jueves, septiembre 08, 2016

La burbuja

Se ha hablado de la burbuja inmobiliaria como una de esas grandes causas de la crisis que nos ha azotado. Obsérvese que he dicho nos ha azotado, pero lo correcto sería decir, con la que nos hemos azotado. Porque yo soy uno de esos malévolos individuos que conceden al ser humano algo impensable cuuando hablamos de 2016: responsabilidad. ¡No, no, en absoluto! saldrían exclamando los maledicentes predicadores laicos y, levantando su cetro de autoridad, lanzarían su dedo acusador sobre unas poderosas y malignas fuerzas que oprimen y esquilman al resto de la población, sin escrúpulos, sin titubeos, convencidos de la justicia y enjundia de su causa sin pararse ni una décima a estimar las consecuencias de sus imprecaciones. El vulgo, la masa, es decir, nosotros, acogeríamos las acusaciones con fervor e indignación sabedores que los culpables son otros y nosotros las víctimas propiciatorias de los delitos de los ambiciosos próceres sedientos de dinero y poder.

Bien, cuando hablo de burbuja vengo a referirme a permanecer aislado y ajeno a la realidad por disponer de un caparazón acuoso que nos protege del conocimiento efectivo y solo llega a nosotros un conocimiento, el de los predicadores. Tal conocimiento es tradicionalmente positivo desde un plano hedonista, pero también desde un plano moral, de nuestra moral. Y lo es porque nos concede la facultad de ser jueces de terceras personas sin ambages ni remilgos, nos faculta plenamente a dictar sentencias sumarísimas con el apoyo solidario de millones desplegados por todo tipo de frentes: televisión, radio, noticias impresas, noticias digitales, cine, teatro, literatura, y en cada uno de esos medios, los correspondientes subgéneros que, hacen de transporte de las consignas principales, así pues: documentales, informativos, drama, tragedia o humor, mucho humor, en todos viene la impregnación de la imprecación incrustada como elemento ya normal de nuestra propia cultura: la de la queja.

Y es que claro que hay víctimas propiciatorias, en concreto dos:

Las víctimas de los canallas padeciendo sus robos, hurtos, aprovechamientos y estafas. Lo es ciertamente una parte de ella, débil, desvalida, casi anónima, porque son los que no se oyen, los que no tienen voz o solo son utilizados ocasionalmente por los predicadores para elevar sus soflamas. Mucha de esa gente ya es mayor, toda ella tiene una vida cumplida de trabajo y esfuerzo y las ambiciones que les quedan son pasar sus días junto a sus seres queridos, sabedores de que es lo más valioso entre las fortunas disponibles y no disponibles. Los encuentras en los autobuses y hay que cederles el puesto, paseando a sus nietos o ayudando en lo que sea menester. También hay de esa gente entre los de mediana edad que, además de tocar vida, la han masticado en sus cerebros y saben del bucle humano sin solución. Esa gente sabe lo que es humildad de verdad y la distinguen de la pandemia de falsa modestia que afecta muy particularmente a los predicadores, todos ellos emborrachados de poder. El hecho de controlar a una masa es un compromiso social, dirían, y así nada tendrían que ver sus aspiraciones personales y el casual lugar de tronío mediático que les proporcionan sus actuaciones.

Todas esas personas por estar fuera de la burbuja ya son víctimas, pero también están las que conscientes de su realidad, tienen escrúpulos de conciencia porque asumen la responsabilidad por sus actos y saben que, al juzgar a otros, deben pensar antes de proferir. Esas personas son las que nunca tienen que ver con las guerras porque su bando es la sensatez y el verdadero juicio. Esas personas no son potenciales masa-vulgo de los predicadores cualesquiera que estos sean porque no necesitan de intérpretes de la realidad que concedan derechos de acción sobre terceras personas. Esas personas saben que hay gente de todo orden y condición en todos sitios capaces de aprovechar sus oportunidades para hacer mal o bien a los demás, no grupos de bien o de mal. Saben que muchas de las personas que amasan y tienen son pobres de espíritu y potencialmente adoradoras de su metal por encima de todo, pero las compadecen y no las envidian ni lo más mínimo. Esas personas no se aprovecharían de una situación de ventaja ni para distraer un euro. Esas personas reaccionan a la verdadera injusticia provenga ésta de donde provenga, sean fuertes o débiles, sin etiqueta o con ella, sin compadreo, solidaridad o camaradería eximente de responsabilidad por en medio, ciñéndose únicamente a la justicia del caso. Esas personas son pocas comparadas con la masa, no dan audiencias, no dan mayorías suficientes a los partidos, no cuentan. Esas personas llevan marcada la empatía en sus rostros y no la solidaridad que bebe de la implicación y el imaginarse a sí mismo siendo ultrajados. Esas personas saben que emitir una sentencia es juzgarse a sí mismo en tantas facetas de la vida sencillas y aparentemente livianas que no osan hacerlo a la ligera. Son justos y tienen verdadero poder, el poder de decidir por sí mismos sobre los demás. Algo que la sociedad actual no tolera ni tolerará jamás mientras existan predicadores de esta ralea.


domingo, agosto 07, 2016

La abdicación de las razones en política.

Gracias a las redes sociales los razonamientos y la lógica en política, que no la lógica política, han muerto. No es que en otros tiempos la cosa fuera extraordinariamente diferente, pero al menos no era tan palpable y demostrable gráficamente con pantallazos de ordenador o móvil. En los tiempos que corren cualquier líder político o mediático de cualquier pelaje y condición solo necesita un objetivo o deseo de favorecer o denostar a alguien y conseguir el mayor número de seguidores que le aplaudan las gracias. Así como una banda de amigotes que se reúnen para "competir" con otra, éstas se confrontan para ver quien la suelta más gorda con el ruido de fondo de los aplausos incondicionales indefectiblemente acompañados de algún exabrupto para disparar la consiguiente adrenalina online.

Es la democratización de la política vía internet que diría un observador ajeno, o quizás sería más acertado hablar de la gran Asamblea que son las redes sociales para que hasta el más tonto e inútil de los partícipes encuentre un hueco de aceptación de grupo que de otro modo le hubiera resultado harto difícil en esas lides. ¿Para qué buscar algún tipo de requisito racional que circunscriba a los debatientes al objeto del debate bajo premisas lógicas si ésta se puede malear con los apoyos numéricos que aporta la masa anhelante de decir la suya que es de otro? En cierto modo no puede ocultarse que existe un cierto mimetismo con las estrategias de comunicación de los partidos que siempre han utilizado la soflama emocional para romper razones definidas como políticas de hechos consumados, algo muy evidente en el proceso separatista catalán. Ya no es tan necesario aportar una serie de variables que tengan sentido, solo resaltando las que activen espacios de afinidad emocional, sean ciertas o no, es suficiente para despreciar las incómodas variables que derriben el chiringuito. Así, como ya me desgañité en el pasado en otro estéril artículo, lo importante pasa a ser la creación de muchas ganas de algo en el electorado y no tanto que ello sea posible, justo o conveniente para el país. Algo que no difiere demasiado del deseo de un niño que pide a sus padres un juguete, pues en ambos casos las razones que justifican el no, solo son obstáculos que tratar de superar a base de lloros, lamentos, negociaciones o rabietas mejor o peor implementadas. De tal modo la población acaba creyéndose adulta en algunas de sus exigencias pero infantil cuando recibe muchas de sus pretensiones por padres putativos dispuestos a comprarles el juguete por un voto.

La política de las redes sociales, del mayor número de palabras jamás exhibido, la de debates interminables, es la más ilógica y entregada al capricho de eslóganes bien estudiados por manipuladores profesionales que sabe que vivimos tiempos numéricos y que la estupidez más sonora solo depende del número de seguidores que pueda obtener. El que no se haya percatado de eso o está fingiendo o está en la luna y si no busquen por internet vídeos por YouTube o Trending Topics o cualesquiera topics que tengan una ingente masa detrás cuyo dedo ha clickeado la certificación de su visionado. Propongan un pokemon legendario para cada casa y puede que arañen algún voto más que si prometen reducir el paro y lo más crudo es que si fuera una broma me reiría.

sábado, agosto 06, 2016

De quién soy

Empecé con este blog ya hace bastantes años, la primera entrada del mismo es de enero de 2007, aunque no me decidí a decir cosas hasta dos años más tarde. Ha predominado en el mismo el análisis de nuestra sociedad desde una perspectiva psico-política de la que pudieran derivarse conjeturas que afectaran otros campos como la comunicación o la estrategia política, pero en todos los casos existía un patrón, un nexo motivador común: tratar de evitar llegar hacia donde actualmente nos encontramos a base de poner de manifiesto todos los signos que apuntaban a ello, o al menos aquellos signos que a mi me llamaban la atención y señalaban las rutas que nos han conducido a un tipo de sociedad fracturada propia y reconocible en el bucle histórico como pre-conflictiva.

En toda película de catástrofes que se precie, existen una o varias personas que tratan infructuosamente de avisar a algún mandamás o al resto de que que algo gordo va a caernos encima y debemos resguardarnos o protegernos para evitar sus efectos, no en vano como en las películas bien se pone de manifiesto, todo lo que suele ser extraordinario o alejado de lo considerado "normal" suele verse como altamente improbable y por tanto suele rechazarse con la misma ligereza que propensión a agarrarse a esa normalidad que para la mayoría significa realidad. Pero, a diferencia de ese tipo de películas en las que las catástrofes suelen ser naturales y la causalidad humana es o inexistente o muy relativa, los signos observados y denunciados en este blog son justamente de naturaleza humana y por ende tan lógicas y causales que son susceptibles de previsión. Cuanto menos puede aventurarse con visos de éxito qué es lo que no va a suceder dados unos presupuestos determinados. De tal modo, este blog no vende esperanza gratuíta o anhelos de sociedades mejores por el mero hecho de desearlo. Este blog no vende nada, solo viene a ser una expresión gráfica de la impotencia ante las señales que apuntan a un futuro determinado en tanto las variables permanezcan inalteradas.

Nunca he definido al ser humano desde un plano social como alguien sorprendente o maravilloso que abonara diferentes conclusiones sin poder discernir qué le llevaba a ello, sino todo lo contrario, como individuo absolutamente coherente con sus propias variables dentro de otro espacio social con sus propias variables y en las que ambas interactúan incluso mecánicamente disponiendo perfiles consecuentes resultado de esa combinación. Todas las filosofías y estrategias de manipulación de masas, todos los conflictos, todos los tiempos de paz, todas las manipulaciones, siguen patrones establecidos que producen unas respuestas determinadas y que para colmo están repetidas a lo largo de nuestra historia, incluso la más extraordinaria de todas ellas, las que emplea el ser humano para demostrar su estulticia negando lo que tiene delante de sus narices a poco que decida observarlo. Pero la respuesta es no, el amor propio, el orgullo, la necesidad de elevar la propia autoestima hasta la necedad, lleva a que las personas miren con mayor fervor lo que les ofrece un supuesto beneficio inmediato y tangible a costa de aquello que aunque lógico, se configura como intangible o sujeto a una probabilidad que desconocen y por tanto rechazan. De tal modo, las personas acaban justificando apriorísticamente su participación en el enterramiento de su propia sociedad al esquivar cualquier alternativa que se aleje de la "normalidad" aunque ésta les conduzca a la catástrofe. De ese modo, el padre o madre de familia que trabaja en cualquier labor que produce un efecto adverso comprobable en la sociedad piensa que no es quien para inmiscuirse en esas razones en tanto perciba su salario que le permitirá a corto y medio plazo una vida y unas aspiraciones materiales determinadas. Lo relevante suele ser la adaptación a un medio y su consolidación por medio de actuaciones miméticas que permitan a dicho sujeto reconocer y reconocerse entre sus pares. El citado es un ejemplo prototípico que permite a los sujetos convivir entre unos valores y la aceptación particular que de esos valores se hace adaptándolos a situaciones que bien pudieran ser incompatibles. El caso es no preguntarse nada, sino aceptar una "normalidad" que nos puede conducir mediante su "evolución" a cualquier resultado y del que muy probablemente seremos poco conscientes del cambio dado que la referencia empleada en la comparación seguirá siendo la misma sociedad que evoluciona con nosotros.

