jueves, febrero 25, 2016

Ciudadanos y el pacto con Sánchez

Introducción

Es del todo lógico que la gente partidista, ya sea porque literalmente pertenece a un partido o porque toma partido, apoye a su ídem y exprima su cerebro para defender y contrarrestar cualquier opinión e información ajena. Del mismo modo, también es lógico que las personas que han tomado partido por unas siglas específicas reclamen para sí una independencia para emitir juicios de valor, ya que eso es una necesidad de la que depende la propia autoestima. Nadie viene a decir el público: "yo sigo a mi partido haga lo que haga como un corderito y le defiendo como un soldado que no utiliza el cerebro sino la adhesión", no en vano me viene a la memoria una frase reciente "ponerse a los pies del Psoe", que en justicia debe reconocerse que no fue pronunciada con la intención de que se hiciera pública.

Dicho ésto, es lógico que seamos partidistas. Explicado en positivo ello explicaría a personas con una idea de compromiso con un grupo y de implicación con proyectos sobre los que a los escépticos les resultaría mucho más complicado acceder. Quizás por ello el problema que suscita el epíteto venga a ser el temor que las etiquetas simples, comprensibles para la población en general, produzcan los efectos para las que fueron fabricadas y se conviertan en armas de comunicación masiva contenidas en una palabra, de tal modo que su disparo habilite un corolario de prejuicios entre la población y anule al objetivo. No todas las personas de un partido son peones dispuestos a obedecer, pero una etiqueta consigue que el más capaz y cabal de los partícipes sea convertido en un objeto susceptible de ataque por la mera pertenencia, pero también al contrario, que un incapaz sea considerado alguien por pertenecer al partido.

La pertenencia lleva a que las personas partidistas (seguidores, periodistas, más periodistas) se estructuren en dos fases, una apriorística en la que se aprenden las consignas "oficiales" o recurrentes empleadas en la defensa del ideario; y otra a posteriori que impone al sujeto reunir todos sus recursos intelectuales y dialécticos para justificar y sostener su partidismo. No en vano, es necesaria una adecuación previa de autojustificación en la que el sujeto asuma las propias discrepancias con el ideario partidista como un mal menor o una excepción que no es suficiente para generar un rechazo. Lógico también pues de lo contrario los partidos estarían formados por uno o pocos sujetos que estuvieran de acuerdo en absolutamente todo. Sin embargo, sí es capital, como diría Rajoy, que al menos estén de acuerdo en los principios o valores que fundamenten el partido, su esencia y el porqué de su existencia.

Al margen de estas consideraciones introductorias, luego existen los grandes grupos de presión instigados por próceres y élites varias que pujan por partidos, no ya por cuestiones ideológicas o puramente personales, sino por intereses definidos y cuantificables.

Ciudadanos

Esta introducción era del todo necesaria porque con la llegada de Ciudadanos ha surgido un conflicto muy grande que transgrede la endémica visión partidista de los españoles. Hasta su llegada todo resultaba sencillo: por un lado los azules de derechas y por otra los rojos de izquierdas. Algo imposible de entender o puede que de aceptar para quien ha estado acostumbrado toda su vida a pertenecer a uno continuamente reforzado por los ataques del otro y viceversa. De este modo, es de nuevo lógico que desde sectores de derecha e izquierda se acuse a Ciudadanos de ser de izquierdas o de derechas, a fin de cuentas uno toma las variables a las que su cerebro se ha habituado para describir su entorno.

El quid de la cuestión no es tan difícil de explicar, la pertenencia de Ciudadanos. En el partido naranja cabe ser acusado de izquierdas por unos y de derechas por otros porque sencillamente entre su agrupación existe gente de un lado y del otro. Conviven personas provenientes de los dos sectores ideológicos que han pretendido situar unos valores comunes y desistir de aquellos que no les han parecido fundamentales para discrepar radicalmente. No he descubierto la receta de la sopa de ajo, pero a veces parecería que así es.

El presupuesto a fin de cuentas es un valor en sí mismo y un principio fundamental, pues pretende la unión de los moderados y el rechazo a la endémica visión de las dos Españas en pro de un patriotismo efectivo que superpone el fin del país por elementos de discordia disfrazados las más de las veces por derechos inalienables que acaban degradándolo. Al menos es así como yo lo he entendido y me ha parecido muy bien y lo más cercano a una visión ilustrada, que a la vez de inteligente, me parece lo suficientemente humilde e ilusionante como para darle una oportunidad.

El Pacto con Sánchez

Y subrayo lo de Sánchez, dado que el actual candidato socialista entiendo que bien podría serlo de cualquier otro partido de izquierdas sin excepción en radicalismo. Es capaz de pactar y apoyar a Podemos o Bildu en cualquier rincón de España y no ha ocultado su interés en formar un gran pacto de izquierdas, no sé si más centrado en la propia izquierda o en acabar con la derecha.

Es cierto que entre el periodismo abundan los que se dedican a quitar hierro a todo pese a que la cotidiana realidad nos ofrece día a día, año a año, hierro candente y brega de la buena. El niño con  el que vivo parece que nunca crece pero ya mide dos metros. "Ya se sabe que en campaña se dicen barbaridades y tal y tal", como uno de esos usos aceptados entre los españoles que luego se rasgan las vestiduras pidiendo cumplimientos o exigiendo cualesquiera razón que asista a su cruzada. Parece inevitable el Spanish sinsentido que tan bien parecen llevar los "arresponsables" líderes mediáticos y mesiánicos capaces de justificar precisamente sus medios para llegar al fin partidista.

Cada vez que lean o escuchen a alguien quitar hierro a algo, sepan que esa persona estará disculpando o justificando el avance de un radicalismo por un fin pretendido con el que coincide, una afinidad, un partidismo.

Pero entrando de lleno en el pacto, me cuesta entender el movimiento de Rivera, al menos tal y como ha sido concebido. ¿Por qué?

1) Los acuerdos alcanzados parten de un presupuesto inexorable: 130 votos positivos conocidos y la oposición frontal pública de PP y Podemos. Saber eso es como comprar o vender acciones de bolsa sabiendo su tendencia de antemano. Uno de los dos partidos puede aprovecharse de la información privilegiada e invertir en base a ella. Entonces...¿Qué impide a Sánchez ofrecer el oro y el moro y un cheque en blanco si conoce que todo es papel mojado? Por un lado, el candidato inextinguible sigue en la brecha vendiendo su voluntad de acuerdos por España en comandita con Ciudadanos pese a conocer que sus enemigos, o al menos el PP de Rajoy, le sacarán las castañas del fuego. Ya se encargó Sánchez de generar tanta animadversión para que fuera del todo improbable obtener el más mínimo apoyo. La maniobra del líder socialista merece un lugar en el Hall of fame de las actuaciones maquiavélicas contemporáneas.

