martes, marzo 22, 2016

La madre del cordero: el proceso atencional II

Los ejes excéntricos sobre los que se define la personalidad y la inteligencia desde los procesos atencionales y procesuales.

Habiendo definido mi visión sobre la especificidad de las personas y sus talentos o la mera operativa para aglutinar la información del exterior de una manera concreta que difiere entre sujetos, existe en un estudio "El cerebro ético" de la universidad de Navarra  al que ya aludí en un anterior artículo, un buen presupuesto de partida (que no coincide con el objeto del estudio señalado) para definir una categorización de personas en razón a sus procesos atencionales, ergo procesuales, ya que, de un determinado proceso atencional se derivan unos procesamientos y no otros y consiguientemente unos tipos de decisiones y no otras. El estudio separa a esas personas como "normales" y  a las "otras": entrenadas en el utilitarismo. Justamente sobre esa dicotomía centro lo que considero "la madre del cordero" de la naturaleza humana en su toma de decisiones.

Por un lado cito el estudio:


Según la catedrática Natalia López Moratalla, en ambos experimentos aparecen los dos tipos de inteligencia mediante los que el ser humano conoce: la analítica y la emocional, cada una con mayor actividad en áreas de uno de los hemisferios del cerebro. "El frontal izquierdo procesa de forma más sistemática y lenta. Por ejemplo, una reflexión, aunque sea breve, nos mueve o no a una ayuda solidaria a víctimas desconocidas de catástrofes en países lejanos. El hemisferio derecho procesa de forma más intuitiva, global y rápida. Por ejemplo, nos sentimos urgidos ipso facto a socorrer a alguien en grave peligro. Salvo patologías, ambos sistemas están conectados y actúan armónicamente". 

La profesora explica que estos análisis permiten entender mejor que el juicio moral que decide no causar un daño directo a una persona entraña un fuerte componente emocional. "Las técnicas de neuroimagen detectan una activación intensa y rápida, en cinco segundos, en zonas de la corteza cerebral que procesan las emociones que afectan a la relación con los demás, cuando se trata de una acción directa. Saltar esa barrera y decidir en otra dirección requiere la memoria que detiene la información emocional durante los dos segundos más necesarios para analizar la relación coste/beneficio de cada opción, guiada por las convicciones personales".

Natalia López Moratalla señala que "estas evidencias científicas apuntan hoy al modo en que está registrado en el cerebro humano el principio natural, y por ello universal, de no hacer a los demás lo que no quiero para mí. Es  como un detector que provoca la emoción automática de agrado al ayudar y repugnancia por dañar. Es una intuición natural que guía sin determinar la conducta y supone un atajo emocional en situaciones en las que están en juego vidas y humanas y hay que decidir de forma directa e inmediata".

Personas utilitaristas evitan el atajo emocional intuitivo

También resultan reveladoras las investigaciones que estudian cómo solucionan dilemas éticos personas con un daño cerebral en la región que conecta lo emotivo y lo analítico. "Estos pacientes siguen un patrón utilitarista fuera de lo común y deciden con rapidez matar –empujar a la vía– a una persona para salvar a cinco. Sin embargo, en un contexto más impersonal, como accionar las agujas, su conducta es normal. Por esa lesión del cerebro, estas personas carecen de la guía innata que supone la alarma de la emoción en el juicio moral, aunque el sistema deliberativo se mantiene. Los sentimientos desagradables, la repugnancia a hacer daño que constituye una señal de precaución, les dejan imperturbables".

Cuando surge la contradicción entre ambos componentes de la racionalidad humana, el sistema analítico se impone. El caso del tren ilustra porque, "cuando los dilemas de empujar a alguien o cambiar las agujas se presentan a voluntarios utilitaristas –entrenados en el cálculo riesgo/beneficio como norma de conducta– resuelven tanto empujar como cambiar las agujas en el mismo tiempo. En tales casos usan los dos segundos más necesarios en esta actividad mental para ajustar racionalmente el coste/beneficio y así evitan seguir el atajo emocional, intuitivo y natural, hacia lo correcto".

  
http://www.unav.edu/web/vida-universitaria/detalle-noticia-pestana/2011/03/08/el-cerebro-etico-como-atajo-emocional-ante-dilemas?articleId=291770 

Para establecer el tipo de sujeto que teoriza y dirime sobre el citado estudio explicaré que mi excentricidad parte de dos pilares igualmente significativos: por un lado un trasfondo analítico que denomino transversal y una gran empatía. Puedo afirmar con la subjetividad inherente de una manifestación humana que vengo a ser combinación equipotente de sujeto analítico utilitarista y emocionalmente inteligente especialmente en el plano empático. Viniendo a ser consciente, como cualquiera, de que es mejor salvar a cinco personas que a una, si tuviera en frente a un sujeto desconocido, no me vería capaz de empujarlo para evitar el fatal destino a los cinco. Soy consciente de que, con el planteamiento del estudio, sería incapaz de matar.