Y es que claro, ante una declaración tan subversiva como la que acabo de hacer pudiera parecer que ello lleva inexorablemente a algún tipo de revolución, en ningún caso ésta se asemejaría teóricamente a las clásicas reacciones sociales que retratan precisamente un bucle en la historia de la naturaleza humana. Teóricamente habría que quebrar dicho bucle, pero como digo, la teoría es una cosa pero la naturaleza humana otra bien distinta. El ser humano solo puede moverse con sistemas que ejerzan un determinado equilibrio de fuerzas y una motivación subyacente que permita comprender que juntos se alcanzan los objetivos de mejor manera que separados, pero esa comunión social y las variables que interactúan entre los sujetos no implican per se un factor positivo. En muchos tipos de personalidad, la idoneidad de convivir en grupo viene por la necesidad de utilizar al mismo como referencia con la que compararse y por tanto recibir del mismo los inputs adecuados que necesita para crecer personalmente y con ello mejorar su autoestima, y esos tipos de personalidad son los mejores o más integradores. Ay de aquellos que no necesitan a nadie realmente para desplegar su personalidad.

En cualquier caso, toda teoría y sistema de reorganización de individuos en un grupo social debe tomar en cuenta una serie de variables psicológicas troncales que de no ser contempladas conducirán a éste inexorablemente al fracaso, ya sea por su imposible materialización o por la perversión de sus presupuestos, usurpados precisamente por la implícita tendencia humana a regirse por sus cauces naturales. De tal modo, los sistemas más efectivos en el espacio humano son aquellos cuya motivación es lo suficientemente fuerte y regular en el tiempo como para distraer o justificar cualesquiera actos o pensamientos que pudieran amenazarlo. Existen sistemas cuya motivación y por ende fuerza, permanecen en sus primeros estadios al configurarse como reacción a otro sistema pero con el tiempo decaen y se pervierten inexorablemente empeorando aquello que se suponía pretendía combatir. En todos los casos el eje central es la motivación de los seres humanos que les permiten recrear su existencia como importante en relación a su grupo y por tanto dependientes del reconocimiento que ese grupo tendrá de éstos. Cada presupuesto moral o principio instigador de una teoría actúa como input lanzado a un grupo y de cómo es éste devuelto, se produce un aumento o decaimiento del mismo.

Sin embargo, si la interactuación social es tan importante cabe imaginar qué efectos cuantitativos producirá en el actual panorama tecnológico y global. Disponemos ante nosotros del gran cicerone que es internet, los medios de comunicación y las redes sociales, y éstos acaban siendo hoy en día nuestros verdaderos padres y madres cuando las más de las veces la subsidiariedad actúa por huelga de los progenitores. Un ente impersonal sujeto por unos intereses bastante concretos en todos los casos casi sin excepción, y cuando el interés es altruista, que sigue siendo un interés, queda sujeto a las variables de la buena intención tan susceptibles de masacrar a la sociedad como cualesquiera otros. De tal modo que difícilmente podremos escapar de un influjo que nos empuja entre todas las influencias a aquella que produzca en nosotros y en nuestro universo cognitivo el mayor grado de motivación personal, es decir, el que aumente en mayor grado nuestro YO en relación al resto de individuos ya sea por beneficio directo vía placer hedonista o indirecto por un placer altruista, pero en todos los casos con el consiguiente reconocimiento social.

De ahí que con esos extraordinarios influjos de por medio, el ejemplo, la comparación, el foco de atención y el empleo de la expectativa se configuren como las auténticas armas de destrucción masiva capaces de doblegar a una humanidad en pos de las motivaciones que las determinadas fuerzas decidan ofrecernos para escoger. Nosotros solo deberemos señalar el grupo que más nos guste y pensemos (inconscientemente por supuesto) que nos ofrecerá un mayor reconocimiento y por ende crecimiento personal y desde ahí convertirnos en masa social con la que exigir el credo de turno.

Cada vez escribo menos y eso pudiera deberse a varias razones...

domingo, julio 03, 2016

Política o psicología

Llevo muchos años oyendo declaraciones acerca de la "necesidad de tener un Psoe" fuerte como partido supuestamente moderado de izquierdas o quizás mejor dicho de centro izquierda para aglutinar a la masa social de clase (que tanto gusta) media y trabajadora, amén de esas clases pudientes necesitadas de expiar con manifestaciones políticas lo que no logran de manera personal.

Y es que España como tantos otros países de esa vieja Europa, está fuertemente condicionada por el síndrome de la clase social, pero con su particular impronta de vehemencia, agresividad, envidia y una suerte de actitud pretendidamente quijotesca que se ampara en un bien común...de clase.

El otro día leí en un medio marcadamente de Izquierda, creo recordar que en Público, una opinión que describía a la Derecha española como sectaria, y me llamó la atención porque la Derecha española puede ser de todo menos sectaria: puede ser remilgada, acomodaticia, relativista, interesada, snob, displicente y muy poco empática, pero ¿Sectaria? Existen epítetos variados para relatar a tu enemigo pero suelo detenerme en los "hijoputa" gratuítos que tanto gustan los que saben que habrá un publico entregado para hacer la quema. Podría admitir que una parte de la Derecha española, la que sigue unos principios tan odiosamente cristianos, como es mi caso, pueda ser tildada con palabritas grupales peyorativas pero no el global. Y es que los términos soltados como exabruptos solo ponen de manifiesto el estado de ánimo y la predisposición del interlocutor con su destinatario, ni más ni menos. El ser sectario, si se torna en positivo arrojaría camaradería, colectivismo, fijación en un objetivo común, rechazo a los disidentes o discrepantes, cohesión con las consignas propias y un largo etcétera que actuaría de amalgama para fijar una identificación de grupo basada justamente en la afinidad a ese grupo y el rechazo a otro. ¿Y qué es eso sino el Psoe?

No seré yo quien niegue merecimientos históricos a la Derecha, española e internacional, para ser odiada hasta el tuétano por ejercer su frecuente condición de privilegiada económica sobre los más desfavorecidos. A lo largo de la historia, remontándose hasta donde a cada cual le de la gana, el ser humano ha buscado diferenciarse socialmente, pero la diferencia entre unos grupos y otros es que la aristocracia ha sido conformada voluntariamente y la plebe a resultas de la primera. Todo ser humano consciente o inconscientemente evoca su aristos interior que puede diferir exponencialmente pero que en todos los casos concluye con una necesidad de reconocimiento grupal y por tanto social. Esa necesidad no es baladí pues en ella radica la idea de autoestima personal que tan esencial resulta para manejarse como individuo ante el resto y que, en el instante que se siente vulnerada tiende a reaccionar agresivamente para tratar justamente de elevar ese núcleo de amor propio. Vendría a ser un : "Si no me quieres o me rechazas entonces iré contra tí como recurso fundamental con el que salvaguardar mi autoestima".

El caso es que la diferenciación grupal como recurso defensivo de la autoestima es y será imposible de solucionar ya que es inherente a la condición humana. Solo los seres con unos lóbulos frontales inoperantes ajenos a la realidad circundante podrán vivir su particular utopía de no prejuicios sobre los demás porque el resto de la humanidad, lo queramos o no, en el instante que disponemos de un cerebro mínimamente en condiciones, ejecutaremos nuestra capacidad de juzgar a los demás sin miramientos y conforme al modo que hallamos configurado nuestro particular esquema cognitivo - emocional que sirve para recrear el universo que tenemos delante y no a recogerlo como efectivamente es. Así pues las personas topamos con ciertos problemillas para confluir en un mundo de hermanamiento o como diría el insigne, en una Alianza de Civilizaciones, ya que si muchas veces ya es difícil que gente de un mismo país o de una misma familia se pongan de acuerdo, calculen el aumento exponencial de variables cuando surgen mayores diferencias objetivas. Por mucho que ayude la motivación a sentirse diferenciadamente mejor que el resto por no discriminar (y con ello tratar de discriminar) en el día a día, la motivación se va diluyendo y las diferencias objetivas acaban haciendo mella en las personas. La política nunca podrá regir las relaciones humanas a menos que lo haga coercitivamente (materialmente o tangencialmente a base de presión social) y de ahí que la libertad siempre acabe resultando el mayor obstáculo a las utopías que ponen el acento en todo aquello en que los "demás tendrán que cambiar". Y es aquí cuando vuelvo al Psoe o al socialismo y enlazo la apariencia de un partido transversal que busca la mejora de un país, con otro partido, el real que busca el resarcimiento de su autoestima de sus componentes a costa de doblegar a quienes se supone han sido sus opresores. Esa es la triste realidad que una buena parte de la Derecha, ajena y disciplicente ella, todavía no se ha percatado y sigue tratando la política como un tratado de lógica económica y no como de Psicología.

Para ello es absolutamente necesario materializar los odios o los supuestos artífices del complejo de inferioridad en símbolos materiales que sirvan para orientar a los grupos reivindicativos y el mejor sistema es el uso del foco de atención. Es decir, centrar la atención de la "audiencia" en casos concretos que, con independencia de lo significativos que puedan ser en el esquema global, sirvan para generar identificación y afinidad. Todo hecho específico viene a resultar una falsación a un concepto global. Decir: apenas hay peligro de resultar atacado por un tiburón en esta playa y ser atacado por uno significa que el presupuesto es mentira y que la playa está infestada de tiburones. El uso del prejuicio humano a base del foco atencional es la manera más vieja del mundo de manipular a los seres humanos, porque las personas no se implican con cifras económicas o mejoras estructurales sino con casos reales de personas de carne y hueso que actúan para el que las ofrece como ejemplo, de esbozo de su realidad con la que pedir una reacción al resto.

De tal modo, la izquierda es una proyección idealizada de una superación personal a costa de un grupo también proyectado que se supone actúa de freno a tu capacidad cuando no de merma a la propia autoestima. ¿Resultado? La necesidad de eliminarlo.

La idea contraria parte de la igualdad de oportunidades que no es la igualdad de recursos, es decir, ofrecer más recursos a quien es capaz de implementar mayores capacidades o esfuerzo de superación con absoluta independencia de su procedencia o clase social. A eso se añade el reconocimiento personal y social de quienes aspiran a objetivos de mejora a través del esfuerzo y la superación, pero no un reconocimiento sesgado de un grupo, sino de toda una sociedad que aplaude a quienes colaboran efectivamente en la construcción de una sociedad por sus actos y no por sus exigencias. El planteamiento es radicalmente contrario y su escenificación real supondría herir de muerte a quienes pregonan el igualitarismo que no la igualdad.

