miércoles, diciembre 24, 2014

Reflexiones muy excéntricas

 Este artículo es una de esas movidas que traman por mi cabeza y le ha dado por salir entre tanta politiquería y apaños de realizaciones personales a costa de terceros.

La suerte es la variable desconocida no explicable que afecta a los efectos de un acontecimiento. Ahora bien, definir qué puede ser o de dónde viene la suerte es mucho más complicado y de ahí la palabra comodín para culpar o responsabilizar de unos malos resultados o un fracaso. Pero ¿Cuál es la variable desconocida? Me voy a centrar en personas en interacción con otras personas y el medio ambiente. Determinar la variable desconocida parece una entelequia dado que ello presupondría el conocimiento de todas las variables humanas que intervienen en las relaciones interpersonales y entre sujetos y medio ambiente, pero estoy teorizando lo que desde un mundo "excéntrico" son algunas de las variables que yo doy por conocidas o potencialmente cognoscibles para diferenciarlas de las ocultas o no conocidas de las que resultaría la intervención de lo que llamamos suerte. Ya antes he teorizado sobre cuestiones que han sido posteriormente publicadas en estudios científicos y la frase así soltada cual pedante orgulloso no es más que la constatación de la realidad. Bien ha sido el caso de mi explicación del porqué nos pasa la vida más rápida a medida que nos hacemos mayores y que es del todo coincidente con la teoría propuesta por un psicólogo de Holanda (http://www.rtve.es/noticias/20110809/tiempo-pasa-mas-rapido-medida-hacemos-mayores/453341.shtml) . Eso no implica, como los anuncios de fondos de inversión, que rentabilidades pasadas supongan futuras, pero explica que existe un elemento de referencia tangible para asirse por aquellos que necesitan de inteligencias ajenas fiables donde nutrir su conocimiento.

Cuando un individuo se relaciona con otro u otros o con el ambiente no se producen más que combinaciones. El mundo es un conjunto de combinaciones, las personas somos el resultado de combinaciones de variables que cuando interaccionan con otras producen unos determinados efectos y no otros. Por tanto mi presupuesto sobre el ser humano y la materia que abona el mundo es causal "aritmética" en tanto somos variables susceptibles de identificarse en un lenguaje coherente de números que dan resultados igualmente coherentes o predecibles en tanto se conozcan un número suficiente de variables para despejar la incógnita. Como hipótesis de partida es tan libre de ser lo mejor o la mayor estupidez jamás contada ya que su aplicación es una quimera en 2014 y si me apuran también en el ya casi 2015. La mayor dificultad de todo el asunto radica en la magnitud de variables implicadas que es grande y mucho más cuando hablamos de interacción y la consiguiente combinación porque los resultados pasan a  ser exponenciales. Quizás por ello es mucho más sencillo y gratificante para nuestro equilibrio psicológico acogernos a definiciones de un ser humano imprevisible capaz de sorprendernos en sus acciones. Allá sabrá cada cual lo que es sorprendente en el ser humano y lo que no, pero sin duda quien más se sorprenda mayor motivación vital dispondrá para seguir descubriendo cosas con total independencia de que lo haga.

Bien, en tanto que somos el resultado de combinaciones, una de ellas es la genética y la resultante de la fusión de los oportunos cromosomas que dotarán al sujeto de unos rasgos determinados, pero no la única ya que las combinaciones son constantes en todo orden de cosas que inciden sobre nosotros las personas y que para que yo pueda hacer un esbozo de lo que pienso es la suerte, debe limitarse en un momento dado en lo que es un bucle constante de interacciones y consiguientes combinaciones, es decir, los progenitores de un ser humano van a traspasar unos rasgos genéticos, pero esos rasgos han sido más o menos maleados en su interacción con el medio ambiente hasta desembocar en un instante concreto, el de la concepción. En ese momento se detiene el proceso de maleación de los sujetos progenitores y el factor tiempo pone un contador a cero de la nueva vida resultante como una fotografía, una instantánea que ya determina inexorablemente el punto de partida y sobre éste, un espectro de posibilismos limitados por el tiempo que ha marcado el momento inicial. De ahí la maravilllosa especificidad de un sujeto en comparación con el resto dado que el factor esencial que va a impedir la igualación y la clonación, es decir que dos sujetos comporten exactamente los mismos resultados ante un estímulo indefectiblemente, y éste no es otro que el factor temporal. Dados a considerar un número base de combinaciones, todas ellas pasan a confluir en un instante que no se volverá a repetir y que por tanto es único en sí mismo y que hace que un sujeto tras nueve meses mantendrá una impronta determinada que ya viene esculpida en su estructura cerebral y que de su posterior interacción con el medio resultarán posteriores combinaciones. Pero es en ese punto, el de la concepción, que se soportará el primer pilar de su existencia y en el que podríamos asignar su idoneidad o la falta de la misma a la variable desconocida. En el momento en que se concibe a una persona existe un mecanismo hiperbólico que funciona con ramificaciones infinitas, la interacción con la materia visible e invisible, la incidencia de todos los elementos, la ubicación de toda la materia dentro y fuera de la tierra, en resumen: todo tiene un orden determinado en el instante de una concepción y del cómo sea el mismo la influencia sobre el devenir del individuo será una y no otra. No hablo de metafísica o magia, hablo de una instantánea de toda la materia del universo en una específica posición. Claro que la persona podrá incidir en su vida, pero las opciones que se le van a presentar empiezan el mismo día de su concepción y de cómo esa persona altere su propia materia, podrá incidir en la influencia de la variable desconocida, porque la variable desconocida es la interacción entre el sujeto y el tiempo.

En el lenguaje coloquial de las personas hemos confeccionado frases que describen situaciones que consideramos producto de la suerte: "tiene estrella", "más vale caer en gracia que ser gracioso", "tiene una flor en el culo", "es un cenizo", "el tipo está gafado" y tantas otras que pueden obedecer ciertamente a una tendencia de la variable desconocida o en casos concretos a variables cognoscibles pero desconocidas. Me explico, el instante que marca un devenir en la concepción es crucial, pero igual que un cristal crea unos reflejos si lo disponemos en una posición, si lo giráramos levemente los reflejos resultantes variarían y posiblemente cambiarían el destino de sus haces. ¿Cómo se refiere eso en las personas? Las personas somos comparadores vivos, referencias vivientes que no hacen otra cosa en su vida que compararse con otras, por supuesto me refiero de un modo inconsciente principalmente amén del consciente. Con la información que recogemos en nuestro devenir a través de los sentidos vía percepción, cada cual con su grado de sensibilidad y modo de almacenar la información, establecemos un universo cognitivo de toda la información absorbida y entre ella marcamos con la emoción los pilares que sustentan nuestra escala de principios, sean éstos los que sean y se basen en el entorno que sea, para armonizarlos con nuestra supervivencia del modo más favorable posible para nuestros intereses. En ese proceso, la comparación cataliza la idea que tendremos de cada uno de nosotros. La comparación es flexible y constantemente relativa: lo que es importante cuando somos niños se transforma en otra cosa en ese universo cognitivo cuando nos hacemos adultos, un sonajero a los 3 meses de vida ocupa un rango que puede ser sustituido por un cómic, una moto, un cine en casa o el deseo de ser Presidente de una nación, pero lo importante es mantener una homeostasis en el manejo de dicha información y las posibilidades que pensamos que tenemos para aspirar a lo que en nuestro universo es factible, porque ha sido construido con piezas relativas a la experiencia de ese ser humano.El paulatino aumento de información es como la marea del mar que se eleva sin que nos demos cuenta porque estamos sobre ella y cuantos más datos aglutinamos, la comparación relativa de cada uno de los inputs adquiridos viene a compararse con muchos más y necesita de una muesca emocional más grande para destacar entre la multitud. Ahora bien, sin divagar que es tan propio de mí, apunto que cada persona recibe la información de manera completamente diferente, es decir, emplea distinto número de neuronas según su estructura cerebral y consiguientemente mental, en la adquisición de información, y del modo cómo recoge la información, también la procesa y la almacena de distinta forma resultando en más o menos superficial su paso por la experiencia vivida y consecuentemente el aprendizaje que de ella tendrá. Bien, pues en ese rango de combinaciones diferentes en función de los sujetos y los individuos valoramos los relativos al emisor de un impulso y su toda su realidad mental en el momento de la emisión, más el ambiente y la disposición de la materia que en ese preciso instante se conforma de un modo y no de otro, más los receptores o potenciales receptores y sus realidades mentales en ese preciso momento, y todo lo que he citado en ese lapso es cognoscible, es simulable, quizás no ahora, pero sí con tecnología superior en un tiempo, pero no lo es ni lo será la variale desconocida denominada "suerte" que aplica justamente al instante en el que se produce la salida del impulso por parte del emisor en relación a toda su historia.