Dicho lo cual, el estudio o las conclusiones que ofrece el estudio, me llama la atención que son ciertamente utilitaristas, en tanto centran el foco de atención en un aspecto positivo de la emocionalidad humana contraponiéndolo a otro, el utilitarismo, que en estudio planteado llega a verse como una adición a la naturaleza del ser humano. El estudio equipara la reacción inmediata, puramente sentimental, como la homologable al resto del mundo animal y la que no ofrece, según siempre el estudio, error. Así explica que los sujetos normales que atienden a sus emociones optan por no matar ya que la respuesta emocional natural establece una máxima de no agresión a los semejantes o a no dañar del mismo modo que no quieres ser dañado. Así por tanto, hallamos un utilitarismo en el hecho de validar el comportamiento natural del ser humano al coincidir con la respuesta normal en los animales, pero aunque no se especifique o se soslaye el trasfondo moral del caso, tanto el título como el objeto de estudio versan sobre la coincidencia animal de no dañar a los semejantes. Es decir, se aprecia una impronta moral en el estudio. El caso es que podríamos girar la tortilla y poner como ejemplo a un utilitarista que tras una situación de guerra o de barbarie, fuera capaz de analizar la situación y no dejarse llevar por los sentimientos que le incitarían a devolver violencia por violencia y probablemente estaríamos desmarcando a esos seres humanos de la homologable naturalidad del reino animal. Con este razonamiento quiero centrar lo que es el objeto de mi particular análisis: el foco de atención y el análisis del coste/beneficio.

sábado, marzo 19, 2016

La madre del cordero: el proceso atencional I

Presupuestos excéntrico-teóricos sobre procesos cerebrales.

Siendo yo una persona muy interesada en la especificidad del talento humano no es extraño que categorice los modos que las personas perciben los estímulos externos. Dicho de otro modo, de cada estructura cerebral se derivan distintos modos de procesar la información recibida y de otorgarles a unos u otros datos una determinada relevancia. Para ello resulta clave el proceso atencional que es el que desde el principio de la acción cognitiva, al determinar un grado de importancia relativo al estímulo percibido y los consiguientes procesos cognitivos, vendrá a definir la idiosincrasia de cada sujeto, su inteligencia y personalidad. Imagine que se centra a analizar un objeto, piense que en ese instante estará empleando millones de neuronas en ese cometido, pues bien, sobre las cien mil millones que tenemos, el modo que tengamos de dirigir la atención a un objeto significará que volquemos nuestros recursos cognitivos, los que dispongamos, para resolver ese cometido por simple que nos parezca. Por el contrario, sobre lo que no sea objeto de nuestra atención, no dispondremos un gasto significativo en recursos por considerarlo innecesario. No obstante y aunque lo explicado sea causalmente lógico, las estructuras cerebrales de los diferentes sujetos pueden alterar esa mecánica que nos parecía razonable, pues como decía, no todo el mundo procesa del mismo modo la información en base a procesos atencionales y procesuales y en ello el "ponderador" son las emociones. Y es que mucha gente que es experta en una temática porque tiene una vasta experiencia teórica y práctica sobre la misma, dependiendo de cómo atienda y procese esa información será hábil para unas tareas e inhábil para otras siempre dentro de su conocimiento específico. Los datos suelen ser fijos e invariables al extraerse de una experiencia y las personas los maleamos en las simulaciones que nuestro cerebro procede a realizar para concederles un sentido y una integridad intelectual. De tal manera es nuestro cerebro, mediante la atención y el procesamiento de datos, el que determina cómo será para cada uno esa información y no el objeto de la información en sí mismo.

Existen muchos expertos en materias resultado de unos aprendizajes o entrenamientos y posterior experiencia profesional pero obviamente no todos los sujetos son iguales. Los seres humanos que necesitamos categorizar el entorno para concedernos una seguridad aparente, nos hemos otorgado mecanismos que nos permitan cuantificar de algún modo esas aptitudes y hemos recurrido a la inteligencia y sus tests como mejor etiqueta posible. No obstante, al observar que esa inteligencia formal no garantizaba necesariamente el éxito o habilidad para progresar prácticamente, han aparecido los investigadores más perspicaces que la han venido a completar con la inteligencia emocional y sus consiguientes tests y formulaciones teóricas, lo que consideraban era la pata suelta que venía a definir el esquema de capacidades humanas. Sin embargo, el que escribe ve en ello más una mina para charlas y libros de ayuda y autoyuda a nivel particular y organizacional que una verdadera respuesta teórica sobre las capacidades humanas. Siempre he considerado que las capacidades de cada ser humano vienen determinadas por una específica estructura cerebral con unos límites amplios pero definidos, de modo que lo idóneo para cada sujeto y en especial su autoestima como eje motivacional de desarrollo vital, es centrarse en aquellas tareas en las que sus capacidades se hallen más desarrolladas y no tratar de mejorar las facetas menos solventes por efecto de voluntarismo, capricho, necesidad o conveniencia.

Soy consciente de que es más difícil señalar el camino de las personas en razón a sus cualidades, muchas veces recónditamente ocultas en el firmamento neuronal, que ofrecerles cursos, charlas y libros con el consiguiente boom económico que ello proporciona, pero la elección de una persona en lugar de otra para un cometido es al final la diferencia entre el éxito o el fracaso en todo lo que se le pueda ocurrir: desde una atención impecable en una tienda, pasando por salvar la vida en unas urgencias, ganar o perder dinero en asesoramiento económico, perder o ganar un juicio o el gobierno de un país en una coyuntura determinada. Al final, cuando usted se encuentre ante una persona, de cómo sea capaz ésta de solucionar o complicar su existencia, vivirá como resultado un tipo de vida u otra. No es cuestión menor.