¿Qué réplica seguiría a un artículo como éste? Despreciar psicología por política, enumerar eslóganes conocidos como actitudes reales (foco de atención) que sirvieran para justificar las propias actitudes ante el grupo y a poder ser con el necesario tinte dramático. En resumidas cuentas, vender que la playa está infestada de tiburones y con ello matar los pececillos que no son de color rojo.

domingo, junio 12, 2016

La era de las etiquetas

La construcción del criterio de un ser humano puede diferir radicalmente según los inputs recibidos, experiencias, enseñanzas, ejemplos y el orden dominante que gracias a los medios de comunicación acaban erigiéndose en referencia de normalidad. La sociedad de la información no recala de la misma manera en todos los territorios, dado que la impronta cultural de cada uno conlleva un distinto grado de complejidad y por tanto de profundización en las informaciones recibidas. Existen países que son muy concienzudos con los datos recibidos y ello se aprecia en los periódicos que vienen poblados de ingentes explicaciones y más espacios de negro sobre blanco que imágenes que sustituyen a mil palabras, de tal modo, los títulos y cabeceras de los artículos y noticias necesitan estar mejor justificados y argumentados. No en vano, pese a ello, en todos ellos la capacidad de influir sobre los demás, la manipulación ignota que hace creer a las personas que su criterio ha surgido por su libre albedrío, conocimiento y capacidad de elección, está dominada siempre por la afinidad emocional que conduce a la identificación del sujeto objetivo con el referente de que se trate. No obstante, del mismo modo que se puede influir en las personas generando estímulos de identificación, también se puede hacer lo contrario: lanzar estímulos negativos que generen rechazo y supongan unos límites más o menos encubiertos sobre los que cualquier persona "normal" no debería vulnerar o transgredir sin una razón también identificable bajo esos mismos parámetros. Y es aquí donde la sociedad de la información hace estragos con la población marcando los límites con los que ésta podrá ser aceptada y rechazada con absoluta independencia de la justicia cierta de la situación concreta. En resumen, la sociedad de la información es la cristalización hipertrofiada de los prejuicios globales.

De tal manera, el germen de lo que se supone va a construir el perfil de valores de una sociedad para regirla con justicia, igualdad y libertad, ya parte con una premisa fallida: el juego de unos prejuicios que actúan como pecados laicos tan ominosos y execrables como los que en épocas de la Inquisición regían como inexorables límites. Tanto en aqeulla época como en ésta, los prejuicios se han basado en etiquetar actitudes de personas que solo su mención provocan un inmediato rechazo y el correspondiente sambenito con el que ya no cabe discusión posible. Al igual que en esas épocas pretéritas, pero con diferentes denominaciones por supuesto que se tildan de libres, avanzadas, evolucionadas y abiertas, los fiscalizadores de la presente sociedad se arrogan la misma capacidad moral para enjuiciar a terceros sin el menor remordimiento sinó todo lo contrario, es decir, aguardando a recibir las palmaditas en la espalda que lo validan como ciudadano ejemplar aprobado y reconocido por el global.

Yo siempre me he regido por unas exiguas enseñanzas que han vestido todo mi proceder y no he necesitado de la inacacable ristra de calificativos que mediaran en mis juicios de valor: el respeto al prójimo era suficiente sin necesidad de aportar cláusulas diferenciadoras o específicas para colectivos que son tan personas como el resto pero que por lo que parece, necesitan de enfoques diferenciados y discriminación positiva para resarcirlos de algún modo por una deuda que parece tener el ser humano consigo mismo, o al menos eso es lo que piensan algunos de esos seres humanos. Así, con el respeto al prójimo parece no ser suficiente ya que es necesario ofrecer un plus de respeto para determinados colectivos y minus del mismo a otros también por no hallarse en la lista de personas que lo merezcan por esa misma condición establecida en las etiquetas predominantes. Quizás la comprensión de las razones que deban soportar a unas y a otras sea más un escollo que una muestra de enjundia y criterio porque en el instante que en la casuística exista un choque con la referencia dominante, el efecto "prejuicio" del orden dominante estimulará la reacción de una masa articulada por esas etiquetas y procederá a ser únicamente coherente con las mismas sin perjuicio de que al actuar vulnere muchos más principios o derechos que los que se supone debe defender. De tal modo acabamos rigiéndonos por metonimias que toman la parte por el todo y logran eximir de responsabilidad a quienes por dolo o desidia se protegen con el manto de los prejuicios etiquetiles y de ahí acabamos por evolucionar hacia el "mundo al revés" en el que la intrascendencia y los vocables inanes y estereotipados pueden destrozar cualquier justicia pertrechada con mil razones. La normalidad defiende la excepción como regla y de ahí que lo cabal es defender al que transgrede para evitarle el mal trago de la discriminación por no hacer sentir como opresor a quien cumplía las reglas. La época de los tabúes ha acabado sustituyendo a la del Prozac, las personas ya no necesitan consumir sustancias químicas si existen unos malvados que pueden ser ajusticiados por quienes necesitan realizarse emocionalmente a costa de ellos dictándoles la justicia imperante fácil y reglada por esas etiquetas. Nadie las pone en cuestión porque desde la niñez se enseñan y memorizan como sustitutos de un criterio de aplicaciuón sobre la idea de un respeto global que obligaría a pensar y reflexionar sobre cada caso y su justicia. Ahora sabemos que existen unas actitudes de unas personas que por el mero hecho de afiliarse a unos objetivos pasan a merecer una calidad de ciudadano y otros que lo contrario, así de fácil. A partir de ese presupuesto y agitando la adrenalina de la juventud y la variable reconocimiento de la masa extraemos un zumo de sensaciones personales insuperable que conforma generaciones dispuestas a erradicar a los incumplidores de las etiquetas agasajados por el baño de masas y aprobación que medios y redes sociales acaban autoconcediéndose. Vivimos la sociedad de los prejuicios digitales con juicios mediáticos rápidos y ejecuciones sumarísimas y no podía ser de otra manera en la época del corto plazo. Qué mejor que levantarse cada día y darse una borrachera de sensaciones neuroquímicas entre el fulgor de la batalla a los gigantescos molinos de viento que nos las ofrecen con riesgo parecido al que le supuso al caballero de la triste figura. Un día tras otro repleto de causas nunca se podrá comparar a los tediosos días de clase, monotonía y esfuerzo que sirvieron para construir esas naciones que ahora pretendemos destruir a base de etiquetas tan aprendidas e interiorizadas que cualquier argumento que trate de rebatirlas muy posiblemente se encontrará un sopapo o algo peor justificado por otros miles de personas capaces de levantar la mano por su cruzada.

sábado, abril 09, 2016

Los guiñoles de la política

Ya he dicho muchas veces que una de las mayores motivaciones del ser humano es llevar la contraria, un instinto de defensa, de competición, de compensación del propio complejo de inferioridad que lleva a las personas a reaccionar sistemáticamente dando una réplica, a acelerar en un semáforo cuando otro lo hace, a querer aquello que no tendría interés si no fuera porque otro lo pretende, etc. En España, tierra de emociones intensas, ésto se constituye en paradigmático y las adhesiones y los "argumentos" van y vienen muy influidos por ese patrón, de tal modo que cualquier planteamiento, con absoluta independencia de su enjundia, pasa a ser discutido o discutible en función de quién lo exprese.

Yo he relatado mi frustración con Rajoy en este blog largo y tendido. Creo que es el peor gobernante del PP posible tras el descalabro de sufrir un Zapatero en nuestras carnes: el presidente gallego ha conseguido que se afiancen todos los inputs morales e ideológicos que introdujo su predecesor y convertir en normal un modelo de pensamiento político y relativismo moral que desplaza toda referencia muy a la izquierda y a concebir como asumible el independentismo. Rajoy, como un Rey disponiendo de mayoría absoluta, ha sancionado todo lo que fue objeto de disputa y lucha política en el PP durante nuestra exigua democracia. Así, ha hecho añicos un legado que siempre ha recibido una inmensa contestación por parte de una Izquierda articulada por resortes de motivación referidos en el primer párrafo. Quizás por ello al aparecer esa savia nueva que era para algunos Ciudadanos y para otros Podemos, muchos pudimos sucumbir a sus influjos. El que escribe está en otra galaxia a la podemita que le  parece más bien un estudio universitario de manipulación de masas que un verdadero proyecto encaminado al bienestar del país. Sin embargo a Albert Rivera y Ciudadanos lo conocíamos ya los que vivimos en Cataluña, desde ese primer instante en el que, ataviado solo con sus manos aparecía poblando los carteles publicitarios de media Barcelona: una ingeniosa manera de darse a conocer en la densa balsa catalana que solo daba voz a los afectos. Sin propósito de extenderme más sobre el pasado, resumiré diciendo que yo voté a Ciudadanos en las pasadas Elecciones Generales. Yo creí lo de acabar con rojos y azules disponiendo un fin último que era el bienestar del país. Fíjense que todo acaba rodando en relación al primer párrafo pues el partido naranja venía a propugnar que no utilizaría un enemigo objetivo para acercar a los posibles amigos. Yo le creí y ya he dicho lo que pienso sobre Rajoy que puede extenderse a su séquito, con la contada y discutible excepción de Pablo Casado.

LA PRESENTACIÓN

Asistimos desde más de cien días a una especie de sainete en el que unos y otros buscan el papel del actor principal o que por lo menos, de dicha obra se propicien mejores papeles en un futuro cercano.

Para situarnos haré una breve descripción, producto de una pretendida observación naturalista, de los intervinientes de la función.

Mariano Rajoy. Lo primero que me llama la atención es su falta de empatía, todas y cada una de sus manifestaciones giran en torno a su propia persona y a sus dificultades para superar una realidad que se le antoja hostil injustamente. Si algo caracteriza al mandatario gallego es una anhelante necesidad de reconocimiento por la que lucha con la táctica del Don Tancredo. Los patrones típicos que le adornan son la ironía y el silencio cuando se siente traicionado, que es siempre que no se le concede su razón. Su arma con los demás es la condena al ostracismo, de tal modo acaban sucumbiendo más supuestos afines que los del otro bando sobre los que conserva ese masoquista deseo de reconocimiento.

Pedro Sánchez. No se le puede negar algo, es inasequible al desaliento. Es de ese tipo de personas que si quiere algo no le importa resultar pesado e insistente hasta conmocionar al sentido común. El problema de este perfil surge cuando asocia inexorablemente el bienestar de los demás a que sea implementado por su propia persona, una especie de Escarlata O'Hara que con una determinación a prueba de barones y de lo que sea, no dudará en emplear la impostación, la intriga y a los medios para conseguir su objetivo. La mera descripción de sus métodos describe al hombre. Muy marcada ambivalencia entre complejo de superioridad/inferioridad.

Pablo Iglesias. O la reencarnación del mismísimo Lenin. El líder de Podemos es una amalgama de conocimiento superficial desplegado con pericia e indudable prosodia. Es la maximalización personificada, alguien capaz de establecer en un ejemplo toda una totalidad, el antagonista de la complejidad que sucumbe a razonamientos que superan determinado número de variables es la panacea política en un país de resúmenes y de brevedad gracianesca. Tras esa apariencia amable no quedan ocultos destellos de fanatismo capaz de justificar lo que sea necesario por un fin.

Albert Rivera. Lo primero que propone su rostro es espabiladez, alguien inquieto y proactivo dispuesto a zambullirse ante quien sea necesario confiado en sus casi ilimitadas dotes de oratoria y réplica argumental. De todos los descritos es sin duda el que sus rasgos proponen mayor bonhomía y por tanto, el que tiene menos cicatrices de numerosas batallas en las que la espada de la guerra partidista acaba haciendo sangre. La duda surge por saber si esa invulnerabilidad es fruto de una confianza hipertrofiada o de una imposibilidad de aglutinar la experiencia como lección de futuro que tan amiga es del dicho: "la intención es lo que cuenta".

LA REPRESENTACIÓN

En cualquier batalla, los generales comienzan con el inventario de sus fuerzas para conocer sus posibilidades, sus puntos fuertes y débiles con vistas a afrontar el conflicto de la manera más exitosa posible. El escenario de ésta era y es tan definido que viene representado por el número de escaños posibles, desde ese presupuesto solo queda concebir a qué está dispuesto cada general para aunar su propio ejército, qué prebendas, qué cesiones, qué traiciones, qué principios doblegar si los hubieran, y qué impostaciones.

