasó factura conmigo y posiblemente con muchos otros. Ahora bien, como no existen alternativas políticas serias sino reducidos partidos capaces de prometer el oro y el moro o demagogos populistas abonados al colectivismo como promesa sentimental cual espita destructiva con un fin marcado, uno debe hacer de tripas corazón y no colgarse pósters de utópicos gobiernos capaces de contentar a casi todos con los que buscar la comparación aventajada, porque en ese caso, uno se asegura la queja y el revuelo a modo de bucle ya que las personas extraordinarias sólo existen para plantar cara a un enemigo común, pero no para demostrar que se piensa con tino, eso con el cuarto poder en frente no garantiza nada. De ahí que hayan tantos culturetas aposentados en la queja y la revolución revestidos de ese toque romántico que brinda el chute adrenalínico de la primera línea tan rodeado de impostada parafernalia libertaria pero impagable camaradería en masa.

Nada de lo que dice Rajoy en sus correos es para mi una sorpresa, es el Rajoy de siempre, tan obtuso que casi me sirve para constatar que no podría ser jamás un "padrino" tal como relatan aquellos a los que quizás sí les encajaría el papel por manipuladores de opinión e influencia, amén de intereses tangibles en órbita. Es posible que pueda merecer un juicio mediático por esa negligencia, pero todos los que ahora se erigen en justicieros pidiendo su cabeza, deben saber que han puesto el listón tan bajo que cuando suelten un exabrupto en un bar o maldigan algo que no dirían en público, estarán prevaricando en su modo de ejercer su justicia.

Juez y parte

Ya se sabe lo que reza el dicho: el que reparte... se lleva la mejor parte y de repartir va la cosa en el escenario político español.

Repartir cargos, repartir audiencia, repartir influencia, repartir justicia, pero en eso de repartir cada cual tiene su propia visión de las cosas y ese es el problema, que la tiene.

Responde justamente a un motivo que la justicia tenga una venda en los ojos y difiere un mundo que muchos políticos y periodistas o cualquier persona que emite su opinión lo haga con los ojos bien abiertos. Yo mismo soy un ejemplo de ojos encendidos con unos principios conservadores, pero principios, sobre los que cabe precisar una reflexión.

Se da la circunstancia bastante corriente de que existan personas que esgriman su ideología o sus principios, los que sean, para apoyar una causa o quizás para atacar otra, pero pocos siguen en realidad esos principios y están más por la labor de ejercer una defensa de su endogrupo que implica necesariamente unas convenciones de ataque al otro. Al hablar de endogrupo, vengo a establecer la recreación idealizada que una persona tiene de un ente abstracto que viene a simbolizar elementos con los que se ve identificado y cuya defensa convertirá al seguidor en parte de ese todo enrraizado mediante implicaciones emocionales, no únicamente de lágrimas o alegría que muchos no son capaces de producir, sino de pertenencia a un grupo, de sentirse parte de algo superior en el que no cabe más acción que tener los ojos cerrados para abrirlos cuando toque examinar al exogrupo. Lo llamativo es que cada persona puede sentirse parte de un grupo en concreto pero tener una sensibilidad tan opuesta que lo proteja por razones totalmente distintas y utilice medios igualmente dispares.Puede parecer que hablo sólo de políticos, pero en realidad este sentimiento de pertenencia o de implicación sobre algo, la materialización de un concepto, el llevar al terreno personal la defensa de cualquier idea, es tan universal como el ser humano.

Luego están aquellos que parecen que están en el extremo contrario, pero son lo mismo o algo parecido, es decir, personas que simulan independencia u "objetividad" y no son más que el producto de un planteamiento impostado que lo único que buscan es justificar ante los demás sus convicciones para tratar de parecer a todo el mundo razonables y verse aceptados por el mayor número posible.

Entre todos ellos están los cínicos endémicos, o lo que es lo mismo, los manipuladores que juegan con las emociones de los demás para tomar un espacio de poder cada vez más extenso y en los que su implicación sólo responde a un único objetivo: su propia persona en sentido estricto. Todos protegemos nuestro ego de un modo u otro incluso cuando somos altruistas recibiendo gratificaciones emocionales, pero entre todas las emociones, la de ostentar poder y tener la capacidad de decidir por encima del bien y del mal se lleva la palma en cuanto a "drogas neuroquímicas".

Normalmente unos principios se suelen dirigir, con mejor o peor capacidad de materialización sobre la realidad, a elementos morales y por tanto, la aplicación de esos principios sólo es cierta cuando son capaces de exigir por igual sobre todas las circunstancias que se planteen, por tanto que apliquen coherencia. Otra cosa distinta ya no serán principios, sino grupos o bandos que perpetran una guerra en la que a toda costa no se podrá ceder un ápice y lo más triste de todo es que sólo hará falta que exista un grupo así para comenzar una espiral de bandos. Ahora explico ésto poniendo un ejemplo:
Cuando un par de amigos se reúnen periódicamente para jugar al billar y regularmente uno trata de escaquearse del pago o de compartir a escote su contribución, el otro se pondrá en guardia y empezará a recelar de esa persona porque sentirá una quiebra de su idea de justicia. Desde ese instante, será más quisquilloso con los pagos y llegará a discutir porque el que no paga no pretende hacerlo y tratará de justificarlo elevando cualquier pretexto. Si por el contrario, existe una persona que no escatima generosidad y da con otra, su colega, que es mínimamente "legal", entonces entre ambos existirá lo contrario, una subasta para ver quien de los dos paga ya que insistirán para ser cada uno el mecenas de su "quedada".

La simiente de "Caín" siempre viene por una parte que se muestra recelosa contra el mundo por algo: una idea de justicia muy particular en la que debe doblegar a los otros, un complejo de no parecer un primo, o sus análogas, la de salir siempre ganando algo de los demás aunque con ello pierda cosas mucho más importantes o el clásico complejo de inferioridad que busca siempre en los errores ajenos para verse reforzado y aprovechar la oportunidad de resarcirse por algo que considera pendiente. En todos los casos no existe nada trascendental ni elevado, sólo miserias humanas y patrones de conducta que se repiten a lo largo de nuestra historia sin aprender nada de nada. Por ello suele acudirse a maximalismos o símbolos grandilocuentes cuando se pretende justificar una decisión que es parecida al que trata de escabullirse en el pago entre amigos. Entre esos dos amigos, uno pensaba lo que podía sacar del otro, mientras que el ajeno, trataba de compartir un buen rato y pasará a ser un bando en la defensa de lo que considerará justo. Ya tendremos dos posiciones en las que sólo ha hecho falta que uno exija al otro su resarcimiento por un complejo disfrazado de principio personal.

Pero somos personas con sentimientos para lo bueno y lo malo de manera que es muy difícil si uno no se apercibe de ello, abstraerse de la implicación personal que le lleva a formar endogrupos. Eso significa que, aunque uno defienda unos principios o precisamente por ello, deba ser coherente con ellos y saber aplicarlos en coherencia y no como una banda cuya lealtad consiste en defender a sus pandilleros hagan lo que hagan. Pero es que todavía es más complicado, el rasero de la propia justicia suele tomar en consideración todo lo que se presenta desde un plano absoluto, es decir, no nos suele resultar nada sencillo lanzar la primera piedra ante cualquiera por sentirnos autorizados a juzgar todo lo que no nos afecta directamente ya que posiblemente, o nosotros mismos o alguno en nuestro grupo ya dará razones para justificar nuestras conductas y con ello que no se resienta esa expectativa idealizada.