 Existen muchas variables que supuestamente son desconocidas que no lo son y se refieren por ejemplo a las relaciones interpersonales y la manera que un individuo puede conseguir lo que otro no y por ello se les asigna el factor suerte. No me refiero a éstas, pues en condiciones de idoneidad temporal existe gente que no tiene capacidades o habilidades para extraer resultados de determinados procesos y no le queda más remedio, para mantener su equilibrio de autoestima, que achacarlo a factores terceros. Me centro fundamentalmente en las relaciones interpersonales o de personas interaccionando con materia. La suerte es una milésima antes de lo previsto o una fracción de milésima, lo cual permite una serie de combinaciones entre sujetos en el mundo, capaces de conseguir lo que a otros está vedado aún disponiendo de exactas o mejores capacidades. Lo llaman suerte, yo lo llamo idoneidad temporal. La suerte no es más que el instante idóneo, la oportunidad temporal, todo lo demás no es suerte, es susceptible de controlarse con independencia de que se haga, es un potencial de control por conocerse las incógnitas y de ello sus consecuencias en un rango de combinaciones posibles en interacción con otras.

La causalidad es la base de todo, pero ni el más inteligente de los seres humanos es capaz de desentrañarla si su inteligencia no abarca el reconocimiento de patrones y sólo dispone de un "procesador longitudinal" que le permite resolver problemas inmediatos de alcance longitudinal, es decir que no exijan a su cerebro asociaciones transversales de conocimiento. El cerebro de esa persona podrá realizar inferencias mejor que cualquier otro cuando éstas contemplen incógnitas desconocidas pero existentes en el problema, pero no podrá hacerlo si debe recurrir a buscar en su base de datos neuronal relaciones complejas que nada tengan que ver supuestamente con el problema en cuestión, en ese caso le exigirían un procesamient transversal que realiza inferencias sobre relaciones de mundos diferentes, de categorizaciones supuestamente antagónicas que obligan al sujeto, no a procesar longitudinalmente sino transversalmente entre cualquier información de los dos hemisferios cerebrales. Quizás por eso, el conocimiento formal topa en su fuerte, como tantas otras cuestiones, con su debilidad. Desde ese punto y siendo conocedor del modo en el que procesa la información un cerebro "científico" longitudinal, estamos condenados a la falta de entendimiento porque el procesamiento longitudinal o focal es constante o tan constante como las personas que mantienen su estructura cerebral y su consiguiente personalidad e inteligencia en unos cauces determinados. El éxito del conocimiento siempre vendrá de la "multifocalidad", de la combinación de estructuras cerebrales heterogéneas y no exclusivamente competentemente homogéneas, cada cerebro especializado en un modo de adquisición, procesamiento y acumulación de información tiene mucho que aportar en su alcance. De hecho, yo soy TDAH diagnósticado, y lo único que puedo constatar fehacientemente es que proceso la información de modo distinto a mis cercanos y a aquellos que observo razonan en los medios de comunicación. Tengo unos inconvenientes y unas ventajas como cualquier otra persona, porque un cerebro es un vaso comunicante cuya disposición del líquido es una combinación del aprovechamiento de los recursos existentes, pero si bien es cierto que mis recursos son menos "adaptables" al sistema reglado imperante, la potencialidad existe y está presente para poderse aprovechar como cualquier otra. Un TDAH es una estructura cerebral determinada con sus pros y contras, pero con unos pros que quedan solapados por la necesidad de establecer una referencia de conocimiento formal que estipula la normalidad y que desde ella obliga a los que son como yo a un esfuerzo mayor de adaptación que el resto de personas, pero que en otras circunstancias y tiempos no tendría o tuvo que ser así. Por ello abogo y constato personalmente que el éxito del conocimiento radica en la heterogeneidad y comprendo que la ciencia tolere "fugas" como la inteligencia emocional como cajón de sastre para intentar amarrar el mar con tubos de ensayo. El mayor poder del ser humano surge cuando se unen determinadas combinaciones de estructuras cerebrales heterogéneas, entonces la información resultante no es aditiva sino exponencial, pero hay que partir discriminando la idiosincrasia de cada estructura y discernir para qué es válida y cómo encaja en el conjunto.

lunes, diciembre 22, 2014

El camino de la revuelta y de los antisistema es muy ancho

Es posible que una gran mayoría de ciudadanos coincidamos en calificar la actual sociedad como poco satisfactoria o mejorable, cada cual por sus razones, el común denominador es que algo falla en el momento actual. A fin de cuentas somos seres humanos y lo extraño sería que como tales asumiéramos nuestra condición de imperfección y nos pusiéramos a comparar la situación actual con pretéritas en las que los derechos y en resumen, la calidad de vida general, resultaban mucho peores, pero en la lógica humana, comprensible en todo caso ya que los individuos juzgan en base a la percepción de su propia realidad, la situación es insostenible.

Lo llamativo es que existe una gran parte de jóvenes que disponiendo de recursos suficientes como para integrarse satisfactoriamente en el sistema actual, deciden plantarle cara y rebelarse contra él como si manifestaran su solidaridad con los que dicen están oprimidos. En las revueltas de manifestantes antisistema pueden verse numerosos jóvenes salidos de la escuela o la universidad con un grado de violencia verbal, cuando no física, que parecería dar a entender que sus enemigos son tiranos y verdugos sedientos de sangre que pretenden dar muerte lenta a sus familias y a fe mía que así lo deben creer a pies puntillas, especialmente los de la primera línea.

