lunes, septiembre 30, 2013

Símbolos de juventud

Ayer se corrió una carrera del Mundial de Moto GP en Alcañiz. Una carrera que es una metáfora de muchas cosas, tantas como cada persona pretenda buscar en ella, desde la nada justificándolo con un "así son las carreras", hasta cuestiones más sesudas que podrían parecer incompatibles con la competición, pero hubo algo en lo que pudimos coincidir un gran número de espectadores durante unos instantes: en el momento que Pedrosa se fue contra el suelo, muchos, entre ellos los comentaristas de tv., tuvimos la sensación de que Márquez había sido el artífice del accidente. Una sensación fundada en experiencias anteriores, en conocer a Marc Márquez y su idea de la victoria bajo todos los medios. Una idea que posiblemente enardece a millares de jóvenes en todo el mundo y que incluso puede que les motive a justificarlo con pasión. El miedo a crear polémicas antes de hora llevó a que pronto se zanjara cualquier interpretación por tv. a la espera de que hablaran los protagonistas, pero la acción estaba hecha.

Lo llamativo es que puede que exista gente entre los seguidores de Márquez que estén sufriendo la crisis económica y hayan participado de ideas políticas y expresado en manifestaciones su descontento, sino su odio hacia los que ellos tachan de responsables. Desde luego que el piloto catalán nada tiene que ver ni con bancos ni con pufos inmobiliarios, pero eso es lo de menos.

La lección de ayer es una y bien clara: ganar a cualquier precio. Un accidente lo tiene cualquiera, un desafortunadamente incidente puede ocurrir cuando hablamos de motos a más de 200 KM/h rodando a centímetros, pero curiosamente hay un competidor ahora mismo, claro y definido que cuando rueda detrás de otro piloto, se teme por la integridad del que pretende adelantar y del potencial adelantado, y ese no es más que Marc Márquez, el casi ganador del Mundial de Moto GP tras su primer año. ¿Saben cómo se le llama a este tipo de actitudes por supuesto cuando salen "bien" para el "crack"? Tener huevos. Así que ya saben, hay que tener huevos en la vida y jugársela a costa de otros. Si la cosa sale bien siempre tendremos defensores y pasionales seguidores, eso sí, si la cosa saliera mal disponiendo de esos mismos huevos, prepárense a sufrir la ira de la Santa inquisición porque la rabia de los que trasponen su imagen en la promesa es inmisericorde y la cobardía su santo y seña. Nadie de esas personas pensará un solo instante que es más complicado aguantarse que tomar un atajo, que seguir las mismas normas que los demás pone límites e iguala las posibilidades con lo que sólo permanece el talento sin ardides en el duelo, no obstante ellos van con el "ganador", en su bólido o motocicleta y sólo desean la victoria, lo demás es palabrería. Menuda paradoja.

Todos los que vean un sermón moral o les moleste ver atacados sus principios competitivos, sean de un partido político u otro, vendan fruta, trabajen en un almacén o sean médicos u abogados, tienen un código determinado acerca de los medios para conseguir un fin o sencillamente no tienen ninguno. Un sistema interiorizado que ni ellos mismos conocen de manera consciente y que puede que sólo lo detecten sus cercanos cuando hagan con ellos una partida o al manifestar una serie de opiniones, más por el modo que por las opiniones en sí. El circo del espectáculo vende chutes de entretenimiento que parece sirva para soslayar la vida real, pero los que participan en el show de gladiadores venden cara su piel y cuando se caen o pierden, lo pagan de verdad de un modo u otro. Es posible que el coste aparente de levantar o bajar el pulgar sea demasiado bajo, pero en realidad el coste es muchísimo mayor, tanto que permenecará invisible incluso para los que apoyen las maneras del "talentoso" piloto.

Se está perdiendo esa costumbre de decirles a los niños que no hagan a los demás lo que no te gusta que te hagan a ti. Imaginen eso en un piloto de carreras, estar en el suelo por cupla de otro y que ese otro se lleve el triunfo. No, mejor no, miremos el éxito que tiene un resplandor tan brillante y esplendoroso que todo lo demás incordia.

viernes, septiembre 27, 2013

El propósito de Artur Mas

Me parece que en esa pluriambiguaencuestaquetratadeconseguireléxitocomosea se incluye algo parecido a ¿Desea mantener alguna vinculación con España? y en ese justo momento en combinación con las palabras de Soraya Fernández, portavoz del Psoe ha encajado todo en mi cabeza.

Si por algo tengo en consideración a CiU es por una máquina perfectamente engrasada especializada en la manipulación de masas. Sus componentes son a mi parecer cuanto menos brillantes y todas y cada una de sus palabras siempre han sido previamente tramadas y urdidas valorando sus consecuencias. Siempre en el terreno de la valoración, considero a Mas un tipo muy capaz de enarbolar complejos ardides y discursos en los que no deja ni una coma al azar. De hecho, a la par que considero la trama nacionalista una conspiración en toda regla, no he podido dejar de admirar la eficacia de sus métodos y lo estudiado de sus tácticas.

Por ese mismo motivo, reconozco que la revolución que viene planteando CiU desde que convocó elecciones me había dejado algo descolocado. El partido nacionalista siempre obraba hilando muy fino para no perder resquicios de poder, que es el motivo fundamental de su existencia, y aclaro, no el poder para gobernar Cataluña, hablo del poder en sí mismo como fin. La diferencia a la hora de discriminar un medio o un fin siempre se detecta en las consecuencias de las decisiones tomadas. En una persona inconsciente o extremadamente visceral puedes esperar un tono revolucionario, pero en un grupo especializado en tramar estrategias desde que el iluso de Josep Tarradellas exclamó Ja sóc aquí, jamás. Pero el caso es que Artur Mas se vió totalmente atrapado por su propia red y en el análisis computerizado de alternativas sólo le quedaba una: jugar fuerte. El líder de Convergencia había perdido la piedra filosofal, el toisón de oro, ese estatus de horquilla imprescindible que permitía a los nacionalistas vender lo que conseguían del Estado, criticarlos al mismo tiempo y responsabilizarlos de todo lo malo que pudiera suceder y además de eso, pasar inadvertidos en su gestión gracias a la connivencia pactista con los partidos nacionales. Si no se puede jugar la carta de miembro imprescindible, entonces se opta por la de: -."Te muestro a mi soldadesca independentista lograda todos estos años que pactaba con vosotros, o pactas o te la lanzo!"