Puede que muchos no entiendan de lo que hablo o que lo apliquen a la ligera convencidos de que lo que digo se refiere siempre al "otro". Puede que no, pero no es lógico. Lo único lógico es que existe gente sensata y gente que no lo es, gente empática y gente que no lo es, gente estúpida en un terreno y gente que no lo es, gente que es coherente y gente que no lo es, gente honesta y gente que no lo es, pero toda esa gente, nunca se plantearán nada sobre lo que juzgan y a quien juzgan y mucho menos las consecuencias de sus juicios y si realmente se hizo justicia, lo importante a fin de cuentas es el sentimiento que proporciona sentirse justo, se sea o no, el disponer de ese poder que antes decía y que me abraza a mi y abraza a todos para ser despiadados o rehuir la lógica en pos de un linchamiento mucho más satisfactorio. La prudencia y la moderación acompañan a la reflexión y al buen juicio, pero eso no puede confundirse con el miedo a actuar o la indecisión. Parece que en España no asoman ni los unos ni los otros y los jueces y partes se dedican a a repartirse la mejor parte.


domingo, julio 14, 2013

Del primero al cuarto poder

No deja de ser curioso que en el momento que España necesita más que nunca una idea de cohesión, responsabilidad y un mínimo de sentido común, estemos enzarzados en fenómenos de corrupción, portadas de impacto diarias, luchas de poder y la sensación de un caos generalizado que pone en evidencia justamente lo contrario.

Si preguntáramos a las partes, que de un modo u otro intervienen en todo este circo, cada cual a buen seguro culparía al otro o cuanto menos, porque algunos sino todos incluso defenderían que están ejerciendo su deber como catalizadores de los derechos de los ciudadanos sin pensar que sus anhelos, ambiciones y orgullos también tienen algo que decir en todo ello. Sin duda todos ellos no se hacen la pregunta que debieran ¿Cuáles están siendo las consecuencias materiales y efectivas de lo que ahora sucede? ¿Podrán decir que han contribuido a un mejor país? ¿Seguirán comparando sus actitudes con grandilocuentes maximalismos a los que su "justicia" les aboca?

En realidad no diferimos de otros países cuyas recientes revueltas presuntamente instigadas en las redes sociales, están generando una inestabilidad "justificable" por los pregones de libertad que cada cual inserta en su discurso para liderar sus revueltas. Al final acaban y acabarán pagando los mismos, los pacíficos ciudadanos que no tenían más anhelo que vivir sus vidas entre los suyos quizás sin una expectativa semejante a los que ahora ven golpes de estado, tensión, revoluciones y amenazas de guerra en la lontananza. Por supuesto, poco se puede hacer para convencer a los jóvenes que reciben constantes llamadas a la cruzada de turno y que les convertirá en protagonistas de un capítulo de sus historias henchidos por la adrenalina que suele inspirar sus actos. Yo, que he hablado con esas personas convencidas de que siempre todo debe cambiar porque lo prometido siempre es mejor que lo existente cuando no les satisface, soy consciente de que no hay vacuna posible contra la expectativa de la utopía totalitaria disfrazada de libertad y democracia. Recuerdo haber hablado de que en el norte de Africa las cosas irían claramente a peor ya que la queja es mucho más solidaria y efectiva que las soluciones dado que una sólo necesita fuerza y la otra: razón.  Nada, la satisfacción de sentirse partícipe de un eslogan sentimentalmente potente nunca será comparable a las aburridas y comprometidas causas anónimas que requieren del mayor sacrificio de todos: arrimar el hombro y dejar la trifulca para momentos menos delicados. Pero eso y muchas otras cosas sólo se consiguen cuando la mayoría de un pueblo tiene unos principios sólidos y la capacidad de tomar en consideración "la información" como un poder y no ciertamente como información. Es decir, criterio de un grupo más amplio del que actualmente se bifurca nuestra sociedad.

¿La responsabilidad de los poderes? Ninguna por supuesto, sólo cumplen su deber de gestionar, legislar, juzgar, informar y dirigir en las vidas de sus congéneres. Ya se sabe, la "buena intención" como mínimo ya sería la primera razón para tantos capítulos de nuestra historia. Pero si es que ya con la intención se puede garantizar algo menos que nada, imaginen cuando ésta brilla por su ausencia y son otros los intereses y las cegueras que llevan a mover ficha a los poderosos.

Un tal Bárcenas retransmitiendo su particular venganza a través de un diario cuyo director vive su frenético ritmo en las redes sociales tratando de convencer al público de su supuesto deber ciudadano tanto como su empeño en endosar Orbyt a todo quisque. Una oposición dispuesta a tirar la primera y hasta la última piedra por sentirse moralmente legitimada a exigir limpieza a los demás mientras en su casa ya no caben más casos de corrupción pero que cuyos súbditos ideológicos sólo conciben un compromiso con su grupo superior a cualquier consideración. Un gobierno enrrocado en la obtusa idea de no ceder un ápice a lo que diga la oposición o el tal Bárcenas como si lo que piensan sus cabezas o lo que les dicta el entendimiento fuera en algo parejo a lo que recibe la opinión pública; un Ejecutivo en proceso de autismo voluntario en la confianza de que sus irreductibles votantes continuarán siéndolo a capa y espada, ya que no tienen más opción, y los dubitativos volverán a la senda de la "razón" cuando consigan los reconfigurados para los nuevos tiempos brotes verdes.

Yo no tengo duda de que Mariano Rajoy es persona más honrada que toda la que puedan reunir juntos los actuales líderes del Psoe y adláteres, hasta el punto que lamento que tanta gente que les vota o ejercen en política ideas con las mismas siglas se vea perjudicada por el rodillo sentimental de la separación de clases o la explotación de la idea de endogrupo. Pero la honradez, que parece una virtud, es lo mínimo que exijo a un político y a una persona en general para votarla y tratarla, y no me asegura nada por sí solo acerca de las virtudes para gobernar. También he de decir que entre la derecha existe un arco tan heterogéneo que, entre unos y otros podrían montar varios partidos políticos y no coincidir en apenas nada. Es más, posiblemente lo peores enemigos en el PP se encuentren dentro del mismo partido. Eso sin hablar del arquetípico sujeto engominado moral que traza sus argumentos asumiendo que su punto de vista es tan fijo como su cabello. Pero de esos, con una facha u otra, existen en todos los partidos y quizás los peores sean los que obligan a los demás y les coaccionan esgrimiendo como razón la libertad o la igualdad. Los tenemos de todos los colores y cada cual es libre de dejar más chicha para las partes bajas o las altas a la hora de convencer a sus entregados fans. Y en ello moralmente no puedo negar que es más justificable comprender a quien se juega su vida y el bienestar de su familia que a quien recibe inconvenientes en un debate.

En resumidas cuentas, por unas razones u otras, tanto ruido impide que veamos lo estrictamente esencial y aunque alguno lo pregone, todos a su manera contribuyen a lo que somos y tenemos, pero con una salvedad. No todos son iguales, ¡Por Dios no! Lo complicado es discernir en qué es cada uno diferente y cómo afecta ello a los intereses del país, de lo cual se deduce que la buena intención vuelve a ser perjudicial y que incluso puede igualar al que trama los planes más abyectos.

jueves, julio 11, 2013

El error del Rajoy

Lo primero que debo decir es que los errores de Mariano Rajoy como responsable máximo del PP no son exclusivos ni malintencionados, es más, diría que es una impronta que conlleva un anverso y un reverso tradicionalmente propio de la derecha española.