He visto también a líderes de izquierda justificar y defender este tipo de manifestaciones cada uno en distinto grado, siendo Cayo Lara o Pablo Iglesias los más inclinados a tomar parte activa en esa labor entre los más conocidos. Sus argumentos son claros y manifiestamente útiles para exonerar a los jóvenes violentos de cualquier responsabilidad: sencillamente cambian el orden de la situación y sitúan a la policía y sus superiores como los violentos y a ellos como esa sociedad subyugada por opresores corruptos y sedientos de dinero y poder que no les dejan más remedio que actuar incluso con violencia contra el sistema. No hay mucho más, pero ese proceso es muy efectivo y explicaré el porqué aún repitiendo los recursos manipulativos que ya he citado en otros artículos de mi blog.

Para empezar y antes de meterme en la radicalidad antisistema, diré que pienso que la sociedad en general es corrupta genéricamente en un porcentaje muy alto. Corrupta porque, de no existir consecuencias punibles sobre sus acciones, muchos de ellos ellos de un modo u otro realizarían un acto en su propio beneficio restándoselo a terceros o a su costa. Ya en la la coyuntura actual existen muestras o detalles pequeños, que parecen no tener relevancia o repercusión, que nos enseñan esas "capacidades" de las personas: conduciendo el número de espabilados que tratan de aprovecharse en colas o entre el tráfico, haciendo trampas, en la compra intentándose colar, no devolviendo el cambio si te lo dan de más a tu favor, quedándose algún objeto perdido en vez de intentar retornárselo a su dueño, cobrando de más en algún trabajo, no dejando sentar en los autobuses a esas personas que lo necesitan más que tú, copiando en los exámenes, plantando cara a los profesores que no nos gustan, simulando un accidente para cobrar del seguro, etc., etc. Todas estas personas, en su medida, procederán a seguir la misma constante que los violentos en una manifestación, es decir, justificarán para sí sus acciones de un modo u otro, y eso cuando lo hagan. Es cierto que cada caso es diferente y muchas personas, cual ovejas, se mueven mecánicamente como reflejos de referencias adquiridas en medios de comunicación que les instalan esas actitudes como normales y aceptadas. Algunos ni siquiera piensan un instante antes de hacer lo que hacen, simplemente están acostumbrados a lo que ven "normal". Pero eso pone a las claras una sociedad que ve igualmente normal, juzgar a otros por delitos que no saben si ellos mismos podrían cometer si se dieran las mismas circunstancias y que mucho me temo así sería en la mayoría de los casos.

Lo lógico es que un antisistema sencillamente justifique su proclama y acción por ir en contra de algo tan gordo y tan tremendo que haga incluso deseable su toma de partido, por tanto, el requisito fundamental es que, tomando como referencia hechos específicos con un filtro que se centra exclusivamente en ellos, el filtro de su realidad, la que vive o recibe, viene a compararse con otra realidad, la que describe como antagónica y responsable de la que entiende como injusta, y ésta no puede ser ni meditada ni racional, debe ser exagerada y desproporcionada para que su acción pueda justificarse. Algo así como molinos de viento en gigantes a los que plantó cara un tal Don Quijote. Y claro que existe gente taimada y aparentemente respetable que se dedican a aprovecharse de los demás, pero está en ese porcentaje de personas que son corruptas de un modo u otro y su tamaño dictamina el alcance de sus víctimas, un detalle significativo para entender la autoridad moral con la que nos vemos capaces de lapidar a los que tachamos de malos. Pero es que existe un soborno en el ser humano que tiene tal potencia que es muy difícil resistirse a él, ese en el que te nombran paladín de una causa dentro de un grupo y por ello tu vida cambia completamente de anodina y con pocas esperanzas a relevante y significativa con el reconocimiento de tus semejantes dentro del grupo. Ese "rush" de adrenalina en primera línea o entre los compañeros cantando y acusando a los poderosos es incomparable a tener que estudiar o aprender un oficio tras años de esfuerzo para luego recibir una paga justita en el mejor de los casos que no cumpla con las altas expectativas que tienes para tu persona. ¿Cómo puede compararse la lucha universitaria o de manifestaciones contra los opresores con la aburrida vida de jóvenes que tienen un escaparate mediático repleto de cosas a las que no pueden acceder? De hecho, sería interesante saber la opinión de todos esos jóvenes que se presentan a programas televisivos de poco enjundia para accder al éxito del "famoseo" lo más rápidamente posible, podríamos escuchar numerosas incongruencias como que muchos fueran críticos criticando a otros siendo ellos ejemplos vivos de la ambición cortoplacista.

El poder que otorga el ser líder de un grupo de manifestantes o de un partido político que propugna una enmienda a la totalidad no tiene precio, porque enmendar a la totalidad supone tener la razón sí o sí y acabar con todo lo feo que se mueve planteando maximalismos a la altura de las expectativas de cada cual. Poco importa lo que pudiera suceder el día después, eso jamás se piensa, el momento no lo otorga la victoria aunque muchos no lo saben, el momento es el chute adrenalínico que se vive en la lucha contra los opresores entre camaradas, es la estimación de objetivos abyectos que se pueden lapidar y agredir con el beneplácito de unas conciencias que han asumido su causa como incomparable contra la que tienen en frente, por tanto ¿Cómo se va a frenar semejante soborno emocional? Si los antisistema van a una fiesta de la aristocracia no serán muy bien recibidos y viceversa, en cambio entre los suyos, ellos serán su aristocracia y recibirán sus agasajos a su manera, los grupos estipulan sus maneras de crear clases, gratificaciones, juicios y reprimendas, bien cierto que con objetivos diferentes pero con el mismo deseeo de cada individuo de relevancia dentro del grupo que consolide su autoestima.

El día que una persona cayó en la cuenta de que con consignas diferenciadas podía aglutinar a un grupo y que sus partícipes tomarían su causa con más fuerza incluso que su líder, ese día apareció el poder, y el poder es tan adictivo que no es exclusivo de unos, es una droga que afecta a los seres humanos.

La incapacidad de ver las situaciones como constantes miméticas entre personas y realizar juicios diferenciados, sólo pone de manifiesto la estructura mental de personas con esquemas rígidos de información y procedimientos mecánicos de consumo de hormonas gratificantes. La frase tiene tela, pero es que al final no nos damos cuenta de que la civilización somos conjuntos de operaciones siempre repetidas con andamiajes distintos y parafernalia alrededor.

sábado, diciembre 13, 2014

Reflexiones excéntricas sobre la comunicación política I (Ladrillo infame)

Lo primero de todo: no me dedico a la comunicación profesionalmente ni he estudiado sobre el particular, eso puede ser obvio para muchos, pero dejo sentado que en este blog expongo reflexiones excéntricas propias en la medida de que no surgen de ningún manual o referencia bibliográfica concreta. El conocimiento formal está a disposición de quien lo quiera tomar en éste y en cualquier tema y no tengo duda de que en política y medios existirán profesionales que se dedican al ramo que prueban día a día su eficacia o ineficacia.

El objetivo de la comunicación

En el proceso de comunicación existe un propósito fundamental y éste no es otro que el público destino sea capaz de recibir el mensaje y a partir de ahí, tomarlo en consideración, no desecharlo como ruido de fondo o clasificarlo como mero "spam" o "fuego amigo o enemigo" y aspirar a que los receptores interioricen la información recibida. Por tanto, la comunicación de masas no comporta el mero hecho de ser un altavoz que asépticamente distribuye datos hacia una población. De cómo se haga llegar esa información y de qué manera, la percepción que la población tenga de la información y de los emisores puede cambiar diametralmente. Un ejemplo imagino que recurrente son los titulares de los diarios, que en ocasiones priman la espectacularidad por encima de la propia información llegando incluso a tergiversar la propia noticia, cuando no introducen conjugaciones verbales o adverbios que conceden ese sutil toque partidista que suele pasar desapercibido por la gran mayoría pero que cala paulatinamente como el fresco de una noche de otoño.

