lunes, enero 26, 2015

La estructura mental de un "emotipartidista"

"Gracias" a la crisis presenciamos el recurrente y trillado deja vu de los salvapatrias y justicieros que hacen las delicias de recolectores de audiencia y sociólogos vendedores de encuestas, amén de los partidarios grupales que se excitan con todo lo que suponga una analogía con sus siglas, creando paraísos futuros en los que la responsabilidad de lo malo corresponde siempre a un tercero que debe ser derrotado en las urnas y a poder ser con mucho odio.

La Izquierda ha creado un producto inmejorable, imbatible, pero que no es nuevo. A lo largo de la historia ha sido empleado por unos y otros, siempre radicales de ambos extremos, para azuzar a la población sobre un enemigo objetivo designado causante oficial de todos los males y en el que debe recaer toda responsabilidad y culpa de lo negativo que ocurre. El planteamiento es muy efectivo porque de un plumazo: 1) Exonera de responsabilidad a quienes puedan haber apoyado a un partido de Izquierda; 2) Lejos de ocasionar a susodichos electores responsabilidad por escoger a quienes llevaron a la ruina al país, pasan a constituirse en jueces sumarísimos de los nuevos señalados como culpables de todo; 3) No existen efectos secundarios a corto plazo ya que la única gente capaz de emplear la violencia callejera, la manifestación airada y la presión "popular" es la Izquierda y por ello, lo malo que haga la Izquierda no recibirá tal presión.

Pero eso no es lo único, ya que, en lugar de jugar con "las cartas disponibles", la Izquierda puede jugar con las disponibles y las "no disponibles" porque pueden ser inventadas y recreadas con vistas a generar ilusión entre los ciudadanos susceptibles. Así, uno puede prometer lo que estime oportuno a base de bellas palabras que se incrusten en los cerebros de las personas desesperadas, no sin la estimable y decisiva connivencia de sus medios que a base de: humor, programas de ricos ostentosos, reportajes de injusticias siempre sesgadas, documentales tendenciososos y noticias "interpretadas" serán más que suficiente para captarlos incondicionalmente.

Pero ¿Qué es necesario en un cerebro humano para sucumbir a tan maravillosa tentación? La verdad es que poco, pero ayuda extraordinariamente tener una "configuración intencional". Me explico:

Existe heterogeneidad entre derecha e izquierda hasta el punto en que existen multitud de personas que son de una y otra adscripción ideológica sólo por su origen, por la influencia de su ambiente. Pero, del mismo modo que se puede hablar de neuroticismo y extraversión en un continuo, yo afirmo desde el siempre cuestionable o falsable razonamiento ordinario que existen las personas que establecen sus presupuestos mentales también en un continuo, de más a menos en una escala, y que en función de dónde se encuentren, serán proclives a Izquierda y Derecha. ¿En razón a qué?

El presupuesto lógico esencial de la Izquierda es la intención, por supuesto la buena intención. Y ello no es baladí. Para empezar cuando algo se hace con buena intención, el grupo afín en franca solidaridad por disponer de la misma configuración mental, justificará cualesquiera acciones que se dispongan con esa premisa, pero es que el juego que aporta esa palabra con y sin el calificativo es tan grandioso como el infinito. Con la intención uno puede recrear mundos, paraísos, utopías, soluciones mágicas, hermandad, paz en el mundo y todo lo pueda suponer a su "intencionado", un chute emocional de gratificación hedónica, es decir, que le haga sentir bien por el mero hecho de sentir cosas bellas, es más, no que le haga sentir sólo bien, sino mucho mejor que aquellos que no sienten igual que él y hasta poder juzgarlos y sentenciarlos. Y ello porque la intención no necesita más que eso: sentir que uno la tiene y ya está, el cómo se materialice queda en un segundo plano que "ya se verá" cuando se tenga la oportunidad. Pero es que cuando llega la oportunidad y se comprueba que la intención por sí sola es un fiasco, se retorna a las características en el segundo párrafo enumeradas y se busca a alguien para hacerlo responsable de las propias elucubraciones. Infalible.

Por supuesto eso no calaría en personas que establecen causas y efectos a las pretensiones, a los "aguafiestas" y grises sujetos que anticipan lo que puede suceder dados determinados presupuestos, pero es que aunque puedan comprobar empíricamente el resultado de su experimentación intencional, a los sujetos con una mentalidad intencional siempre les queda el último recurso de romper la baraja y hacer difusa la responsabilidad para volver a las andadas. Por ello, disponen de un producto infalible sólo "superable" por una catástrofe de tal calibre que les lleve a crear un erial o una guerra en su país, que es algo a lo que tienden esos países sudamericanos cuyos principios inspiran a Podemos. No en vano, el oír o leer no implica interiorizar, por ello, el que apela siempre a la intención, te oye pero no te escucha y el divide sus presupuestos en: están conmigo en mi intención o contra mí, y en ese proceso emocional de camaradería de "bien intencionados" partícipes, los que desarrollen consecuencias a dichas intenciones que no correspondan con el buen rollo que provocan, serán expulsados y condenados como enemigos.