C O M U N I C A C I Ó N

En esta vida todo rasgo humano implica unos efectos determinados, unos vistos como favorables y otros como desfavorables. Por ejemplo, un perfil resolutivo marca la iniciativa pero por el contrario puede ser tachado de autoritario, un perfil suave resultará menos agresivo para algunos pero flojo para otros, toda decisión conlleva unos efectos implícitos positivos y negativos que cristalizan al combinarse con los receptores, los ciudadanos, su idiosincrasia y los aspectos dominantes que marcan la idea de "normalidad" de la población.

El hecho de que una persona sea íntegra, honorable o incluso sobresaliente, poco o bien poco podrá dejarse relucir con una una nefasta campaña de comunicación. Repleta está la historia de dirigentes que pudieron hacer mucho por sus respectivos países que se quedaron a las puertas de la política; y lo contrario, atractivos personajes que fueron idolatrados sin disponer de un trasfondo más grueso que una hoja de papel. Entender que la naturaleza de un individuo no se corresponde necesariamente con la percepción que tiene la población es importante para dedicarse a la política en primer plano, pero vital si uno se dedica a asesorar a políticos. Eso, por increible que parezca, no parece suceder en el PP.

Recuerdo haberle visto a used señor Rajoy en dos ocasiones, la primera en Calella de Palafrugell hace ya un montón de años en la que departía con Sánchez Llibre y la segunda coincidiendo en un mismo vuelo en 2008 hacia tierra mejicana. Yo iba al igual que usted con mi familia. En ninguna de las dos era presidente y yo no soy persona que suela hacer aspavientos. Posiblemente de haber sabido lo que cuece usted entre manos no me hubiera resistido a tratar de captar en usted la atención, no por el hecho de tratar con alguien importante, sino por responsabilidad.

E L  E R R O R

Mi padre estuvo metido en política un breve espacio de tiempo. El suficiente para desencantarse con el tipo de personas que pululaban con la idea de medrar sin más propósito que su ambición personal. Justo una de esas personas fue la que llegó a ocupar su posición. Mi padre fue un ingenuo que iba con el lirio en la mano y se pensaba que sus ideas de justicia serían acogidas con entusiasmo. De hecho hasta era carismático, pero una buena o mala comunicación puede tirar por tierra incluso hasta a un excelente candidato.

Yo le vi a usted y me gustó en el programa de Jordi Évole cuyo nombre ahora no recuerdo. Fue la primera vez que se salía de un guión establecido y en la comparación con un inseguro Rubalcaba ganó usted por goleada nada menos que en la Sexta. Ese ejemplo no le cundió ni extrajo del mismo conclusión alguna. Debió pensar que la comunicación es necesaria únicamente cuando uno aspira al cargo y no ya cuando lo ocupa. Algo por otro lado bastante común.

Mire señor Rajoy, en sus relaciones personales, entre amigos o colegas, usted puede presumir o ser discreto acerca de la fama o reputación que sea. Incluso le diré más, cuando interviene en los debates sobre el Estado de la Nación, su oratoria es infinitamente más capaz y sus argumentos estructurados de forma lógica y precisa que sus rivales socialistas, pero ¿Se da cuenta que entre los medios de comunicación usted o no gana por goleada o ni siquiera vence? Yo he leido a gente que daba la victoria a Zapatero o a Rubalcaba hablando en un debate, lo cual debería dar una idea a usted y a sus asesores de qué poco tiene que ver la política y su comunicación con la realidad.

La política crea un mundo paralelo capaz de influir en los individuos. La comunicación permite trasladar a las personas un mensaje y de resultas de una buena o mala comunicación, dicho mensaje coincidirá con la expectativa pretendida o fenecerá en el intento.

L A  C L A V E 

Lo primero, para informarse sobre la realidad usted debe conocer sobre ciudadanos que pisan la calle y que no estén únicamente rodeados de individuos socialmente simétricos porque arrojan una visión desde un único ángulo. Algo parecido a lo que sucede a los políticos, periodistas o personas que por su frenética y urgente labor de actualidad, descuidan la realidad que azota diariamente a las personas de carne y hueso. Esta carta debería ser distinta a lo que oye usted normalmente en su alrededor.

En comunicación, actualmente existe una absoluta superioridad moral de la izquierda en España, pero si ya le hablo de donde yo vivo, en Cataluña, el asunto se dispara todavía mucho más. El elemento del ambiente, la idea de disponer de una aprobación de grupo afín es fundamental entre las personas en una sociedad. Si uno es de izquierdas en Cataluña o nacionalista puede pregonar sin ningún temor sus ideas e incluso increpar en público a los que considera hostiles (adivine), pero si tiene ideales cercanos al PP, lo más prudente es que se calle y no entre en deseos de montar una trifulca. Recuerdo que hasta la persona de mi banco que me atendía en la caja llegó a decir a voz en grito "Esto es más feo que votar al PP". Cataluña se está escapando y muchas personas que, fíjese usted, votaban a CiU en las autonómicas y al PP en las generales, ahora ni se plantean lo segundo. Sí que es cierto que el PP no ha tenido malos resultados electorales en mi tierra, pero diantre, el Psc lo ha hecho tan rematadamente mal que entre Ciudadanos y ustedes se han repartido parte del pastel del cinturón industrial de Barcelona. Incluso Badalona está gobernada por un alcalde del PP, cosa que se advierte por los ataques más que continuos que ha sufrido de La Vanguardia y "pedanías".

La política viene marcada por tendencias de opinión que son difíciles de mover como un gigante pesado. Es muy difícil conseguir una buena imagen, pero relativamente fácil una negativa y quizás sea cierto que cuando uno toma la iniciativa es más susceptible a cometer errores que si se mantiene en segundo plano, sin embargo el error de omisión lleva a que otros tomen la inciativa y que cuando uno se piense que puede reaccionar, sea ya tarde, no para usted, sino para el país.

El PP siempre ha mantenido un voto incondicional dado que en España no existe alternativa electoral alguna de similares principios. Si usted fuera derrotado en las urnas, aunque fuera por un escaño, o volveríamos a presenciar una pinza nacionalista o tendría prácticamente la totalidad del resto del arco político pactando en su contra. Ese espacio irreductible con un margen determinado, debe tomarlo como del partido, ni suyo ni de ningún candidato. Ahora bien, lo importante es toda esa gente que, o bien suele votarle y empieza a dudar por el ruido existente o los indecisos que cada vez se alejan de un partido azotado por los casos de corrupción en los diarios, con razón o sin ella. Toda esa gente es la que le da o le quita el cargo que ahora tiene.

Bien, pues ahora le explico que es lo que usted está propiciando al tener la boca callada en su convencimiento de actuar conforme a justicia y honradez.