El problema y bien gordo, es que también es muy difícil detectar las capacidades en los demás cuando la mayoría no tiene capacidades atencionales específicas para hacerlo y deberá sufrir o hacer sufrir a los demás por resultado de ese déficit. Es bastante común dejar pasar a talentos desconocidos por nuestro alrededor sin que reparemos en ello porque nuestra atención suele estar fijada en los cometidos que nuestro cerebro ha fijado como prioritarios y no suelen coincidir con aquellos que nos conferirían la capacidad de verlo. Y es que para poder ver en los demás debemos ser como los demás, es decir, simular con el máximo lujo de variables posibles las situaciones que viven los demás. A fin de cuentas, toda apreciación sobre un tercero, sea cercano o lejano, parte de una simulación exclusivamente interna, una recreación desde nuestro universo cognitivo, del universo de ese tercero y su realidad. Necesitamos para ello un concepto de referencia como una habilidad de simulación inteligente empático-transversal capaz de abstracción del propio yo en pos de la realidad ajena.

Y es que esas estructuras cerebrales a las que hacía referencia vendrán a dictar lo que seremos capaces de hacer, que puede ser descomunal, pero también sobre lo que sería aconsejable que no nos dedicáramos.

Como experto bien podemos hallar a quien aglutina la información de un modo eficiente con poco gasto de recursos y a quien lo realice con ingentes cantidades de recursos neuronales y ramificaciones en su materia gris. Se podría decir que del primero podría esperarse una respuesta procesual más veloz y con tendencia a recurrir a una memoria operativa y el segundo a ser más analítico y lento y recurrir a memoria declarativa, pero dependiendo de la situación cada uno puede resultar mejor solución a un problema que el otro. Ello se observa con mayor claridad en los talentos fuera de serie de los deportes, aquellas personas que sin aparente esfuerzo, de un modo mecánico y automático, disponen de unas capacidades superiores al resto, pero que ello en absoluto garantiza que luego puedan trasladar a otros el "secreto" de su genio. Bien porque no tienen las capacidades específicas para hacerlo y porque en realidad por mucho que quisieran no podrían explicar lo que es resultado de su específica estructura cerebral no homologable a otras estructuras. Quien puede ser un extraordinario profesor capaz de hacer entender a los demás lo divino y lo humano no tiene porqué ser capaz de aplicar ese conocimiento en su persona, pero el talento, que llamamos innato, que supera sin despeinarse facetas de su vida, es posible que al tiempo resulte un desastroso docente en lo relativo al conocimiento que ocupa su  genialidad.

Las personas como simplificación casi ofensiva somos combinaciones de procesos bioquímicos (desde una perspectiva neurobiológica) o modelos de procesos estímulo-respuesta con un funcionamiento específico basados en un proceso constantemente comparativo de relativización de objetos. Si bien todos somos susceptibles de categorizarnos por similitudes en determinadas combinaciones detectadas en las respuestas a estímulos, sostengo que no todo el mundo puede medirse con el mismo rango de fiabilidad y esos sujetos entran en un gran cajón de sastre en el que su especificidad permanece ignota entre el maremagno de la generalización que otorga la validez del estudio. Para que los instrumentos de medición dispongan de la suficiente sensibilidad y por tanto fiabilidad, han de conocerse las variables específicas que se deben medir y en tanto eso no sea así, nos limitaremos a aceptar la información resultante por solidaridad científica más que por una auténtica idea de precisión que en los seres humanos es en extremo complicado. No todo el mundo es igualmente fácil de medir aunque concluyamos que los instrumentos de medida han sido estadísticamente fiables y precisos y las personas más "complejas" hayan podido equipararse en una escala que nos arroje una categorización aparente. No en vano puede decirse que, todo lo que se puede medir se mide y lo que resulta demasiado sutil o específico, aunque numeroso queda por ahora fuera del alcance de los menesteres metodológicos.

viernes, marzo 11, 2016

Consenso

"Seguiremos estudiando fórmulas para conseguir una mayor aceptación en la reforma, pero en este momento, yo como Presidente del Gobierno creo que he tomado una decisión que creo que es la más sensata. Vamos a seguir trabajando por la cohesión y lo que no podemos tener es una ley que cuando llegue otro gobierno, pues, la cambie al medio minuto. Yo creo que hay algunas cosas que se pueden seguir haciendo en el futuro, que se pueden buscar más apoyo y ya digo que seguiremos estudiando y trabajando, pero hoy por hoy la decisión que yo he tomado es que vamos a modificar los dos puntos a que he hecho referencia".

Estas declaraciones resumen a la perfección qué es Mariano Rajoy y Brey y el porqué existe un antes y un después desde su llegada a Moncloa como Presidente del Gobierno del PP.

