miércoles, enero 22, 2014

La destrucción de la inocencia

Tengo una hija de 10 años que cursa 5º de primaria. Ingenuo yo pensaba que primaria era un ciclo inicial en el que las materias impartidas formarían el piso del que más adelante con una edad suficiente para entender y comprender, serían ampliadas en la ESO.

En mi casa la televisión se ve poco y menos mis hijas, cuando la ven los fines de semana suelen ser programas adecuados a la edad de mis hijas: películas familiares, dibujos animados, documentales, etc. Pues bien, creo que en coherencia con el temario de primaria que en Cataluña y puede que en el resto de España disponen los jóvenes aprendices, ya están capacitados para ver penes y vaginas copulando sin manifestar sorpresa o contradicción alguna. Me importa un comino que la mayoría de padres toleren que sus hijos vean la tele el tiempo que quieran o que la usen como recurso paralizador para que los hijos no les incordien. Por ello, aunque sea corriente que niños de menos de diez años sepan de todo sobre sexo y sus derivadas, en mi casa el tema no había aterrizado por ocupar su lugar los deportes, los juegos y las creencias ingenuas de una niñez amenazada desde mil frentes.

Hoy mi hija ha preguntado a su madre algo que la tenía desorientada (por decir algo) y que ni creía cierta: ¿Es cierto como dicen en la lección de Medio que el pene se introduce en la vagina para tener hijos? Y es que en el tema de hoy se han afanado en explicar con profusión y algún que otro vídeo explicativo la función sexual de esos órganos para sacar completamente de dudas a cualquier niño de la clase, dudas que en este caso no existían por feliz ignorancia. Puede que ante algo "insólito" como que una niña de diez años no conociera todavía el manejo copulativo de pene y vagina, corro el riesgo de someterme al juicio de los "moralmente autorizados" a decidir qué deben pensar los demás. Es posible que pueda surgir una crítica de puritanismo fariseo de quien se rasga las vestiduras en todo más por la forma que por el fondo, pero la naturalidad es algo válido para todas las ideas y formas de ser, forzar un conocimiento de la sexualidad a una niña que considero todavía no está preparada o no le aporta nada en este momento es tan contraproducente como rechazar dar explicaciones cuando un menor te lo pregunta. Sé que vivimos en un mundo en el que mi hija es excepción y la mayoría son resabiados orgullosos de demostrar su erudición en conocimiento adulto al tiempo que analfabetismo en muchas otras materias culturales o artísticas, que las hay a millares, pero claro, si uno pone la tele ¿Qué predomina entre la audiencia? ¿Los documentales de la 2 o la bazofia que vende sexo, violencia, éxito rápido, cotilleo, mugre, envidia, apariencias y falsas expectativas?

Hoy se ha quebrado la ingenuidad de mi hija por lo que siento un pedazo de mi corazón en herida abierta. Lo que no le importaba un pimiento, le ha atenazado con fuerza con la curiosidad de lo asombroso por chocante y súbito. Ya nada será lo mismo, en su lugar comienza a perfilarse el animal adaptativo que copula para conseguir la reproducción de la especie. Parece que tocaba sí o sí la lección.

Nosotros no teníamos problemas con el tema de los penes y las vaginas, no los evitábamos si aparecían, ni poniamos el grito en el cielo o los atacábamos con machetes. Es más, este verano en Mallorca hemos compartido el sol de la playa con entregados practicantes del nudismo con su pene y vaginas tan morenos como nuestras caras y algunos departiendo amigablemente entre las risitas de mis hijas que tras el rato se fueron consumiendo, pero con diez años de edad ¿Qué necesidad hay de materializar la reproducción humana si sus órganos sexuales ni siquiera están desarrollados? La variable nueva es pene dentro de vagina y claro, habiendo visto tantos este verano, la recodificación cognitiva será evidente. Es el precio de vivir en una sociedad "abierta" en la que unos dictan lo que significa ser abierto sometido a juicio inquisidor. Yo fui niño de mentalidad hasta los 13-14 años. Sé que habían mozalbetes precoces en mi generación como en todas, pero fui ingenuo hasta esa edad y estoy agradecido por ello. En la clase de mi hija como algo inevitable, conviven esa clase de niños que repiten compulsivamente palabras de mayores (que ya no lo son) conteniéndose la risa o demostrando su experiencia sexual recitando órganos y actos mejor que las multiplicaciones. Antes mi hija ni se planteaba lo que decían, ahora gracias a la lección "imprescindible" ya podrá materializar en su pensamiento la acción de introducir pene en vagina como génesis de lo que todavía le espera. Sé que mi queja es un lamento en el desierto y del todo impopular por poco corriente. Está todo el mundo tan avanzado y tan contento con el conocimiento de la juventud y la media de sus rendimientos académicos y comportamentales que mis letras no son más que un grano de arena entre la totalidad de la playa. En mi caso ese lamento se refería a una simple cuestión de felicidad infantil que no hacía daño a nadie y que ha trocado la enseñanza docente, que ni la tele, ni su entorno, ni nada parecido había logrado, por tanto no me queda más que ciscarme en este sistema de homogeneización de las personas que las somete a su inexorable formación por encima de valores propios que lleva a que si ya era difícil educar a nuestros hijos con tele, internet, consumo, ambiente y demás, para colmo sólo nos quedaba el puñetero colegio. El caso es destruir la inocencia de los que la conservaban.