La comunicación es omnipresente por todos los medios y cauces capaces de trasladar información a grupos numerosos de personas. La comunicación política no se reduce ni mucho menos a los medios de información. Los medios aparentemente inocuos, culturales y de entretenimiento son y suelen ser los comunicadores más presentes y efectivos en el terreno político dado que se les supone un objetivo distinto a la persuasión política y ello contribuye a que los destinatarios puedan adquirir conocimiento e interiorizarlo de un modo que no permitirían siendo conscientes de una voluntad del emisor de convencerles sobre algo. También hay que destacar la capacidad individual sobre la corporativa en los tiempos de internet que permiten la distribución masiva de información mediante redes sociales. Algo que antiguamente quedaba vedado a corporaciones mediáticas.

La principal dificultad con la que topa la comunicación

Por lo general en el caso de la comunicación política y sobre aquellas que comprometen creencias y apegos, existen unas estructuras de destino muy estrictas y delimitadas que condicionan directamente la efectividad del proceso comunicativo: éstas son las actitudes de las personas, sus estereotipos, sus prejuicios y su relación con las expectativas que todo ese universo cognitivo produce, pero eso no es todo, esas estructuras tienen un catalizador fundamental que condiciona cada uno de los universos cognitivos de los individuos, y éste es el grupo o la idea de pertenencia a un grupo. La influencia que cada individuo concede inconscientemente al grupo varía por la personalidad de cada individuo, pero suele tener tal importancia en la mayoría de los casos que incluso la pertenencia al mismo es capaz de superar las actitudes de sus miembros plegándose incondicionalmente a sus directrices para recibir la necesaria aceptación. En contrario la cosa obviamente sucede a la inversa, del mismo modo que comunicar algo de un grupo hacia otro resulta difícil, la comunicación dentro de un grupo es mucho más sencilla y receptiva casi incondicionalmente.

Motivaciones humanas

Hago un paréntesis para explicar que desde mi percepción el propósito de todo ser humano es: o bien ser aceptado en un grupo o una recreación idealizada de un público, o ser aceptado por una versión íntima y personal de un juez también idealizado, frecuentemente padre o madre, que incita, motiva y promueve a demostrarse de lo que es capaz uno para superar un complejo de inferioridad. Por supuesto, las personas no son conscientes de ello, pero siguen escrupulosamente las convenciones de los grupos anticipando de antemano qué será aceptado y qué no y actuando consecuentemente (o alternativamente un fuero interno que toma a su progenitor como referencia). Todo ser humano es comparativo, pero su esquema: percepción-sensibilidad determinado por genes y ambiente, establecerá el modo en el que, desde su fuero íntimo, articulará sus procesos para integrarse en el mundo social. Del éxito o fracaso de este proceso, se deducirá una persona proclive a la pertenencia de grupo o contraria al mismo como inadaptado. No en vano, los inadaptados conforman un grupo, cada cual con su idiosincrasia, cuyas percepciones-sensibilidades son ostensiblemente diferentes a las de la mayoría. A fin de cuentas, el grupo es un constructo coyuntural que surge por la concurrencia de afinidades o familiaridades que nos permiten sentirnos cómodos o sin la necesidad de articular maneras defensivas siempre en la comparación con otros grupos que son desconocidos o aparentemente dispares. Desde este punto de partida, las expresiones de las personas que toman relevancia en la vida social, cultural, deportiva y política, no son más que resultado de ese proceso de aspiración personal y de la calidad de cada una de ellas, resultará la consiguiente relevancia. Es importante tener eso en consideración para comprender que las decisiones, soluciones, argumentos, audacias, rebeliones, ocurrencias, desplantes, ayudas, ataques, colaboraciones, etc., etc., actúan como moduladores de ese proceso personal para la defensa del propio yo de cada individuo y la comparación inconsciente que hace el individuo con su entorno de la cual se encarga de defender lo que denominamos orgullo. Por ese motivo, una persona con un cargo de responsabilidad sobre millones puede tomar decisiones al margen de las personas o no pensando en ellas tanto como en él mismo, aunque necesite mentirse o "armonizar" su idea con la que cuadrar su equilibrio. El texto que escribo por ejemplo, se sale de la convención en tanto no es común y por ello, las personas que son "normales" en relación a una totalidad denominable grupo social o sociedad, desplegarán las recurrentes defensas y justificaciones con las que establecer la oportuna comparación y conseguir salir airosos conservando el oportuno equilibrio de su autoestima.

De cara a la comunicación, una de las estructuras más difíciles de romper es la del sentimiento de pertenencia a un grupo. Eso hace por ejemplo que alguien pudiera coincidir con las consignas lanzadas por un grupo de comunicación, pero que, al ser hostiles respecto del grupo al que pertenece, dicho individuo atacara a los emisores y al grupo contrario con independencia de la coherencia que dispusieran sus argumentos con él mismo. La razón o la lógica argumental no tiene cabida ni puede rivalizar con el sentimiento de pertenencia de grupo y ello se materializa en el modo que sus partícipes inconscientemente asignan cargas emocionales a los mensajes recibidos discriminando según sean del grupo o de fuera del grupo. Digamos que emplean un atajo cognitivo para dirimir con rapidez lo que entienden favorable o afín de lo hostil. El argumento que luego se desplegará para combatir la información recibida nunca antecederá al proceso discriminativo emocional, sino todo lo contrario, una vez se haya ubicado la carga emocional del mensaje, se procederá al tratamiento racional del mismo, procediendo convenientemente a atacarlo o defenderlo. Es por ello, que muchas sociedades presentes o pasadas permanecen "adormecidas" al disponer como prioridad personal de sus partícipes, la defensa de las condiciones de un grupo sobre las razones o circunstancias ciertas y abstraídas del contexto. Viene a ser como el miedo, un miedo que actúa de guardia de seguridad que niega sistemáticamente la entrada a toda persona que no se identifique como miembro y que no se pregunta nada más por un compromiso de protección que está por encima de otras consideraciones. El mismo miedo produce reacciones instantáneas en las que la razón no tiene cabida hasta que se desvela la información desconocida o conocida que nos lo ha causado. El grupo es por tanto, un sistema de defensa, articulado por un instinto tan potente como el miedo, que viene matizado y justificado por las asociaciones que ese grupo proceda a vender a sus partícipes: de superioridad, de diferenciación, etc.