La Izquierda tiene su plan infalible y si se fijan, en la sociedad mediática cada vez se pregona más una especie de "carpe diem" en el que se denosta el pensamiento por la experiencia sensorial, inmediata e improvisada: futuros nuevos consumidores de bienes e ideas que abrazan la nueva religión y se muestran tremendamente beligerantes si les insinúas una posible manipulación. Nada que hacer. La emoción sólo puede ser vencida por la emoción, y su mayor postor son las expectativas, si la Izquierda dispone de todas las que quiera y alguien responsable sólo puede jugar con las reales y disponibles ¿Quién tiene las de ganar?

Porque tras lo dicho, un "bienintencionado" podría atreverse a contraponer argumentos con un maximalista enemigo objetivo y no darse cuenta de que está actuando como he descrito en mi artículo o si se da, decir ¡Me da igual!

Y acabo diciendo que el requisito de intencionalidad para adscibirse a la Izquierda no exime a gente de Derecha que es lo mismo, en contrario, sólo que con recursos. A esta gente no le hace falta un mundo imaginado o intencional, lo compran.


martes, enero 20, 2015

Política y políticos

La irrupción de Podemos o "Pablemos" en la escena política española no deja de poner en evidencia cuánto influye en su éxito la capacidad de un solo personaje, en este caso Pablo Iglesias. Él solito ha conseguido movilizar al menos a suficiente población como para que suponga una amenaza a los dos partidos mayoritarios.

Yo nunca he entendido la política como algo proporcionado, sensato o justo, pero sí que cada país tiene lo que merecen sus votantes, o al menos una mayoría de ellos.

El caso es que más allá de entrar a valorar lo que puede ser o suponer este partido, lo que parecen evitar muchos políticos de otros partidos es analizar cómo un desconocido ha podido movilizar a tanta gente. Es una cuestión que debe soslayarse porque conduciría al sonrojo de modo parecido al que ha provocado el "pequeño Nicolás" entre personalidades del Estado, pero es el quid de la cuestión.

Las razones precisas que asignan consecuencias a sus causas en cuestiones de alcance es mi excentricidad. Nada puede funcionar correctamente si antes no se dirime el móvil que lleva a algo o a alguien producir unos efectos, tanto para conocer qué ha fallado o qué ha tenido éxito como para saber qué va a fallar o a triunfar en el futuro. Existen profesionales, sociólogos, que a base de estadística tratan de dirimir esas incógnitas y en ocasiones incluso "ayudar" a dirimirlas en un sentido u otro, pero los fenómenos cuantitativos, por fiables y válidos que sean, siempre sufren sesgos propios de sus autores, ya sea en su creación como en su interpretación ya que la estadística, con vistas a recoger el mayor número de muestras con el menor coste en tiempo y dinero, sólo puede darnos la información proviniente de concisas y directas preguntas. En cualquier caso, es cierto que uno escoge entre las opciones disponibles y no entre las deseables, pero dado que los cerebros humanos simulan constantemente situaciones posibles, creo que según qué personas tienen una capacidad natural para identificar patrones que otros profesionales no tienen (como obseso de la especialización natural) y ello lleva a la diferencia entre unos sesgos y otros, no ya en sociología, sino en la vida en general.

Eso justifica a todas esas personas que viven de la política y se sorprenden con la llegada de Pablo Iglesias e incluso, a la hora de "combatirlo" no hacen más que favorecer su causa sin atender que continúan siendo responsables en parte de esa situación.

Si preguntáramos a potenciales votantes de Podemos sobre su súbito cambio de partido, muchos, lejos de destacar su voluntad sobre el carisma y capacidad dialéctica de Pablo Iglesias, pondrían el énfasis en el discurso de su líder como la típica retahila aprendida. Lo hacen todos o casi todos, de Podemos y de cualquier partido. Es como una comunión global en la que un gran sacerdote lee las mentes de sus feligreses y éstos se apropian del mensaje para darle salida cuando sea necesario. La clave está en conectar, en tener la "lanza" adecuada para ensartar en la arandela del mayor número de personas. Es cierto que el clima de la crisis favorece la aparición de ilusionistas y chamanes con pócimas y ungüentos milagrosos capaces de dar la vuelta a la tortilla desde unas cuerdas vocales a los tímpanos y el cerebro de los entregados acólitos, pero es necesaria una "buena maquinaria" que atine en lo que se ha de decir y sobre todo, cómo hay que decirlo.