Cada grupo tiene un ejército propio y una potencialidad que vienen definidos en el ADN de sus políticas y maneras de hacer política, que no viene a ser lo mismo:

- El PP de Mariano Rajoy puede acordar con Ciudadanos, Coalición canaria y no sabemos si tras los devaneos del partido de Rajoy con Bildu, sería posible alguna entente con el PNV, pero todo queda en entelequias ya que ni votando afirmativamente por la investidura de Rajoy éste alcanzaría mayoría suficiente en primera o segunda votación.

- Pedro Sánchez solo veta al PP y dice no al independentismo en público mientras le concede escaños y despacha con éstos tanto en público como en secreto.

- Pablo Iglesias tiene un proyecto por el que además ha sido bien remunerado y en factibles pasa por unirse al posible frente popular instigado junto a Pedro Sánchez con el plácet de los independentistas.

- Albert Rivera y su férrea defensa de la integridad territorial de España ofrecen como única posibilidad un acuerdo a tres bandas con los dos partidos principales: PP y Psoe. Todo lo demás no suma.

El primer paso lo da Sánchez, que se antoja generoso "porque sí" y cede unos escaños al independentismo. En política no se da puntada sin hilo aunque muchos no den hilo en sus puntadas al analizarlo. Ese es uno de los argumentos clave.

Mariano Rajoy declina proponerse como candidato habida cuenta del NO en la frente que le ha clavado Pedro Sánchez hasta en 17 ocasiones. No en vano, conociendo el patrón rajoyano de "esperar y ver", su discurso se centra exclusivamente en apoyar a la lista más votada exigiendo de los demás los gestos que dispongan la aclamación a su elocuencia que obviamente no se produce.

El Pedro Sánchez post electoral es un reducto provisional supuestamente en manos del aparato de su partido y de las fauces de Susana Díaz. Los resultados han sido malos considerando el propicio escenario de desgaste del Gobierno del PP y su aprovechamiento, ínfimo. El líder socialista, analizando los números y solo éstos, se asemeja a un político desahuciado aguardando un final que todos publican en titulares.

Entretanto, un Pablo Iglesias crecido cree manejar el cotarro de la Izquierda, el chute electoral le ha dado tal subidón que ya ve un 60 más alto que un 90, algo parecido a la diferencia de estatura.

Pedro Sánchez en ese momento no puede desafiar a todo el aparato pues sus fuerzas están más bien diezmadas y la autoridad moral circundante es escasa, de modo que son momentos de tirar de dichos populares y jugar con las tropas disponibles y los cantos de sirena: es momento del todo o nada o de perdidos al río, nada hay que perder desde semejante punto de partida y decide su estrategia maestra que le permitirá: a) Salir a flote y b) hacerse lo suficientemente público para no ser "asesinado" en directo por las huéstes socialistas. Es el momento de agarrarse a la almadia de Ciudadanos que ha asumido su papel de acuerdo por España hasta sus últimas consecuencias incluso desvirtuando el propio espíritu de ecuanimidad. Pedro Sánchez no tenía ninguna alternativa, el permanecer inane le convertiría en cadáver político y su intención de formar un frente popular muy discernible en sus constantes alocuciones no era en ese momento una opción.

Albert Rivera, el buen samaritano. Aparece para rescatar a un Sánchez teóricamente acabado pero dispuesto a dar batalla hasta sus últimas consecuencias. El barcelonés se convierte en el salvoconducto con el que proponerle al Rey la investidura de la "buena intención por España", en la que ambos lograrán: a) Desencallar el callejón sin salida que ha supuesto el desenlace electoral; b) Quitar el foco de atención en un recientemente estrenado Rey en estas lides, que debe congraciarse con la izquierda (endémicamente) y que debe evitar la incomodidad de parecer parcial a los ojos prejuiciosos de la artimaña emocional de clase; y c) Depositar la presión de la responsabilidad por España íntegramente en Rajoy, que debe decidir, tal y como reza Rivera, someterse a los acuerdos y no a las personas con Pedro Sánchez como candidato. Albert Rivera es el salvador de la carrera de Pedro Sánchez, el que le ofrece la oportunidad que en ese momento carecía. No en vano, eso le permite demostrar con hechos la coherencia que pretende a sus palabras y desmarcarse de su máximo rival en la pugna de votos, el PP, ofreciendo lo que Rajoy nunca ha sabido dar: acción y decisión. Ambos líderes, no muy favorecidos en el desenlace electoral o menos que de lo que sus expectativas presagiaban, han dado un golpe sobre la mesa que les permite granjearse las simpatías de los medios anti Rajoy, es decir de todos menos ABC y el grupo 13TV y La Razón. En ese momento pulpo pasa a ser en los diccionarios un animal de compañía y Rajoy debe abrazar a Sánchez como candidato a instancias de un insistente Rivera que lo condena sistemáticamente como recurso de las nuevas formas del cambio para ser querido y aceptado incondicionalmente. El último reducto de empatía o de simulación ajena muere y la lógica ciudadana asume que lo normal discurre en aceptar al que solo le faltó golpearle en el Debate como nuevo salvador de España por un alto patriotismo. El acabóse. La tirria a Rajoy puede con todo.

No en vano, la película continúa y Sánchez erguido y con la bombona de oxígeno naranja a cuestas decide pulsar la vida política "al tun tun" reuniéndose con Puigdemont primero, que le inspira una encomiable declaración tipo alianza de civilizaciones, y con Junqueras después en secreto. Cosas de políticos sin importancia ni enjundia. Rivera nota unas incipientes protuberancias sobre sus sienes que deben ser ocultadas o manejadas en un compendio de displicencia y compromiso con España. Albert Rivera evoluciona o involuciona de ser el "primo de Zumosol" al de Sánchez. No en vano, la cantinela, entregada ella, empieza a agarrarse a "la intención es lo que cuenta" como acto de fe y justificación inconsciente ante colosal tomadura de pelo. En ese punto, el más difícil, Sánchez debe ponderar de nuevo su recuento de tropas y Díaz ya no parece la amenaza que antes resultaba devastadora. Es momento de conocer si existen posibilidades de formar el sueño húmedo del ex jugador de baloncesto: su particular frente popular, pero Iglesias no está por la labor y como en un buen partido de izquierdas que se precie, las llamas empiezan a asomar por todos lados, nuevos barones, cuotas de poder y el polítburó comienza su lucha fraticida con los púgiles Errejón e Iglesias, el pragmático y el fanático. Las encuestas empiezan a añadir pimienta, pero Sánchez ha conseguido lo que no hubiera imaginado ni en sus evocaciones oníricas más megalomaníacas, parece postularse como el líder de la izquierda y los pronósticos le sitúan el primero y subiendo. Las prisas ya no son necesarias y alternativamente a la pared ya no está la espada de un tal Damocles. Las reuniones que tiempo atrás mostraban a un Sánchez desesperado, ofrecen a un altivo y alto dirigente esperando a que le lluevan ofertas y cesiones, y Sánchez se deja querer y adorar. ¿Por qué acordar ahora con Podemos si existe la posibilidad de salir reforzado tras unas elecciones y liderar sin ambages el frente popular?  Si el acuerdo con Podemos y los independentistas sale, culpo a Rivera de rigidez y no dar una salida para un Gobierno en España progresista y si no cristaliza porque no se abonan mis exigencias, culpo a Podemos postulándome como patriota no dispuesto a ceder en cuestiones fundamentales abrazado a Ciudadanos camino a un nuevo reto electoral del que llevo la mejor propaganda posible.

Rivera ha salvado la carrera del desahuciado Sánchez y se ha constituido sin pretenderlo en el mejor factor para radicalizar la vida política española: los que no podemos ver a Rajoy ni en pintura tenemos menos alternativa que nunca al frente popular y el peor socialista de los posibles que hace palidecer a Zapatero ha salido reforzado en el sainete. ¡Gracias Albert!

martes, marzo 22, 2016

La madre del cordero: el proceso atencional II

Los ejes excéntricos sobre los que se define la personalidad y la inteligencia desde los procesos atencionales y procesuales.

Habiendo definido mi visión sobre la especificidad de las personas y sus talentos o la mera operativa para aglutinar la información del exterior de una manera concreta que difiere entre sujetos, existe en un estudio "El cerebro ético" de la universidad de Navarra  al que ya aludí en un anterior artículo, un buen presupuesto de partida (que no coincide con el objeto del estudio señalado) para definir una categorización de personas en razón a sus procesos atencionales, ergo procesuales, ya que, de un determinado proceso atencional se derivan unos procesamientos y no otros y consiguientemente unos tipos de decisiones y no otras. El estudio separa a esas personas como "normales" y  a las "otras": entrenadas en el utilitarismo. Justamente sobre esa dicotomía centro lo que considero "la madre del cordero" de la naturaleza humana en su toma de decisiones.

Por un lado cito el estudio:


Según la catedrática Natalia López Moratalla, en ambos experimentos aparecen los dos tipos de inteligencia mediante los que el ser humano conoce: la analítica y la emocional, cada una con mayor actividad en áreas de uno de los hemisferios del cerebro. "El frontal izquierdo procesa de forma más sistemática y lenta. Por ejemplo, una reflexión, aunque sea breve, nos mueve o no a una ayuda solidaria a víctimas desconocidas de catástrofes en países lejanos. El hemisferio derecho procesa de forma más intuitiva, global y rápida. Por ejemplo, nos sentimos urgidos ipso facto a socorrer a alguien en grave peligro. Salvo patologías, ambos sistemas están conectados y actúan armónicamente". 

La profesora explica que estos análisis permiten entender mejor que el juicio moral que decide no causar un daño directo a una persona entraña un fuerte componente emocional. "Las técnicas de neuroimagen detectan una activación intensa y rápida, en cinco segundos, en zonas de la corteza cerebral que procesan las emociones que afectan a la relación con los demás, cuando se trata de una acción directa. Saltar esa barrera y decidir en otra dirección requiere la memoria que detiene la información emocional durante los dos segundos más necesarios para analizar la relación coste/beneficio de cada opción, guiada por las convicciones personales".

Natalia López Moratalla señala que "estas evidencias científicas apuntan hoy al modo en que está registrado en el cerebro humano el principio natural, y por ello universal, de no hacer a los demás lo que no quiero para mí. Es  como un detector que provoca la emoción automática de agrado al ayudar y repugnancia por dañar. Es una intuición natural que guía sin determinar la conducta y supone un atajo emocional en situaciones en las que están en juego vidas y humanas y hay que decidir de forma directa e inmediata".

Personas utilitaristas evitan el atajo emocional intuitivo

También resultan reveladoras las investigaciones que estudian cómo solucionan dilemas éticos personas con un daño cerebral en la región que conecta lo emotivo y lo analítico. "Estos pacientes siguen un patrón utilitarista fuera de lo común y deciden con rapidez matar –empujar a la vía– a una persona para salvar a cinco. Sin embargo, en un contexto más impersonal, como accionar las agujas, su conducta es normal. Por esa lesión del cerebro, estas personas carecen de la guía innata que supone la alarma de la emoción en el juicio moral, aunque el sistema deliberativo se mantiene. Los sentimientos desagradables, la repugnancia a hacer daño que constituye una señal de precaución, les dejan imperturbables".