2) Es por ello que entiendo como un error de principiante que Rivera se haya prestado a eso y me gustaría entender sus explicaciones que siempre me han parecido coherentes y creo que honestas. Error porque la negociación con Sánchez debería de haber partido de un presupuesto congruente con lo que luego se afirma: el pacto a tres se debería haber empezado sabiendo que los tres estarían dispuestos a acordarlo y no solo una de las dos partes, dado que de ese modo Ciudadanos se presta a presionar al PP concediendo a un pacto que es papel mojado, un cauce de verisimilitud inexistente. Ahora a Ciudadanos no le queda otra que defender y defenderse en su Pacto en contra del PP para evitar la sensación de primo en un timo de la estampita.

3) Todos los signos de cada partido se atisban en sus gestos y acciones y en este caso no podría ser diferente. El PP no proponía la investidura de su candidato porque sabía que no obtendría el apoyo de Sánchez que se afanó por activa y por pasiva a pregonarlo a los cuatro vientos añadiéndole un programa más centrado en derogar que en crear, pero Sánchez y el Psoe apostaron su carta...¿A qué juego? ¿A probar suerte con Ciudadanos? ¿A montar la representación para llevarse el gato al agua con su anhelado pacto del frente popular? ¿A garantizarse una buena campaña electoral a costa de los españoles? ¿Qué le debió decir al Rey?

Albert Rivera y Ciudadanos es el soplo de aire fresco que España necesita, pero mucho más viendo o explicando mi idea de las estrategias que Sánchez y el Psoe son capaces de elucubrar por alcanzar poder, pero resulta que Ciudadanos con quien ha pactado vendiendo un compromiso con España, es justamente con aquél que desde el primer instante ha demostrado que su investidura es la cruzada más importante por la que doblegar los demás intereses. Sánchez lucha por Sánchez y Rivera ha sido víctima de la "cama" de esa política vieja y recurrente de un Psoe obligado a cambiar o a cambiarse. Es muy gorda la trama y muy duro de aceptar la adhesión maquiavélica de Sánchez, pero lo más honrado en este instante para Rivera sería analizar lo que he planteado y muchos ya habían sospechado y denunciarlo pese a saberse el primo de la historia. La honestidad y el compromiso con España es algo por lo que uno puede ser timado y no creo que exista vergüenza por ello. Tendrá a los mismos medios de siempre en su contra pero asumirá la responsabilidad de su decisión y demostrará que su intención era como yo siempre he pensado: por los ciudadanos de España.


martes, febrero 23, 2016

Carta a Don Bieito Rubido: la lógica de Rajoy

Ayer lunes, Don Mariano Rajoy y Brey fue entrevistado entre otros por Don Bieito Rubido, el cual vino a preguntarle cuál pensaba él que era la causa de su considerable descenso en votos después de rescatar a España del desastre y conducirla a números positivos. Como respuesta, el actual presidente en funciones lo vio y parece verlo claro: el esfuerzo fiscal y salarial que se le pidió a los españoles y la corrupción. Ambas razones piensa él que sirven para justificarle desde un planteamiento personal, incluso íntimo si cabe, pero se fundamentan en una lógica más dirigida a exonerarle de su responsabilidad que de realmente apreciar las verdaderas razones ajenas a cualquier propósito específico.

Las dos causas expuestas forman parte de un círculo de "lógica rajoyana" que se abre y se cierra al mismo tiempo de tal modo que sirve para desactivar en la cabeza del presidente cualquier atisbo de responsabilidad concreta. Porque ya sabemos en general que los políticos avezados son tremendamente generosos en ejercer los mea culpa de forma tan genérica como vacua exponiendo los posibles errores cometidos, cuando en realidad para sus fueros internos eso y nada vienen a ser lo mismo. El "está claro que hemos cometido errores" y toda esa serie de frases tipo, no son propias o exclusivas de Don Mariano sino un tópico de los muchos que tiene la política, por lo tanto solo nos quedamos con las dos razones concretas.

- La subida de impuestos. El proceso de "lógica rajoyana o rajoyesca" es bien simple y de tan simple puede hasta ser excluido como razón para el descenso electoral. Se comparan dos bienes: el interés nacional y la subida de impuestos. El primero relata una situación de urgencia tal que deja un espacio de maniobra tan pírrico que faltar a la palabra dada en el programa electoral o ir en contra de los principios económicos del PP es casi algo obligado. El planteamiento, si es defendible desde un prisma patriótico, mucho más desde la perspectiva del que lo propone, ahora bien, sabemos que existían voces que llamaban a un adelgazamiento drástico de la administración y de sus dobleces y yo comprendo que, aunque se hubiera sido lo más incisivo posible en tal cuestión, la urgencia de liquidez no dejaba más alternativa que recurrir a medidas cortoplacistas. El problema cuál ha sido entonces. Algo mucho más de fondo: creo que no han existido contrapartidas al unísono de los esfuerzos solicitados, pero contrapartidas tanto con sustancia como morales. Muy bien, se le pide a los ciudadanos un esfuerzo fiscal y congelaciones de salarios, pero al mismo tiempo se muestra a los sacrificados un rosario de medidas publicitadas con luces y taquígrafos encaminadas a reducir toda dualidad e ineficiencia administrativa. No sirve decir que de hecho ha existido una reducción, lo obligado es unir el sacrificio de los ciudadanos, la parte que se les exige, con la que se ofrece. Pero aun hay más: los bancos y más concretamente las cajas de ahorro. A poco que uno escuchara a Don Manuel Pizarro, el cual lejos de destacarse como persona política, ha demostrado ser un contumaz solucionador de problemas empresariales, económicos y financieros, uno podía plegarse a la gestión de un país como algo simple, directo y justo: el turolense no titubeaba al afirmar la diferencia entre los que habían hecho bien sus deberes y los que mal o muy mal. Liberalismo coherente en acción. No sé yo si los fondos de garantía de depósitos eran una bomba de humo o no, pero entre la ciudadanía dudo que haya millones de personas que tengan mucho más que 100 mil euros en sus cuentas. El dinero solicitado para "restituir el crédito a la población" dirigido a las entidades que hicieron mal sus deberes es el peor mensaje que un gobernante puede dar a su población. Por mucha justificación que el señor Rajoy enarbole entre sus neuronas, la oportunidad que tuvo para ejercer el liberalismo real y a la vez la equidad pregonada por Pizarro fue tan exiliada como el que fue presidente de Endesa del Partido popular. Por no decir lo que hubiera significado para unir esa España dividida maniquea e interesadamente por Zapateros, Sancheces e Iglesias.