Ahora bien, así como ERC sí tiene clara su idea de independencia, justamente con independencia del sentido común o del seny necesario, en el caso de CiU no me cuadraba su juego. El partido nacionalista sin un enemigo a quien culpar de todos sus males quedaría extinguido con rapidez, y después de haber vendido la gran maravilla que supondría para Cataluña cortar la relación con el resto de España, al comprobar la falacia, los ciudadanos pronto comenzarían a buscar culpables de sus males y más pronto todavía, aparecerían los partidos que sacaran tajada de ello. Por tanto, ¿Iba Mas de farol? Sí y no. ¿Cuál es el modo en el que CiU podría encajar su proyecto asumiendo por una vez la realidad? Mentir a los catalanes por lo que se dice y por lo que no se dice tiene un límite incluso con la complicidad de los medios de comunicación. Quizás sí esté clara la participación endémicamente visceral de las juventudes adoctrinadas que prometen un futuro de tensión y violencia para nosotros y nuestros descendientes, por ello gracias sr. Pujol y compañía, pero todavía están los que no se inmolan únicamente por la simbología y saben que la pela es la pela.

Y es en ese justo momento cuando traigo a colación la pregunta del conato de referéndum que habla de una vinculación con España. ¡Voila! ¡Estado libre asociado! Ese siempre ha sido el objetivo de Artur y los suyos, un objetivo calculado desde el principio que en su libre conspiración logra articular la idea de una Cataluña independiente compatible con la Unión europea y sin el trauma emocional que implicaría la lucha de partidarios. Pero es que hay más. Un plan tan maquiavélico mezquino y taimado no tendría visos ni con Mariano Rajoy, pero siempre nos quedará esa izquierda ambigua y dispuesta a lo que sea necesario por conformarse en el antónimo del PP, incluso cuando se trata de defender la ya triste idea de España, y es ahí cuando también cobran sentido las referencias de Soraya Fernández hablando de "encaje" y "referéndum".

El ingenuo de Mariano Rajoy solicitaba la entrada en el Consejo de Seguridad de la ONU sin meditar que España puede pasar sin despeinarse a régimen anti estadounidense. Aunque, si llega algún émulo de Zapatero quizás tendría el apoyo de China. España no garantiza nada a más de cuatro años vista fiándolo mucho. No me jugaría un céntimo por la prosperidad de un país que no garantiza jamás la lista más votada como sucede en Alemania, aún cuando no ha sucedido a nivel estatal,  los precedentes en CCAA y Ayuntamientos no presagian más que coherencia en torno a la idea de desbancar a los otros más que de legitimidad. Por ese motivo, esperen a las próximas elecciones generales para saber cómo irá eso de la unidad de España.

La independencia de Cataluña es un sinsentido de tales proporciones que el acto de falta de responsabilidad suscitado por Mas va a marcar el devenir de una Cataluña fracturada por una gran paradoja: los independentistas no contemplan el peso de los no nacionalistas porque sólo tienen un objetivo en mente inoculado desde hace décadas, de modo que articulan maneras totalitarias empezando desde su jerga y acabando por una maleabilidad de la legalidad semejante a la ley de casinos que se cambió para montar el casino de Barcelona. La costumbre ha generado una impunidad y creencia de control tales que no se admiten negativas, y eso chocará tarde o temprano con los que llevamos años aguantando en silencio que no se pueda estudiar en inglés, español y catalán, o que los canales públicos ofrezcan todo tipo de programación sectaria y emocionalmente incendiaria o que en lugares públicos escuches insultos sólo havcia una dirección y la normalidad suponga la violencia de decir que estás en contra del orden oficial, o que las esteladas ondeen en lugares públicos, o que 12 medios de comunicación estén de acuerdo con publicar una editorial conjunta, y así podría continuar un largo rato que hace normal que un nacionalista pueda despreciar una parrafada con cualquier desabrupto, eso es lo normal.


jueves, septiembre 26, 2013

Cataluña Vs España: Fight!!

¿A qué se enfrenta España con el desafío secesionista de Mas? Existen a día de hoy políticos y periodistas que se sientan con relativa placidez en el cómodo sofá de la ley. Ya sea desde un púlpito político, ante una cámara, un micrófono o una pluma apelan a la inexorable tinta que fundamenta la legitimidad de España como nación. Ese enquistamiento, muchas de las veces se conforma como el coto a un tema que ellos consideran de antemano zanjado. El caso es que la independencia de Cataluña, tal y como viene siendo tratada con astucia por el nacionaslismo catalán, dejó hace tiempo de ser un objetivo de alcance puramente legal. El error o la estafa por la que actualmente se traslada una falsa imagen de lo que sucede o puede suceder en Cataluña está siendo el guión de un plan ya trazado en el que todos los actores y especialmente desde Madrid, vienen reaccionando como se espera de ellos, es decir, sin inteligencia ni capacidad alguna para retomar el control de lo que es una conspiración en toda regla.

Los periodistas, políticos y supuestos expertos debaten uno y otro día sobre la misma cuestión como si de un reality show se tratara o más acertadamente, como si de un combate entre púgiles anduviera la cosa. Unos apelando al derecho a decidir enfundándose el manto de una democracia a medida de sus intereses y otros recurriendo a la legitimidad de las normas que fundamentan precisamente esa democracia. Una especie de bucle interminable que horada las mentes de los ciudadanos hasta la radicalización o el hastío, pero sin soluciones tangibles ni luminosas ideas. En realidad, parece que se trate de un espectáculo en el que unas personas pueden ensanchar su propio ego ante las cámaras o las ondas cobrando por ello un vale de realización profesional y unos eurillos que en tiempos de crisis y en cualquiera, nunca vienen mal. Lo que sin duda muchos harían gratis por convicciones u otras razones peregrinas, los debatientes crónicos lo repiten diariamente añadiendo más o menos gracia pero nula originalidad. Es algo parecido a las noticias en el deporte en el que cada día hay que vender noticias y hablar de algo.

Mientras tanto la realidad acontence ajena a los recreaciones periodísticas y políticas, y uno llega a pensar que ajena a las competencias gubernamentales de quienes se suponen deben dar solución al serio problema que vivimos. Como no estamos en Hollywood, aquí no existen espías ultra eficaces que saben lo que va a suceder antes de que lo haga, ni colaboradores con capacidades magníficas que encuentran estrategias efectivas para combatir los complejos ardides nacionalistas, ni mero conocimiento del terreno que pisa la gente normal para conocer el pulso cierto de la ciudadanía, tampoco bregados estrategas expertos en la manipulación de masas, ni sofisticados programas de realidad virtual que hagan simulaciones de las opciones disponibles, ni lobbies con suficiente prestigio e influencia como para extender mensajes que lleguen a convertirse en conocimiento asimilado, ni tan siquiera a cualquier publicista del PSC que busque entre lo más hiriente o sensible para lanzar su propaganda electoral; aquí todo eso, tal y como va funcionando el dret a decidir, parece que lo tengan en Cataluña y en tal manera que haga comprensibles las telarañas en las arcas para los asilos, colegios y hospitales. ¿Puedo yo creerme que la CNN emite un programa sobre Cataluña sin ayuda de ningún tipo? ¿Pienso yo que en este momento no habrá por todo el mundo lobbies de nacionalistas intentando borrar la palabra España a la hora de ser relacionados en su territorio? También puede ser posible que dos y dos sean cinco. Si se puede probar (que se puede holgadamente) que el nacionalismo ha empleado todos los recursos a su alcance en pos de un plan concebido ya hace muchos años y que ha dado unos resultados evidentes en este preciso instante, ¿Qué cosa no es posible para un partido como CiU tan embargado y arruinado como ricos sus próceres?