Y es que en el mundo de la política existe gente que, como en todo, está por su "buena intención" por cambiar las cosas y en esa lid de despreciar la causalidad, poco importará que sea válida o no, lo fundamental siempre será su realización personal como la de todas las personas que tratan de ser mejores. Pero es que en el caso de la cosa pública existe una diferencia. Si un individuo quiere dedicarse a hacer panes, a pintar cuadros o al Derecho, de resultas de su capacidad o incapacidad hará fructífera o no su intención de realización personal, pero cuando hablamos de política y dineros públicos, de su éxito o fracaso resultará el de otros muchos que dependeremos del mismo. Y es por ello que cuando veo a un político pienso, éste debería dedicarse a ésto o éste a esto otro. Porque existe el animal político capaz de comunicar y aglutinar masas, pero es incapaz de regirse en otras acciones y viceversa, está el personaje gris, quizás mucho más capaz que el más atractivo y carismático de los oradores, pero competente en la gestión de los intereses de sus ciudadanos. Lo uno sin lo otro es el desastre, porque el carismático atrae a la gente para venderle su producto milagroso con sus cantos de sirena y el gris, por mucho que haga, nunca capitalizará su labor al no alcanzar la popularidad necesaria.

Para bien o para mal, la política en el tiempo de las nuevas tecnologías, internet y las redes sociales, obliga a tomar en consideración, no sólo las causas, las intenciones, los propósitos, sino que deben asociarse con los posibles efectos atendido el análisis de las capacidades ad hoc. De vez en cuando, surge instantáneamente un personaje con carisma para irrumpir en el escenario mediático, pero eso se fía a la probabilidad o llámenle "suerte", pero cuando uno pretende contratar a la suerte debe realizar un "casting" asignando a cada persona y su estructura causal, capacidades asignables a unas materias, en cada lugar que le corresponde. Esa es la clave del buen funcionamiento de cualquier maquinaria, la buena intención es sólo un propósito personal de mejora a costa de los demás, que está vedado para los que no tengan recursos suficientes para manejarse en una labor.

Hay políticos que hablan y tu cerebro ya adivina lo que dice y lo que va a decir y poco a poco, sólo el partidismo o la afinidad grupal si es fuerte, te puede hacer permanecer sentado, pero son "grabaciones" de un mensaje que pretenden para sí la autonomía mental que no tienen. Son voceros, peones, repetidores, lo que sea que pueda decirse que no producen ni un arañazo en el sistema nervioso y por tanto, tal como vienen se van en el olvido. Por ello, cabe preguntarse, ¿Es mérito de Pablo Iglesias su capacidad para aglutinar a tanta gente en tan poco tiempo? o ¿Demérito del resto de políticos cuyas frases no eran más que un eco de frases anteriormente pronunciadas hasta gastarlas?

El cómo se dice una cosa es la clave sobre el qué, y eso es lo que muchos políticos en pleno siglo XXI todavía no saben y se preguntan en silencio para equilibrar su autoestima: deberían dedicarse a otra cosa.

domingo, enero 18, 2015

¿Sentido común?

Esta reflexión surge días después de la reacción por el atentado a la revista francesa Charlie Hebdo y la amenaza que para algunos ha supuesto a la libertad de expresión.

Hemos podido ver como mucha gente del arco ideológico y político se ha solidarizado con la revista satírica instituyéndola como símbolo de libertad de expresión al pregonar: Je suis Charlie. La reacción en muchos casos ha sido automática, ya que muchas personas han asumido las premisas de normalidad que nuestra sociedad defiende: 1) Un medio de comunicación permitido y aceptado en la sociedad (de facto) se expresa libremente ha generado en este caso que: 2) Unos terroristas atacan la sede y asesinan a todas las personas que pueden en nombre de su religión. Sobre esta base, no entramos a valorar ninguna de las premisas, sólo las citamos bajo los presupuestos en los que se dieron.

Siempre digo que las personas establecemos comparaciones conscientes e inconscientes sobre todo lo que nos rodea y escogemos una opción, que a veces ni lo es, en base a criterios que pueden diferir radicalmente entre sujetos que denominamos principios. Bien, en este caso, la comparación de las premisas 1 y 2 son claras y por tanto para los que estén de acuerdo con la premisa 1 como los que no, la comparación de ambas resultan en el inmediato rechazo a la 2. Ahora bien, si analizamos un poco más, veremos que la 2 tiene tal gravedad que no hay premisa 1 que pueda justificarla. Se pueden analizar causas para conocer qué factores llevan a personas a reaccionar de ese modo, pero poco más. Entonces vemos que siendo el presupuesto 1 cierto, que la publicación publicaba con la aquiescencia de la sociedad, la reacción lógica causal ante la 2 sea la defensa de la libertad de expresión o de los principios que nos hemos dotado las personas en la sociedad francesa o europea. ¿Por qué? Porque la publicación podía publicar y publicaba. Pero también podemos inferir que, siendo la variable 2 tan desproporcionada y salvaje, la premisa 1 quedaría justificada o "amparada" por la variable 2 por muy censurables que fueran sus viñetas. ¿Quién escoge el asesinato como respuesta a una manera de proceder sea ésta discutible o censurable de algún modo? Tenemos una disyuntiva polarizada que da a escoger entre dos variables y no da opción a matizar una u otra estando las dos presentes.