Moduladores de grupos

Existen por tanto dos moduladores emocionales inconscientes muy potentes en los grupos: el sentimiento de pertenencia y por tanto el de necesaria aceptación-relevancia en el mismo, y el miedo-aversión que se despliega desde dentro hacia afuera. Ambos actúan de catalizadores de grupo, siendo el primero esencial y el segundo un recurso cohesionador muy poderoso. Hay que hacer constar que el miedo-aversión puede articularse desde parámetros sutiles hasta manifestaciones ostentosas y espectaculares. Es importante también hacer constar que las características de las personas en los grupos no tienen en sí mismas una carga moral de bondad o maldad. La pertenencia y la defensa de un grupo es consecuencia del instinto de conservación y supervivencia de los seres humanos por un lado y la necesidad de mejora y realización que cada persona tiene en una sociedad, la cual se mide en el proceso de comparación con sus semejantes en el grupo. Ahora bien, el factor moral sí aparece cuando dirigentes o próceres en esa sociedad, emplean con un propósito de satisfacción personal como una promesa o un objetivo trazado, los recursos de pertenencia de grupo y defensa, resultando de ellos un alto poder de persuasión de masas. Ese factor no es exclusivo de gobernantes o de gente con responsabilidad material, sino de cualesquiera actores en la sociedad que necesitan tomar presencia o continuar el camino de su realización personal a costa de consecuencias ignotas que se sacrifican por una supuesta buena intención. En el mundo presente por ejemplo, los medios de comunicación y entretenimiento tienen una responsabilidad moral tan alta o más que los políticos o dirigentes, ya que tienen en su poder, no la capacidad de informar que sería una utopía de asepsia imposible en seres humanos no autistas, sino de crear opinión y generar espacios de normalización de hábitos y conductas. Una influencia extremadamente poderosa capaz de cambiar mentalidades de sociedades enteras. Un ejemplo: publicidad dirigida a niños, mucho más maleables e influenciables, para que convenzan a sus padres de la compra. El publicista no se plantea un dilema moral en tanto que la normalidad dicta que es socialmente aceptado cobrar un salario para convencer a las personas de que compren unos productos. También existe la venta de drogas "legales" que son objetivamente perjudiciales para la salud, pero se busca asociarlas con estereotipos de belleza o agradables con los que promover su consumo y percibir una determinada imagen al hacerlos que incluso puede ser favorable dentro del grupo. Existen montones de ejemplos de situaciones que no proporcionan al ser humano ningún beneficio objetivo sino una necesidad que puede incluso convertirse en una adicción pero se articulan métodos de comunicación que lanzan campañas con las que influir en su consumo. Lo mismo sucede en política, la generación de expectativas no tiene porqué comportar el aparejamiento de un beneficio para su sociedad sino todo lo contrario, la inoculación de un objetivo sin el cual dicha sociedad no será plena o completa y con ello conducirla al conflicto.

La comunicación es el arma con la que "etiquetar" todo lo que nos rodea en este mundo de consumo con atajos favorables o desfavorables. Productos de todo orden, ya sean cosas materiales, ideas, pensamientos, opiniones o lo que sea susceptible de ser adquirido desde un destino a otro.

Requisitos de la comunicación de masas honesta

Hay que dejar claro de antemano que la comunicación es inherentemente un sistema de manipulación de masas o cuanto menos para los susceptibles, un medio de influencia. La información se dirige a unos receptores con un fin determinado que suele pretender un objetivo que no es otro que persuadirle favorablemente o desfavorablemente hacia algo. La manipulación sobreviene cuando existe una intención ligada a conseguir un determinado objetivo: que la recepción sea por ejemplo favorable. La disposición de un diario nacionalista por ejemplo, haría inconcebebible una portada repleta de titulares positivos hacia decisiones tomadas en Madrid o viceversa. Una situación que ocurre en los incontables procesos que se suceden desde que se perfila una información hasta que se despliega, o no. Ello a veces se produce incluso sin la voluntad manifiesta hacia un fin de sus actores.

Un ejemplo de información alejada de la interpretación de los comunicadores en tiempo de medios tecnológicos disponibles en masa al alcance del hogar medio, significaría la retransmisión directa de sus protagonistas y las noticias en videoconferencia sin editar. Sin titulares, sin crónicas, sin elección de preeminencia, sin intermediarios, de modo cronológico y dejando que cada cual pudiera ser escuchado como en un ágora mediática a disposición del ciudadano. No en vano, ello paradójicamente produciría en gran parte de la gente una enorme desorientación, ya que la gente, así genéricamente, necesita ser "orientada" y admite que se le faciliten las cosas sin preguntarse el qué o cómo se hace. De ahí que la noticia tenga a veces tanta fuerza en función de cómo sea comunicada, dado que el receptor no se pregunta las razones del comunicador o sus intenciones, ni siquiera es capaz de identificar los signos que ponen de manifiesto esa intención, sólo se centra en la noticia y el mensaje que ha pretendido trasladarle el comunicador. De hecho uno de los "agujeros" de la comunicación es la imposibilidad de que cierto sector de la audiencia fuera capaz de comprender el lenguaje político en todos sus términos y por ello necesitaría de "resumidores" o intérpretes que le "traducirían" la información no siendo necesariamente honestos al hacerlo y centrándose en los mensajes con más repercusión que pudieran decantar a los receptores sobre un posicionamiento u otro.

En la comunicación de información, en las noticias, uno puede tratar de ser lo más aséptico posible, anhelar o aspirar a una quimérica objetividad, pero el emisor pertenecerá a un grupo con un registro de intenciones, aspiraciones, valores, creencias o principios que harán normales una serie de convenciones en sus manifestaciones, ya sea activa o reactivamente que inevitablemente marcarán unos límites ideológicos. Pues bien en todos aquellos casos en los que las personas pretenden para sí un espacio de imparcialidad o de independencia en sumo grado, hay que ser siempre más precavidos que con los que asumen en público su inexorable afiliación a un sistema de ideas, dado que parten de una premisa errónea, la entelequia de la objetividad humana, que pone de manifiesto una incapacidad de percibir la realidad más que desde un sólo ángulo, que por lo general creen que es el correcto.

Es por ello que el requisito de una comunicación honesta establece dos opciones:

1) Ofrecer información identificando de antemano la filiación o propósito ideológico del medio sin una pretensión de ocupar un espacio de "verdad" general, que aunque se piense lícitamente que pueda ser así, respeta los posicionamientos de otras ideologías.

2) Ofrecer contrapuntos ideológicos y pluralismo real en el medio que emite la información, de modo que se puedan recibir diferentes versiones y puntos de vista de una información sin establecer una hegemonía clara o reconociendo como se determina en el punto anterior, la filiación del grupo.

Lo que no es una comunicación honesta es ocupar un espacio de autoridad moral dirigido a juzgar al resto sin anunciar que detrás del medio existen unos intereses ideológicos determinados cuando no económicos, de influencia, poder u otra índole. En todos los medios, como centros de manipulación de masas, existen intereses periféricos o centrales, pero a la hora de pedir honestidad a un medio, el requisito fundamental es anunciarse por la vía racional y eludir la sentimental que es la que ejerce de facto la manipulación. No vale ni que sea evidente para muchos que un medio pertenezca a un perfil ideológico u otro, es el medio el que desde el respeto al pluralismo asume públicamente que sus tendencias siguen un patrón concreto y no un espacio moral difuso que pretende un terreno hegemónico con el que intentar abarcar al máximo número de audiencia posible.