El criterio de autoridad moral al que antes refería es un manto de presión social de incalculable valor del que se han valido muchos estrategas políticos en la historia para manejar a la población. Así descrito puede parecer maquiavélico, pero el mundo de la comunicación es puramente artificial. El Psoe y el Nacionalismo no hace otra cosa que valerse de una comunicación basada en símbolos sentimentales que son la mejor manera de acceder a los indecisos y al grueso de la población joven. Se buscan las afinidades de modo que se materializan las aspiraciones de una mayoría de ciudadanos y se les da voz como si el partido, además de ser en realidad el precursor de la incitación, fuera el canalizador de sus quejas y pretensiones. En resumidas cuentas, no dar razones para justificar al propio partido ni decir lo que uno piensa que piensan los ciudadanos, no por favor, al contrario, conocer de primera mano lo que realmente se cuece y ratar de ponerse en el lugar de las personas sobre los temas que se estén hablando. Si se habla de corrupción ustedes no pueden decir que eso no preocupa a los ciudadanos sino el empleo o cosas más importantes, el empleo les preocupa por supuesto, pero sus razones suenan sistemáticamente a recurso mecánico de expulsión de balones y nulo compromiso.

Yo entiendo que en la vida privada, uno no debe dar explicaciones de todo lo que hace porque la reputación de sus acciones le debería preceder y acompañar, pero en política JAMÁS eso es así y le diré porqué.

Entre las personas que tienen afinidad con sus ideales, sus potenciales votantes, existe un entorno mayoritariamente dominado por los medios de comunicación y entretenimiento que arrojan una imagen de usted o su partido determinada. Esa imagen entre esas personas, si es negativa, los convierte en individuos en inferioridad moral y los aísla cuando se relacionan en un entorno heterogéneo. Cuando las personas se arengan entre ellas es cuando tienen motivos en su ambiente que les incite a hacerlo. Es la idea de endogrupo que genera una cohesión y un compromiso. Si usted renuncia a dar explicaciones, no una, sino en numerosas ocasiones, y no sólo eso, si usted no toma la iniciativa y no se propone marcarla, otros la tomarán y marcarán los tiempos y la presión social de todos aquellos individuos cercanos a sus principios que se hallen aislados, acabarán renunciando a su quijotesca labor y entrarán en el escepticismo. El factor de ánimo que propicia encontrar argumentos a favor a diario y no defensas numantinas de acometidas con gran pegada y visos de verisimilitud, es la diferencia entre aglutinar a una población en torno a un grupo o permitir que se disgrege y se alcance la impotencia y la frustración. No se trata de lanzar balones fuera NUNCA, se trata de saber qué piensan realmente los ciudadanos sobre los temas que para desgracia de usted ya están marcados por la actualidad mediática. El hecho de que usted renuncie a ellos o los ningunee pensando que su labor técnica arrollará a la anterior es una quimera que toma por seguro la capacidad de la racionalidad por encima de la emotividad en el factor clave de llegada a la ciudadanía. Mil razonamientos nada pueden contra un estímulo sentimental, pero no como el de la "niña" por Dios, la única emoción que causó fue la risa.

La comunicación debe ser óptima en el plano cuantitativo pero también cualitativo. Usted debe tratar de quebrar esa superioridad moral de la izquierda aún asumiendo la extraordinaria dificultad y si bien me consta que su carácter es poco proclive a enfrentar situaciones, sobre cada decisión que usted toma o no toma, se derivan de inmediato unos efectos que puede que piense es capaz de calcular con encuestas o políticas determinadas, pero la clave es la comunicación, de lo contrario la gente dará por sentada la mejora y no le señalará como "salvador" llegando a ser crítico incluso en la bonanza. La gente nos acostumbramos a lo bueno con demasiada facilidad, ni se le ocurra pensar que una mejora económica implica una victoria en las urnas si la comunicación no es la adecuada. Los políticos no son únicamente gestores o al menos, para serlo deben existir aquellos que animen a la población y les den razones para la confianza. Su política actual y la del PP en general incluso con Aznar, siempre ha estado bastante supeditada al coloso mediático que elude la responsabilidad con facilidad y anima a ver las cosas con una simplicidad extraordinaria vestida de altas expectativas.

¡Haga algo ya!

miércoles, julio 10, 2013

Los visos de verisimilitud

Hoy he recibido un mensaje en el que se proponía la lectura de unas frases en cuyas palabras sólo la letra inicial y final eran las correctas, el resto estaban alteradas, de manera que la misión del lector era comprobar si era capaz de hallarles sentido, y lo curioso es que así ha sido.

Las personas rellenamos todo lo que nos rodea dándole un sentido que en buena lógica sigue la coherencia de nuestro modo de pensar, es decir desde la adquisición hasta su procesamiento y retención. Con este sencillo experimento se puede comprobar como las personas nos dedicamos constantemente a inferir razones, motivaciones o circunstancias ignorando muchas veces si al hacerlo somos estrictamente escrupulosos o completamos esa información. Ello no topa o choca contra lo que podríamos determinar "la lógica de los hechos" sino todo lo contrario. Justamente debe existir una precisión mayor a la hora de discriminar la información para sentar si por alguna causa nosotros estamos inconscientemente aplicando un juicio de valor sobre tal situación que no necesariamente se corresponde con la realidad.

Por otro lado, existe un principio económico-filosófico interesante que podría ser aplicable a la cotidianidad en el que en igualdad de condiciones, la explicación más sencilla suele ser la correcta. Se debe enfatizar la palabra "suele" que estipula una alta probabilidad, ni más ni menos. Es la "navaja de Ockham".

Con semejantes referencias empíricas, especialmente en el caso de la segunda, parece que la rumorología estaría de suerte pues cada sospecha sobre un ciudadano prácticamente le llevaría a su acusación. Ahora bien, el principio citado se basa sobre hechos, no sobre sospechas a su vez basadas en dires y diretes o incluso en declaraciones de personas que tienen el convencimiento de una realidad determinada. Por tanto hablo de la aplicación de este principio a realidades contrastadas.

En la actualidad, la idea de completud en la que se da forma a información incompleta es el patrón conductual de una población hastiada por casos de corrupción y crisis galopante, de modo que cuando uno escucha o lee un titular informativo, por lo general además de no incidir profusamente en el texto que lo acompaña, suele inferir una historia detrás que se convierte en juicio de valor. Algo que, en ocasiones es un propósito de esos periodistas "malísimos" que citaba Isabel Sansebastián que por partidismo mal entendido, rencillas personales, auto atribuciones exageradas o mero interés en medrar, se producen diariamente en el proceso de elección, tratamiento, interpretación y divulgación de una noticia. Sin histerismos ni exageraciones es posible admitir que los periodistas son susceptibles de lo mejor y lo peor al igual que los políticos a quienes con recurrencia son protagonistas de sus portadas. Eso sería razonable y tendría visos de verisimilitud admitirlo, y lo contrario podría achacarse a una empática visión corporativa, lo cual tampoco implicaría un juicio a todo el periodismo que como defensa automática suelen enarbolar con rostro ofendido los que se sienten aludidos con motivos o sin ellos.

Pero si esas personas son susceptibles a lo que el resto de la humanidad, en el caso de los receptores, los ciudadanos de a pie ya ni hablamos. La maleabilidad de la población es total dado que toda la información que le llega proviene, no de la realidad directamente, sino de esos intermediarios que otorgan o no visos de verisimilitud a los hechos que investigan o analizan. Eso los escrupulosos por supuesto, los otros, los que se auto convencen de una labor necesaria y se eximen de responsabilidad entendiéndose mensajeros de la información a la par que escogen el tiempo, el modo y la manera de vertir su información con criterios particulares y discrecionales no pueden apelar a su condición de intermediarios asépticos. Influyen incluyendo sus propias razones a los hechos y a la información existente de mil maneras distintas, no en los foros de opinión, en sus editoriales o en sus cartas o participaciones en debates, sino en las portadas de sus medios. Todos lo hacen, todos escogen lo que quieren entre una maraña de información y estipulan qué es lo relevante para el ciudadano y cómo lo van a recibir.