Cuando surge la contradicción entre ambos componentes de la racionalidad humana, el sistema analítico se impone. El caso del tren ilustra porque, "cuando los dilemas de empujar a alguien o cambiar las agujas se presentan a voluntarios utilitaristas –entrenados en el cálculo riesgo/beneficio como norma de conducta– resuelven tanto empujar como cambiar las agujas en el mismo tiempo. En tales casos usan los dos segundos más necesarios en esta actividad mental para ajustar racionalmente el coste/beneficio y así evitan seguir el atajo emocional, intuitivo y natural, hacia lo correcto".

  
http://www.unav.edu/web/vida-universitaria/detalle-noticia-pestana/2011/03/08/el-cerebro-etico-como-atajo-emocional-ante-dilemas?articleId=291770 

Para establecer el tipo de sujeto que teoriza y dirime sobre el citado estudio explicaré que mi excentricidad parte de dos pilares igualmente significativos: por un lado un trasfondo analítico que denomino transversal y una gran empatía. Puedo afirmar con la subjetividad inherente de una manifestación humana que vengo a ser combinación equipotente de sujeto analítico utilitarista y emocionalmente inteligente especialmente en el plano empático. Viniendo a ser consciente, como cualquiera, de que es mejor salvar a cinco personas que a una, si tuviera en frente a un sujeto desconocido, no me vería capaz de empujarlo para evitar el fatal destino a los cinco. Soy consciente de que, con el planteamiento del estudio, sería incapaz de matar.

Dicho lo cual, el estudio o las conclusiones que ofrece el estudio, me llama la atención que son ciertamente utilitaristas, en tanto centran el foco de atención en un aspecto positivo de la emocionalidad humana contraponiéndolo a otro, el utilitarismo, que en estudio planteado llega a verse como una adición a la naturaleza del ser humano. El estudio equipara la reacción inmediata, puramente sentimental, como la homologable al resto del mundo animal y la que no ofrece, según siempre el estudio, error. Así explica que los sujetos normales que atienden a sus emociones optan por no matar ya que la respuesta emocional natural establece una máxima de no agresión a los semejantes o a no dañar del mismo modo que no quieres ser dañado. Así por tanto, hallamos un utilitarismo en el hecho de validar el comportamiento natural del ser humano al coincidir con la respuesta normal en los animales, pero aunque no se especifique o se soslaye el trasfondo moral del caso, tanto el título como el objeto de estudio versan sobre la coincidencia animal de no dañar a los semejantes. Es decir, se aprecia una impronta moral en el estudio. El caso es que podríamos girar la tortilla y poner como ejemplo a un utilitarista que tras una situación de guerra o de barbarie, fuera capaz de analizar la situación y no dejarse llevar por los sentimientos que le incitarían a devolver violencia por violencia y probablemente estaríamos desmarcando a esos seres humanos de la homologable naturalidad del reino animal. Con este razonamiento quiero centrar lo que es el objeto de mi particular análisis: el foco de atención y el análisis del coste/beneficio.

sábado, marzo 19, 2016

La madre del cordero: el proceso atencional I

Presupuestos excéntrico-teóricos sobre procesos cerebrales.

Siendo yo una persona muy interesada en la especificidad del talento humano no es extraño que categorice los modos que las personas perciben los estímulos externos. Dicho de otro modo, de cada estructura cerebral se derivan distintos modos de procesar la información recibida y de otorgarles a unos u otros datos una determinada relevancia. Para ello resulta clave el proceso atencional que es el que desde el principio de la acción cognitiva, al determinar un grado de importancia relativo al estímulo percibido y los consiguientes procesos cognitivos, vendrá a definir la idiosincrasia de cada sujeto, su inteligencia y personalidad. Imagine que se centra a analizar un objeto, piense que en ese instante estará empleando millones de neuronas en ese cometido, pues bien, sobre las cien mil millones que tenemos, el modo que tengamos de dirigir la atención a un objeto significará que volquemos nuestros recursos cognitivos, los que dispongamos, para resolver ese cometido por simple que nos parezca. Por el contrario, sobre lo que no sea objeto de nuestra atención, no dispondremos un gasto significativo en recursos por considerarlo innecesario. No obstante y aunque lo explicado sea causalmente lógico, las estructuras cerebrales de los diferentes sujetos pueden alterar esa mecánica que nos parecía razonable, pues como decía, no todo el mundo procesa del mismo modo la información en base a procesos atencionales y procesuales y en ello el "ponderador" son las emociones. Y es que mucha gente que es experta en una temática porque tiene una vasta experiencia teórica y práctica sobre la misma, dependiendo de cómo atienda y procese esa información será hábil para unas tareas e inhábil para otras siempre dentro de su conocimiento específico. Los datos suelen ser fijos e invariables al extraerse de una experiencia y las personas los maleamos en las simulaciones que nuestro cerebro procede a realizar para concederles un sentido y una integridad intelectual. De tal manera es nuestro cerebro, mediante la atención y el procesamiento de datos, el que determina cómo será para cada uno esa información y no el objeto de la información en sí mismo.

Existen muchos expertos en materias resultado de unos aprendizajes o entrenamientos y posterior experiencia profesional pero obviamente no todos los sujetos son iguales. Los seres humanos que necesitamos categorizar el entorno para concedernos una seguridad aparente, nos hemos otorgado mecanismos que nos permitan cuantificar de algún modo esas aptitudes y hemos recurrido a la inteligencia y sus tests como mejor etiqueta posible. No obstante, al observar que esa inteligencia formal no garantizaba necesariamente el éxito o habilidad para progresar prácticamente, han aparecido los investigadores más perspicaces que la han venido a completar con la inteligencia emocional y sus consiguientes tests y formulaciones teóricas, lo que consideraban era la pata suelta que venía a definir el esquema de capacidades humanas. Sin embargo, el que escribe ve en ello más una mina para charlas y libros de ayuda y autoyuda a nivel particular y organizacional que una verdadera respuesta teórica sobre las capacidades humanas. Siempre he considerado que las capacidades de cada ser humano vienen determinadas por una específica estructura cerebral con unos límites amplios pero definidos, de modo que lo idóneo para cada sujeto y en especial su autoestima como eje motivacional de desarrollo vital, es centrarse en aquellas tareas en las que sus capacidades se hallen más desarrolladas y no tratar de mejorar las facetas menos solventes por efecto de voluntarismo, capricho, necesidad o conveniencia.

Soy consciente de que es más difícil señalar el camino de las personas en razón a sus cualidades, muchas veces recónditamente ocultas en el firmamento neuronal, que ofrecerles cursos, charlas y libros con el consiguiente boom económico que ello proporciona, pero la elección de una persona en lugar de otra para un cometido es al final la diferencia entre el éxito o el fracaso en todo lo que se le pueda ocurrir: desde una atención impecable en una tienda, pasando por salvar la vida en unas urgencias, ganar o perder dinero en asesoramiento económico, perder o ganar un juicio o el gobierno de un país en una coyuntura determinada. Al final, cuando usted se encuentre ante una persona, de cómo sea capaz ésta de solucionar o complicar su existencia, vivirá como resultado un tipo de vida u otra. No es cuestión menor.

El problema y bien gordo, es que también es muy difícil detectar las capacidades en los demás cuando la mayoría no tiene capacidades atencionales específicas para hacerlo y deberá sufrir o hacer sufrir a los demás por resultado de ese déficit. Es bastante común dejar pasar a talentos desconocidos por nuestro alrededor sin que reparemos en ello porque nuestra atención suele estar fijada en los cometidos que nuestro cerebro ha fijado como prioritarios y no suelen coincidir con aquellos que nos conferirían la capacidad de verlo. Y es que para poder ver en los demás debemos ser como los demás, es decir, simular con el máximo lujo de variables posibles las situaciones que viven los demás. A fin de cuentas, toda apreciación sobre un tercero, sea cercano o lejano, parte de una simulación exclusivamente interna, una recreación desde nuestro universo cognitivo, del universo de ese tercero y su realidad. Necesitamos para ello un concepto de referencia como una habilidad de simulación inteligente empático-transversal capaz de abstracción del propio yo en pos de la realidad ajena.

Y es que esas estructuras cerebrales a las que hacía referencia vendrán a dictar lo que seremos capaces de hacer, que puede ser descomunal, pero también sobre lo que sería aconsejable que no nos dedicáramos.

Como experto bien podemos hallar a quien aglutina la información de un modo eficiente con poco gasto de recursos y a quien lo realice con ingentes cantidades de recursos neuronales y ramificaciones en su materia gris. Se podría decir que del primero podría esperarse una respuesta procesual más veloz y con tendencia a recurrir a una memoria operativa y el segundo a ser más analítico y lento y recurrir a memoria declarativa, pero dependiendo de la situación cada uno puede resultar mejor solución a un problema que el otro. Ello se observa con mayor claridad en los talentos fuera de serie de los deportes, aquellas personas que sin aparente esfuerzo, de un modo mecánico y automático, disponen de unas capacidades superiores al resto, pero que ello en absoluto garantiza que luego puedan trasladar a otros el "secreto" de su genio. Bien porque no tienen las capacidades específicas para hacerlo y porque en realidad por mucho que quisieran no podrían explicar lo que es resultado de su específica estructura cerebral no homologable a otras estructuras. Quien puede ser un extraordinario profesor capaz de hacer entender a los demás lo divino y lo humano no tiene porqué ser capaz de aplicar ese conocimiento en su persona, pero el talento, que llamamos innato, que supera sin despeinarse facetas de su vida, es posible que al tiempo resulte un desastroso docente en lo relativo al conocimiento que ocupa su  genialidad.

Las personas como simplificación casi ofensiva somos combinaciones de procesos bioquímicos (desde una perspectiva neurobiológica) o modelos de procesos estímulo-respuesta con un funcionamiento específico basados en un proceso constantemente comparativo de relativización de objetos. Si bien todos somos susceptibles de categorizarnos por similitudes en determinadas combinaciones detectadas en las respuestas a estímulos, sostengo que no todo el mundo puede medirse con el mismo rango de fiabilidad y esos sujetos entran en un gran cajón de sastre en el que su especificidad permanece ignota entre el maremagno de la generalización que otorga la validez del estudio. Para que los instrumentos de medición dispongan de la suficiente sensibilidad y por tanto fiabilidad, han de conocerse las variables específicas que se deben medir y en tanto eso no sea así, nos limitaremos a aceptar la información resultante por solidaridad científica más que por una auténtica idea de precisión que en los seres humanos es en extremo complicado. No todo el mundo es igualmente fácil de medir aunque concluyamos que los instrumentos de medida han sido estadísticamente fiables y precisos y las personas más "complejas" hayan podido equipararse en una escala que nos arroje una categorización aparente. No en vano puede decirse que, todo lo que se puede medir se mide y lo que resulta demasiado sutil o específico, aunque numeroso queda por ahora fuera del alcance de los menesteres metodológicos.

viernes, marzo 11, 2016

Consenso

"Seguiremos estudiando fórmulas para conseguir una mayor aceptación en la reforma, pero en este momento, yo como Presidente del Gobierno creo que he tomado una decisión que creo que es la más sensata. Vamos a seguir trabajando por la cohesión y lo que no podemos tener es una ley que cuando llegue otro gobierno, pues, la cambie al medio minuto. Yo creo que hay algunas cosas que se pueden seguir haciendo en el futuro, que se pueden buscar más apoyo y ya digo que seguiremos estudiando y trabajando, pero hoy por hoy la decisión que yo he tomado es que vamos a modificar los dos puntos a que he hecho referencia".

Estas declaraciones resumen a la perfección qué es Mariano Rajoy y Brey y el porqué existe un antes y un después desde su llegada a Moncloa como Presidente del Gobierno del PP.