Dónde empieza la comunicación y dónde la publicidad

Tal como yo lo veo, la comunicación es publicidad. La corrección política que reposa en el formalismo; y las personas monocordes capaces únicamente de ver un único ángulo de las cosas, pueden defender lo contrario dado que hacen reposar en la intención, el fundamento de su acción. Es decir, si yo no tengo intención de vender nada, no lo estoy vendiendo, y eso no es así. Lo que está fuera de control o del conocimiento consciente de un individuo produce igualmente consecuencias con independencia de la intención del emisor. Es más, justamente este perfil de personas capaces de defender a capa y espada su honestidad informativa, trasladan sin saberlo mensajes transversales que forman referencias a otros y por tanto influyen y sientan maneras normalizadas. (Es lo que implica ser un personaje público y con su conducta trasladar un ejemplo, el que sea). Y suponen un mayor riesgo a la honestidad comunicativa porque al no calibrar las consecuencias de sus manifestaciones o auto exonerarse de la responsabilidad que de sus manifestaciones puede deducirse, son capaces de fiar sus mensajes, sus interpretaciones, sus opiniones, a la mera intención que sólo busca el aval de un grupo semejante para verse reconocidas y por tanto gratificadas. Por ello, no importa que esas personas sean o no honestas o calibren sus consecuencias ignorando que están vendiendo un producto o enfatizando sus virtudes dado que el desconocimiento de las consecuencias de sus actos será una variable no considerada y que encontrará adecuada recepción en personas que de igual modo, se entreguen a la misma intención soslayando miméticamente los efectos que de todo orden en ella se encuentren.

Publicidad en un proceso de comunicación, supone la venta de uno mismo hacia los demás. Es una llamada de aceptación de lo que se propone, ya sea por la forma, por el fondo o porque se ha dejado el emisor la bragueta abierta. Existe un escaparate hacia una globalidad que juzga la información recibida y lo hace buscando elementos comunes con los que identificarse con el emisor. Hombres o mujeres del tiempo hay muchos/as, pero podemos preferir a unos sobre otros y no únicamente porque aciertan más, puede deberse al físico, a su voz, a su indumentaria, a su manera de explicar la previsión, por los contenidos asociados, etc. Todos ofrecen aparentemente lo mismo y puede que información extraidas de fuentes similares pero cada cual se vende de un modo con el que trata de captar mayor audiencia.

Las personas realizamos opiniones o juicios de valor conscientes e inconscientes sobre todo lo que nos rodea. Es como la imagen que causa una persona al conocerla por primera vez que provoca en el interlocutor una determinada impresión positiva, negativa o de tendencia aparentemente neutra o condicionada a ulterior información. En el acto de comunicar, se está materializando la venta de un producto sujeto a la aprobación o desaprobación de sus receptores. Ese criterio de aceptación/rechazo se puede poner en juego si no tenemos expectativas o ideas preconcebidas o prejuicios, de lo contrario, la persona partirá con unas premisas positivas o negativas en relación a su grupo que tras la intervención reforzará o remitirá, pero que no son en absoluto ecuánimes, ya que cuando tenemos prejuicios sobre un sujeto, nuestro cerebro sucumbe a la tendencia a discriminar con un "instinto sesgado de grupo" que localiza lo negativo del individuo para emplearlo en su contra habida cuenta su amenaza para el grupo. En general, no sólo en política, sucede igual en la afinidad entre personas marcadas por rasgos sociales determinados: indumentaria, religión, ideología, clase social, corte de pelo, raza, estatus económico, formas o lenguaje, etc.

Por tanto, ¿Qué debe reunir una comunicación política efectiva?

Recalco que hablo de "comunicación política efectiva", es por ello que entre las posibilidades, existen modos de "comunicación partidista efectiva", es decir, unos pueden ser genéricos para la comunicación en política y otros específicos para resultar efectivos en la comunicación partidista. En cualquier caso las preferencias de un medio si no se ocultan de partida hacen coherentes una serie de pautas partidistas que muchos consumidores saben y lo admiten para reforzar su filiación y los recursos argumentales contra el enemigo grupal. En base a lo dicho dividiré la comunicación efectiva en dos grupos: A)"comunicación efectiva en general" y B)"efectividad centrada en el mensaje que se pretende trasladar dentro o a través de la información"

A) Comunicación efectiva en general

- Para empezar, justamente lo contrario de lo que yo estoy haciendo si pretendo alcanzar a un grupo numeroso de receptores: concisión de un mensaje que traslade la mayor cantidad de información posible. Los silogismos, los eslóganes, pueden condicionar y cambiar mentalidades instalándose en los cerebros de las personas como asociaciones difíciles de extinguir porque encierran pedagogía en pequeñas dosis. A partir de ahí, se puede ofrecer una mayor profusión de explicaciones/argumentaciones, que deben recaer en la pedagogía.

- Marcar tus propias reglas de juego. Seguir los procesos de comunicación marcados por otros lleva inevitablemente a la comparación y bajo esas premisas, debes ser muy audaz para sobresalir entre el aluvión de información existente.

 - Coherencia. La coherencia del emisor debe ser total. En cuanto se traicionan las propias convicciones pretendiendo la ampliación de la audiencia, los receptores de ese espacio lo detectan y una parte puede ver traicionadas sus expectativas. Dicho lo cual, existen medios cuyos principios es no tener principios. En esos casos la relativización de todo lleva a un cajón de sastre capaz de justificar lo que sea necesario por una satisfacción cortoplacista, el sueño de un vendedor.

- Omnipresencia. Eso es algo evidente, pero cuando no existen recursos suficientes, la calidad de la comunicación precede a la cantidad en tanto conserve unos mínimos de presencia.

- Formas. Las formas son cruciales, pero no sólo como un pingüino encorsetado que sigue unos  rígidos protocolos, sino como ejemplo de una sociedad en su versión correcta. Alguien que pueda resultar familiar a los demás sin destacarse en extremo por nada que pudiera llevarle a la rápida etiquetación negativa o ajena.

- No "mimar" a los receptores *. Una costumbre extremadamente dañina para la sociedad occidental es someter a subasta todo lo que un político puede ofrecer en forma de derechos. De ese modo, la población sufre de una hipertrofia en derechos que, lejos de conducirle a la satisfacción, produce el mismo efecto que un niño mimado, se acostumbra a pedir más y más y obliga a los políticos y a sus sistemas de comunicación a entrar en el juego con una idea de satisfacción-felicidad extremadamente alta. Las personas aceptan recibir un no por respuesta cuando éste conlleva la consiguiente pedagogía y justificación. Un buen comunicador debe ofrecer y exigir al mismo tiempo servicios, derechos y obligaciones tratando a los ciudadanos, no como votantes, sino como personas capaces de asumir responsabilidades y tener un criterio.

* Esta característica tiene un trasfondo de eficiencia comunicativa pero a la vez moral. Es efectiva en tanto, en el largo plazo ofrece a la audiencia una idea de coherencia que ésta llega a asumir con normalidad aceptando un tipo de respuestas y no otras, generando con ello un seguimiento; y moral porque parte de una premisa educacional o de ejemplo de un patrón de coherencia, de defensa de los propios principios por encima de la satisfacción cortoplacista del consumidor.

B) Efectividad centrada en el mensaje que se pretende trasladar dentro o a través de la información

- No dejes que sean otros los que interpreten la información. Si ofreces una información sin pedagogía, otros serán los que bajo sus intereses y premisas, la ofrecerán.