Personalmente creo que la sospecha de corrupción en la financiación el PP es bastante generalizada entre la población. Cuanto menos la sospecha. Y no podría ser de otro modo, el bombardeo mediático desde los trajes de Camps ha sido y es tan intenso que a fuerza de voluntarismo periodístico de los "verosímiles" la información vertida acaba calando, no únicamente en los consumidores de noticias, sino en sus creadores. Como reza el refrán, "Cuando el río suena, agua lleva" es un ejemplo aplicable con un Amazonas mediático empeñado en un tema desde hace años.

En el caso concreto de Bárcenas he escuchado ya dos veces de dos periodistas no precisamente desconocidos la referencia a la verisimilitud en relación a sus acusaciones, del reo, sobre la plana mayor del PP. Ese asumir "visos de realidad" a la historia del extesorero me ha parecido entender que se basa en varios hechos:

- La reacción y declaraciones de varias personas dentro del PP que podrían haber manifestado las irregularidades de Bárcenas e incluso que se "cocían" trapicheos con sobres en las sedes de los populares.

- La inacción de Rajoy ante el desafío de Bárcenas, entendida como una deseable respuesta en tromba que muchos de los analistas exigían.

- La correspondencia de algunos hechos descritos por Bárcenas con la realidad confirmada por sus protagonistas. 

- Los propios papeles de Bárcenas por ser originales, estar supuestamente escritos en distintos estadios temporales y aportar consistencia a lo que en su día fue publicado por el País

Esos son los puntales de aquellos que con buena fe llevan al terreno de la acusación y por tanto al terreno de verisimilitud el órdago de Bárcenas. En este escrito sólo me refiero a los que parten de una buena fe, como en el caso de Isabel San Sebastián del que estoy convencido por su patrón conductual y gestual que es el caso.

Ahora bien, en un correcto análisis deberíamos contraponer otros datos. En la lectura y exposición de los dos tipos de datos puede que no cambie nada sobre lo que piensan las personas y han llegado a inferir porque una actitud no se forja exclusivamente con datos, es mucho más, es todo un conjunto de esquemas que se añaden y que producen afinidades o rechazos ante situaciones que comportan un criterio global como la manera que tenemos de completar las palabras desordenadas.

Así se podría sostener que:

- No tiene demasiado sentido que los altos dirigentes del PP con Mariano Rajoy a la cabeza estén en política para enriquecerse.

- No tiene lógica que exista una contabilidad B por escrito como si de una A se tratara referida al PP

- Sí tiene lógica que Bárcenas tratara de cubrirse las espaldas considerando que es un hecho probado que tiene una ridícula cantidad de millones en Suiza

- Sí tiene lógica que Bárcenas no actuara solo

- Sí tiene lógica que Rajoy no reaccione ante hechos que suceden en su partido. Su tendencia a rehuir la confrontación, al menos en público, es un patrón personal del presidente.

- Sí tiene lógica establecer una mayor credibilidad sobre Rajoy que sobre el propio Bárcenas

- Sí tiene credibilidad que aceptar la honradez de Rajoy y la plana mayor no implique que no existieran manzanas podridas dentro del partido que se aprovecharan de la parsimonia y la ingenuidad estratégica antológicamente demostrada por el líder del PP

- No tiene lógica aceptar unos apuntes por el mero hecho de ser originales, pero mucha menos cuando el que las ha confeccionado ha demostrado mentir con anterioridad con absoluta facilidad y tiene justamente la prueba del delito con el que acusa a otros en sus cuentas en Suiza

- No tiene lógica recibir dinero negro y dar un recibo por ello si ocupas un cargo, pero esa lógica depende de la lógica de los que participan.

- Si tendría lógica que Bárcenas fuera el depositario de las cuentas de otros cómplices en el PP y que por la lógica anterior en la que se establecía que no actuaba solo, rechazara asumir en solitario la culpa de tales acciones

La lógica de un hecho viene a ser una atribución por unas causas determinadas para inferir unaa probabilidad pero no una causalidad, de modo que establecer un veredicto como si fuera una sentencia, implicaría asumir que la hipótesis que uno formula es cierta y debe demostrarse falsa. Psicológicamente ello es así, no es fácil cambiar la mentalidad de la gente que asume "normalidades" de otros, ni debe ser el propósito, pero una cosa está clara: los medios de comunicación tienen la facultad de hacerlo y algunos lo hacen aunque desdeñen airadamente su responsabilidad amparándose en la falsa utopía de un mensajero que traslada una noticia de manera inmaculada desde su origen a su destino.

Muchas de las libres inferencias y conjeturas que he hecho son tan libres y capaces como las de los periodistas, pero con la salvedad de que muchas de aquellas llegan a ocupar para sus consumidores rango de verisimilitud en connivencia con los autores y su alcance cuantitativo es extraordinario. 

Me llama la atención poderosamente que esté escribiendo sobre el juicio mediático paralelo, ya que en el jurídico se supone que el rigor es mucho más alto y las presunciones no son más que datos circunstanciales. Eso es porque la responsabilidad de los medios de comunicación no es la que ciertamente justifican. No están dando la noticia, la están creando y la dirigen hacia donde discrecionalmente determinan. Las filtraciones por entregas son para mi un caso de corrupción mayor que unos sobresueldos, pero al igual que éstos o los pagos de empresarios en B, son aceptados por los periodistas con normalidad y alguna referencia airada que ayude a demostrar integridad. El sistema no excluye la catalogación moral de las personas por su condición profesional aunque se haya creado un prejuicio insalvable sobre la clase política tan merecido como decir que todos los periodistas tratan de medrar a base de noticias llamativas sin importar su origen o modo de darlas.

Insisto como ya he dicho en otros escritos que la verdad, esa que os hace libres, está por todos lados y la conoce mucha gente y otra está convencida de conocerla, lo cual es distinto. La corrupción de cargos medios en España es extraordinaria, la dejación, la negligencia, la no asunción de responsabilidad, el puesto vitalicio y las élites que presionan con sobres bajo mano existen y me atrevo a decir que acusar al PP nacional con Rajoy a la cabeza, es justamente la decisión más injusta posible habida cuenta de otros hechos conocidos y desconocidos. Esa es puramente mi opinión basada en mi conocimiento.

La idea de verisimilitud que sostienen algunos es absoluta, es decir no toma la relativización de ese hecho en comparación con la realidad. Eso lleva a que traten de matar hechos como moscas a cañonazos, quizás porque las personas no sean moscas sino gente importante, pero su idea de verisimilitud es la que pone en vilo a España y la que en caso de que se equivocaran, no llegarían a asumir más responsabilidad por su error que el olvido. Es un precio muy bajo por dar conjeturas vestidas de noticias y hacer un culebrón de unos hechos que no admiten demora ni circo a su alrededor, esa es la única honradez del periodista que pretende justicia y siempre mira hacia afuera.