En primer lugar la reforma que alude el Presidente es la del aborto. No voy a centrarme en ella pero sí en lo que ha significado dentro de lo que conocíamos como el PP. El derecho a la vida ha sido uno de los principios esenciales del partido con sede en Génova y uno de sus rasgos característicos. El PP nació con una impronta liberal - conservadora que no eludía pregonar y defender unos principios judeo-cristianos desmarcados de una perspectiva puramente liberal, al menos en los valores. Cuando hablamos de una reforma de orden moral o ético basada en principios, en este caso es el aborto pero podría tratarse de otra cualquiera. Podemos establecer por tanto una generalización de la nueva impronta que caracteriza al gobernante que decide. Recordemos que la ley vigente, únicamente reformada en dos aspectos, trata el aborto como un derecho de la mujer, es decir, como un derecho a cercenarse una parte del cuerpo a voluntad por las razones que estime la propietaria del derecho, ya que el nasciturus se considera, en vez de un depósito de vida presente que necesita hacerse viable y con un cierto grado de autonomía, una parte más del cuerpo de la madre sobre la que tiene capacidad de decidir.

En este artículo pretendo observar qué razones justificó el mandatario gallego para desistir de la reforma. Es importante desgranar los conceptos esenciales:

Aceptación. De quién necesita Rajoy la aceptación, ¿De la oposición? ¿De parte de su propio partido? ¿De Arriola?

Sensata. Sin proponérselo llama insensatos a todos aquellos votantes que depositaron su voto pensando que iba a defender la impronta del Partido Popular, lo marcado en el programa y en su espíritu. La mención a la sensatez no es más que una justificación que actua como autorefuerzo ante la decisión tomada.

Cohesión. ¿Con quién? ¿Existía previamente falta de cohesión en el PP? Obviamente existía fuera del mismo.

...la cambie al medio minuto. Este argumento es una ofensa a cualquier ser que presuma de un mínimo de inteligencia, pero se torna en grave afrenta cuando se concibe como excusa válida ante los votantes del PP. Por esa regla de tres y conociendo las intenciones no ocultas de Pedro Sánchez, el PP no podría modificar una sola ley y de hecho gracias a esta frase puede comprenderse la sanción de Rajoy a tantas leyes de Zapatero pese a disponer de mayoría absoluta.

Más apoyo. De nuevo, de quién necesita el apoyo Rajoy si dispuso de más de diez millones de votantes que aceptaron lo que venía en su programa electoral.

No hay duda de que España se divide en dos frentes, uno de Derechas y otro de Izquierdas con su diferentes graduaciones que van desde la moderación hasta la radicalidad. De una manera similar a lo que ha ocurrido en otros países de Europa, los prejuicios históricos acaban definiendo la impronta de cada país por los complejos a defender cualquier analogía con los resquicios de los anteriores regímenes totalitarios. Así, suele existir una correlación entre los que parten de un régimen totalitario de Izquierdas que tiende a la Derecha de un modo no moderado, y viceversa, los que vivieron su impronta  de régímenes totalitarios de Derechas en los que ahora predomina la Izquierda sin contención. Es por ese motivo que cada partido que representa un espacio ideológico requiere de una integridad y solidez basada en sus principios que permitan contrapesar en democracia la ventaja del otro "bando". De ese modo existe un equilibrio de fuerzas entre los poderes públicos y sus representantes que acaban constituyéndose en un fiel reflejo de la población y sus sensibilidades, permitiendo su expresión dentro de la democracia. Cuando ello no ocurre y una de las dos fuerzas toma el control ideológico, desequilibra la balanza de la representatividad y se produce una cesión de las referencias que acaban resultando en la hegemonía moral de un frente en contra del otro. Es en este tipo de situaciones cuando se propician extremos y radicalismos de uno y otro lado, gracias por un extremo a la mentada hegemonía moral del bando que adoctrina constantemente a la población, contrapuesta a aquellos sectores que no encuentran una representatividad en el espacio político democrático. 

Rasgos de la política de Rajoy en asuntos sensibles y la coyuntura. 

- Consenso y terrorismo. A día de hoy sabemos que el Psoe acordó con ETA lo que denominarían la "paz". Es una realidad que los socialistas defendían la vía del diálogo con la banda terrorista. Me quedo únicamente con eso sin ir mucho más allá, habiendo constatado que gente como María San Gil o Jaime Mayor Oreja y muchos otros han sido exiliados del partido al que defendieron con riesgo de su propia vida. Bien, la propensión del Psoe a negociar con la banda armada y a acusar al PP de interés por que "ETA siga matando", se puede comparar con la disposición demostrada por Pedro Sánchez a dialogar con el Partido Popular cuando Rajoy se lo solicitó. ¿Es con este partido que Mariano Rajoy quiere el consenso? ¿Busca el refrendo de la Izquierda? Viendo quién está fuera del PP vasco y quién dentro, no hace falta mucha enjundia para saber con quién ha buscado el consenso Don Mariano Rajoy y Brey.

- Ley de memoria histórica. Antes en mi argumentación introductoria sobre el equilibrio de fuerzas en un país, he concedido mucha importancia al factor histórico. No creo que sea del todo necesario analizar todos y cada uno de los conflictos en la historia de la humanidad para encontrar un patrón en todos ellos o al menos en una buena parte: una deuda histórica. El fomento del odio de bando siempre se nutre de afrentas anteriores y conflictos precedentes que, si no existieron realmente así, se inventan como excusa para enardecer a la muchedumbre. Si no extraemos las adecuadas lecciones de la historia, lo único que acabamos haciendo es fortalecer el rencor. Mariano Rajoy lo aprueba.