Ante todo problema siempre es fundamental un buen diagnóstico, ya que de éste partirán las supuestas soluciones. Si atendemos a los medios de comunicación, cada cual puede vivir en su propia burbuja de información y recursos con los que combatir al otro bando. Eso no es más que el punto débil de la naturaleza humana y su propensión a establecerse en endogrupos con los que lograr beneplácito y recompensas emocionales en forma de reconocimiento y su materialización: la reputación. Así, la mayoría de la población se suele distribuir en masas más o menos homogéneas que se nutren de unos presupuestos comunes que sirven para afianzar entre ellos un supuesto objetivo o idea de convivencia común, a fin de cuentas de elo surgen las nacionalidades, pero éstas, que son un producto humano, se pueden crear, alterar, modificar y con las correspondientes disonancias, incluso pervertir.

Para empezar, discutir con las personas sobre sus actitudes o filiaciones políticas desde el plano racional es estéril. Sí es cierto que existe gente con capacidad para alterar su propia visión de las cosas ante determinados planteamientos que pueden producir una disonancia cognitiva de entidad, pero éstos son franca minoría. Lo común es que la gente se enfunde su traje de soldado civil y trate de conseguir los galones que piensa que su hipotético jefe le otorgaría, que no deja de ser él mismo y su necesidad de afirmación personal. Todo ello de manera inconsciente por supuesto en el instante previo a la toma de decisión, porque de lo contrario sí se podría interferir en los principios tras una mera conversación. Las personas tomamos un papel en la vida y nos encargamos de darle una determinada solemnidad afianzados más o menos por unas razones con las que indefectiblemente debemos identificarnos. Cada sujeto diferirá en la complejidad o profundidad de sus argumentos, pero el trasfondo emotivo es el que marcará los nexos de éste con el endogrupo. De ese modo, cada cual tiene una llave distinta o diferente con matices, por ejemplo, el que afianza su identidad con poco argumento y mucha emotividad renegará en lo que pueda de lo primero y abrazará lo segundo con fervor. Cada individuo focalizará la manera que tiene de representar al endogrupo por sus rasgos más representativos o característicos. El núcleo de todo ciudadano partícipe de un endogrupo es qué tipo de relación establece con la hipotética idea que se ha formado de ese endogrupo y de qué manera alcanza ese ciudadano su reputación o elelementos que le confieren reconocimiento en torno a él.

Para ello se necesita un grado de implicación emocional que las más de las veces es el foco incial de cualquier nacionalismo tipo: la idea de propiedad y apego a un territorio, pero ésta idea que en su gérmen desapegado o con la suficiente relativización se conforma en un elemento positivo, no basta para generar un grupo homogéneo en pos de un objetivo. El que ama su tierra puede querer al conjunto de su país sin problema alguno, no existe un coto de sentimentalidad natural salvo que se produzca una injerencia artificial que trate de recluir los sentimientos estableciendo la diferenciación. Desde ese instante se establece el elemento objetivo del nacionalismo por autonomasia: el enemigo que se constituye en amenaza. Ese elemento es el más fuerte de los recursos emotivos pues actúa como refuerzo negativo que es imprescindible eliminar, de modo que da valor al objetivo por contraposición y actúa continuamente por sensibilización. Ya con personas normales, si se le dice a una qué no puede hacer, reaccionará anhelando justamente aquello que se le ha prohibido.

El modo para recrear al enemigo objetivo difiere en las culturas y sociedades. En algunos casos ha bastado un simple rumor o la extensión de falacias, en otros como en el catalán, ha sido necesario un proceso largo de control de medios que ha venido actuando por dos frentes simultáneamente: 1) Enfatizando la idea de propiedad, de lo "nuestro"; y 2) Generando un desapego sobre el resto del territorio y enfatizando todos los aspectos negativos de éste.

El abordaje de esta hoja de ruta ha requerido de un compromiso de muchos recursos estratégicos en busca de un objetivo. Una especie de fin que justifica los medios y que soslaya los "errores del sistema" y que asume el necesario sacrificio de la población para llegar a una meta. Una falaz idea de democracia dado que la manipulación ha sido imprescindible para alcanzar los objetivos. Una vez han cristalizado las medidas continuadas, la propia población manipulada acogerá la manipulación como parte de su fuero interno y con el fin inconsciente de proteger su autoestima, relacionará su libertad con las ideas que fueron planeadas y conseguidas por sus próceres y sobre las que curiosamente existe coincidencia plena en medios de comunicación y mayoría política nacionalista. Es como avalar la coincidencia en el pensamiento por generación espontánea y atribuirse el mérito de decidir por causas ajenas a los medios de comunicación o educación que precisamente eran coincidentes en la forma de pensamiento y emotividad. De ese modo, fácilmente un "buen catalán" coincidirá en que las razones de sus decisión responden inequívocamente a las acciones de "Madrid" y no en el modo que los medios y las instituciones nacionalistas han filtrado la percepción de la información, eso sería como reconocer que uno es lo suficientemente permeable  o dicho de otro modo: influenciable. Sucede algo parecido en la capacidad de influir en la decisión de otra persona sin que se note y dejando atribuir el mérito al que ha reaccionado como uno espera. La cosa parece compleja, pero los problemas de de relación social por rumores de personas o malentendidos que recrean disputas inexistentes, son de orden común. Si traslado la idea de que alguien no me quiere, yo tampoco la querré, si traslado la de amenaza, la retaré o me refugiaré en mi entorno. El germen de la separación es extremadamente fácil de extender. Imaginen que te dicen que desde cientos de años por causa de España, Cataluña se ha visto limitada y hasta expoliada. Uno ya no compara la veracidad de esas afirmaciones que son costumbre en medios y escuelas, directamente pasa a rebotarse y encender su vena sentimental. Me gustaría exponer una mayor complejidad en los modos para manipular a las personas pero encender los ánimos con el control mediático y formativo es relativamente sencillo. Desde un plano psicológico habría que felicitar las dotes mesiánicas y de manipulación de Don Jordi Pujol Soley y a sus herederos políticos. La gran paradoja ha resultado que CiU ha hecho el trabajo a ERC y que ERC desde mi percepción siempre ha sido bastante directa y honesta en sus aspiraciones por muy antagónicas que nos puedan parecer.

En el momento presente vivimos el punto álgido del nacionalismo catalán en la peor de sus vertientes, la que tiene muy difícil retorno, aquella que implica a su sociedad. Así, se podría dividir Cataluña en distintos estratos sociales por razón de origen, nivel cultural y económico y conferirles un grado de nacionalismo determinado hipotéticamente. Se pueden diferenciar muchos grupos, pero yo incidiré en los que me parecen más relevantes para hacerse una idea de cómo el nacionalismo los ha sumergido hasta su causa.