El problema viene cuando alguien como yo no entiende que la 1 por sí sola separada de la 2 no defiende la "libertad de expresión", y es un problema porque la sociedad en general así lo entiende al permitirla y ya no digamos si la contraponemos a la variable 2, entonces se crea una polarización en la que sólo cabe la opción de escoger entre 1 y 2. Es por ello que, aunque uno entienda por separado, sin la existencia de un atentado de por medio, que la publicación Charlie Hebdo no representa lo que debería ser la libertad de expresión, al producirse el atentado no queda más alternativa que centrarse en el elemento más atroz y desproporcionado y dejar para otra ocasión el análisis de lo que debe entenderse por libertad de expresión. Sin embargo, aunque la situación obligue a poner el foco en la respuesta atroz, la enmienda a la totalidad que significa la muerte y el asesinato no pueden justificar cualquier respuesta o una claudicación de principios que antes del atentado ya existían, me explico.

Antes del atentado en cuestión, yo como cristiano no veo aceptable que una publicación determinada se escude en su libertad de expresión para vejar a Dios o a Jesucristo. Obviamente mi respuesta no será violenta, sino de tristeza e impotencia por constatar que el rasero de lo considerado "sagrado" o sensible es el producto de la presión de determinados grupos y sus medios hasta imponer una sumarísima inquisición en algunas manifestaciones y una absoluta dejadez en otras, y cada una de ellas condicionadas a la respuesta de sus grupos de presión. Las relativas al cristianismo serán a lo sumo una tímida protesta, pero la de otros colectivos como feministas, homosexuales, elementos supuestamente racistas o de otra índole, tendrán a medios y grupos organizados plantando una batalla acusadora con culpables sociales señalados que indicarán el coto de lo que se consideran líneas prohibidas.

El debate por tanto de lo que es la libertad de expresión no puede hacerse con un atentado de por medio y tampoco puede darse como razón causal que coadyuva a atentados la ofensa a la religión musulmana. No hay ofensa que valga una vida por principio, quienes matan al infiel, lo hacen por no ser musulmanes y las viñetas son una excusa más como cualquier otra para poder dar rienda suelta a la sinrazón, que extermina por igual a un editor, a un dibujante o a un misionero.

La reacción tras el atentado en París lleva a consecuencias comprensibles y eso hay que entenderlo: no se puede debatir acerca de la pena de muerte cuando acaban de asesinar a tus familiares. Las personas en esos casos obligan a tomar posturas polarizadas y a crear grupos de partidarios por un sí o por un no generando a su vez más maximalismos. Se puede contraponer la libertad de expresión a la barbarie para que no quede más opción que escoger la libertad de expresión con las condiciones que se dispongan, pero siempre existen opciones y la libertad de expresión topará, guste o no, con los límites elementales del respeto a los demás. Muchas actuaciones reivindicando las viñetas de Charlie Hebdo no han sido más que una respuesta directa al yihadismo, un desafío, más que un acto de templanza o sabiduría. Es entendible que tras un atentado, lo que menos haría una parte de la sociedad es dar la sensación de claudicación o de victoria de la muerte para cortar lo que definen como libertad de expresión. Es una respuesta que también tiene la lógica de dejar sin efecto el asesinato y la destrucción de quienes quieren imponer su religión a base de asesinar al infiel. Pero yo entiendo que cada caso navega por separado: la libertad de expresión topa con unos límites antes y después del atentado y el terrorismo y la muerte son la degeneración máxima del ser humano ante la que no cabe ni causa ni efecto a defender. Por ello, yo no considero ni a Charlie Hebdo ni a ninguna publicación análoga, objetos que simbolicen la libertad de expresión ni por sí solas ni en unión del atentado que parece avalarlos. La libertad de expresión no se contrapone al islamismo radical porque éste no existe en nuestra sociedad como un grupo de referencia, nuestras referencias son otras y en base a ellas debemos acordar lo que son los límites del respeto. No es válido pues destacar el valor de la libertad contraponiéndola ante maximalismos que ni se justifican ni se pregonan como válidos.

Con yihadismo o sin él, yo tengo mi opinión ante lo que es un proceso de degradación moral de la sociedad occidental y de determinados principios que pueden ser pisoteados sin contención y no necesito a asesinos que hagan "bueno" lo que es normal, porque precisamente la libertad de expresión me faculta a mi a decir, con más o menos tino, qué es lo que entiendo justo y qué lo que no.