Ambas leyes son ejes ideológicos de cualquier partido, pero lo importante es hallar el patrón aplicable que parece no ser otro que no defender los presupuestos idelógicos del PP para primar las reformas económicas, laborales o fiscales y que el frente de Izquierdas se decida a avalar o al menos a no asfixiar las calles con sus protestas. Rajoy siempre ha mostrado un deseo de modificar los comportamientos ajenos, modificando sus propias conductas y decisiones. Ha sido más un anhelo circunscrito a renegar de los principios inherentes del PP con vistas a recibir el reconocimiento de la fuerza hegemónica. Pero Izquierda y Nacionalismo no pueden jamás renunciar a su valor más preciado: el enemigo objetivo, ese con el que jamás se negocia y debe vencerse. Así, los medios de comunicación de Izquierdas y Nacionalistas solo enfatizan la disputa y el conflicto con el PP, informando sobre todo lo que les separa de ellos, sobre lo que es motivo de discrepancia. Nada que objetivamente pueda significar una mejora para la población potencial votante de Izquierda por parte de decisiones del PP puede publicarse como tal, sino todo lo contrario. Eso es así y ha sido históricamente. Busquen titulares de El País, Público, Diario.es, La Sexta, La SER y demás grupos, o La Vanguardia, El Períodico y verán como rara es la vez que se halle algo positivo surgido de un gobierno del PP. No obstante, decir que El País de la actual coyuntura nada tiene que ver ni que hacer comparado con el resto de programaciones y diarios que han adoptado un posicionamiento mucho más radical, próximo a Podemos en muchos casos.

El rodillo de Rajoy: dos de cada tres leyes las aprobó el PP

El Gobierno de Rajoy bate el récord de legislar por decreto ...

Rajoy se enreda con las máquinas en un nuevo lapsus ...


Entonces, ¿Qué quiere decir Rajoy cuando habla de consenso? ¿El consenso que no tiene ni para formar Gobierno habiendo ganado las Elecciones? Rajoy y el resto de sus votantes han podido constatar que la cesión de los principios es como renunciar a la propia personalidad para "caer mejor a la gente", cuando en realidad estás claudicando a ser tu mismo. A partir de ahora se les dice a los niños: "Debes adaptarte a la personalidad de los demás sin ser tu mismo para manejarte por la vida". Rajoy ha perdido el respeto de sus rivales políticos, pero también de buena parte de sus votantes. Todo se halla en la párrafo que da comienzo a este artículo, ahí se observa cómo es Rajoy y el porqué debería haberse ido hace mucho tiempo y montar su propio partido. Eso hubiera sido lo honesto y lo mejor para España.

jueves, marzo 10, 2016

La revolución pendiente

Las distintas ideologías políticas suelen ofrecer diferentes propuestas para solucionar problemas, que en algunos casos coinciden y en otros difieren al ser creados por la propia "solución política". Podría ponerse de ejemplo el símil de un fármaco que se administra para combatir una enfermedad: el más eficaz será el que logre eliminar la enfermedad con los menores efectos secundarios, pero las más de las veces, en casos de patologías graves, ello resulta harto complicado pues las variables a considerar son más complejas y por tanto más difíciles de tratar. De tal modo en la vida real nos encontramos que en algunos tratamientos contra el cáncer, si no te mata la enfermedad, es posible que lo haga la medicación por su toxicidad, es un duelo para ver si mueren antes las células malignas o las sanas. Bien, en el caso de las teorías políticas que se postulan para los gobiernos de nuestras sociedades, al tomar en consideración muchas variables y la necesidad de un compromiso entre todas ellas, resulta imposible ofrecer la "medicación" perfecta en aras de solucionar completamente la vida de los ciudadanos a modo de utopía. Algo que puede parecer un presupuesto de partida al comenzar a opinar o reflexionar sobre política, acaba siendo una introducción obligada que eluda los intentos manipuladores de quienes pretenden vender la panacea como remedio para sus males. Al final, se debe escoger la solución que, tomando en consideración de manera inexorable la condición humana recogida en nuestra historia, ofrezca la mayor efectividad con los menores efectos secundarios o adversos.

El problema suele ser que la motivación de las personas que postulan unas teorías u otras pueden quedar sujetas a los efectos secundarios o adversos de la existente y por ese motivo tratan de desnaturalizar el global proponiendo una alternativa antagónica, más centrada en su propia historia personal y solidaria que en el análisis global de resultados para la propia sociedad. A las personas que de modo airado y radical proponen soluciones consecuentemente radicales solo les aplaca una respuesta centrada en el problema que quieren tratar y que ocupa el centro de su atención y el de los seguidores que también puedan verse afectados o que, aunque no se vean afectados, podrían solidarizarse por estipularse las razones como justas o deseables. Al final me viene a la memoria esa pregunta que pide a los asistentes que respondan si preferiría vivir con 10 en una sociedad en la que de media todos tienen 15 o en aquella que podría tener 5 en una sociedad en la que el resto tiene 1.