Su deber es una acitud tan maleable como su opinión.
 

martes, julio 09, 2013

Los "slots" de Pedro J

Hoy en la Mañana de la Cope, dirigido por Ernesto Sáenz de Buruaga, el ínclito Pedro J. ha justificado la tardanza de un mes en publicar la entrevista a Bárcenas por no hallar hueco en los "slots". O sea, que viene a decir que no tenía espacio donde publicar esa primicia dado que la actualidad era tan desbordante y trascendental que dejaba las acusaciones del ahora reo en una noticia sin interés en la comparación.

Estas declaraciones resumen al periodista en cuestión, porque de verdad que hay que tener un par de slots libres para atreverse a pertrechar semejante argumento y quedarse tan tranquilo. Primero porque con ello, el director del mundo destroza la idea de Periodismo e información por criterios puramente de productividad o efectividad. Algo así como distribuir los titulares "suculentos" en espacios temporales y así no malgastar potenciales de atracción.

Luego porque arroja la posibilidad de que se pueda inferir un propósito en la oportunidad de la publicación dada la coincidencia de Bárcenas ahora en la cárcel.

Y más tarde, porque una noticia guardada para presentarse con posterioridad ya no es información y el transmitente un mensajero, sino un juego de alguien con suficiente poder como para interactuar con la población determinando qué debe saber y cuándo. Por tanto hablamos de un grupo capaz de influir con unos propósitos determinados que no tienen nada que ver con una labor de intermediación, sino de interpretación y modulación de la realidad.

La responsabilidad que el periodista esgrime para justificar su labor es la de ser mero transmisor de la información, pero esa información es intermediada por un mensajero en tanto es ofrecida sin existir un propósito de por medio que la adultere. Soy consciente de que al publicar una noticia los factores de interés empresarial, personal, partidista o de otra índole suelen ser inherente a los profesionales, que son personas a fin de cuentas, pero eso que se puede inferir por portadas, fotografías, editoriales, artículos de opinión, etc. ha quedado nítidamente retratado y es prueba de cargo al salir de boca del director de El Mundo. Relatar como una noticia en la que se acusa nada menos que a la plana mayor del Gobierno de la nación por un reo, vendido como bomba atómica por algunos sectores, es reconocer el rechazo al periodismo entendido como transmisor de información y acoger el de empresario en el sector del cuarto poder que modula los tiempos buscando la idoneidad de una noticia según sus propios intereses.

Defender a Pedro J. con semejantes declaraciones es un error o una necesidad, como la de esos profesionales que justifican trabajar en sectores amarillistas para poder comer, pero en ningún caso es Periodismo.

Yo no le concedo ni "deber" ,"ni periodista", pero sí dos "slots" bien grandes.

Periodismo

Es posible que en la actualidad la idea de información sea el arma más poderosa de cuantas existen en el mundo mediático y globalizado. Es cierto que la información se supone que no es un arma, sino datos acerca de la realidad que se trasladan y ponen en conocimiento de los ciudadanos por personas que ejercen de captadoras, depositarias e intérpretes de la misma. Un proceso que, como en la vida misma, se lleva a cabo por individuos con sus preferencias, intereses, afinidades y necesidades. De ese modo podemos ver a profesionales del sector que, por ejemplo justifican su inclusión en el amarillismo o el sensacionalismo mal llamado del "corazón" como la única alternativa viable, no del deber de informar, sino de subsistir como persona con un salario para comer. Cada sujeto puede adoptar un papel conforme a su situación personal ligado al éxito de su carrera. La misma vida en sociedad nos muestra que existe un convencionalismo poderoso que nos mueve dentro de unos raíles que permiten unas formas de actuar y repudia otras, es la presión social. Esa presión social no resulta más que de medios de comunicación y entretenimiento cuyos altavoces son los más potentes y en definitiva los únicos que llegan al ciudadano tipo que desempeña una vida considerada "normal". Desde ese hecho consumado que es el papel de los medios para influir en las personas se puede entender que los generadores de presión social son justamente los captadores, depositarios e intérpretes de la realidad. Pero hablamos de un proceso que involucra tres fases y que debe amoldarse a un orden establecido forjado por los estereotipos creados y los distintos grupos de población con afinidades e intereses concretos.

El proceso que existe en el tratamiento de la información no es de generación espontánea, no es un elemento transparente como una cámara y una entrevista improvisada o no acordada de antemano. El caso citado puede ser una parte nimia y desgraciadamente poco empleada de lo que se considera periodismo e información a día de hoy. En el camino de esa información que ahora mismo analizo por mero sentido común existen personas que deciden continuamente acerca de su captación, depósito-tratamiento e interpretación. ¿Cómo? Primero decidiendo dónde deben trasladarse los profesionales para buscar la noticia y dónde no, segundo estableciendo un filtro sobre qué noticias se van a publicar de las captadas y cuáles serán arrinconadas o eliminadas y tercero interpretando las noticias ofrecidas de mil maneras distintas de modo que con ello se pueda modular un énfasis dirigido a resaltar lo que para ese grupo editorial es relevante y qué no lo es. Sin embargo, si ya existen variables a tratar en el camino, sobre cada cual en particular existen muchas más consideraciones que hacen del periodismo una profesión tan susceptible de la discrecionalidad de sus protagonistas, cuanto menos tan significativa como en otras profesiones pero con una salvedad: la responsabilidad de las consecuencias de esta profesión.

Es común leer o escuchar a periodistas, al menos yo los he leido y escuchado, exonerándose de la responsabilidad de una gran parte de la información que ofrecen porque asumen su labor como el ejemplo que ponía de una cámara improvisada ante una persona que es noticia y se le observa sin interferencias. Es decir, sobre todo el proceso de captación, depósito-tratamiento e interpretación que se decide por parte de esos profesionales tanto en el qué como en el cómo parece que no cuenta como objeto de responsabilidad o, si llega a contar, será determinado por un tribunal colegiado de colegas periodistas que, podría ser lógico pensar, no van a instituir más responsabilidades de las que ahora tienen dado que se las imponen a ellos mismos.

Así, se entendería el periodismo por un periodista como una intermediación transparente de lo que sucede y por ello, al instituirse en meros mensajeros de la realidad, no pueden asumir formar parte de esa realidad sino un mero partícipe que da conocimiento a la población de dicha realidad.

Desgraciadamente a día de hoy, entre muchos profesionales que se relacionan con la administración podría existir conocimiento directo de prácticas no compatibles con la legalidad. Podría decir que una parte significativa de la población podría haber presenciado o incluso participado en usos instituidos relacionados con dinero e intereses. Yo, como cualquier periodista podría tratar de inferir visos de verisimilitud sobre las cosas en relación a determinados periodistas. Podrían ser ciertos o falsos, pero razonable pensar en su coherencia. Por ejemplo, sería extremadamente difícil pensar que los grandes responsables de los grupos editoriales desconocerían las mecánicas de las empresas intentando influir en el modo que la administración debe tomar sus decisiones. Quizás sería posible admitir que podrían tener conocimiento por rumores o por vía oral de personas implicadas o testigos de tales prácticas, pero en cualquier caso a mi me resultaría muy difícil admitir que todo los grupos editoriales del periodismo español podrían entender que, entre las relaciones de una parte del empresariado (una parte) y una parte de la administración no existirían pagos en metálico para influir en las decisiones, no ya por concesiones o prebendas, sino que se legislara, decidiera o reglamentara para potenciar un sector o que incluso no descuidaran sus compromisos electorales. Vamos, que presuntamente los periodistas podrían inferir, saber o conocer que muchos cargos intermedios y no tan intermedios, podrían presuntamente recibir pagos por hacer políticas que van en el sueldo de su responsabilidad.