- La corrupción. En este caso, el razonamiento "rajoyesco" es todavía más simple y consiste a mi entender en algo así: Si yo soy honrado y no he robado un céntimo y en mi partido hay corruptos, son los corruptos los que dañan al partido y no yo que puedo tener la conciencia bien tranquila, de tal modo, la corrupción ajena a mi es la que socava la confianza ciudadana y una razón que como presidente debe afectarme. Con Rajoy existe un mundo que incide en él que considera injusto y que a medida que camina acompañándole en su carrera viene a configurarse en el responsable ajeno que le impide obtener el reconocimiento que cree que merece por su labor de rescate del país. Rajoy según Rajoy no es responsable de lo que sucede a su alrededor, y no soy yo alguien que sostenga en absoluto el sabotaje de Esperanza Aguirre de contar como razones para dimitir las responsabilidades in eligendo e in vigilando.

Don Mariano Rajoy y Brey se caracteriza por pensar que tiene la razón y ostenta un sentido común que como tal son innegociables y reconocibles por los sensatos, de tal modo que ha demostrado de modo físico y tangible que cualquier conato de "subversión" sería cercenado de raíz, prueba de ello han sido los corajudos populares que se atrevieron a abstenerse en la votación sobre el aborto cuyo consenso aniquiló la tradición del Partido Popular de defensa de la vida y ejemplificó la nueva senda de sanción a los proyectos zapatariles. Pero no solo eso, San Gil, Herrero, Gallardón, Mayor Oreja, Pizarro, Abascal y un largo etcétera saben de los silencios del presidente gallego, y lo que ha venido después, cuando uno ejerce su opinión y es discrepante, y ya no digamos sus principios.

A lo descrito se suma un caso de "cierta" importancia que es el órdago planteado por el independentismo catalán ya instalado en una separación de facto que juega al tacticismo legal para evitar dar un paso en falso conociendo la personalidad contemporizadora de Rajoy. Ya he hablado en montones de ocasiones sobre el daño que Mariano Rajoy ha ejercido por su omisión del deber de socorro y que más que las palabras ya viene descrito por las consecuencias de lo que es actualmente la Cataluña oficial y gran parte de la real. Si algo caracteriza al dirigente gallego parece ser su inquebrantable confianza en que "algo" resuelva la situación antes que tener que intervenir.

Es un hecho que el PP siempre había sido un partido con una legión inquebrantable de seguidores que le iba a votar soportando cualquier tipo de circunstancias incluida la corrupción. Hay que pensar que el partido de las gaviotas era la única versión de centro derecha o derecha disponible al margen del nacionalismo y la defensa de los principios que le caracterizaban solo venía abogada por el mismo. ¿Qué separa en principios ahora mismo al PP de Ciudadanos? Principios religiosos no. Ambos defienden lo mismo y el PP contenía gran parte del voto democristiano. Qué queda pués, ¿La promesa de regeneración cuando Ciudadanos ofrece gente nueva no implicada, dispuesta y capaz de hacer frente a un cambio comprometido? ¿La promesa de hacer todo maravillosamente bien cuando no podrá gobernar por haber provocado un cisma dentro del partido?

Sin duda, la lógica de Rajoy no es mi lógica.

jueves, febrero 18, 2016

Excentricidad

Siempre he sido yo una persona muy analítica con el factor humano de las cosas. Aunque parezca de perogrullo, suelo centrarme en cuestiones que afectan a las personas y por tanto, qué más origen y causa de todo ello sino las propias personas y no circundantes e impersonales teorías sociales, filosóficas o políticas que desdeñan el factor humano, la inherente injerencia del mismo como un constructo inmaculado sin mancha de interés sobre quienes lo suscitan. Dime qué postulas y te diré cómo eres.

Sobre la religión, fundamento mis esquemas sobre un concepto de orden y caos, en el que invariablemente a cada acción se le conduce una consecuencia que tiende a uno u otro espectro en razón a las variables implicadas y no descarto absolutamente nada, bues podría inserir cualquier dimensión dentro de esa formulación justificándola por la misma línea transversal de causalidad. Entiendo que existe una aritmética de la razón humana que ofrece resultados cuantificables tendentes al orden y al caos y entiendo que debido al ingente número de variables, tendamos a aceptar los sesgos como el misterio de la conducta humana o la complejidad del ser humano, pero ello no significa nada más que la aceptación de un margen de ignorancia que en tanto no pueda ser demostrado, permanecerá como alejado del conocimiento tangible.

Cada sujeto suele "comprar" una filosofía de vida en atención a su propia idiosincrasia, a su configuración personal y más concretamente a su estructura biomorfológica. Están quienes las refutan o quienes crean otras nuevas. Hay de todo y todo tiene un motivo alejado de la enjundia de la propia teoría y más centrado en la relación que esa teoría ofrece a las persona que la postula en base a la estructura biomorfológica antes mencionada. Todo acaba resultando de combinaciones de variables genéticas y ambientales como en una operación aritmética con un resultado potencialmente previsible solo ignoto por el desconocimiento del extraordinario número de variables o dicho de otro modo, por las limitaciones perceptivas de los seres humanos.

Mi adhesión a una forma de pensar no es diferente y se debe al mismo proceso que afecta a todos los seres humanos. Al nacer e ir creciendo, cada ser humano no hace más que compararse con su entorno y con las personas y objetos del mismo confiriéndoles una jerarquía en importancia en razón a su propia persona e interés que para la misma puede suponer. Ese interés viene detereminado por un modulador anexo al procesador "aritmético" que son las emociones. Ese ordenador de medición constante, con las capacidades perceptivas particularizadas según el individuo, se dedica a extraer resultados inconscientes pero que sirven para configurar unos esquemas cognitivos sobre los que se compulsará toda la información recibida, es decir, un criterio de referencia sobre el que tomar decisiones. Así, tanto personas como objetos son entidades relativas entre ellas porque se jerarquizan constantemente en el cerebro del sujeto perceptor. Un inmenso ordenador redistribuye constantemente la información gracias al procesador aritmético que pondera las variables artitméticamente y un procesador emocional que actúa como memoria de la conjunción de todos los procesos aritméticos resultando en asociaciones de patrones de analogía.