Los dos frentes fundamentales que ha debido "combatir" el nacionalismo, más un tercero que es la inmigración de habla hispana, han sido fundamentalmente: 1) La clase trabajadora que se concentra en la periferia de las ciudades, eminentemente en Barcelona; 2) La clase media alta y alta barcelonesa y de otros centros urbanos. La inmersión lingüistica ha obedecido fundamentalmente por éstos y más concretamente por el primero y a posteriori, por los emigrados de lengua española. La clase media suele ser la más receptiva y sensible a ideas de propiedad o estímulos publicitarios que los hará mejores o más felices, por tanto este sector ha sido el más proclive a abrazar el nacionalismo y no lo trataré.

1) En el caso del núcleo trabajador de las zonas de la periferia ha existido tradicionalmente un férreo cinturón protector que se ha constituido en guetos en los que el catalán raramente hace acto de aparición. Ese frente ha traido de cabeza al nacionalismo, dado que resultaba invulnerable tanto a la potenciación de idea de propiedad de la tierra y la cultura como símbolo (un requisito clave en el proceso de desafección con España es el empleo de la lengua catalana), como a la de enemigo objetivo (en grupos que no pueden renegar de sus raíces de otras zonas de España).

La inmersión linguística no ha sido pensada tanto para la clase media o media alta barcelonesa que en muchos casos ya utilizaba el catalán como lengua vehicular, sino para este grupo y los reductos de otras clases que no emplearan la lengua de Ramón Llul. El objetivo de la inmersión nunca ha sido tanto académico como puramente de uso. El interés del nacionalismo es instituir una lengua común e identitaria única que sirva de catalizador en el proceso de homogeneización. Si hablas español, eres español y por tanto tu implicación se ve disminuida, la lengua es un punto irrenunciable en cualquier proceso de aglutinación de masas en torno a un factor cultural de defensa.

Los medios de comunicación, siempre han sido la herramienta fundamental del nacionalismo en Cataluña que han copado todas las plazas, o al menos han inutilizado aquellas que puedieran producir cualquier discrepancia. El nacionalismo ha compartido e incluso en algún período en minoría, los recursos mediáticos con la izquierda del Psc iniciada por Maragall, por ello ha llegado a existir una confusión en el estereotipo mediático de una Cataluña de izquierdas y nacionalista dado que los medios han copado ideológicamete el 100% de los recursos. Paradójicamente, CiU es un partido de derechas más conservador que el propio PP, pero la licencia que otorga el nacionalismo ha sobrepasado cualquier consideración puramente ideológica que no fuera la subasta por la sentimentalidad de la tierra. El nacionalismo ha tratado de emplear todos los resortes posibles hacia este grupo poblacional y flirteaba con radios como Tele Taxi de Justo Molinero que se erigía, en baluartes defensores de la posición nacionalista oficial.

2) No ha sido igual en el caso de las clases catalanas más favorecidas, que se dividían o se distribuían melifluamente entre los partidos conservadores tanto nacionalistas como no nacionalistas. En bastantes casos ha existido un perfil de votante de CiU en las autonómicas que votaba al PP en las generales. En los años 80 y 90, un porcentaje bastante elevado de este estrato social prácticamente renegaba del catalán y difundía la lengua castellana como símbolo de un estatus. Ésto ha cambiado radicalmente y ahora sucede prácticamente lo contrario, los que antes se hacían llamar Jorges o Fernandos, ahora no salen a la calle sin una tarjeta que especifique un claro Jordi o Ferran. Las raíces han cobrado un sentido que antes estaba ausente y se ha conseguido revertir que lo que antes era "kumba" o "catalanufo", en la actualidad sea "cool". La estelada era el reducto de los más radicales que intrépidamente se colaban en las clases de las universidades con más voluntad que otra cosa y se constituía en un elemento ajeno y rechazado por la mayoría más propio de pueblos interiores que trataban a los barceloneses de pixapins. ERC era por entonces una muestra casi inexistente de ellos. Ahora es posible ver esteladas en fundas de móvil de gente "bien" o el "Cat" borrando la "E" de la matrícula de un coche de gran cilindrada o a niños pijos con skateboards y ropa de marca en manifestaciones por la independencia.

En este caso y centrándonos en el público adulto, hay que conceder al grupo Godó el mérito que merece, pues a éste se debe en gran medida la conquista de las clases más pudientes barcelonesas. Aunque su marca ideológica era más próxima al PSC de Maragall, el rumbo del diario barcelonés desde Joan Tapia siempre marcó una línea clara de sutil desafección con el resto de España que a lo largo de los años ha dado pingües beneficios al nacionalismo de izquierdas. La Vanguardia propició el paso de muchos a la gauche divine o socialdemocracia como gustan ellos de llamarla, una izquierda compatible con la burguesía que era capaz de abrazar cualquier precepto pero detestar uno con mucha claridad. Gracias a centrarse machaconamente en todo lo negativo de la escena política madrileña y a soslayar la propia, el diario del conde de Godó se hizo en propiedad de todas esas clases que negaban una implicación a las ideologías que habían sido consideradas radicales, de modo que a base de constantes crónicas en tercera persona, se narraban las disputas de socialistas y populares como de un par de mamporreros que se disputan el pastel de la corrupción, en tanto que en Cataluña uno vivía y vive ajeno a la realidad. La mejor manera de odiar a alguien es conociendo sus miserias y en esta labor, con sutileza, sin elevar la voz demasiado, las plumas de Foix, Brunet, Barbeta y compañía han ido haciendo mella en los cerebros de quienes leían asumiendo que era simple información. De nuevo, a estas alturas, ya no cabe denunciar la pasividad, la omisión y la complicidad mediática con el sistema nacionalista dado que los eslóganes hacen viejos los atisbos de descubrimiento de una organización centrada en la corrupción. Ni el hecho de que Millet fuera un dirigente de la TV del grupo Godó, o precisamente por ello, todo lo relativo a los entramados de corrupción catalanes se toman como un ataque y algo incomparable a las toneladas de portadas que ese diario y el resto connivente de la editorial conjunta han practicado con el Gurtel. La clave siempre ha sido ofrecer lo malo de fuera y lo poco bueno de dentro.