Todas las teorías políticas plantean presupuestos suponiendo que su mera incidencia variará a mejor el bienestar de la sociedad, así estableciendo un énfasis a lo privado y a la individualidad o a lo público y el colectivo en cada uno de los dos extremos, las personas no hacen sinó describir su propia situación personal, que no necesariamente material,  en función de sus propuestas. Sin embargo, cada una de ellas acaba descuidando en mayor o menor medida el factor humano, no como una solución pretendidamente altruista de automejora personal a costa de un buenismo pretendidamente gratuíto, sino porque no valoran las interacciones humanas, motivacionales y comportamentales de las variables como consecuencia de la aplicación de sus propuestas teóricas. Solo ofrecen la teoría como solución a un "mal" que debe erradicarse. Solucionemos ésto que cuando aparezcan los problemas subsiguientes, ya los solucionaremos con ilusión, bien podría rezar un cartel propagandístico. En este caso se podría utilizar el símil de alguien que le ha tocado la lotería y comienza a elucubrar sus proyectos sin atender las complicaciones que se le van a echar encima, es imposible pues la ilusión del eje central, la idea, la cruzada, el foco de atención no deja espacio para consideraciones adicionales que pudieran aguar la ilusión y la correspondiente motivación que en ese instante puede haber sido "derrotar a la pobreza" o al enemigo político que se prefijaba como némesis a batir, pero el "¿Y ahora qué?" es la auténtica asignatura pendiente de un experimento que toma a los ilusos ciudadanos como conejillos de indias.

Si nos fijamos, en nuestra sociedad occidental a lo largo de la historia, encontraremos incontables muestras de corrupción, avidez del poder, violencia, odio, manipulación y consideraciones que acaban relatando una constante: la naturaleza humana. Por otro lado, también podemos encontrar muestras de bondad, sacrificio, perdón, inteligencia, mejora, altruismo y eficiencia real, todos de personas que diseñan esa misma naturaleza humana, demostrándose que somos capaces de lo mejor y lo peor. ¿Cuál es el patrón que define unos modos de hacer u otros? Ahí el partidismo puede crear un sesgo o tratar de manipular las variables para vender el propio producto diciendo: "el mío, el mío", pero en todos los casos quienes marcaban las diferencias para bien o para mal no eran sus regímenes políticos sino las causas de los mismos: las personas. La más eficiente de las propuestas políticas puede irse al traste con una persona o varias incapaces y viceversa, la constante siempre es la misma: los individuos marcan la diferencia, cada uno es imprescindible o totalmente prescindible en ese momento y en esa situación.

Todos los casos de corrupción vienen firmados por personas y en todos ellos son las personas las protagonistas, no sus estructuras cada vez más eficientes para seguir ejerciendo la corrupción proyectadas por más personas. La revolución pendiente necesita partir del problema adecuado y no crear, de una problemática, otra mayor. Generar odio a un presupuesto, ejerciendo de modo implícito un posicionamiento de juez inmaculado, supone la construcción de un proyecto sin contar con la constante fundamental, el ser humano y su complejidad. Las personas acaban abstrayéndose de ser personas para tomar el papel de robots asépticos que toman decisiones por el "bien de la comunidad", cuando las motivaciones que han incitado a la derrota del orden vigente son más bien surgidas del germen vehemente de una disputa o deuda con una persona o grupo que vino a aprovecharse de su condición para obtener algún tipo de beneficio interesado.

Al final todo régimen que parte de no respetar la libertad de los individuos o de someterla en pos de una supuesta colectividad, estará ejerciendo una violencia, es decir mostrando los efectos adversos de su "medicina" para lograr la supuesta mejoría de todo el paciente, de la sociedad. Pero parte de una gangrena en la que el odio debe eliminar a los que no piensan igual. Habrá por tanto que cortarse un brazo o una pierna en el mejor de los casos para evitar el dolor del brazo o la pierna. Un sacrificio "asumible" para los revolucionarios que venden su loción mágica con la que reunir ávidos consumidores de soluciones emocionales.

La revolución pendiente toma en cuenta al ser humano como alguien imperfecto capaz de lo mejor y de lo peor bajo cualquier circunstancia y proyecto, de modo que, ofreciéndole siempre la libertad como vía de expresión y crecimiento, no acaba convirtiéndose en un juez sumarísimo con intereses específicos y particulares encaminados a destruir y no a construir. Basta de comparaciones maximalistas con utopías o ejemplos grandilocuentes de símbolos impersonales y proyectos irrealizables que permiten a la maleable población juzgar con ventaja a cualquiera. Debemos empezar asumiendo nuestra condición de seres humanos y construir sobre la base de la formación en lo elemental, el respeto a los demás con independencia de su ideología, afinidades y religión, los proyectos realistas que ejemplifiquen el respeto al ser humano y no únicamente a las propias ideologías tan "salvadoras" como intolerantes, que apelan al odio contra las rivales y a su coacción como mal inevitable y necesario contra el malvado opresor. Somos personas, todos y cada uno de nosotros. Quienes quieran dejar de serlo pueden hacerlo no únicamente siendo banqueros taimados, sino en cualquier faceta de la vida aunque esté menos estigmatizada que un voluntario de una ONG a pie de guerra. La construcción de las revoluciones se basa siempre en una bien estructurada propaganda y agitación mediática que convenza a las personas de que su causa es justa y los enemigos unos enormes molinos de viento. En democracia también, porque efectivamente sí existen los molinos y los gigantes que se aprovechan de los demás, pero como en las enfermedades, no todos los que defienden un determinado sistema son células malignas, sino tan benignas y susceptibles de fenecer como cualquiera. Entre todos ellos las personas aportan indistintamente honradez y corrupción y nada tienen que ver las palabras o los proyectos bien evocados con el efectivo bienestar prometido. Los auténticos opresores son quienes pretenden desnaturalizar al ser humano convirtiéndolo en un número favorable o contrario a nuestro proyecto. Acabar con esa realidad es la utopía pendiente: que las personas traten a las otras como auténticas personas, a todas, no a quienes dicen sí señor o sí camarada.

domingo, marzo 06, 2016

Personas

La política es una materia realizada por personas y supuestamente dirigida a personas en la que cada una y grupos de unas, construyen maneras de servir a una sociedad de personas.