Un sujeto que no se apercibe de demasiado en su entorno, tenderá a la adquisición de conocimiento académico rígido, es decir, centrará su crecimiento en el elemento de su configuración que mejores recursos le ofrezca. Por el contrario, una persona perceptiva con cualquier capacidad interrelacional, centrará su evolución a potenciar esa puerta de entrada. Cada sujeto busca, en la comparación con su entorno, potenciar aquellos recursos en los que se ve más capaz, equivocadamente o no, y sobre esa base construye su persona y edifica sobre la misma una concepción virtual, un universo formado por esquemas cognitivo-emocionales que tienden a justificar sus decisiones por procesos de adhesión y rechazo. Sobre cada filósofo, pensador, político, científico, visionario, etc., existe una vida, una conjunción biomorfológica y ambiental que ha determinado sus outputs, ha hecho lógicamente causales sus expresiones y luego, cada ser humano establecerá su adhesión o rechazo en razón a sus propias estructuras combinadas con la presión del ambiente o la incidencia que ese ambiente pueda alterar al individuo. No hay nada extraordinario en todo ello, al final todo resulta de analogías y patrones que se trocan por una solidaridad de variables comunes. Sin embargo, aunque todo sea lógico, no existe lógica en el proceso más que la defensa y potenciación del propio individuo, del propio yo, que trata de salir airoso a la constante pugna de variables que se suscitan en su universo cognitivo-emocional. De ahí que es importante la incidencia de los autoconceptos que tienen las personas para formar masas solidarias. Los patrones comunes sirven para generar adhesiones de solidaridad y las sociedades pasan etapas de autoconceptos muy dispares en función de la posibilidad que tienen para extravertir sus recursos. Nada de lo que se habla en política o filosofía es relevante, lo esencial es qué supone para un individuo y qué réditos piensa dicho individuo va a extraer de una coyuntura determinada. Qué incidencia en su autoconcepto, en la comparación de su yo con el exterior va a resultar de una adhesión o rechazo.

Todo es causal y se aprecia inexorablemente en todas las decisiones humanas. De hecho sobre cada decisión se puede establecer un modelo de personalidad que será más gráfico en función del número de variables conocidas. Los seres humanos hablamos de tal o cual fundamento político, filosófico o religioso como si nos abstrayéramos de nuestra propia persona en el proceso cuando justamente es la clave que promueve la adhesión o rechazo. Miramos dónde nos indica el dedo, donde nos señala y discutimos sobre lo señalado como niños que pretenden tener la razón o ignorando el complejo número de variables que difiere en función de los sujetos. Por ello, la manipulación consiste en la homogeneización. La conjunción del máximo número de variables que sirvan para que los cerebros de los sujetos dispongan en primer lugar de la jerarquía a base de la obtención de gratificaciones emocionales por la mera adhesión. Conseguir hacer creer que en la comparación de variables, la información manipuladora va a ofrecer una gratificación emocional sin parangón con el resto de variables y soslayar con ello el procesador aritmético. Por ello, poco importa cuán inteligente sea el destinatario si en el proceso comparativo va a disponer de un autoconcepto gratificante que no le ofrece el resto de variables en la comparación. Al final no es tan importante lo que realmente sea beneficioso para el sujeto, sino la percepción de autoconcepto y gratificación emocional que dicho sujeto extrae de la información recibida.


jueves, febrero 11, 2016

Tiritando

He de confesar que la reacción de defensa a ultranza de la libertad de expresión ante el fenómeno titiriteros me parece tan pueril y previsible  como las excusas y justificaciones que desplegaría cualquier jovencito al ser pillado cometiendo una fechoría. Hasta incluso ya llega a ser una constante monocorde el comprobar que toda apelación a la responsabilidad a algún factor de izquierda comporta un inevitable replanteamiento y reflexión sobre el hecho y los principios que la soportaban para amoldarlos a la voluntad del infractor y los que le apoyan.

Parece que la libertad de expresión es una bula para poder decir lo que le salga a uno de lo que tenga por cerebro y si ello está expresado por una vía "artística", entonces ya vendría a ser como un aforamiento cultural-libertario que tolera mancillar cualquier otro derecho en pos de la libertad de expresión del actor.

Y es que existe por ahí una lógica, que debe pensarse magistral, que entiende la sátira y el derecho a satirizar como fundamental y por tanto superior a muchos otros que languidecen, no solo como víctimas del ocurrente bufón, sino como una obligada subyugación de todo satirizado, como tributo a la libertad de expresión. Y eso que hablamos de dos partes, la que se expresa y aquella que es objeto de esa expresión, pero una porta un comodín que anula los derechos de la otra o los deprime hasta tal punto que quedan supeditados al primero.

Quizás se podría inferir que ciertas personas, no sin razón, están acostumbradas a vivir con un consentimiento perenne en sus expresiones que les llega a hacer creer que portan unas atribuciones capaces de sortear planos inferiores que nada pueden hacer con su libertad de expresión. Por Dios cómo librarnos del maravilloso derecho al humor sarcástico o la alegoría de cualquier pretensión utópica o metódica de un artista que pone su bisturí sobre sus sujetos de chanza. Cómo librarnos de ese placer hilarante tan solidario entre afines que convoca la franca camaradería en torno a un enemigo común que puede ser despellejado. ¿Acaso no sería un desatino desproveer al emisor de su derecho a entretener a la masa enfervorizada? Y todo por satisfacer los míseros y aguafiestas derechos que protegerían a los destinatarios, ya fueran por adecuación al mensaje o por una total falta de adecuación. No, en esta España de la picaresca que tanto nos gusta mantener entre el vulgo pero que a la vez tanto nos satisface fiscalizar entre los próceres, no podría cercenarse la maravillosa sensación de elevar o bajar un pulgar ante un director de orquesta que puede sentir el poder que le otorga su extraordinaria libertad de expresión.

Libertad de expresión como espita de vapor que libera presión sobre los gigantes opresores que dominan nuestra obsesiva intención de aniquilarlos. ¿No lo comprenden? Al final, la libertad de expresión es hasta un bálsamo apaciguador de la masa que le provee de la ilusión de sorna sobre el titán, haciéndo creer a los mediocres y frustrados transeúntes que sus risas les confieren poder para herir a sus demonios. De ahí que el derecho a la burla sea tan altruista y defendible y proporcional a la trascendencia de los principios vejados, cuanto más importantes y sagrados para sus víctimas, más satisfacción y bien haremos a los míseros bufones y sus cuantiosos guiñoles que lo necesitan imperiosamente como una dosis de droga en vena.

No se puede comparar el derecho a la satisfacción de la chanza y la burla con aquellos principios que, en tanto colisionen con el principal, quedan automáticamente convertidos en casposos y reaccionarios, hostiles a esa discrecional expresión que nos confiere el título de demócratas contra los totalitarios aguafiestas que se valen de las normas para acabar con nuestra libertad. Todos somos titiriteros porque es lo que nos queda y lo máximo que tenemos: poder derrotar a nuestros enemigos virtualmente y a sus hijos, liberarlos del yugo de los principios burgueses o los que sean en tanto sean contrarios para conferirles un salvoconducto a su propia libertad o que se estampen en el lodo de los aguijones artísticos como ofrenda en sacrificio que les permita su redención.