Con este panorama, el punto de partida formativo de un ciudadano tipo de clase media catalán y otro no catalán es frontalmente opuesto y ya no digamos en el plano emocional. Ese factor, que no se toma en consideración apelando a meros intereses políticos, es el que nos ofrece la predicción para un futuro que es de todo menos halagüeño, se sea nacionalista o no nacionalista. De hecho, el momento actual es y será el más feliz para el nacionalismo a menos que gobierne el socialismo en la próxima legislatura (en cuyo caso la felicidad duraría un suspiro más), cosa poco probable o no dada la posibilidad de ejercer coaliciones impensables que por el poder serían capaz de hipotecar cualquier decisión. El nacionalismo conservador confía en la poca solidez de la próxima legislatura como almadia a la que agarrarse antes de verse fagocitada por la radicalidad de las nuevas generaciones formadas como soldadesca independentista, pero en cualquier caso si se ha escogido una política de hechos consumados es porque la revolución y el comienzo de la violencia es y será un hecho con el paso de los años y las negativas legales. Con el actual rodillo de medios y formación educativa, cada nueva generación de mayores de edad se conforma en un sí abrumador a la independencia en cualquier plebiscito y ello es un órdago que el actual Gobierno ni ve ni parece afrontarlo. Pensar que llegar a acuerdos con quienes decían una cosa y por detrás han continuado sempiternamente haciendo otra, es repetir los errores de la historia y caminar hacia un precipicio. Aznar caía mal porque con sus grandezas y miserias era resolutivo y contundente, pero probablemente si Rajoy gobernara el día que unos marroquíes tomaron el islote de Perejil, podríamos estar hablando ahora, en lugar de Gibraltar, en la toma de Ceuta o Melilla o en un proceso que un dirigente melifluo y "Chamberlainesco" puede hacer durar un mundo con vistas a evitar una decisión, algo que es, ha sido y será catastrófico para España. Se dijo un día y se avisó de que el país se resquebrajaría y socialistas y nacionalistas rieron, unos por estupidez y otros por interés, ahora las grietas aparecen bajo nuestros pies y lo que ya sabíamos algunos por entonces, todavía se lo están pensando quienes tienen que actuar.

El conflicto es un hecho irreversible ya dado que los contingentes de población adoctrinada van en aumento constante. No hay que esperar a que muevan ficha los nacionalistas, porque éstos lo hicieron hace décadas y en Madrid desgraciadamente todavía no se han dado cuenta. Cataluña ya es independiente desde hace tiempo, lo único que falta es más dinero.

martes, septiembre 24, 2013

Merkel

Resulta llamativa la cantidad de medios de comunicación españoles y expertos económicos varios que han dejado a la canciller alemana como la "gran mala" de Europa. Su negativa a que se articule más ingeniería financiera entorno a los países endeudados con objeto de hacer más llevadera su travesía del desierto ha venido a recordarme en cierto la analogía de la Cataluña nacionalista con "Madrid", un recurso político muy manido para exonerarse de la responsabilidad de conseguir una recuperación más veloz por culpa del que "nos lo impide". Y es que la continua apuesta por la austeridad y el control de gasto ha sido criticada por medio mundo y algún que otro premio Nobel con ansias de titulares.

Para una persona como yo que encuentra enormes diferencias entre las personas hasta el punto que un apellido u otro pueden suponer la ruina de un país o un continente, la continuidad de Merkel era un eslabón insoslayable para la estabilidad europea. El pilar granítico que debía mantenerse intacto y con el que dejar al resto de políticos que interpretaran sus lamentos públicos de desdicha. Porque Alemania no es más que un ejemplo de cómo las cosas se deben hacer sin atajos ni trucos bajo la manga. Sin duda sería mucho más popular en Europa una figura "zapaterilmente pródiga" que esquilmara los logros obtenidos por el esfuerzo, pero entonces Europa comenzaría de nuevo a demostrar que la lección de esta crisis no ha sido aprendida y que toda "ayuda" que pudiera abreviar la penitencia de la propia incompetencia o la de un antecesor irresponsable, sería una bendición electoral para éstos pero la estocada definitiva que demostrara empíricamente la capacidad de errar o de mentir del ser humano.

Está claro que los alemanes no han votado por las razones que yo expongo. Los que han escogido mayoritariamente a la dirigente teutona lo han hecho pensando en su país, pero es que ya eso es un logro y un ejemplo para nosotros los españoles que en una buena parte podemos llegar a votar por otros motivos. El patriotismo germano da resultados tangibles que se comprueban en el aspecto económico y en el político, una evidencia de correlación causal que curiosamente ha calado entre los ciudadanos alemanes. Porque el esfuerzo, la austeridad y el control presupuestario no se suelen anunciar como reclamos electorales, más bien todo lo contrario, lo usual es construir el modo subastero en el que se dilapidan promesas de gasto y más gasto, dejando a la causalidad de lado (que se pregunta qué pasará luego) y a la ingeniería financiera o la ayuda de terceros como verdadera solución que nos hará esclavos por más tiempo.

La economía global no es más que confianza o desconfianza. Viene a ser como una persona que te presentan y al darte un apretón de manos y exponerte sus razones te da una impresión determinada a la que prontamente, cuando lo expuesto debe ser materializado, se constata como auténtica o un modelo a lo charlatán de feria. El dinero es el psicoanalista más avezado capaz de adelantar pronósticos por gestos o ante actitudes sobre las que ya conoce el final. Los tiburones, hienas o carroñeros, como en la vida real, huelen la sangre a mucha distancia y se avalanzan sobre los cuerpos entumecidos de constantes somantas de palos infringidas por sus negligentes directores, de modo que mientras éstos pueden manipular a la población describiendo un mundo hipotético con pérfidos enemigos, don dinero sabe que la actuación del charlatán promete un buen festín.

Dicen que la población no es tonta. Yo no se si lo es o no lo es, pero Alemania ha apostado y validado el camino difícil del esfuerzo y no ha cedido a los cantos de sirena propagados por medios mundo. Ese medio mundo que da lecciones sumido en una depresión. Ni en eso existe la causalidad o sencillamente la lógica.

domingo, septiembre 22, 2013

Comentario en ABC a Angel Expósito sobre: "Catalanizar o españolizar: sentido común".