Cada persona decide convertirse en un número o en una persona en función del sometimiento que decide establecer en relación a otras personas. Es número en cuanto se adhiere a un objetivo por afinidad o cercanía percibida desde la obvia subjetividad y es persona cuando conoce de la responsabilidad de los compromisos y de las grandes diferencias entre personas por encima de las etiquetas de partidos que las venden.

Un número defiende siempre a un partido con independencia de quién es la persona, de si cumple o no sus principios, de si es coherente o no, de si implementa los medios consecuentes con esos principios y no los que sean necesarios para llegar al fin.

Las personas son los médicos, unos buenos y otros malos que nos atienden; son la diferencia entre el funcionario atento y competente y el prepotente que pone palos a las ruedas sistemáticamente; son los que confeccionan un buen producto y los que cumplen el mínimo para tirar el día a día; son los déspotas que buscan conflictos o los que tratan de solucionarlos; son los capaces y los no capaces; son los honrados y los tramposos; el periodista preocupado en tomar todas las variables o el que no elude sesgos para enfatizar su "noticia"; así podría seguir líneas y líneas explicando que lo fundamental, lo trascendental siempre serán las personas. Las personas acuerdan, las personas cumplen, las personas se comprometen, las personas fingen, las personas planean, las personas exigen.

Toda nuestra historia está definida, no por los papeles inertes que han quedado como su memoria, sino por las personas que hicieron buenos o malos sus impresiones, los que le confirieron carta de naturaleza para el bienestar de los ciudadanos o bula para dominarlos.

Siempre la máxima importancia para las personas, para los ciudadanos, uno por uno y más uno que acaban formando sociedades de personas y no de números que poco les importan en tanto hayan firmado el contrato de adhesión. Nunca podré aceptar a alguien que prima otra consideración por delante de la persona que tiene en frente, pero en contrario lo mismo. Nunca podré aceptar a aquellas personas que desean números a su lado para ejercer ellos de personas y tomar el rédito del protagonismo.

Todo el centro de mis textos, mis exposiciones, son las personas y la manera que tienen de actuar, de pensar y de vender sus apegos como productos atractivos con los que reclamar la mayor afinidad entre semejantes. Todo acaba siendo un gran juego de personas que necesitan realizarse en su vida de un modo u otro, partiendo de unas enseñanzas, de unos padres, de unas vidas que le marcarán y le llevarán a unas u otras decisiones. Yo doy importancia a las personas y quien me hable de papeles, de contratos, de acuerdos por encima de las personas, me está hablando de números.

Las personas marcan la diferencia y nuestra historia, la de la humanidad, tiene sobradas evidencias de ello.

sábado, marzo 05, 2016

No comprendo a Albert Rivera

La verdad es que no comprendo el posicionamiento de Albert Rivera y quizás sea mi problema, pero cuando deposité el voto en la urna con su nombre y el de su partido, tenía una idea diferente de sus propósitos o mejor dicho: de su manera de llevarlos a cabo.

Yo no concibo un partido de centro más que como un compromiso de personas tibias o moderadas que aúnan todo lo que les une con los demás extremos para conciliar intenciones y propuestas. Los principios, pero sobretodo su aplicación práctica, más que un aprendizaje dogmático, deben ayudar a los individuos en su camino de mejora de sí mismos y su entorno, pero deben tener un fundamento sólido para evitar la comodidad del relativismo con el que uno puede proceder a juzgar a todo el mundo por razón de mera conveniencia o coyuntura. Esa es una de las razones por las que no me gusta Rajoy. No tiene principios, solo una defensa cerril de su persona que observo demasiado necesitada de admiración y reconocimiento, lo cual no me impide reconocer la más que pregonada gestión económica comparándola con el presupuesto de partida al que nos abocó Zapatero. Por muy repetido y gastado, la recuperación económica española no es asunto baladí, pero mucho menos cuando sabemos que quienes la cuestionan, en muchos casos, además de ser actores de la catástrofe, son obvios jueces y parte interesada en el asunto.

Yo ví en Ciudadanos la respuesta a la deuda pendiente de España con su historia. Entre la guerra interminable de rojos y azules asomaba una luz naranja que atendía a otras cuestiones, desterrando la vehemente disputa de buenos y malos que tanto interesa a los traficantes de emociones ajenas. Pero...una vez en la arena política, no he sido capaz de entender la manera que ha tenido Ciudadanos y su líder de situar un objetivo, el compromiso con España, con los medios utilizados para intentar conseguirlo.