El alcance de la puya, el sarcasmo o la caricatura siempre la define el hacedor, el sujeto de burla dispone del derecho que le conceda el histrión y no otro para verse ofendido, de modo que se salvaguarde el bien esencial de expresión en defensa del vulgo que debe recibir su dosis de munición risible. Ahora bien, hay que diferenciar el derecho de la libertad de expresión cuando éste no tiene un tinte artístico o kultural, pues ya hablaríamos de la vida real y como seres inteligentes que somos sabemos diferenciar la una de la otra. Nada de sorna a personas diferentes, nada de burla y presión sobre niños y jóvenes en las escuelas. Los que han recibido el don del sarcasmo y pueden erigirse en excelentes conductores de la electrocución satírica deben aguardar a ser periodistas, actores, o cualquier ocupación que linde con el arte de la palabra y disponga de un potencial público lo suficientemente numeroso como para que sus risas puedan justificar cualquier exabrupto por el bien de su democracia.

lunes, febrero 08, 2016

No es cuestión de ideología

Aunque pueda parecer que las barreras ideológicas son insalvables el problema no es otro que la naturaleza humana, la cual se rige causalmente siempre por planteamientos de acción y reacción. Es razonable pensar que tengamos un concepto de nosotros mismos, los seres humanos, complejo y profuso con el que justificar los comportamientos. Para ello los expertos dedican tiempo y recursos y su misma vida en el desempeño de sus carreras profesionales. Sería muy duro afirmar que el ser humano opera normalmente con mayor sencillez y que se rige por modelos más cercanos a la Psicología conductual y la operante, y si bien ello no obsta a reconocer la capacidad de un potente mundo interno susceptible de emplearse, en las respuestas inmediatas las personas nos regimos por atajos cognitivos que no son más que una amalgama de recuerdos fijados por las emociones.

Los debates políticos, las más de las veces son duelos entre sujetos, más que una auténtica y verdadera comparación de propuestas dirigidas a mejorar la vida de los demás. Se supone que la labor de pensar medidas tendentes al bienestar del máximo de personas se ha ejecutado con anterioridad por gente que le ha dedicado tiempo y recursos y los defensores, abogados debatientes que se enfrentan a sus rivales en la arena, no hacen más que tomar la defensa del pack completo de un modo abstracto. La prueba está en que en dichos debates prima la confrontación y no la adecuación a un proyecto común. Es decir, se busca siempre lo que nos separa de los otros para desmarcar bien el grupo al que pertenecemos y contraponerlo al otro. El elemento fundamental del debate es pues, publicitar a nuestro grupo y tratar de defenestrar al contrario. El eje catalizador del pensamiento político es la confrontación, sea llevada a cabo con moderación o radicalismo, lo importante siempre es mostrar y demostrar una diferencia con el oponente que lleve a concluir que nuestra propuesta es la mejor posible. Y en ese punto dedicamos nuestros recursos intelectuales a defender esa idea con total independencia de que sea cierta o no, porque en realidad lo que hacemos es defender nuestro propio yo, la idea que tenemos de nuestra persona ante los demás y la manera que ésta visión debe ser protegida para asentar nuestra confianza y autoestima.

Desde luego que en esa labor los sujetos pueden diferir y de hecho difieren, pero en prácticamente todos se establece una asociación entre la defensa de lo que siguen, su ideología o partido, y su propia persona como sujeto que necesita de un crecimiento para afianzar un yo. Es decir, la persona que defiende ante otro la visión de su partido, no está más que defendiéndose a sí misma en relación al oponente y al propio grupo. En el primero buscando que sus éxitos dialécticos le conduzcan a reforzar su confianza en su proyecto y a minar el del contrario, y en el segundo, el propio grupo, obteniendo el reconocimiento como parte de algo mayor que le motiva a seguir desplegando su yo. En todo ese proceso, la importancia de la ideología es secundaria, siempre queda supeditada a la potenciación del sujeto que la usa como medio para reforzar su yo.

Es por ello tan usual encontrar faltas de coherencia en muchas personas que pese a mostrarse radicales o contumaces en la defensa de ciertos principios ante sus oponentes, luego en su devenir sin un rival al que contraponerle la ideología que con tanto afán empuñaba, la transgreden o simplemente no la siguen. No existe la motivación implícita del propio yo, de su defensa ante el oponente.

La manera menos común de adquirir una ideología es el intelecto, entendiendo como tal una perspectiva racional y aséptica de solución de problemas o del mayor número de problemas que conduzcan al mayor número de personas a niveles razonables de bienestar. La más común es la afinidad emocional, es decir, el establecimiento de relaciones emocionales positivas que se asocian al bienestar personal con la ideología de dichas personas. Es una relación coste - beneficio inconsciente en la que el sujeto recibe gratificaciones emocionales de algún tipo por seguir unos postulados. Y al revés opera igual, los inputs emocionalmente negativos se relacionan del mismo modo con una ideología a combatir. En todos esos procesos existe un elemento clave que determina la manera en que los sujetos dirigirán sus recursos emocionales y cognitivos y éste no es otro que el foco de atención.

El foco de atención es un eje absolutizador de la realidad. Es el desvirtuador de coherencias y ejecutor mayor de sesgos dirigido a dar sentido al propio discurso. Las personas siempre tratamos y debatimos sobre lo que es objeto del foco de atención, por ello cada grupo trata de poner el énfasis en aquello que le sirve para reforzar las ideas del propio grupo. Lo que no es objeto del foco de atención no existe, por ello la coherencia de uno suele calcularse en razón a lo que uno pondera. Desde ese punto las personas que manejan más variables son capaces de dar una respuesta intelectual a más situaciones susceptibles de situarse en el foco de atención, por el contrario, las personas que manejan pocas o las mínimamente necesarias para la defensa del grupo, darán respuestas afianzadas al grupo buscando el refuerzo en el mero apoyo grupal sin necesidad de articular una respuesta coherente. Solo por el aval grupal y la voluntad de acción. En tanto el grupo avale ese tipo de respuestas y el sujeto siga obteniendo un refuerzo por el reconocimiento del grupo, dicho sujeto podrá continuar debatiendo y manteniendo su yo a salvo de las críticas del grupo contrario, porque la fuerza motivadora será la defensa de su yo y no la idea racional o coherente de la ideología.

Existen por tanto tres elementos básicos para establecer un grupo cohesionado: afinidad emocional, confrontación y foco atencional. Con la primera se escoge, con la segunda se motiva y la tercera sirve para dirigir. Las tres actúan como respuestas previsibles ante un estímulo, pero solo la primera es un proceso largo y continuado de fijación, actuando las dos restantes como refuerzos de aquella. La confrontación y el foco atencional son acumulativas de tal modo que los sujetos reaccionan a sus estímulos como se espera que lo hagan, pero al hacerlo van afectando a la idea de afinidad emocional en sus dos vertientes: en la positiva, entendiendo satisfecha la decisión de pertenencia; y negativa, acumulando emociones negativas hacia el oponente.