"Sentido común" no tiene mayor significado que españolizar o catalanizar en tanto, como usted ha dicho, se entienda la aplicación de esas palabras. El problema no sólo de España sino de las personas y las sociedades, es que no basta con que exista gente con sentido común incluso que ocupen puestos de relevancia. La persona más razonable, capaz y sensata de este mundo nada podrá hacer si sus interlocutores no están por la labor de entenderle y ud. sabrá que los criterios de decisión las más de las veces se toman por intereses particulares que por afán de conocimiento o un altruismo. Interés por mejorar, por medrar, por verse reconocido en una profesión, etc. Porque luego está ese efecto espejo que resume el refrán "cree el ladrón que todos son de su condición" de modo que los capaces, en una sociedad enferma siempre pasarán inadvertidos y la queja se tornará en fin en lugar de medio. Yo le explico un ejemplo de esa catalanización que hablaba Esperanza Aguirre que ha resultado clave en el proceso sececionista en ciernes. En Cataluña existe un proceso homogeneizador que ahora mismo está cristalizando pero que ha sido labor de décadas. Los ciudadanos, yo entre ellos, venimos denunciando y pronosticando lo que ahora sucede, pero la "españolización" parece ser un frentismo político y mediático que nada podrá con el inteligente entramado nacionalista que va muy por delante de las quijotescas y viscerales arengas a la unidad de España. El resumen de esa catalanización lo hemos tenido disponible en montones de ocasiones escuchando a Jordi Pujol cuando aparecían casos de corrupción o respuestas tajantes del Gobierno de España: la necesidad de que todos remaran a una por el proyecto de su Cataluña independiente. En el Principado, todos los partidos a excepción del PP y el 100% de los medios han remado por ese objetivo que ahora supone la amenaza de la quiebra de España, fuera por lo que fuera, los puestos estratégicos catalanes han soslayado unos menesteres incidiendo en uno en particular. Una especie de patriotismo articulado, un fin concreto que tomaba todo lo de alrededor como medios. En España ¿Ud. cree que existe España como fin? ¿Piensa acaso que podrían ponerse de acuerdo todos los partidos y los medios en un frente común por España? Si leemos a Cervantes o revisamos esa historia española de brevísimos espacios de sentido común y excesivo populismo la respuesta no es halagüeña. Imagine que duele más la carga emotiva de emplear "catalanizar" que el sentido que la palabra pueda tener, porque al final a las masas se les toma por la emotividad. En el lado de la españolización podríamos tratar de erradicar la mugre televisiva que flanquea un buen número de canales en nuestro mando a distancia y que se justifica por los camellos mediáticos por esa necesidad de los "yonkis" por consumirla. Mal vamos apelando al sentido común si desde la cúspide de la pirámide, los medios de comunicación que son el nexo con la realidad, nos ofrecen basura justificándolo en nuestro interés mientras simultáneamente cobran por ello. Esos medios son los que a fin de cuentas nos impiden conocer qué políticos tienen sentido común y cuales no porque en la cabecera de una noticia ya nos previenen astutamente de que "pertenece" o no a nuestro bando. El bucle mediático de vender la muerte de España es una atrocidad en tanto supone la omisión del deber de socorro que necesita nuestro país y el problema es que viene a partes iguales por inacción, negligencia y una ingenuidad que viene amparada por la presión social capaz de dirigir a las masas para defender su propia estupidización.

jueves, septiembre 19, 2013

Yo también quiero la independencia

Se puede decir que he escrito ampliamente sobre el nacionalismo catalán y no precisamente para manifestar mi acuerdo. Aborrezco los nacionalismos como forma de gobierno porque se nutren de la sentimentalidad para establecer una diferenciación con la que homogeneizar a la población.

Ahora bien, rechazar un presupuesto no implica aceptar su contraria o dar por malo todo lo que exista en Cataluña o el País Vasco ni tampoco dar por bueno otros sistemas en el resto de España, ni tan siquiera supone aceptar por ejemplo sistemas de financiación con subsidio a perpetuidad disfrazados de solidaridad interterritorial. Siguiendo esa lógica, ello no implica apoyar sistemas nacionalistas que bajo el manto de la arenga sentimental se ha podido culpar de todo a "Madrid" desviando siempre la atención de la gestión propia. El caso es que aunque no lo parezca mi propósito es centrarme en otros aspectos sobre los que me declararía ajeno y no dudaría en manifestar una intención secesionista. Al encender la televisión, el deseo que manifestaba se dilata y alcanza proporciones de valor. Parece que una de las características de los medios de comunicación de nuestro país es la programación basura y la constante ejemplificación de lo peorcito que circula por el territorio. Si tenemos jóvenes que se emborrachan, pues casi seguro saldrán en algún programa; si follan como conejos o tienen la líbido por las nubes, lo mismo; si su cultura no les alcanza a conocer ni sumas de dos cifras o deletrear palabras esdrújulas, pues casi que a buen seguro deambularán por algún show de turno; el caso es encontrar una fauna que se destaque por todo lo que no sabe hacer o lo hace rematadamente mal o por el contrario, que si sabe algo, sea lo menos constructivo posible y una referencia de bajeza moral y ética de todo orden. En otro orden pero colateral, parece que el apelativo de latinos nos obliga a seriales-bazofia donde los diálogos forman un bucle de escarceos amorosos, traiciones, rumores y arrebatos pasionales de personajes capaces de establecer como nuevo palabro el "decámetrosexual". Quizás el franquismo por la necesidad de establecer la normalidad de lo opuesto ha dinamitado cualquier posibilidad de extender algún ápice de cultura o por lo menos la generalización de programas que fomenten algo más el intelecto y no otros menesteres para los que no haría falta la pantallita. El caso es que siendo yo una persona en las antípodas del comunismo y la izquierda no puedo evitar fijarme en Cuba como un ejemplo práctico de que la culturización y la formación es posible. ¿Estamos condenados como españoles a soportar toda esa programación rodeada de "chonis y macarras, pelocepillos y musculitos" dispuestos a vender a su madre por un minuto de "edredoning"? ¿Es lo que pide la población?

Hay que acabar con los camellos de la telebasura que enganchan a sus yonkis estableciendo la popularización de la mediocridad siendo generoso. España puede vivir con programas de mayor calidad con independencia de que los ya adictos a la porquería se quejarían en los términos que la caja tonta e idiota les ha enseñado, es decir de mala manera y asumiendo una hipertrofia en sus derechos para suicidarse intelectualmente. Y eso sin mentar la filmografía políticamente activa que busca " la concienciación del ciudadano" a los propósitos que el director o el grupo de colegas actores de turno estime oportuno. Algo que no destacaría si lo español implicara pluralidad, pero como no es el caso, en eso también me declaro en independencia.

Porque hay que tomar como hecho consumado que en la escala alta de la capacidad intelectual patria, los programas de debate político deben tener de ese tono visceral propio de los combates futbólísticos entre "entendidos"con intervenciones a grito "pelao" que socavan la credibilidad y reputación de los contertulios ajenos a esos modos que participan en esos programas. Las interrupciones constantes y el barullo indignado ya existe en la calle como para padecerlo en programas pretendidamente informativos.

Porque la opción para cambiar de canal es la gran excusa de esos "camellos" de la telebasura que saben que la gente suele preferir el morbo y la rumorología a esos documentales que explican lo mismo que en los libros del colegio de nuestros hijos y resultan incomparables en espectacularidad a la trifulca que se montó entre Jonathan y la Jenifer en el plató. Sí, yo ya se que si hay un accidente en la calle se arremolinará un grupo de curiosos a otear las lesiones del perjudicado o si el fuego ha podido quemar del todo la vivienda de la víctima, pero sin duda, cuando menos ofreces a un cerebro, menos argumentos para interesarse por algo más. Las opciones nos brindan ese espejismo de libertad, que no es más que una tapadera para introducir serrín en las mentes de una población con la que disponer de muebles aptos para levantar o bajar el pulgar ante emociones simples y convertirse en asequibles discípulos del populismo de masas. Me niego a aceptar un país que transige con todo eso sin levantarse cuando protesta por un corolario de idioteces amplificadas por los canales interesados en la manipulación. Porque yo estaría perdido ante los "controladores" que toman cada manifestación como un trampolín emocional con el que malear tópicos y exacerbar ánimos. Por ello, que quede claro que tras la crisis humana de familias sin trabajo, igualo en importancia la crisis moral y cultural que sufre España hasta el punto que nada se podrá hacer si entre los ciudadanos de un país existen diferencias tan considerables a la hora de apretar un número de canal y que esas "opciones" se constituyan en formadores de la nadería por atractivas y capaces de suscitar los más bajos instintos como si un derecho que dignificara a sus consumidores se tratara.