- Pedagogía. En la pedagogía reside la columna vertebral de la comunicación porque no es un camino de una dirección en el que te limitas a explicar el significado de algo. La pedagogía supone mucho más, para empezar supone que los emisores se están tomando el interés en hacer llegar el mensaje a las personas y por tanto desean, como muestra de respeto hacia ellas, que entiendan lo que se les pretende comunicar. La pedagogía debe tomar por tanto en consideración a los destinatarios de su mensaje y articular sistemas comprensivos que den respuesta a las dudas que pueden surgir sobre una decisión o actitud y a aquellas que aunque no surjan, ayuden a mitigar preocupaciones que por su aplicación podrían generarse. La pedagogía debe explicar la intención ligada inexorablemente a unas consecuencias pretendidas, es decir, justamente liberar a la gente de los conceptos anclados en la mera intención o que reposa en prejuicios o ideas fijas muy difíciles de superar. Con la pedagogía se pueden destrozar los prejuicios y someter a reflexión, actitudes o posicionamientos que reaccionaban automáticamente ante un input determinado. La pedagogía bien empleada es la mejor herramienta de comunicación disponible porque los prejuicios y las etiquetas son reflejos condicionados de grupo que se automatizan y no se someten a escrutinio, pero cuando se propone un mensaje pedagógico cerrado y sencillo de entender, es mucho más difícil renunciar al mismo. Detrás de cada prejuicio reposa un entramado cognitivo que gracias a la pedagogía puede hacerse tambalear. La pedagogía igualmente no debe implicar un conocimiento rígido o general, sino que, con los límites en los principios y valores propios del discurso político, debe empatizar con las personas y sus inquietudes, explicando cómo cada decisión afecta a partes de un todo y no a un ente abstracto de difícil identificación. La comunicación por tanto debe ser causal, de modo que se ofrezcan soluciones motivando el modo en que se van a implementar, qué consecuencias buscan producir y sobre qué población. Por el contrario, la repetición sistemática puede anular el efecto aprendizaje al automatizarse o habituarse los receptores a escucharlas de modo que se les acaba por desproveer de significado: repetir por ejemplo que se consigue crear empleo puede descontarse al escucharse varias veces y el receptor exigir algo más que lo que ya ha asumido como normal, por eso la pedagogía debe poner en valor cada logro en base a una comparación real, no idealizada o utópica que suele disponerse entre quienes buscan desmontar los logros.

- Crear un discurso propio no a expensas de otro. Esta característica debe matizarse. Estoy hablando en todo momento de comunicación con un punto de partida cero, no con partes presentes sobre las que edificar un proyecto político sobre el ataque, la queja, la división o la culpabilización, aunque éstas sean sutiles (ya que son recursos extremadamente efectivos en la comunicación). Hablo de defender una idea constructiva que se centre en todo lo positivo que se puede conseguir e inspirando en la sociedad un optimismo de base racional y causal que pueda explicarse con argumentaciones y hechos concretos, no con adjetivos y conceptos bonitos pero vacíos de contenido.

- La oportunidad. La expectación de una noticia política viene marcada por sus tiempos. En la "guerra" de la información los diversos actores pujan por dar una noticia de impacto que remueva a la audiencia y atraiga la atención de los consumidores. Las noticias pueden surgir, sobre eso no existe control cuando ocurren por accidentes, pero sí cabe control sobre los tiempos en todo lo demás: casos de investigación, accidentes susceptibles de responsabilidad política, casos de corrupción o tramas, declaraciones altisonantes de un responsable político, juicios, etc. Es en esos casos cuando puede entrar en acción la poderosa (bien conducida) arma mediática que es una campaña de comunicación. De cómo se dramatice, de cuanto tiempo se haga durar y ocupe primeras planas, de lo que se consiga convertir en el boca de todos, de todo eso la noticia por importante o intrascendente que sea, habrá calado gracias a la comunicación. La importancia per se de la noticia no existe, la comunicación es quien se la otorga, pero siempre aprovechando la oportunidad, es decir, que noticia y noticiado estén en el candelero cuando se publica. Si ahora se descubriera que un exdirigente nacionalista tiene una auténtica fortuna distribuida en paraísos fiscales no haría ni pestañear a mucha gente comparado con el impacto que hubiera supuesto darlo a conocer cuando gobernaba, o quizás cuando gobernaba controlaba los medios de comunicación.

- Escoger tácticamente lo que se ofrece y lo que no se ofrece y disponerlo eficazmente en el soporte. La disposición de las noticias en portada marcan el perfil del medio informativo, de modo que lo que para unos puede ser relevante, para otros puede ni aparecer en portada. Igual sucede con el seguimiento. Sin embargo, existen maneras de publicar noticias incómodas relegándolas a espacios pretendidamente respetables pero con poca presencia relativa. Es el caso de las editoriales o apartados breves de mención rápida en los que el medio puede publicar la noticia molesta (según su perfil ideológico) y con ello curarse en salud sobre su variedad e independencia. Por supuesto siempre está el recurso de situar la noticia en la parte final, que no el final.

- Escoger igualmente entre las opiniones de los lectores o consumidores dando preeminencia a los afines al editorial y disponiendo algunas pautas discordantes que permitan hablar de pluralismo.

- Sutileza en la crítica al contrario. Los mensajes de crítica hacia otros grupos, como bien he aprendido por ejemplo de La Vanguardia en su lectura durante años, deben ser sutiles y reposar en dos pilares antes referidos en los moduladores de grupos: la continua referencia a lo negativo que hay en el otro grupo unido a lo positivo y destacable que hay en el propio, pero hecho siempre con desdén y cierta indiferencia, como si un juez por encima del bien y el mal narrara una situación en la que no tuviera relación o implicación alguna con lo referido. Desde ese punto el lector no detecta tanto una idea de bando o grupo, pero a la vez se otorga la prerrogativa de sentirse juez de otros en la comparación con el grupo propio que se toma como referencia inmaculada. La sutileza se nutre de matices que son muy efectivos para lograr inclinaciones partidarias o partidistas sobre la población objetivo en contrapartida al tono directo claro y evidente que conduce al consumidor a una disyuntiva racional consciente. Con los mensajes subliminales y subrepticios la población objetivo admite un cambio de mentalidad sin percatarse del proceso como se ve a un niño crecer sin tomar consideración en los cambios que van ocurriendo. Eso se debe a que las referencias son poco claras o inexistentes y los cambios pequeños o escondidos. No en vano, al echar la vista a trás, sí se comprueba que las referencias han cambiado ostensiblemente pero al no tener conciencia de los pasos por los que uno ha adquirido la nueva información, los asume como condición normal de su propio criterio.

Así, en los mensajes  de comunicación se pueden poner referencias desapegadas hacia unos grupos, se pueden enfatizar unos errores y ningunear otros en función de las preferencias, se pueden poner en evidencia a protagonistas con adverbios del tipo "ahora" sin mentar literalmente la rectificación o el error y al revés puede concederse al protagonista afín al grupo generosidad en la rectificación, se puede convertir al que demanda en "quejica" o agitador y hacerlo al revés confiriéndole toda la razón si es del propio grupo, se puede disponer a otros grupos muy alejados de la visión del comunicador para que el consumidor pueda desmarcarse, se pueden escoger frases rotundas sacadas de contexto, se puede hacer uso de la metonima personalizando territorios o símbolos como si tuvieran criterio o vida propia y se contraponen a quienes juzga el medio, se puede hacer uso del verbo activo o pasivo en positivo o negativo para otorgar papales en lo positivo y lo negativo, se puede hacer eco de un discurso y nulo de otro, se puede replicar una noticia incluso en titulares o una declaración introduciendo un hecho que la ponga en duda y reste fuerza al mensaje, existe montones de formas para amplificar o restar fuerza a un mensaje determinado sin que la población detecte una clara animadversión o preferencia, lo cual lleva a ser más efectivo y genera que el consumidor "rellene" la información resultante del estímulo lanzado.