En todos los casos hablo de un proceso inconsciente que pasa desapercibido por el sujeto. En el instante que el sujeto racionaliza cualquiera de esos procesos ya se ve mediatizado y trata de contrarrestarlos racionalmente, es decir: si a un sujeto le hacen ver que sus respuestas son necesariamente contrarias a otro por procesos motivacionales, puede condicionar sus respuestas para tratar de demostrar lo contrario demostrando su capacidad de controlar la situación y de no dar necesariemente respuestas alternativas. En ese caso, la respuesta está condicionada de nuevo para salvaguardar la integridad del sujeto y no de la coherencia ideológica.

El núcleo fundamental del sujeto ideológico es la afinidad emocional, que es la que decide en todos sus procesos. Ahora bien, existe una diferencia sustancial entre los sujetos capaces de racionalizar y establecer razonamientos conscientes de coste - beneficio, de aquellos otros que no los toman en consideración con absoluta independencia de sus capacidades intelectuales. Los sujetos capaces de articular razonamientos coste - beneficio pueden exponer las variables que escapan al foco de atención estimando otras variables no concernientes al caso concreto y por tanto a estimar con menos sesgos sus respuestas, de igual modo quedan menos sujetos al influjo de la confrontación, en tanto pueden tomar las variables per se y no por estar influidas por un contrario que actúa de motivador. Por ejemplo, si hablamos de ir en contra de la guerra y nos centramos en una reacción de corte belicista ante una situación, nos obligamos a ir en contra de todas las guerras, pero lo lógico es que lo hagamos específicamente sobre aquella sobre la que hayamos centrado nuestro foco de atención y tengamos a unos oponentes que la justifiquen. En el proceso de análisis de un sujeto que no toma consideraciones coste beneficio, éste estimará de modo absoluto que la guerra es mala y en ello incluso podrá estar de acuerdo con quien establece razonamientos coste - beneficio, pero diferirá en la coyuntura o la situación que lleva a la guerra y las alternativas a esa guerra, o incluso en lo que dicha decisión atañe y obliga de cara al futuro, de modo que aun asumiendo los dos que la guerra es algo absolutamente negativo, las alternativas a la misma puedan ser a medio plazo peores o inevitables. O a la inversa, el que anima a la guerra no realice un proceso de coste beneficio y desee colmar su ansia de conquista y los que aboguen por la paz sean los que analicen el coste - beneficio estableciendo que su consecución ocasionará grandes perjuicios a corto, medio y largo plazo.

Nunca las decisiones políticas tienen un alcance elemental como algunas medidas pretenden establecer relacionando un hecho fijado por el foco atencional con el conflicto o problema en general.  No en vano, existen muchos hechos históricos que han venido motivados por circunstancias aisladas que pueden haber sido instigadas o propiciadas para levantar o promover unas consecuencias. Se procede a inducir a la población a que extraiga conclusiones generales sobre hechos concretos, siendo los instigadores los encargados de proveer de las variables interesadas poniendo el foco atencional sobre ellas. El populismo no es más que un sistema de inducción de masas generando causas que parten de un presupuesto emocionalmente cercano con el que situar de ejemplo universal de injusticia a base de sesgos.

1) En la afinidad emocional: Los medios potencian la afinidad emocional buscando referentes atractivos como en la publicidad que animen a la audiencia a emularlos, intentando parecerse a ellos. Mediante el empleo de la risa, el buen rollo, el colegueo, la modernidad entendida como la dispone el medio, una serie de actitudes intrínsecamente ponderables o censurables, una estética, unos comportamientos, toda una parafernalia suficientemente atractiva que actúe de reclamo con la persona que consume dicho medio y que le transmita emociones positivas.

2) En la confrontación: los medios tienen que crear un monstruo al que derrotar. Unos gigantes que nunca disminuyan en tamaño y siempre sean considerados como titanes que van venciendo en su lucha, de modo que no se pueda empatizar con ellos y mucho menos con sus causas. Es fundamental recrear un gran Leviathan que no permita bajar la guardia y que refuerce constantemente la afinidad emocional, en este caso el rechazo emocional.

3) Situar el foco de atención: lo que no se emite no existe. Un desahucio toma cuerpo cuando conoces la historia de una persona que lo padece y su historia sirve de ejemplo con el que inferir una generalidad. Se establece así la homologación de una injusticia global a base de retazos aislados que se aplican convenientemente y que a medida que se escuchan nuevos, vienen a reforzar dicha visión de injusticia. Al tiempo, la afinidad emocional actúa como discriminadora del foco atencional, concediendo mucha más importancia a lo afín, porque el sujeto supone que lo cercano y amigable vela por tus intereses, y rechazando lo no afín como ruido o información disruptora. El foco atencional acaba siendo la directriz que mueve y dirige a la masa en pos de una acción determinada que combinada con la confrontación redundan en el conflicto y la lucha.

En todo ello, la ideología es únicamente el elemento diferenciador que faculta a unos y otros a reforzarse a base de los tres elementos básicos pero que en coherencia muestra a las personas como sujetos totalitarios más pendientes de la defensa personal ergo grupal que del auténtico bien común.

jueves, febrero 04, 2016

La hora del frente popular ha llegado.

El llevar años hablando del peligro de los radicalismos de Izquierda y los nacionalismos no ha servido para nada. Se puede decir que aquellos que han demostrado sobrada negligencia para superar e ignorar los numerosos y variados comentarios siendo advertidos de lo que podía llegar han copado los puestos de responsabilidad en este país, y claro, afectados por la ya intratable pandemia del cortoplacismo electoral (por ejemplo, muy bien representado por Arriola), han soslayado apremiar las difíciles medidas que requerían los considerables problemas que se avecinaban.

España tiene una especie de atracción histórica por la gente mediocre cuando se trata de cuestiones de colectividad, pero de contadas excepciones que duran un suspiro. Los hispanos estamos acostumbrados a reconocer y a hallar conciudadanos sueltos por este mundo que albergan para nuestra sorpresa grandes hazañas reconocidas por extranjeros e ignotas por nosotros. Guste o disguste, el español no tolera bien eso de la colectividad y el beneficio común aunque luego con la intención y un voto parezca que todos sean capaces de aplaudir la utopía. Cuando llega la hora de ponerse de acuerdo, o bien tenemos una alternativa muy terrible y siniestra conocida y sufrida en carnes o decidimos optar por lo que decidan nuestras vísceras y que se joda el resto.