En España se proclama la libertad soltando tacos y barbaridades que escandalicen, irritando a las familias conservadoras como garantía de que el grupo aprobará la acción, suscitando el bonus que otorgue la fama en un instante, el precio de la mugre es aparentemente bajísimo y muy solidario y nada tiene que ver con el estatus económico pues de nuevo vuelvo a Cuba, ese denostado país que no tiene libertades pero que gran parte de sus habitantes, de poder emigrar, lo harán con la cabeza bien alta y con currículos capaces de alimentar a una familia material y moralmente. Algo que en España los medios de comunicación mayoritarios han vedado. Es como una conspiración para estupidizar a la población, o al menos a la mayoría. Yo me declaro independiente de esa "malaría" de la podredumbre moral e intelectual amén de sectaria y populista. No concibo ni apruebo esa idea global de "producto" válido para el consumidor a costa de cualquier precio o de consecuencias letales para esa y las siguientes generaciones. Basta de estúpidos con sentimientos que entretienen a los acomplejados necesitados de ver a alguien peor que ellos y reírse, basta de esa España de la picaresca y la fiesta de botellón que convierte en carroñeros a sus habitantes con la excusa de la libertad para escoger. Yo me declaro independiente de las heces que tenemos como país y de los que se sientan aludidos y ofendidos o los que pregonan la libertad de expresión a cualquier réplica que surge como coto a sus disparates. En otros lugares se hace mejor y yo no tengo que irme como amenazaría un nacionalista ante la discrepancia del orden oficial.

Los argumentos para proclamar un hecho diferencial desgraciadamente son abundantes fuera del mero terreno económico, pero para ello no hace falta pertenecer a una comunidad histórica. Un país no puede crecer con principios como los instituidos por los medios españoles. El daño que hacen los medios de comunicación es tan extraordinario que como no se ponga remedio, la brecha y el conflicto se augura incluso mayor que el que provocan los nacionalismos. La telebasura nos invade tanto nacional como importada y es amparada por los cretinos de la "derechitis aguda" que esgrimen ante toda razón un derecho, incluso el de ser estúpidos.

miércoles, septiembre 18, 2013

La complejidad de afrontar los nacionalismos

En la actualidad España vive un momento muy delicado debido a que los diferentes nacionalismos territoriales, especialmente el catalán, han alcanzado el objetivo deseado de homogeneización ciudadana tras un proceso paulatino de empapamiento mediático dominante que viene durando décadas. La situación de pulso actual no es una sorpresa, o no debería serlo. Lo que está sucediendo es punto por coma, una serie de consecuciones lógicas ante unas políticas, las nacionalistas y la coincidencia con otras, las de los sucesivos gobiernos centrales. Si bien, todo ello no sería posible sin la connivencia absoluta de los medios de comunicación particularmente catalanes, que son los que conozco directamente. Así pues, estamos encarando la recta final hacia un conflicto de envergadura que no se va a poder saldar más que con violencia, pese a que existen ingenuos y maleadores de la lógica que anhelan sueños imposibles pretendiendo una suma distinta a la que inexorablemente marcan los sumandos.

Siguiendo la lógica, es comprensible que desde el nacionalismo se defienda una posición de autoridad moral y convencimiento argumental a la par que se rechacen una por una todas las críticas que recibe por unos u otros motivos. No en vano, es muy difícil agarrar "un asunto", el nacionalista, que forma su base en un poso de sentimentalidad forjado por años de información y potenciación de una perspectiva única que no admite demasiadas disquisiciones más que la defensa de un endogrupo. Ahora bien, el problema que lleva a predecir el futuro en esta supuesta colisión de intereses artificiales que llegan a cristalizar en viscerales surge cuando la otra parte, la que se denomina simplistamente: "Madrid", no sabe o no entiende cómo afrontar la situación, amén de no existir una cohesión en la idea de la nación española. Llegados a este punto nos encontramos con dos frentes en Cataluña, uno el nacionalista que se sumerge profusamente en un ideario simbólico y sentimental con el objeto de acometer sus intenciones que no son ni simbólicas ni emocionales, y otro el nacional, el que enarbola principalmente la integridad de España que no sabe ni entiende cómo se puede haber llegado a esta situación y se pregunta cómo atajarla. En mitad de ambos nos encontramos los ciudadanos no nacionalistas condenados a un forzado anonimato para evitar el ostracismo en nuestra tierra por parte de "la sagrada inquisición de la barretina".

Todas las situaciones suceden por unos motivos y aunque públicamente se suelen describir de manera romántica con vistas a nutrirlas de simbolismo, lo cierto es que toda la historia de la humanidad parte de personas con intereses y pretensiones con capacidad para movilizar e incluso manipular a una población. A poco que estudiemos la historia veremos y contemplaremos las interminables rencillas, escaramuzas, guerras, confabulaciones, traiciones, astucias y demás parafernalia conspiradora que ha caracterizado la idea de poder sobre los ciudadanos. En la actualidad el hombre sigue siéndolo y no tengo duda de que sus aspiraciones permanecen incólumes respecto a siglos de pasados beligerantes. Lo que sí es cierto es que en el presente disponemos de unas formas de gobierno que si bien no son tan resolutivas como en el pretérito, aparentemente disponen de una autoridad moral resultante del aval de la población. De ese modo, la democracia recrea una idea de control de los ciudadanos sobre el poder haciendo creer que las decisiones son el final de una cadena que emana del pueblo. Ello no es del todo cierto, pero no lo es bajo ningún sistema inventado ni por inventar. No se trata de criticar la actual democracia ni defender otro sistema, lo que deberíamos asumir es que con el ser humano, debemos aceptar unas servidumbres inherentes a su condición que llevan a igualar el sistema democrático con otros sistemas que no lo son, pero con una mayor apariencia de libertad. Ello en lo referente exclusivamente a la forma de gobierno, porque el avance cierto de nuestra sociedad no está en la lucha del poder sino en en la información que se supone recibimos de lo que sucede un lugares que no podemos estar, de ahí que la información y los medios de comunicación sean la clave del orden mundial y los nexos de los ciudadanos con la realidad. La información es ingente y se supone que plural, y pervive como un elemento sobre el cual manifestamos confianza o desconfianza por apegos surgidos de todo el conglomerado de información de un territorio. Por lo general, esa información la tomamos como cierta y reaccionamos a ella de modos muy distintos, pero siempre bajo unas premisas lógicas que como tales son previsibles. Si en una clase se nos acerca un niño y nos dice que determinadas personas hablan mal de mi, la primera reacción será de desconfianza y recelo sobre las personas acusadas. Desde ese instante estaré mediatizado por una información sea cierta o no, pues en todo sucede igual. Lo queramos o no, lo pretendamos o no, la información manda en nuestras vidas a la hora de concebir lo que entendemos es un criterio más o menos formado. Pero el quid de esa información, la del mismo ejemplo, no es la información en sí misma. Otro ejemplo: si me dicen que la capital de Sudáfrica es el Kilimanjaro y yo no conocía la respuesta, asumiré sin mayor emoción los nuevos datos, pero si me ponen en guardia sobre un ataque o una falta de respeto por parte de otras personas, entre la información aparecerá el elemento emocional que influirá tanto en mi recuerdo, consolidándolo, como en mi actitud respecto de las personas implicadas.