Si ello fuera así, sería razonable entender acerca de la responsabilidad de esos periodistas sobre la información que se ofreciera y el énfasis que se dieran a las noticias, porque deberían escoger sus "slots" entre los existentes y al hacerlo, estarían decidiendo que parte de lo que entienden está sucediendo ocupa un puesto relevante en los intereses de los ciudadanos y cuál no. Por ejemplo, si existe una corruptela de un político importante y se publicita en portada, posiblemente la graduación que los lectores harán de la noticia distorsionará su rasero convirtiéndola a equiparable a otra en la que personajes no tan conocidos han llevado a cabo corrupciones a gran escala, pero que no han sido publicitadas en igual énfasis e insistencia.

Para ello existen unos factores que podrían ayudar a explicar la verdadera independencia, pero sobre todo la justicia y honradez del periodismo: el factor tiempo, el factor de interpretación y el de énfasis.

El manejo de los tiempos. Si un grupo editorial maneja la idoneidad en el tiempo de la publicación de una información en función de su coyuntura como medio, estará primando sus intereses como empresa a la información ofrecida. Ello si el interés es la empresa y no existe un objetivo ideológico concreto, o lo que sería peor, un interés personal. La información no puede ser depositada para desplegarse a voluntad de la editorial, en ese mismo instante está siendo tratada e interpretada y por tanto pasa a ser susceptible de responsabilidad por tal decisión.

Otro elemento que es fundamental basado en el factor tiempo es cuándo debe publicarse una noticia, si esperar a disponer de una información contrastable que no responda a intereses de parte o publicar por entregas las pesquisas y las deducciones que hagan los profesionales del medio. En ese caso, el factor empresarial choca directamente con la información cierta y los juicios paralelos se convierten en justicia manchada de intereses que si se vulneran recibirán una exigua compensación al honor ultrajado.

El factor de interpretación. En realidad es la clave de cualquier noticia y es el que convierte a los periodistas en sujetos plenos de deberes y derechos y no en meros depositarios de la información que supuestamente trasladan inmediatamente. Decidir qué información se publica y si existe tratamiento interpretativo es fundamental, pues de cada injerencia subjetiva susceptible de hallarse en un titular, en un párrafo, en una fotografía, se distancia totalmente de la idea de mensajero aséptico capaz de eximirse de su responsabilidad por "trasladar" la información.

El énfasis. Implica la decisión de un grupo editorial de centrarse en una noticia poniendo el foco y los altavoces a todo lo que gira alrededor de la misma. Ello no es en sí mismo nada recriminable en tanto el medio manifieste las razones que tiene para poner dicho énfasis y no existan casos similares o de mayor importancia que queden huérfanos en el tratamiento de dicho medio, pero es la potencial arma del cuarto poder para derribar un objetivo específico desde un plano personal, ideológico, político o de otra índole. Es posible que un medio centre sus recursos no infinitos en una noticia concreta dejando por ese motivo otras al margen, pero inferir dichas razones por parte del juez último (población) requiere de un esfuerzo de buena fe y la aceptación de que la elección distorsiona la realidad informativa por criterios de nuevo empresariales. Elegir un caso y no otro implica centrarse de manera cuantitativa y cualitativa en ese y por tanto enfatizarlo de modo que la población objetivo pueda aceptar que la repetición y el recuerdo constante impliquen un grado de importancia exagerado cuyo rasero distorsiona la realidad. Tener la capacidad de escoger entre la inmundicia o e incluso entre las noticias alentadoras lleva a no permitir como opción la ingenuidad o la ignorancia de los periodistas precisamente por la responsabilidad de los efectos incalculables que conlleva publicarlas.

No se puede tolerar una idea de mensajero de un periodista cuando su labor no es ciertamente el de mensajería. La información veraz debe ser idónea en el tiempo y no incompatible con la utopía. Precisamente porque muchos medios exigen de los demás modos que ellos no se ven obligados a cumplir en esa auto creencia de un deber en el cumplimiento de un derecho de los ciudadanos.

Pero ¿Quién fiscaliza a los medios? Unicamente los ciudadanos que justamente siguen las pautas marcadas por ellos. De modo que respiren tranquilos y sigan creyéndose sujetos de un deber aquellos que necesiten justificarse con ese tipo de palabras. Porque como ya he dicho, en el periodismo como en todo hay frutas sanas y podridas, pero quien muerde la porquería es el país entero. Un país que tampoco puede exigir más que lo que ofrece convirtiéndose en periodistas, jueces, médicos, etc. Al final es lo de siempre.

miércoles, julio 03, 2013

Omisión del deber de socorro en Cataluña

No voy a entrar en la retahila de consideraciones que los "antipatizantes" de Rajoy tienen sobre su gestión o su persona, porque me consta que existen y son unos cuantos, pero sí concretamente en una cuestión que ya sea por ignorancia, negligencia, ambigüedad, cobardía, prudencia mal entendida o falta de miras se está produciendo aquí en donde yo he nacido, en Cataluña. Algunas de las razones que he dado son de pasado y presente, es decir, negligencia o prudencia mal entendida hablan de una falta de respuesta ante una situación pasada pero especialmente presente que requiere de una decisión y acción simple y cabal: cumplimiento de la ley y respeto a los principios elementales que nos hemos dado en democracia; otra de las razones se refiere a futuro: la falta de miras. Cada día que pasa y no se hace nada, es ni más ni menos que permitir una deriva que irá creciendo exponencialmente y ahogará a aquellos que se vean en minoría por sentirse aislados y abandonados, por no decir que es un ejemplo de impunidad que viene a otorgar aire y razón a los que entienden la democracia y la tierra como ámbito de su poder y criterio único.

Esta bandera pertenece a un territorio y representa a todas las personas acogidas en el mismo. Es un símbolo y a la vez una institución aceptada en democracia con un bagaje cierto y una historia detrás. Esta bandera sin más, no discrimina a nadie, todo lo contrario, es generosa y un orgullo que habla de esfuerzo, de generosidad, de sufrimiento, de alegría, de todas las emociones que nutren a sus ciudadanos tan iguales o diferentes como todos los ciudadanos del mundo.



Pero existe un trozo de tela, un sucedáneo que se está extendiendo por la geografía catalana que únicamente viene a representar a un grupo de personas, poco importa que sea numeroso o muy numeroso, porque la característica de este otro símbolo es la escisión, la discriminación y en definitiva la separación de lo que unos han acogido como verdad milenaria sin importar que hace unos años, ese trapo era tan repudiadocomo cualquier otro que chocara con la Constitución.

Esta mal llamada bandera no representa a Cataluña, sólo representa a una parte de aquellos catalanes que han asumido una idea reciente por mucho que se nos quiera hacer creer que es parte de un rancio recuerdo de soflamas y reivindicaciones. Esta tela es un ultraje a la senyera que parece no ser suficiente para los que han dejado de verla como su símbolo. Ya no era suficiente enarbolar el símbolo de catalanidad que significa, había que imponer el de separación que otorga la estrella inserta en el extremo.