En primer lugar la reforma que alude el Presidente es la del aborto. No voy a centrarme en ella pero sí en lo que ha significado dentro de lo que conocíamos como el PP. El derecho a la vida ha sido uno de los principios esenciales del partido con sede en Génova y uno de sus rasgos característicos. El PP nació con una impronta liberal - conservadora que no eludía pregonar y defender unos principios judeo-cristianos desmarcados de una perspectiva puramente liberal, al menos en los valores. Cuando hablamos de una reforma de orden moral o ético basada en principios, en este caso es el aborto pero podría tratarse de otra cualquiera. Podemos establecer por tanto una generalización de la nueva impronta que caracteriza al gobernante que decide. Recordemos que la ley vigente, únicamente reformada en dos aspectos, trata el aborto como un derecho de la mujer, es decir, como un derecho a cercenarse una parte del cuerpo a voluntad por las razones que estime la propietaria del derecho, ya que el nasciturus se considera, en vez de un depósito de vida presente que necesita hacerse viable y con un cierto grado de autonomía, una parte más del cuerpo de la madre sobre la que tiene capacidad de decidir.

En este artículo pretendo observar qué razones justificó el mandatario gallego para desistir de la reforma. Es importante desgranar los conceptos esenciales:

Aceptación. De quién necesita Rajoy la aceptación, ¿De la oposición? ¿De parte de su propio partido? ¿De Arriola?

Sensata. Sin proponérselo llama insensatos a todos aquellos votantes que depositaron su voto pensando que iba a defender la impronta del Partido Popular, lo marcado en el programa y en su espíritu. La mención a la sensatez no es más que una justificación que actua como autorefuerzo ante la decisión tomada.

Cohesión. ¿Con quién? ¿Existía previamente falta de cohesión en el PP? Obviamente existía fuera del mismo.

...la cambie al medio minuto. Este argumento es una ofensa a cualquier ser que presuma de un mínimo de inteligencia, pero se torna en grave afrenta cuando se concibe como excusa válida ante los votantes del PP. Por esa regla de tres y conociendo las intenciones no ocultas de Pedro Sánchez, el PP no podría modificar una sola ley y de hecho gracias a esta frase puede comprenderse la sanción de Rajoy a tantas leyes de Zapatero pese a disponer de mayoría absoluta.

Más apoyo. De nuevo, de quién necesita el apoyo Rajoy si dispuso de más de diez millones de votantes que aceptaron lo que venía en su programa electoral.

No hay duda de que España se divide en dos frentes, uno de Derechas y otro de Izquierdas con su diferentes graduaciones que van desde la moderación hasta la radicalidad. De una manera similar a lo que ha ocurrido en otros países de Europa, los prejuicios históricos acaban definiendo la impronta de cada país por los complejos a defender cualquier analogía con los resquicios de los anteriores regímenes totalitarios. Así, suele existir una correlación entre los que parten de un régimen totalitario de Izquierdas que tiende a la Derecha de un modo no moderado, y viceversa, los que vivieron su impronta  de régímenes totalitarios de Derechas en los que ahora predomina la Izquierda sin contención. Es por ese motivo que cada partido que representa un espacio ideológico requiere de una integridad y solidez basada en sus principios que permitan contrapesar en democracia la ventaja del otro "bando". De ese modo existe un equilibrio de fuerzas entre los poderes públicos y sus representantes que acaban constituyéndose en un fiel reflejo de la población y sus sensibilidades, permitiendo su expresión dentro de la democracia. Cuando ello no ocurre y una de las dos fuerzas toma el control ideológico, desequilibra la balanza de la representatividad y se produce una cesión de las referencias que acaban resultando en la hegemonía moral de un frente en contra del otro. Es en este tipo de situaciones cuando se propician extremos y radicalismos de uno y otro lado, gracias por un extremo a la mentada hegemonía moral del bando que adoctrina constantemente a la población, contrapuesta a aquellos sectores que no encuentran una representatividad en el espacio político democrático. 

Rasgos de la política de Rajoy en asuntos sensibles y la coyuntura. 

- Consenso y terrorismo. A día de hoy sabemos que el Psoe acordó con ETA lo que denominarían la "paz". Es una realidad que los socialistas defendían la vía del diálogo con la banda terrorista. Me quedo únicamente con eso sin ir mucho más allá, habiendo constatado que gente como María San Gil o Jaime Mayor Oreja y muchos otros han sido exiliados del partido al que defendieron con riesgo de su propia vida. Bien, la propensión del Psoe a negociar con la banda armada y a acusar al PP de interés por que "ETA siga matando", se puede comparar con la disposición demostrada por Pedro Sánchez a dialogar con el Partido Popular cuando Rajoy se lo solicitó. ¿Es con este partido que Mariano Rajoy quiere el consenso? ¿Busca el refrendo de la Izquierda? Viendo quién está fuera del PP vasco y quién dentro, no hace falta mucha enjundia para saber con quién ha buscado el consenso Don Mariano Rajoy y Brey.

- Ley de memoria histórica. Antes en mi argumentación introductoria sobre el equilibrio de fuerzas en un país, he concedido mucha importancia al factor histórico. No creo que sea del todo necesario analizar todos y cada uno de los conflictos en la historia de la humanidad para encontrar un patrón en todos ellos o al menos en una buena parte: una deuda histórica. El fomento del odio de bando siempre se nutre de afrentas anteriores y conflictos precedentes que, si no existieron realmente así, se inventan como excusa para enardecer a la muchedumbre. Si no extraemos las adecuadas lecciones de la historia, lo único que acabamos haciendo es fortalecer el rencor. Mariano Rajoy lo aprueba.

Ambas leyes son ejes ideológicos de cualquier partido, pero lo importante es hallar el patrón aplicable que parece no ser otro que no defender los presupuestos idelógicos del PP para primar las reformas económicas, laborales o fiscales y que el frente de Izquierdas se decida a avalar o al menos a no asfixiar las calles con sus protestas. Rajoy siempre ha mostrado un deseo de modificar los comportamientos ajenos, modificando sus propias conductas y decisiones. Ha sido más un anhelo circunscrito a renegar de los principios inherentes del PP con vistas a recibir el reconocimiento de la fuerza hegemónica. Pero Izquierda y Nacionalismo no pueden jamás renunciar a su valor más preciado: el enemigo objetivo, ese con el que jamás se negocia y debe vencerse. Así, los medios de comunicación de Izquierdas y Nacionalistas solo enfatizan la disputa y el conflicto con el PP, informando sobre todo lo que les separa de ellos, sobre lo que es motivo de discrepancia. Nada que objetivamente pueda significar una mejora para la población potencial votante de Izquierda por parte de decisiones del PP puede publicarse como tal, sino todo lo contrario. Eso es así y ha sido históricamente. Busquen titulares de El País, Público, Diario.es, La Sexta, La SER y demás grupos, o La Vanguardia, El Períodico y verán como rara es la vez que se halle algo positivo surgido de un gobierno del PP. No obstante, decir que El País de la actual coyuntura nada tiene que ver ni que hacer comparado con el resto de programaciones y diarios que han adoptado un posicionamiento mucho más radical, próximo a Podemos en muchos casos.

El rodillo de Rajoy: dos de cada tres leyes las aprobó el PP

El Gobierno de Rajoy bate el récord de legislar por decreto ...

Rajoy se enreda con las máquinas en un nuevo lapsus ...


Entonces, ¿Qué quiere decir Rajoy cuando habla de consenso? ¿El consenso que no tiene ni para formar Gobierno habiendo ganado las Elecciones? Rajoy y el resto de sus votantes han podido constatar que la cesión de los principios es como renunciar a la propia personalidad para "caer mejor a la gente", cuando en realidad estás claudicando a ser tu mismo. A partir de ahora se les dice a los niños: "Debes adaptarte a la personalidad de los demás sin ser tu mismo para manejarte por la vida". Rajoy ha perdido el respeto de sus rivales políticos, pero también de buena parte de sus votantes. Todo se halla en la párrafo que da comienzo a este artículo, ahí se observa cómo es Rajoy y el porqué debería haberse ido hace mucho tiempo y montar su propio partido. Eso hubiera sido lo honesto y lo mejor para España.

jueves, marzo 10, 2016

La revolución pendiente

Las distintas ideologías políticas suelen ofrecer diferentes propuestas para solucionar problemas, que en algunos casos coinciden y en otros difieren al ser creados por la propia "solución política". Podría ponerse de ejemplo el símil de un fármaco que se administra para combatir una enfermedad: el más eficaz será el que logre eliminar la enfermedad con los menores efectos secundarios, pero las más de las veces, en casos de patologías graves, ello resulta harto complicado pues las variables a considerar son más complejas y por tanto más difíciles de tratar. De tal modo en la vida real nos encontramos que en algunos tratamientos contra el cáncer, si no te mata la enfermedad, es posible que lo haga la medicación por su toxicidad, es un duelo para ver si mueren antes las células malignas o las sanas. Bien, en el caso de las teorías políticas que se postulan para los gobiernos de nuestras sociedades, al tomar en consideración muchas variables y la necesidad de un compromiso entre todas ellas, resulta imposible ofrecer la "medicación" perfecta en aras de solucionar completamente la vida de los ciudadanos a modo de utopía. Algo que puede parecer un presupuesto de partida al comenzar a opinar o reflexionar sobre política, acaba siendo una introducción obligada que eluda los intentos manipuladores de quienes pretenden vender la panacea como remedio para sus males. Al final, se debe escoger la solución que, tomando en consideración de manera inexorable la condición humana recogida en nuestra historia, ofrezca la mayor efectividad con los menores efectos secundarios o adversos.

El problema suele ser que la motivación de las personas que postulan unas teorías u otras pueden quedar sujetas a los efectos secundarios o adversos de la existente y por ese motivo tratan de desnaturalizar el global proponiendo una alternativa antagónica, más centrada en su propia historia personal y solidaria que en el análisis global de resultados para la propia sociedad. A las personas que de modo airado y radical proponen soluciones consecuentemente radicales solo les aplaca una respuesta centrada en el problema que quieren tratar y que ocupa el centro de su atención y el de los seguidores que también puedan verse afectados o que, aunque no se vean afectados, podrían solidarizarse por estipularse las razones como justas o deseables. Al final me viene a la memoria esa pregunta que pide a los asistentes que respondan si preferiría vivir con 10 en una sociedad en la que de media todos tienen 15 o en aquella que podría tener 5 en una sociedad en la que el resto tiene 1.

Todas las teorías políticas plantean presupuestos suponiendo que su mera incidencia variará a mejor el bienestar de la sociedad, así estableciendo un énfasis a lo privado y a la individualidad o a lo público y el colectivo en cada uno de los dos extremos, las personas no hacen sinó describir su propia situación personal, que no necesariamente material,  en función de sus propuestas. Sin embargo, cada una de ellas acaba descuidando en mayor o menor medida el factor humano, no como una solución pretendidamente altruista de automejora personal a costa de un buenismo pretendidamente gratuíto, sino porque no valoran las interacciones humanas, motivacionales y comportamentales de las variables como consecuencia de la aplicación de sus propuestas teóricas. Solo ofrecen la teoría como solución a un "mal" que debe erradicarse. Solucionemos ésto que cuando aparezcan los problemas subsiguientes, ya los solucionaremos con ilusión, bien podría rezar un cartel propagandístico. En este caso se podría utilizar el símil de alguien que le ha tocado la lotería y comienza a elucubrar sus proyectos sin atender las complicaciones que se le van a echar encima, es imposible pues la ilusión del eje central, la idea, la cruzada, el foco de atención no deja espacio para consideraciones adicionales que pudieran aguar la ilusión y la correspondiente motivación que en ese instante puede haber sido "derrotar a la pobreza" o al enemigo político que se prefijaba como némesis a batir, pero el "¿Y ahora qué?" es la auténtica asignatura pendiente de un experimento que toma a los ilusos ciudadanos como conejillos de indias.