Es un lamento impotente ya sobre la injerencia en la educación en cuestiones sensibles que olvida al niño y su sensibilidad y mucho más los principios de cada familia al educar. Cada menor es diferente con la misma o distinta edad. Cada desarrollo del menor es distinto. Tengo otra hija que es un año menor y ya sabía del tema. No me preocupa porque su idiosincrasia es diferente y sus momentos de maduración, personalidad o desarrollo también lo son. Pero parece probado que en general, diez años son muchos para conservar la ingenuidad con naturalidad en esta sociedad abierta y plural. No hay manifestaciones en la calle por ello, la gente está en otras cosas más importantes y lo seguirá estando dado que probablemente sus hijos de 12 años sean catedráticos de lo que nuestra sociedad dicta, y no me refiero ni a matemáticas ni a arte o ciencias.

domingo, enero 12, 2014

Análisis excéntricos de conceptos empleados para la manipulaci´n de la población I

Solidaridad (RAE).- Adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros.
Empatía (RAE).- Identificación mental y afectiva de un sujeto con el estado de ánimo de otro.

Según la drefinición de la RAE ambos conceptos quedan desprovistos de ese aúrea imaginada e intencionalmente provocada en el mundo mediático y político que parece conferirles un espacio de altruismo por el mero hecho de sentirlas. En el mundo de la comunicación que todo lo enfatiza, la solidaridad conlleva una especie de hermanamiento desprendido del utilismo que muchas veces se constituye en su razón de ser. Sobre la empatía, la definición de la RAE es sobre mínimos y no exige ningún particular más que la identificación mental y sentimental, algo que nos llevaría a poder vender muchísimas circunstancias como empatía que ciertamente no lo son.

Solidaridad y empatía.- Estos constructos tan en boga en nuestros tiempos creo que son el mayor fraude conceptual de nuestro tiempo dado que son empleados, tanto por error las más de las veces como por intención, entre los próceres de nuestra sociedad. Para empezar la tan cacareada empatía suele tomarse con mucha facilidad por lo que en realidad es solidaridad y la solidaridad no es altruista por mucho que se pretenda vender lo contrario y no hace buenos a los solidarios. Solidaridad no es más que una "transpersonalización" por afinidad que anima al apoyo moral. Dicho de otro modo, el que se solidariza lo hace porque ve en el otro u otros características o factores propios personales o de grupo de modo que animarle o apoyarle significa apoyarse a sí mismo. Por tanto la solidaridad no es ni generosa ni resultado de un desapego, es una reivindicación de un elemento común con otro individuo o grupo. Una manifestación solidaria con un individuo o grupo puede compatibilizarse con un linchamiento a otro individuo o grupo que reúna los elementos opuestos que motivan la solidaridad.

En cambio, la empatía es muchísimo más compleja y mucho menos común dado que necesita de unos requisitos previos de las personas. La empatía sí supone ponerse en el lugar del otro, no desde la afinidad o la mera analogía de rasgos o hechos que es lo que dictamina la Academia Española, sino en la completud del individuo. No cabe en la empatía una visión sesgada de otro centrada en la coincidencia de objetivos o afinidades propia de la solidaridad. No vale esa idea de "que estoy con fulano por pasar esta situación o esta otra", sino "entiendo la reacción de fulano, sea la que sea porque se que él es de esa manera y aunque yo reaccionaría de otro modo, lo comprendo a él y sus circunstancias".

Sin embargo, lo normal, lo corriente es determinar qué actitudes deberían decidir otros en base a lo que pensamos nosotros, pero el paso de comprender qué variables y que bases comportamentales y cognitivas tienen esas otras personas para conducirles a obrar de determinado modo, eso es rara avis. De ser así no juzgaríamos nunca a la gente por sus apariencias, por su grupo social, por su riqueza por pobreza, o por cualquier elemento común que nos ayuda a juzgar a un grupo entendiendo que existen "buenos y malos". La solidaridad es la generadora más terrible de bandos y sesgos acerca de las personas, y el arma mortífera de la sociedad de la información del siglo XXI.

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Un excéntrico pensador que emplea este blog sin concesiones a la mesura ni a la inteligibilidad