 


Poco importa que sea un 60, un 40 o un 20%, el número de personas que no se sientan identificadas como ese harapo, el problema es que existe gente que debe admitir por un imperio de la coacción asumido, su impune inclusión por doquier en carreteras, calles, mástiles, lámparas y demás parafernalia urbanística. Nada puedo hablar de quien instaura su identificación en su casa o propiedad y nada diré, pero sí entre el mobiliario urbano de las numerosas localidades nutridas de jóvenes radicales activos pero reacios a pensar nada más que lo que satisface su idea endogrupal y venderlo como un derecho asistido por razón y justicia.

La simiente de una abducción la he narrado agónicamente durante años anunciando su llegada. A base esencialmente de medios como La Vanguardia y TV3 que se han constituido como extraordinarios caballos de Troya capaces de normalizar a la población considerada moderada. Ello junto con las competencias de educación, nos han llevado a una realidad que todavía podía topar con la última lección de responsabilidad y no lo ha hecho: el mínimo respeto a las ideas de los demás no forzadas cuales vasos comunicantes. Me explico: el Nacionalismo - independentismo vende la idea de solapamiento de derechos, es decir, resulta imposible satisfacer la idea que tienen de sus derechos sin apropiarse los de los que piensan diferente a ellos. Eso nunca ha sido así formalmente (sí materialmente) en el pasado reciente, de hecho para una gran parte del electorado, fue una sorpresa la deriva de Artur Mas a la que ha resultado fácil adaptarse con la inestimable colaboración y bombardeo de los medios y las instituciones catalanas en lo que a todas luces fue , ha sido y será un plan tramado desde el comienzo de nuestra joven democracia. Las personas no llevan en su ADN una propiedad asumida ni unos sentimientos de apego exclusivos y prueba de ello es la misma historia de catalanes melifluos y dispuestos a medrar asumiendo con normalidad el orden mayoritario impuesto, no por la democracia, sino por lo quie ha venido a instituir como el subterfugio fundamental capaz de saltarse todas las barreras de justicia e igualdad: "la voluntad política."

Ahora bien, ¿Cuál viene a ser una de las debacles pasadas por alto por los cortos de miras, como Mariano Rajoy demuestra?

El ser humano es proclive a aliarse con la masa. Sí que en su ADN viene escrita la aceptación de una defensa grupal ejemplificada en grupos numerosos en los que se buscan criterios de afinidad y se propagan en forma de símbolos. Las personas buscan por defecto la aceptación del grupo en lo que hacen, y precisamente por ello es importante la idea de grupo, de cohesión, de una masa social que avala y soporta unas acciones u opiniones que fortalecen intereactivamente a cada persona con el grupo y viceversa. Ahora bien, los grupos se deben constituir y suelen surgir de frentes minoritarios que pueden crecer hasta convertirse en una masa social o fracasar por una serie de motivos hasta disgregarse por completo.

Uno de los factores importantes es la idea de interacción entre el individuo y el grupo y su derivada: la aceptación. Las personas suelen siempre buscar la adaptación a un grupo fuerte fijándose en aquello que le proporciona a él o ella como parte de ese grupo. No tanto cifrándolo en posibilidades ciertas de recursos, sino de realización personal e interacción igualmente social. Pocos a nadie tiene claro que la independencia pueda suponer un producto interior bruto específico o que la hostilidad con el resto de España suponga efectos positivos para sus ciudadanos en logros materiales y recursos económicos, pero una gran parte asume como una recompensa emocional indefinida transmisible entre el resto del grupo que permite a sus individuos una sensación de confianza y pertenencia a algo importante que les insufla emociones satisfactorias.

La manipulación de las masas nunca obedece exclusivamente a razones lógicas o sencillamente a argumentos. Ello vendría a ser un 20 o 30%. La catarsis obra gracias a la sentimentalidad, a la capacidad que unos tienen para provocar emociones en otros por símbolos que día a día se conforman en habituales y por tanto sujetos a la propiedad de cada uno de los individuos.

¿Y qué pinta Rajoy y las "esteladas" en todo ésto?  Mucho. Si tu permites a tus hijos realizar algo que no lo consideras adecuado o correcto, ellos se percatarán de que es posible repetirlo sin consecuencias para ellos e implícitamente asumirán que sus obras o no son tan incorrectas o que incluso son normales y hasta con el tiempo exigibles en su entorno. Este ejemplo es homologable. Todas las acciones de los seres humanos contienen una causalidad específica que conlleva unas consecuencias, pero es que en el caso que vengo hablando, las consecuencias son exponenciales y tan dañinas que ponen en riesgo algo más que un comportamiento incorrecto. La analogía con el niño es igualmente asimilable con el grupo. La búsqueda de aceptación de lo que el grupo diga es fundamental y para ello los primeros instantes son decisivos y condenan o sancionan la deriva instaurada.

Las primeras banderas independentistas eran producto de radicales posiblemente "nulo empáticos" que trataban de imponer su visión de las cosas contra viento y marea. Éstos siempre habían existido en Cataluña, el mismo Pujol es un ejemplo, pero no influían en el resto del total porque quedaban como parte marginal o radical que no recibía la aceptación o necesaria homologación, salvo obviamente en molt honorable que tenía su hoja de ruta trazada.

Así como ese experimento que proponía dejar un coche en un barrio pudiente una semana con las puertas abiertas y encontrarlo intacto, pero hacerlo de nuevo rompiéndole algunas partes y hallándolo tras los siete días completamente destrozado e incompleto, las personas necesitan un aval para pertrechar lo que no son capaces de realizar sin consentimiento grupal.

Actualmente en Cataluña crecen las esteladas por doquier plantadas por adolescentes voluntariosos recíprocamente azuzados por un compromiso con ellos mismos que ellos creen superior asignable a su tierra. Esa bandera no democrática pese a su color azul que no resta un ápice de totalitarismo se impone bajo la coacción en espacios públicos como una plaga de langostas, y cada una de ellas es un estímulo para que existan más y más hasta hacerlos a ellos más grandes y a los que pensamos diferente más pequeños e indefensos. Posiblemente si existiera un grupo de personas que enarbolaran banderas constitucionales arriando las telas anti sistema, podrían encontrar esa oposición que dice ser democrática y conoceríamos de primera mano altercados de esa sociedad que se cree tolerante y sólo practica si se obedece abiertamente a sus sentimentales sacerdotes.

Cada jornada impune que marca a los ilegales como normales y a los que padecen esa imposición como resignados ciudadanos, es un día más de injusticia y vulneración de la Democracia real con responsabilidad de derechos y deberes incluidos. Es aceptar ser tachados de "enemics" a todos los que no formamos parte de ese grupo y formalizarlo con la omisión elemental del deber de socorro que Rajoy no brinda. Es concluir que la desigualdad es inevitable para hablar y lograr éxitos, es sucumbir ante la mínima justicia de los hechos y aceptar la flexible sentimentalidad como razón de cualquiera a transgredir la ley. A mi no me importa demasiado el islote de Perejil, pero con Rajoy a día de hoy posiblemente sería marroquí, y muchos pueden pensar que eso no es relevante, pero se equivocan. Cercenar esa acción impidió muchas que pudieron llegar y que llegarán en Cataluña gracias a este señor tan semejante a Chamberlain que no quiere asumir que la ley es igual para todos y el respeto no es una reivindicación sino un sujeto inamovible sostenido por una dama con una venda en los ojos.


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