Si nos fijamos, en nuestra sociedad occidental a lo largo de la historia, encontraremos incontables muestras de corrupción, avidez del poder, violencia, odio, manipulación y consideraciones que acaban relatando una constante: la naturaleza humana. Por otro lado, también podemos encontrar muestras de bondad, sacrificio, perdón, inteligencia, mejora, altruismo y eficiencia real, todos de personas que diseñan esa misma naturaleza humana, demostrándose que somos capaces de lo mejor y lo peor. ¿Cuál es el patrón que define unos modos de hacer u otros? Ahí el partidismo puede crear un sesgo o tratar de manipular las variables para vender el propio producto diciendo: "el mío, el mío", pero en todos los casos quienes marcaban las diferencias para bien o para mal no eran sus regímenes políticos sino las causas de los mismos: las personas. La más eficiente de las propuestas políticas puede irse al traste con una persona o varias incapaces y viceversa, la constante siempre es la misma: los individuos marcan la diferencia, cada uno es imprescindible o totalmente prescindible en ese momento y en esa situación.

Todos los casos de corrupción vienen firmados por personas y en todos ellos son las personas las protagonistas, no sus estructuras cada vez más eficientes para seguir ejerciendo la corrupción proyectadas por más personas. La revolución pendiente necesita partir del problema adecuado y no crear, de una problemática, otra mayor. Generar odio a un presupuesto, ejerciendo de modo implícito un posicionamiento de juez inmaculado, supone la construcción de un proyecto sin contar con la constante fundamental, el ser humano y su complejidad. Las personas acaban abstrayéndose de ser personas para tomar el papel de robots asépticos que toman decisiones por el "bien de la comunidad", cuando las motivaciones que han incitado a la derrota del orden vigente son más bien surgidas del germen vehemente de una disputa o deuda con una persona o grupo que vino a aprovecharse de su condición para obtener algún tipo de beneficio interesado.

Al final todo régimen que parte de no respetar la libertad de los individuos o de someterla en pos de una supuesta colectividad, estará ejerciendo una violencia, es decir mostrando los efectos adversos de su "medicina" para lograr la supuesta mejoría de todo el paciente, de la sociedad. Pero parte de una gangrena en la que el odio debe eliminar a los que no piensan igual. Habrá por tanto que cortarse un brazo o una pierna en el mejor de los casos para evitar el dolor del brazo o la pierna. Un sacrificio "asumible" para los revolucionarios que venden su loción mágica con la que reunir ávidos consumidores de soluciones emocionales.

La revolución pendiente toma en cuenta al ser humano como alguien imperfecto capaz de lo mejor y de lo peor bajo cualquier circunstancia y proyecto, de modo que, ofreciéndole siempre la libertad como vía de expresión y crecimiento, no acaba convirtiéndose en un juez sumarísimo con intereses específicos y particulares encaminados a destruir y no a construir. Basta de comparaciones maximalistas con utopías o ejemplos grandilocuentes de símbolos impersonales y proyectos irrealizables que permiten a la maleable población juzgar con ventaja a cualquiera. Debemos empezar asumiendo nuestra condición de seres humanos y construir sobre la base de la formación en lo elemental, el respeto a los demás con independencia de su ideología, afinidades y religión, los proyectos realistas que ejemplifiquen el respeto al ser humano y no únicamente a las propias ideologías tan "salvadoras" como intolerantes, que apelan al odio contra las rivales y a su coacción como mal inevitable y necesario contra el malvado opresor. Somos personas, todos y cada uno de nosotros. Quienes quieran dejar de serlo pueden hacerlo no únicamente siendo banqueros taimados, sino en cualquier faceta de la vida aunque esté menos estigmatizada que un voluntario de una ONG a pie de guerra. La construcción de las revoluciones se basa siempre en una bien estructurada propaganda y agitación mediática que convenza a las personas de que su causa es justa y los enemigos unos enormes molinos de viento. En democracia también, porque efectivamente sí existen los molinos y los gigantes que se aprovechan de los demás, pero como en las enfermedades, no todos los que defienden un determinado sistema son células malignas, sino tan benignas y susceptibles de fenecer como cualquiera. Entre todos ellos las personas aportan indistintamente honradez y corrupción y nada tienen que ver las palabras o los proyectos bien evocados con el efectivo bienestar prometido. Los auténticos opresores son quienes pretenden desnaturalizar al ser humano convirtiéndolo en un número favorable o contrario a nuestro proyecto. Acabar con esa realidad es la utopía pendiente: que las personas traten a las otras como auténticas personas, a todas, no a quienes dicen sí señor o sí camarada.

domingo, marzo 06, 2016

Personas

La política es una materia realizada por personas y supuestamente dirigida a personas en la que cada una y grupos de unas, construyen maneras de servir a una sociedad de personas.

Cada persona decide convertirse en un número o en una persona en función del sometimiento que decide establecer en relación a otras personas. Es número en cuanto se adhiere a un objetivo por afinidad o cercanía percibida desde la obvia subjetividad y es persona cuando conoce de la responsabilidad de los compromisos y de las grandes diferencias entre personas por encima de las etiquetas de partidos que las venden.

Un número defiende siempre a un partido con independencia de quién es la persona, de si cumple o no sus principios, de si es coherente o no, de si implementa los medios consecuentes con esos principios y no los que sean necesarios para llegar al fin.

Las personas son los médicos, unos buenos y otros malos que nos atienden; son la diferencia entre el funcionario atento y competente y el prepotente que pone palos a las ruedas sistemáticamente; son los que confeccionan un buen producto y los que cumplen el mínimo para tirar el día a día; son los déspotas que buscan conflictos o los que tratan de solucionarlos; son los capaces y los no capaces; son los honrados y los tramposos; el periodista preocupado en tomar todas las variables o el que no elude sesgos para enfatizar su "noticia"; así podría seguir líneas y líneas explicando que lo fundamental, lo trascendental siempre serán las personas. Las personas acuerdan, las personas cumplen, las personas se comprometen, las personas fingen, las personas planean, las personas exigen.

Toda nuestra historia está definida, no por los papeles inertes que han quedado como su memoria, sino por las personas que hicieron buenos o malos sus impresiones, los que le confirieron carta de naturaleza para el bienestar de los ciudadanos o bula para dominarlos.

Siempre la máxima importancia para las personas, para los ciudadanos, uno por uno y más uno que acaban formando sociedades de personas y no de números que poco les importan en tanto hayan firmado el contrato de adhesión. Nunca podré aceptar a alguien que prima otra consideración por delante de la persona que tiene en frente, pero en contrario lo mismo. Nunca podré aceptar a aquellas personas que desean números a su lado para ejercer ellos de personas y tomar el rédito del protagonismo.

Todo el centro de mis textos, mis exposiciones, son las personas y la manera que tienen de actuar, de pensar y de vender sus apegos como productos atractivos con los que reclamar la mayor afinidad entre semejantes. Todo acaba siendo un gran juego de personas que necesitan realizarse en su vida de un modo u otro, partiendo de unas enseñanzas, de unos padres, de unas vidas que le marcarán y le llevarán a unas u otras decisiones. Yo doy importancia a las personas y quien me hable de papeles, de contratos, de acuerdos por encima de las personas, me está hablando de números.

Las personas marcan la diferencia y nuestra historia, la de la humanidad, tiene sobradas evidencias de ello.

sábado, marzo 05, 2016

No comprendo a Albert Rivera

La verdad es que no comprendo el posicionamiento de Albert Rivera y quizás sea mi problema, pero cuando deposité el voto en la urna con su nombre y el de su partido, tenía una idea diferente de sus propósitos o mejor dicho: de su manera de llevarlos a cabo.

Yo no concibo un partido de centro más que como un compromiso de personas tibias o moderadas que aúnan todo lo que les une con los demás extremos para conciliar intenciones y propuestas. Los principios, pero sobretodo su aplicación práctica, más que un aprendizaje dogmático, deben ayudar a los individuos en su camino de mejora de sí mismos y su entorno, pero deben tener un fundamento sólido para evitar la comodidad del relativismo con el que uno puede proceder a juzgar a todo el mundo por razón de mera conveniencia o coyuntura. Esa es una de las razones por las que no me gusta Rajoy. No tiene principios, solo una defensa cerril de su persona que observo demasiado necesitada de admiración y reconocimiento, lo cual no me impide reconocer la más que pregonada gestión económica comparándola con el presupuesto de partida al que nos abocó Zapatero. Por muy repetido y gastado, la recuperación económica española no es asunto baladí, pero mucho menos cuando sabemos que quienes la cuestionan, en muchos casos, además de ser actores de la catástrofe, son obvios jueces y parte interesada en el asunto.

Yo ví en Ciudadanos la respuesta a la deuda pendiente de España con su historia. Entre la guerra interminable de rojos y azules asomaba una luz naranja que atendía a otras cuestiones, desterrando la vehemente disputa de buenos y malos que tanto interesa a los traficantes de emociones ajenas. Pero...una vez en la arena política, no he sido capaz de entender la manera que ha tenido Ciudadanos y su líder de situar un objetivo, el compromiso con España, con los medios utilizados para intentar conseguirlo.

Si existen dos actores en cada extremo y uno más en el centro que pretende asumir su centralidad y por ello neutralidad, en una visión quizás cartesiana pero anhelantemente ecuánime, concibo que el partido que debe fomentar la consecución del gran proyecto (porque sus líderes así lo han pregonado en campaña electoral), debe marcar de antemano iguales reglas y cumplirlas a rajatabla evitando con ello agravios comparativos. Con ello, se evitan intereses y presiones a una de las partes, siendo las dos las que soporten la proporcional carga de responsabilidad con el país. Por tanto, los acuerdos "históricos" se proponen desde el partido de centro apelando a los dos lados para que se unan al mismo conocedores de la justicia de la equidistancia y evitando con ello los intereses materiales en forma de cargos de los que tanto hablaba Rivera. "Los cargos no son importantes, solo las propuestas", por ello,  en una propuesta planteada a los dos partidos por igual se elude todo ventajismo y personalismo.

Parece que no, todo lo contrario, Rivera se ha mostrado pasivo y desentendido sobre el modo que ha tenido Sánchez de acceder a la investidura, y ahora que ha pactado con los socialistas no duda en hacer de Poncio Pilatos y exigir con empeño al PP sacrificios por España, como si el presupuesto de justicia fuera asépticamente ecuánime y él, autorizado moralmente a solicitarlo. La verdad, no lo comprendo. No entiendo el uso de grandilocuencia y frases rimbombantes renunciando a considerar las variables reales que han intervenido en la cuestión.

Puedo comprender que Rajoy es una persona cerril y sus medios, incondicionales caimanes dispuestos a herir sin comedición a todo proyecto que ose acercársele, pero la justicia y España, tan importantes las dos, llevaban a intentar superar esos escollos que pienso son poca competencia comparado con los ultrapoderosos y "marquetinianos" medios de la izquierda que ocupan el espacio hegemónico entre las audiencias juveniles de nuestro país.

No creo descabellado pedir explicaciones al que fue mi candidato en las pasadas elecciones y éste, como elemental muestra de respeto, me conteste con algo más allá que "Rajoy renunció a su opción de gobernar", tratándome de modo no distinto al que el presidente en funciones destila cuando repite que "han ganado las elecciones y son la fuerza más votada". No hallo la diferencia entre uno y otro en la falta de respeto por la poca enjundia empleada como razón. Pero lo que ya sería negativo de por sí, lo es mucho más cuando la otra parte en el pacto se derrite en ofrecimientos con Pablo Iglesias sin preocuparle tener a su "pareja" de acuerdo delante. De veras que me estremezco con su pusilánime versión de Rajoy al tolerar el desaire político cuando se vendía un acuerdo histórico para España.