Ya toda palabra de advertencia huelga porque los pronósticos han llegado y la posibilidad es por fin real materializándose en el frente popular + separatismo. En realidad ambas ya existían y existen pues Cataluña hace años que ejerce como un país de facto el cual quiere redondear con el dinero que negaría a la solidaridad intereterritorial, en tanto que la Izquierda no ha cejado por sistema de aplicar cordones sanitarios y pactos del Tinell con los que representar a una derecha cavernícola, ramplona,  corrupta y sin escrúpulos que existe, pero que no es mayor a esa izquierda igualmente fanática e incluso violenta capaz de justificar muchas cosas por un objetivo que suele decir "común". El resto de la población es ganado bien conducido por perros pastores como La Sexta, El grupo Godó, Cuatro, La Ser, El País, Wyomings, Javieres Ruices, Ignacios Escolares y demás coros mesiánicos que con su tono apremiante de cruzada contra el poderoso, entre risas, magacines, sorna, fútbol y algo de cine. Comparen ese jolgorio y burla al enemigo que produce tanta carcajada y buen rollo con los vetustos y rígidos programas de la derecha salpicados por un humor de cine de barrio o prefelliniano ya metidos en el siglo XXI. Obviamente cualquier jovencito que se precie quiere ser actual y estar al día y asocia su modernidad y progresismo a los programas que te ofrecen el pack completo. Ya pueden hablar de causas, cruzadas y demás historias que la labor de La Sexta como creador de opinión solo es comparable a la labor de La Vanguardia en Barcelona. De hecho ambas se avienen a la perfección como muchos consumidores de los dos espacios hay en Cataluña. Y tan avenidos están los medios citados como la marca: frente popular + separatismo que apunta a nuevo órdago del infatigable Sánchez.

La representación de Sánchez

El panorama que se presenta sigue el patrón que ha seguido el país toda la reciente legislatura. Rajoy siempre ha estado a verlas venir cruzando los dedos confiado que su gestión económica podría con todo y claro, al final ha tenido que comprobar, y con él el resto de los españoles, que estaba equivocado. Si por algún motivo Sánchez patina, es imperativo que Rajoy y su séquito abandonen la primera línea del partido. Debe existir un replanteamiento.

Sánchez tras la primera renuncia ha planeado su baza que podría bien ser la siguiente:

1) Se postula como candidato

2) Negocia primero con Ciudadanos el cual le marca que no pactará en compañía de Podemos

3) Sánchez le ofrece el pacto que le negaba a Rajoy si él es candidato, es decir, el socialista de presidente (condición sine qua non para su supervivencia) más los de Albert Rivera y con la abstención del PP.

4) El PP obviamente se niega y los medios de comunicación de Izquierda le presionan con la máxima contundencia fieles a su estilo y comienzan a vender que Rajoy y su interés por permanecer en el poder aboca a Sánchez a pactar con Podemos.

5) Del mismo modo la negativa del PP provoca que Rivera focalice su atención en los populares como único escollo para crear un Gobierno de transición. El de Ciudadanos puede realizar el trabajo por Sánchez como mediador para atacar al candidato popular haciéndole el juego al socialista.

6) El PP se niega o concede. En principio lo primero y Sánchez "apesadumbrado pero consciente de la responsabilidad depositada en él" se dispone a pactar con Podemos más IU y nacionalistas e independentistas, para lo cual ya tenía medio sembrado el camino con los "gestos de cortesía" con la entrega "habitual" de escaños.

7) Democracia y Llibertad y ERC disponen de una oportunidad de oro para cristalizar su golpe de estado ambiguo en el que se superan todas las leyes pero no se infringe ninguna. Quitando al PP y a Ciudadanos de un plumazo, el procès ya es cosa de coser y cantar.

8) Sánchez es presidente o es presidente y para colmo responsabilizando a otros de sus decisiones tramadas y urdidas de antemano pero que gracias a los medios de la cuerda taparán entre chanzas, bromas y alguna botella de cava.

La hora del frente popular ha llegado.


miércoles, febrero 03, 2016

La herida imborrable

Empiezo a dudar cuál es el motivo por el cual políticos, periodistas y medios de comunicación se enzarzan en vehementes discusiones sobre las razones de un candidato o las sinrazones del contrario. Imagino que todos responderían: por el interés de España, pero qué quieren que les diga, la verdad es que yo lo dudo. Cierto es que muchos deben creer en su fuero interno que su cerrada defensa a "su candidato" o ataque al rival responde a intereses patrióticos, algo parecido a lo que deben inferir los propios candidatos que, contra viento y marea, pujan por arribar a Moncloa. Todos han establecido una asociación entre su acción u opinión y los intereses de España, pero ello sólo prueba un par de cosas: su percepción de la realidad y su intención.

Percepción de una realidad que anexiona su propia carrera a los logros conseguidos: en un candidato obviamente el acopio de poder significa el éxito, en un periodista el reconocimiento se da más por la "estocada" periodística que pueda ser reconocida entre los colegas del mismo grupo, porque la cosa va y siempre ha ido de grupos.

En política no existe la relativización, todo es absoluto, hasta la propia relativización que puede ser un pretexto para absolutizar sobre un objetivo predeterminado, pero se puede entender, todo tiene una explicación: la política, y los medios que se dedican a ella, es un campo de batalla permanente que no ofrece aliento a la hora de disputar contra el contrario, exige una entrega y una capacidad de reacción como pocas en otros menesteres y ello obliga a establecer un resorte casi automático de respuesta dirigida a defender al grupo propio y a atacar al ajeno...Y poco más. El caso es que en Madrid, las espadas partidistas están por todo lo alto y en constante refriega a través de los numerosos embajadores de cada grupo: en instituciones políticas, en platós televisivos o radiofónicos, en redacciones de periódicos...La gresca es constante y directa y los bandos igualados, lo que lleva a que la lucha sea más encarnizada.

Tomen nota por ejemplo de Cataluña donde por el contrario, los grupos políticos y mediáticos que abrazan el independentismo están mucho más relajados y sus estrategias son mucho más sibilinas y bien construidas. Ello obedece a la colosal diferencia que existe entre un bando y otro en el mundo aparente, el de los medios de comunicación. Es tal ese margen, que hasta los trabajadores de Catalunya Radio pueden rasgarse las vestiduras por insinuar o decir abiertamente Juan Carlos Girauta que no existe la correspondiente pluralidad entre la población catalana y sus medios de comunicación. Ni siquiera podían ruborizarse o saber que tendrían a otro grupo mediático ejerciendo el correspondiente contrapeso porque en Cataluña no existe. Sólo ellos y un "tribunal" para esos medios, el CAC, que es político.