- La sutileza en la palabra debe ir acompañada en la sutileza en la imagen, especialmente en los soportes de noticias de papel y digitales. Una fotografía buena puede ser aquella en la que el protagonista sale mal parado, ridiculizado por una situación o indispuesto. O viceversa

- Empleo de sentimiento. La comunicación cuando pretende ser realmente efectiva y conseguir que cale su mensaje debe pertrecharse adecuadamente de una simbología con la que lograr la identificación de sus seguidores, pero por encima de todo, debe entrar en las cabezas de los receptores por medios emocionales. ¿Cómo? No se trata de crear la lágrima fácil pero no dista demasiado. Depende del frente o medio del que se trate, una emoción u otra resulta más conveniente. Tristeza, risa, indignación, miedo, etc. No olvidemos que la comunicación política puede llevarse a cabo por todos los medios de información y entretenimiento disponibles de modo que cada uno está en condiciones de ofrecer una información de una manera diferente con sus ventajas e inconvenientes. En principio, la vía de entrada más efectiva para subyugar corazones y fomentar la afinidad reside en la lágrima y en el humor. Dos emociones opuestas que logran una guardia baja del receptor ante ideas que dispuestas en frío no entrarían tan fácilmente. Una película, un programa del corazón, un reportaje, pueden perfectamente asignar causas y consecuencias a los males de sus protagonistas y relacionarlos con responsables indirectos que defienden por analogía ideas similares. De igual modo, el sarcarsmo, el humor y el escarnio incluso son maneras de trasladar una imagen caricaturesca de los "enemigos" con las que incluso sustituir a los originales en el propio fuero interno. El humor es un reforzador  negativo excelente a quienes se estipulan como de otro grupo, pero no se pueden olvidar el miedo y la incertidimbre.

Toda historia encierra una moraleja, incluso las más asépticas llevan justamente una asepsia que pretende una visión determinada de la realidad. Se puede asumir que un "final feliz" es por tanto un final no original o irreal en tanto que la normalidad de los medios de comunicación estipule no normales los finales felices con independencia de la realidad, únicamente porque pretende primar la desdicha y el consiguiente sentimiento de culpa o de solidaridad entre los receptores. O precisamente porque los emisores sesgan su visión de la realidad por su propia experiencia. No en vano, el sentimiento de tristeza, la tragedia, es el más universal y el que más apegos suscita. El humor siempre tiene estilos o preferencias más divididas, pero las desgracia convoca una mayoría unánime en común acuerdo que puede tender con facilidad a establecer culpas hacia donde dirija el medio o el promotor del mensaje. Cada historia y el uso de sus emociones crean patrones causales que actúan de ejemplos en la sociedad y por tanto sirven de canales de interiorización de un mensaje ideológico determinado. Bajo una premisa sentimental se toman decisiones "en caliente" que luego pueden enquistarse como soluciones "contra" un mal que nos las impide. La emoción es el recurso básico de la manipulación humana en tanto cualquier hecho puede relacionarse con un interés que se asume propio. Sólo hay que conferir a las personas un derecho de acción sobre algo en base a una premisa en la que se nos dice que somos acreedores, a partir de ese momento, la defensa de cada yo y de los grupos que constituyen los "yoes" será el fin esencial. Los argumentos, las realidades y todo lo demás, serán ayudas o estorbos, la manipulación estará servida.

- Había olvidado dos recursos que a veces cito de pasada pero que son nada menos la clave de cualquier buena manipulación comunicactiva: la generación de una expectativa idealizada y la comparación maximalista. Ambos no son propios de la comunicación, son recursos dialécticos, más el segundo, que inciden en el éxito del mensaje del emisor. En realidad la comparación maximalista bebe de la expectativa idealizada y viene a ser su materialización dialéctica.

La generación de expectativas es uno de los motores sino el motor fundamental de la motivación humana, ya que todo ser humano necesita una razón para justificar su existencia, muchas inconscientes y radicadas en lo que denominamos curiosidad que es su personal "buscador Google". La expectativa es una recración personal, individual, de lo que se espera ocurra habida cuenta de la información que disponemos. Ello nos lleva a deducir de lo descrito que a) Por un lado al ser individualizada y personal, sobre una misma información personas con esquemas cognitivos distintos pueden generar expectativas diferentes; pero también que b) Que de la información que propongamos suscitaremos un rango de posibilidades determinado de probabilidades en las personas para generar expectativas. Si ponemos a un lado un hueso y al otro un perro, es posible que haya gente que piense que el animal astille el mismo e intente hacer fuego con el mismo, pero lo más normal es que esperarían que se lo llevara a la boca. Los ejemplos sencillos son una analogía de los más complejos si se conocen sus variables. En el caso de ser humano la generación de expectativas suele incidir esencialmente sobre dos consideraciones: 1) Cómo afectará a la posición del receptor sobre su autoestima en relación a su grupo y 2) Cómo afectará a la recreación que tiene el sujeto de lo que es deseable en un plano general utópico. La primera es mucho más importante ya que la relación del sujeto con el mundo es siempre la que marca la preferencia en sus elecciones, incluso con independencia de sus principios ya que éstos son el andamiaje de su autoestima y si existe una alternativa mejor para la misma, pueden ser cambiados. De ahí surge la incoherencia humana tan capaz de defender sus ideas con más vehemencia que coherencia.

Pues bien, una expectativa es un estímulo causal, es decir, lanzar un señuelo para producir un efecto en las personas, y es ahí donde entran las emociones que tratan de favorecer a cada sujeto en su autoestima en relación al grupo y al esquema cognitivo que tiene planteado en su cabeza sobre lo que es deseable. En ese punto la expectativa deseada se cosifica y pasa a a ser un objetivo idealizado con un soporte emocional no sometido a reflexión continuada sino a defensa contra cualquier elemento que se propugne como un obstáculo el cual pasará a ser hostil.

La comparación maximalista es un recurso dialéctico basado en el equilibrio de la autoestima que pone de manifiesto como las personas, en vez de buscar la "verdad" o la "realidad" tratamos de jugar con las máximas bazas favorables para imponer nuestra verdad o nuestra realidad a base de constructos particulares que hemos confeccionado en nuestra cabeza. Sencillamente consiste en comparar cualquier consideración que surja en disputa con la mejor posible resultando siempre airoso el que efectúa la comparación. En política cualquier decisión puede compararse en términos de variables no sesgadas y realidad coyuntural o lo contrario: una pretendida realidad idealizada que siempre ofrece soluciones sencillas, no ya sesgando variables sino ya no atendiéndolas. En cada solución que aparece un adjetivo agradable o atractivo para el receptor estamos soslayando una solución real por un agasajo al receptor que recrea con esas palabras los deseos y expectativas que tiene estructurados en su mente, pero que entran por la vía emocional y no racional.