Comprendo también que en la espiral partidista de la arena política, las cosas acaban viéndose con el filtro de la supervivencia y la defensa, ya que los palos llueven por activa y por pasiva, y en ese matrix, los más locuaces se ven arrastrados a redirigir todos sus recursos a la réplica y no a tratar de abstraerse de la misma desde una perspectiva lúcida y desapegada que permita tomar decisiones racionales. Prueba de ello es la metamorfosis que experimentan todos los políticos cuando ya desde el desapego partidista de la primera línea opinan con un criterio antes irreconocible.

Un apunte que se me ha ocurrido. Antes hablaba del poder de los medios de izquierda en España: La Sexta, Cuatro, La Ser, El País, los centenares de miles de seguidores de Twitter que tienen Escolares, Ruices y demás guardia pretoriana. Confío que no se encuentre más a gusto al abrigo de esta "comediante inquisición" de nuestro tiempo y ello pese en sus decisiones. Es algo harto evidente al mirar audiencias y seguidores de las redes sociales, que plantar batalla o disentir de las posiciones de izquierda le resultaría a usted y a cualquier recién llegado mucho más hostil que las apenas imperceptibles voces de 13TV, la meliflua Antena 3 y ABC o el fervoroso rajoyano Francisco Marhuenda. Dado que usted ya cuenta con El Español y Es radio como particulares valedores de su persona.

Por tanto, en coherencia con el nombre de su partido, le ruego explíqueme y explíquenos el porqué de su enroque y qué es lo que falla en mi presupuesto de neutralidad por una entente por España. Si se lo pido es porque no acepto el que nos sirve como hazaña patriótica y desapegada, y no puede concebirse en el modo que está dispuesto como ajeno al interés de una parte. Los que afirman ser neutrales y no pensar en personalismos son justamente los que deben ejercer coherencia demostrando su posición de centro. Porque una iniciativa dirigida a al bien mayor queda en palabrería si no se configura con la justicia y la ecuanimidad que le da sentido. El fin es el acuerdo entre españoles, y la hazaña, el deber de llenar España con hechos y restañar heridas, es la de ofrecer y exigir por igual a todo el mundo el mismo compromiso resultante de la democracia y no moldearla a merced de una parte interesada. El "tonto el último" no es la manera que yo entiendo de generar una España de cambio, por mucho que uno se sienta avalado por la parte que coincide con usted en culpar a los discrepantes. Justamente hay que desterra la política de: "si no estás conmigo estás contra mi". Que los otros militan en ella, muy bien, pero yo puse un papel en una urna que me aseguraba un cambio en esa dinámica.

La verdad, señor Rivera, no le entiendo.

jueves, febrero 25, 2016

Ciudadanos y el pacto con Sánchez

Introducción

Es del todo lógico que la gente partidista, ya sea porque literalmente pertenece a un partido o porque toma partido, apoye a su ídem y exprima su cerebro para defender y contrarrestar cualquier opinión e información ajena. Del mismo modo, también es lógico que las personas que han tomado partido por unas siglas específicas reclamen para sí una independencia para emitir juicios de valor, ya que eso es una necesidad de la que depende la propia autoestima. Nadie viene a decir el público: "yo sigo a mi partido haga lo que haga como un corderito y le defiendo como un soldado que no utiliza el cerebro sino la adhesión", no en vano me viene a la memoria una frase reciente "ponerse a los pies del Psoe", que en justicia debe reconocerse que no fue pronunciada con la intención de que se hiciera pública.

Dicho ésto, es lógico que seamos partidistas. Explicado en positivo ello explicaría a personas con una idea de compromiso con un grupo y de implicación con proyectos sobre los que a los escépticos les resultaría mucho más complicado acceder. Quizás por ello el problema que suscita el epíteto venga a ser el temor que las etiquetas simples, comprensibles para la población en general, produzcan los efectos para las que fueron fabricadas y se conviertan en armas de comunicación masiva contenidas en una palabra, de tal modo que su disparo habilite un corolario de prejuicios entre la población y anule al objetivo. No todas las personas de un partido son peones dispuestos a obedecer, pero una etiqueta consigue que el más capaz y cabal de los partícipes sea convertido en un objeto susceptible de ataque por la mera pertenencia, pero también al contrario, que un incapaz sea considerado alguien por pertenecer al partido.

La pertenencia lleva a que las personas partidistas (seguidores, periodistas, más periodistas) se estructuren en dos fases, una apriorística en la que se aprenden las consignas "oficiales" o recurrentes empleadas en la defensa del ideario; y otra a posteriori que impone al sujeto reunir todos sus recursos intelectuales y dialécticos para justificar y sostener su partidismo. No en vano, es necesaria una adecuación previa de autojustificación en la que el sujeto asuma las propias discrepancias con el ideario partidista como un mal menor o una excepción que no es suficiente para generar un rechazo. Lógico también pues de lo contrario los partidos estarían formados por uno o pocos sujetos que estuvieran de acuerdo en absolutamente todo. Sin embargo, sí es capital, como diría Rajoy, que al menos estén de acuerdo en los principios o valores que fundamenten el partido, su esencia y el porqué de su existencia.

Al margen de estas consideraciones introductorias, luego existen los grandes grupos de presión instigados por próceres y élites varias que pujan por partidos, no ya por cuestiones ideológicas o puramente personales, sino por intereses definidos y cuantificables.

Ciudadanos

Esta introducción era del todo necesaria porque con la llegada de Ciudadanos ha surgido un conflicto muy grande que transgrede la endémica visión partidista de los españoles. Hasta su llegada todo resultaba sencillo: por un lado los azules de derechas y por otra los rojos de izquierdas. Algo imposible de entender o puede que de aceptar para quien ha estado acostumbrado toda su vida a pertenecer a uno continuamente reforzado por los ataques del otro y viceversa. De este modo, es de nuevo lógico que desde sectores de derecha e izquierda se acuse a Ciudadanos de ser de izquierdas o de derechas, a fin de cuentas uno toma las variables a las que su cerebro se ha habituado para describir su entorno.

El quid de la cuestión no es tan difícil de explicar, la pertenencia de Ciudadanos. En el partido naranja cabe ser acusado de izquierdas por unos y de derechas por otros porque sencillamente entre su agrupación existe gente de un lado y del otro. Conviven personas provenientes de los dos sectores ideológicos que han pretendido situar unos valores comunes y desistir de aquellos que no les han parecido fundamentales para discrepar radicalmente. No he descubierto la receta de la sopa de ajo, pero a veces parecería que así es.

El presupuesto a fin de cuentas es un valor en sí mismo y un principio fundamental, pues pretende la unión de los moderados y el rechazo a la endémica visión de las dos Españas en pro de un patriotismo efectivo que superpone el fin del país por elementos de discordia disfrazados las más de las veces por derechos inalienables que acaban degradándolo. Al menos es así como yo lo he entendido y me ha parecido muy bien y lo más cercano a una visión ilustrada, que a la vez de inteligente, me parece lo suficientemente humilde e ilusionante como para darle una oportunidad.

El Pacto con Sánchez

Y subrayo lo de Sánchez, dado que el actual candidato socialista entiendo que bien podría serlo de cualquier otro partido de izquierdas sin excepción en radicalismo. Es capaz de pactar y apoyar a Podemos o Bildu en cualquier rincón de España y no ha ocultado su interés en formar un gran pacto de izquierdas, no sé si más centrado en la propia izquierda o en acabar con la derecha.

Es cierto que entre el periodismo abundan los que se dedican a quitar hierro a todo pese a que la cotidiana realidad nos ofrece día a día, año a año, hierro candente y brega de la buena. El niño con  el que vivo parece que nunca crece pero ya mide dos metros. "Ya se sabe que en campaña se dicen barbaridades y tal y tal", como uno de esos usos aceptados entre los españoles que luego se rasgan las vestiduras pidiendo cumplimientos o exigiendo cualesquiera razón que asista a su cruzada. Parece inevitable el Spanish sinsentido que tan bien parecen llevar los "arresponsables" líderes mediáticos y mesiánicos capaces de justificar precisamente sus medios para llegar al fin partidista.

Cada vez que lean o escuchen a alguien quitar hierro a algo, sepan que esa persona estará disculpando o justificando el avance de un radicalismo por un fin pretendido con el que coincide, una afinidad, un partidismo.

Pero entrando de lleno en el pacto, me cuesta entender el movimiento de Rivera, al menos tal y como ha sido concebido. ¿Por qué?

1) Los acuerdos alcanzados parten de un presupuesto inexorable: 130 votos positivos conocidos y la oposición frontal pública de PP y Podemos. Saber eso es como comprar o vender acciones de bolsa sabiendo su tendencia de antemano. Uno de los dos partidos puede aprovecharse de la información privilegiada e invertir en base a ella. Entonces...¿Qué impide a Sánchez ofrecer el oro y el moro y un cheque en blanco si conoce que todo es papel mojado? Por un lado, el candidato inextinguible sigue en la brecha vendiendo su voluntad de acuerdos por España en comandita con Ciudadanos pese a conocer que sus enemigos, o al menos el PP de Rajoy, le sacarán las castañas del fuego. Ya se encargó Sánchez de generar tanta animadversión para que fuera del todo improbable obtener el más mínimo apoyo. La maniobra del líder socialista merece un lugar en el Hall of fame de las actuaciones maquiavélicas contemporáneas.

2) Es por ello que entiendo como un error de principiante que Rivera se haya prestado a eso y me gustaría entender sus explicaciones que siempre me han parecido coherentes y creo que honestas. Error porque la negociación con Sánchez debería de haber partido de un presupuesto congruente con lo que luego se afirma: el pacto a tres se debería haber empezado sabiendo que los tres estarían dispuestos a acordarlo y no solo una de las dos partes, dado que de ese modo Ciudadanos se presta a presionar al PP concediendo a un pacto que es papel mojado, un cauce de verisimilitud inexistente. Ahora a Ciudadanos no le queda otra que defender y defenderse en su Pacto en contra del PP para evitar la sensación de primo en un timo de la estampita.

3) Todos los signos de cada partido se atisban en sus gestos y acciones y en este caso no podría ser diferente. El PP no proponía la investidura de su candidato porque sabía que no obtendría el apoyo de Sánchez que se afanó por activa y por pasiva a pregonarlo a los cuatro vientos añadiéndole un programa más centrado en derogar que en crear, pero Sánchez y el Psoe apostaron su carta...¿A qué juego? ¿A probar suerte con Ciudadanos? ¿A montar la representación para llevarse el gato al agua con su anhelado pacto del frente popular? ¿A garantizarse una buena campaña electoral a costa de los españoles? ¿Qué le debió decir al Rey?

Albert Rivera y Ciudadanos es el soplo de aire fresco que España necesita, pero mucho más viendo o explicando mi idea de las estrategias que Sánchez y el Psoe son capaces de elucubrar por alcanzar poder, pero resulta que Ciudadanos con quien ha pactado vendiendo un compromiso con España, es justamente con aquél que desde el primer instante ha demostrado que su investidura es la cruzada más importante por la que doblegar los demás intereses. Sánchez lucha por Sánchez y Rivera ha sido víctima de la "cama" de esa política vieja y recurrente de un Psoe obligado a cambiar o a cambiarse. Es muy gorda la trama y muy duro de aceptar la adhesión maquiavélica de Sánchez, pero lo más honrado en este instante para Rivera sería analizar lo que he planteado y muchos ya habían sospechado y denunciarlo pese a saberse el primo de la historia. La honestidad y el compromiso con España es algo por lo que uno puede ser timado y no creo que exista vergüenza por ello. Tendrá a los mismos medios de siempre en su contra pero asumirá la responsabilidad de su decisión y demostrará que su intención era como yo siempre he pensado: por los ciudadanos de España.


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