Por ese motivo, Madrid o la contienda política por el gobierno de España tiene una dimensión muy diferente que tiende a favorecer una escalada de tensión cuya finalidad parece ser la subyugación de un grupo sobre el otro al que maniqueamente se le une la asociación de un proyecto abstracto de país. Esa abstracción es absolutamente necesaria para evitar reconocer el reflujo totalitario que navega entre las ambiciones del grupo y que ya viene siendo endémica a lo largo de nuestra historia. ¿Se imaginan a algunos partidos reconociendo abiertamente que no quieren o que no cuentan con una parte de la población que cumple las leyes y es parte de la democracia? ¿No verdad? Eso es lo que va sucediendo con total independencia de las razones que abonen a unos y a otros, porque cuando a un grupo se le esquiva la voz y la presencia, de un modo u otro intentará tomarlas en la manera que estimen más oportuna. En España las bocas y los oídos estan separados haciendo imposible que las ondas lleguen a su destino.

Izquierda y Derecha.

España es un país con dos hermanos que han vivido un trauma en situación muy diferente y que en un momento dado se optó por intentar curar las heridas que aquél ocasionó. Sin embargo existía un elemento muy considerable en aquellas personas que ahora no existe: la mayoría habían conocido la guerra o sus consecuencias fraticidas y no querían volver a repetirlo. En la actualidad los Zapatero, Sánchez, Iglesias y compañía sólo hablan de recuerdos de recuerdos de personas que necesitaban extrovertir sus miserias a los nietos para relajar sus almas y acongojar a las siguientes buscando en ellos su resarcimiento. Pocos son los que, habiendo vivido una guerra, sienten deseos de revivirla, son más bien los hijos de los hijos o aquellos que sienten la necesidad de establecerse en jueces de lo que sus ancestros no pudieron conseguir y con ello dar fuelle a sus carreras a base de agitación. Siempre es lo mismo, no se escarmienta jamás con los errores en cabeza ajena.

Pero es que por un lado, la Derecha española se mantiene cerril en su idea de que tiene razón, y aunque creo que efectivamente tiene razón en buena parte de sus visiones, en la fundamental y la que requiere una derecha ágil, decidida y constructiva, suspende sin paliativos. Se pueden defender los principios y de hecho se deben defender con la contundencia necesaria pero no necesariamente contra otros sino ante todos. No se puede defender lo uno y su contrario a conveniencia y la política es un mundo en el que, mal que me pese decirlo, convierte en tan importante al gesto como a la acción. Los que no somos de izquierda sabemos que las palabras de la mayoría de los políticos de izquierda deben estar sostenidas por pilares de odio a la derecha para otorgarles consistencia, pero debemos preguntarnos, no por la actitud de sus políticos sino por la receptividad de los electores y de los medios de comunicación que les hacen el juego. La derecha se debía de haber preocupado por romper el hilo de conducción basado en el odio que siempre ha mantenido firme la guerra entre las dos Españas, pero el detalle más significativo de esta derecha es que no se ha preocupado más que por hacer bien los deberes.

La primera y primordial tarea que tiene España como país es tratar de dar solución a sus heridas, porque de lo contrario: ni deberes, ni paro, ni la madre que lo parió. Poco importa que nos parezca harto evidente la necesidad de fomentar la riqueza, el bienestar, los recursos entre los emprendedores como creadores de empleo, la libertad, la absoluta igualdad de oportunidades y un decidido apoyo al conocimiento y al esfuerzo, que sin armonía entre conciudadanos nada de ello será posible. Al contrario, cada día que se soslaya lo que todo trauma necesita, que es una resolución, el problema se irá haciendo más grande y la democracia más pequeña.

Y es aquí donde ha surgido el gran problema que Rajoy no atina a ver. La crisis que ha vivido España fue la gran oportunidad histórica para reconciliar dos bandos eternamente enfrentados y justamente aplicando las mismas medidas liberales que se esperan de un dirigente popular. Si un banco o caja no ha hecho bien sus deberes no se puede utilizar a la población como su rehén para evitarles la coherente consecuencia liberal, que nunca debería ser su rescate. ¿Los recursos que se emplean para el rescate de un banco o caja producen efectivamente el resarcimiento necesario en la población afectada? Siendo los propios bancos y cajas los que han propiciado el estallido de una crisis financiera a nivel global ¿Cómo diantre un liberal puede decirle a la ciudadanía que debe apretarse el cinturón para rescatar a las entidades subvencionándolas? ¿Los mismos que han padecido los efectos de la negligencia del sistema financiero deben ser los sacrificados para que aquellos se restablezcan? Si no existe lógica en lo que digo, que me llamen populista, pero del mismo modo que apelamos a la lógica y a la racionalidad cuando pensamos en bajadas de impuestos, dinero a la población, disminución de la burocracia, etc. la justicia de las consecuencias de los actos no pueden disponer de un paréntesis que lleva a pensar que existe una suerte de privilegio que siempre exonera a los privilegiados y que siempre son apoyados por los mismos partidos. ¿No es capaz de ver algo parecido alguien de nuestro centro derecha? ¿Entiende entonces que los ciudadanos agobiados y desahuciados por hipotecas imposibles de pagar deben ahora estarle agradecido? España y sus ciudadanos necesitan un apoyo que resulta clave para acometer reformas de calado. Lo contrario es una mera imposición que suena injusta y habilita el radicalismo, y en eso estamos y hacia ello caminamos.

Y yo he escuchado al "exiliado" Manuel Pizarro decir cosas muy parecidas, aunque claro él demostró no ser político y dudo que hubiera mostrado algún signo pusilánime a la hora de tomar cualquier decisión. Es pura causalidad y coherencia.

Los principios se siguen por coherencia y no se evitan por consenso. En el momento que un principio supuestamente propio resulta un escollo, se está renunciando a lo que uno es y lo que sigue es falso, artificial. Dicho consenso es resultadista, pretende algo de la otra parte y entiende que para conseguirlo uno debe renunciar a su propia esencia. En ese momento en vez de un acuerdo, se habrá producido una situación de dominio de una parte sobre la otra: una fagocitación ideológica. Otro tema que requeriría más reflexión sería determinar qué son principios y qué posiciones puramente cerriles que no comprometen la moral del hombre más sí su orgullo. El acuerdo mantiene indemnes a las dos partes negociando en planos de igualdad con sus principios intactos pero con cesiones en aspectos que pueden incluso coincidir por estar en la órbita de un valor superior, el beneficio de ambas partes y del común.

Los cálculos de decisiones deben ponderarse a largo plazo y meditando las consecuencias en todos los ámbitos. En tanto se apelen a los millones de votos de uno y otro partido, España seguirá siendo una zona de guerra en la que los que saldremos perdiendo seremos todos.

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Un excéntrico pensador que emplea este blog sin concesiones a la mesura ni a la inteligibilidad