De ahí que resulte fundamental en el nacionalismo un compromiso de confianza entre el endogrupo extremadamente difícil de traspasar que supone que toda información que no provenga del endogrupo o su entorno es un ataque directo a los intereses de ese endogrupo. ¿Pero qué sucede en nuestro país? Que para colmo, en España en lugar de ser efectivos con la argumentación y parcos y sobrios con las manifestaciones, en el frente "nacional" sucede todo lo contrario, se provee de innumerables argumentos a los nacionalistas para dar visos de verisimilitud a los que hablan de ataque, y en las formas, los argumentos por muy bien trillados o dispuestos que se dispongan, al manifestarse como confrontación, se toman como ataque y resuelven con la defensa visceral o simplemente la defensa. La idea no es postrarse y asumir el pulso nacionalista con la resignación de quien es derrotado, el problema viene porque la omisión, la inacción y la incompetencia sobre lo que ha estado ocurriendo en Cataluña ha sido de tal calado que en la actualidad, los centros de poder mediático y político que defienden España se rasgan las vestiduras demostrando con ello un shock proporcional a su ignorancia y parálisis en el asunto todo el tiempo anterior. Hay que entender que la fortaleza no está en los gestos, sino en las acciones y ahora mismo en el Gobierno de España éstas no existen. También hay que destacar que la idea de endogrupo siempre facilita la exclusión por confrontación, o sea, que basta que mi rival diga algo para que yo discrepe.

A día de hoy es muy difícil discutir con un nacionalista porque tiene una idea asumida de una realidad como si ésta fuera instantantánea y veraz, es decir, dispondrá sus exigencias como razones absolutas y su énfasis se basará en el trasfondo emocional que le une a su territorio. Todos los argumentos, por moderados que parezcan, tienen su base en una idea asumida y actualizada por nueva que sea completamente dispar a la que tienen sus rivales y por tanto, incluso esa disparidad se convocará como un argumento más a la separación. En ese camino, el nacionalismo ha dispuesto una serie de convenciones a lo largo de los años que se han convertido en atávicas o naturales entre una mayoría de catalanes:

1) El sentimiento de catalanidad va unido inexorablemente al de desapego con España. La querencia sobre algo no admite compatibilidad alguna con la idea de España, es justamente al contrario, España según esta convención impide la expresión plena de la catalanidad.

2) La normalidad como pauta de refuerzo del endogrupo. En Cataluña, los que son nacionalistas ven "normal" todo lo que conviene con su postura. Los que discrepan no se toman como meros discrepantes, sino como personas que pretenden atacar el sistema de la mayoría, antes minoría, y que deben ser combatidos. A ello contribuye de manera determinante la idea de normalidad entre los medios de comunicación locales que se constituyen en referencia con la que medir el resto de información para ser admitida como favorable o contraria. De ese modo se genera un espacio dominante de opinión, en el que unos son capaces de juzgar al resto e intimidarlos con símbolos y manifestaciones de todo orden, que son incuestionables, sin que ello les suponga la vergüenza que en otros fenómenos de presión social supone el ataque de una mayoría sobre una minoría.

3) El fenómeno de normalidad a la inversa: el sentimiento de impotencia y frustración. Por lo general, aquellas sociedades en las que se impone un sistema homogéneo de presión social suele conllevar impotencia y frustración entre el nucleo de los que difieren, al margen de la excepción que puede radicalizarse. Por ello, si no existe apoyo alguno entre los sistemas y medios oficiales, la población en minoría tiende a claudicar a base de resignación o incluso mediante el exilio de su tierra. Es y será inevitable bajo las premisas actuales un goteo incesante de personas catalanas emigrando hacia otros territorios y por tanto en Cataluña y el País Vasco se reforzará el voto nacionalista y la homogeneización será cada vez más palpable. Cada año que pasa el nacionalismo se nutrirá con las nuevas generaciones adoctrinadas y con el exilio de los que no asumen una idea de confrontación como ideal de vida normal. En todo ello, el nacionalismo sale beneficiado y el autismo entre los homogéneos lleva a que no se pregunten nada si para ellos está bien.

4) Las relaciones con el poder central siempre han sido un juego al despiste. El poder endémicamente evita la atención al detalle dado que el juego que en él prevalece es de grandes medidas y grandilocuencia. El que se tiene por "rey" no se esfuerza más que por serlo, pero el que pretende serlo trama con más denuedo la manera más efectiva de derrocarlo. Cataluña lleva holgadamente la delantera a Madrid en astucia y tramas de poder. Igual que existió un Barcelona 92 y no ha sido posible un Madrid 2020 o parece no serlo bajo ninguna cifra, el carácter catalán es mucho más capaz en las lides conspirativas que el quijotesco español. Sería extremadamente gravoso para España que Rajoy llegara a creer que un acuerdo velado con CiU podría alterar un orden constituido desde hace décadas. El proceso nacionalista ha sido largo y con un objetivo, el que actualmente se dispone, pero todos los acuerdos, conversaciones de camarilla y apretones de manos entre Madrid y el nacionalismo, no han sido más que tiempo ganado por estos últimos con vistas a continuar su avance imparable. Convencer a Mas o incluso a Jordi Pujol, lo cual con este último es imposible, no alteraría un ápice los que son ya hechos consumados, el producto de una omisión continuada de aplicación de la legalidad y los derechos que todo ciudadno español debería tener.

5) La falaz idea de la democracia. Existe un sector fundamentalmente progresista que no sabe interpretar la idea de democracia, amén del nacionalista que lo esgrime por obvio interés, y la emplea como el acuerdo entre personas no sujetas a Derecho, aunque luego lo llamen "derecho a decidir". Lo que confiere a una democracia su legitimidad son sus leyes, porque éstas sirven de garante y obstáculo a la discrecionalidad que podría ocurrir por los interesados en pervertirla mediante manipulación.

6) Una consulta sería el comienzo del fin de España. Dado que todos los medios catalanes son de editorial única y la competencia de educación rebaña a quien no se informa en los medios, un sí no suficiente a la secesión o un no, serían salvables en cuestión de tiempo.