Si existen dos actores en cada extremo y uno más en el centro que pretende asumir su centralidad y por ello neutralidad, en una visión quizás cartesiana pero anhelantemente ecuánime, concibo que el partido que debe fomentar la consecución del gran proyecto (porque sus líderes así lo han pregonado en campaña electoral), debe marcar de antemano iguales reglas y cumplirlas a rajatabla evitando con ello agravios comparativos. Con ello, se evitan intereses y presiones a una de las partes, siendo las dos las que soporten la proporcional carga de responsabilidad con el país. Por tanto, los acuerdos "históricos" se proponen desde el partido de centro apelando a los dos lados para que se unan al mismo conocedores de la justicia de la equidistancia y evitando con ello los intereses materiales en forma de cargos de los que tanto hablaba Rivera. "Los cargos no son importantes, solo las propuestas", por ello,  en una propuesta planteada a los dos partidos por igual se elude todo ventajismo y personalismo.

Parece que no, todo lo contrario, Rivera se ha mostrado pasivo y desentendido sobre el modo que ha tenido Sánchez de acceder a la investidura, y ahora que ha pactado con los socialistas no duda en hacer de Poncio Pilatos y exigir con empeño al PP sacrificios por España, como si el presupuesto de justicia fuera asépticamente ecuánime y él, autorizado moralmente a solicitarlo. La verdad, no lo comprendo. No entiendo el uso de grandilocuencia y frases rimbombantes renunciando a considerar las variables reales que han intervenido en la cuestión.

Puedo comprender que Rajoy es una persona cerril y sus medios, incondicionales caimanes dispuestos a herir sin comedición a todo proyecto que ose acercársele, pero la justicia y España, tan importantes las dos, llevaban a intentar superar esos escollos que pienso son poca competencia comparado con los ultrapoderosos y "marquetinianos" medios de la izquierda que ocupan el espacio hegemónico entre las audiencias juveniles de nuestro país.

No creo descabellado pedir explicaciones al que fue mi candidato en las pasadas elecciones y éste, como elemental muestra de respeto, me conteste con algo más allá que "Rajoy renunció a su opción de gobernar", tratándome de modo no distinto al que el presidente en funciones destila cuando repite que "han ganado las elecciones y son la fuerza más votada". No hallo la diferencia entre uno y otro en la falta de respeto por la poca enjundia empleada como razón. Pero lo que ya sería negativo de por sí, lo es mucho más cuando la otra parte en el pacto se derrite en ofrecimientos con Pablo Iglesias sin preocuparle tener a su "pareja" de acuerdo delante. De veras que me estremezco con su pusilánime versión de Rajoy al tolerar el desaire político cuando se vendía un acuerdo histórico para España.

Comprendo también que en la espiral partidista de la arena política, las cosas acaban viéndose con el filtro de la supervivencia y la defensa, ya que los palos llueven por activa y por pasiva, y en ese matrix, los más locuaces se ven arrastrados a redirigir todos sus recursos a la réplica y no a tratar de abstraerse de la misma desde una perspectiva lúcida y desapegada que permita tomar decisiones racionales. Prueba de ello es la metamorfosis que experimentan todos los políticos cuando ya desde el desapego partidista de la primera línea opinan con un criterio antes irreconocible.

Un apunte que se me ha ocurrido. Antes hablaba del poder de los medios de izquierda en España: La Sexta, Cuatro, La Ser, El País, los centenares de miles de seguidores de Twitter que tienen Escolares, Ruices y demás guardia pretoriana. Confío que no se encuentre más a gusto al abrigo de esta "comediante inquisición" de nuestro tiempo y ello pese en sus decisiones. Es algo harto evidente al mirar audiencias y seguidores de las redes sociales, que plantar batalla o disentir de las posiciones de izquierda le resultaría a usted y a cualquier recién llegado mucho más hostil que las apenas imperceptibles voces de 13TV, la meliflua Antena 3 y ABC o el fervoroso rajoyano Francisco Marhuenda. Dado que usted ya cuenta con El Español y Es radio como particulares valedores de su persona.

Por tanto, en coherencia con el nombre de su partido, le ruego explíqueme y explíquenos el porqué de su enroque y qué es lo que falla en mi presupuesto de neutralidad por una entente por España. Si se lo pido es porque no acepto el que nos sirve como hazaña patriótica y desapegada, y no puede concebirse en el modo que está dispuesto como ajeno al interés de una parte. Los que afirman ser neutrales y no pensar en personalismos son justamente los que deben ejercer coherencia demostrando su posición de centro. Porque una iniciativa dirigida a al bien mayor queda en palabrería si no se configura con la justicia y la ecuanimidad que le da sentido. El fin es el acuerdo entre españoles, y la hazaña, el deber de llenar España con hechos y restañar heridas, es la de ofrecer y exigir por igual a todo el mundo el mismo compromiso resultante de la democracia y no moldearla a merced de una parte interesada. El "tonto el último" no es la manera que yo entiendo de generar una España de cambio, por mucho que uno se sienta avalado por la parte que coincide con usted en culpar a los discrepantes. Justamente hay que desterra la política de: "si no estás conmigo estás contra mi". Que los otros militan en ella, muy bien, pero yo puse un papel en una urna que me aseguraba un cambio en esa dinámica.

La verdad, señor Rivera, no le entiendo.